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lunes, 11 de mayo de 2026

Seis historias fraternales


Aunque “parientes y trastos viejos, pocos y lejos”, hoy toca hablar de hermanos. Por mucho que les pese, les recuerdo que haberlos, haylos. Cada vez menos, porque la vida ya no está para muchos hijos, pero algunos seguimos teniendo con quien discutir.
Teniendo en cuenta que cualquier niño de 11 años, pasa un 33% de su tiempo libre con sus hermanos (que ya es…), menos nos debe extrañar que los hermanos se peleen entre sí. Eso es lo que constatan muchos estudios, que coinciden en que los hermanos entre 3 y 7 años se pelean 3,5 veces en una hora.


Más todavía si entran en juego los padres. Y es que, a pesar de repetir hasta la saciedad que quieren por igual a todos sus hijos, las investigaciones apuntan a que esa no es la realidad. El 65% de las madres y 70% de los padres tienen preferencias sobre uno de sus hijos. Un hecho muy curioso es que, en la mayoría de las familias numerosas, los hijos pueden decir quién es el favorito de toda la prole.


En lo que a diferencias reales se refiere, podríamos hablar del coeficiente de inteligencia. Según algunos estudios, los hermanos mayores presentan índices más elevados. Una explicación puede ser que pasen mucho tiempo enseñando a los pequeños y eso les ayude a reforzar sus propios conocimientos y capacidades. Eso sí, esto sucede durante los primeros años, porque todos se ponen al mismo nivel cuando alcanzan los doce años aproximadamente.


Sobre el carácter, hay que apuntar que, durante la infancia, los hermanos más jóvenes suelen ser más extrovertidos, rebeldes y creativos. Quizá porque tratan con más gente, necesitan destacar en medio de una prole numerosa o que los padres, más experimentados y relajados después de otras crianzas, son más permisivos con sus vástagos.


Para terminar con este pequeño listado de curiosidades, decirles que, en promedio, los hermanos pequeños suelen tener una mejor salud y viven más tiempo que los mayores ya que están expuestos a menor estrés y responsabilidades, así como tienen un sistema inmune más debilitado debido a un mayor aislamiento durante la infancia como apuntan varias investigaciones japonesas y alemanas.


Mientras cotejan esto con su propia realidad, pueden echar mano de algunos de los álbumes protagonizados por hermanos que he querido reunir en este post para pasar un buen rato o regalárselo a sus hermanos en el caso de tenerlos.



Para empezar, Adrien Albert nos regala Un beso para mi hermano gracias a la editorial Libros del Zorro Rojo. Tobías y Simón han pasado el día juntos haciendo un montón de cosas. Tomarse unas instantáneas en un fotomatón, subir en patinete, visitar una tienda de pelucas o ver una película. Al final de la tarde hay poco tiempo y Tobías sube al autobús apresurado. Se dicen adiós con la mano, pero les falta lo más importante: un beso de despedida. Ese es solo el comienzo de una sucesión de casualidades que dan unos cuantos giros a la narrativa construyendo el final que todos deseamos.


Es así como un beso entre dos hermanos se convierte en el interruptor de una epopeya cotidiana que transita lo inverosímil. Con viñetas que cambian de tamaño y que se superponen a otras imágenes, esta historia que juega con el tiempo y sus ritmos nos presenta una aventura llena de incidentes un tanto loca (N.B.: Que no se me olvide decirle a mi conductora de autobús favorita echar unos cartuchos de dinamita en la guantera), pero igualmente entrañable.
Dos conejos en un mundo de humanos (es muy curioso como los lectores identifican animales con niños… ¿Será cosa del ideario?), carambolas y ternura fraternal. Inevitablemente, solo me falta hacerles una pregunta: ¿Qué serían ustedes capaces de hacer por un beso? ¿Y por sus hermanos?



