viernes, 31 de octubre de 2014

LIJ Albaceteña (II): De librerías...


En este espacio que he abierto aquí para uso y disfrute de los albaceteños de pro como un servidor, le ha llegado el turno a las librerías con sección “lijera” de esta ciudad.
Aunque durante muchos años el comercio de libros en Albacete ha estado dominado por dos negocios familiares, la aparición de grandes superficies y la diversificación del sector, han propiciado que aparezcan nuevos espacios que han ampliado la oferta de nuestro producto favorito en esta capital de provincias.


Hace unos años, cuando algunos teníamos la feliz idea de buscar títulos de LIJ para uso y disfrute personal o como regalo (¡he obsequiado con libros hasta en alguna boda!) debíamos acudir a “Librería Herso” (centro comercial Calle Ancha) o a “Popular Libros” (C/ Dionisio Guardiola). La primera, tras sucesivas ampliaciones y adyacente a su sección de adultos, ha logrado crear un espacio más que adecuado para la literatura infantil, con gran diversidad de títulos y una atención inmejorable. La segunda, destina un local propio a la LIJ, aunque compartido con productos de regalo, papelería y juguetería. La mayoría de los monstruos albaceteños, cuando no encontramos un libro en una, acudimos a la otra y, si no damos con él, empezamos a barajar otras opciones…


Otra librería clásica es “Biblos”. Último reducto de las letras en la zona de marcha (creo que es de los pocos locales en la calle Concepción que no está ocupado por una cafetería, un pub, un restaurante o una cervecería), es un negocio pequeñito, con una apartado de literatura infantil bastante condensado aunque variado, en el que se pueden encontrar muchas de las novedades (pero no la mayoría) de cada temporada.


Atrás quedan la que todos conocemos como “La librería del maestro” (C/ Gaona) y la “Librería de los picos” (recientemente cerrada por jubilación y sita en la calle del Rosario), dos negocios de toda la vida que, aunque tenían sus secciones de literatura infantil, acabaron por convertirse en copisterías y papelerías técnicas.


Pero no sufran, aparecen otros espacios en nuestra ciudad como son la “Librería Circus” (C/ San Antonio) y “Nemo” (C/ Collado Piña). La primera es la única en el municipio dedicada al libro de segunda mano y de ocasión y que, tras mudarse a un local mayor, cuenta con una pequeño espacio dedicado a los libros para niños donde podemos encontrar bibliotecas infantiles a bajo coste. La segunda es una librería que, entre cajas de madera y una decoración cuidada (por mi parte diré que veo incómodas las rendijas de los cajones por las que se cuelan los libros…), se dedica exclusivamente a la literatura infantil, concretamente al álbum ilustrado nacional y foráneo (¡por fin!), el cómic de autor y la novela gráfica.


Como colofón cabe decir que todas ellas compaginan la venta (a veces compra, como es el caso de la “Librería Circus”) con actividades de toda índole como son talleres de animación a la lectura, cuentacuentos, presentaciones de libros y exposiciones, algo que aviva la pasión por los libros y la cercanía al mundo de la Literatura Infantil.

miércoles, 29 de octubre de 2014

De la autoedición en España...


Dejando a un lado asuntos más banales (no quiero que me critiquen en exceso por comentar la turbidez de la actualidad) y siguiendo con la estela que Ana Garralón marcó a raíz de este artículo, me he permitido la libertad de pensar en la autoedición en España -que es el mercado que conozco-.
Estoy de acuerdo en muchas opiniones que vierte Roger Sutton en su carta abierta. El mercado editorial bulle con títulos para todos gustos y colores. Se edita de todo: álbumes ilustrados, board-books, cuadernos de actividades, libros pop-up, libro-juegos… En definitiva, un sinfín de papel impreso que pone en evidencia que el mercado editorial se ha hundido en el capitalismo más voraz y necesita (como el pret-a-porter) sacar una buena cantidad de libros todas las temporadas. Esto hace que casi todas las grandes editoriales tengan 2 o 3 buenos libros y una espuerta de morralla que tiene dos caminos: no la lee ni el Tato o se vende por docenas. Ocurre algo similar con las pequeñas editoriales, esas que apuestan por pocos libros y bien avenidos (o por la calidad, o por las ventas).
De todo esto se percatan autores noveles y otros principiantes que, tras una lógica aplastante, exclaman: “Si editan esto, ¿por qué coño no van a publicar mi creación que es de mucha más calidad…?”
NOTA: Muchos creadores todavía no se han enterado de que la calidad no viene dada por la novedad, por argumentos enrevesados, víctimas del nonsense y el excentricismo, sino por aportar una nueva visión en la llamada Literatura Infantil, ya que se pueden contar con los dedos de una mano aquellos proyectos que revolucionan artes o ciencias. No se engañen: está todo inventado.
Seguramente será verdad, y se ponen a ello gracias a las facilidades que ofrece el mundo global… pero olvidan una serie de pormenores muy importantes, entre los que cuento:
-  Una buena historia debe ir acompañada de una buena ilustración (y viceversa).
-  Una buena historia debe ir acompañada de un buen formato.
-  Una buena historia debe ir acompañada de buena maquetación y tipografía.
-  Una buena historia debe ir acompañada de una buena impresión.
Son pocos los libros autoeditados que sortean estas grandes barreras, y los que lo hacen se encuentran con la mayor de todas: la distribución del producto. Hoy día, la distribución se ha convertido en una pesadilla para cualquier editor (excepto para las grandes multinacionales que cuentan con su propia red) por las exigencias de estas empresas y por sus porcentajes de ganancia desorbitados... ¿Cómo no van a serlo para el autor que se embarca en el viaje más complicado de todos? Algunas de las ideas que estos valientes encuentran es enmascarar sus productos como bienes de consumo respetables con el medio ambiente, añadirse a causas solidarias, o estar en librerías independientes, estrategias que a veces funcionan para entrar dentro del circuito librero y abrirse un hueco entre tanta competitividad.


