miércoles, 30 de septiembre de 2009

Manifiesto por la financiación de la Ciencia española


Habiendo preparado una noticia para el día de hoy y tras haber leído los titulares con los que me ha sorprendido la prensa diaria, he decidido cambiar mi discurso y dedicar las palabras de hoy a mi otro gremio, el científico.
Ante la renuncia de la dirección del CNIO por parte de Mariano Barbacid al conocer la reducción presupuestaria que ha acometido el des-gobierno de nuestra nación en materia de I+D, mi sangre se transforma en gangrena y empiezo a escupir fuego por la boca.
Con esa idea ficticia de que nuestra nación ha parido grandes personajes de letras se enmascaran con frecuencia las nulas intenciones gubernamentales (sean de estos o de otros) de impulsar la Ciencia en este país de pandereta y limosnas al por mayor.
También se escucha esa otra consigna de “¿Para qué? ¿Acaso descubren algo útil?” La Ciencia no es una carrera de fondo, sí lo es de superación personal, imaginativa, llena de escollos, de estudio y tesón. Pero para obtener resultados de peso hace falta invertir en investigación básica, la base de esta pirámide creativa. Conozco demasiados científicos frustrados, parados, casi desahuciados, que sí han puesto ilusión (¿valoran eso los miserables sueldos becados que profieren las administraciones competentes?), unas ganas que defienden este manifiesto plural, ya que el progreso se construye gracias al riesgo, a las crisis, al interés de la sociedad y a las revoluciones, bien sean científicas o de otra índole.
Creo en rebelarse, creo en hacer frente a todos esos que se hacen llamarse salvadores, cuando nos siguen condenando una y otra vez al yugo del medievo, a ser meros espectadores de nuestra decadencia. Estoy seguro de la fuerza de nuestras rebeliones que (no como la del título de hoy, un clásico juvenil de George Orwell que crítica el despotismo y el fascismo con los que se enmascara todo proceso político), a base de voluntad, y confianza en nuestra habilidades nos erigirán en una sociedad avanzada.
Y si no están dispuestos a enfrentarse al poder lascivo, ya saben, no comulguen con ideologías, en ellas vive la traición.

martes, 29 de septiembre de 2009

Cegados por los libros


Todos tenemos claro que venerar los libros puede ser un hábito contraproducente para la salud. Más todavía, si al desquiciamiento de Don Quijote o Madame Bovary añadimos la condición de personas poco recomendables (N.B.: no conozco a ningún lector inofensivo…), por lo que afirmo que los libros tienen graves efectos secundarios tras buenos atracones intelectuales –u ociosos-.
De uvas a peras, a pesar de lo muy chiflados que estemos por los libros, no viene mal eso de bajar de las nubes y del mundo literario, e ingresar en la existencia más real de la carne, el hueso y la hipoteca, porque bien es sabido que quien abandona estos lares por otros más gustosos –léanse Telecinco, Kriptón o Namec-, sufre horrores en su regreso al asfalto. Es lo que tienen los vicios, sean novelas o meta-anfetamina en cristal, y los viciosos: que evaden a uno del aburrido deambular.
Hay que vivir con los libros, no de ellos (de esta afirmación quedan exentos libreros, bibliotecarios y otros seres nacidos tras la aparición del papiro), no sea que, como el señor Mendel, Mendel el de los libros (Stefan Zweig, editorial Acantilado) necesitemos una guerra para pegarnos un batacazo de ensimismamiento editorial y suframos lo que no está escrito por no estar al loro de los acontecimientos diarios.
Aunque pensándolo detenidamente, en la historia de Mendel, los libros se vengaron doblemente. Se vengaron de él por su exceso, se vengaron de él por defecto… Y finalizo advirtiendo una vez más que no hay mayor castigo que la ignorancia, en este caso la ignorancia de quienes lo castigaron.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Donde descansan las ánimas



Aunque hay varios temas de candente actualidad que superan con creces lo siniestro del que hoy voy a hablarles (la indumentaria de las hijas de Zapatero en la recepción de Obama, el número de saraos a los que ha acudido José Miguel Fernández Sastrón en la última semana o el asombroso parecido de la madre de Leire Pajín con la concejala casamentera de Albacete), prefiero dedicar mi tiempo a ensalzar los camposantos.
Verdaderos remansos de paz, los cementerios se están ganando su merecido puesto en las guías de viaje, ya que cada vez son más los osados que dejan atrás los prejuicios y se internan en los jardines de lápidas donde descansan las ánimas. El cementerio judío de Praga, el de Roncal o el cementerio inglés de Málaga son de mis favoritos pese a que ya son dos las amistades que me han advertido sobre los camposantos polacos, alarde de exuberancia floral y sentimiento católico.



No apto para hipocondríacos, ni corazones sensibles, todo esto, lejos de sonar macabro, es una reflexión sobre la naturaleza humana, poco prolija en muestras de reconocimiento… Bien mirado, la condolencia y el respeto a la muerte, haya plañideras o no, es de los pocos ejemplos de sentida humanidad que se ven a diario, aunque un servidor estaría más contento si no nos dedicáramos a machacarnos en vida a la mínima oportunidad.
Por todo ello y, avisándoles de que el que aquí suscribe no es muy dado a dar o recibir pésames, he decidido hacer público mi dolor por la muerte del Señor Pájaro, verdadero protagonista de la historia firmada por Komako Sakaï y Kazumi Yumoto (editorial Corimbo), un álbum ilustrado que no sólo se centra en las pompas fúnebres, sino en lo que viene después: el replanteamiento de la existencia, la soledad o el reemplazo del ser querido. Si les digo la verdad, es un libro completo. Y por si fuera poco, me he enamorado de una ilustración en la que durante el entierro, las siluetas de El oso y el gato salvaje (así se titula) se dibujan en el bosque tras las cortinas del sol.



