viernes, 5 de febrero de 2016

Destripando ¿Los mejores cuentos ilustrados?


Desoyendo los consejos maternales (¡Hijo mío, lo que te gustan los líos!) y sacando algo de tiempo entre mis quehaceres diarios, no he podido evitar la tentación de exponer mi parecer ante la publicación de Los mejores cuentos ilustrados, una colección de 52 libro-álbumes por parte de la editorial Planeta DeAgostini-Altaya.
A pesar del júbilo y la algarabía desatada (¡Qué alegría! ¡Otro corro de gallináceas!) entre muchos amantes de la literatura infantil al constatar que podrán hacerse con títulos inéditos en España (véase el caso de la Madeline de Ludwig Bemelmans, la Locomotora de Brian Floca o el Migrante de Isabelle Arsenault) u otros descatalogados ya, como el Dos amigos de Jozef Wilkon y Paz Rodero, todavía no veo la cosa muy clara, la verdad... Así que hay que  sacarle la pringue al cerdo y dejarse de tanta emoción y noticia edulcorada.


En primer lugar hay que prestar atención a la estrategia comercial del producto y sus consecuencias... Esta colección está basada en la venta por entregas (sí, sí, como los coleccionables por fascículos), en la que, regalos aparte, sus precios irrisorios (N.B.: No son los únicos, les podría enumerar alguna que otra editorial con álbumes a 7 euros) funcionan a modo de señuelo. Todo se resume en una clara intención: establecer un patente clientelismo (¡Ya estamos de nuevo con el capitalismo!... Ya veremos si alguien termina una colección que saldrá por unos 500 pavos...).
También hay que tener en cuenta que se encontrará disponible en quioscos y papelerías, por lo que el número de puntos de venta crecerá considerablemente ante el de cualquier otro (¡vaya competencia para los libreros especializados!), lo que lleva acarreado un aumento de interacciones con el cliente potencial (A esto sí que lo llamo yo que “los libros salgan a la calle”, ¿cómo no se me habrá ocurrido a mí antes?)


Seguidamente hay algo que no me queda claro: ¿Cómo estarán editados estos libros? ¿Mantendrán las mismas dimensiones que en las ediciones originales? ¿Estarán impresos sobre papel de fumar o en papeles de calidad? ¿Con tinta de calamar? ¿Dónde se han producido? ¿China o España? ¿Cuántos ejemplares se pondrán a la venta de cada uno de ellos? ¿Cómo son los contratos de cesión de derechos de autor con sus respectivos autores? ¿Hasta cuándo?... Aunque no son preguntas que preocupan a muchos lectores, si pueden interesar a otros sectores de la letra impresa...
Algunos editores y entendidos ya se han manifestado públicamente y han aludido a ciertos temas que poco tienen que ver en este debate (¿Acaso una editorial independiente no puede aspirar a convertirse en multinacional? Sé de un puñado con una centena de empleados y con sedes en varios países que van camino de ser reinos allende los mares..., ¿más cínicos que yo? ¡No, por favor!), un servidor sólo se adhiere a la importancia de respetar las parcelas de mercado para la buena marcha del sector: plural y contextualizado.


Dejando a un lado las cuestiones empresariales, hay que hacer una serie de apuntes sobre la selección ante la que nos encontramos... No sé hasta qué punto esta se configura como una colección definitiva sobre álbumes ilustrados, pero si he de apostillar que adolece de poco equilibrio (visto desde un punto de vista literario/ilustración). Me parece que combinar joyas o clásicos de este género con obras poco reseñables, además de ser una maniobra a caballo entre apetecible, torpe y nebulosa, es poco loable, sobre todo cuando se han requerido los servicios de profesionales en el género para asesorar sobre qué títulos eran los llamados a rascarle el bosillo a soñadores e incautos.
Seguramente estos consejeros apelarán a que es imposible hacer una selección definitiva sin tener en cuenta un buen manojo de editoriales (¡Hagamos otra sucedánea! Total..., nadie se va a enterar), a que el cliente propone y ellos disponen (Esto es lo que hay, así que apáñese), a que no todo es negro en este tinglado: “Mire usted, al menos la LIJ se hace visible en otros lugares y escaparates...”, o a que por la supervivencia todo es válido (¡Eso digo yo! ¡Que ya está bien lo de hacer gala de ONG lijera y echarse poco al gaznate!). No obstante, aunque llevan razón en todo, yo me hubiese decantado por una opción más auténtica, honesta y destacable.


No les voy a decir que se abstengan de comprar estos títulos (cada cual que haga lo que quiera con su dinero que para eso lo tiene), pero sí les conmino a seleccionar con sumo cuidado qué libros tienen cabida en una buena biblioteca infantil (N.B.: En esta entrada he puesto algunos de ellos), porque no es oro todo lo que reluce, ni todo lo que huele es mierda. Sólo hay que saberlo mirar con la óptica/pituitaria adecuada.

jueves, 4 de febrero de 2016

¡El carnaval empieza con el jueves lardero!