A pesar de todas estas trabas he de decir que, de entre todos los libros autoeditados que recibo, me encuentro con alguno que merecería estar en muchas estanterías de bibliotecas y librerías; sobre todo aquellos que pertenecen a ilustradores con grandes conocimientos en edición, algo que me gusta hacer público en este estrado que el ciberespacio me ha dado y sobre el que se sube hoy Cada pulpo con su pulpa, un juego sobre papel maravilloso (lo hubiese preferido en un tamaño mayor, todo hay que decirlo), troquelado y plegado a mano, basado en los juegos de palabras de género (masculino y femenino) que Maguma o lo que es lo mismo Marcos Guardiola Martín (al que auguro un gran futuro como ilustrador gráfico) me vendió cuando iba de incógnito en Ilustratour el pasado mes de julio.


lunes, 27 de octubre de 2014

Benditas excusas


Llama mucho la atención cómo los poderosos manejan a su antojo el mundo sirviéndose del desconocimiento de los ciudadanos. Contar verdades a medias, manipular la información, obviar detalles importantes y un largo etcétera de astucias son el pan de cada día para que banqueros, políticos, grandes multinacionales, personalidades de la cultura, medios de información, publicistas y otros manejantes sigan viviendo a nuestra costa, sin importarles lo más mínimo como vivimos los pobres mortales.
Seguramente esperaran que abomine todos estos comportamientos, pero lo cierto es que les hago saber que los ciudadanos tienen gran parte de culpa al creerse a pies juntillas esta sarta de fútiles excusas con tal de no moverse del sillón. La ignorancia, aparte de ser el peor de los castigos, también se ha convertido en la más cómoda de las excusas. Yo no sabía… él no sabía… vosotros no sabíais… son locuciones verbales que, en vez de plantarle cara a la vida,  están diseñadas para poner en evidencia, una vez más, que poco nos interesa un mundo cuyo motor  gira en torno a los partidos del futbol, los debates televisivos y el alcahueteo más horripilante, ese circo actual (y virtual) que los que mandan se han encargado de crear para una sociedad del bienestar conformista e insulsa.


Me dirán, ¡oh, queridos lectores!, que ustedes son privilegiados por atesorar hermosas y floridas bibliotecas, que se hinchan a ver los documentales de la segunda cadena, y que actúan en consecuencia social por el mero progreso, pero les hago saber que, como las marionetas que somos (yo el primero), nos dejamos embaucar por otras necesidades prioritarias (llámense estas teléfonos elegantes, coches de alta gama o ropa de buena etiqueta), en vez de hacerle frente a las astucias de otros, y romper las reglas de un juego que ninguno de nosotros ha establecido.


¿Creen que eliminar a las modelos escuálidas de las pasarelas cercenará la anorexia? ¿Qué matricular a nuestros hijos en un colegio concertado les librará de consumir drogas? ¿Creen que votando a Podemos la deuda pública disminuirá?... Me parecen meras excusas para lavar nuestras conciencias rotas, una actitud fuera de toda ética que otros, esos que organizan la guerra, los que deciden por nosotros haciéndonos pensar que el voto es personal e intransferible (¡qué necedad mayúscula!), aprovechan para seguir gobernando el cotarro a merced de las excusas que todos exhibimos para expiar nuestras culpas.


Y para seguir con pretextos y disculpas (esos con los que seguimos engordando nuestro espíritu infantil, irresponsable y sencillo), les dejo con todas las excusas inimaginables que el protagonista de No he hecho los deberes porque…, un librito ilustrado de los geniales Davide Cali y Benjamin Chaud (una coedición de Nubeocho con Pepa Montano), se inventa para explicarle a su profesora la falta para con su deber diario.


viernes, 24 de octubre de 2014

LIJ Albaceteña (I). De bibliotecas infantiles en el Día de las Bibliotecas.