viernes, 25 de septiembre de 2009

De libros de texto y versos


Acudir a una librería durante los últimos días de septiembre es la mejor forma de sufrir un colapso nervioso y vivir aterrorizado durante el resto del curso escolar. Esas descontroladas hordas de madres que babean por conseguir este o aquel cuadernillo absolutamente necesario para que su nene/a llegue al cenit del conocimiento, desatan verdadero pavor. Después de conocer la verdad sobre la desaparición de una librera a la que tenía mucho cariño, nunca se me ocurriría rechistar ante tanto alarde de voracidad.
La estrategia para que te zarandeen lo mínimo es esbozar una mueca despistada, sortear las fieras miradas de estas progenitoras (Padres de este país, ¿acaso no es tarea vuestra velar por el aprendizaje de vuestros vástagos? No os escondáis, sé que haberlos, haylos) y esconderse tras la estantería donde se ubican los álbumes ilustrados. Una vez allí, hay que buscar el lomo desconocido de algún volumen y, una vez hallado, abrirlo y toparte con los versos de un cubano que otrora fuera compañero tuyo de ponencias allá, a lo lejos, por estas tierras de queso y vino.
Así que, para esas madres desbocadas, van dedicados estos versos tan lluviosos de Aldo Javier Méndez que encontré hace unos días mientras ellas permanecían hipnotizadas por los libros de texto.
¿A qué sabe la lluvia
cuando te besa?
Sabe a menta, a naranja,
a limón y a fresa.

¿Por qué lo sabes?
¿Tú la has besado?
¿Acaso crees que
me has engañado?

No te engaño, la miro
y la beso y la siento
y tiene los sabores
que yo me invento.

Aldo Javier Méndez Camacho
Versos para leer con paraguas.
Ilustraciones de Mariela de la Puebla
2009. Alcala La Real: M1C

jueves, 24 de septiembre de 2009

Defectos y virtudes


Para los políticamente correctos.
Para los trabajadores sociales.
Para los asociacionistas.
Para los activistas.
Para Rafa.

Soy deslenguado, impertinente y un poco cabezón. Prejuicioso también (eso no lo he dicho yo, pero tomé nota en su día y aquí se lo transmito). Aunque tengo mis días, generalmente me muevo entre la ironía y el descaro, dos armas bastante necesarias en este mundo de altibajos. Haciendo caso de mi venerado Mark Twain, proclamo mi risa, esa que sigue especializada en devolver caricaturas de mí mismo... y de los demás.
No todo queda ahí. No.
Me parieron disonante, hartizo e inconsecuente, aunque estos defectos los guardo para momentos mas ingratos –no es bueno desentonar en exceso-. No sé si el saber odiar puede ser tara o acierto, pero el caso es que también lo transporto en mis genes en ciertos momentos (no se recomienda abusar de lo que no sabes controlar…). Otros me creen irascible -¿será por mi transparencia?-, charlatán y soez (me creo en el deber de enviarles a mi madre, ella sabrá mejor que nadie qué método de tortura entregarles para un correcto vapuleo de mi persona).
Si se empeñan, podrían enumerar muchos más defectos de mí, cosa para la que les doy el beneplácito. Pero eso sí, les aviso de que, para más INRI, el conformismo también mora en este saco de carne y huesos al que llamo cuerpo, por lo que termino esta ristra de despropósitos afirmando que me gusta como soy. ¿Y usted? ¿Se gusta?

miércoles, 23 de septiembre de 2009

De las chanzas del amor



Algunos que beben romanticismo a diario proclamarían que el amor es el motor del mundo mientras los más realistas disentirían de modo firme y tajante. Esta vez, yo, quien siempre se lanza a la palestra, permaneceré cauto en mis afirmaciones.
Veo poco amor en el mundo que contemplo a diario. En los autobuses, en los bares, en los centros de trabajo…, veo poco cariño en lo que me rodea, ninguna hospitalidad, nula solidaridad. ¿Cómo algo que no está presente es capaz de hacer girar los engranajes de nuestra existencia? Quizá ese amor no es palpable, es un amor que subyace bajo la tristeza, la envidia, el dolor o el sufrimiento. ¿Es el amor escondido, ese que te desgarra y asola, un efecto o una causa? Piedra angular dirían muchos, mero espejismo afirmarían otros. Un servidor ya no sabe qué creer…
Cada uno cuenta la película según le va (o según querría que le fuese)…, y si no, fíjense en los protagonistas de las dos obras de hoy. De la primera ya comenté algo en cierta ocasión -más de oídas que otra cosa-, pero ahora que lo he leído puedo decirles más chismes sobre él. Un grito de amor desde el centro del mundo, del nipón Kyoichi Katayama, es un categórico libro de adolescentes para adolescentes (si atendemos a las ventas del mismo, aseguraré que la literatura juvenil está de enhorabuena ya que las editoriales y los lectores adultos parecen pirrarse por este tipo de libros aunque sean enmascarados como novelas maduras) pero, aunque el argumento está bien elegido, la lectura no cubre mis expectativas –quizá por las características de la literatura moderna japonesa, sea dicho de paso- ya que se instala en una dilatada nube de sutilidad infinita que no trasciende lo desgarrador que puede llegar a ser el final… No sé…, no deja sentirse esa empatía que esperaba del amor ideal y eterno, aunque pienso que es una sugerente recomendación para chicos con las feromonas por las nubes (Evaristo, lo siento enormemente pero desde que leí Samurai, de Hisako Matsubara, todo el amor se me queda pequeño).
El segundo título, El amor de Erika Ewald, es una pequeña lección –pese a la densidad del texto, no hay mal que por bien no venga- para todos aquellos que se ciegan de amor, viven aterrorizados por sus propios sentimientos y, finalmente, se desengañan. Como Erika Ewald, ¿quién no se ha decepcionado alguna vez?, ¿quién no ha deseado defenestrarse por desamor? Esta pequeña historia de Stefan Zweig (editorial Acantilado) debería ser lectura obligatoria para quinceañeras mojigatas y sentidas que no se detienen a pensar que el amor se esconde en cada rincón del mundo, en cada mota de polvo.

martes, 22 de septiembre de 2009

¿Escuela 2.0?


