viernes, 30 de octubre de 2009

Fábulas y confabulaciones


Astros, tarot, remolinos reposados de café, vísceras, poderes regios y otros signos adivinatorios están confabulados para que un servidor no tenga buenas expectativas sobre la vida. Aun así, sigo vivito y coleando, echándole buen humor y demasiadas esperanzas, que para eso vivimos dos días y uno de ellos trabajando… Así que, con estas confabulaciones del futuro y un brindis por la vida, les dejo con una fábula rimada de Félix María de Samaniego, autor que bien vale un tributo a las letras castellanas. Buen fin de semana.
*
Entre montes, por áspero camino,
tropezando con una y otra peña,
iba un viejo cargado con su leña,
maldiciendo su mísero destino.
Al final cayó, y viéndose su suerte
que apenas levantarse ya podía,
llamaba con colérica porfía
una, dos y tres veces a la Muerte.
Armada de guadaña, en esqueleto,
la Parca se le ofrece en aquel punto;
pero el viejo, temiendo ser difunto,
lleno más de terror que de respeto,
trémulo le decía y balbuciente:
”Yo… señor… os llame desesperado;
Pero… -Acaba: ¿qué quieres desdichado?
-Que me cargues la leña solamente”.

Tenga paciencia quien se cree infelice;
que aun en la situación más lamentable
es la vida del hombre siempre amable:
el viejo de la leña nos lo dice.

Felix María de Samaniego
El viejo y la Muerte.
En: Fábulas morales.
1986. Madrid: Busma.
Ilustración: Gustavo Aimar

miércoles, 28 de octubre de 2009

¿Dónde están mis amigos?


A Pablo que, aunque buen amigo, visita poco este sitio.

Los hay que confiesan no tener amigo alguno. También están esos que dicen ser amigos de todo el mundo. Y yo, como buen madrileño de adopción que soy, me corresponde quedarme entre Pinto y Valdemoro… Desestimando a todos aquellos que se piensan que por un mero chiste, chascarrillo o caricia, son mis amigos, excuso decir que mis amigos se pueden contar con los dedos de un pie, en este caso el izquierdo, primero por ser zurdo y segundo por ser el del corazón. Habrán oído miles de veces una aseveración parecida pese a que, a posteriori, todos los que toman estas palabras por catecismo inviten a su boda hasta al bombero torero… Está claro que todos pecamos de incoherencia, pero en algunos está más agudizada que en otros… Si a esto añadimos que tenemos ciertos sentidos algo atrofiados, no me extraña que los bares, el Zara, las iglesias y otros antros de guardar, estén abarrotados de amigos. No hay que buscar culpables puesto que, si los hay, todos lo somos. La solución es más sencilla: dejar de buscar quien nos aguante y aguantar menos lo que no queremos aguantar, que para eso ya nos tenemos a nosotros mismos para aguantarnos. Vamos, que como biólogo vuestro que soy (menos mal que no soy Pepe Isbert ni alcalde…, ja, ja, ja), aborrezco tanto parasitismo y comensalismo humanos.
Y a modo de sugerencia: si no encuentran la solución para esas desavenencias entre usted y sus amigos, o viceversa, les recomiendo La telaraña de Carlota, de E. B. White (enhorabuena a la editorial Noguer por el trabajo de la última edición), una historia –llevada a la gran pantalla hace poco- donde se refleja nítidamente la verdadera amistad entre una araña y un cerdo… ¿Acaso tendremos que aprender de los animales? Respondo que sí. Y si me restan credibilidad, les invito a que busquen un pasaje casi al final del libro, también perdido en mi memoria, que me hizo vibrar por su sinceridad y porque es ahí, en esas sencillas palabras, donde viven los amigos.

martes, 27 de octubre de 2009

Hoy: padres


Si la semana pasada me dediqué a ensalzar la pulcritud de mi madre, esta semana es el turno de mi señor padre (pongo en su conocimiento que con ello no tengo intención de reseñar Mi papá de Anthony Browne…, uno tiene recursos para todo y prefiero guardarme ese título en la recámara ya que nadie sabe cuando tendré que usarlo como artillería pesada).
Por si no lo sabían, la publicidad, la televisión y lo políticamente correcto han intentado vendernos en los últimos años ese producto llamado “padre ejemplar”, hombres bien cuidados, sensibles, limpios y aseados, con dotes para la cocina, la costura y el planchado, padres comprensibles y dulces maridos a los que nada parece alterar. Aunque parece que es un “concepto” irreal, tengo constancia de que va afianzándose en la sociedad –digo lo que veo, aunque sea de vez en cuando-. Pero, ¡manténgase alertas!: todavía nos queda esa realidad del “padre clásico”, ese hombre parco en palabras con su familia y muy charlatán en otros círculos sociales, dueño y señor de un buen sillón que con el pulular por los canales televisivos ha ido horadando una horma que encaja a la perfección con su columna vertebral, más descuidado que el hombre de Neanderthal y muy poco dado a las manualidades caseras, véase pucheros, costureros y otro instrumental de difícil manejo… Tamaño desastre tenía que quedar recogido, no en un libro, sino en varios, y como muestra, hoy les invito a leer una novedad de la editorial Combel, firmada por André Bouchard y Quentin Blake -sobran las palabras…- y titulada Con la cabeza en otra parte, una jocosa historieta que arranca muchas sonrisas a base de un metafórico inicio que da pie a bastantes situaciones absurdas, todo ello para hacernos recapacitar sobre lo poco valorada que está la figura de los padres. Recomendada sin más.
Y ahora que lo pienso…¡Mi padre no es de esos..! ¿O quizá sí…? El caso es que es mi padre, y como sólo tengo uno, lo mejor que puedo hacer es quererlo

lunes, 26 de octubre de 2009

Sobre gustos y elecciones


Para Manuel, a quien apellido Hesse, esperando que sepa elegir...

