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martes, 6 de enero de 2026

Regalos caninos


En este país de tercermundismo capitalista (el que se crea que está en la cresta de la ola, que se haga mirar el ombligo) es habitual que los Reyes Magos regalen mascotas a los chiquillos y siempre ves alguno paseando al recién llegado por el parque durante este día de ilusiones cumplidas.
Así nos va: en España hay más perros que niños. Y no lo digo yo, sino las estadísticas que apuntan que frente a los 9 millones de canes que hay en nuestro país, tenemos 6, 6 millones de criaturas menores de 14 años. Es para seguir pensando lo de hacernos un chequeo cerebral.
Tanto es así, que algunos contabilizan a los perros dentro de la unidad familiar. El otro día me contaba una maestra que, durante la entrevista con los padres de un alumno de preescolar, se quedó boquiabierta cuando descubrió que ese hermano del que tanto le hablaba el crío, en realidad era su chucho. Cuál sería su cara, que los padres hasta se avergonzaron de alimentar semejante barbaridad.
Y es que la gente está para que la encierren en el psiquiátrico de 12 monos (y sin Brad Pitt cerca, no sea que se les suba a la cabeza). Por favor, si alguien de su entorno justifica las desorbitadas fiestas de cumpleaños que le regala a su perro, afirma que el día que lo parió (como lo oyen: parir) fue el más feliz de toda su vida o le esteriliza los biberones mientras le cambia los pañales (¿Se ríen? Pues no les queda que ver…), salgan corriendo. Es la única forma de salvaguardar su integridad mental.
A mi forma de entender las mascotas (y la vida), solo las quiero personificadas en la ficción. Que ya tenemos bastante con los seres humanos, como para añadirle más complejidad a la cosa. Así que, disfruten de canes humanizados en libros infantiles como los de hoy y déjense de líos...


Empezamos con Un otoño de perros de Andreas Steinhöfel (texto) y Dirk Steinhöfel (ilustraciones), publicado recientemente por Lóguez. Este álbum nos acerca la mirada de Henri, un cachorro beagle que descubre el mundo que le rodea gracias a su sed de aventuras y una curiosidad infinita. Las semanas pasan conforme pasamos las páginas y las estaciones se funden con todo tipo de pensamientos.


Las ilustraciones, a caballo entre la fotografía y las técnicas digitales, nos enfrentan a una óptica tan onírica como realista. En un ejercicio estético que pretende ponernos en la piel del protagonista (Si alguna vez se han preguntado qué ve un perro, esta es la oportunidad de averiguarlo). Todo se nos presenta desdibujado pero reconocible. Distinguimos árboles, mobiliario urbano, estampas caseras, todas ellas llenas de la luz del otoño, el invierno, la primavera y el verano.


Así, este álbum de gran carga artística, se intuye un catálogo sobre los fenómenos atmosféricos. Niebla, escarcha, nieva, rocío, granizo, lluvia… No falta ninguno. Un viaje a través de los meses que no deja indiferente a un lector que disfruta de las amapolas, las mariposas y las hojas de los tilos. Un canto a la naturaleza desde una perspectiva poética protagonizada por un cachorro que, como los niños, se cuestiona el mundo desde la inocencia y el asombro.


El segundo en discordia es Lupito. Publicado por Bookolia con el subtítulo Basado en una más que probable historia real, su autora, Sara Fernández, nos sumerge en una historia a caballo entre la ficción y la ficción sobre la domesticación del primer perro gracias a Lupito, el último cachorro de una camada de nueve lobos.


