viernes, 20 de marzo de 2026

La magia del balcón


Mi espacio favorito de la casa es la terraza. Si bien es cierto que no es demasiado grande, tiene las dimensiones perfectas para albergar una mesita de acero y un par de sillones de mimbre que viven rodeados de todas las plantas que voy recogiendo en mis viajes (Ea… tengo esa manía…). Así, cuando llega el buen tiempo, puedo disfrutar del sol y la luna durante momentos fugaces. A veces, cuando las paredes se te echan encima, solo tienes que girar el picaporte y respirar hondo. 


Mucha gente prefiere acristalar balcones y terrazas para poner otra nueva barrera al polvo, no hay suficientes con puertas y ventanas. Pero yo estoy la mar de contento con mi propia atalaya en la que me siento vigía del pequeño universo que me rodea. Es lo que tiene disfrutar del exterior desde una parcela interior.

Una jungla pequeña
intenta escapar de casa.
¡La plaza está tan cerca!
La libertad se intuye.
Casi se puede tocar
a través de los barrotes.
Petunias, yedras, geranios,
tres pulgones,
dos orugas
y yo.
Observando la fuente,
un señor que pasea
y unos perros que juegan
desde el balcón.

M. Carmen Aznar.
Cárcel con vistas.
En: En casa.
Ilustraciones de Raquel Catalina.
2026. Barcelona: Akiara.


viernes, 13 de marzo de 2026

Nocturno. Siempre nocturno.


Estoy harto del concepto del tardeo. Yo que siempre he sido ave nocturna tengo que exprimir todas mis energías durante la tarde del sábado por culpa de amigos viejunos y padres hastiados. No sea que no puedan levantarse al día siguiente para cuidar a la prole o sufran durante tres días consecutivos la temida resaca. ¡Estamos buenos!


Donde estén la nocturnidad y la alevosía, que se quiten la cháchara y el bailoteo vespertino. Que digo yo que un ratico de puesta de sol está más que agradable, pero a este paso, uno no puede confundirse entre la multitud.

He salido
a buscar la noche.
Dejo que me cubra
Y que me descubra.
Que lo apague todo
Y que encienda un grito
intermitente,
insistente,
permanente,
entre las estrellas.
Chispas del brasero
sin medida
que me abriga
a millones de años luz
de mi mirada
nebulosa.

Alex Nogués.
He salido a buscar la noche.
En: Volátil.
Ilustraciones de Elena Monpó.
2026. Barcelona: Akiara Books.


jueves, 12 de marzo de 2026

Un país de ladrones


Yo no sé cuántas veces he oído eso de que España es un país de ladrones y hoy, en un alarde de autocrítica, me he puesto a reflexionar sobre el tema. He aquí mis divagaciones.
Aunque generalizar es una estupidez, todos sabemos que la clase media y baja abunda entre los 47 millones de almas que habitamos la piel de toro. La mayor parte de nosotros nacimos y moriremos pobres. Quizá no de solemnidad, pero sí de espíritu, que para eso somos muy barrocos. Es lo que tiene una sociedad conformista, cainita y vividora (léanse entre líneas Italia, Grecia y el Mediterráneo). Si a todo eso unimos el adjetivo “ignorante”, concluiremos que no, que no somos pobres, somos miserables.


Esto, junto a una Guerra Civil que muchos se han empeñado en prolongar casi noventa años (la división siempre ayuda para creerte mejor que el de al lado), han hecho de nosotros una sociedad en la que se premia al pícaro y se sanciona al tributante. Por listo, por simpático, por guapo. La cuestión es sobrevivir y si es a costa de los demás, mejor que mejor.
Añade al batido una pizca de religión y… ¡cacao maravillao! Pedigüeños de portón, curas manejantes, beatas criticonas, señoritos recién confesados… Galdós, siempre Galdós. Incluso cien años después, sigue dando en el clavo con Menina y Doña Paca. Todo quisqui quiere ser alguien, sobre todo si no puede serlo. Aunque sea robando. Mejor que matando, una consigna que llevamos a gala en este suelo de católicos y pecadores.


