Mostrando entradas con la etiqueta Laura Borrás. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Laura Borrás. Mostrar todas las entradas

viernes, 21 de junio de 2024

Hogares que son bosques


Se aventura el final de curso y toca darle una vuelta a la casa. Después del recogimiento de esos meses que han quedado atrás, empezamos a aventar nuestros hogares. Lavamos las cortinas y los edredones, quitamos el polvo, cambiamos la ropa de los armarios, sacamos brillo a los azulejos, guardamos los abrigos, limpiamos ventanas y persianas, abonamos las plantas y le damos una mano de pintura a manchas y desconchones. Una suerte de ritual que se repite cada año y nos prepara para el estiaje desde la frescura que se respira en una casa limpia y ordenada. Un espacio que, a modo de bosque umbroso, nos acoge en ese largo paréntesis que es el verano.


Ya llegará el otoño y caerán las hojas. Ya llegará el invierno con su manto blanco. Respiremos ahora en mitad de la calma, cojamos aliento para lo venidero. Detengámonos a escuchar el susurro de lo acontecido. Démonos un respiro. Reposemos sin recelo. Siempre tranquilos.

La flor de la maceta
dentro de casa, muy quieta.
Sueña cada mañana
con volver a ser montaña.

***

La partitura del verano
la teje la araña,
la interpretan chicharras,
los sapos y ranas,
la voz de los grillos
e intensas urracas.

Yo solo cierro los ojos
y escucho desde mi ventana:
teje la araña, teje
y la vida canta, canta.

Mar Benegas.
En: Para decir un bosque.
Fotografías de Ima Garmendia.
Ilustraciones de Laura Borràs.
2024. Barcelona: Yekibud.


miércoles, 21 de noviembre de 2012

Un mar de cebollas



La vida, lejos de parecerse a una telenovela (¡qué cantidad de guapos y guapas!), suele convertirse en un valle de lágrimas por la tontería más insignificante… Que si te has olvidado de nuestro aniversario, que si dime que ya te diré yo, que si tu madre es una pesada, que si tu dieta es menos variada que la de una bacteria metanógena, que si no soportas a mi gato… A pesar de ello todas estas razones entornan otras mucho más pesadas y congruentes que se relacionan con el fuero interno de la existencia, un lugar sumamente delicado en el que conviven los gozos y los llantos.
En muchas ocasiones nos hemos visto envueltos en dramas de alto voltaje que han sido desencadenados por una mota de polvo o el peso de una pluma, dos pequeñeces lo suficientemente grandes para hacer saltar el gatillo de la discusión, esa arma que como humanos nos delata.
Ante tanta visceralidad, lo mejor es mantener la calma, inspirar con la profundidad de los viejos y pensar que esos roces se pueden evitar siendo conscientes, por un lado, de nuestra propia idiosincrasia, y por otro, de la de los demás, cosa que si, no llevamos a cabo, nos puede acarrear más de un disgusto, que bien mirado sería como pelar cebollas a todas horas, una sensación poco deseable, aunque bien mirado, podría ser el inicio de un cuento como el que Laura Borrás y la editorial Narval nos traen este otoño, Un mar de cebollas, ese que habla de princesas, ciudades, océanos y, cómo no, lágrimas.