A Lupito le cuesta mamar y se queda un poco canijo (Nota: me ha recordado un poco al Dumbo de Aberson y Pearl). Como todo esto ocurre durante la llamada Edad de hielo (última glaciación, la Würm), la manada sale de la cueva en busca de alimento y un lugar mejor en el que poder subsistir, pero una ventisca de nieve se convierte en una trampa en la que nuestro protagonista se perderá. Buscando refugio, termina en una cueva donde los hombres prehistóricos juegan con el fuego y las sombras. Quizá sea una oportunidad para encontrar una nueva familia…


Con una historia enternecedora que transcurre durante la primera toma de contacto entre canes y humanos, la artista e ingeniera de montes se aleja del álbum informativo y nos acerca a una fábula donde caben mensajes de superación personal o la búsqueda de identidad (¿Se reconoce Lupito como lobo o como hombre? Habrá que preguntárselo a él…) que bien vale una lectura. Para los amantes de la mediación, decirles que podemos desbordar la historia hablando de otros animales prehistóricos, el paleoclima o unas condiciones ambientales que favorecieron la expansión de los animales de sangre caliente.


Pasamos a dos títulos publicados por la editorial Pepa A Loba. El primero es Cencerro y Garabato, escrito por Chus Álvarez e ilustrado por El primo Ramón, sobrenombre que ha elegido el tándem formado por Borja Ramón López Cotelo y María Olmo Béjar.


Si les preguntara cómo ladra un perro y cómo maúlla un gato, seguramente obtendría la misma respuesta. Pues bien, en este caso se equivocarían porque ni Perro Cencerro ni Gato Garabato hacen lo propio. El caso es que han cambiado los papeles de una forma muy singular y el resto de los animales del País de los Desamparados se ríen de ellos. Hartos de la situación y aunque parezca sorprendente, hacen un trato y se ponen manos a la obra consiguiendo un guau y un miau como Dios manda. ¿Pero lo hará quien le corresponda?


En esta pequeña comedia de situación encontramos buenas bazas con las que encandilar a los lectores más pequeños. Por un lado las onomatopeyas, que siempre son un acierto. Por otro, tenemos las vocales en forma de risa. Y como guinda del pastel, un montón de animales. Si no son capaces de conseguir una carcajada es porque el público está adormilado…


El cuarto título de esta selección de libros perrunos es En las patas de Fido, un álbum de Marina Aguirre y Sara Casilda que nos cuenta la historia de Fido, el pequeño schnauzer que acompaña a Laura, una niña que no puede salir de casa tanto como le gustaría. Es Fido el que le lleva noticias del exterior. Desde las hojas del otoño, los paisajes del invierno, las alegrías navideñas o las margaritas y violetas que engalanan la primavera. Y es que las patas de Fido tienen tanta magia que pueden conseguir lo imposible.


Con un lenguaje delicado, este libro que ya he añadido a esta selección, utiliza el extrañamiento como recurso narrativo. Mientras que el texto alude a diferentes escenarios exteriores, la acción de las ilustraciones siempre acontece en la habitación de la niña. No es hasta el final cuando descubrimos la realidad gracias a un pequeño golpe de efecto visual. Del mismo modo, el animal de compañía se convierte, no solo en un hilo conductor, sino en metáfora y esperanza.


Con estilo realista y técnicas tradicionales como el lápiz de color y la acuarela, Sara Casilda, acierta de pleno para un relato que bien podría estar inspirado en hechos reales. Se agradecen los detalles coloristas y el dinamismo de las escenas, pero sobre todo, esas miradas que se dirigen al espectador y que buscan una poco de empatía.


Llegamos a Nuestro cachorro, un librito de Helen Oxenbury, toda una institución en esto del álbum infantil dirigido a prelectores y primeros lectores. Así, la editorial Pípala y su filial española recuperan uno de los títulos que forman parte de una serie muy conocida de la autora anglosajona en la que un niño y su madre andan detrás de un cachorro que no puede estarse quieto ni un momento.


Lo pasean por el parque, se pone hasta los ojos, le dan un baño y se pone a retozar sobre la cama empapado... Un trabajazo para el chiquillo y su madre que, lejos de enfadar con las travesuras del animal, se toman estas tareas con humor y filosofía. Prescindiendo del fondo y ensalzando las figuras protagonistas (un recurso que imprime cohesión a toda la colección), este libro ahonda en los momentos familiares compartidos y la necesidad de los cuidados a las mascotas. 