Carteristas, curanderos, empresarios o incluso, presidentes del gobierno. Que si el Dioni, que si el electricista de la Catedral de Santiago, los que desvalijaron a José Luis Moreno, Ábalos, Bárcenas y Begoña Gómez. Hay cacos para todos los gustos y clases sociales. A unos no hay quien los pille y a otros, al instante. También los hay finos y muy torpes. Esos me gustan mucho. Que estamos en España y el chiste es necesario.
Esto nos lleva hasta Joaquín Camp y El robo, un álbum que publicó Fondo de Cultura Económica hace un tiempo y que refleja estupendamente la torpeza con la que suelen actuar las bandas de ladrones poco organizadas. La historia nos cuenta las peripecias de tres cacos que deciden desvalijar la caja fuerte de un banco. Aunque el plan es sencillo (excavar un túnel) y cuentan con el asesoramiento de los mejores especialistas, se les hace difícil llegar hasta ella. Aparecen en mitad de un sinfín de lugares, pero en el banco, ni por asomo. ¿Conseguirán dar con él?


Con ese humor blanco tan característico en la obra de este autor argentino afincado en España, se abre ante nosotros una obra bien simpática que puede resultar muy cercana a todo tipo de público. Mientras los más ancianos del lugar se acordarán de Los ladrones somos gente honrada, los pequeños lectores disfrutarán con la ineptitud de los protagonistas para orientarse en el subsuelo.


Me encantan esos contextos surrealistas que abren nuevas puertas ficcionales. Y es que un ring de pressing catch, una escena peliculera o un concierto sinfónico son algunas de las posibilidades en las que el lector puede desbordar sus propias ideas. Si a todo esto añadimos un final con mucho contrapunto discursivo (decepción y consuelo siempre van unidas), podemos afirmar que lo que nos roban estos ladronzuelos es el corazón.

martes, 10 de marzo de 2026

Los secretos de la brujería


Hace un par de años, refugiado en ese remanso de paz que son los libros, me topé con uno titulado Brujas, de una tal Adela Muñoz (editorial Debate) y, aunque me quedé a medias (ya saben, de repente, surgen nuevos títulos y el deseo nos puede) todo lo que leí me pareció bastante interesante para desmitificar ciertas ideas.


Según el planteamiento de la autora, España y Portugal fueron los países de Europa donde menos se castigó a las brujas por parte de la Inquisición durante la Edad Media. Mientras que en Alemania, Polonia o Francia se ejecutaron a más de 30.000 personas, en España se contabilizaron apenas 500. Esto se debió en gran medida a las investigaciones que realizaban los inquisidores, unas figuras que, a pesar de ser demonizadas en nuestro tiempo anticlerical, practicaban la objetividad y la cordura.
Esto se deja entrever en la figura de Alonso de Salazar y Frías, persona sobre la que recayó la investigación del auto de fe contra las brujas de Zugarramurdi. Este hombre concluyó que ni brujas ni aquelarres. Las seis personas que perdieron la vida en la hoguera confesaron haber participado en esas prácticas por librarse de las penas de cárcel.


Y es que, aunque, por lo general, la brujería se relacionaba con curanderas que practicaban la medicina natural y realizaban encuentros para intercambiar conocimientos, muchas de las personas ejecutadas eran acusadas por sus propios vecinos que, viendo perder sus cosechas o fallecer a sus hijos, buscaban una explicación cercana a esas desgracias. Meras supersticiones para exorcizar el dolor y la envidia. Lo de toda la vida…
Lo peor de todo es que no hace falta remontarse a los siglos XV o XVIII. Hoy en día, las brujas siguen perseguidas y castigadas en numerosos países de Centroamérica, la India, Indonesia o el África subsahariana, lugares donde la mentalidad mágico-religiosa todavía sigue muy arraigada. Tanto es así, que en la segunda mitad del siglo XX han sido asesinadas por brujería más personas que en Europa en toda la Edad Moderna.