Si de gustos hablamos, concretamente los de un servidor, podrían calificar de curioso lo que sucede con esta parte de mi persona –haciéndolo extensible a otros seres humanos, por supuesto-. 
Existimos individuos con un olfato especial para las exquisiteces, bien sean palatales o de otra índole y naturaleza. Allá donde haya algo realmente especial, estamos los selectos catadores, pululando como gallináceas ansiosas de meter el cuezo. 


Expertos seleccionadores de joyas, sean estas gastronómicas, humanas, textiles, sonoras, tecnológicas, cinematográficas y, cómo no, literarias, son necesarios en todos los ámbitos, incluso el amoroso. No crean que es tarea fácil seleccionar aquello con calidad y prescindir de lo corriente y vulgar…, que sobre el orbe terrestre hay basura a espuertas y son de agradecer unas hojas de melisa abriéndose camino entre millones de ortigas. 
¡Y ojo con equivocarse!: uno puede vestir a la última moda, creerse diferente, en definitiva, especial, y captar las miradas de atención del resto de transeúntes por lo vulgar del atuendo.


Eso es lo que le pasa a El pequeño rey de las flores, protagonista del ya clásico álbum de Kveta Pacovska que nunca viene mal recordar por estos lares monstruosos.


En él, Kveta nos cuenta un pequeño cuento de hadas en el que un príncipe que no levanta tres palmos del suelo se dedica a cultivar flores durante todo el día. Se siente solo y, un día, se da cuenta de lo que necesita: una princesa que le haga compañía. ¿La encontrará? 
Con esta pequeña idea argumental, Kveta se permite llenar todo de colores. Montones de tulipanes se hacen eco de un título que es bastante sugerente y recuerda a otras historias como la Pulgarcita de Andersen en el que un ser diminuto habita en armonía con esa naturaleza omnipresente que lo acoge y considera parte de ella. 
Por otro lado le permite hablar del amor, un amor puro y muy infantil donde los personajes comparten su tiempo y pequeños detalles. Un sentimiento al que Pacovska le imprime un minimalismo que nunca viene mal recordar en estos tiempos de abundancia y postureo.


Composiciones muy estudiadas, troqueles que anticipan elementos y juegan con la perspectiva y la profundidad, ventanas y juegos tipográficos a través de los cuales Pacovska capta nuestra atención y deja volar la imaginación son recursos técnicos que se han convertido en el santo y seña de su poderosa narrativa que recuerda a grandes artistas como Kandinsky o Miró.


Sobre las diferentes ediciones comentarles que mi favoritas son la primera (blanca, apaisada y con tipografía sutil) y la última (un formato más cuadrado y con una tipografía más grande). La que no me gusta nada es la que se hizo allá por 2014 (imagen que precede a este apartado) y que contaba con unas tapas en rojo. Aunque se intuye más alegre y atractiva para el consumidor, me resulta demasiado chocante y satura el posible contraste con el resto de la gama de colores de la imagen.
Para terminar, subrayarles que el trabajo más tedioso y, la mayoría de las veces, desagradecido que tiene el hombre desde su imprescindible libertad, es ELEGIR. Por lo que considérense afortunados si saben hacerlo, más si cabe respecto al amor.

viernes, 23 de octubre de 2009

Signos y palabras



Ya saben que me encanta caminar sobre las palabras día sí, día también, y no sólo sobre las del castellano, sino sobre las de otras lenguas, véase el inglés o el francés (aprovecho para quejarme con mucha razón sobre mi no ingreso en la escuela de idiomas de Albacete durante este curso escolar… ya sabemos que está muy solicitada pero observo cierta ligereza en sus “normas”, gracias a las que unos pueden ingresar y otros, que necesitamos la palabra como alimento, nos quedamos en puertas por cuestiones poco objetivas). Seguramente todos sabrán que cualquier lengua o idioma se compone de unidades básicas llamadas palabras (sé que los más puristas se decantarían por otros elementos: perdónenme de antemano), pero he descubierto una lengua preciosa que, pese a no estar fabricada de estos ladrillos, se basa en mostrar las formas y movimientos de ambas manos… También plagada de metáforas y símbolos, ¿alguien sería capaz de escribir una poesía en lengua de signos?

Han puesto una librería
con los libros muy baratos.

Un libro de viajes
por un viejo zapato.

Una novela interminable
por decir “buenas tardes”.

Un libro de versos
por un cabello del viento.

Un libro de magia
por una burbuja de agua.

Un libro de historia
por un calendario sin hojas.

¿Y un libro de recuerdos?
Sólo por guardar un secreto.

Juan Carlos Martín Ramos.
Libros baratos.
En: Canciones y palabras de otro cantar.
Ilustraciones de Rebeca Luciani.
2009. Zaragoza: Edelvives.
Imagen 1: Estudio de brazos y manos. Leonardo Da Vinci. 1474.