A comienzos del curso escolar toca ponerse en órbita y, sin desatender las materia a impartir, prestar atención al alumnado, no sea que en un descuido decidan comerte por los pies. Echarle el ojo a algún/a pájaro/a nunca viene mal si quieres librarte de los problemas posteriores, que bien es sabido por todos que prevenir es curar.
La marabunta del centro con el que este año que me ha tocado lidiar tiene una apariencia inofensiva en primer término. Aunque prefiero concederles el beneficio de la duda y prepararme para cuando su confianza alcance el punto álgido y no tengan miramiento en darme la dentellada. Aunque la guerra se avecina, permanezco a la expectativa mientras propino artillería pesada: dictado tras dictado los ánimos se van calmando y las endorfinas se ponen a los niveles adecuados, regulando el exceso de violencia y las ganas de molestar al vecino. Luego ya me pensaré eso de acercarlos al aula ALTHIA, que lo primero de todo es coger carrerilla en eso del leer y del escribir, asignaturas que casi ninguno aprueba holgadamente. Resultados que, curiosamente, se contraponen a los obtenidos por los alumnos en las materias de teclado y joystick, puntas de lanza de la Educación actual según el propio ministerio. Y es que, como bien dice Gabilondo, tenemos que habituarnos a la nueva Escuela, la del siglo XXI, esa Escuela 2.0 (espero que la cifra no sea la calificación que se le otorgue a la educación “made in Spain”) y ponernos a desvariar con la Play Station® hasta que el serrín nos brote de las orejas.
Además, ¿de qué hablo yo, si soy otro profesor que disfrazado de progre se dedica a poner en solfa eso de los nuevos recursos educativos? No sé para qué… ¿Alguno de mis alumnos leerá esta página web?

lunes, 21 de septiembre de 2009

Historias perdidas (aunque no olvidadas)


Aunque uno esté de vueltas de todo, hay idas y hay venidas… Regresar a la realidad, la vuelta al cole, el retorno a los quehaceres laborales y el retroceso a la rutina, son recorridos que no me encandilan en absoluto. A pesar de ello, cabe decir que tengo muchos diretes que contarles acerca de los días pasados, jornadas de mucho trajín y poca seriedad, sobre todo vespertina…: los clásicos viajes en los coches de choque, el tradicional atraco de la berenjena, miguelitos de los buenos y de los malos, ¿qué me ferio este año?, mira esa panda de indeseables, ¡y si no aquella otra de aziguatos!, besos por aquí, besos por allá, mi primo es capaz de beberse el caudal de Río Tajo en forma de mojito (cosa harto difícil, créanme… cómo el año que viene los aderecen con más hielo tendremos que inyectarnos ácido sulfúrico por vía intravenosa para no ser conscientes de los precios estratosféricos que han llegado a alcanzar los bocatas de guarra), me han comentado que el año que viene los adoquines que pavimentan el recinto van a ser comestibles, me ha dicho un pajarito que no me quieres saludar por lo escandalosamente guapo que estoy, perdona pero se me ha caído una lentilla en el suelo de los baños y hemos tenido que llamar a los bomberos, ¡qué fea es esa!, ¿has visto las berzas que luce la rubia de amarillo?, sois un poco cerdos, te echo de menos, saca el paraguas que me he venido en bragas...
Si me lo propusiera, sería capaz de hilar una historia de cada una de las tontunas precedentes, ya saben que poseo una ilimitada imaginación (cualidad humana que defiende el libro de hoy, Mis historias perdidas, de Xan López Domínguez -Libros del zorro rojo- a la hora de crear obras de creación literaria) para todo aquello que reciba el adjetivo “inútil”, pero supongo que con la enumeración les bastará para caer en lo desastroso de las fiestas patronales… Y en la mucha alegría que en ellas se destilan.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Feria de Albacete 2009


Cada sitio tiene lo suyo y Albacete tiene su feria, la feria (nótese el articulo determinado). Aunque con algunos detractores, raro es el albaceteño que no siente estos once días como algo de su propia existencia. Incluso en la diáspora no se desvanece ese hondo poso que deja el dar vueltas como los tontos a los redondeles del recinto ferial. Y es que, por si no lo saben, los albaceteños quieren tanto a su feria que le construyeron una casa (esto lo dijo Ismael Belmonte, poeta él, nuestro poeta), eso sí, de muy rara estructura -véase imagen superior-. No les puedo contar mucho más, excepto que estos días (del 7 al 17 de septiembre) estaré tan atareado festejando no-sé-el-qué (nadie sabe si es un sentimiento o una devoción) que tendré poco tiempo y cerebro para libros de todo tipo. Así que, ya saben, si pierden las ganas de leer, búsquenme, estaré en la plaza de Talabarteros defendiendo la alegría (no como los cantantes progres que se dedican a manipular los versos de Benedetti).

A trini

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.

Mario Benedetti.
Defensa de la alegría.
En: Antología poética.
1999. Madrid: Alianza.
Imagen: Resplandece la Feria. Emilio Peña. (Me gusta más que el cartel oficial).

jueves, 3 de septiembre de 2009

Deseos y brujerías


Juli, Tere… Para vosotras, ¡brujas!