Y para quitarle hierro al asunto, traigo a esta bitácora La bruja en la torre, el segundo título de Las tres hermanas, la trilogía más personal de Júlia Sardà que acaba de publicar Blackie Books. Si en La reina en la cueva, la protagonista era Franca, en este nuevo libro le toca a Carmela. Su hermana mayor ha hecho nuevos amigos y Tomasina todavía es muy pequeña. Se siente sola y decide irse de paseo mientras juega a Caminar Hasta No Poder Más. Así, llega hasta una torre donde vive una bruja que le descubrirá los secretos de la profesión, una hecha a la medida para Carmela. Seguro que también nos sirven a nosotros…


La bruja en la torre es toda una defensa de esa forma de vida que transita entre el mito y la realidad desde una perspectiva tan mágica como infantil. Un viaje de crecimiento personal que transcurre entre la infancia y la primera adolescencia de una protagonista incomprendida por ese ecosistema familiar que forman sus hermanas mayor y menor. Es lo que tienen los medianos…, hay que buscarse las habichuelas.


Como en el título anterior, Sardà se embebe de todas esas referencias a las que suele recurrir como los detalles que Ivan Bilibin y otros artistas del art noveau desarrollan en sus ilustraciones o lo anacrónico de los juguetes y la decoración. Al mismo tiempo, también nos deja asomarnos a nuevas miradas en las que resuenan los volúmenes y las sombras de Giorgio Di Chirico, los juegos de perspectiva de Escher o los espacios inquietantes de Wyeth. Y si esto les sabe a poco, disfruten de los guiños a Chancho-Pancho de Sendak, la presencia de El aprendiz de brujo de Goethe o de escenas que bien podrían incluirse en las películas del estudio Ghibli.

domingo, 8 de marzo de 2026

Celebrando el Día de la Mujer con Beatrix Potter


8 de marzo y las mujeres han salido a las calles un tanto divididas. Como el resto de seres humanos e independientemente del sexo que comparten, puede haber disparidad de opiniones. A quien se eche las manos a la cabeza, le diré que esto no es nuevo. Desde que los movimientos feministas comenzaron en el siglo XIX, han existido diferentes líneas de pensamiento y discrepancias. Como ejemplo, se me ocurre mencionar las diferencias que surgieron en torno al sufragio femenino.


Ahí es, precisamente, donde entra en juego la figura de Beatrix Potter. Y es que según la investigación realizada por Linda Lear, una de las biógrafas de la autora inglesa, Potter no apoyó a la corriente sufragista femenina en Gran Bretaña. A pesar de su éxito como escritora, científica y empresaria en una sociedad dominada por los hombres, la creadora de Peter Rabbit tenía una visión muy negativa de las sufragistas, refiriéndose en ocasiones a este movimiento como "tonto” y “absurdo".


Ahora bien, ¿eso es suficiente para que, como ocurre hoy en día, se la tachara de traidora o machista? Rotundamente, no. Simplemente y como sucede con muchas otras figuras de la época (N.B.: No se olviden de Victoria Kent o Margarita Nelken, mujeres de claras convicciones socialistas que también se posicionaron en contra del voto femenino), Beatrix Potter tuvo una vida moldeada por una serie de circunstancias que probablemente hoy sean difícilmente asimilables por esa masa tan ignorante y obcecada en lo superficial. Veamos un par…


Como apunta Theresa C. Dintino, muchas escritoras victorianas y/o eduardianas como Beatrix Potter, Mary Wollstonecraft (sí, la madre de Mary W. Shelley) o la novelista Elizabeth Gaskell, pertenecían a la iglesia unitaria, un movimiento protestante que desarrolló a partir de 1830 una teoría feminista que abogaba por la igualdad de los sexos basándose en una visión racional de Dios y la humanidad en la que tanto hombres como mujeres poseen la misma capacidad de razonamiento y desarrollo moral. ¿Qué más necesitaban teniendo al Altísimo de su lado? ¿Al estado?


