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jueves, 3 de febrero de 2022

Sacando de quicio al visitante


Las visitas no siempre son bien recibidas, sobre todo cuando no hay invitación de por medio. Algunos se prestan encantados de acogerte sin previo aviso, improvisan cualquier hueco y disfrutan de la compañía, pero otros te dan con la puerta en las narices sin pudor alguno. Zamparse en casa de alguien tiene sus riesgos, tanto para el que se hospeda, como para el que se ofrece a darte cobijo.


Lo principal para el visitante es que debe entender al hospedero. Hay que respetar sus normas, captar rápidamente su forma de vida e integrarse en ella de una manera sigilosa para alterarla lo menos posible (algunos inquilinos son capaces de hacerse amos y señores del feudo ajeno en menos que canta un gallo). No ensuciar mucho, intentar ser ordenado (esa no es mi mejor baza, lo confieso), comer lo que haya, no poner pegas a todo, evitar las exigencias, tener algún detalle y dejarse hacer.


Sobre los anfitriones, hay de todo… Gente que intenta enseñarte hasta el último centímetro de su ciudad, como si fueras a quedarte a vivir por allí o fueras arqueólogo (yo reconozco que museos, muchos, pero piedras, las justas). Otros pasan de ti olímpicamente y tienes que buscarte la vida (cuando te gusta perderte y mimetizarte con el entorno, es ideal). Muchos piensan que solo has ido a verlos a ellos y se pasan el día proponiéndote planes caseros (una tortura para alguien callejero como un servidor). Algunos se ponen tan exigentes a la hora de atenderte que dan ganas de darles un Tranquimazid. Los menos hasta se enfadan si no les lames el culo hasta la extenuación. Y los últimos parece que ven su ciudad gracias a ti (muy típico de que viven en las metrópolis).


La que no podemos decir que sea The hostess of the mostest es una de las protagonistas de La noche de la visita, un álbum estupendo de Benoit Jacques que acaba de ser reeditar A buen paso y no pueden perderse por muchas razones.
La primera es que está basado en, quizá, el cuento popular más famoso de occidente, Caperucita Roja (pueden pasarse por esta selección de las mil y una versiones que se han hecho de él). Concretamente se centra en el pasaje donde el lobo llega a casa de la abuela para merendársela mientras espera a la nieta. Es el momento clave elegido para desarrollar una narración muy activa que tiene lugar en los mismos escenarios, el interior de la casa, concretamente el dormitorio de la abuela, y el exterior de esta, donde se encuentra el lobo.


Es así como se desarrolla un diálogo casi eterno entre ambos personajes gracias a una vuelta de tuerca humorística: la abuela está más sorda que una tapia y no escucha bien lo que le responde un lobo que no consigue engañarla por mucho que se empeñe. Giros inesperados, libres interpretaciones de la anciana, juegos tipográficos que aumentan la intensidad de la acción y guiños cinematográficos, se entremezclan en un libro con el que hartarse de reír.


Ilustraciones donde las formas recortadas y el negro, el rojo y el blanco son esenciales, nos trasladan a esta historia nocturna en la que lograremos empatizar con el lobo por un lado (las más de 100 páginas de este álbum consiguen el mismo efecto sobre el lector), y veremos retratada a más de una abuela, por otro (la verdad es que esa señora necesita un buen audífono).
Con un final inesperado, se lo recomiendo a manos llenas porque es un libro de traca con el que te diviertes, te enfadas e incluso te apiadas del villano por excelencia.

jueves, 22 de abril de 2021

Caperucita sueña


A esta semana llena de Rociíto Carrasco, menas y debates electorales, toca ponerle un poco de cordura. Y es que la manipulación mediática a la que estamos abocados desde tiempos inmemoriales (¡Viva la demagogia! ¡A derechas! ¡A izquierdas!) necesita algo de sentido común. Más que nada para que se nos pase el dolor de cabeza, que con esto de la mascarilla pesan hasta las orejas.