En definitiva, un libro entrañable sobre perros dirigido a unas primeras infancias que gustan de ver representadas en las páginas escenas cotidianas con las que sentirse identificados. Una especie de espejo en el que reconocerse y admirar un mundo conocido.


Continuamos con Canícula, el protagonista de un álbum perruno y veraniego de Doug Salati que ha recibido varios galardones y fue publicado hace un par de años en nuestro país gracias a la labor de la siempre atenta editorial Juventud. Este libro nos cuenta la historia de un perro y su dueña en mitad de un sofocante verano que transcurre en la bulliciosa ciudad. Aquello no hay quien lo aguante. Gente por todos lados, atascos, obras a mansalva y un calor de mil demonios. Menos mal que el perro dice basta,  su dueña capta la indirecta y, sin pensárselo un minuto, se plantan en una isla repleta de naturaleza, el lugar donde puede pasar de todo...


Con un lenguaje visual muy acertado e interesante, este libro combina recursos del cómic (fíjense en esas escenas que dividen el escenario y secuencian la acción, el cambio de ritmo que surge al fragmentar o no el texto y en esas páginas mudas que nos ayudan a comprender la complicidad entre los personajes) con el desenfado de los trazos rápidos y los colores vibrantes. Así, el autor estadounidense no solo nos acerca una relación de entendimiento entre un animal y un ser humano, sino que aborda una historia de aventuras que se puede extrapolar a cualquier niño.


Al mismo tiempo, contrapone el medio urbano con el medio natural en una época del año donde el aire libre se hace necesario.  Además de respirar, la playa es ese espacio de calma, donde además de dar rienda suelta al juego y la imaginación, también podemos hacer nuevos amigos o disfrutar de los que ya tenemos. Por último, apuntar que me encantan, tanto el título original (Hot Dog), como el de la traducción.


Para terminar, les dejo con Lo que no sabe Pupeta, el poemario de Javier Mardel que ganó el Premio Hispanoamericano de poesía para la infancia en su edición de 2011. Publicado por Fondo de Cultura Económica e ilustrado por Cecilia Rébora nos habla de Pupeta, una pequeña perrita curiosa, simpática y desbaratada que merodea por casa de sus dueños descubriendo lo que le rodea.


Alejado de esa rima ramplona, consonante y artificiosa de la que se llenan muchas bibliotecas escolares, este poemario ahonda en el lenguaje, su riqueza, precisión y sonoridad. Rodea a Pupeta de palabras desconocidas, experiencias vividas, sencillez mundana y calidez humana. Así, el lector se posiciona donde la protagonista y conoce la libertad, la imaginación o la alegría sin renunciar a nada. Ocupa su lugar, de frente o a su lado. Lo que viene siendo un animal de compañía.


Por eso, para terminar esta pequeña selección (si quieren más libros sobre perros AQUÍ AQUÍAQUÍ tienen unos cuantos más), les dejo con unos versos de este poemario tan redondo.

A ella todo le queda grande.
Vive en un mundo de personas
en el que las escaleras
se suben a brincos,
donde hay que levantarse
sobre las patas traseras
para asomarse a los sillones.

Vivir en un lugar así,
donde todo está escrito con mayúsculas,
convierte cada día en una hazaña.

Sólo que ella no lo nota:
hace lo que hace
sin sospechar a cuántos héroes
vence en proezas cada día.

[…]

A veces nada más se queda ahí.
toda ella un planeta detenido,
un mundo en blanco,
absorta en ver cómo se pasa el día
a la velocidad de un segundo
por segundo.

[…]

Ella no sabe que el mundo
es una cosa redonda
que gira sin detenerse.

Tampoco sabe que el sol
es una estrella amarilla
que flota en el universo.

Lo que Pupeta sí sabe
es que todos los días
duran un día completo,
que hay algunos con lluvia,
que no hay días en la noche,
que cuando el día es más día
es antes del mediodía.