Por otro lado, y aunque ella nunca se definió como “conservadora” o “liberal”, defendió actitudes que bien pueden relacionarse con este ideario político, léanse el desprecio de la mayoría de los valores sociales victorianos, como señala el crítico Humphrey Carpenter, o el apoyo al modo de vida más tradicional, como prueban todas las granjas de su propiedad o las cartas que en 1916 escribió al rotativo The Times, destacando el papel de las mujeres rurales durante la guerra, las llamadas land girls, todo un ejemplo de independencia económica femenina.


Y así, con el ejemplo de una mujer de bandera, celebro este día tomando como excusa que Blackie Books acaba de publicar los dos primeros títulos de su colección de cuentos. Y es que recuperar El cuento de Jeremías Pescador y El sastre de Gloucester en esta edición que tanto hizo por los niños (recuerden que la Potter se empeñó que fueran de ese tamaño para adecuarse a las manos de los pequeños de la casa) es todo un regalo. No solo por el formato, sino por preservar la obra de una mujer que entendió a sus lectores, ensalzó la naturaleza en cada una de sus escenas y muchas cosas más.
Lo dicho, disfruten de esta colección que lleva en las librerías casi 125 años. Ahí es nada. Lo esperable de una autora difícilmente encasillable…

viernes, 6 de marzo de 2026

¡Nada como una buena cama!


No sé ustedes, pero yo tengo un problema con las camas. Y es que a cierta edad, uno ya no puede dormir en cualquier sitio. Que si las lumbares, que si las cervicales... Si das con una cama demasiado mullida, malo. Si es demasiado dura, también. Vuelta hacia un lado, vuelta hacia el otro. Boca arriba, boca abajo... Lo peor viene cuando llega la hora de levantarse. No tienes que llamar a una grúa de milagro.
Las mejores camas son las intermedias. Semiduras, semiblandas. Ni muy altas ni muy bajas. Que no se te salgan los pies y que puedas abrir los brazos. ¡Una cama perfecta, vaya!

Hay Camas de muchos tamaños:
Camas dobles e individuales,
Camas plegables y cunas,
Camas nido y matrimoniales.

La mayoría son Camas
para dormir o descansar,
pero las mejores Camas
sirven también para disfrutar.

¿Para qué solo una Camita
acogedora y abrigada
donde pasar la noche
con la luz apagada?

Mejor
una Cama para Pescar,
una Cama para Gatos,
una Cama para que Trapecistas
muestren sus garabatos.

La Cama que más conviene
(y con esto no termino)
es aquella que navega
como un raudo Submarino.

Que atraviesa el agua
verde y cristalina
ondeando plateada
como una sardina.

Sylvia Plath.
El libro de las camas.
Ilustraciones de Cindy Wume.
2026. Barcelona: Libros del Zorro Rojo.


lunes, 2 de marzo de 2026

Jardines muy personales



Aunque enero y febrero nos han regalado agua a manta (los que vivimos en un clima subdesértico estamos embobados), ya veremos si no llega demasiado pronto el verano y achicharra los brotes verdes ipso facto. Que teniendo en cuenta lo loco que anda el clima últimamente, es lo más probable.
No obstante, hasta que esto ocurra, disfrutemos del verdear de los campos, las yemas reventonas y las semillas germinando. En un par de semanas aparecerán las primeras flores engalanando los parterres, se abrirán camino nuevos colores y todo cambiará su aspecto. Despuntarán tulipanes, jacintos, peonías, narcisos y lirios. Almendros, ciruelos, melocotoneros y albaricoqueros se vestirán de rosa y blanco.


Incluso nosotros nos avivaremos. Saldremos de nuestras cuevas y escondrijos. Para disfrutar del sol, de otros como nosotros, encontrarnos con los amigos e incluso con el amor. Es curioso como la naturaleza sigue su camino dentro y afuera. Baja el interruptor y un millón de sensaciones se agolpan en nuestro interior.
Nos preguntamos y nos respondemos, como los pájaros en su vuelo. Vivarachos como ratones y hacendosos como las hormigas. Nos enredamos en nuestros pensamientos y nos liberamos de esa hojarasca que se quedó adherida. También hurgamos en los demás. Abonamos el futuro mientras regamos el presente. ¿Y el pasado? A la primavera no le trae cuenta.