Continuamos con Hermanos, un álbum escrito por Marie Le Cuziat e ilustrado por Hua Ling Xu (editorial Eccomi) que nos presenta a la pareja de hermanos más realista de esta tanda. Martín tiene el pelo castaño como el café y Telmo es rubio como el trigo. Uno es alto y otro es bajito. A uno le gusta leer y el otro se divierte tocando el teclado. Martín es muy observador, mientras Telmo no puede parar quieto. ¿De verdad son hermanos? La gente lo duda constantemente e incluso siembra la duda a ellos. ¿Qué es lo que les hace ser hermanos?


Con un texto muy poético, este libro nos encamina a una historia intimista que nos plantea las diferencias entre hermanos como un valor intrínseco a la hora de compartir espacio y tiempo. Todo ello ensalzado por unas ilustraciones realizadas en acrílico que juegan con diferentes planos para articular una relación ambientada en un periodo estival. Riachuelos, prados, árboles, olas y arena se unen en pro de una lectura llena de luz y lazos invisibles.



De la misma editorial que el libro anterior, llegamos a ¡El bebé soy yo!, un libro de cartón firmado por Georgette. El protagonista va a tener un hermanito. El nuevo bebe, como le dicen sus padres. Pero él lo tiene claro, en esta familia ¡el bebé es él! No hay sitio para el nuevo bebé en la trona, ni en la bañera, ni en la cuna, ni en el cambiador. Pero sus padres le advierten: “Ya eres mayor” ¿Qué pasará entonces?


Utilizando la alegoría del príncipe destronado, la ilustradora francesa especializada en libros para prelectores nos invita a adentrarnos en una historia que trata los sentimientos encontrados que experimenta un niño ante la llegada de un hermano y el cambio de etapa del desarrollo. Un relato sencillo pero que bebe de los conflictos internos y experiencias complejas. Esperemos que el protagonista no lance al nuevo bebé por la ventana…



¡Y yo más! de Tami Harel y Einat Tsafarti publicado por Kókinos. Seguramente alguna vez se han visto envueltos en una competición con sus hermanos. Si uno es grande, el otro lo es más: si el otro es fuerte, el uno todavía más. Esto es lo que le pasa a una pareja de hermanos antes de irse a la cama. Así hasta que sucede algo que pone a los dos en el mismo rasero… ¡Descúbrelo!


Con ese toque de comedia de situación que tanto nos gusta a los monstruos, este simpático boardbook (junto con el anterior están incluidos también en la selección de libros de cartón de este curso) se desarrolla en el mismo marco espacial: una habitación con dos camas enfrentadas donde un chavalín y su hermana mayor se sumergen en el juego de las comparaciones. Este recurso no solo da pie a fijarse en los detalles (que no se les escape ni el reloj-gato ni el peluche de grandes orejas), sino a marcar una secuenciación rítmica que los prelectores siempre agradecen. Más todavía si la historieta termina de manera tan entrañable…



Andana publica en nuestro país El mejor hermano mayor del mundo, un álbum de Ben Mantle que ahonda en los encontronazos que a veces surgen entre hermanos. Nano y Félix, Félix y Nano. Dos hermanos que aparentemente tienen una relación “supiguay”. Y digo aparentemente porque, aunque Nano idolatra a su hermano, Félix está un poco harto de él. Le resulta un tanto pesado porque lo sigue a todas partes y quiere hacer lo mismo que él. Por eso mismo, un día, Nano acude a la cabaña que Félix ha construido en el árbol y se encuentra con un cartel que le prohíbe la entrada. Así que Nano, un tanto enfadado, decide alejarse de su hermano y decide construir su propia cabaña en mitad de la lluvia. ¿Lo conseguirá?


Como en otras de sus obras, el estilo expresivo y desenfadado de Mantle hace más liviano el enfrentamiento entre los hermanos protagonistas, añadiendo humor y ligereza a una situación bastante difícil (si tienen hermanos o varios hijos sabrán a qué me refiero). Así es como el relato transita por el rechazo, el orgullo, el asombro, el reconocimiento y la reconciliación desde diferentes puntos de vista que consiguen convivir en aras del cariño.



