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lunes, 23 de junio de 2025

Bondades marinas


Este verano, seguramente muchos de ustedes dirijan sus pasos hacia la costa, esperando disfrutar de alguna de las 642 playas sobre las que ondea una bandera azul en nuestro país. Un signo de distinción para estos lugares que lugareños y forasteros llenan durante la canícula.
Aunque muchos piensen que esto de saltar olas y rebozarse en arena se remonta a tiempos inmemoriales, hoy vengo a decirles que es una moda relativamente reciente. Y es que no fue hasta finales del siglo XVIII y principios del XIX cuando se consolidó gracias a la aristocracia europea, cuando monarcas como Jorge III, Isabel II y Alfonso XIII, la Duquesa de Berry o la emperatriz Eugenia de Montijo empezaron a tomar los llamados "baños de mar o de ola" para mejorar ciertos tipos de dolencias respiratorias o cutáneas.


Santander, Barcelona, San Sebastián, el Puerto de Santa María o Huelva fueron algunas de las ciudades elegidas por las clases pudientes para tomarse unas vacaciones mucho antes de que existiera el ferrocarril. Es por ello que diligencias y ómnibus prestaban sus rutas para viajar a la periferia desde Madrid y otras provincias del interior peninsular.
Como entonces pocos sabían nadar, se echaba al agua un ancla atada a una maroma y los bañistas, agarrados a ella, se metían poco a poco en el agua para recibir sus bondades. El cabo de la maroma era vigilado por el maromo (aquí tienen el origen de esa palabra tan sugerente) y una barca con personal entrenado vigilaba a los bañistas por si alguno se soltaba con el embate de las holas.
Más tarde, entre 1920 y 1950, ocurren otras dos circunstancias que siguen aupando el turismo de playa. La primera es el bronceado. Hasta entonces, tener la piel más negra que el tizne era propio de los estamentos más bajos. Campesinos y obreros trabajaban de sol a sol, mientras la socialité lucía pieles blancas e inmaculadas gracias a su inactividad. Esta perspectiva cambió gracias a la influencia de Coco Chanel y sus posados en la Costa Azul. La segunda es el uso del biquini, una prenda de vestir que necesitaba de largos paseos por la orilla de la playa para lucirse convenientemente.


Y así llegamos hasta nuestros días. Unos en los que el turismo de masas y la democratización del ocio nos llevan a disfrutar de nuestras playas por los motivos más diversos. Como el caso de la protagonista de uno de los libros más emotivos de la temporada. Ingrávida, una historia de Fran Pintadera ilustrada por Raquel Catalina (editorial Bookolia), nos cuenta el pequeño viaje que lleva hasta la orilla del mar a los cuatro miembros de una familia. Los hermanos no titubean y se adentran en su seno, un espacio reservado para las aventuras, el descubrimiento, la quietud y el disfrute.


Hay mucho lirismo y poesía en un libro que nos habla de la relación que los seres humanos establecemos con la inmensidad del líquido elemento, todo lo que cobija y sus posibilidades. Con una técnica donde el lápiz y las aguadas son las protagonistas, la ilustradora afincada en Valencia nos invita a un universo lleno de melancolía gracias a una sucesión de planos cinematográficos que aportan cierto dinamismo a los juegos y descubrimientos infantiles. El azul marino lo embebe todo


Con un final efectista, este relato nos remueve por dentro, e incluso nos hace retroceder para sopesar los detalles. ¿Se nos habrá pasado algo por alto? Con mucha sutileza, sus autores, echan mano de una pizca de disyunción, complementación y alguna que otra elipsis textual, para elaborar un discurso algo más complejo de lo que se espera. Nos cuestiona, nos lacera y arrebata. Un triunfo estético y sensorial que, sinceramente luminoso, nos enseña a nadar en libertad a todos. Lectores incluidos.

N.B.: El libro también está incluido en esta selección, pero si quieres disfrutarlo plenamente, evita sumergirte en ella antes de leerlo.

jueves, 19 de enero de 2023

Las enfermedades en los libros infantiles


Hace unos años asistí a un curso de verano celebrado en la Facultad de Medicina titulado El cómic como herramienta de divulgación y comunicación científica. Allí que fui y me encontré con la sorpresa de que hay una cosa llamada medicina gráfica (Graphic Medicine en inglés) que se dedica a utilizar obras de cómic para explicar a todo tipo de público los pormenores de muchas enfermedades.
Si quieren saber más sobre este mundo de la medicina gráfica y las patografías, les recomiendo este artículo de María Blanca Mayor Serrano en Tebeosfera, ponente que formó parte de aquel curso. También informo a los interesados de que en España existe un grupo sobre medicina gráfica que desde hace años se dedica a reseñar y clasificar este tipo de material en diferentes páginas y blogs como ESTE.


Si bien es cierto que esta disciplina comenzó fijándose en el cómic médico o patografía, se puede extrapolar a otros géneros como el álbum. Teniendo en cuenta que, tanto el cómic, como el álbum se adscriben a las narrativas gráficas, unas donde texto, ilustración y secuenciación crean un discurso emergente que difiere de la narrativa clásica, las características que se refieren a la medicina gráfica se pueden extrapolar de un género a otro sin problemas, aunque con ciertas consideraciones.