Y así, nos adentramos en Un jardín propio, el álbum de Marta Ardite y Alicia Varela (Babulinka) que nos invita a acompañar a una niña en su paseo intimista por un lugar de recreo muy particular. Y es que el sendero vital de la protagonista es, como el de cualquier otro lector, un cúmulo de ideas y reflexiones que lanza sin ninguna cautela. Acompañada por un lapicero y una rana garabateada, la cría se cuestiona, baraja posibilidades y va forjando un pensamiento embebido de existencialismo.


Además, gracias a metáforas visuales y un lenguaje poético, el trabajo de las autoras se complementa para lanzarnos mensajes con mucho sabor. Como ese trazo que divide la página horizontalmente y a través del que Alicia Varela define dos mundos, uno subterráneo y otro aéreo, por los que deambula la acción. Quizá reflejos, quizá no. Lo que está claro es que uno y otro se complementan, como el cielo y la tierra, como el yin y el yan.


Una obra muy enriquecida en la que, además de hacer referencia a la Wood Wide Web, aprovechan para homenajear las obras de grandes artistas del siglo XX. Picasso, Mondrian, Calder, Matisse, Kandinsky, Pollock, Hopper, Klimt, O’Keeffe, Delaunay, Lamorisse, Rothko, Magritte o Klee se entremezclan con las ilustraciones de Varela gracias a composiciones que permiten la interacción entre unos elementos y otros. Sin olvidar a Virginia Wolf y Una habitación propia, este libro tiene muchas aristas por las que desbordarse, sobre todo, para los lectores competentes.

viernes, 27 de febrero de 2026

Romance de la desidia paterna


A pesar del empeño que pone el mundo editorial para diseminar entre los chiquillos todas esas producciones literarias que, de una manera casi natural, han ido impregnando nuestra cultura, cada día que pasa, caen más en el olvido.
Y ahora me dirán que los críos de ahora no están para rima. Y yo les diré que tienen un morro que se lo pisan. La culpa de todo la tienen ustedes, pues las fórmulas poéticas no entran por los ojos, sino por el oído. Y si ustedes están tan ocupados con sus trabajos, sus teléfonos móviles, su crossfit y sus series de Netflix, ¿quiénes se las va a cantar a los chiquillos? No me vengan con hostias, que me tienen hasta las narices. La ignorancia de las criaturas no solo bebe del analfabetismo paterno, sino de su propia dejadez. Que los míos tampoco eran doctores en filología medieval, pero ya se encargaba mi padre de martillearnos con las cintas de Joaquín Díaz o Paco Ibáñez en casa o en el coche. Una solución más que aceptable.
Querer es poder. Y ustedes no quieren. Es lo único que tengo claro después de tantos años habitando esta morada monstruosa. Y si tienen una pizca de vergüenza, compren un libro como el de hoy y léanselo a sus chavales. No hay nada más miserable que privar a un hijo de lo posible. Que yo me voy a Valladolid a ver si olvido ese romance de la desidia paterna

Conde Niño por amores
es niño y pasó la mar;
va a dar agua a su caballo
la mañana de San Juan.
Mientras el caballo bebe,
él canta dulce cantar;
todas las aves del cielo
se paraban a escuchar.
La reina estaba labrando,
la hija durmiendo está.
-Levantaos, Albaniña,
de vuestro dulce folgar,
sentiréis cantar hermoso
la sirenita del mar.
-No es la sirenita, madre,
la de tan bello cantar,
sino es el conde Niño
que por mí quiere finar.
¡Quién le pudiese valer
en su tan triste penar!
-Si por tus amores pena,
¡oh, malhaya su cantar!
Y porque nunca los goce
yo le mandaré matar.
-Si le manda matar, madre,
juntos nos ha de enterrar.
Él murió a la medianoche,
ella, a los gallos cantar;
a ella, como hija de reyes,
la entierran en el altar;
a él, como hijo de conde,
unos pasos más atrás.
De ella nació un rosal blanco,
de él nació un espino albar;
crece el uno, crece el otro,
los dos se van a juntar.
La reina, llena de envidia,
ambos los mandó cortar;
el galán que los cortaba
no cesaba de llorar.
De ella naciera una garza,
de él, un fuerte gavilán;
juntos vuelan por el cielo,
juntos vuelan par a par.