Después de algunos años sin celebrar el Jueves Lardero, aquí estoy, preparando lo que será la tarde... Para todos aquellos que no lo sepan, por estos lares (incluidos otros muchos de la mitad oriental peninsular..., ya saben que nosotros y los maños, primos hermanos) celebramos el anticipo a las máscaras hoy, el jueves previo al Miércoles de Ceniza, un festejo en el que es obligado ir al campo (si no pilla cerca siempre podemos echar mano de algún parque) provisto de un opíparo cargamento de comida (si son derivados del gorrino, mejor que mejor), bastante condumio y, lo que llamamos, una mona, o lo que es igual, un derivado del hornazo que no deja de ser un bollo coronado por un huevo duro (en estos tiempos ya se empiezan a ver huevos de chocolate, aunque yo prefiero el clásico para sacudirle a algún incauto con él en la frente).


Dicen que la cosa viene de lejos y, como casi todo en España, tiene que ver con los hábitos alimenticios y el catolicismo, una combinación a veces exquisita y otras un bastante rancia pero que queda grabada en la retina de todos por resumirse en una jornada campestre donde niños, jóvenes y mayores, ríen, cantan y juegan despidiendo a Don Carnal y dando la bienvenida a Doña Cuaresma. Luego llega el carnaval y todo es una fiesta, que unos empezamos antes y otros dicen adiós con el llamado Sábado de Piñata.


Espero que no aprieten mucho hoy (cuando era un niño nos pasábamos la tarde haciendo el mico de bote en bote, de juego en juego, de risa a risa) y que se recojan con la caída del sol, más que nada porque el día de hoy es el pistoletazo de salida para que máscaras y disfraces llenen los colegios, las plazas y las calles, para que vivimos otras vidas, dejemos volar la imaginación y, sobre todo, olvidemos el mundanal ruido que de tanta fantasía escasea.



¡Eso sí! ¡No dejen para el último día el disfraz! Den muchas vueltas a la cabeza, hagan lluvia de ideas e intercambien opiniones con el soñador de turno, no sea que el sábado se cierna sobre sus cabeza y les pille en paños menores, compuestos y sin careta, algo que unas veces tiene sus pros (¡la de veces que he improvisado y lo bien que lo he pasado!) y otras sus contras (Ser el único humano es un solemne coñazo)... 


Y como un servidor es buena gente aquí les dejo con El carnaval de los animales de Marianne Dubuc (editorial Juventud), un hermoso catálogo de disfraces en forma de boardbook, para que vayan pensando y de paso, disfrutando junto a estas chirigotas del concurso gaditano que se celebra mañana en el Gran Teatro Falla.



miércoles, 3 de febrero de 2016

Panorama editorial emergente de LIJ en España (3ª Parte)


Al finalizar el pasado año conocíamos la noticia de que el mercado editorial español está en alza... Si lo pensamos bien, esta buena nueva tendrá más que ver con el número de nuevas editoriales que han aparecido durante los últimos años, que con el volumen de ventas total realizado (no seamos tan optimistas, no sea que vayamos a leer de más...). Aunque si bien es cierto que, a mayor oferta literaria (cada casa editorial orienta su proyecto hacia un tipo de lector), mayor posibilidad de diversificar los productos y una mayor probabilidad de captar nuevos clientes.
Al igual que en el mundo de la literatura para adultos, son bastantes los que se arriesgan a hacer negocio y divulgar la narrativa y poesía infantil, así como a impulsar el género del álbum ilustrado. De esta manera se dibuja un notable y agradecido panorama editorial emergente (si pinchan AQUÍ y AQUÍ podrán ir contando cuántas nuevas editoriales han nacido en los últimos años). Como la cosa sigue yendo a más, hoy añado otra serie de sellos literarios que apuntan a esto de la literatura infantil y que están dejándose ver por las librerías y bibliotecas de nuestro país.
Y sin más preámbulos, me pongo al quite:
En primer lugar tenemos a Sally Books... Esta pequeña editorial afincada en Antequera (Málaga) se decanta por libros de pequeño formato (cuadrado generalmente), historias divertidas y una estética bastante digital en cuanto a ilustraciones se refiere. De entre su reducido catálogo se pueden señalar títulos como Gordito (Mar Hernández, Malota) o La oveja bala (Pablo Je Je).


Seguimos con Bira Biro, una editorial fundada en el año 2015 y radicada en Barcelona. Tiene un catálogo reducido aunque bastante heterógéneo. En el destacan colecciones de libros para lectores competentes, como Leer es jugar o las aventuras de Jake (Spillman & Nixon), y una serie de álbumes ilustrados entre los que podemos destacar Quién Qué Quién de Olivier Tallec o Lola se va a África de Anne Villeneuve. Tienen previsto desarrollar una nueva línea editorial en la que primarán los autores nacionales, un propósito más que loable.


Bonito Editorial, además de dedicarse a editar libros ilustrados (son tres los títulos que llevan publicados hasta el momento, Calabazas, Memoria de un pez bueno y Álbum para días de lluvia) que hacen honor a su nombre (estética, cuidado y mimo abanderan unas producciones más que aptas para el regalo), también realiza numerosos cursos y charlas sobre ilustración, edición y escritura destinadas a un público especializado.