En primer lugar hay que apuntar que la enfermedad abunda más en el álbum informativo de carácter monográfico y didáctico, que en los álbumes de ficción. Hay cierta reticencia dentro del sector a la hora de utilizar la enfermedad como argumento dentro de un género dirigido al público infantil. “No es apropiado ni conveniente presentar a la infancia las miserias que tiene la vida” pensarán. Otra evidencia más del proteccionismo que se respira en el universo de la LIJ desde hace décadas.
A mi parecer, esto es un doble error porque, mientras que el álbum informativo se elabora sobre elementos descriptivos, fisiológicos y sintomáticos, el de ficción se puede permitir indagar en las relaciones entre el enfermo y su entorno (léase familiares, amigos y sanitarios) o el estado físico y mental del paciente, su propio diálogo, sus sentimientos y sensaciones, para ensalzar el lado humano de la enfermedad y elaborar el discurso poético que refleje otras facetas.
Otra de las características que debemos considerar, es la estrecha relación que existe entre este tipo de álbumes y aquellos en los que la muerte es un hecho, sobre todo cuando nos damos cuenta de que en este tipo de álbumes abundan las personas mayores. Comparen la pequeña selección de hoy con este monográfico sobre la muerte y verán ciertas similitudes.
Por último, me gustaría llamar la atención sobre la condescendencia que suele ahondar en este tipo de producciones. Si me siguen con cierta frecuencia sabrán que odio esa faceta social de la LIJ que se construye desde el prisma buenista y políticamente correcto que tanto daño hace a lo literario. Una obra de ficción no es un libro de autoayuda que blandir ante los traumas, ni un arma terapéutica con la que solucionar problemas médicos. Abogo por presentar los problemas humanos desde una perspectiva honesta y fehaciente que prescinda de moralinas. Hay pocas cosas más humanas que considerar al otro como un igual y no como un ser desvalido e incapaz. 


A continuación presento algunos de los álbumes que tratan diferentes tipos de patologías y apunto con tres estrellas aquellos que me gustan en exceso. 
Del mismo modo, les sugiero visitar la selección bianual que hace el IBBY sobre este tipo de libros AQUÍ y AQUÍ, y  animo a las editoriales del ramo a ponerse en contacto con el grupo español de medicina gráfica para remitirles ejemplares de cortesía que valorar y catalogar, así como indicarles qué libros de su catálogo pueden ser susceptibles de incorporarse en sus, tan útiles, bases de datos.
¡Se me olvidaba! Si conocen más títulos de este tipo, inclúyalos en sus comentarios o envíenme un mensaje para que los incluya en este listado y completar así esta pequeña monografía que puede servir a muchos enfermos y familiares.


SÍNDROME DE DOWN


Mar Pavón y María Girón. El charco del rey Olaf. Tramuntana.



Gusti. Mallko y papá. Océano Travesía. [***]



Claude Helft y Madeleine Brunelet. Inés crece despacio. Serres.


SÍNDROME DE AMELIA


Fred Bernard y François Roca. Jesús Betz. Fondo de Cultura Económica.


CÁNCER


Marisa López Soria y Alejandro Galindo. El hijo de la amazona. Iglú.



L. Dwight Holden y Michael Chesworth. El mejor truco del abuelo. Fondo de Cultura Económica.



Irene Aparici Martín y Mónica Carretero. Mamá se va a la guerra. Cuento de Luz. 


ENFERMEDAD DE ALZHEIMER / DEMENCIA SENIL


Elena Val. Nubes en la cabeza. Akiara Books



Rolf Barth y Daniela Bunge. Mi otro abuelito. Lóguez.



Laia Massons y Zuzanna Celej. Mi abuelo pirata. Akiara Books.



Alaine Agirre y Ainara Azpiazu. Mi abuela es un niño, como yo. La topera.



Emilie Chazerand y Amandine Piu. La doble vida de Casilda. La Guarida.



Adeline Yzac y Éva Offredo. Señor Mayor. Silabario.[***]



Pablo Caracol. Me gustan los globos. Narval.



Arancha Ortiz y Javier Hernández. Como ella me enseño. Libros de ida y vuelta.[***]



Pepe Serrano y Álvaro Ortiz. Despistado. Anaya.



Iba Bezinovic-Haydon y Hana Tintor. Mi abuela no sabe quién soy. Malinc.


AUTISMO


David Gómez, Susana Peix y Carolina Luzón. Leo no es un extraterrestre. Libre Albedrío. [***]



Alaine Agirre y Maite Gurrutxaga. Martín. La topera. [***]



Ana Tortosa y Nicoletta Tomás. Mariluna. República Kukuludrú.



Lawrence Schimel y Juan Camilo Mayorga. ¡Qué suerte tengo! SM.



André Nevés. Tono. Diego Pun Ediciones.



Marco Berretoni Carrara y Chiara Carrer. Háblame. Kalandraka. [***]



Rose Robbins. Mi hermana y yo / ¡Hablar no se me da bien! Loqueleo Santillana-


DEPRESIÓN


Shaun Tan. El árbol rojo. Barbara Fiore. [***] 



Gregie de Maeyer y Koen Vanmechelen. Juul. Lóguez. [***]



Sara Stridsberg y Sara Lundberg. Bucear en verano. Galimatazo [***] (N.B.: También trata la demencia)


CEGUERA



Jimmy Liao. El sonido de los colores. Barbara Fiore. [***]



Ana Juan. Un milagro para Helen. Libros del Zorro Rojo. [***]



Ariel Andrés Almada y Sonja Wimmer. La niña que caminaba entre aromas. Cuento de luz.



Menena Cotín y Rosana Faria. El libro negro de los colores. Libros del zorro rojo. [***]


Gonzalo Moure y María Girón. Mi Lazarilla, mi capitán. Kalandraka (***)


PARAPLEJIA


Daniel Nesquens y Riki Blanco. Como pez en el agua. Thule. [***]


Fran Pintadera y Raquel Catalina. Ingrávida. Bookolia. [***]


Meritxell Martí y Xavier Salomó. Bajo las olas. Flamboyant. [***]


Marina Aguirre y Sara Casilda. En las patas de Fido. Pepa A Loba.