Y por eso, a esas horas,
siempre que no esté nublado,
se echa en el patio a soñar la luz.

sábado, 21 de octubre de 2023

Días de perros


No sé si alguna vez les he contado que hace años, tenía un muy buen compañero que tenía un par de chihuahuas enanos. Eran madre e hija. Mientras que la madre era un perro más o menos normal (si es que era un perro y no una rata), la hija estaba hecha polvo. Juan, que así se llamaba él, se había gastado la friolera de dos mil euros en diversas intervenciones para que siguiera viva. Hasta ahí, todo muy bien, pues cariño y responsabilidad tienen que ir de la mano. La cosa ya se tornaba peliaguda cuando atónito contemplaba que cada vez que la perra iba a comer, mi compañero le masticaba la comida previamente y fuera lo que fuera. Tremendo.


Siempre me ha resultado paradójico que las multas por orinar en la vía pública sean enormes en cualquier ciudad de España (y supongo que en toda Europa). Que te claven mil pavos por echar una meada cuando tienes la vejiga a punto de estallar es el colmo de los colmos si piensas en los montones de perros (se calcula que casi nueve millones y medio) que hacen sus necesidades en la calle y al libre albedrío de sus amos.
Como los perros y los libros sobre ellos se están convirtiendo en un clásico en esta casa de monstruos (pueden dar buena cuenta de ello AQUÍ y AQUÍ), continuo este curso con una nueva edición.


Abro fuego con un libro estupendo. Todo, todo sobre los perritos de Dorothée de Monfreid acaba de ser publicado en nuestro país de la mano de Libros del zorro rojo. La autora de ¡Shhh! A dormir o la serie Los pequeños filósofos (Editorial Laberinto) vuelve a la carga con sus personajes caninos en este libro que es un tributo a la obra del gran Richard Scarry.


Con esa mezcla de ficción y no ficción que tanto cultivó el autor inglés, la francesa nos va presentando en cada doble página muchos tipos de saberes y estares con todo lujo de detalles. Mobiliario, el alfabeto, las habitaciones de una casa, diversos parajes, algo de gastronomía, los medios de transporte, los colores, instrumentos musicales y unos cuantos oficios se aglutinan en una suerte de situaciones donde el humor es la vía de conexión entre el libro y el lector.


Al mismo tiempo que contextualiza la vida de estas criaturas tan simpáticas, de Monfreid nos invita a conocer diferentes elementos que rodean a cualquier niño en su vida cotidiana desde una perspectiva tan práctica, como entrañable. A su perro, a sus nietos, al veterinario o al vecino. Con perro o sin él. Se lo regalen a quien se lo regalen, seguro que disfruta de las peripecias de estos canes tan salaos. 


Seguimos con Domingo, una historia del brasileño Marcelo Tolentino publicada por la editorial Kókinos. Todos los domingos la vida transcurre del mismo modo entre Martín y su familia. Las horas siguen su curso con aburrida normalidad, pero Martín quiere convertir este día en una vuelta al mundo. La abuela está preparando su atuendo para el baile, su madre tiene que hacer el postre y el abuelo quiere echarse la siesta. El único que puede acompañarle en este feliz viaje es Fubá, su perro. 


Con un estilo figurativo y a caballo entre la ilustración tradicional y la digital, las páginas se llenan de imágenes evocadoras que ahondan en un doble mensaje: la amistad entre las mascotas y sus dueños, y la complicidad intergeneracional que establecen abuelos y nietos.


Una fábula poética y sin pretensiones que tiene mucho que decirnos a lo largo de ese viaje mínimo a través del domingo, un día que invita al aburrimiento pero al que Martín y Fubá se enfrentan con una imaginación desbordante. 


Llegamos a Quisiera ser la ventana de una vieja perrita sabia, un álbum de Philip Stead recientemente publicado por Océano Travesía, una delicia que rebosa todo tipo de sensaciones en cualquiera de sus páginas.