La cuarta es Fun Readers, una casa editorial nacida el año pasado de la mano de cinco amantes de la LIJ y con sede en Bigastro (Alicante). Ha lanzado sus dos primeras propuestas de lectura, La cabra que no estaba, un libro de Pablo Albo y Guridi con bastante aceptación y visibilidad en el panorama lijero, y Aprendiz de Fantasma (Jesús López Moya y Gallego Bros). Son dos libros orientados a todos aquellos que ya saben leer y que gustan de divertirse con los libros.


También podemos hablar de la línea infantil de Milenio-Páges, llamada Nandibú, una serie de libros de producción propia (Anna Obiols, Subi, Marta Mata o Carmé Solé Vendrell) y extranjeros (Jean de Brunhoff o Hans de Beers) que, editando en castellano y catalán apuestan por historias cercanas y divertidas.


También tenemos a Libros del Imaginario, una propuesta editorial parecida a las dos anteriores (el texto tiene una notable presencia) que combina tres colecciones diferentes -Letrarium, Gran Letrarium e Ilustrarium- orientadas a distinto público y en distintos formatos que ha empezado con trabajos de Mar Pavón y Guiomar González, Sandra Glover y Kate Glove, y Susana Isern y Zuzanna Celej.



Pequeño Fragmenta, la filial infantil de la editorial Fragmenta, también intenta abrirse hueco en el mundo de la LIJ a través de su serie de álbumes ilustrado, concretamente con tres título de Álex Tovar y África Fanlo (Funámbulus), Inês Castel-Branco (Respira) y Halil Bárcena y Marina Cabassa (Historias de Nasrudín), perfilando una pequeña colección de buena factura que ahonda en el conocimiento personal del lector y como apoyo a educadores y padres



Principal de los libros, aunque se perfila como una empresa dedicada a los libros para adultos, también ha apostado durante los últimos meses por álbumes ilustrados de impecable factura como son Yo mataré a los monstruos por ti (Santi Balmes y Lyona -Marta Puig-), un título muy conocido dentro del mundo del libro ilustrado, y Míster Garabato (Lyona y Marcus -Marc Torrent-) una fresca y divertida propuesta para los amantes de las curvas, las líneas, la insatisfacción y la imaginación.



Para finalizar la última entrega de este panorama de editoriales emergentes dentro del mundo de la LIJ y el álbum ilustrado, tenemos a Pastel de Luna, un proyecto cuyo catálogo mira hacia oriente, no sólo por el origen de sus autores, sino también por las temáticas y el estilo de sus ilustraciones. De entre todos estos libros me gustaría citar El paraguas de Jae Soo Liu y Dong Il Sheen (una poética mirada a los colores y su interacción) y Una casa de 100 pisos de Toshio Iwai que se perfila uno de los mejores libros para primeros lectores de lo que llevamos de año.



lunes, 1 de febrero de 2016

De personas impetuosas


Pecar de impetuosos, algo que en muchas ocasiones nos granjea enemistades con los que nos rodean, no es algo negativo si se le sabe coger las riendas, algo bastante difícil cuando somos jovenzuelos desbocados, pero bastante común cuando los años son quienes nos dominan a nosotros, porque al final, todos acabamos controlando a esa fierecilla que habitaba antaño en nuestro interior, lo que no quita para que, cuando nos toquen los testículos/ovarios, lo hagan a manos llenas... Así pasa, que abrimos las fauces y somos capaz de zamparnos a cualquiera.
Cuando vivimos en la edad del pavo no escatimamos ni en ímpetu, ni en intensidad, pero conforme se van dejando atrás los quince años y a uno le llueven primaveras, el morro pasa a enderezarse y se tuerce con menos frecuencia, no sea que se lo partan sin aviso previo y tenga que acudir a urgencias (hay que darse cuenta de que, sobrepasada cierta edad, es preferible concienciarse de nuestras limitaciones -físicas o intelectuales- y no dejarnos llevar por nuestro mal carácter... que luego nos dan una paliza y nos quedamos medio tontos en un catre).


No obstante, he de aclarar que esta cosa llamada arrojo no es en exclusiva un mal de juventud. Vamos que también hay gente con poco temple, véanse padres, parejas y maestros (N.B.: Cuando quieran, están invitados a entrar en una de mis aulas y ver con sus propios ojos cuan subversiva es la adolescencia, una que, además de natural, es una sobrecarga añadida. ¡Ea! Los alumnos son especialistas en tocar la mandanga y, si les replicas, seguir tocándotela hasta niveles exasperantes...). Pero bueno, no desesperen..., como bien dice el refranero, Así que, respiren, cuenten hasta diez, echen mano del dulce vocabulario (o de la paciencia, que también puede ser...) y verán como las aguas vuelven a su cauce.


