lunes, 16 de octubre de 2017

La manzana, ese fruto mágico


Lo de octubre y las manzanas es una gran historia de amor que comienza con el “Apfelstrudel”. Sin duda es uno de mis postres invernales favoritos. No sé que tiene este típico pastel alemán que me vuelve loco, esa mezcla de hojaldre, manzana asada con un toque de canela y crema de vainilla caliente me derrite las papilas gustativas. Una delicia de la que, si quieren, puedo enviarles la receta ¡facilísima y más que agradecida si organizan alguna cena familiar o con amigos). Lo cierto es que si me pusieran estas tres cosas por separado, creo que rehusaría las tres, pero esta combinación tiene un atractivo especial para mi paladar.


Sin duda, la manzana es una de las frutas más comunes en la Europa de las estaciones (limítense al norte cuando se refieran a nuestras latitudes hispánicas). Con un invierno riguroso y un verano templado, la crianza de este arbolito (género Malus, para “freaks” y botánicos) se hace extensiva. Si a ello añadimos que es muy duradera, este pomo adquiere mucha importancia en nuestras mesas. Además de formar parte de la dieta como integrante de macedonias, asados, ensaladas, es la materia prima para elaborar compotas, aguardientes y sidras (¡Qué rica la del Cortijo de la Mata!). Su dulzor y acidez la hacen buena compañera de otros productos gastronómico y, si recuerdan ese dicho inglés (“One apple a day keeps the doctor away”), la manzana es mejor que buena compañera.


Todo ello nos lleva a que los manzanos y sus frutos tengan mucho protagonismo en nuestra cultura. Por culpa de una manzana dorada que la diosa Eris destinó a la más bella, comenzó la guerra de Troya. Recuerden que el Árbol del Bien y del Mal bíblico se suele representar en la iconografía como un manzano, y que Eva, tentada por la serpiente, instó a Adán a comer de su fruto, y así es como, tras atragantarse con dicho bocado se le dio su nómbre a la glotis masculina en recuerdo de su destierro y eterno pecado. Los manzanos aparecen en muchísimos cuentos, sobre todo en aquellos de la tradición centroeuropea, es por ello que Blancanieves fue envenenada con una manzana por su odiosa madrastra en vez de con una naranja. También adquiere relevancia en otros cuentos recopilados por los Hermanos Grimm como El pozo mágico y La doncella sin manos.


Y así llegamos al libro de hoy, Los tres manzanos de Gerhard Oberländer (Niño Editor), otra historia donde los manzanos tienen mucho que decir... Aunque es de esos álbumes de rígida apariencia (portada negra sobre la que descansan tres manzanas de diferente color) entraña una parábola muy hermosa en la que el tiempo y el azar son dos avatares que van modelando la vida. Aunque el autor se decanta por tres manzanos como protagonistas, bien podrían haber sido tres animales o tres personas. La cuestión es que ambos caminan juntos, los días pasan y cada uno adopta un papel en el huerto que habitan para que, finalmente, sea el rasero del tiempo que, como la mano de un verdugo, no tiembla a la hora de impartir justicia.


viernes, 13 de octubre de 2017

Gatos chaqueteros


Lo de que los gatos se parecen a sus amos es algo bien cierto, pero también lo es que hay gatos que van por libre y hacen de su capa un sayo. Me gustan los gatos gandules, los libertinos y hasta los zalameros, pero con los que no puedo, es con los chaqueteros. Lo mío es la gente con las cosas claras no de los que se escudan en el "donde dije digo digo Diego". No sé porqué los veletas siempre me han inspirado cierta rabia y repugnancia (su lema: todo sea por el mangoneo y la pasta). He aquí uno, que por cierto me recuerda a cierto personaje de actualidad...

Rum Tum Tugger: no hay un gato como él.
Dale un faisán, te pedirá una gallina.
Si estás en casa quiere irse a un hotel.
Si va al hotel añora a las vecinas.
Ofrécele un ratón, querrá una rata.
Dale una rata, quiere un ratoncillo.
Rum Tum Tugger: no es un gato sencillo.
Pero reñirle no podré,
pues siempre hará
lo que quiera sin más.
Y contra eso qué se puede hacer.
[...]