No sé si se habrán dado cuenta, pero cada día asistimos a un espectáculo lamentable en el que una vorágine de temas absurdos diluyen nuestra atención en pro de otras cuestiones que empiezan a resultar algo sospechosas cuando los políticos ven peligrar sus sillones.
A estas alturas de la película más nos valdría no fiarnos de nadie. Que ni los unos son tan buenos, ni los otros son tan malos. Yo les recomiendo que se dediquen a leer. Leer miradas, leer curvas, leer rectas, leer periódicos, leer el rastro de la lluvia o el brillante camino de los caracoles, leer imágenes y también palabras. Leer, leer y leer. Lo que sea. Como sea. No sea que tanta tontería se nos adhiera al intelecto (que ya las tripas las tenemos llenas) y haga de nosotros seres más tontos que de costumbre, que es lo que intentan.


Es curioso como el potencial intelectual del ser humano se ve cada día más mermado por todas las cortinas de humo que no nos dejan ver el horizonte, ni siquiera dibujarlo. Puede deberse a que el hombre está cada día más sujeto a la realidad y sea incapaz de desligarse de ella para atender a su propia inteligencia, esa que le permite discernir entre lo bueno y lo malo, entre lo propio y lo ajeno.


Quizá esto fue lo que llevo a Sor Juana Inés de la Cruz, una de las mejores escritoras de la literatura barroca hispanoamericana, a escribir su Primero sueño, un poema que ha tomado prestado el siempre elocuente Gabriel Pacheco para urdir su Caperucita roja (primero sueño), el libro que ha publicado la editorial canaria Diego Pun y que entremezcla muchas sensaciones y lecturas.


La religiosa y el ilustrador mexicanos comulgan en un álbum sin palabras donde la noche y lo onírico son el camino elegido para, no sólo desbordar el clásico cuento infantil, sino exorcizar los miedos y anhelos del alma en un viaje por las ataduras del tiempo. El bosque que germina sobre las sábanas, la astucia que se abre camino, el universo labrado por los deseos, y un lobo que nos adentra en la espesura iluminada por la luz de esa luna que, minúscula, tachona todo de recuerdos.


Acercarnos a esta Caperucita es acercarnos a lo primario. Aunque teñido de azul cobalto -el color fetiche en la paleta de Pacheco-, la roja caperuza es la verdadera protagonista, ya que su presencia-ausencia nos ayuda a indagar, a buscar, a internarnos en esas bifurcaciones que apuestan por confundirnos, para volver de nuevo al sueño y encontrarnos con nosotros mismos sin necesidad de capuchas que nos presuponen y limitan. 
Lobos, ancianas, madres, leñadores, pero también sueños, despertares, encuentros fortuitos, miradas de entendimiento y digresiones de todo tipo se adueñan de un libro que, a pesar de parecer exento de sentido, nos invita a pensar, imaginar y, sobre todo, vivir sin cadenas.



miércoles, 22 de enero de 2014

1000 Caperucitas Rojas



Imagen de portada: Estudio Milimbo.

Si las estanterías están llenas de libros que no lee nadie, la vida está llena de caperucitas rojas. Probablemente todos conozcamos alguna atrapada por un embarazo prematuro, las garras del tráfico de drogas, un padre maltratador o una madre absorbente, la lacra de la anorexia, un novio acaparador, una familia sobreprotectora o la siempre omnipresente inseguridad de vivir. Estas, las caperucitas de hoy día, no tienen nada que ver con esas otras más clásicas narradas por Perrault o los Hermanos Grimm (ya en aquel entonces las versiones corrían de boca en boca y de pluma en pluma), pero igualmente necesarias conforme cambian los tiempos. No sé a qué se debe que este cuento desmenuzado, bien por cualquier estudioso de literatura infantil y/o narrativa oral, incluido el Psicoanálisis de los cuentos de hadas (Bruno Bettelheim), bien por maestros de escuela y guardería, tenga tanto éxito, pero esa niña envuelta en una capa roja, ese lobo malvado, la abuela indefensa y el cazador que viene y va de unas adaptaciones a otras, son partes fundamentales de una historia que ha encandilado, encandila y encandilará a niños y mayores.
Prueba de ello es esta recopilación de unos cuantos (mil son demasiados...) títulos dedicados al cuento por excelencia, que he realizado gracias en parte a un curso sobre lecturas escolares en el que estoy enrolado, y que aquí les dejo para que disfruten estos días.


Pacovska, Kveta & Rubio, Esther. Caperucita Roja. Ed. Kókinos.



Frisch, Aaron & Innocenti, Roberto. La niña de rojo. Ed. Kalandraka.



Serra, Adolfo. Caperucita roja. Ed. Nórdica (antigua edición en Ed. Narval).