Quisiera detener el tiempo, saltar los días, regresar al pasado, manipular las manecillas del reloj a mi antojo sin que ello suponga problema alguno.
Me gustaría volar, surcar el viento, atravesar las nubes como si de mera espuma se tratasen, olvidar la gravidez de los adultos.
Deseo conjurar la magia de antaño, la de la niñez que todo lo vuelve sencillo, casi instantáneo. Hechizar al mundo con el baile de mis manos, con los vaivenes de la sola voz.
Anhelo mezclar colores, sabores, brebajes y potajes, y darlos de beber a los insulsos mortales que viven en blanco, en la gris existencia de nuestros días. Que cambien sus sentidos, que disfruten del camino. Repartir amor en botellas de cristal, en ambarinos crisoles que, como dardos del dios Cupido, amarren los corazones esquivos.
Abandonar esta carcasa humana, tornarme bruja sabia y solitaria que, sin muchos aparejos, sin mucho ruido, sepa entender a los hombres en su largo extravío.
Hay algo en cada bruja, en cada negra alma, que esconde sueños, que esconde a un niño. Niños de risa larga, de serpenteantes movimientos, de retorcidas alas, de flaca voluntad y ademanes tercos e indecisos.
Madre, déjame ser bruja. Déjame ser bruja, te lo pido.

BIRD, Malcolm. 2000. Manual de la bruja. Madrid: Anaya. Título original The Witch’s Handbook. Ilustraciones del autor. Traducción de Tita de Uichi. Décima edición. ISBN: 84-207-3372-5.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

De grillos


Le gustaba descansar apaciblemente sobre el lecho de hojas y yerba que le habíamos preparado. Durante la tarde de aquel sábado, agosto rozaba septiembre con relámpagos y granizo. Pequeños ríos surcaban la tierra inundando todo lo que pillaban a su paso, desde hormigueros abandonados hasta pequeñas madrigueras. Madrigueras como la de aquel grillo.
Le proporcionamos un nuevo cobijo en aquella caja de cartón casi derruida por el tiempo y lo dejamos cantar durante las noches que restaban del verano. Era un grillo listo. Sabía cuando cantar. Le gustaba el bullicio de la feria septembrina, pero en cambio nos dejaba dormir en las noches frescas y tranquilas.
Si quieren saber su nombre les advierto que no lo tenía. Las costumbres del campo son muy serias en eso: sólo merecen bautizo los animales con pelo. Así que nos limitábamos a mirarlo mientras lentamente se movía buscando recovecos bajo su cama de paja y broza.
Una noche, por descuido, arrimamos la caja al quicio de la ventana y a la mañana siguiente, nada ya supimos de él. Su marcha nos dejó una sensación de lleno vacío, pues no sabíamos si había muerto o buscado nuevos territorios donde excavar otro hogar. Aun así, escuchábamos a la noche, para entre sus ruidos, buscar aquel que perteneciera a nuestro pequeño amigo.

Carle, Eric. 2003. El grillo silencioso. Madrid: Kókinos.

martes, 1 de septiembre de 2009

Sobre las miserias de las redes sociales


Llevo todo el verano dándole al coco sobre cierto asunto peliagudo, pero harto de no hallar respuesta, les paso la patata caliente a ustedes: entre el Facebook o el Tuenti, ¿con cuál se quedarían?
He comprobado que el Tuenti es maravilloso para acelerar las rupturas amorosas y que el Facebook es una plataforma de gran alcance: uno puede estar bien empapado de los churros que se comen ciertas conocidas o del estado de la barriga del novio de la prima del cuñado de la amiga del que fue vecino de mi tía la de Elda, temas ambos muy interesantes, sin dudarlo.
Tampoco podemos olvidarnos de los amores repentinos, de los superficiales, de los equivocados, de los inolvidables, de los meramente sexuales, de los imaginarios, de los inesperados ni de los de conveniencia.
Por último, si tuviera que ensalzar alguna cualidad de ambas redes sociales es que, habiendo sido ideadas para permitir una comunicación más fluida y barata entre sus usuarios, son capaces de incrementar el gasto en telefonía móvil de todos aquellos supeditados a su alcance: “Tia as vist cm s le v l sugtadr a la Fanny n la fot dl feisbuk?”. ¿Serán acaso un invento de Movistar, Vodafone, Orange o Yoigo para hacerle frente a esta crisis que tanto se está cebando con ellos?
Esperando que esta fiebre pasajera llegue a su fin (inventarán otra cosa, estoy seguro…), les dejo con el último “Premio Barco de Vapor”, una obra de Care Santos titulada Se vende mamá que con alegría y algún chiste le da utilidad a esto de Internet... Esperemos que muchos no tomen nota...

lunes, 31 de agosto de 2009

Volver...


Se hace extraño terminar las vacaciones así… Un lunes, tras dos meses de vacaciones, no es forma de cambiar de hábitos, de costumbres. Pese a ello hay que regresar a la actividad, a la rutina, una buena manera de hacerle frente a diversas tontunas que llenan mi materia gris desde hace unos días.
Y aunque la incertidumbre me embriague (lo hace todos los años por estas fechas de cambios) el estar frente a un nuevo destino de laboro, los caminos que hacia allí me lleven, alumnos desconocidos y unos nuevos compañeros, es preferible mantener la mente ocupada en nuevas metas y recorridos, que no hacerla divagar sobre los inútiles meandros de la vida.
Para ello, y como corresponde a un profesorcete como el que aquí suscribe, no hay mejor modo de entrar en harina que con un libro de pupitres y novatadas, de profesores inexpertos y otros más duchos en las malas artes del embauco y la política, en definitiva, con un libro donde la enseñanza y la existencia se unen de la mano, Botchan.
En esta obra canónica -pese a dudas y chanzas- de obligada lectura e icono de la literatura moderna nipona, Natsume Soseki narra las experiencias de un docente (él mismo puesto que en cierto modo es autobiográfica) que es destinado a un instituto de educación secundaria provinciano.
Aunque con lenguaje sencillo, casi de corte juvenil, sus páginas encierran el curioso descubrimiento que el ingenuo protagonista hace de la naturaleza humana. A base de humor, descaro, sorna y alguna quijotada, Botchan desmenuza las prioridades, bajezas y ambiciones de los que le rodean, es decir, sus compañeros de claustro, un elenco -les advierto- muy real de lo que un centro educativo (o cualquier lugar de trabajo) puede albergar. No la desestimen, seguramente descubran en su lectura a alguien cercano… Y de paso logren reírse sin miramiento alguno.

jueves, 27 de agosto de 2009

Una historia cualquiera...