T. S. Eliot.
Rum Tum Tugger.
En: El libro de los gatos sensatos de la vieja zarigüeya.
Ilustraciones de Edward Gorey.
2017. Madrid: Nórdica Libros.


miércoles, 11 de octubre de 2017

La necesaria sencillez que nos rodea


No estamos acostumbrados a ver el mundo como se supone que deberíamos. Bien porque nuestro orden altera las percepciones que sencillamente no llegan, bien porque otros se encargan de que prestemos atención a lo que no importa, o bien porque vivimos muy atentos en el yo-mi-me-conmigo, hemos perdido esa capacidad de sorprendernos con lo que nos rodea.
No crean que es una realidad exclusiva de los adultos. No. Cada vez veo más niños que viven en un mundo ficticio que poco tiene que ver consigo mismos. La pérdida de curiosidad, esa que insta a quehaceres cotidianos como abrir cajones, tocar la nieve, acariciar un perro o probar el agua del mar, se hace cada vez más patente en nuestros niños y jóvenes.


Muchos lo achacan a que los niños no se crían como antes, han dejado de estar en el mundo para vivir es jaulas de oro, en algunos casos urnas de metacrilato donde su interacción con el mundo se limita a lo permitido por unos progenitores (y sociedad) sobre-protectores. Otros tantos hacen distinciones entre diferentes entornos educativos y de crianza (Mire usté, no es lo mismo ver los pollos pelados y destripados sobre una bandeja de poliestireno, que criarlos y hacerles el cuello uno mismo). Y los menos (quizá los más acertados) aseveran que, preocupados por crear generaciones perfectas, nos estamos olvidando de que todos, incluidos los niños, pertenecemos a un mundo imperfecto y ya son viejos desde que nacen.


Yo, con mis estudios de campo, les diré que lo del hiper-paternalismo tiene mucho que ver, sobre todo en lo que se refiere a padres preocupados por ser buenos padres (¿eso existe?) y aparentarlo (signos de distinción social al canto). Sobre la dicotomía pueblo-ciudad no sé qué decirles... Llevo más de doce años de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad y la verdad es que, lo que otrora era un entorno diferenciador palpable, ahora se ha diluido gracias a lo que llamamos la aldea global, una abanderada por las redes sociales, la televisión y los móviles. Y sobre los aspirantes a que la felicidad desborde a toda su familia (¡Qué miedo me dan estas cosas...!), les podría dar numerosos ejemplos, pero me quedo con aquello de “Todas las familias felices se parecen entre sí; las infelices son desgraciadas en su propia manera.” y que cada uno extraiga sus propias conclusiones.


¡Madres y padres del mundo! ¡Escuchadme! Dejad a vuestros hijos jugar en paz. Que salten sobre los charcos, que se rebocen en el barro, que peleen y se rompan el brazo. Que saboreen la nieve, que se rompan algún diente, que se escondan tras los árboles, que aprendan a pedir un helado, que vayan a un campamento de verano, que coman puré de patatas y pastel de verduras, que es muy sano. A mirar las estrellas y también alejarse los barcos. Que lean libros prohibidos, que duerman a la intemperie y que los mosquitos se hagan un banquete con ellos en las noches de verano.


Y si ni aún rogándoselo me hacen caso, no se les ocurra darles el libro de hoy, porque seguramente empezarán a preguntarse qué serán todas estas cosas que terminarán experimentando. Sobre todo porque Un... mundo maravilloso, un delicioso álbum de Antonio Ladrillo (Editorial Fulgencio Pimentel), les está esperando.

lunes, 9 de octubre de 2017

Poderoso caballero es Don Dinero


En cierta ocasión no-sé-quién me dijo que en las guerras contemporáneas occidentales decían poco los tiros y mucho el boikot. No recuerdo muy bien quién me lo susurró, pero empiezo a creer que tenía razón, más todavía cuando argumentaba que en un sistema capitalista como el que nos abduce tenía más sentido lo racional que lo visceral, y la gente las pasaba más canutas sufriendo la miseria prescindiendo de las comodidades y servicios que se habían erigido como imprescindibles o vitales, que desangrándose en las trincheras.


