martes, 30 de diciembre de 2025

Los mejores álbumes ilustrados infantiles del 2025 / 2025 Best Children's Picture Books in Spain


Hoy es 30 de diciembre de 2025 y toca echar la vista atrás. No voy a decir que ha sido un año malo, pero sí diferente. He desconectado mucho de las tristezas personales, he abierto nuevos caminos que transitar y he intentado hacer realidad algunos deseos. También hay miserias, pero prefiero alejarlas a rebozarme en ellas. Deseando que el 2026 nos traiga muchas cosas buenas, termino este 2025 con mi listado de los mejores libros infantiles, una selección que me da muchos quebraderos de cabeza, pero que sigo manteniendo para que sirva de faro a muchos monstruos. Antes de empezar y como siempre, les recuerdo mis criterios de selección, algo que siempre ayuda a entender las razones de presencia/ausencia. A saber:
Today is December 30th and it's time to look back. I won't say it has been a bad year, but it has been different. I've largely disconnected from personal sorrows, opened new paths to explore and tried to make some dreams come true. There have been hardships too, but I prefer to distance myself from them rather than suffer them. While I really hope good news for 2026, here you are my "2025 Best Picturebooks". A hard decission because of two reasons: the verb “to choose” and the big amount of picture books that are out of it.
Once again, I remind you my own criteria to elaborate this list:

- Seleccionar obras editadas por primera vez en castellano durante el 2025 (Este año, por sexto año consecutivo, he decidido abrir un hueco final para las re-ediciones y nuevas ediciones de obras ya publicadas en nuestro país).
- Select works published for the first time in Spain during 2025 (I include a little space for reissues at the end).

- Seleccionar obras con aceptación entre el público infantil (¿De qué me sirve darles opciones que no les van a gustar a sus hijos, sobrinos o nietos…? ¿Álbumes dirigidos a un público adulto? ¿Mensajes y discursos a los que un niño no tiene acceso? Creo firmemente en las ilustraciones de calidad, en las historias hermosas, con mucho humor, poéticas, juguetonas, bien editadas… ¡Hay que ser práctico!).
- Select works with acceptance among children (I prefer giving you options that are going to like children, nephews or grandchildren -not to parents, aunts or grandparents, obviously...- I firmly believe in great illustrations, beautiful stories, humorous, meaningful and successful ones... Let’s be practical!).

- Que el listado no supere los 30 títulos (este año 26), que ya son…- (debe ser variado, pero no una amalgama en la que te vuelvas a perder).
- The list will not exceed 30 titles (It must be diverse, but not a huge mess in which you ever lose).

- Dividirlas en dos grandes categorías: “Primeros lectores” y “Lectores competentes” (ver AQUÍ el porqué).
- Divide all titles into two categories: "First Readers" and "Competent Readers" (Why? see HERE).

- Combinar títulos patrios con otros foráneos. Este año, la presencia es similar a la del año pasado. ¡Qué alegría!
- Combine Spanish authors with foreign ones. This year the percentage is more or less the same... A piece of joy! 

- Incluir obras cuyas ilustraciones tengan un componente artístico-estético sobresaliente o cuya edición las haga destacar entre las demás (no olvidemos el valor intrínseco de la imagen, el formato y otros aparejos del objeto libro).
- Include works whose illustrations have an outstanding artistic or aesthetic component (Don’t forget the intrinsic value of the image!)

- Incluir títulos de poesía (¡la poesía al poder!), preferentemente originales en castellano.
- Include at least one Spanish poetry work. Long live Poetry!

- No he incluido títulos de las selecciones de formato. Ni boardbooks ni álbumes de no ficción, ni cómics. Y mira que hay autores excelentes (Katsumi Komagata, Marcos Farina, Byron Barton o Jon Klassen), pero si quieren consultarlos visiten estas selecciones AQUÍ y AQUÍ (informativos) y AQUÍ y AQUÍ (libros de cartón).
- Although I have included some informative picture books (non fiction) I made a selection of these before. You can see  HERE and HERE informative ones, and HERE and HERE , toddler books.

- En lo que a teatro se refiere, desisto y les invito a leer este pequeño panorama sobre teatro infantil y juvenil que publiqué hace unas semanas.
- Finally, I've decided to put children's theatre aside. Anyway, you can check all the Spanish production HERE.