jueves, 22 de octubre de 2009

Niños que inventan, niños que dormitan


Cierto profesor universitario, refiriéndose a la hegemonía de los videojuegos entre la población infantil, juvenil, e incluso adulta, abogaba, con mucha gracia, todo sea dicho de paso, por la pérdida paulatina de las cualidades creativas en el ser humano y una hipertrofia de los pulgares de ambas manos. Lo primero se debía a que ya no se necesitaba imaginar, discurrir e inventar para pasarlo bien, y lo segundo venía del continuado uso que se les daba a estos dos dedos para manejar los mandos de las videoconsolas. Seguramente esto no sucederá jamás, pero por si acaso, hemos de permanecer alerta a los vicios de nuestros hijos y barajar la posibilidad de darles un saco de tierra y bastante agua para así dejar que amasen el barro de sus propios mundos. A pesar de la realidad, tengo comprobado empíricamente que, frente al automatismo casi robótico de los videojuegos, está la ilimitada creatividad del ser humano, capaz de interaccionar con otros como él o con el medio que los rodea. Y si no me creen, realicen este pequeño experimento para corroborar lo cierto de mis afirmaciones: despojen al niño de la pantalla del ordenador, enciérrenlo en una habitación en la que sólo haya una caja de ceras de colores y un par de cajas de cartón. Puede que al inicio, el conejillo de Indias se resista y quiera regresar a la aventura gráfica que le ofrecía la informática, pero tras un tiempo prudencial su mente despertará para guerrear contra el aburrimiento a base de los pocos recursos que tiene… ¿Y quién sabe? Incluso es capaz de construir un avión o un tren, como el protagonista del título de hoy, El pequeño inventor, impecable trabajo de ilustración de la mano de los coreanos Hyun Duk y Cho Mi-ae (Océano Travesía) que se podría definir como una historia cotidiana que hará recordar a muchos adultos los años pasados y puede que anime a bastantes escolares a enfrentarse a la desidia y lo plano del tiempo con ganas y una pizca de creatividad.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Lectores juveniles y caperuzas


A tenor de los razonamientos que recientemente Darabuc recogió en su página acerca del ya clásico Caperucita en Manhattan, obra de Carmen Martín Gaite, y el seguimiento que atentamente he hecho de la discusión creada en torno a dichas opiniones, me he visto en la obligación, primero, de leerme un libro al que tenía ganas desde hace tiempo y, segundo, seguir con el debate iniciado por Gonzalo.
Son muchos los que relacionan la “literatura de transición” (me he inventado este término para referirme a todos aquellos títulos que quedan entre la literatura infantil propiamente dicha y las lecturas del público adulto, de las que no hay pocas en las actuales líneas editoriales) con la “literatura juvenil”. Creo que, aunque esta recién bautizada “literatura de transición” recoja, indistintamente, elementos propios de las obras infantiles y aspectos que pertenecen más al mundo adulto, queda lejos establecer un símil entre esta mezcolanza literaria y las características psicológicas del lector adolescente por mucho que esta etapa del crecer humano sea llamada “de transición a la vida adulta”.
Conozco bastantes adolescentes que jamás se sentirían identificados con la historia de Sara Allen pese a que cierto simbolismo de la narración –me refiero a la defensa de la libertad o la ruptura con lo socialmente correcto- sean pilares sobre los que descansa esa idiosincrasia juvenil. El lector adolescente, aunque enfermo todavía de fantasía, magia y espejismos varios, también presentes en el título que aquí se desgrana, necesita más realismo, un realismo más visceral, no tan metafórico ni evocador, sino más árido e incluso violento. Sí, esta Caperucita de Gaite es subversiva, no cabe duda, pero también hemos de fijarnos en la inocencia que destapa, ese lastre del que desea desprenderse cualquier joven que replica a sus padres, profesores y/o amigos.
De todos modos, nada de lo anteriormente citado es excusa para desprestigiar un libro que encandila a los adultos (también puede que a los niños… si alguien se atreve a leérselo a pequeños lectores que por favor me comunique el resultado) a pesar de estar dirigido a jóvenes que algún día se harán mayores y, sólo entonces, descubran lo hermoso de esta historia.

martes, 20 de octubre de 2009

De pulcritud y limpieza


A mi madre.

No hay nada en el mundo que haga más feliz a una madre que una buena fregona. Producto de inmediata necesidad a la par que invento español, la fregona ha hecho mucho bien a la humanidad… y también daño. ¿Qué me dicen de esos ancianos que han visto romperse su cadera por un suelo recién fregado? ¿Y de todos esos niños que se han quedado ciegos por el intenso brillo de los azulejos encerados? Si por las madres fuera, habría que hacerle una estatua al amoniaco, a la lejía, al jabón Lagarto®, el limpiacristales y al Mistol®, elixires químicos de los que se podría extraer, en conjunto, la cura para todos los males que asolan la Tierra. ¿Y el estropajo? Desde los comienzos, léase romanos y griegos, el estropajo era material esencial en cualquier cocina. De esparto o fibra verde, ha sido muy útil para nuestro progreso…, para eliminar la suciedad de cualquier superficie lisa (menaje, mármol u hormigón), acabar con las manos en carne viva o para ablandar los callos. Pero digan lo que digan, el instrumento de tortura favorito de una madre bien curiosa es el trapo del polvo. Leyenda viva de pulcritud y dar por culo, esa camiseta roída, vestigio de pasado a olvidar o trozo cualquiera de algodón convertido en ruinas de tanto sacar lustre, es la peor penitencia que se le puede infligir a un ser humano, más si cabe cuando tienes un mueble enorme en el salón atestado de chiches.
Son tantos los aspectos negativos de los aparejos de limpieza casera, que hasta inspiraron a mi admirado Arnold Lobel (¡qué contenta se va a poner mi seguidora Miriam!) para crear su obra El cerdito -recientemente editada en castellano por Kalandraka-… ¡Porque no vean lo que sufrió el pobre marrano por culpa de una aspiradora y una mujer empeñada en dejar como los chorros del oro un acogedor lodazal!