Aunque la hipótesis necesitaba cierta revisión (el ser humano tiene mucho de animal y eso de la violencia y pegar dentelladas le vuelve loco), he ido constatando con el paso de los años que los estados modernos y sus cruentas batallas se libran más en la bolsa y en los cajeros automáticos que con tanques y bombazos. No sé si será porque ya estamos más muertos que vivos y preferimos perder nuestro sitio en el mundo a satisfacer el hedonismo con muchas endorfinas, pero está claro que lo que más nos jode es la cartera aún cuando la tenemos llena.


Si atendemos a nuestras prioridades vitales, los zombis se agudizan cada vez más y como muestra unos cuantos botones. Muchos prefieren comprar una botella de aceite marca “La cabra” a olvidarse del gimnasio un mes; ¿Que mi crío tiene que hacerle una recarga al móvil? Se acabaron las frutas y verduras en esta casa; ¡Uy, este mes no hay para calzones, que nos hemos dado de alta en la tele por cable!... Y una tras otra, estas realidades nos van convenciendo de que cada día somos más gilipollas, algo que saben inversores, bancos y multinacionales. ¿Que algunos saben la forma de no caer en sus redes? Pues que me expliquen tan revolucionaria fórmula porque a día de hoy, hasta los más rojos pueden ser poco consecuentes con sus ideas y acciones. Se lo digo yo, que aun siendo conformista y austero como el que nadie, pico en el anzuelo de esas pseudo-necesidades.


Por muy “trash” y “underground” que nos creamos, por mucho que reciclemos y reutilicemos, por mucho que nos contengamos, el sistema termina por crearnos nuevas y variopintas soluciones a nuestros requerimientos para aflojarnos el bolsillo y que los ricos sean más ricos y los pobres, aunque sin un duro, nos creamos contentos.


Para que vayan pensando en una solución al respecto (confío en sus cabezas bienhechoras) aquí les dejo con dos libritos bastante interesantes. De los poquitos que tratan la cuestión económica por estos lares y que considero muy, muy necesarios ya que el niño está inmerso en el mismo sistema que cualquier adulto y necesita conocer las implicaciones que esto tiene, tanto para él, como para el resto (seguramente será de las pocas cosas verdaderamente “democráticas” que existan).


El primero es El dios dinero una serie de fragmentos extraídos de la obra de Karl Marx, Manuscritos económicos y filosóficos de 1884 acompañados por las ilustraciones del siempre simbólico e inspirador Maguma, y editado en forma de acordeón por Libros del Zorro Rojo. En él y en palabras del pensador se hallan puntos esenciales para la crítica del capitalismo imperante en el último siglo y pico y que pueden servir a niños y adultos como punto de partida para buscar soluciones.


El segundo es un álbum de Afonso Cruz que cómo no, se titula Capital. En este libro sin palabras (¡lo que me gusta a mi un libro de imágenes!) editado por Juventud, aunque igualmente crítico, me resulta bastante informativo ya que de mediante la secuencia de imágenes explica el camino de las monedas desde que salen de la hucha y sus múltiples destinos. Es decir, un flujo de dinero que, bastante realista, puede resultar ilustrativo para explicar a los niños como funcionan las finanzas, sus pros y contras.
Y sin más, les dejo, que hoy me toca ir de bancos. ¡Que Dios me asista!


viernes, 6 de octubre de 2017

Calor otoñal


Parece que el veranillo de San Miguel ha pasado a ser veranazo, porque estas temperaturas recuerdan más a julio que a octubre. Si a ello le sumamos polvareda y estiaje, la cosa no pinta muy bien para incendios forestales ni hortelanos. Así que habrá que seguir mirando el cielo y esperar que caigan chaparrones, que a este paso acabaremos escuchando a los grillos cantando villancicos...