Aunque se publicó hace un par de temporadas, recupero en esta pequeña selección el Hermanos de Iris de Moüy (Babulinka Books) para poner el punto y final a esta pequeña selección. Una hermana pequeña hace aparición. Es tan pequeña que su hermano no puede jugar con ella, por lo que decide darle leche. Tanta leche le da que la hermana crece lo suficiente para acompañarle en sus correrías. Cabalgan a lomos de una cebra, escapan de las fauces de un león, viajan hasta planetas desconocidos y nadan entre sirenas. Pero lo mejor de todo es que pueden…


Con un texto muy económico, la autora consigue darle forma al vínculo tan estrecho que surge entre dos hermanos gracias a la alternancia entre ilustraciones en blanco y negro y a color que diferencian las dos etapas en las que se divide la acción. Por un lado tenemos un universo realista adscrito a la espera y por otro los momentos de juego en los que la imaginación se desborda conjuntamente. Por último, dos cosas que me encantan: el formato (parecido a un flexi-book) y ese final a modo de flip-book. ¿A quién no le roba el corazón tanta sencillez?

jueves, 23 de abril de 2026

Celebrando los libros con Astrid Lindgren


Hoy es 23 de abril y, como manda la tradición, toca celebrar el Día del Libro.
Si bien es cierto que el panorama editorial nos está dejando titulares bastante descorazonadores (véase como ejemplo ese que ponía en el punto de mira que la mayoría de los títulos que encontramos en las librerías no vende ni un solo ejemplar), los monstruos seguimos defendiendo la lectura como una herramienta básica para enfrentarnos a la existencia.
Y es que, en una época convulsa donde las ideas, principios, pensamientos y modas poco o nada tienen que ver con los de los siglos anteriores, el libro sigue siendo ese espacio íntimo donde cabe lo polifónico, donde podemos descubrirnos a nosotros mismos y a los demás, los que están y los que fueron. Un lugar en el que la humanidad, sea la que se sea, se encuentra. Les puede parecer insuficiente, pero esa frontera nos capacita como comunidad. Tolerante o intolerante, respetuosa o irrespetuosa, amigable u hostil…, pero, al fin y al cabo, juntos.
Así, en este jueves primaveral en el que no caerá una gota del cielo, pero sí que cundirán los libros, he creído oportuno señalar Mi mundo perdido, un compendio de textos de Astrid Lindgren que hace poco más de un año recuperó la editorial Kókinos.
Con el subtítulo Sobre libros, lecturas, escritura para niños y recuerdos, este volumen se compone de once capítulos que Astrid Lindgren escribió en diferentes épocas de su vida. Un casi ensayo que se articula en cartas, conferencias, reflexiones y artículos periodísticos que nos arrojan una suerte da semblanza de una de las escritoras de LIJ más reconocidas en el panorama internacional.
Desde una perspectiva quimérica, pero igualmente sincera, esta lectura reflexiva dirigida a todos los que amamos los libros, sobre todo infantiles, desentraña cuestiones que muchos nos hemos preguntado alguna vez. ¿Dónde encontraba la inspiración? ¿Qué sintió durante la infancia? ¿Qué relación mantenía con sus padres? Muchas respuestas que se abordan desde el libre albedrío pero que siguen un mismo hilo conductor.
La autora de Pippi Langstrumpf nos habla de sus querencias, sus pasiones y principios. Con mucho de autobiográfico, pero sin esa línea temporal que a veces puede desbordar (sobre a todo los que se pierden con los contextos históricos), la autora sueca se adentra en la historia de amor de sus propios padres, habla sin tapujos sobre la escritura de libros que se dirige a los niños, defiende el ecologismo o ensalza el papel del bibliotecario infantil.
Todo esto consigue dibujar un arquetipo tan entrañable, como solemne, un libro que despierta muchas sensaciones. Desde lo nostálgico y emotivo, hasta lo crítico e irónico. Nos cuenta cuando, en la cocina de su niñez, escuchó por primera vez el relato de Bam Bam y el hada Viribunda, descubriendo inconsciente que los libros serían parte fundamental de su vida o de unos años de juventud muy convulsos en los que la Segunda Guerra Mundial se abría camino en una Europa herida.
Asevera y opina, acaricia y susurra, divierte y anima. Desde un juicio íntimo y personal. Así era ella. Y así está escrito.