Y así llegamos hasta los, para mí, mejores álbumes para niños del 2025 que, a excepción de uno (¿Por qué será?) están todos reseñados en este espacio, enlazan con su respectiva reseña y están enumerados por orden de complejidad creciente (textual y/o gráfica). Si se quedan con ganas de más selecciones de este tipo, les recomiendo que le den a ESTE ENLACE y echen un vistazo a las de años anteriores. Tampoco se olviden de echarle un ojo a nuestra cuenta de Instagram. ¡Disfrútenlos!
So here you are the best children's books of 2025 in Spain listed in order of increasing complexity (more or less). You can also see a lot of them in my profile in Instagram and all the previous selections HERE. Enjoy them!


PRIMEROS LECTORES / FIRST READERS












































LECTORES COMPETENTES / COMPETENT READERS






















REEDICIONES





Maurice Sendak. Minibiblioteca. Kalandraka.



lunes, 29 de diciembre de 2025

Sobre la inspiración


Tengo muy abandonados los pinceles. Aunque hice un amago de recuperarlos durante la pandemia, no me han acompañado mucho durante todo este tiempo. Si acaso, unos cuantos apuntes a lápiz sobre anatomía humana que voy guardando en un cuaderno plateado. Meras distracciones para no perder el hábito, pero nada que pergeñe una obra pictórica con cierta enjundia.
Quizá el comienzo del nuevo año sea un momento ideal para retomar esta afición que me ha acompañado desde bien pequeño, pues si bien es cierto que el artista nace, también se hace. Por mucho talento que uno tenga, el trabajo diario es imprescindible a la hora de cultivar un arte. Rembrandt, Rostropovich, Quevedo o Nureyev. Todos vinieron al mundo con una predisposición natural hacia una disciplina artística, pero la constancia, una formación de calidad y variada, la práctica deliberada, la experiencia, la experimentación y la autocrítica los auparon como grandes artistas.


Sin embargo y a mi juicio, lo verdaderamente difícil es la búsqueda de un estilo propio, un sello personal que te caracterice entre esa amalgama un tanto incierta en lo que se ha convertido el arte. Y es que las musas no nos visitan a todos por igual. Hay personas con un poder creativo extraordinario, mientras que otras necesitamos de esa inspiración un tanto divina que nos abre el camino hacia la certidumbre artística. En mi caso, a veces es chispeante, otras reveladora y las más de las veces tortuosa.
Quizá ahí reside el verdadero don, esa especie de magia que envuelve al artista en un mundo tan particular como universal, tan evidente como desconocido, tan imperfecto como sublime. Una combinación extraña que articula un discurso que se desliza entre quienes lo disfrutan y que reverbera en ellos ecos propios y ajenos.


Es aquí cuando aparece Pequeña y grande, el libro con el que Arianna Squilloni y Raquel Catalina ganaron la última edición del Premio Internacional Compostela para álbumes ilustrados que convoca la editorial Kalandraka en colaboración con el ayuntamiento de Santiago de Compostela.


El álbum cuenta la historia de Natalia, una mujer que vive en una casita a las afueras del pueblo. Como la casa se le queda pequeña, decide irse a la ciudad, donde crece un poco más y de hacer muchas cosas, entre ellas convertirse en artista. Pero un día, la ciudad empieza a ser demasiado grande y regresa a su casita. Ella sigue menguando hasta hacerse minúscula, tanto que un día, creyendo que la casa está deshabitada, aparece un vagabundo…



En este cuento de hadas contemporáneo, además de recoger elementos fantásticos que tienen que ver con el tamaño, también se contraponen el mundo urbano y el mundo rural, una dualidad tan diferente como necesaria en la que se balancea un discurso conciliador que queda muy patente en la dedicatoria de la Squilloni.
Por otro lado, se vislumbra un alegato a la experiencia, la de sus dos protagonistas. Una cultivada, otra más mundana, pero igual de válidas. Tanto Natalia como el desamparado sin nombre (un detalle muy sutil gracias al que todos los lectores podemos vernos reflejados) abordan su realidad a través de la pintura, un arte casi expiatorio que me ha recordado a novelas para adultos como El verano que mi madre tuvo los ojos verdes.