Y como la última categoría del I Certamen “Librografía”, la dedicada al cómic, no tuvo aspirante alguno, me toca elaborar una reseña, así que allá voy… (aviso que nunca sería ganadora y se realiza por el mero hecho de invitarles a leer una obra de cierta calidad):

Aunque hace bastante tiempo me quejaba -sin llantos, que conste- de lo proclive que es el mundo literario a explotar las miserias de los genocidios como excusa argumental, sobre todo en esta Europa de dimes y diretes (Viejo Mundo, olla a presión), se agradecen historias que no caen en el cliché lacrimógeno y nos permiten cavilar más de la cuenta.
Nadie imaginaría al ver las caras infantiles que ilustran la portada de 1928, Una historia de Hamburgo, que encierra una intrincada relación en la que tres excombatientes en la I Guerra Mundial vuelven a enlazar sus vidas a tenor de los acontecimientos que desencadenan la II Guerra Mundial (Hitler ¿recuerdan?).
Más que una gran narración, Matz Mainka desgrana un paseo cotidiano por una ciudad alemana de principios del siglo XX que, en trazos de negra tinta, esconde sensaciones en cada esquina y hurga en el eterno dilema ético y moral, consiguiendo no dejar indiferente al lector.
A veces pienso en el individualismo como si se tratase de un cáustico aceite que nos permite flotar, sobrevivir. Otras, desecho esa idea y dejo paso a otra más fraternal, colectiva, que nos aupa a sentirnos parte de un mismo proyecto. Esta vez, recomendando 1928, Una historia de Hamburgo, prefiero decir que solo o acompañado, el hombre forma parte de la misma y terrible belleza, la suya propia.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Palabras mágicas en la "Selección Poética de Miguel de Unamuno"


La extraordinaria poesía infantil de Miguel de Unamuno (1864-1936), crea un mundo didáctico, con un interesante juego de ideas, palabras, letras, más el encuentro con la naturaleza. En la obra El grillo asierra la siesta, en los versos se halla la sonoridad por esa continua onomatopeya, los usos de las “rr”, permite ver al grillo emocionarse prolongando su pertinaz canto; por otro lado, la letra “ll”, no se quedaría apartada en los leves rasgos que intenta espigar y emerger en el laberinto de las fúlgidas ideas. El juego de estas letras “rr” y “ll” se dirigen a observar sus pasos reiterativos, la una, se arrastra entre tarea y tarea, y no deja de ser la que “asierra”; pero las otras, agigantadas, imponen sus nombres “pillo”, “pillín”. Los adjetivos no descansan, se pasan animando dudas: entre poco, mucho, oscuro, puro y crean su primer epíteto “sol puro”; un sol que en todo su resplandor no ha perdido la cordura sigue siendo sencilla y cristalina. Todo el texto es un conjunto, se encuentra animado por sustantivos, adjetivos, verbos y otras palabras variables e invariables. Con “su cri cri cri aserrín/aserrán” una línea de ritmos y figuras; el grillo reitera su alegría y mediante el encabalgamiento, la producción del remedo, no cesa de ser ese sonido en movimiento. En el poema, el autor ha personificado al grillo dejándolo en un ambiente cálido. Miguel de Unamuno se aparta de las palabras turbulentas, y deja en su mágica antología de poemas que fluyan las ideas hasta convertirse en un lector apasionado.

Autor de la reseña: Pablo Rafael Idrovo Recalde. Quito (Ecuador).

martes, 25 de agosto de 2009

El capote



“EL CAPOTE” de Nikolái Gógol. Ilustraciones de Noemí Villamuza. Nórdica Libros: noviembre de 2008.

Un pequeño tesoro se hace grande cuando quien lo toca y lo retiene posee un alma humilde. Akaki, en este relato, es esa alma humilde cuya paupérrima vida da un giro por el simple hecho de verse obligado a encargar un capote nuevo, que ha de sustituir a su ‘casi transparente’ capote viejo.
En su insignificancia y pobreza, la simple perspectiva de poseer algo nuevo y bello hace sentir a nuestro protagonista como un hombre animado, decidido y acompañado. A pesar de que su ansiado tesoro vaya a ser de tela común, y vaya a ser adornado con piel de gato y no de marta; el capote es para nuestro antihéroe del ‘material del que están hechos los sueños’.
Para llegar a alcanzarlo, Akaki desarrolla toda una pequeña estrategia, busca mil veces alternativas, y ahorra de las formas más peregrinas: incluso saltando por las baldosas para no gastar las suelas de sus zapatos.
Gógol relata esta pequeña historia con tanta ironía: que nos arranca una sonrisa; con tanto descaro: que dejamos que conduzca la historia hacia donde desee; con tanta libertad: que no nos extraña que deliberadamente sea impreciso en sus descripciones, e incluso crítico con otros escritores que creen en la omnisciencia del narrador.
Y aunque Gógol es irónico, fresco y libre; su mensaje es desgarrador: ‘Cuánta inhumanidad hay en el hombre, cuánta grosera ferocidad se ocultan en los modelos más refinados e irreprochables …”; y nuestro héroe no tiene otro destino que el de ser vapuleado primero por sus congéneres, y después por un ‘personaje importante’ que le sume aún más en la desgracia, sólo vengada gracias al libre albedrío de su creador.
Noemí Villamuza subraya con sus ilustraciones la pequeñez física de Akaki y su carácter apocado. Así como la veneración de nuestro héroe por el único objetivo de su vida antes de encargar su capote: copiar con buena letra aquello que escriben otros. Noemí nos permite también admirar la arquitectura sanpetersburguesa, rica y refinada, cuya cúspide sólo llega a alcanzar, efímeramente, Akaki portando su capote nuevo.
Y nuestro pequeño tesoro será abrir este libro, y dejad que acaricie nuestro intelecto, nuestros ojos y nuestros dedos. Sin siquiera la ambición de poseerlo, sino de disfrutar del material del que están hechos los sueños.
Autora de la reseña: Miriam Abad Peña. Madrid (España).