miércoles, 15 de abril de 2026

Pequeños catálogos


Siempre que me topo con libros como el de hoy, me viene a la cabeza el título del disco que El último de la fila publicó en 1990. Nuevo pequeño catálogo de seres y estares. Era el favorito de mi madre. No sé cuántas veces lo pondríamos. Toda la familia nos sabíamos de memoria las letras de aquellas canciones de pop noventero. Músico loco, Cuando el mar te tenga, En mi pecho, Todo el día llovió… Un manojo de temas que he ido guardando en mi subconsciente durante todos estos años y que siempre aflora cuando me encuentro con estos libros-manuales.


Si bien es cierto que este tipo de álbumes híbridos entre la ficción y la no ficción abundaron durante un tiempo, cada vez los encontramos menos en las librerías. No obstante, siempre aparece alguno que nos recuerda a aquellas obras tan disfrutonas de los años 80 o 90, incluso del nuevo milenio que aupaba el sector más comercial de la LIJ (no se olviden el Princesas olvidadas o desconocidas de Dautremer y todos esos que incluí en este post.


Quizá esta realidad se deba al auge del álbum informativo estricto, pero eso no quita para darles un poco de vuelo cuando caen en nuestras manos, pues si bien es cierto que son productos con mucho tirón, también tienen una parte fantástica más que destacable y desbordan ciertas temáticas con imaginación y elegancia. Como los tres libros que traigo hoy.


Empiezo con El libro de los gnomos, una pequeña enciclopedia sobre estos seres ideada por Loes Riphagen y que ha sido recientemente publicada por Kókinos. Aunque les recuerde a Los gnomos, el volumen enciclopédico que Wil Huygen y Rien Poortvlietde desarrollaron sobre estos seres fantásticos, el aquí reseñado, tienen un aire mucho menos solemne y se dirige a prelectores y primeros lectores por varias razones.


Aunque está dividido en diferentes secciones (la familia, la casa, la ropa o el colegio), todo se orienta al conocimiento de un universo mágico desde una perspectiva más lúdica. Si bien es cierto que esta compartimentación facilita la lectura por parte de lectores menos competentes, ayuda a organizar el contenido de una manera más reconocible por los primeros lectores, como pueden ser las actividades cotidianas. Por otro lado, siempre hay lugar para anécdotas, recetas o actividades sencillas que pueden expandir el conocimiento del mundo real e invitar a la interactividad.


Inventos como el levantaánimos o el lenguaje de signos, los disfraces que usan o los peligros más comunes a los que se enfrentan estas criaturas, son una buena excusa para leer y releer sus páginas una y otra vez. Textos breves, pequeñas historietas y cierta perspectiva humorística hacen de este libro una buena apuesta en lo que a álbumes-manual se refiere


Seguimos con Érase una vez… Los récords de cuento, un libro escrito por Laura Ortega Vesga e ilustrado por Anna Aparicio Català (editorial Flamboyant). Con apariencia de revista, este libro de grandes dimensiones y a todo color hace un recorrido por los personajes de cuento y otros hechos maravillosos que recogen ciertas obras de la literatura infantil.


Reunidos por categorías, las autoras nos hablan de la cabellera de Rapunzel, la nariz de Pinocho o la sensibilidad de la protagonista de La princesa y el guisante. Tampoco se olvidan del espejo de la madrastra de Blancanieves, el mal humor de Campanilla o de esos duendes que ayudaron al zapatero. Un sinfín de cuestiones que nos llevan a conocer estas creaciones tradicionales o clásicas desde un punto de vista muy desenfadado.