Es por eso que, para todos aquellos que se desbocan ante la hermana gritona, la suegra insufrible, los hijos revoltosos, el jefe cabronazo, el marido huevón, la novia tardona o la parva de gilipollas que nos rodean física y virtualmente, les recomiendo un álbum ilustrado bastante tranquilo titulado El caballero impetuoso, la simpática obra de Giles Bachellet (editada por Juventud) nos narra la historia de un caballero que, aunque coge con mucho brío la espada y la armadura para enfrentarse a su opositor, se ve envuelto en toda suerte de avatares que cambian el rumbo de su odisea... ¡Ufff! ¡Qué alivio!

viernes, 29 de enero de 2016

Premios y poesía infantil y juvenil en español


Ayer, la Fundación Cuatrogatos hizo públicos sus premios anuales, un certamen creado hace unos cuantos años para amplificar la labor de editoriales, autores, ilustradores y editoriales del mundo de la literatura infantil y juvenil en español, una lengua que aglutina a 559 millones de personas. En su magnífica y equilibrada selección de 2016 que pueden descargar AQUI, además de incluir los veinte títulos ganadores, también encontramos los libros finalistas y los pre-seleccionados. Entre todos ellos destacan bastantes obras de poesía, algo que se agradece a la hora de aupar a un género que es patrimonio de todos los que habitamos este y aquel hermoso lado del charco.

Dentro de los ovillos hay un planeta de lana,
que si fueras pequeño podrías habitar.

Tejer una casa con una silla,
una ventana.

Y sentarte a mirar cómo se desenreda la tarde.

María José Ferrada.
En: Escondido.
Ilustraciones de Rodrigo Marín Matamoros.
2014. Santiago (Chile): OchoLibros.


Do re mi fa sol la sí
una zamba
el grillo canta
para mí.

Pañuelo al viento
bailo descalza
las siete notas
de su garganta.

Nelvy Bustamante.
Zamba.
En: Orejas negra, orejas blancas.
Ilustraciones de Claudia Degliuomini.
2015. Neuquén (Argentina): Ruedamares.


miércoles, 27 de enero de 2016

Buena literatura vs. ediciones preciosistas


No son pocos los monstruos que me han reprochado en algunas ocasiones que reseñe o incluya en mis selecciones libros que, a su juicio, no son muy sobresalientes y que consideran más bien mediocres. Siempre que me lo permiten, les rebato el argumento diciéndoles que está obnubilados por este mundo consumista y que confunden lo mediocre con lo modesto, es decir, suelen (solemos, que uno no es de piedra...) mezclar los términos “buen libro” y “libro bien editado”. ¡Y de eso va el post de hoy!


Es cierto que la edición es una parte verdaderamente importante de un libro o álbum ilustrado redondo, como bien dije AQUÍ , pero no todo es tan obvio y hay que apuntillar un poco para concretar ciertas cuestiones... Lo primero es darle un tirón de orejas a muchos editores que se valen de la preciosista (o bonita) edición para vender productos mediocres. Seguramente porque son pocos consumidores/lectores que se dan cuenta de ello debido al exquisito envoltorio en el que se presentan. Cajas de bombones, frascos de perfume, paquetes de chicles..., todo lo que se encuentra a la venta tiene un componente estético dirigido a un público determinado, entra por los ojos y ¡voilá!: soltamos la pasta. Es por ello que hay que discernir entre contenido y continente, no sea que con tanta imagen y edición, nos vendan humo a precio de oro.


En segundo lugar me gustaría llamar la atención sobre lo que yo llamo los “libros-objeto”, un fenómeno que surge de elevar a la enésima potencia la edición para dejar a un lado el fin mismo del libro: el lenguaje textual y/o ilustrado, algo que lleva a muchos lectores a confundir un libro bien editado con esto (no todo lo que está hecho de papel es un libro en el sentido estricto de la palabra). Como ejemplos puedo citar los pop-up decorativos o algunos libros que da pena abrir.


También hay que hacer una defensa de todos aquellos buenos libros que serían excelentes si se hubiera cuidado su edición mucho más. Claro está que también hay que apelar al sentido común, y decir que no somos nosotros quienes ponemos el dinero sobre la mesa. Debemos comprender que muchas editoriales están limitadas tanto en medios, como en presupuesto, y no pueden subrogarse por entero a la maquetación, el diseño, la tipografía, el papel, la impresión, el cartón y otros detalles que conllevan un coste más elevado del proceso. Por otro lado tengo que destacar la labor que muchas de estas empresas desarrollan dentro del mundo editorial ya que, si no fuera por ellas, muchos proyectos personales que no tienen cabida dentro de las grandes y conocidas, y que han sido desechados por diversas razones, no verían nunca la luz y se empobrecería el espacio LIJ.


Por último quiero decir que lo ideal en un álbum ilustrado es que el contenido y la edición se acoplen como un efectivo engranaje para moverse al unísono, algo que pocas veces ocurre pero que, cuando sucede, da lugar a obras como Álbum para días de lluvia, de Dani Torrent y editado en castellano por Bonito Editorial; un libro de buena calidad que nos cuenta la historia de un niño que recoge momentos cálidos y luminosos para cuando llegue el tiempo gris y que hoy les traigo como ejemplo de simbiosis entre historia honesta y buena edición. ¡Que bien vale una mención!


lunes, 25 de enero de 2016

Vegetarianos e ignorantes


No teniendo bastante con los partidos animalistas, se ha sucedido en España la revolución vegana y -¡cómo no!- tengo que destripar este fenómeno fotosintético para deshuevarme un rato (¡Qué buenos momentos me está procurando este desmadre colectivo!).
Aunque cabe decir que estos rollos vegetarianos vienen de lejos, claro está (no se olviden del jipismo, de la revista Integral y de mis compañeros de facultad), hay que tener en cuenta el componente temporal que, como en todas las modas, los hace resurgir. Y es que a los hipster les ha dado por engullir eco-lechuga... No voy a negar que esto le venga de puta madre al sector agrícola (creo que el más grande de todo el entorno europeo), ni que a algunos les depure el karma hincharse de tomate y soja, pero no sé hasta qué punto este hábito puede contribuir a mejorar nuestra salud, hermanarnos con la madre Naturaleza y afianzar el respeto hacia nuestros hermanos los animales (incluidas cucarachas, parásitos intestinales y ratas... criaturicas de Dios...).