lunes, 19 de octubre de 2009

Emparejados


Parejas, lo que se dice parejas, hay pocas. No es que sea demasiado exigente con las concordancias entre unos y otros, pero hay que ser un tanto drástico si de algo tan serio hablamos.
Una pareja de libro, además de establecer un afecto recíproco, si es menester, también ha de complementarse, véase el caso del negro y el blanco, la vida y la muerte, la tonadillera y el torero, Lauren y Hardy, Tip y Coll o Hernández y Fernández.
Hoy en día, con esto de la homogeneidad cerebral y la globalización, todos creemos que podemos hacer migas con cualquiera, pero cuando nos metemos en harina, salimos despavoridos ante tanta disonancia. Para casar al dedillo con alguien, además de poner ganas, tenemos que ser un poco más conformistas y aguerridos, que no todo el monte es orégano y mucho menos si nos limitamos a los bares (eso de buscar pareja en plena cogorza y a oscuras, siempre me ha parecido bastante cutre… ¡atrévanse a dar con su media naranja en una biblioteca!).
Pese a tanta complicación para encontrar quien nos aguante, les advierto de que la soltería no es tan negativa, más si cabe cuando, como si de una estrella del rock se tratase, te preparas una gira en solitario, vas de bolo en bolo propinando una buena monserga y si te he visto, no me acuerdo. En definitiva, que si no encuentran, dejen de buscar, eso sí, sin perder la esperanza. Puede que alguien dé con ustedes, como llave que encaja en apropiada cerradura y abre la puerta de muchos secretos.
Por todo ello, y deseando que se emparejen con quién les corresponda y comprenda, les dejo en esta mañana de octubre con El bastón azul / La caja azul, de Iwona Chmielewska (el nombre de la autora me dejó patidifuso) y editado por la editorial Océano Travesía, un álbum ilustrado simétrico -¿o debería decir dos?- que se interna en las tradiciones familiares, la imaginación infantil y las coincidencias. No se pierdan los guiños que, en sus páginas, se hacen al mundo del arte. Ya me dirán.

viernes, 16 de octubre de 2009

Sé todos los cuentos


Durante la tarde de ayer, en el centro donde presto servicios durante este curso escolar se celebró la típica recepción a los padres (debería llamarse “a las madres” ya que lo que más abunda es el género femenino… ¿Habrá alguna vez paridad en este país? Quítense la venda y dejen que la realidad les sacuda una buena bofetada).
Comparada con otras no fue aburrida hasta el extremo -observo que voy mejorando en estas lides-: expliqué los preceptos (perdónenme por usar semejante palabro, pero es el más idóneo) que rigen el instituto, las interesadas preguntaron sus dudas, asintieron en bloque a todo lo que les dije, sugirieron ciertos cambios, comentaron a porrillo y se fueron convencidas de los éxitos venideros de sus hijos e hijas… Después de semejante alarde de cordialidad, modales de copete y sucesivas reverencias, uno se va a casa, cena, se va a la cama y, previo al sueño, recuerda ese poema de León Felipe, sonríe y se siente orgulloso del poder de los cuentos.

Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen con cuentos…
Que los gritos de angustia del hombre los entierran con cuentos…
Y que el miedo del hombre…
ha inventado todos los cuentos.
Yo sé muy pocas cosas, es verdad.
Pero me han dormido con todos los cuentos…
Y sé todos los cuentos.

León Felipe.
Sé todos los cuentos.
En: Nueva antología rota.
1993. Madrid: Visor Libros.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Para los ilustradores


Uno de mis trucos a la hora de ganarme al alumnado es el del noble arte de la pintura... No es que Caravaggio se haya reencarnado en mi persona, pero manejo el lápiz (también la tiza) con cierta soltura, lo que me permite realizar dibujos de manera rápida y sencilla para acompañar la materia que imparto, y les aseguro que es de los pocos momentos en los que puedo mantenerlos en silencio. Lo curioso es que esto suceda con el solo movimiento de tu mano y no tenga nada que ver con propinarles un coscorrón. Sé lo que se siente mientras contemplas cómo trabaja un artista…, seguir las líneas del grafito sobre el papel, percibir cómo el pincel se empapa de la aguada, esos paréntesis en los que el autor contempla la obra y en los cuales el tiempo parece pararse, ver la obra terminada…. Todo niño, cualquier chaval que vigila el trabajo de un artista se mira en un espejo que le devuelve la imagen de sí mismo cuando no levantaba tres palmos del suelo y se dedicaba a emborronar cientos de folios con los más dispares colores. Pero el ilustrador no sólo es una imagen especular. No. Cualquiera que se atreva a ilustrar un texto tiene que ser consciente de que él mismo es la imaginación de otros, sus pensamientos, sus sensaciones. Por ello, el ilustrador de libros infantiles no debe ser más que un niño rebosante de imaginación cuyas creaciones plasmen la imaginación de otros iguales, otros niños Y, seguramente, de ahí, de ese mismo sitio es de donde procede esa admiración que el pequeño lector tiene hacia el ilustrador. Esa magia que coordina el trabajo de los unos con la imaginación de los otros.

N.B.: Hago saber a todos los ilustradores que visitan esta página, que tengo una pequeña pared que me gustaría llenar de detalles ilustrados, de trabajos ajenos, de presentes mínimos, de sus obras… a cambio de las palabras que les regalo a diario. Para ello sólo tienen que ponerse en contacto conmigo en la dirección de correo-e que aparece a la derecha de la página.

martes, 13 de octubre de 2009

Del progreso


Auténticos visionarios; así deberíamos llamar a muchos autores de un pasado no tan lejano que dejaron en sus escritos numerosas ideas y avances de los que en la actualidad disfrutamos como si hubieran existido siempre. Desde la televisión, el avión o los cohetes espaciales, pasando por los engendros robóticos y otras creaciones del aluminio y el acero inoxidable, la Literatura -no bien nombrada- de ciencia-ficción nos ha provisto de muchos vaticinios sobre todo aquello que iba a mejorar (o empeorar, todo sea dicho de paso) nuestras complejas vidas. Podría ser pretencioso tratar a escritores como Julio Verne, de profetas que predijeron el futuro de manera acertada, pero como uno es de naturaleza inquieta y registra las páginas de los libros con fruición y cierta parsimonia, afirmo que no sólo actuaron como meros observadores/descriptores de lo que nos viene, sino que integraron en sus obras discursos casi filosóficos que nos hacen recapacitar sobre lo ético del avance científico y tecnológico.
Hoy día, bajo esta tecnocracia que tanto nos venden los señores de los medios de comunicación (¿Será este el motivo por el que el “bienintencionado” y censor matrimonio Kirchner está poniendo “remedio” a la libertad de prensa argentina…?), somos muy pocos los que nos paramos a pensar en las bonanzas y perjuicios de este o aquel invento, ya que la mayor parte de la sociedad ni se inmuta ante los categóricos beneficios que proclaman Microsoft, Apple, Wolkswagen o General Motors sobre sus productos. ¿Habremos caído en la desidia?... Ante una respuesta convincente, me limitaré a ejercer de androide con grado de satisfacción 5.82, encenderé el televisor y el reproductor de DVD, disfrutaré con Blade Runner y, una vez que termine esta pieza maestra del séptimo arte, abriré Robbie y otros relatos de Isaac Asimov (editorial Vicens Vives) para decidir si merecemos perecer bajo los montones de chatarra con los que el progreso nos dilapida a diario.