Con entrevistas al Gato con botas, el Lobo Feroz o uno de los tres cerdidos, un apéndice final en el que podemos encontrar todos los títulos de las obras que recoge este manual y un desplegable interior que reúne a lo más florido de la LIJ, hace de este libro una apuesta muy interactiva con la que ahondar en ese acervo colectivo, así como descubrir elementos curiosos y llamativos que invitan a la lectura (o relectura) de estos.


Terminamos con la Enciclopedia de medicina fantástica que Pedro Mañas y Mariana Alcántara acaban de publicar gracias a la editorial Thule. Como el título sigue así: “…de la doctora Anastasia Cienmales. Con el apoyo del Colegio de Médicos expulsados del Colegio Oficial de Médicos”, ya nos podemos imaginar que este compendio médico tiene mucho de inverosímil, algo que se agradece teniendo en cuenta la de sinsabores que nos acarrea esta ciencia experimental cuando no hay cura para ciertos problemas.
Así uno se puede tomar las patologías como un invento más, cosa que bien vale una lectura, pues ya está bien de dramas. Es hora de hacer las delicias de todos aquellos que fantasean con la medicina como disciplina mágico-artística.


Empezando con una breve historia de la enfermedad firmada por su supuesta autora y terminando con una serie de contratiempos para pasar el tiempo como la miopía inversa o la intoxicación cosmética, ya se pueden imaginar lo que les espera. La fiebre del baile, el mal del contorsionista o el aliento tóxico, son algunas de las enfermedades que pueden conocer a través de sus páginas.


Alejado de toda realidad fisiológica, este libro juega con las palabras, modifica expresiones conocidas, diagnostica lo imposible, pero sobre todo, nos hace reír, que al fin y al cabo, es la mejor de las medicinas.

jueves, 12 de febrero de 2026

El disfraz innecesario


Desde que no andamos como nuestra madre nos trajo al mundo, el atuendo siempre ha sido una forma de significarse. Para ricos y pobres, para hombres y mujeres, para niños y mayores. La ropa es una forma de identificarse. He ahí la razón por la que todavía hoy hay una cantidad inimaginable de marcas de ropa con las que unos y otros buscan significarse.
Colectivos, géneros, tribus urbanas, poder adquisitivo… Si lo piensan bien podríamos hacer una radiografía de cada uno de nosotros simplemente analizando el tipo de ropa que vestimos. Materias primas, manufactura, visibilidad de la marca, colores, diseño… Todo habla sobre quiénes somos, pues el ser humano, desde tiempos inmemoriales busca diferenciarse de sus iguales de un modo u otro.


No obstante y en muchos casos, el aspecto suele ser poco concluyente. Más todavía en un mundo en el que todo quisqui juega a parecer en vez de ser, la estrategia estrella en redes sociales y medios de comunicación insustanciales que solo busca el aplauso. Y es que esa transgresión que muchos entendían como forma de vida, se convierte en pretensión en este universo de la impostura.
Menos mal que todavía nos queda el carnaval, esa fiesta que empieza hoy (¡Jueves Lardero, señores!); la mejor excusa para la desobediencia, dar rienda suelta a lo incorrecto y dejarnos de pamplinas. No pocos se enfundarán en cuatro trapos y se lanzarán a las calles, las verbenas y los bares transformados en el personaje que deseen para cometer todo tipo de paripés y atrocidades. Ya saben que disfrazarse es una cuestión de actitud. Dejarse llevar por la inspiración y entrar en el papel es mucho más interesante que emperifollarse sin fuste.


Y si no, que se lo digan a la protagonista de Feliz cumpleaños, el último libro de Heena Baek publicado por Kókinos, su editorial de cabecera en nuestro país y que ya he añadido en esta selección de libros cumpleañeros.
La cebra está hecha un desastre. Toda su vida está llena de oscuridad y tonos grisáceos que la atormentan, un verdadero drama teniendo en cuenta que se acerca su cumpleaños. Menos mal que su tía quiere que se ponga las pilas y le envía un regalo muy especial: un armario que le ofrece un outfit diferente para cada día. Sin esperarlo, el armario le da en el asa y se empieza a sentir muy animada. Se deja llevar y comienza a disfrutar de ese universo textil tan variopinto que le ofrece el mueble. Parece otra, se siente especial y muy disfrutona y decide celebrar su cumpleaños con una fiesta por todo lo alto. Pero de repente, el día llega y el armario solo le ofrece un capirote de cumpleaños. Al ver que no hay con qué vestirse, suspende el evento y se mete en la cama muy triste, pero la función debe continuar...