Grilli, grilli,
buen grillito,
serruchito
musical.
Trina el trino
cantarino
de tu cuerda
de cristal.

Chirri, chirri,
chirridito
palpitante
del violín.
Tu instrumento
riega el campo
de metálico
aserrín.

Gustavo Alfredo Jácome (Ecuador).
El canto del grillo.
En: Rurrú camarón. Antología de poetas latinoamericanos.
Selección y prólogo de Ana Garralón.
Ilustraciones de Rebeca Luciani.
2017. Barcelona: Bambú (Editorial Casals).


jueves, 5 de octubre de 2017

Luz frente a las sombras


Sí, llevo una semana la mar de optimista a pesar de familiares, compañeros de trabajo, amigos y alumnos (los cuatro pilares de mi existir). Alguien tiene que serlo porque hay motivos más que suficientes para brindar por la vida y dejarse ya de tanto rencor e impostura (un ratico está bien, pero tánto, como que huele...). ¿Todo el día con ganas de gresca? No, por favor, que luego se nos pone el hígado como un pan de Los Pocicos y las vergüenzas no caben en el traje.


Nunca he logrado comprender qué razones nos llevan a la gangrena y el morro torcido. Gente malencarada y sin humor que se pasan el día deprimiendo al personal con todo tipo de excusas... El cartero, la cuñada, el frutero o el presidente de la comunidad... Parece ser que todos se han puesto de acuerdo para aupar las sombras que oscurecen este verano salido de madre. Y es que no son pocos los que gustan de envenenar a los demás simplemente por adquirir protagonismo, por el hecho de regocijarse en el mal ajeno y, de paso, disfrutar como aves de rapiña mientras la cizaña crece a sus anchas.


Lo mejor de todo es tratar de evitar que todo eso te afecte, hacer oídos sordos a habladurías y bisbiseos, y esperar a que la víbora de turno pase de largo. Y una vez salgamos ilesos de esa conjura obscena que son los necios, construir sobre las ruinas un paisaje nuevo (menos hostil, me refiero, porque la belleza, que cada cual elija la que quiera). Procuraré seguir con el cachondeo (sin ofender claro, que como bien me dijo un poeta, lo mío es marejada mezcla de blanco y negro). Así que, háganme caso, déjense de pamplinas, de advenedizos, de estercoleros, de banderas y de días enteros dimedireteando, que el tiempo, cuanto más saludable, mejor nos sienta.


Es por ello que un servidor apunta a este libro tan salao en un jueves como este... No como todos de Rob Biddulph (de la editorial valenciana Andana) es un libro muy perruno y anglosajón (N.B.: Para recordar las características que a mi juicio tienen los álbumes de este ámbito pinchen AQUÍ y AQUÍ). Seguramente a muchos no les gustará la idea (lo tacharán de comercial y mil cosas más) pero nadie puede negar que es un álbum dulce y luminoso. A pesar de su rima pegadiza y un mensaje predecible, les adelanto que es un libro brillante que luce una chispa más que adecuada. Sus elementos de simetría, la geometría de las ilustraciones, el contraste colorista de sus ilustraciones son razones muy poderosas para saltarse la dieta de intimismo y atiborrarse de buen rollo y desenfado, que hoy más que nunca, es un bien necesario.


miércoles, 4 de octubre de 2017

Hermosas canciones de ida y vuelta


Aunque algunos criterios para seleccionar libros ilustrados pueden ser más válidos que otros, uno de los que suelo barajar para apuntar hacia un álbum es la honestidad. Quizá no sea muy adecuado si queremos hablar de aspectos técnicos ya que, por muy honestos que seamos, si detrás de un libro no existe cierto bagaje profesional ni decisiones meditadas y bien resueltas, la castaña será más que pilonga.