Si atendemos a los factores metabólicos y teniendo en cuenta que las proteínas de las plantas difieren bastante de las de nuestro organismo por un mero factor evolutivo, y que no son capaces de aportar sustancias como la vitamina B-12, tenemos el primer frente ante esa nutrición supuestamente completa que puede aportarnos una dieta de procedencia exclusivamente vegetal (llamo la atención entre la diferencia que existe entre alimentación y nutrición). Esto obliga a numerosos veganos a consumir suplementos nutricionales que en la mayor parte de los casos tienen un origen sintético (¡A la mierda nuestra integridad de naturópatas!), algo que me parece una incongruencia (¿Enriquecer más todavía a las farmaceúticas? Ni de coña). Lo que sí es de locos son las dietas infantiles vegetarianas (y me callo por no caer en el insulto...).
También tenemos a aquellos que echan mano de la horticultura ecológica (daría lo que fuese por ver el derroche de agua, el empobrecimiento del suelo, la adición de abonos industriales y plaguicidas de síntesis que utilizan/llevan a cabo muchos en sus huertos de ecologistas concienciados que poco tienen que ver con el respeto a los procesos naturales), de los que -se creen- no consumen productos transgénicos (Buenos días, aquí la Monsanto©, ¿qué desea?) o de los bancos de germoplasma y las variedades de cultivo tradicionales (¿Y dónde quedan las razas ganaderas autóctonas?). Pero déjenme decirles: ¿en qué porcentaje contribuye esto a hacerles una vida más sana y respetuosa con el medio ambiente? Creo que los discos de vinilo, la sacarina, el teléfono móvil, las cámaras fotográficas o las minas de coltán son pruebas fidedignas de que nuestro ocio impacta mucho más sobre el medio ambiente que nuestra alimentación.


Por último tenemos el tema animal, el más gracioso de todos... Desde tiempos inmemoriales, gatos, vacas, perros, cerdos, conejos y jilgueros han entrado en los hogares con un fin determinado (salvaguardas, productores lácteos, exterminadores, productores cárnicos o cantores), pero ahora, no sé qué mosca nos ha picado para convertirlos en meros juguetes o acompañantes (¡Mamaaa, quiero una cabraaaa!). Si a ello le unimos que nos vemos obligados a vivir en cajas de cerillas (a mi modo de verlo, jaulas grandes) poco aptas para su quehaceres cotidianos, la cosa se va de madre (¿Acaso eso no es maltrato?). También hay mucha tontería y poca educación con las mascotas: las veo en el metro, durmiendo sobre las camas o comiendo en los bares, algo que, a pesar del cariño que cada cual les tenga, yo sigo diciendo aquello de “cada uno en su casa y el burro en la linde” (que a todos no nos va el pelo y, ante todo, respeto).


No soy partidario de abusar de los producto cárnicos (la dieta tradicional incluye mucha legumbre, hortaliza, verdura, buenos mojes, pipirranas y asadillos, aunque alguna vez le peguemos un buen viaje a la tripa de chorizo), ni del modo en el que se cría al ganado, ni del impacto que las grandes explotaciones pecuarias tienen sobre nuestro mundo, pero también he de decir que el modus operandi de los vegetarianos deja en evidencia una vez más que los humanos, lejos de hacer gala de esa razón que los millones de años de evolución nos han regalado, sacamos de quicio las cosas, nos vamos a los extremos y nos decantamos por el integrismo y la demagogia (un clásico...).
Así que, harto de reír y como buen botánico, me voy a poner a leer Greenling de Levi Pinfold (editorial Templar) mientras espero que alguien lo edite en castellano. Y no hay nada más verde que decir.

viernes, 22 de enero de 2016

Hablando de LIJ con... María Cristina Ramos


Román Belmonte: Me encanta y me halaga que haya accedido a este tercer grado. Es un honor charlar sobre poesía infantil con una dama rimada. Y a las damas, no hay que tutearlas, más si cabe, cuando las admiras a través de sus palabras... Defínase con unas cuantas.
María Cristina Ramos: Mecer, golondrina, tejido, silencio, sandía, mirada, misterio…
R.B.: Por cierto, ¿con que rima monstruo?
M.C.R.:
Monstruo no sabría con qué rima
pero tengo palabras que se arriman,
que rodean con gracia y que perviven
con los monstruos y el lugar en donde viven.