Como en muchos otros de sus libros, Heena Baek utiliza esa magia a la que nos tiene acostumbrados con un sentido un tanto aleccionador, pero siempre brillante. Y es que cambiar la perspectiva de una persona que sufre una depresión, sea por las causas que sean, siempre es un bonito mensaje. Y si, además, se hace uso de un escenario onírico, mejor que mejor.
Por otro lado, Baek afianza la incorporación en sus obras del objeto fantástico como elemento expiatorio, una forma de vía de escape de esa realidad tan insustancial que nos azora en la sociedad actual. Como sucede en los cuentos tradicionales, caramelos, panes o en este caso, armarios, son los encargados de dar esa vuelta de tuerca necesaria a unos (anti)héroes que, lacerados por sus circunstancias, intentan recobrar su espacio en el relato de una forma autónoma.


En lo que a recursos narrativos se refiere, además de sus ya clásicos dioramas y esculturas, la autora coreana utiliza esta vez una serie rítmica que establece un marco de lectura repetitivo que, al quebrarse, crea una sensación de extrañamiento (o decepción, para gustos los colores), que resuelve con un final (pseudo)optimista que siempre se agradece. Me encantan, tanto la descripción de todos modelitos (ese guiño a la moda siempre tiene mucho tirón) y las escenas basadas en las nuevas tecnologías, pues videollamadas y chats favorecen esa aproximación a los lectores del nuevo milenio.

lunes, 24 de noviembre de 2025

Cuitas de poder


El que piense que, después de cinco mil años de un mundo donde los poderosos siempre se salen con la suya, va a cambiar el sistema en un santiamén, está totalmente equivocado. Y es que si algo tiene el Homo sapiens es que gusta de mangonear a troche y moche. Lo que le dejen. En la familia, en la comunidad de vecinos, en la alcaldía pedánea, como diputado o en el Kremlin. No hay institución ni grupo de incautos que se salve.


Y no es que esté mal. Como en otros mamíferos, siempre tiene que haber alguien al mando, preferiblemente espabilado, porque si no, la especie se va al traste. Lo realmente complicado es dar con ellos, sobre todo en esta sociedad de incierta inteligencia y nulo instinto, donde el más palurdo es capaz de hacerse con un sillón en el consejo de administración de algún grupo empresarial (¡Esos sí que saben y no el Fiscal general del estado!).
También suele pasar que a todo rey le llega su San Martín (¿O era cerdo? ¿O tal vez cárcel?), porque claro, el mundo es de los valientes y enfrentarse al enemigo puede salir caro. Y así se van sucediendo unos a otros, kamikaze tras kamikaze. Porque la Tierra sigue girando y los poderosos, alternándose. El que no lo vea es porque está ciego o, por el contrario, bien alimentado. Quizá ese sea el problema: conformarse. Y si no lo hacemos, entramos en el juego. Repitan conmigo: Poder es querer, querer es poder… ¿Y quién no desea una mijita de las dos cosas?


Aparcando la retórica, me meto de lleno en Los reyes del universo, un álbum de Antoine Dole y Magali Le Huche que ha editado Kókinos que les va a encantar (¡Ojalá Papá Noel se lo regalase a todos los políticos de este país!).
El día ha sido redondo y León se va a la cama. Satisfecho y como muchas otras personas, está convencido de que va a dormir como un rey, ¡el rey del universo! Cuando despierta, se encuentra con una nave espacial que ha aterrizado en mitad del jardín y de la que salen un montón de chiquillos extraterrestres. El cabecilla se le acerca y le dice que vienen del planeta Trochemoche Machín Machín y que está totalmente equivocado: ¡el rey del universo es él! Como no puede haber dos reyes en el universo, al extraterrestre le toca destruir la ciudad de León. León se acojona y le dice que dimite, pero su oponente dice que no, que la noticia ya ha trascendido y hay que buscar otra solución. ¿Cuál será?