viernes, 9 de octubre de 2009

Festejando


Y en las vísperas de la celebración de la Hispanidad (supongo que también se festejará la lengua española, casi el único nexo de unión entre nosotros...), los loores a la Pilarica, patrona y musa de las jotas de estilo del Bajo y Alto Aragón, las felicitaciones a las Pilares y el puente soleado que se avecina, les dejo con versos de fiesta de la mano de Rafael Alberti.

El ave-verde cantaba
-paralelepípedo
paralelepípedo
paralelepípedo-
El ave-verde cantaba
volando en un velocípedo

Paralelamente
la recta disparada por el puente

Los polígonos alborozados
copulaban al son de los triángulos

Y el vals de los cilindros
por el ruedo nevado de la circunferencia

Calado el cucurucho
voltereteaban los conos

El cubo
sumergía la fiesta en el semicírculo panzudo

Rafael Alberti.
Fiesta.
En: Poemas anteriores a Marinero en tierra,
Apéndice de Canciones del Alto Valle del Aniene
,
1972. Buenos Aires: Losada.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Caminos


Antes de comenzar con la perorata de hoy, les pongo sobre aviso de que un servidor, excepto esas ideas básicas -y casi medievales- que captaba durante las clases de “Religión católica” a las que me amarraban irremisiblemente en la escuela mientras ejercía mi derecho a la apostasía (tiene cojones que habiendo elegido la asignatura de “Ética” en la matrícula me tocase aguantar los principios del catolicismo), carece de educación religiosa (N.B.: Sí, lo subrayo: soy un personaje, lo que me granjea enemistades de todo tipo).
Aunque el dinero mueve montañas hemos de ser conscientes de que la fe, bien sea de infinita pureza, bien esté disfrazada de orgullo personal, superación, cariño, invisible amor o voluntad sin límites, también revuelve al Hombre. Fíjense en ese camino que algunos llaman “de Santiago” mientras otros optan por llamarlo a secas “el camino”. Ese camino que otrora se dibujó sobre las tierras del norte de España a base de fe, promesas y remordimientos, hoy sigue surcado de personas que buscan un encuentro consigo mismos o con quién-sea –que también vale para echar alguna canita al aire-.
¿Quién no percibe el giro de la órbita terrestre más rápido mientras su vida se torna más lenta e insustancial? Lo instantáneo de nuestra existencia es un mero devenir de deseos frustrados, de anhelos incapaces de sucederse y mentiras sobre nuestro yo que a nadie le interesan; buen puñado de justas razones para caminar y ser uno mismo sobre la suela del zapato, de ahí que los caminos estén cada vez más repletos de curiosos, buscones e infelices que, paso a paso, encuentran la sombra de sí mismos.
Y sin más dilación, les despido con la recomendación de hoy, Endrina y el secreto del peregrino, de Concha López Narváez, que recién reeditada (o eso me pareció ver en algún catalogo editorial), narra las correrías de un peculiar grupo de peregrinos capitaneados por las trenzas negras del vivaracho y montaraz personaje de Endrina, desde Navarra a Compostela.
Mención especial recibe -de mis partes- la persona que me lo recomendó (Rosa Gil, seguidora de este espacio), el ejercicio de estilo de la autora -impecable- y la edición anotada en la que he leído la obra (colección Austral Juvenil).

martes, 6 de octubre de 2009

¿Literatura plural?


El cada vez más decadente pluralismo cultural deja entrever de manera clara que existen creaciones más recomendables que otras. No es que haya regresado la censura tal y como era antaño, sino que mejor enmascarada y disfrazada de buenas intenciones.
No sé si estoy hasta la pituitaria del paternalismo de izquierdas que nos asola a los que abogamos por la libre elección, pero lo que sí tengo claro es que cada vez es más difícil dejarse sorprender por libros juveniles sobrecargados de buenas intenciones, ñoñerías de toda índole, mensajes políticamente correctos y consignas anti-belicicistas.
No está mal que propaguemos a los cuatro vientos el papel educativo-dogmático de la Literatura ni que nos sirvamos de éste para luchar contra el analfabetismo social que algunos sufrimos, pero me estoy hinchando de tanto discurso literario carente de realismo (que a este paso, muchos escritores van a usurpar sotanas y púlpitos a los señores del clero…).
Luego, pasa lo que pasa… Organizar un botellón a base de Literatura Juvenil actual y conseguir emborrachar a las jaurías de adolescentes que se apostillan en parques y jardines de todo el país, es más complicado que Carmen Lomana deje de ser pija y entre en desaceleración económica (¿alguién recuerda este término?).
Y sin ser muy drástico, les propino con una obrita muy legible, El salvaje, de Antoni García Llorca, flamante premio “Gran Angular”. Aunque no serán pocos los profesores que la recomendarán entre sus alumnos, y habrá bastantes que la convertirán en lectura obligatoria durante este curso, aviso (y no me tome el autor demasiada tirria) de que, pese a ese acercamiento al realismo mágico que hace su lenguaje -y que me ha gustado bastante-, muchos estamos hartos de argumentos tan manidos: fachas y republicanos, republicanos y fachas. ¿Acaso esta España no tiene más historia? Por lo visto no… Tendremos que esperar a otra guerra civil para que se suceda una revolución argumentativa en la Literatura Juvenil.

lunes, 5 de octubre de 2009

Cuestiones médicas...