lunes, 24 de agosto de 2009

Las plumas del dragón


Ni bien se leen los primeros párrafos de Las plumas del dragón, de Arnica Esterl, se percibe que nos hallamos ante un relato maravilloso de corte tradicional que, en su desarrollo, cumple con varias de las funciones señaladas por Propp en su estudio sobre el género.
Un joven leñador, para poder concretar su amor con la bella hija del rico posadero, debe partir para superar la prueba señalada por éste: conseguir las tres plumas de oro del dragón que dan título del cuento; el posadero confía en que su pedido ponga punto final al romance, seguro de que el dragón habrá de devorar al pretendiente cuando intente apropiarse de lo solicitado.
Durante su viaje, el enamorado se topará con un padre afligido por la enfermedad de su hija, un grupo de personas que se lamentan porque un manzano que solía brindarles frutos de oro ya no lo hace, un viejo barquero condenado a cruzar eternamente con su bote de un lado a otro del río... Todos esperan que el dragón posea la respuesta para sus males, y a todos el leñador promete buscarla.
Ya en el castillo de la fiera, recibirá la ayuda de su mujer, “una dama dulce y generosa”, según la define el relato. Finalmente, el joven regresará a casa con las plumas de oro y las respuestas prometidas, dando solución a los problemas de todos y permitiendo el final feliz que es ley en este género. No hay sorpresas ni vueltas de tuerca que señalen la historia como algo destacable, o fuera de serie. Si esto fuera todo, Las plumas del dragón sería solo otro grato cuento maravilloso, y nada más.
Lo que lo hace notable en la edición del Fondo de Cultura Económica y maravilla a niños y adultos por igual, son las excepcionales ilustraciones de Olga Dugina y Andrej Dugin.
Verdaderas obras de arte, dignas de minuciosa atención, que permiten rastrear influencias como la de El Bosco, una de las más evidentes; polisémicas, es decir, abiertas a múltiples significados, juegan con una riquísima simbología que trasciende el contenido del cuento que las incluye. Sin duda, estas lecturas extra no estarán al alcance de los niños, pero eso no impedirá que disfruten de las coloridas imágenes que completan el texto; por otra parte, ellas logran que este libro se constituya en objeto de deseo de cualquier adulto interesado en el arte, la Literatura Infantil y juvenil, y que sepa valorar en su justa medida la propuesta del Fondo de Cultura; una editorial que, año tras año, y volumen tras volumen, demuestra su respeto por el género y por sus destinatarios, a través de ediciones cuidadas, bellísimas, que van más allá del puro interés comercial. Cabe aplaudir la actitud de la empresa y, en particular, de Daniel Goldin, coordinador de la colección.Invito a emprender la búsqueda de estas Plumas de Dragón, un verdadero tesoro rebosante de magia, que no ofrece otro peligro que el de enamorarse para siempre de sus maravillosos ilustradores y de libros tan preciosos como éste.

Las plumas del dragón. Texto: Arnica Esterl - Ilustraciones: Olga Dugina – Andrej Dugin
Colección Los especiales de A la orilla del viento, Fondo de Cultura Económica, 2001. México.

Autora de la reseña: Olga Appiani de Linares. Buenos Aires (Argentina)

viernes, 21 de agosto de 2009

Dictamen del I Certamen de Reseñas de LIJ "Librografía"


Finalizado el plazo de presentación de los trabajos aspirantes y habiendo recibido un total de cuatro trabajos, de los cuales uno queda desestimado por no estar sujeto a las bases del certamen, publicadas estas en el blog “Donde viven los monstruos: Literatura Infantil y Juvenil” http://romanba1.blogspot.com/, se remiten los tres restantes, uno por la categoría de álbum ilustrado, otro por la categoría de novela y el último por la de poesía, a los diferentes miembros del jurado para su valoración y posterior dictamen.

Tras leer, considerar y valorar los trabajos aspirantes, el jurado del I Certamen de Reseñas de Literatura Infantil y Juvenil “Librografía”, constituido por Dña. Fátima Fernéndez Méndez, Dña. Concepción Jiménez Fernández, Dña. Beatriz Oses García y D. José Rovira Collado, ejerciendo como secretario D. Román Belmonte Andújar, decide:

Declarar desierto dicho certamen en cada una de sus categorías.

Pese a ello, y sin que sirva de precedente, el jurado, a instancias de la organización de este certamen, decide que los tres trabajos aspirantes sean publicados en el blog “Donde viven los monstruos: Literatura Infantil y Juvenil” http://romanba1.blogspot.com/, para agradecer su esfuerzo y participación en la primera edición de un certamen que sin ayuda institucional, sin publicidad y sin grandes premios, pretende aupar la crítica de obras de creación para el público infantil y juvenil.

Por último, si los autores participantes desean información sobre su trabajo, así como otros aspectos que pueden mejorarlo, tanto el jurado, como la organización creen oportuno hacérselos llegar. Para ello deberán dirigirse a la dirección de correo electrónico librografia@yahoo.es y solicitarla de manera formal.