R.B.: (Boquiabierto)
M.C.R.: Y yo pregunto:
¿Qué es el aire cuando acaba de nacer?
R.B:
Un vuelo suave, tranquilo... Ligera poesía.
M.C.R.:
¿Por qué los cangrejos se dedican a la relojería?
R.B:
Porque ellos, como el tiempo, andan del derecho y del revés

Perdone las dobleces pero, ¿piensa o escribe en verso?

M.C.R.:
Ay, Román, usted siempre con sus treces!
Cabría responderle en dulce prosa
pero usted me provoca con palabras
ligeras y fragantes como rosas.
Si acaso no declina
el entredós,
si acaso no se espina
el tú o el vos,
puedo seguir jugando
en entreversos;
avise usted si pierdo la hebra fina.


R.B.: Recíteme unos versos infantiles en voz alta...
M.C.R.:
Quiero a la sombra de un ala
contar este cuento en flor:
la niña de Guatemala,
la que se murió de amor.

R.B.: Hablando de palabras, versos y rimas... ¿es más fácil hacer un soneto con acento argentino?
M.C.R.: Tal vez...

No sé si fue la madre que cantaba
el revolar de espumas y de olvido.
No sé si algo de luz o algo de nido
tuvo la sombra que el parral me daba.

Si fácil no es la vida, la palabra
¿acaso es pan verbal, casi destino
que se vuelve vitualla en el camino
cuando el cielo sin paz se descalabra?

En agua de sonetos yo he bebido
voz de abuelos lejanos que vivieron
sueños de mar y oleajes peregrinos.

De sus voces secretas he nacido
y está el mar redondeando mi silencio
que habla a solas de todo lo perdido.


R.B.: Somos pocos los divulgadores de la Literatura en general y la Literatura Infantil en particular, que abanderamos versos infantiles en nuestro ideario de forma regular, ¿cree que eso va en detrimento de la visibilidad de un género tan minoritario?
M.C.R.: No somos muchos, pero somos buenos… Y como no atino mucho a responder, ¿podría responder usted?
R.B.: (Risas) ¡No deje la pelota en mi tejado o se llenará de peros!... El pero número uno: ¿Cómo vamos a engordar la poesía con lo pobres de rimas que andan las estanterías?; el pero número dos: ¿Dónde están los poetas cuando se les necesita? (Arrime la oreja, Doña Cristina... Hace un par de años hice un llamamiento a poetas y/o poetisas -N.B.: Como yo no entiendo de connotaciones peyorativas, prefiero prestarle atención a sus palabras y avanzar con la poesía infantil- para poder seguir llenando los viernes de los monstruos con dulce rima, y no se sorprenda si le digo que aún los ando esperando...); y el pero número tres (estoy algo soñoliento): la poesía es a la literatura, lo que la música al arte. Está tan presente que no le importa a nadie.
Cambiando de tercio... Siempre he creído que poetas o poetisas como Gloria Fuertes o María Elena Walsh trascendieron en sus respectivos países dedicándose al público infantil porque fueron aupadas por las instituciones gubernamentales y educativas, así como por los medios de comunicación, algo que en nuestros días es impensable... ¿A que se debe la falta de apoyo a la cultura hoy?
M.C.R.: Disiento un poquito. María Elena Walsh se abrió camino en nuestro país de la mano de la música y de su propia excelencia. Fue una voz fundadora de una sensibilidad en un momento de país.
En cuanto al apoyo institucional, en Argentina ha habido en los últimos años un gran apoyo al libro y la lectura. Aún así hay conexiones rotas que hay que reparar. Seguimos buscando docentes que descubran la poesía y la compartan gozosamente. Y digo poesía, no texto rimado solamente.
R.B.: ¿Por qué la poesía infantil es una parcela la mar de femenina?
M.C.R.: No lo sé. Creo que se impone aún un prejuicio que impide que el mundo masculino se deje impregnar por lo poético.


R.B.: Cada vez que visito una librería me doy de bruces con la realidad: cuatro libros de poesía frente a tropecientos de narrativa... ¿Será más difícil parir una poema que una novela? ¿Será más fácil vender párrafos o estrofas?...¿A qué cree que se debe?
M.C.R.: Es un tema complejo. Los libros de poesía se venden menos en parte porque se los asocia con cierta dificultad en la lectura, en un tiempo en que todo debe ser rápido y cambiante, en un mundo que parece alimentarse de vértigos. Es más, la narrativa que se lee mayoritariamente es una narrativa lavada, sin demasiado trabajo de discurso. Si bien estoy generalizando, extraño ese tiempo en que leíamos narrativa y remarcábamos párrafos para volver a leer o para compartir, porque su impacto nos desbordaba, alimentaba nuestra sed de leer. Además, volviendo a la poesía, a veces hay encuentros con textos de estafa. Llamo así a aquellos escritos en verso, que no llevan a la hondura, a la reconfortante alegría o al deslumbramiento de lo poético. Si lo más frecuente es encontrarse con ese tipo de textos es natural ponerse a salvo, huir hacia otra cosa.
R.B.: Los teóricos defienden la poesía infantil, junto a retahílas y canciones, como grandes aliadas a la hora de construir lectores. En un mundo en el que poco queda ya de los juegos a pie de calle y la tecnología sirve de distracción, ¿sigue vigente esa interacción entre rimas y lectura o deberíamos buscar alternativas?
M.C.R.: Las dos cosas me parecen acertadas. Pero en mi experiencia no hay niños que no disfruten de la poesía si se les lee bien. Pero ¿qué es leer bien un poema? Haberlo leído previamente, haber conectado con su mundo de sugerencias, haber encontrado la voz capaz de acompañarlo. Muchas veces descubrimos la belleza de un poema cuando alguien nos lo lee dedicando su tiempo y su voz, donando su propia lentitud, su singular delicadeza.