Según nos contó Arianna en su reciente visita a Albacete, Natalia está inspirada en la figura de una tía abuela suya, una señora minúscula con una vitalidad excepcional. ¿Acaso no les recuerda a las brujas? ¿Quién si no iba a vivir en el bosque, apartada de la civilización? Por su estatura, también podría ser uno de los duendecillos que ayudaron al zapatero durante la noche…


Colores vibrantes frente a dibujos en grafito, diferentes tipos de planos, imágenes secuenciales, perspectivas cinematográficas, juegos de luces y detalles muy caseros son algunos de los recursos narrativos que Raquel Catalina recoge en este trabajo tan delicado como inspirador.

viernes, 26 de diciembre de 2025

Las huellas de la guerra


Hoy es el último viernes del 2025 y aprovechando esa mirada navideña que nos permite ponernos en el lugar del otro y participar de lo humano, quería hacerles llegar un libro hermoso que habla de las consecuencias de la guerra desde una perspectiva muy diferente a la que solemos encontrar. Y es que La espera, un foto-álbum de Arthur Binard y Tadashi Okakura (Kalandraka), aborda las historias de una serie de personas que fallecieron a consecuencia de la bomba nuclear lanzada sobre la ciudad japonesa de Hiroshima.
Una tetera, un reloj, unas gafas, una dentadura postiza o incluso una sombra (sí, como otras radiaciones electromagnéticas, las nucleares producen este fenómeno) son algunos de los catorce objetos que, descansando sobre un pedestal de la llamada “piedra de parlamento”, nos cuentan las historias de sus dueños.


Si bien es cierto que el cine o la televisión nos muestran campos de batalla silenciosos y caóticos, hasta ahora no me había planteado que, detrás de ese vacío humano hay toda una serie de vestigios que, entre la metralla, dan buena cuenta de las vidas que se detuvieron y, en el peor de los casos, que también se perdieron. Los autores extraen de esa amalgama incierta huellas que personalizan la memoria y la vuelven nítida. Más todavía tratándose de una colección de fotografías que, balanceándose entre lo poético y lo documental, nos acercan a la realidad compleja de lo bélico.


Para despedirme, pues poco se puede decir de la deleznable y triste guerra, he elegido el diario de Sadako Kataoka, una chica de 15 años que viajaba en tren desde Yasumura hasta el distrito de Minami y cuyo cuerpo fue encontrado a setecientos metros de la zona cero.

Es secreto,
        secreto…

Yo esperaba con ilusión los distintos secretos.

Una niña llamada Sadako se mudó a Hiroshima
y una amiga decidió que yo podría ser un bonito regalo.
Pasé a ser el diario de Sadako, y ella pensaba escribir
en mis páginas secretos que nadie más sabría.
Poco después llegó el 6 de agosto.

        Aquella mañana, lo que se descubrió
        fue ¡PIKAAAA!, el gran fulgor:
        el mayor secreto que había ocultado
        el ejército de los EE.UU.
        incluso ante sus ciudadanos.

Ese secreto fue el que mató a Sadako,
y yo estoy ahora a la espera de encontrar
la forma de revelárselo a todo el mundo.

miércoles, 24 de diciembre de 2025

La evolución de la dieta navideña



Para la Gela, que le encanta el pollo en pepitoria.

En estos días de excesos gastronómicos en los que todo el mundo cuenta lo que se ha metido en el buche, uno empieza a cavilar sobre los platos que llenan la Navidad española y concluye que hasta en la comida se han instaurado las modas.
Si la memoria no me falla, en los años 80 el besugo al horno era lo más. Empezaron a ponerse de moda el jamón, los embutidos, las gambas, los langostinos cocidos, el cóctel de marisco y las ensaladillas. En lo que a carnes se refiere, empezaban a verse los primeros pavos y pollos rellenos y despegaron con fuerza los asados de cochinillo y cordero. A la hora del postre empezaron a combinarse turrones y mazapanes con bombones y chocolates.
Esta tendencia continuó hasta finales de los noventa, cuando se introdujo cierta sofisticación en los menús favorecida por una economía más boyante que perduró hasta la primera década de los 2000. Caviar, ostras, patés, dátiles con beicon, pescados ahumados y salazones. Setas, cremas de ave y pescado, pasta rellena y quiché francesa. Merluza al cava, solomillo Wellington, roastbeef, pulardas y rodaballos, carrilleras y magret de pato.
El tiempo discurre y llegamos al ahora, la época que sigue tras la crisis económica. Un momento en el que convive todo lo anterior con una profunda debacle culinaria (¿Quién hace de comer?) y una amplia gama de necesidades dietéticas que van desde las intolerancias hasta el veganismo. Todo esto unido al avance de la comida para llevar, nos presentan una variedad más que asombrosa en los menús navideños actuales.