En Albacete, a día 21 de Agosto del año 2009.

jueves, 20 de agosto de 2009

Seguimos en el agua...


Siguiendo con la tónica de ayer, continuaremos vagando por el agua, ¡que ojalá fuese salada!...
No recuerdo haberles contado que los manchegos adoramos contemplar el mar (y si lo he hecho, lo vuelvo a hacer… es una de esas cosas que me encanta narrar). Siempre he creído que las vastas llanuras que nos rodean podrían hermanarnos con los marineros del azul horizonte, sólo que éste, el nuestro, es de terruño y gasón.
Me comentaba cierto conocido que lo que más añoraba de su Cádiz natal era el rumor de las olas, los paseos por la arena. Algo parecido nos ocurre a nosotros cuando pasamos un tiempo entre cumbres y colinas. Encerrados entre picos escarpados surge esa necesidad de vislumbrar la línea completamente horizontal que separa el cielo de la tierra. Y no crean que en mi océano no hay olas. Las hay. Sólo que no están echas del líquido elemento, sino de cebada y hojas de vid, del tremolar de las espigas. Lo malo de estas ondas es que no permiten flotar, no permiten viajar a la deriva… Así, flotando, llega la recomendación de hoy, un álbum ilustrado de David Wiesner que, aunque sin muchas pretensiones y como mero entretenimiento -a veces hay que disfrutar de libros como estos… se lo digo yo…-, encierra buenas historias, bucólicas imágenes que, a modo de juego se internan en el pasado, en la fantasía y en lo profundo de los mares.
Una última apreciación. Cuando lean Flotante, nunca olvidarán la cámara de fotos en casa… Pueden perderse recuerdos de gran valor.

Banda sonora original: Giorni dispari. Ludovico Einaudi.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Acuático


Teniendo en cuenta que el kilometraje de estas vacaciones ha sido escaso y pese a que menearse del sofá a la cama y de la cama al sofá es todo un ejercicio de éxtasis estática, es necesario realizar un desplazamiento mayor para realizar lo que los físicos llaman “trabajo” para así lograr quemar esa capa de grasa que albergamos bajo la dermis.
Al abrigo de las anteriores consideraciones, durante el transcurso de estas vacaciones, ni corto, ni perezoso, me he convertido en un excelente nadador. No crean que el mérito es sólo mío. No. En esta metamorfosis intervienen dispares elementos que a continuación enumero: Marian, mi excelente monitora de natación, Marifé, amiga -no tan excelente como la anterior…, ja, ja, ja- y compañera de piscina, el baratísimo abono del IMD de mi ciudad (dieciocho euros durante un mes, sin limite de baños… lo sé, algunos no dais crédito…) y el hartazgo que suponía que me confundieran con una morsa -ésta va por ti, pedazo de cabrón- (ríanse, les dejo).
Parecerá un tópico, pero cuando uno descubre que es capaz de nadar veinte largos seguidos en una piscina olímpica a diario -y apunto: sin vomitar, ni sufrir paros cardiacos-, se es más capaz, ligero y feliz.
Les aviso que espero continuar con esta afición tan repentina al tiempo que se la recomiendo. Es preferible adelgazar así que no acudir al Naturhouse® para que te desplumen como a un gallino y al cabo de un mes pilles más quilos que Cuqui Fierro.
Y como hoy me siento acuático, no cabría otra opción que refrescarles el día con un libro pasado por agua como por ejemplo uno que, gracias a los pequeños lectores y eso de la educación en valores, ha tenido más secuelas que Rocky. El pez Arcoiris, obra de Marcus Pfister es una fábula marina sobre la solidaridad que supongo que todos conocerán. Y si no es así, léanla y refrésquense.

martes, 18 de agosto de 2009

Regaliz y otras galguerías


Es sabido por mucha gente que el habla de esta tierra, la mía, es algo particular, sobre todo ahora que ciertos paisanos humoristas -hay que añadir que con poca imaginación- se están haciendo de oro a cuesta de un puñado de palabros que forman parte del bagaje cultural manchego. Aunque “gobanilla”, “gatete” y “bonico” ya fueran recogidos por Jose S. Serna en su Como habla La Mancha (Diccionario manchego) allá por el año 1974, en lo últimos años y gracias a la introdución anglosajona y el lenguaje publicitario al que estamos sometidos, sobre todo la tercera edad, se han inventado algunos más como “danón” o “caldofrán”.
Si un día me dieran a elegir una palabra de entre todas éstas, cogería una que me trae muchos recuerdos: “galguería”… Eran las tres y cuarto de la tarde y decenas de salvajes nos arremolinábamos en la puerta de la papelería que separaba la calle del Muelle con la de Cervantes. Unos la llamaban “La GA”, en honor al luminoso de la imprenta que la precedía, y otros “Serafín”, el nombre de su propietario. Allí nos hinchábamos a galguerías de todos los colores, formas y precios…, galguerías de a peseta, tres un duro, cinco o diez (las más cotizadas). También cabe decir que, excepto las pipas, los quicos y los gusanitos, el resto compartían el sabor dulce. Y si a uno no le sobraba el duro de rigor al comprar la cartilla de caligrafía “Rubio” o la regla que Doña Berta nos había pedido, siempre había otro que compartía con ganas y simpatía alguna de sus galguerías con el uno más desafortunado.
Los niños de mi barrio ya no comen galguerías. Entre otras cosas porque prefieren llamarlas “chuches” (muy feo y cursi), tampoco son muchos los que se animan a compartirlas, y menos todavía los que se atreven a ir a comprarlas ellos solos.
El tiempo pasa, las palabras cambian y los hombres envejecemos. Sólo espero que, llegado el momento, cuando esto se acabe y llegue a ese sitio que algunos dicen que existe, los que compartieron conmigo sus galguerías y los que probaron las mías, me reconozcan por lo que siempre llevaba en la boca durante esos días: una barra de regaliz.