A partir de una expresión cotidiana, los autores crean una situación alocada en la que caben muchos planteamientos. Paródico hasta extremos galácticos, este álbum plantea un conflicto, a priori desmesurado, en el que también se habla de cuestiones más profundas como la política, la paz, la cooperación entre líderes o los males del universo adulto. Y cito textualmente: Pero los adultos no pueden gobernar el Universo porque ellos piensan en pequeño. Más razón que un santo.


Diálogos de besugo, terquedad y abnegación, hipérboles y disparates. ¡Hasta un alegato en contra de la democracia! (¡Me encanta!). Son las piezas clave de este libro que incorpora formas narrativas propias del cómic para imprimir de dinamismo a un relato vertiginoso en el que el tiempo y las soluciones apremian. Como en la vida real…

jueves, 23 de octubre de 2025

Asociaciones de ideas


Bien entrado el curso, los alumnos empiezan a sufrir con los primeros exámenes y las aulas se llenan de corrillos de alumnos que comparten sus conocimientos, histeria y miedo. Los hay más nerviosos y más tranquilos, más brillantes y más granujas, más estudiosos y más gandules, pero todos ellos necesitan desarrollar sus propias estrategias de estudio. Repetir como guacamayos, esquemas y resúmenes, montones de colores o memoria fotográfica. De entre todas ellas, mis favoritas son las asociaciones de ideas como las reglas mnemotécnicas.
Una asociación de ideas es el mecanismo mental que conecta pensamientos, imágenes o recuerdos con ciertos conceptos. Unos evocan otros gracias a una serie de principios, concretamente tres. El primero es el de la semejanza y que tanto defendió la Gestalt. Con este nuestro cerebro conecta elementos que comparten características comunes, como por ejemplo las tres franjas de Adidas. El segundo es el principio de contigüidad, en el que vinculamos conceptos que han ocurrido juntos en el tiempo o el espacio, como asociar una canción determinada con aquel campamento de verano. Por último tenemos el principio de causa y efecto que establece conexiones lógicas entre un evento y su consecuencia, como la lluvia y el arcoíris.


Y como los libros infantiles y la vida se funden en esta casa de monstruos, he aquí una creación para ilustrarles… Bastien Contraire, autor de genialidades como El intruso, se lanza de nuevo a la experimentación para sorprendernos con un álbum conceptual de formato considerable que se interna en los mecanismos discursivos en el ámbito del libro dirigido a prelectores y primeros lectores.
Así, cuando abrimos Los animales (editorial Kókinos) nos encontramos que cada página recoge un animal, pero el único rastro que podemos encontrar de él es su color. Ni líneas ni formas (¿Para qué? Si ya los conocen). Obviando la fisionomía de cada uno de ellos, el autor se centra en círculos cromáticos a través de los cuales hacemos pequeñas asociaciones de ideas que nos los presentan. Incluso se atreve a establecer diferencias en lo que a tonalidades se refiere. Entre el gris elefante y el gris ratón, el verde de la rana y el del cocodrilo, también juega con el blanco del oso polar (¿Acaso no es el mismo que el del papel?) y termina con un troquel que abre la imaginación gracias a un animal experto en camuflaje.


Quizá los adultos piensen que el público infantil puede recibir con extrañeza una obra como esta, pero lo cierto es que la abstracción supone un plus en lo que al aspecto lúdico del álbum, ya que ayuda al constructo de las ideas desde un prisma menos convencional y más creativo (cada cual que proyecte su idea como le dé la gana) en el que la curiosidad siempre es santo y seña. Así, da lugar a divertidos juegos de adivinanzas con el niño que, desde bien temprano asocia colores y objetos, igual que palabras y cosas.


