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miércoles, 9 de octubre de 2024

El problema de la vivienda


El problema de la vivienda acucia a nuestro país. Cuando hace unos años sobraban casas para todo el mundo, había montones de casas en venta y el alquiler estaba más que aceptable, hoy la cosa se pone peliaguda por culpa del sector inmobiliario.
Las promociones de nueva vivienda se hacen a cuentagotas, los inmuebles en alquiler son insuficientes y los precios de compra-venta y arrendamiento cuestan un riñón y parte del otro. La pregunta es: ¿por qué?


Punto número uno. Les recuerdo que hace más de diez años, España vivió una crisis del ladrillo sin precedentes. Los apartamentos y adosados florecían como la manzanilla, los bancos regalaban hipotecas que acababan en embargos, los constructores se declararon en quiebra y el sector se desmanteló a costa de unos trabajadores que se prejubilaron o se reciclaron.
Punto número dos. Como la cartera de pisos en venta era enorme, el estado, los bancos y los propietarios decidieron darles salida a bajo coste e inversores nacionales y extranjeros entraron en el bombo del mercado, mientras la construcción se paralizaba rotundamente.
Punto número tres. La estrategia de recuperación y crecimiento de nuestro país se centró en un turismo y un sector servicios que necesitaba alojamientos. Al principio eran suficientes, pero después… De esta forma, no hay vivienda suficiente para compaginar las necesidades del autóctono con las del visitante, lo que estimula la competencia y de paso, la especulación.
Punto número cuatro. A todo esto hay que añadir la desprotección de los propietarios ante impagos, daños, reformas no consentidas y subarrendatarios, la poca incentivación del alquiler, una ley de la vivienda con tintes draconianos, el incremento de los precios, el alto rendimiento de las viviendas turísticas y las corrientes migratorias.


Y con este panorama me voy a un libro maravilloso titulado La casa de tus sueños con Henrietta y sus diseños, un álbum que George Mendoza y Doris Susan Smith idearon en el año 1981 y que rescata la editorial EntreDos para nuestro disfrute cuarenta años más tarde.
Cuando me topé con él casi me da un pasmo, pues en la parte más sentimental de mi biblioteca guardo un álbum ilustrado con tres cuentos clásicos ilustrados por esta mujer de la que poco se conoce en nuestro país. En esta ocasión, me encuentro con un libro dedicado a la arquitectura de la mano de Henrietta, una ratona con mucho gusto y ojo a la hora de diseñar los hogares del resto de habitantes del bosque.


Con mucha imaginación y rima, los autores dan vida a todo un universo de viviendas que se adecúan maravillosamente a las necesidades de sus habitantes y de paso se internan en las tendencias de la arquitectura urbana y tradicional de diferentes partes del mundo utilizando como excusa el hábitat de diferentes especies animales.


Pagodas, palacios submarinos, palafitos, madrigueras con vistas al río y nidos a todo trapo configuran una suerte de catálogo que recuerda a otras obras más actuales y que enriquece el ideario del lector-espectador a base de detalles minuciosos y mucha imaginación.

jueves, 10 de noviembre de 2022

Del revés


Hace muchos años que no me pongo bocabajo. Desde que me examiné de hacer el pino (parece de risa, pero nuestro profesor de educación física estaba empeñado en que semejante ejercicio era clave para estar en forma), no me he vuelto a poner del revés. Al menos, de manera consciente. Inconscientemente quizá lo haya hecho mientras volaba al hemisferio sur o probando alguna montaña rusa.


En definitiva todo depende del ángulo con el que miremos las cosas. Un día nos levantamos torcidos y lo vemos todo patas arriba, y después de una buena siesta todo se va enderezando. Por eso conviene mantener la mente ocupada en cuestiones poco sesudas, más superfluas y, sobre todo, muy alegres, no sea que de tanto giro, la vomitona sea monumental.


En cualquier caso, los peores reveses te los da la vida. Enfermedades crónicas, la pérdida de un ser querido, la cola del paro o decepciones amorosas. Esos sí que te cambian la perspectiva. Tardas en acostumbrarte, pero poco a poco te vas poniendo de pie y aunque nada se parece al antes, siempre queda el después.
Cuando era pequeño quería ser un murciélago para no marearme cuando me quedaba colgando de los columpios. Hubiera sido divertido, sobre todo para darles la vuelta a las tortillas de patata y que no se desbaratasen por torpe e inexperto. Incluso para disfrutar de un libro como el de hoy.