Van Ommen, Sylvia. 2005. Regaliz. Madrid: Kókinos.

lunes, 17 de agosto de 2009

Perros y estrellas




Hoy hace un año que nos conocemos. También un año desde que fundamos nuestra particular sociedad secreta. Susurrándonos verdades, inventando correrías. Como Joel y Ture. Lo único que nos diferencia de éstos es que yo jamás te obligaría a trepar a lo alto de un puente o acercar la lengua al congelado acero por mera diversión. Y, aunque no hemos conocido a ningún Papá Samuel y nuestra madre no haya sido un mascarón de proa, tenemos otras historias que contar, si es que alguien se atreviese a oírlas…
Como Simón Tempestad, te he acompañado cien veces a gritar tu nombre en el Lago de los Cuatro Vientos. Ya sabes que se pueden alejar las penas cantando, que se pueden alejar los recuerdos horribles silbando de manera que ya no se atrevan a volver…, aunque seas demasiado terco para hacer la prueba.
Ya sabes que somos monstruos que, como Gertrud la Sin Nariz, como el propio Joel, necesitamos barnizar groselleros para estar cerca de otros iguales, para darnos cuenta de que la soledad es un lastre pasajero que se pierde con una simple sonrisa.
Y este lunes, trescientos sesenta y cinco días después y tras leerme el primer libro que me has recomendado, te pregunto, ¿alguna vez iremos a Suecia y daremos alcance a ese perro que corre hacia una estrella lejana?

Mankel, Henning. 2000. El perro que corría hacia una estrella. Madrid: Siruela.

viernes, 14 de agosto de 2009

Animales mitológicos




No está. Pero es hermoso.
Nunca fue. Pero existe.
Pasa como una sombra.
Como una lumbre vive.

Galopa por mis ojos
y no lo veo, ríe
cuando llora, relincha
dulcísimo y terrible.

Blanco. Luna en la nieve.
Gota de armiño. Cisne.
Cal en la cal. Relámpagos
sus patas y sus crines.

Rinocorcel esclavo.
Caballeronte libre.
Unicornio: fantasma
posible e imposible.

Carlos Murciano.
El unicornio.
En: Letras para armar poemas. Antología de poesía.
Selleción de Ana Pelegrín
2000. Madrid: Alfaguara.

jueves, 13 de agosto de 2009

Una selva en el asfalto


Desde que dejé la adolescencia –eso espero, haberla dejado- me prometí no recolectar ni guardar más que lo necesario. Todavía no entiendo ese impulso primario que, como urracas, nos mueve a coleccionar lo menos pensado. Mecheros, llaveros, discos de vinilo, sellos, muñecas de porcelana o dedales, cualquier objeto que adopte mil formas y colores es susceptible de verse confinado en una vitrina o, en el peor de los casos, en una caja de zapatos donde las polillas pueden hacer su agosto.
Les he de confesar que un servidor tiene un síndrome de Diógenes un tanto particular… Además de libros –típica rareza entre los seres humanos-, también colecciono plantas. Lo más normal es que si lo hiciera con éstas bien prensaditas y colocadas en pliegos de papel de estraza, ocuparían el mínimo espacio posible, pero la manía que tengo es la de mantenerlas vivas, y eso, además de gasto añadido, implica un espacio considerable… Cogiendo esquejes de aquí y allí, pedigüeñeando a esta o aquella vecina, que si Doña Pilar me regala unos cactus, La Ascen aloes, o comprando alguna que otra, he conseguido recrear ese pedazo de selva amazónica donde nació el marsupilami. ¿Qué no conocen a este bello engendro del cómic? ¡Me enfadaré como no pongan pies en polvorosa hacia alguna biblioteca y disfruten de cualquier historia protagonizada por los buenos de Spirou y Fantasio!
Y sobre mi vergel, me pregunto ¿resistirá el frío invierno albaceteño? Ya veremos… A veces nos empeñamos en vano, en traer las imágenes de los libros a nuestra realidad…

miércoles, 12 de agosto de 2009

¿Todos iguales...?


Hay algo en el ser humano que no logro descifrar. Casi contradictorio. A menudo pienso en lo extremo de nuestra especie, capaz de virar el rumbo de sus hechos en el instante en el que una mariposa mueve sus alas… ¿Serán alucinaciones absurdas? Quizá sea así, quizá no…
Con frecuencia se afirma que todo ser humano expuesto a riesgos extremos desarrolla recursos desconocidos hasta el momento para él, véanse como ejemplo el asesinato de un vástago, la pérdida del hogar o una enfermedad para la que no existe cura, situaciones todas ellas nada deseables. Probablemente sea esta cualidad y no otra la que nos une a todos en descuidada armonía, lejos de rasgos físicos, formas de subsistencia o éste o aquel modelo de teléfono móvil. Si hay algo que nos hace iguales es nuestra respuesta ante lo inesperado.
Con completa seguridad a muchos disguste esta reflexión, sobre todo a aquellos que pretenden una sólida unión sin peros ni prejuicios, pero les recuerdo, no sin tristeza –lo cortés no quita lo valiente- que es la violenta lucha por la existencia –propia y genética- (no vean en estas afirmaciones atisbo alguno de eugenesia), lo que desata nuestra primaria naturaleza, la que nos hace hombres.
Y esperando que la maravillosa vida derrumbe estos pensamientos, les dejo con un título que ha sido muy señalado en los espacios dedicados a la LIJ, Los de arriba y los de abajo (editorial Kalandraka), una declaración de principios por parte de Paloma Valdivia, que, con gran sencillez y alguna que otra simbología, traza una perspectiva algo parecida a la que yo he expuesto, eso sí, más optimista y más pedagógica. Y es que todos somos iguales vengamos de arriba, vengamos de abajo… ¿o no?
Hoy sin banda sonora original.