Anónimo.
En: 12 romances.
Selección de Manuela Rodríguez y Antonio Rubio.
Ilustraciones de Fernando Vicente.
2026. Pontevedra: Kalandraka.


miércoles, 25 de febrero de 2026

Joyas recuperadas


Los monstruos de habla española estamos de enhorabuena porque por fin se recuperan en nuestra lengua Las aventuras de Archibaldo el koala, la conocida serie de álbumes infantiles de Paul Cox. Muchos años después de que la editorial mallorquina José J. de Olañeta, las publicara por primera vez en nuestra lengua, Libros del Zorro Rojo acaba de publicar el primer volumen (esperemos que sigan con los siguientes).


Titulado El enigma eucalipto, este primer episodio de la serie, además de presentarnos a todos y cada uno de los 25 koalas y los 25 tejones que protagonizan estas aventuras un tanto corales en una isla en mitad del Pacífico, nos cuenta el primer caso de este detective. Los campos de eucaliptos que rodean la ciudad están siendo diezmados y la supervivencia de sus habitantes está en peligro. Quizá sea el clima, los cuidados o las plagas. Los koalas intentan en vano salvar las plantaciones. Pero Archibaldo, ese héroe que siempre está liado aclarando los extraños sucesos que acontecen, se esconde en mitad de la noche y descubre que los responsables de sus preocupaciones son ¡sus vecinos los tejones! ¿Conseguirán los koalas frenar sus tropelías? ¿Regresará la paz a la isla?


Como en muchos otros títulos que he traído a este cuaderno de bitácora, Paul Cox disfruta con su humor absurdo y un surrealismo manifiesto. Chicles con sabor a eucalipto y guerras a sartenazos nos hacen reír, pero también nos obligan a replantearnos situaciones de la vida cotidiana que siempre tienen su reflejo en la LIJ de calidad.


En lo que a formato se refiere, también toca hablar de las dimensiones de unos libros que pretenden ser un homenaje al Babar de Brunhoff. El tono tostado del papel, la composición de dobles páginas que combinan elementos del cómic y el álbum ilustrado, las tintas limitadas o una tipografía caligráfica nos retrotraen a las series narrativas del siglo pasado (¿Ven a Sapo y Sepo de Lobel o el Crictor de Tomi Ungerer?). Por eso es tan importante no pasar por alto ningún componente del objeto-libro, incluyendo esa doble página desplegable que tanta importancia tiene en este episodio.


Da gusto perderse en los detalles que el autor incluye en cada ilustración. Leer el menú del restaurante, contar uno a uno los habitantes de la isla, disfrutar con la caracterización de los personajes (eso de los oficios vuelve loco a cualquier chiquillo), explorar la cartografía del lugar, aprender a contar hasta el número 50, conocer el rubicesto (J. K. Rowling no ha sido la única que ha inventado un deporte) o contemplar códices antiguos, son algunas de las propuestas de este libro desbordante.