Y antes de todo esto ¿qué? En otro tiempo, la Navidad no fue una época de excesos. Primero, porque no había dinero. Y segundo, porque era una fiesta religiosa donde la austeridad y el ayuno iban de la mano. En todas las regiones de España se usaba la cuchara para cenar y las cazuelas bullían en el fuego durante la tarde. Sopas, escudellas, arroces, cocidos, guisos de pescado, estofados y calderetas. Hacía frío, faltaban calorías y se usaba lo que pillaba a mano. Patatas, verdura, casquería, pan, tocino, embutido y mucho magro.
De todos ellos, hay un guiso navideño del que siempre se habla en mi casa, el pollo en pepitoria, un plato muy típico en el centro de la Península, que en La Mancha y el Levante se entremezcla con el potaje a base de unas pelotas hechas con pan desmigado y la sangre del pollo. Y así, con pollo, almendras, piñones, huevo cocido, ajo, caldo y azafrán, llegamos a El equívoco, un librito de Erich Fried, ilustrado por Ignasi Blanch y publicado en nuestro país por Lóguez.


Cada vez que su dueña se acerca a darles de comer, los pollos de un gallinero salen despavoridos. Les da muy mala espina esa mujer pelirroja de pico azulado que les da pienso y agua. Un recelo que aumenta conforme aprenden a leer y se encuentran con un anuncio en el periódico que reza “Ojos de gallo. Se arrancan rápida y fácilmente”. Ante la locura desatada entre los jovenzuelos del corral, su madre, una gallina sabia y experimentada, tendrá que amainar el temporal y tranquilizar sus ánimos pues ella sabe muy bien que esa mujer es nunca les hará daño, pues es su bienhechora.


Aunque pequeñito (16x16 cm) y aparentemente inofensivo, este libro es de una perversidad encantadora por varias razones. Por otro lado, tiene un mensaje bastante complejo. Nos damos cuenta del arma de doble filo que significa el discurso buenista de la madre, pues hace dudar a sus hijos sobre su propia perspectiva. ¿Acaso están ciegos? ¿Acaso la invalida su edad? Probablemente sea bienintencionado y proteccionista, pero hacemos bien poniendo en entredicho su punto de vista porque, primero, su experiencia como vieja gallina ponedora no es comparable con la de unos hijos criados por su carne jugosa, y segundo, lo utiliza de corsé frente a la subversión infantil, cosa que abunda mucho en ese universo adulto del que tanto nos apartamos los monstruos.
No se esperen fuegos artificiales de este álbum, pero denle muchas oportunidades para conversar. Esconde muchos debates, no solo sobre padres e hijos, sino sobre temas más sustanciales como el tándem comodidad-esclavitud. Sobre los recursos narrativos apuntaré la disyunción (no se dejen engatusar por el texto y fíjense bien en las ilustraciones), los guiños lingüísticos (comparar al callista con la granjera tiene miga) y esa caracterización bien simpática de los personajes (que no falte el humor).
¡Y disfruten de la cena!

martes, 23 de diciembre de 2025

De la complejidad migratoria


El ser humano, como otros animales, lucha por la supervivencia y, desde los inicios, se desplaza de unas zonas a otras en busca de los recursos necesarios para subsistir. Esto no plantea ningún problema durante las primeras etapas de la historia. Nuestro planeta es pequeño y nuestra especie no era tan numerosa. Pero todo cambia con el colonialismo y el descubrimiento de los territorios de ultramar. América, África y Oceanía suponen nuevos espacios donde las corrientes migratorias son necesarias para la explotación de los recursos y la expansión del poder. Más tarde llega el siglo XX, el panorama cambia con las crisis económicas y las grandes guerras que provocan desplazamientos humanos por culpa del exilio y las oportunidades laborales. Por último y desde finales del siglo pasado, la migración se transforma en un fenómeno global bastante complejo en el que intervienen numerosos factores como las crisis políticas, económicas y humanitarias.