Viene siendo una realidad que muchos creadores de LIJ prestan demasiada atención a las tendencias para dar vida a sus narraciones, ilustraciones o poemas, una reacción esperable ante un mercado cada vez más competitivo en el que no es difícil abrirse camino y donde el autor, además de supervivencia, opta muchas veces por buscar reconocimiento y aceptación entre el gran público (hay necesidades que costearse y facturas que pagar) en vez de dar rienda suelta a sus proyectos más personales. Algo que no es de extrañar ya que ser consecuente con una idea, además de muy satisfactorio, nos puede acarrear muchos problemas. Seguramente actuar conforme a lo que nos dicta la moral es harto difícil, no sólo por la valentía que destila, sino por el reto que supone, no sólo ante uno mismo, sino ante los demás, esos jueces implacables.


No obstante y aunque esta sea la tendencia más generalizada dentro de los álbumes ilustrados, siempre hay artistas que defienden a ultranza sus ideas y buscan la manera de demostrarle al mundo que no todo son colores estridentes, formas curvas y escenarios repetitivos. Es aquí donde destaca la autoedición como una forma de expresarse sin la necesidad de caer rendido a las totalitarias fauces comerciales que fagocitan cualquier cosa que no sea de su rentable agrado. Libros que nacen de un deseo personal, de una colaboración estrecha y saludable, donde cada uno se expresa de manera libre, sin poses, sin necesidad de convencer a otros, sino simplemente siendo uno mismo. Para luego, cuando la idea toma forma y el resultado es sencillamente fabuloso, aquí tenemos los libros que me encanta reseñar.


Esta es la historia de El tango de Doroteo, un libro escrito por Antón Castro, ilustrado por Javier Hernández y publicado por Libros de Ida y Vuelta, su propio sello editorial. En esta creación poética de estos dos maños de adopción protagonizada por Doroteo, un chico inquieto, luchador y enamoradizo, todo parece destacar. Desde el formato en acordeón (quizá bandoneón sería más preciso), la fábula -que podría haberse convertido en novela- sobre la migración española de ida y vuelta, la sutilidad de la narración o lo simbólico y dulce de sus ilustraciones. Todo parece impecable. 


La puesta en escena de una obra circular que puede leerse en ambos sentidos (por un lado melancólica y nostálgica, por otro tierna y esperanzadora) ofrece nuevas posibilidades al libro como objeto, como juego, no sólo por sus tapas peritextuales ni por la disrupción narrativa entre las escenas que lo forman, sino para armonizar una melodía pasajera, para imaginar esos espacios en blanco que ambos autores, uno en sus palabras y otro en sus imágenes, ofrecen al lector... En fin, no lo duden: canten y bailen a su son.


lunes, 2 de octubre de 2017

Espirales de todo tipo


Es lunes. Ayer pasaron muchas, demasiadas cosas, y como ante los sentimientos sobran los pensamientos, creo que lo más apropiado para comenzar la semana (y el mes) es hablar deeee... ¡espirales!
Se conoce como espiral a la línea curva generada en un punto que se va alejando progresivamente de él conforme gira. A pesar de confundirse frecuentemente con su prima hermana tridimensional, la hélice, es una forma plana. Aunque es difícil de creer, existen muchos tipos de espirales... Tenemos la de Fermat, la hiperbólica o la logarítmica que, aunque nos parecen la misma, varían en apertura de giro, línea y disposición espacial. Hay espirales demasiado estrictas como la de Arquímedes (estos griegos clásicos siempre tan cuadriculados...), otras muy biológicas como la espiral áurea o de Fibonacci (galaxias, borrascas, hojas de helechos y caracoles), otras dobles e incluso más juguetonas.


Apunte de Leonardo Da Vinci.

Dejando a un lado lo geométrico podríamos decir que las espirales están muy presentes en nuestras vidas, no sólo en las curvas que dibujan algunos objetos, véanse la de los regalices (¡lo que me encantaba desenrrollarlos cuando era un crío!), los mecanismos de algunos relojes, y ¡hasta el juego de la oca!, sino también en la dimensión más personal: la política se presta mucho a las espirales (muy a mi pesar), también los noviazgos y muchos matrimonios, e incluso la historia, que también suele adoptar formas espirales.