Debido a un proceso febril de larga duración y bastante extraño, junto con otras afecciones, léanse dolores de cabeza o cansancio, me estoy viendo sometido a diversas exploraciones y pruebas por parte de varios matasanos. Quiero concluir este proceso pensando en que no es nada… Seguramente algún virus o bacteria con poca chicha se ha internado en mi organismo y anda sacando de madre a las células que lo configuran. Así que, oren por mí ya que soy un tanto hipocondríaco y sufro la espera de los resultados con algo más de angustia que el resto de los mortales, para que sea nada y siga disfrutando de la salud de hierro que me caracteriza desde que nací.
Pensarán que soy un niño más, atemorizado frente a la visión de una jeringuilla, un termómetro o un fonendoscopio, y, siéndoles sincero les diré que sí. Los médicos me dan pavor. ¿Y a quién no? Aquel osado que lo niegue, que dé un paso al frente, que ya me encargaré de bajarlo de la burra a base sufijos como “-oma” o “-itis” y otros palabros de dudosa procedencia.
Y escuchen, lo de ahora no es nada comparado con lo que sucedía en mi niñez, cuando, aterrorizado por todo aquel que vistiese una bata blanca, era capaz de levantarme en armas e iniciar una pequeña batalla por conservar mi integridad física. Ante el peligro, soy de fuerza indómita, tanto, que, para extrirparme las llamadas vulgarmente “vegetaciones”, hube de ser amarrado a una silla con correas y diversos aparejos de tortura puesto que estaba dispuesto a linchar a todo el que se atreviese a tocarme.
Y hablando de pavor ante los herederos de Hipócrates, no se me ha ocurrido mejor sugerencia literaria para hoy que el fantástico y Premio Bologna Ragazzi 1998, Ser quinto (Ernst Jandl y Norman Junge), un buen ejemplo de cómo el niño, frente a la puerta de una consulta médica, con miedo e inquietud, espera que llegue el momento en el que se le pueda infringir cierto daño. Lo mejor es cuando todo queda en agua de borrajas. ¡Y que vivan los médicos!

jueves, 1 de octubre de 2009

Animales en tres dimensiones


Durante la niñez, mi hermana -ya la conocen algo- era una miedosa. Y para más guasa, una miedosa masoquista (de esta tipología los/as pueden encontrar a doquier…). Ya podían emitir cualquier peliculaje con visos pseudo-gore y grito fácil, que allí estaba ella, plantada frente al televisor, sufriendo como una profesional. Lo peor venía después, con las sábanas, la imaginación y las pesadillas. ¡Y nos daba unas noches! A mi madre y a un servidor nos encantaba volverla loca con una especie de fichas sobre animales que teníamos. Todos eran animales peligrosísimos, de la peor calaña y escasa cortesía por la vida. De entre éstos, era la orca su favorito, mucho más que el guepardo o el tiburón. Era mostrarle su imagen y podía perforar los tímpanos de todos los vecinos del bloque.
Más tarde, durante mis años de estudios universitarios descubrí que hay seres vivos mucho más peligrosos que estos grandes depredadores, entre ellos los miles de artrópodos que te pueden proferir la muerte con una mera picadura o las neurotoxinas que fabrican algunos dinoflagelados… Pero para iniciar al niño en el saber de los peligros por los que puede verse acechado en plena naturaleza salvaje, nos puede bastar con un espectacular libro “pop-up” (ya saben, estos libros que a base de tecnología pueden hacer que el papel cobre vida) de Lucio y Meera Santoro, y editado en España por SM. Predadores es su título y no les cuento mucho más. Sólo un aviso: no lo dejen en las manos de los más pequeños… o quizá sí.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Manifiesto por la financiación de la Ciencia española


Habiendo preparado una noticia para el día de hoy y tras haber leído los titulares con los que me ha sorprendido la prensa diaria, he decidido cambiar mi discurso y dedicar las palabras de hoy a mi otro gremio, el científico.
Ante la renuncia de la dirección del CNIO por parte de Mariano Barbacid al conocer la reducción presupuestaria que ha acometido el des-gobierno de nuestra nación en materia de I+D, mi sangre se transforma en gangrena y empiezo a escupir fuego por la boca.
Con esa idea ficticia de que nuestra nación ha parido grandes personajes de letras se enmascaran con frecuencia las nulas intenciones gubernamentales (sean de estos o de otros) de impulsar la Ciencia en este país de pandereta y limosnas al por mayor.
También se escucha esa otra consigna de “¿Para qué? ¿Acaso descubren algo útil?” La Ciencia no es una carrera de fondo, sí lo es de superación personal, imaginativa, llena de escollos, de estudio y tesón. Pero para obtener resultados de peso hace falta invertir en investigación básica, la base de esta pirámide creativa. Conozco demasiados científicos frustrados, parados, casi desahuciados, que sí han puesto ilusión (¿valoran eso los miserables sueldos becados que profieren las administraciones competentes?), unas ganas que defienden este manifiesto plural, ya que el progreso se construye gracias al riesgo, a las crisis, al interés de la sociedad y a las revoluciones, bien sean científicas o de otra índole.
Creo en rebelarse, creo en hacer frente a todos esos que se hacen llamarse salvadores, cuando nos siguen condenando una y otra vez al yugo del medievo, a ser meros espectadores de nuestra decadencia. Estoy seguro de la fuerza de nuestras rebeliones que (no como la del título de hoy, un clásico juvenil de George Orwell que crítica el despotismo y el fascismo con los que se enmascara todo proceso político), a base de voluntad, y confianza en nuestra habilidades nos erigirán en una sociedad avanzada.
Y si no están dispuestos a enfrentarse al poder lascivo, ya saben, no comulguen con ideologías, en ellas vive la traición.