R.B.: La primera vez que leí su Papelitos, recordé algo... En mis años de escuela, los maestros nos obligaban a memorizar poemas. Todavía me acuerdo de muchas estrofas y, aunque en aquel entonces no comprendía las razones, hoy me alegro de que alguien se empeñara en que guardásemos versos en la cabeza. ¿Sigue siendo el maestro el mayor divulgador de Literatura Infantil?
M.C.R.: Sin dudas, el maestro y el bibliotecario. Y creo que hay que volver a invitar a los chicos a que memoricen poemas. Y digo invitar, que no se trate de una imposición. Memorizar un poema elegido es también encontrar un territorio interior con el cual vincularse cada vez. Y son espacios que necesitan de esa cadencia, de ese acompañamiento de sensibilidad que reside en la palabra poética.
R.B.: ¿Y esos libros dedicados que me iba a enviar? ¿Para cuándo?... No me gustaría que le concedieran el Andersen (ese al que ya ha sido nominada una vez) y no tener en mi poder algo que valdría millones...
M.C.R.: Ahora, cuando cambie la luna.
R.B.: Me chifla jugar, comer y leer... ¿A que le gusta jugar a usted? ¿Y comer? ¿Y leer?
M.C.R.: Jugar sobre todo con las palabras, como en el casi contrapunto del inicio de esta tan linda, refrescante y a la vez seria entrevista que creaste, Román.
Comer, uva moscatel. Leer aquello -que no es fácil encontrar- que me hace detenerme en el tiempo, cerrar los ojos, paladear las frases, sentir que se renueva el mundo.




Aunque la ciudad de Mendoza (Argentina) vio nacer a María Cristina Ramos Guzmán en 1952, esta reside en Neuquén, la Patagonia, desde 1978, desde donde ha ejercido su labor como poeta/isa, escritora, editora, divulgadora y profesora de literatura. De entre el sinfín de libros de poesía infantil que ha publicado destacan Un sol para tu sombrero (Libros del Quirquincho, 1988, Re-ed. Sudamericana, 1999), Maíces de silencio (obra con la que fundó la editorial Ruedamares en 2002), La luna lleva un silencio (Anaya, 2005), Papelitos (FCE, 2007) o Dentro de una palabra (Sudamericana 2014). También ha cultivado la narrativa para niños (Cuentos de la buena suerte, El libro de Ratonio o Belisario), para adultos (La secreta sílaba del beso) y el ensayo (Aproximación a la narrativa y poesía para niños: los pasos descalzos y La casa de aire: la literatura en la escuela). De entre todos los galardones y reconocimientos, destaca su nominación para recibir el premio H. C. Andersen en 2013.

miércoles, 20 de enero de 2016

Mil posts y ¿cómo elegir un buen álbum ilustrado?


Ilustración: Noemí Villamuza.

Hoy se cuentan 1000 entradas (o posts) en este lugar y, como hay que celebrarlo, aquí uno de los que les gustan...
Imaginen... El Román se cuela en una librería. Mientras escarba entre los lomos de los libros alguien le toca el hombro. “¡Nene! ¿Ya estás con el vicio otra vez?” Joder... Enanos por todas partes que no me dejan leer tranquilo. “He venido a buscar un libro para mi sobrina, que es su cumpleaños.” Mu' bien (digo y sonrío). Como lo elijas tú, la pobre va apañá (pienso y callo). “¡Me podrías echar una mano, tu que sabes de esto!” El mismo coñazo de siempre... Lo quiero despachar pronto y empiezo a sacarle clásicos ilustrados de la balda. Este gusta mucho... Este es genial. Muy divertido... Mira que ilustraciones... “Ay, no sé... No me convencen...” ¿Qué le gusta a la cría? (Ya me empiezo a cansar...). “Lo típico, princesas, muñecas...” Al final le comprará un libro de barbis, ya verás... (musito). Diez minutos de negativas después y tras revolver todas las estanterías, se me enciende la bombilla, miro el reloj y exclamo: Nene, qué rápido se me pasa el tiempo entre libros, ¡y yo he quedado! Me piro... ¡A ver si encuentras algo que le guste! “Je, je, a ver... ¡Muchas gracias!” Levanto la mano y cuando giro la cara hacia la salida digo ¿Gracias, por qué...?
Como muchos de ustedes habrán estado involucrados en situaciones similares, el pasado diciembre y tras ser invitado por la librería Circus de mi ciudad para hacer una actividad sobre álbumes ilustrados, pensé que lo mejor era idear una serie de consejos o sugerencias básicas a tener en cuenta a la hora de seleccionar un libro ilustrado para niños, de manera que sirviera de guía para todos aquellos tíos, abuelos, padres, maestros, bibliotecarios, libreros, amigos y lectores, que quisieran comprar o regalar libros de este tipo. Al final, resumí este tipo de consideraciones en seis puntos, es decir una especie de hexálogo de los buenos libros ilustrados, que entregué impreso en unas octavillas a los asistentes tras presentar una buena tanda de libros.
Aquí se lo dejo para que, si lo creen conveniente, lo hagan volar por librerías, bibliotecas y otros centros dedicados a la letra impresa (si algún diseñador/ilustrador valiente se atreve, acepto una buena maquetación, tipografía bonita o algún detalle ilustrado... ¡Y que me lo mande en formato PDF!). Es totalmente gratuito, aunque, eso sí, les pediría una mención a mi persona y a este blog. Ahí va en castellano. ¡Disfrútenlo!