Son muchas las que han acompañado a la humanidad desde sus comienzos en sus ritos y credos. Todos, desde mayas a masones, hemos trazado ideas espirales. Unos por el simple gusto de ver como se curva la arena al paso de nuestros dedos, otros por mera superstición.. Se han encontrado montones de espirales sobre muchos monumentos funerarios megalíticos celtas, egipcios o precolombinos que hacen alusión la tríada nacimiento-muerte-renacimiento, son representaciones del sol, de la evolución o el crecimiento personal y colectivo... ¡Ups! Se me olvidaba:¡Miren el sophar judío! ¡También es una espiral!
Tampoco el arte se queda atrás a la hora de girar. Serpientes, dragones, cuerdas y laberintos adoptan esa forma enroscada en las obras de muchos autores como Salvador Dalí o el holandes Escher que aludió a las espirales en muchas de sus obras, bien por el enfoque del discurso, bien centrándose en el propio juego creativo.



Y así llegamos a Tomi Ungerer, otro genio que quizá no se informó tanto sobre estos engendros geométricos (o quizá sí, este hombre es un misterio...) cuando concibió su Caracol, ¿dónde estás?, un álbum editado por Kalandraka recientemente aunque data de 1962. Pero el caso es que a través de sus páginas he llegado a la conclusión de que este juego de buscar espirales y coincidencias en todo aquello que nos rodea es bastante satisfactorio, ¿a que sí?


viernes, 29 de septiembre de 2017

Termina septiembre


Termina septiembre, 
lo vamos dejando...

Y en las tardes amarillas 
me acuerdo callado 
del mar de otro tiempo, 
del verano lejano. 

Mecían las olas tu risa, 
tan tranquilas nos arrullaban, 
que en ese vaivén flotante, 
terminé dormido entre peces.

Termina septiembre, 
lo vamos llorando...

*     *     *

Tantos peces en el mar
como niños que se pierden
buscando playas mejores
en barcos que no sostienen.

Tantos niños en el mar
pececillos que se pierden
niña barco flotará
trayéndolos sonrientes.

Tantos miedos en el mar
tantos niñitos y peces
con la niña volverán
en su barquito de nueces.

Mar Benegas
La niña barco.
En: Las niñas o cómo suceden las cosas.
Ilustraciones de Rocío Araya.
2017. Valencia: Litera Libros.


miércoles, 27 de septiembre de 2017

El regreso de las revistas infantiles. Un vistazo.


De unos años a esta parte, los aficionados a la literatura infantil en particular, y al mundo cultural para niños en general, venimos observando como existe una diversificación abrumadora de todos los productos dirigidos a los más pequeños de la casa. Desde juguetes didácticos, pasando por ropa ecológica, ludotecas o talleres de comida saludable, son muchas las propuestas que a raíz de la supuesta recuperación económica, esa que busca nuevas parcelas que explotar, han surgido en occidente para dar respuesta a las necesidades que se plantean en el entorno ¿infantil? (N.B.: Quizá debería haberme referido a los adultos, que son quienes aflojan la billetera...).



Revista "Anorak"

De entre todas ellas, la propuesta que más me llama la atención y entusiasma es la reaparición de las publicaciones periódicas infantiles culturales, una que empezó en los países del entorno europeo y anglosajón y que se ha contagiado a nuestra realidad geográfica. Aunque las revistas para niños han sido una realidad desde principios del siglo XX, empezando como suplementos semanales de los principales periódicos de la época y continuándose como un producto especializado desde la mitad de dicho siglo hasta hoy día, es un tipo de publicación que ha sufrido altibajos dependiendo de las épocas y que ha dependido en mayor o menos medida de las modas imperantes y del estilo de vida familiar. Mientras que en los primeros años de vida de este tipo de publicaciones se dirigían a un público minoritario y de clase media-alta, la llegada de las democracias occidentales y las nuevas corrientes pedagógicas desencadenaron su “boom”, que finalmente desembocaría en un cierto declive desde finales de los noventa hasta nuestros días debido principalmente a la hegemonía de la televisión y el uso generalizado de las nuevas tecnologías de la información, a la que solo sobrevivieron algunas de estas revistas, sobre todo aquellas que dejan a un lado los aspectos educativos y culturales para centrarse en un carácter lúdico.