Por último, un apunte… Aunque la edición en castellano opta por una tipografía en mayúsculas que es muy útil y facilita el aprendizaje, los amantes del diseño echamos de menos la original, ya que el autor hace todo un ejercicio creativo a base de letras ligadas que aportan calidez y personalidad al resultado final.

miércoles, 22 de octubre de 2025

Jubilación, ¿suerte o desgracia?



Trabajo en un cementerio de elefantes. Sí, así se les llama a los centros educativos donde más de la mitad del profesorado roza la edad de jubilación. Y no es que sea gerontófobo, pero sí es cierto que las conversaciones que más abundan en los corrillos se refieren a ese tema.
¿Y tú, cuándo cumples los sesenta?... A mí me quedan tres años para cobrar la máxima… ¿Treinta y siete años en el cuerpo?... Pues yo pierdo seiscientos lereles si me jubilo… He escuchado de Fulano va a solicitar el reenganche, ¡qué avaricia! No, mujer, es que tiene a los dos hijos en paro… Todo así. Y yo, mientras los escucho, me planteo si la jubilación es una suerte o una desgracia.


Por un lado, hay gente que se encierra en su casa, se hunde en el sillón y ve pasar los días enfrente de la tele y de espaldas al mundo. Quizá porque ya no es nadie (N.B.: Los hay que necesitan palmeros), quizá porque se siente inútil, deprimida o deshauciada. El caso es que hay personas que se desconectan de la vida antes de tiempo y pasan las hojas del calendario con mucha desidia y resignación. Y si te pones tonto, te zampan a los nietos: el castigo a la inacción.
Por otro, tenemos a los que rejuvenecen lo nunca visto. Gente que se pasaba de baja año tras año, de repente, se ponen como toros y sonríen a la vida. Otros se lanzan como cuervos a las agencias de viajes, los clubes de jubilados y las universidades populares. Una suerte de vitalidad que abre las puertas a aficiones olvidadas o descubre nuevos caminos que transitar.


Sí, amigos, la jubilación se parece a un décimo premiado del Euromillón. Si tienes esa suerte (no olvidemos que algunos no llegan), actúa como si no pasara nada y déjate llevar por la actividad o de lo contrario, estás perdido. Aunque dejemos de ser productivos para el sistema capitalista, tenemos que seguir comiendo, bebiendo y socializando, como la protagonista de la última joya de Anouck Boisrobert y Louis Rigaud que ha publicado este otoño la editorial Kókinos.
Los tesoros de la hormiguita, que así se titula este leporello, es uno de esos híbridos entre ficción y no ficción que tiene mucha chicha. Cuenta la historia de una hormiga que a lo largo del camino de vuelta al hormiguero, va encontrando diferentes elementos. Una semilla de diente de león, una ramita, una larva extraviada y una pluma son los actores secundarios que participan de esta aventura cotidiana y que le sirven como excusa para interactuar con otros animales y establecer pequeños diálogos durante el recorrido.


En esta creación, los autores franceses optan por una historia a doble cara en la que el exterior y el interior terrestre se aúnan en un mismo objeto. Por un lado tenemos el suelo de un bosque cubierto por la hojarasca y por otro descubrimos un mundo subterráneo gracias a las galerías y madrigueras que tanto las hormigas, como otros animales utilizan como hogar.


En lo que al formato se refiere, el dúo formado en Estrasburgo incorpora un nuevo concepto al libro-acordeón utilizando dos pliegos unidos que les permite establecer juegos interactivos en los que solapas y troqueles permiten crear una sensación de profundidad gracias a esa apariencia de capas superpuestas donde la realidad se funde con la ficción.



Del mismo modo, eligen la técnica de la acuarela para la elaboración de unas ilustraciones que rozan el naturalismo gracias a una paleta de color muy acertada y que nos permiten diferenciar con claridad las especies de insectos que habitan este universo edáfico tan logrado. Una aproximación al concepto de ecosistema que merece muchas lecturas en esos ratos de (in)actividad que todos tenemos para transformar la obligación en trabajo placentero.