LOS 6 REQUISITOS DE UN BUEN ÁLBUM ILUSTRADO

1. Un buen álbum ilustrado TIENE GRAN CAPACIDAD NARRATIVA. Esto no depende de si tiene mucha o poca letra impresa, sino de su poder comunicativo.
2. Un buen álbum ilustrado GUARDA UNA CARGA ESTÉTICA ELEVADA. Esto no tiene que ver sólo con su colorido, el estilo o la cara bonita de los personajes, sino con su valor artístico.
3. Un buen álbum ilustrado DEBE POTENCIAR LA IMAGINACIÓN. Algo que no tiene que ver con ser irrealista, inverosímil o fantástico, sino con que ayude a enriquecer y ampliar el mundo del lector.
4. Un buen álbum ilustrado CONTIENE HUMOR. Esto no se relaciona con los chistes, lo extremadamente absurdo o el mal gusto, sino con arrancarnos una limpia y amplia sonrisa (visible o invisible).
5. Un buen álbum ilustrado ESTÁ BIEN EDITADO. No debe abusar de los juegos, de tipografías pretenciosas o de los recursos impactantes, sino que tiene un formato concordante, honesto y adecuado.
6. Un buen álbum ilustrado NOS HACE LIBRES. Algo que no depende de las emociones, de la moraleja o de lo que enseñe, sino de que el lector construya un mensaje propio y personal a través de él.


Ilustración: Katie Harnett


martes, 19 de enero de 2016

Pollos con éxito y libros bien pensados


De vez en cuando, en este extraño universo de la literatura infantil, hay libros que pegan el petardazo (algo bastante inaudito puesto que, aunque se vendan millones de euros en forma de papel ilustrado, no son muchos lo títulos que consiguen por si mismos un elevado volumen de ventas) y es lógico que un servidor, en vez de mirar para otro lado, se vea abocado a analizar los porqués de tan vertiginosa carrera. Mera curiosidad y aprendizaje.
Esto es lo que ha sucedido con El pollo Pepe, un pequeño libro ilustrado de Nick Denchfield y Ant Parker que combina, en tan sólo diez páginas, juegos de palabras (sólo 53 en todo el libro), alguna rima, técnicas de solapas desplegables y pop-up, para conseguir que más de 100.000 ejemplares hayan caído en las manos de cientos de críos (sí, sí, así me quedé yo cuando lo leí... como decimos por aquí, picueto).
Sé que ustedes me van a decir que bien podrá El pollo Pepe vender todo esto teniendo detrás a la todopoderosa SM, pero tampoco hay que ser así, más que nada porque en el catálogo de esta editorial hay cientos de títulos a los que se ha prestado mucha importancia comercial y que no tienen, ni de lejos, la aceptación de este libro, algo que deja bien claro que grandes y pequeñas empresas sufren el veredicto del público. Por lo tanto, yo propongo respirar, echar un traguico de agua, dejar nuestros prejuicios a un lado y ser objetivos y analizar el libro desde un punto de vista técnico...


El pollo Pepe está estructurado como un boardbook clásico (entre 10 y 14 páginas, generalmente), pero hay que denotar que no está elaborado con cartón, sino con una especie de cartulina (más gruesa que el papel y que facilita la inclusión de elementos de pop-up en su interior), y tiene un tamaño más grande que estos (por tanto llama más la atención). Las ilustraciones tienen un colorido básico (nada de medias tintas), algo que encaja perfectamente con la percepción visual básica que desarrollan los niños a edades tempranas, y poseen un lenguaje propio que va complementando el texto añadiendo detalles, movimiento y humor. El argumento no es nada pretencioso, sino más bien expositivo y se desarrolla en un texto rítmico y que tiene algo de retahíla, lo que ayuda a la lectura conjunta (adultos-niños o niños-niños). Y para terminar decir que tiene un final concluso y redondo, algo que siempre se agradece. Si a todo ello añadimos que el traductor tuvo mucha vista al llamar al protagonista con un nombre típico español que cuando lo oímos ya nos saca una sonrisa (por lo menos a mí), la cosa ya es de traca.


Es cierto que el libro no rebusca en el interior de nuestra alma las vicisitudes de nuestra existencia (a veces hay que pasárselo bien sin demasiada trascendencia), pero sí tiene méritos más que destacables (a mi modo de ver las cosas crear un personaje que se abra hueco en el ideario de nuestros pequeños lectores, ya es más que suficiente) en una reseña de este espacio.