Bocabajo, un álbum de Alba Dalmau y Cinta Vidal publicado por la editorial Bindi Books, podría enmarcarse dentro del álbum experimental ya que es un producto con una doble vida. Por un lado teníamos los trabajos que la reconocida artista plástica Cinta Vidal había ido realizando para distintas muestras y exposiciones, unas pinturas que indagaban en la ausencia de gravedad, el juego de la perspectiva y la concepción espacial y que además propiciaban una narrativa muy sugerente. En ese instante aparece la escritora Alba Dalmau que, inspirándose en ellas, idea una historia que complementa a estas imágenes.


Así nace este libro que nos habla de Caliua, una gata que desaparece el día en el que el mundo comienza a tambalearse y lo cambia todo de sitio. Lo que está arriba, pasa a estar a la izquierda, lo de abajo, arriba, y la derecha, a la izquierda. Todo se transforma en un completo caos (o quizá deberíamos decir orden) del que el espectador puede participar gracias a las composiciones que propone Vidal y que se nutren de elementos geométricos y arquitectónicos que es inevitable te recuerden a Escher.


Una delicia visual que se desborda en múltiples destellos discursivos. La resolución de problemas complejos, lo paradójico, las relaciones sociales y sus conflictos, lo compartido y lo comunitario, o dualidades de una misma realidad son algunas de las cosas que se me ocurren mientras paso las páginas. ¿Y a ustedes? ¿Qué les sugiere?

miércoles, 10 de marzo de 2021

El valor de la intersección


Es curioso como las diferentes jergas se introducen en el día a día. Expresiones que nunca hubiéramos imaginado se cuelan en nuestras vidas y, sin querer, se instauran en el ideario colectivo creando nuevos conceptos que poco tienen que ver con eso que se llama cotidianeidad. Si “el conjunto de la ciudadanía” o “un libro en verdad” ya me ponen de bastante mal humor, lo de “proyecto de vida” me saca de mis casillas.


Las familias son proyectos, los niños, también. Todo es susceptible de ser planeado, estudiado al milímetro, auditorías y controles de calidad personal y social. Cualquier parcela de la vida se ha convertido en algo que necesita de la corrección política y jurídica, de formalidades y negociaciones, de aprobaciones, de presupuestos, de hipotecas a corto, medio y largo plazo. Sólo nos falta darnos de alta como autónomos y pagar una cuota al estado.
Leo y escucho a todo tipo de majaderos utilizar una expresión reservada al ámbito empresarial, económico, productivo o laboral para referirse a su propia vida. Psicólogos, sociólogos, asistentes sociales y charlatanes han logrado reducir a la mínima expresión algo tan complejo como la propia existencia. Y lo peor de todo es que han conseguido que el resto del rebaño repita como un mantra la dichosa cantinela.


Solo un estúpido podría limitar las innumerables circunstancias que lo acompañan a una serie de factores difícilmente manipulables. Así pasa, que, de vez en cuando, el azar que la vida lleva implícito les propina bofetones que desmoronan esos constructos que se han esforzado por levantar en pro de la arquitectura más efímera y soez.
Incluso lo que puede pecar de producto manufacturado -una bomba nuclear, la famosa vacuna o una maceta-, está supeditado a una serie de factores desconocidos que lo van moldeando paso a paso, día a día. Antojos del tiempo que nos invitan a vivir, pero también a dejarse llevar. Porque quizá, hacer lo imposible para que nuestros hijos estudien una carrera, para celebrar las bodas de oro o para que se vendan un millón de ejemplares de nuestro libro, sean lastres persistentes que solo nos abocarán al fracaso.


Hay que planear algo, más bien poquito, poner la intención, la brújula en camino y nada más. Esa es la razón por la que me rindo y floto. Gracias a la marea, a los impulsos, por culpa de los amigos, también de los sobrinos… Todo eso me arrastra hasta lugares donde no quiero ir pero que, sin comerlo ni beberlo, forman parte de ese hogar informe que me cobija. Les recomiendo esos ejercicios llamados vaivén, quiebro o admiración. Como los que sufre el protagonista del libro de hoy. 
Un arquitecto muy cuadriculado contempla como la construcción del edificio que ha diseñado queda totalmente supeditada a un elemento disruptivo: un árbol. Él hace lo imposible por buscarle los tres pies al gato y salvar esa idea primigenia. Terco como una mula, quiere controlar hasta el último detalle, pero el árbol rompe los esquemas, lo pone a prueba para, al final...