Si bien es cierto que no es algo nuevo, es un fenómeno cada vez más difícil de gestionar, sobre todo por los intereses creados de países emisores y receptores en un entorno globalizado donde las estrategias geopolíticas se hacen cada vez más tortuosas. Mano de obra barata, tasas de reemplazo generacional, diferencias religiosas y culturales, deseos personales, pérdida hegemónica, inflación, recursos estratégicos, conflictos bélicos, buenismo, prejuicios, presiones de terceros, leyes internacionales, amistades y enemistades históricas…
Poner un poco de orden en esta amalgama de situaciones debe ser una locura, no solo para legisladores, sino para las administraciones competentes, las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, los llamados agentes sociales, las ONGs, las embajadas y consulados y, por supuesto, la ciudadanía, una de la que formamos parte los de aquí y los de allí.


Justicia, respeto, cordura, tolerancia… Son palabras que se pronuncian con demasiada ligereza, pues todas dependen de quiénes las practiquen y cómo se administren (recordemos que no son unívocas). Y así, tanto nativos, como migrantes deben sopesarlas con mucha cautela, pues tienen viaje de ida y vuelta. Que si los políticos traducen la realidad en intereses creados, no nos convirtamos nosotros en arma arrojadiza contra nuestros vecinos.


Para ilustrarles al respecto, hoy les traigo dos álbumes que ya he incluido en este monográfico sobre literatura infantil y migración. El primero es Cosas pequeñas y extraordinarias es un libro de Daniela Arroio, Micaela Gramajo (también conocidas como Proyecto Perla) y Nono Pautasso que acaba de lanzar en nuestro país la editorial Limonero.
Cuenta la historia de Ema, una niña de ocho años y medio que colecciona cosas pequeñas y extraordinarias. Su museo está formado por 387 objetos. Desde insectos hasta chicles que va recogiendo de la calle. Pero un día todo empieza a cambiar y todo empieza a llenarse de soldados. Finalmente, tras la desaparición de su tío, un fotógrafo, sus padres deciden abandonar el país y comenzar una nueva vida. ¿Será capaz de reconstruir su museo?


A pesar de utilizar un lenguaje directo y sencillo, este álbum combina elementos que nos ayudan a comprender el complejo entramado de emociones y sentimientos que atraviesa un migrante desde que se va de su país hasta que logra adaptarse a su nueva situación. Desde los cuadernos de campo, hasta la literatura epistolar (me encantan esas misivas que intercambian la protagonista y su abuela) o la catarsis poética de la ballena, todo se llena de metáforas sutiles.
Una lengua desconocida (y creo que inventada), la presencia/ausencia de colores y un retrato final abordan el miedo, la incertidumbre o la esperanza ante una situación que evoca a lo vivido por muchos exiliados en tantas y tantas dictaduras. Porque aquí no solo hay ficción, sino un fiel reflejo a todo que se vivió en Chile, Argentina o Venezuela.


El segundo título de hoy es La panadería, un libro de Lucía Belarte y David Lorenzo que ha publicado Kalandraka durante los meses pasados. El álbum se sumerge en la vida de un panadero y su familia que abandonan la ciudad en busca de un lugar más pequeño en el que desarrollar una vida en comunidad. Tras la mudanza y poner en órbita el obrador, la ilusión se disipa cuando nadie del pueblo se interesa por sus productos, ni siquiera cuando acuden a la plaza para invitar a sus vecinos. La situación empeora cuando un temporal arrasa con todo y los alimentos comienzan a escasear. ¿Se atreverá alguien a comprar algo de pan?


La pareja de autores (fíjense en la dedicatoria) desarrollan una historia de tolerancia y aceptación social a través de una familia de lobos que se integra en un poblado de animales domésticos. A pesar de elegir los animales antropomorfos como vehículo discursivo en una narración inspirada en la vida real, las ilustraciones a grafito destilan una atmósfera cálida y emotiva que aúpa el hecho discursivo.
Composiciones estudiadas, perspectivas cinematográficas, rostros llenos de expresividad, montones de detalles, guiños a los “monigotes” de Keith Haring y un narrador muy especial, hacen de este libro un buen contexto para el debate en aulas de todo tipo.