 Brasseur, Philippe. El pequeño libro rojo. Ed. Océano.



Benoît Jacques. La noche de la visita. A buen paso.



Beatrix Potter y Helen Oxenbury. Caperucita Roja. Ed. Juventud.



Mar Ferrero. Lo que no vio Caperucita Roja. Ed. Edelvives.



Almagro, Inés & Mardones, Mikel. Las manoplas de Caperucita. Ed. OQO.



Perrault, Charles & Sourdais, Clementine. Caperucita Roja. Ed. Blume.



Martín Vidal, Beatriz. Little Red. Ed. Thule.



Pasamar, Concha. Caperucita Roja. Bookolia.



Negrín, Fabián. Boca de lobo. Ed. Thule.




Perles, Pedro. Caperucita roja. Mil y un cuentos M1C.




Giovanna Ranaldi. El bosque, la niña y el lobo. NubeOcho.



VV.AA. Caperucita Roja. Ed. Nórdica Libros.



Ayabo & VV.AA. Érase veintiuna veces Caperucita Roja. Ed. Media Vaca.



Rowe, Louise & Rodrigo, Javier. Caperucita Roja. Ed. La Osa Menor.


Grimm, Wilhem & Jacob. Y recuerda… Ed. Milimbo.



Roald Dahl & Blake, Quentin. Caperucita Roja. En: Cuentos en verso para niños perversos. Ed. Alfaguara.



VV.AA. El gran libro del lobo feroz. Ed. Juventud.




Bethan Woollvin. Caperucita Roja. Ed. Unaluna



Luis Noriega y Carmen Saldaña. La verdadera historia de Caperucita Roja. Ed. Lumen.



Attilio. Caperucita Roja. Ed Edebé.



Biagio Bagini. ¿Caperucita... qué? Ed. Picarona.


Battut, Eric & Nadal, Alfonso. Caperucita Roja. Ed. Juventud.



Perrault, Charles & Moon, Sarah. Caperucita roja. E.G.A./Ratón Pérez


Rackham, Arthur & Nadal, Alfonso. Caperucita Roja. En: Los mejores cuentos de la literatura universal. Ed. Juventud.



Baruzzi, Agnese & Natalini, Sandro. La verdadera historia de Caperucita Roja. Ed. Ediciones B.



Almodóvar, A. R. & Taeger, Marc. La verdadera historia de Caperucita Roja. Ed. Kalandraka.



Lavater, Warja. Le petit chaperon rouge. Ed. Adrien Maeght.



Martín Gaite, Carmen. Caperucita en Manhattan. Ed. Siruela.



Iguerabide, Juan Cruz & Solé Vendrell, Carme. Caperucita y la abuela feroz. Ed. Edebé.



Pescetti, Luis María & O’Kif. Caperucita Roja: (tal y como se lo contaron a Jorge). Ed. Alfaguara.



Leray, Marjolaine. Una caperucita roja. Ed. Océano.



del Mazo, Margarita & Salaberria, Leire. 2014. Feroz, el lobo. OQO.



Iglesias, Gracia & Moreno, Cecilia. 2019. Circulita Roja. En: El rombo feroz. Canica Books.



Munari, Bruno & Agostinelli, Enrica. 2001. Caperucita Roja, Verde, Amarilla, Azul y Blanca. Anaya.



Mistral, Gabriela & Paloma Valdivia. 2014. Caperucita Roja. Amanuta / Diego Pun.



Pacheco, Gabriel. 2021. Caperucita roja (primero sueño). Diego Pun.



Daly, Niki. 2006. La pequeña caperucita africana. Intermón Oxfam.



García, Sergio & Moral, Lola. Caperucita Roja. Dibbuks.



Pilar Serrano & Mar Azábal. Lobo sólo buscaba wifi. Amigos de Papel.



Chabbert, Ingrid & Guridi. 2016. El enorme y malvado Feroz. Cubilete.



Murillo, Luis & Ordás, Emi. 2014. Cadavercita Roja. Algar.



Gianni Rodari & Alessandro Sanna. 2011. Confundiendo historias. Kalandraka.



Agostino Traini. 2017. El caperucito rojo. Picarona.


Y para terminar, una dirigida a estudiosos...


Catherine Orenstein. Caperucita al desnudo. Ed. Ares y Mares.



Tomi Ungerer. 1971. Póster.