El libro está ambientado en una tarde lluviosa en la que una vieja perrita se asoma a la ventana mientras imagina un sinfín de escenas donde otro buen puñado de animales protagoniza situaciones agradables y evocadoras. ¿Alguna vez será el contoneo de un caracol? ¿Y la pirueta de una abeja? ¿La huida de un colibrí o la prisa del ratón cuando el gato lo acecha?


Difícilmente clasificable, esta narración poética para todos los públicos, además de tener mucho gancho con el público más pequeño, se adentra en el existencialismo a través de lo imaginado. Hurgando en esa dicotomía del ser y no ser desde un prisma temporal en el que la juventud y la vejez se dan la mano, experimentamos un vaivén de sensaciones que suceden en el interior y el exterior de una casa de la que entramos y salimos a través de un ventanal que simboliza nuestra persona.


¿Quién nos habla? ¿Un niño? ¿Un anciano? ¿Tú o yo? Dejamos volar nuestra imaginación con metáforas visuales del siempre acertado Philip Stead. Morsas emplumadas, las alas de un ratón o ballenas terrestres, endulzan nuestra mirada y invitan a balancearnos en un texto sencillo y conmovedor, que se enlaza a través de detalles mínimos y elementos compositivos de suma elegancia. Ritmo, guardas, principio y fin. Lo tiene todo. Incluso un ginkgo sobre el que volar y cantarle a la vida.


Pasamos a otro perro, concretamente el protagonista de El día que Otto encontró una piedra en su camino, un álbum de Mo Gutierrez Serna editado por Libre Albedrío.


Es primavera y Otto recorre el muro en busca de un arbusto repleto de fresas, cuando, de repente, encuentra una enorme piedra que le corta el camino y no le deja llegar hasta su objetivo. El perro intenta apartarla, disolverla con la mente, se enfada con ella, con la montaña de la que se ha desprendido e incluso consigo mismo. Hasta que intenta trepar por ella y…


En esta pequeña parábola resuenan muchísimas sensaciones humanas. Frustración, decepción, triunfo, sorpresa o creatividad. La enseñanza extraída se puede resumir en ese juego de perspectivas que es la vida, un camino plagado de obstáculos salvables o insalvables con el que hay que lidiar a base de ingenio y perspicacia sin dejar que nada nos amedrente. Del mismo modo, nos invita a pensar en esa expresión que reza “Detrás de cada problema hay una oportunidad.”


A base de juegos tipográficos y un estilo inconfundible basado en manchas de color con gran contraste y líneas expresivas que juegan con elementos de más peso, la autora cántabra afincada en Madrid nos dibuja una sencilla historia con muchas lecturas en la que cualquiera puede mirarse. 


Terminamos con una de humor perruno gracias a Txabi Arnal y su ¡Newton, vuelve!, una historia ilustrada por Eleni Papachristou sobre una pulga que es abandonada por su hospedador, un perro llamado Newton que sale disparado cuando una manzana le cae sobre la cabeza.


La pulga no sabe qué hacer sin su perro así que se dedica a buscarlo por todos los medios. Le pregunta a las hormigas, las gallinas, un pez, un ciervo y un conejo. Pero nada, ni rastro de Newton. Hasta que en cierto lugar...
Con mucha simpatía, el autor vasco nos presenta una pequeña comedia de situación en la que la repetitividad, las descripciones y la confusión, aúpan una lectura que se puede desbordar por cualquier arista gracias a una caracterización histérica y alocada de la protagonista. 


A ello hay que añadirle las ilustraciones vivarachas de Papachristou, cuyo estilo recuerda al de otros grandes del panorama como Antinori o Vola. Con figuras delimitadas por el color y su contraste, buceamos en un universo lleno de detalles que dinamizan todavía más una lectura circular capaz de arrancar muchas risas y alguna que otra carcajada a base de humor blanco y situaciones sacadas de quicio.