El arquitecto y el árbol, de Thibaut Rassat (Cocobooks), además de ahondar en la relación que el ser humano tiene con lo inesperado, es un especial homenaje a Conical Intersect, la obra de otro arquitecto, Gordon Matta-Clark, que mostró el valor y necesidad de los edificios integradores.
Entren en este libro y trasladen lo que les va diciendo sobre esa dicotomía compleja que llena cada uno de nosotros. Alejándose de lo preceptivo, de las líneas preestablecidas, de todo ese orden aparente que nos enjaula cada hoja del almanaque.

miércoles, 19 de junio de 2019

El eterno problema de la vivienda



El asunto de la vivienda se está volviendo a poner jodido. Los alquileres por las nubes, las nuevas construcciones se agotan en un pispás, y los préstamos hipotecarios se animan. Créanme, se acerca un nuevo boom del ladrillo, cosa que no nos ha de extrañar pues es una cuestión cíclica que anima la inflación y los mercados (interesa, vamos…).
Yo, por mi parte no creo que contribuya a esta nueva fiebre. No me miren extrañados si les digo que muchos conocidos se han puesto al quite, no sólo para mejorar su estatus (eso de haberse comprado un piso en lo que ellos consideran un barrio de segunda, lo llevan mal muchos arribistas), sino para invertir sus ahorros. Que cada uno con sus cuartos hace lo que le place, es una verdad impepinable, pero el aquí firmante pasa de notarios, tasadores, bancos y contribuciones, porque una casa, aunque te puede rentar, también es un gastazo de tiempo y cuartos.


Es evidente que lo que están viviendo muchos en las grandes ciudades es vergonzoso, rozando lo miserable. En Madrid, Barcelona o Bilbao (por citar algunas de nuestro país) la cosa está muy mal. Unos le echan la culpa a la ley de la oferta y la demanda, otros a la gentrificación, a la mala gestión municipal, al capitalismo exacerbado… Me da igual quien tenga la culpa, el resultado es el mismo: cajas de cerillas, grilleras, trasteros o pisos patera a precio de oro… ¿A eso le llamamos vivienda digna? Anda y no me jodan…
Sé lo que me digo pues he vivido en todo tipo de cuchitriles, en casas descuidadas, sin calefacción, ascensor y otras comodidades que hoy se consideran básicas. También he buscado piso en las grandes ciudades (el verbo opositar se queda corto). He tenido con lidiar con caseros, administradores, constructores, vecinos y compañeros de piso. Que sí, que es ley de vida, pero entiendo que mucha gente, sobre todo la que tiene pocos recursos, como estudiantes, mileuristas o jubilados, estén hasta el moño del tema.


También he de decirles que el problema no se resuelve con viviendas de protección oficial ni de precio tasado, sino con políticas y leyes que echen el freno a maniobras especulativas, tanto individuales, como empresariales, pues tampoco considero que haya que regalarle la vivienda a nadie, pero sí facilitarle el acceso a un espacio vital donde pueda desarrollarse, algo que nos ilustra estupendamente el libro de hoy.
El arquitecto y los animales del bosque de Kunihiko Aoyama (editorial Errata Naturae) es uno de esos libros preciosistas que nos van encandilando mientras pasamos página. Unas ilustraciones de corte clásico y llenas de detalles que, además de posibilitarnos la búsqueda y la contemplación, nos trasladan al mundo fantástico creado por un enano arquitecto y toda la fauna que habita en el bosque.


Partiendo de un argumento sencillo (el enano quiere construirse una casa y le salen voluntarios para echarle un cable a cambio de un espacio en ella), se articula un relato divertido que nos puede llevar a diferentes discursos. Hay que decir que me encanta, tanto el rigor zoológico, como poder contemplar la evolución de esa estructura de madera que se va elevando en cada doble página. Un regalo ideal para futuros (y presentes) arquitectos y enamorados de los juegos de construcción.