Por último y sin ánimo de conflictos, me encantaría conocer el/los motivo/s que han llevado a Julia Osuna, la traductora de gran parte de las obras que se están recuperando de este autor francés, a tomar ciertas decisiones, empezando por el título del libro y terminando por el nombre original de la isla donde sucede la acción, lo que más me ha chirriado. Tanto la primera edición española, como el resto de ediciones que conozco (inglés, alemán o italiano), mantienen Rastepap como denominación de la isla, mientras que en esta se puede leer Kokotetetonga. Primero, porque en la traducción ya hay bastantes elementos sobre los que aplicar la elocuencia y la cosecha propia por necesidad, véanse los nombres de los personajes (un trabajo impecable, ya que ha hecho justicia a los primigenios, no como sucedía en la edición anterior). Segundo, porque no comprendo esa desmesurada intervención sobre un nombre propio tan importante que, por muy sonoro y simpático que les resulte a los lectores, rompe el marco de lectura en una obra que consta de varios volúmenes que pretenden una continuidad temporal. ¿Licencia semántica? ¿Ganas de trascender? ¿Caprichos aleatorios? ¿Divertimento inocente? ¿Torpeza editorial? Enigmas de la LIJ.

lunes, 23 de febrero de 2026

De casas y moradas


Este fin de semana, la gente ha salido de sus casas como alma que lleva el diablo. Algo que no me extraña teniendo en cuenta la de semanas que algunos llevábamos sin ver el sol. Hay que ver lo imposible que se pone un español cuando lo encierran en su casa. Bien sean las enfermedades o el mal tiempo, eso de ver pasar las horas entre cuatro paredes, nunca es de buen gusto.
Otra cosa es disfrutar de la vida de puertas para adentro, cosa que se agradece cuando decidimos darle utilidad a todos esos objetos que guardamos con recelo en nuestras cuevas particulares. Libros, electrodomésticos, instrumentos musicales, máquinas fotográficas, útiles de pintura, máquinas de coser, juegos de mesa o productos de limpieza. Tenemos a nuestro alcance montones de enseres que nos invitan a la productividad, el entretenimiento, el disfrute o el engorde.


Si bien es cierto que en nuestro país nos priva una cervecita en compañía para sintetizar vitamina D, estaría bien plantearnos sacarle jugo, aunque sea solo un par de días a la semana, a todas esas habilidades, aficiones e intereses que se pueden desarrollar en nuestros hogares. Que los bares están la mar de bien para orearse y socializar, pero nos envuelven en la improductividad.
Por eso y para que le encuentren sentido a su vivienda, aquí les traigo cinco álbumes donde las casas son las protagonistas, porque si bien es cierto que cada propietario busca una forma de ensalzar la suya, todas comparten un leitmotiv común.


El primero de esta pequeña selección de libros hogareños es Hogar, un álbum de Isa Pirracas publicado por Bindi Books. A Milo y Tula les encanta pasar el tiempo en casa y los días que hace buen tiempo les gusta desayunar en el balcón y observar lo que sucede a su alrededor. Todas las casas del barrio se parecen, pero al mismo tiempo son muy diferentes. Cada vecino hace las cosas a su manera y eso es lo que va construyendo un hogar, algo que descubriremos con Tula y Milo.


Hay hogares musicales y otros que parecen no estar habitados. Los hay en los lugares más insospechados y en mitad de la nada. Ambulantes o muy calurosos. Un faro, una caravana, una nave espacial o una colmena pueden ser lugares estupendos para vivir, pero cada uno con sus peculiaridades. Alejados de la civilización, ruidosos, muy cálidos o con demasiada animación.


Gracias a unos juegos de búsqueda que se plantean en cada doble página, los lectores no dejarán escapar los detalles y se adentrarán en las curiosidades de la naturaleza, de nuestras necesidades vitales y de los diferentes espacios que habitamos tanto humanos, como animales gracias a un lenguaje que galopa entre la ficción, la no ficción y el álbum de actividades.


Seguimos con La casa ruidosa, un álbum de Sally Nicholls y Gosia Herba, recién editado por CocoBooks. Detrás del portón está la casa ruidosa. ¿Qué esconderá en su interior? Hay un jardín. También una habitación llena de juegos. Podemos bajar al sótano y luego subir a la sala de estar. Entrar en el baño. Y terminar en el dormitorio. Aparentemente no parece una casa muy diferente del resto. ¿O sí…?