lunes, 13 de marzo de 2023

Protagonistas caninos


Se abre la veda de libros sobre perros y a mí me da por fisgonear a todos los gilipollas que pululan por las redes sociales con tal de encontrar miserias que estimulen mi verborrea.
He dado con un tipo que se ha ido a vivir a lo alto de una montaña en una cabaña de madera con su perro. Se ve que el can se murió por cierta enfermedad y el menda le dio por sacar las lágrimas a paseo para tener contenta a su audiencia. En el vídeo decía textualmente que irse a vivir allí era un proyecto de ambos. Yo me quedé ojiplático, pues no he oído nunca absurdez tan grande. ¿Un perro proyectando? ¿Le hablaba? ¿Opinaba sobre el lugar elegido, sobre los materiales con los que construiría la casa? Es que la peña está fatal de lo suyo…


Eso de que traten a los perros como chiquillos siempre me ha parecido una patología sin parangón. No sé si tendrá nombre, pero usía tiene la cosa. Bañarlos, vestirlos, peinarlos y perfumarlos. El otro día me encontré a una pava que le (pre)masticaba gránulos de 60 euros al perro antes de echarlos en el plato. La lástima es que no la encierren en una institución mental. Seguro que luego a sus hijos les daba chopped para cenar…


Pónganse en situación: esa noche que ligas, te vas tan contento a echar el pinchito y, cuando entras en casa ajena, te encuentras con un galgo del tamaño de un caballo. Chino te saluda y todo se te baja de repente. Y espérate porque la cosa acaba de empezar. Lo mejor llegará con los lengüetazos que te va a propinar en los pies cuando estés en mitad del tema.


Para terminar llega la típica influencer preñada que se pasa el día vendiéndole la moto a todos los ñoños de este país. La piba es insufrible y dice que se pirra por pasar la noche con su perro bajo las sábanas. Yo sólo espero que pulgas, garrapatas y demás parásitos hagan de las suyas en esa fiesta de pijamas.


Y hecha la introducción, toca abordar unos cuantos libros sobre perros que han hecho aparición en las librerías durante los últimos meses y tienen su puntito. ¡Ahí van!


Empiezo con Mi amigo RamTamTam, un libro de Helme Heine que publicó este otoño Anaya. Esta es la historia de un chavalín que harto de sus juguetes, sueña con nuevas aventuras, unas que se hacen realidad cuando RamTamTam, un cachorro muy juguetón, llega a su vida. Amigos inseparables durante años, disfrutan juntos de un sinfín de correrías hasta que la muerte asoma a la vida del perro y su dueño empieza a echarlo de menos. ¿Cómo logrará enfrentarse a la pérdida de su mascota?


Incluido en mi selección de álbumes sobre la muerte, este libro ahonda en el proceso del duelos, así como en las relaciones afectivas con los animales desde una perspectiva nada lacrimógena (ya saben que el lastimerío lo llevo fatal). Imágenes evocadoras que rozan lo onírico y un texto directo y sin florituras, hacen de este libro una propuesta honesta y agradable sobre un tema peliagudo.


Continuamos con Barbro Lindgren, Eva Eriksson y un álbum que lleva por título El hombrecito y el perro que ha sido recientemente publicado por Niño editor. En esta narración de corte realista, los autores suecos nos hablan de un señor pequeño y solitario que un día se topa con un perro grande y cariñoso. Ambos establecen una relación estupenda que hace muy feliz a este señor. Todo cambia cuando un día aparece la dueña del can y nuestro protagonista ve peligrar esa compañía que tanto ha hecho por él. ¿Qué ocurrirá?


Un perro que sirve de enlace entre los seres humanos, la compañía como valor allende las diferentes especies y un canto al amor propio se entretejen en este libro. Ilustraciones con un estilo que me quiere recordar a Ulises Wensell, tonalidades pastel y cierta bruma romántica, ensalzan un mensaje tierno y sincero.


El tercer libro del que hablaré es Solo, el álbum de Adam Beer que nos acerca la editorial Andana para tirar de las orejas a los lectores más egoístas. El perro protagonista vive en una pequeña isla donde nadie le hace sombra. Dueño y señor de todos sus rincones, ve peligrar su hegemonía con la llegada del verano, los turistas y, otros perros.