martes, 29 de septiembre de 2009

Cegados por los libros


Todos tenemos claro que venerar los libros puede ser un hábito contraproducente para la salud. Más todavía, si al desquiciamiento de Don Quijote o Madame Bovary añadimos la condición de personas poco recomendables (N.B.: no conozco a ningún lector inofensivo…), por lo que afirmo que los libros tienen graves efectos secundarios tras buenos atracones intelectuales –u ociosos-.
De uvas a peras, a pesar de lo muy chiflados que estemos por los libros, no viene mal eso de bajar de las nubes y del mundo literario, e ingresar en la existencia más real de la carne, el hueso y la hipoteca, porque bien es sabido que quien abandona estos lares por otros más gustosos –léanse Telecinco, Kriptón o Namec-, sufre horrores en su regreso al asfalto. Es lo que tienen los vicios, sean novelas o meta-anfetamina en cristal, y los viciosos: que evaden a uno del aburrido deambular.
Hay que vivir con los libros, no de ellos (de esta afirmación quedan exentos libreros, bibliotecarios y otros seres nacidos tras la aparición del papiro), no sea que, como el señor Mendel, Mendel el de los libros (Stefan Zweig, editorial Acantilado) necesitemos una guerra para pegarnos un batacazo de ensimismamiento editorial y suframos lo que no está escrito por no estar al loro de los acontecimientos diarios.
Aunque pensándolo detenidamente, en la historia de Mendel, los libros se vengaron doblemente. Se vengaron de él por su exceso, se vengaron de él por defecto… Y finalizo advirtiendo una vez más que no hay mayor castigo que la ignorancia, en este caso la ignorancia de quienes lo castigaron.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Donde descansan las ánimas



Aunque hay varios temas de candente actualidad que superan con creces lo siniestro del que hoy voy a hablarles (la indumentaria de las hijas de Zapatero en la recepción de Obama, el número de saraos a los que ha acudido José Miguel Fernández Sastrón en la última semana o el asombroso parecido de la madre de Leire Pajín con la concejala casamentera de Albacete), prefiero dedicar mi tiempo a ensalzar los camposantos.
Verdaderos remansos de paz, los cementerios se están ganando su merecido puesto en las guías de viaje, ya que cada vez son más los osados que dejan atrás los prejuicios y se internan en los jardines de lápidas donde descansan las ánimas. El cementerio judío de Praga, el de Roncal o el cementerio inglés de Málaga son de mis favoritos pese a que ya son dos las amistades que me han advertido sobre los camposantos polacos, alarde de exuberancia floral y sentimiento católico.



No apto para hipocondríacos, ni corazones sensibles, todo esto, lejos de sonar macabro, es una reflexión sobre la naturaleza humana, poco prolija en muestras de reconocimiento… Bien mirado, la condolencia y el respeto a la muerte, haya plañideras o no, es de los pocos ejemplos de sentida humanidad que se ven a diario, aunque un servidor estaría más contento si no nos dedicáramos a machacarnos en vida a la mínima oportunidad.
Por todo ello y, avisándoles de que el que aquí suscribe no es muy dado a dar o recibir pésames, he decidido hacer público mi dolor por la muerte del Señor Pájaro, verdadero protagonista de la historia firmada por Komako Sakaï y Kazumi Yumoto (editorial Corimbo), un álbum ilustrado que no sólo se centra en las pompas fúnebres, sino en lo que viene después: el replanteamiento de la existencia, la soledad o el reemplazo del ser querido. Si les digo la verdad, es un libro completo. Y por si fuera poco, me he enamorado de una ilustración en la que durante el entierro, las siluetas de El oso y el gato salvaje (así se titula) se dibujan en el bosque tras las cortinas del sol.



viernes, 25 de septiembre de 2009

De libros de texto y versos


Acudir a una librería durante los últimos días de septiembre es la mejor forma de sufrir un colapso nervioso y vivir aterrorizado durante el resto del curso escolar. Esas descontroladas hordas de madres que babean por conseguir este o aquel cuadernillo absolutamente necesario para que su nene/a llegue al cenit del conocimiento, desatan verdadero pavor. Después de conocer la verdad sobre la desaparición de una librera a la que tenía mucho cariño, nunca se me ocurriría rechistar ante tanto alarde de voracidad.
La estrategia para que te zarandeen lo mínimo es esbozar una mueca despistada, sortear las fieras miradas de estas progenitoras (Padres de este país, ¿acaso no es tarea vuestra velar por el aprendizaje de vuestros vástagos? No os escondáis, sé que haberlos, haylos) y esconderse tras la estantería donde se ubican los álbumes ilustrados. Una vez allí, hay que buscar el lomo desconocido de algún volumen y, una vez hallado, abrirlo y toparte con los versos de un cubano que otrora fuera compañero tuyo de ponencias allá, a lo lejos, por estas tierras de queso y vino.
Así que, para esas madres desbocadas, van dedicados estos versos tan lluviosos de Aldo Javier Méndez que encontré hace unos días mientras ellas permanecían hipnotizadas por los libros de texto.
¿A qué sabe la lluvia
cuando te besa?
Sabe a menta, a naranja,
a limón y a fresa.

¿Por qué lo sabes?
¿Tú la has besado?
¿Acaso crees que
me has engañado?

No te engaño, la miro
y la beso y la siento
y tiene los sabores
que yo me invento.

Aldo Javier Méndez Camacho
Versos para leer con paraguas.
Ilustraciones de Mariela de la Puebla
2009. Alcala La Real: M1C

jueves, 24 de septiembre de 2009

Defectos y virtudes


Para los políticamente correctos.
Para los trabajadores sociales.
Para los asociacionistas.
Para los activistas.
Para Rafa.