Con el dinamismo que caracteriza la obra de la ilustradora polaca, cada doble página se llena de montones de personajes que configuran una pequeña verbena en cada doble página. Niños y animales tocan instrumentos, exclaman, lanzan ruidos y sonidos, y exclaman. Así, montones de onomatopeyas llenan cada estancia de esta casa tan particular gracias a tipografías variadas que forman una parte importante de la composición visual.


Cambios de orientación (eso de obligarnos a girar el libro siempre es un plus), detalles que pueden pasar desapercibidos y mucho humor son el santo y seña de un libro que puede parecer silencioso, pero es capaz de dejarte sordo si se lo propone.


El tercer título de hoy es Mi hogar, mi casa, un libro de Carl Johanson publicado también por CocoBooks. ¿Alguna vez habéis imaginado como es una casa-manzana por dentro? ¿Y cómo se ve una casa-zapato? También hay peras que son perfectas para vivir. Incluso una cafetería o la consulta de una dentista. Si no me crees, abre este libro de gran formato en el que caben multitud de miradas.


Reales o imaginados, todos los hogares necesitan gente que los llene de vida. Solos o acompañados. Parejas o familias enormes. También muebles, comida y electrodomésticos. Una casa tampoco es divertida si no hay vecinos (aunque a veces sea mejor echarlos de menos). Pueden ser clásicas o modernas. Ubicadas en el fondo del mar o en lo más profundo del subsuelo. Hechas de ladrillo, cristal o madera.


Y así, disfrutando con la vis fantástica de su autor, terminaremos ayudando a Valentina a buscar las herramientas que se han ido perdiendo por las dobles páginas. Siguiendo en la línea de otros títulos como el Casas de Carson Ellis, pero más canalla y simpático, consigue establecer un diálogo tan lúdico como discursivo con el lector-espectador de 8 a 88 años.


Gracias a la labor de Studio These Days y Yaren Yavuz, Flamboyant acaba de lanzar al mercado Explora y descubre en casa. Incluido en la selección de boardbooks de este curso, este libro dirigido a prelectores y primeros lectores nos invita a conocer los diferentes elementos de nuestro hogar recorriendo habitación por habitación.


En la cocina encontramos un frigorífico, menaje del hogar y mucha comida (si abundan la fruta y la verdura, mejor que mejor). En nuestro dormitorio hay un despertador que nos da los buenos días, una cama que hay que hacer todas las mañanas y un armario con nuestra ropa. En la sala de estar tenemos la televisión, una mesa, un sillón y cuadros en las paredes. ¿Pero qué habrá en el cuarto de baño, el garaje o el desván?


De una manera colorista y divertida, los autores invitan a conocer las cosas que pululan a nuestro alrededor desde una perspectiva general y particular, gracias a una gran ilustración panorámica de cada habitación y una pequeña franja inferior donde podemos ver nombrados todos los objetos importantes. Del mismo modo, añaden cartelas y comentarios oportunamente, invitando al espectador a participar de este juego de conocimiento.


Para terminar, tenemos Cabañas de todo el mundo, un álbum de Emmanuelle Mardesson y Sarah Loulendo publicado por Thule. Aunque no esté dedicado a casas reales, hace un recorrido por un buen puñado de construcciones lúdicas alrededor de todo el mundo. Lucile, que así se llama la protagonista de este álbum a caballo entre la ficción y la no ficción, decide construir una pequeña cabaña, pero antes de hacerlo investiga cómo son las de otros chiquillos de diferentes partes del globo.


Las hay de madera y en mitad del bosque, también de hielo (es lo que abunda en el Polo Norte), e incluso con el tejado lleno de yerba. Tras visitar doce cabañas muy diferentes y fijándose en todos los detalles, decide incluir en la suya elementos como una chimenea o un pasadizo secreto. Acompáñala en este viaje, no solo para conocer las diferentes culturas que se recogen en este álbum, sino para disfrutar con los paisajes que rodean a cada una de estas construcciones.