Revista "La Leche"

Por todo ello la publicación de nuevas revistas infantiles en los tiempos que corren, aunque puede estar relacionado con modas (los “slow movements”, el renacimiento de lo vintage o el romanticismo de la letra impresa) o la sobre-alfabetización del niño como vehículo de distinción social (ya saben que siento debilidad por Bourdieu), también es de agradecer, ya que propicia nuevos caminos para que el niño llegue a contenidos de calidad sin tener que sortear los cauces tradicionales por los que viaja una información que a veces resulta tediosa y poco manejable. Si a todo ello unimos la impecable factura de muchas de ellas, tanto en contenidos, como en maquetación y grafismo, lo bueno está servido.
Es por ello que aquí les dejo con una buena representación de las mejores revistas infantiles culturales nacionales (N.B.2: He intentado recoger la mayor parte, pero si denotan que me he olvidado de alguna que puede resultar interesante, no duden en decírmelo para que la incluya aquí) junto a una selección de otras de carácter más internacional. Todas ellas admiten suscriptores, así que, ya saben...



Empezamos con la revista La Leche, una revista impresa en pocos colores pero con mucho que decir. En sus sesenta páginas se tratan temas de actualidad, como por ejemplo la situación de Corea del Norte o la inmigración en Estados Unidos, se incluyen historietas, artículos de opinión o informativos, y los trabajos de los mejores ilustradores nacionales. Si a ello le unimos juegos, pasatiempos, juegos móviles, autómatas y muchas recomendaciones de libros infantiles, uno de los objetivos que empezó a mover esta iniciativa, podríamos decir que estamos ante una de las mejores.




Alehop es una revista con un aire más informal y colorista. Los creadores de esta publicación se decantan por los contenidos didácticos y las propuestas artísticas y creativas donde, además de informar trata la forma de que el lector sea capaz de interactuar con los temas propuestos y desarrolle su imaginación y otras destrezas.



Seguimos con la revista Kiwi, una publicación temática dirigida a niños de entre 5 y 8 años que vio la luz el pasado mes de mayo gracias a un proyecto de crowdfunding. Según sus creadores es una revista dirigida a niños intrépidos, con ganas de conocer lo que les rodea y valorarlo convenientemente. Al igual que el resto de las publicaciones que se incluyen en este monográfico incorpora trabajos de reconocidos ilustradores entre sus páginas y multitud de actividades como recortables, pasatiempos, recetas o experimentos.



Principia Kids nace en 2015 a remolque de la experiencia positiva de su hermana mayor, la cuasi-homónima Principia Magazine, una publicación que en principio tendría formato digital pero que conseguiría ver la luz en formato papel. Aunque muchos la definen como una revista de divulgación científica para niños, yo me atrevería a definirla como un buen batido en el que prima el conocimiento científico sin dejar de lado la creación literaria, ya que sus textos e imágenes podrían encuadrarse dentro de la ficción informativa. Sus más de 70 páginas a todo color se recomiendan a partir de seis años.


Llega el turno de las revistas infantiles que se han pergeñado fuera de nuestras fronteras. Aunque seguramente habrá muchas más, he puesto el ojo sobre las, a mi juicio, más interesantes, tanto por contenido textual, como gráfico. Todas ellas están en inglés, por lo que pueden recomendarse a todos aquellos niños que aprendan otro idioma (esto del bilingüismo es otra “lacra”...).






Anorak (Teepee es la edición para adolescentes de Anorak)






Ploc, Happy Mag for Little Ones (reedición de una revista de los años 60 elaborada por Alain Gree, depende de Anorak Magazine)




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