Soy deslenguado, impertinente y un poco cabezón. Prejuicioso también (eso no lo he dicho yo, pero tomé nota en su día y aquí se lo transmito). Aunque tengo mis días, generalmente me muevo entre la ironía y el descaro, dos armas bastante necesarias en este mundo de altibajos. Haciendo caso de mi venerado Mark Twain, proclamo mi risa, esa que sigue especializada en devolver caricaturas de mí mismo... y de los demás.
No todo queda ahí. No.
Me parieron disonante, hartizo e inconsecuente, aunque estos defectos los guardo para momentos mas ingratos –no es bueno desentonar en exceso-. No sé si el saber odiar puede ser tara o acierto, pero el caso es que también lo transporto en mis genes en ciertos momentos (no se recomienda abusar de lo que no sabes controlar…). Otros me creen irascible -¿será por mi transparencia?-, charlatán y soez (me creo en el deber de enviarles a mi madre, ella sabrá mejor que nadie qué método de tortura entregarles para un correcto vapuleo de mi persona).
Si se empeñan, podrían enumerar muchos más defectos de mí, cosa para la que les doy el beneplácito. Pero eso sí, les aviso de que, para más INRI, el conformismo también mora en este saco de carne y huesos al que llamo cuerpo, por lo que termino esta ristra de despropósitos afirmando que me gusta como soy. ¿Y usted? ¿Se gusta?

miércoles, 23 de septiembre de 2009

De las chanzas del amor



Algunos que beben romanticismo a diario proclamarían que el amor es el motor del mundo mientras los más realistas disentirían de modo firme y tajante. Esta vez, yo, quien siempre se lanza a la palestra, permaneceré cauto en mis afirmaciones.
Veo poco amor en el mundo que contemplo a diario. En los autobuses, en los bares, en los centros de trabajo…, veo poco cariño en lo que me rodea, ninguna hospitalidad, nula solidaridad. ¿Cómo algo que no está presente es capaz de hacer girar los engranajes de nuestra existencia? Quizá ese amor no es palpable, es un amor que subyace bajo la tristeza, la envidia, el dolor o el sufrimiento. ¿Es el amor escondido, ese que te desgarra y asola, un efecto o una causa? Piedra angular dirían muchos, mero espejismo afirmarían otros. Un servidor ya no sabe qué creer…
Cada uno cuenta la película según le va (o según querría que le fuese)…, y si no, fíjense en los protagonistas de las dos obras de hoy. De la primera ya comenté algo en cierta ocasión -más de oídas que otra cosa-, pero ahora que lo he leído puedo decirles más chismes sobre él. Un grito de amor desde el centro del mundo, del nipón Kyoichi Katayama, es un categórico libro de adolescentes para adolescentes (si atendemos a las ventas del mismo, aseguraré que la literatura juvenil está de enhorabuena ya que las editoriales y los lectores adultos parecen pirrarse por este tipo de libros aunque sean enmascarados como novelas maduras) pero, aunque el argumento está bien elegido, la lectura no cubre mis expectativas –quizá por las características de la literatura moderna japonesa, sea dicho de paso- ya que se instala en una dilatada nube de sutilidad infinita que no trasciende lo desgarrador que puede llegar a ser el final… No sé…, no deja sentirse esa empatía que esperaba del amor ideal y eterno, aunque pienso que es una sugerente recomendación para chicos con las feromonas por las nubes (Evaristo, lo siento enormemente pero desde que leí Samurai, de Hisako Matsubara, todo el amor se me queda pequeño).
El segundo título, El amor de Erika Ewald, es una pequeña lección –pese a la densidad del texto, no hay mal que por bien no venga- para todos aquellos que se ciegan de amor, viven aterrorizados por sus propios sentimientos y, finalmente, se desengañan. Como Erika Ewald, ¿quién no se ha decepcionado alguna vez?, ¿quién no ha deseado defenestrarse por desamor? Esta pequeña historia de Stefan Zweig (editorial Acantilado) debería ser lectura obligatoria para quinceañeras mojigatas y sentidas que no se detienen a pensar que el amor se esconde en cada rincón del mundo, en cada mota de polvo.

martes, 22 de septiembre de 2009

¿Escuela 2.0?


A comienzos del curso escolar toca ponerse en órbita y, sin desatender las materia a impartir, prestar atención al alumnado, no sea que en un descuido decidan comerte por los pies. Echarle el ojo a algún/a pájaro/a nunca viene mal si quieres librarte de los problemas posteriores, que bien es sabido por todos que prevenir es curar.
La marabunta del centro con el que este año que me ha tocado lidiar tiene una apariencia inofensiva en primer término. Aunque prefiero concederles el beneficio de la duda y prepararme para cuando su confianza alcance el punto álgido y no tengan miramiento en darme la dentellada. Aunque la guerra se avecina, permanezco a la expectativa mientras propino artillería pesada: dictado tras dictado los ánimos se van calmando y las endorfinas se ponen a los niveles adecuados, regulando el exceso de violencia y las ganas de molestar al vecino. Luego ya me pensaré eso de acercarlos al aula ALTHIA, que lo primero de todo es coger carrerilla en eso del leer y del escribir, asignaturas que casi ninguno aprueba holgadamente. Resultados que, curiosamente, se contraponen a los obtenidos por los alumnos en las materias de teclado y joystick, puntas de lanza de la Educación actual según el propio ministerio. Y es que, como bien dice Gabilondo, tenemos que habituarnos a la nueva Escuela, la del siglo XXI, esa Escuela 2.0 (espero que la cifra no sea la calificación que se le otorgue a la educación “made in Spain”) y ponernos a desvariar con la Play Station® hasta que el serrín nos brote de las orejas.
Además, ¿de qué hablo yo, si soy otro profesor que disfrazado de progre se dedica a poner en solfa eso de los nuevos recursos educativos? No sé para qué… ¿Alguno de mis alumnos leerá esta página web?