Convivir y compartir son los dos verbos en lo que se puede resumir este libro de amplio formato donde recursos del cómic y el álbum ilustrado conviven a la perfección. Un escenario exótico, un protagonista muy expresivo (se nota que el autor ha estudiado bien los movimientos) y cierta sorna (me gusta ese puntito de canalla sufridor) para una historia sin pretensiones. 


Pedagogías a un lado, solo les digo que a veces viene bien que a uno le bajen los humos y no se crea el centro del mundo. Que si no, los egos se hacen hiperbólicos y nos creemos con el derecho de hacer lo que nos de la gana sin tener en consideración a los demás.


Llegamos a Emily Gravett y sus 10 perros, un álbum para prelectores y primeros lectores que tomando como excusa a una decena de perros y otras tantas salchichas se adentra en el mundo de la aritmética. Todo empieza muy tranquilo, pero cuando las salchichas vuelan por los aires se desata una batalla por la comida que tiene mucho de comedia de situación. 


Como ya hizo en sus Perros, la artista británica, exhibe sus dotes de caracterización de personajes para brindarnos un buen catálogo de razas caninas. Aunque las escenas se desarrollan en la doble página, la autora divide el texto entre la derecha y la izquierda para enfatizar los dos bandos de esta guerra alimentaria, un recurso que funciona a la perfección tanto en voz alta, como en una lectura silenciosa.


En esta historia no podían faltar elementos propios de todas sus obras, como las guardas a modo de prólogo y epílogo, o los guiños a su vida privada (su perro Dilys aparece en la historia). En definitiva, una buena opción para hablar de perros y conflictos (muy típicos entre los cachorros humanos)  que siempre debemos resolver con humor, generosidad y comprensión. (NB: Hay otro libro similar titulado 10 gatos, pero ya saben que es un tema que no trabajo...).


A otro que le ha dado por ensalzar a los canes esta temporada es Miguel Tanco. El autor español afincado en Italia nos presenta Mejores amigos, un libro que acaba de publicar en nuestro país la editorial Libre albedrío y que, como muchos otros, exhibe las relaciones tan especiales que desarrollan muchos críos con los perros.


A la luz de la luna, durante la siesta, corriendo en mitad de la naturaleza o como compañero de juegos. Perros y niños encuentran multitud de ocasiones para compartir su tiempo. Articulado sobre una secuencia de imágenes independientes que son enlazadas por un texto continuo que reitera ese sentimiento de complicidad y compañía, este libro nos habla de las múltiples facetas que puede tener la vida entre una mascota y su dueño. 


Emotivo y entrañable, es uno de esos libros que, además de  ensalzar la infancia como epicentro vital, un elemento argumental que es esencial en los últimos libros de este autor al que la paternidad le ha otorgado nuevas miradas, te saca una sonrisa, sobre todo cuando llegas al final y la duda sorprende al lector y tiene que echar marcha atrás. 


Para terminar llegamos a ¡Uoah!, un libro de Sara Nicolás, Óscar Rull y Rafa Antón publicado por la editorial Alaestrella. El perro de Felipe no ladra igual que el resto de los perros y su dueño está algo preocupado. Echa mano de libros, de veterinarios, de un especialista en hipnosis e incluso de una maestra, pero nada, el pobre perro sigue sin ladrar correctamente. ¿Conseguirá que lo haga?


Una historia con mucho humor donde se ponen en tela de juicio cuestiones como la diversidad o la aceptación personal de una manera honesta, simpática y sin moralinas innecesarias. La puesta en escena es más que agradable gracias al buen hacer del ilustrador que tan bien ha caracterizado a los personajes. 


Alejado de las miradas poéticas que nos ofrecen otros libros caninos y con un punto mucho más realista, me parece un título estupendo para no olvidar una máxima: no se empeñen en hacer de su can un animal perfecto, pues como en cualquier otra especie, ¡en la variedad está el gusto!