Aunque Albacete sea un lugar de paso y muchos ineptos hagan sorna en nuestro nombre (siempre hay tontos que tardan poco en descubrirse), algunos hemos nacido aquí y nos encontramos con el deber de publicitarla fervientemente allí donde campemos. Hablamos de nuestra peculiar gastronomía a caballo entre la huerta levantina y el rigor invernal, de nuestros caldos, del carácter abierto, de la omnipresente feria, y ahora le llega el turno a la LIJ albaceteña que, aunque es un microcosmos, son muchas las personas, personajes, bibliotecas, instituciones y librerías que lo habitan. Y este viernes Día de las Bibliotecas, empezaré con las salas de lectura dedicadas a la LIJ…
Cuando yo era pequeño (no voy a decir cuánto), había muy pocas bibliotecas orientadas al público infantil en Albacete. La pequeña biblioteca del Ministerio de Educación y Cultura (en aquellos años no se llevaba la tontería de las autonomías y sus competencias) que dicha institución tenía en el edificio de la Avenida de la Estación, y la pequeña biblioteca del Parque de Abelardo Sánchez (desde 1924… 90 añitos, casi nada…). Quizá también podríamos incluir las antiguas bibliotecas escolares, en las que, de vez en cuando, podíamos encontrar algún libro que nos diera alas. Incluso recuerdo cómo, a veces, aparcaba el bibliobús (entonces dependiente de la Diputación Provincial) en el Parque Lineal y nos montábamos en busca de más libros sobre aquellas cuatro ruedas.
En los ochenta se levantó el edificio de la Biblioteca Pública del Estado que incluía la sala dedicada al público infantil y juvenil (heredada de aquella otra primera), y más tarde la creación de la Red de Bibliotecas Municipales, la herencia de algunas bibliotecas que la Universidad Popular incluía entre sus espacios, de la que se hizo cargo el ayuntamiento en una escisión administrativa.
Hoy son un total de 14 bibliotecas municipales con una sección de literatura infantil y juvenil y una Sala completa dedicada a este género (BPE), las que se cuentan en nuestra ciudad y donde campan los jóvenes lectores y la mayor parte de los clásicos dedicados a este público.
¡Disfruten de este día! ¡Acudan a una biblioteca!


miércoles, 22 de octubre de 2014

Volando alto


Cuando hablamos de fama -esa que a tantos deslumbra-, debemos de tener en cuenta las numerosas acepciones que acarrea, ya que, últimamente, ser famoso se limita a un sentido peyorativo, asociado más al morro y la perrería, que al trabajo bien hecho y la mera filantropía.
En la sociedad actual, salir en la tele cunde mucho, sobre todo para hincharse a billetes y montarse un negocio redondo. Se cuentan por centenas los arribistas que pretenden vivir del cuento, de sus discursos barriobajeros, de su historial sexual y/o delictivo, o de las tetas postizas, algo que bien pensado tiene su mérito (se exponen a los abogados, a los cirujanos plásticos y a todo tipo de enfermedades de transmisión sexual).
A veces me pregunto dónde ha quedado ese ánimo de escalar a la cima del reconocimiento a golpe de estudio y trabajo. Otras hablo con el sofá y me remito a pensar que los medios de comunicación han allanado mucho el camino hacia la fama… ¿Para qué esforzarse si todo puede ser más fácil? Sólo basta con acudir a algún piscolabis en el que hacerse notar entre la muchedumbre, sonreír, charlar animadamente sobre cualquier banalidad, y dejarse querer por las cámaras de fotos ante el “photocall”. Si a ello unes una verborrea aplastante y un estilo cuidado y acorde con el del resto de los invitados (la mujer del césar no sólo ha de ser honrada, sino parecerlo) tenemos un producto más que rentable del que se puede vivir un tiempo.
Si no me creen sólo deben fijarse en un esperpento como Francisco Nicolás G.I., también conocido como El pequeño Nicolás (me encanta este apelativo tan “lijero”), que a sus escasos veinte años nos ha dejado boquiabiertos con la jeta kilométrica de la que le ha provisto la madre naturaleza, así como demostrarnos que cualquier muerto de hambre con ínfulas  (no hay pocos en un país como este) puede hacerse pasar por un personajillo de medio pelo para, a base de lamer culos, abrirse camino en el mundo de la política de tres al cuarto, dárselas de importante y sacar algún beneficio coyuntural.


Y no mentiré si digo que por mi parte, pueden quedarse con toda esa fama efímera y ridícula. Prefiero la notoriedad que no perece, aquella popularidad que perdura en la memoria colectiva y queda asociada al prestigio, a la reputación intachable, a un reconocimiento de calidad.


En cualquier caso, les recomiendo Altos vuelos, de Golden Cosmos (Doris Freigofas) y Daniel Dolz, un libro de conocimientos desplegable editado en castellano por Barbara Fiore Editora que narra la historia de la aviación desde sus inicios hasta nuestros días, para que, si no tienen en deseo ser alguien conocido, al menos, puedan despegar con su imaginación.




lunes, 20 de octubre de 2014

La catástrofe de la igualdad de género


Los que nos dedicamos a esto de la “educación” (deberíamos llamarlo “instrucción”) constatamos de sobra que el machismo ha vuelto a la sociedad para instalarse de una forma preocupante, más todavía en el entorno juvenil, cada vez más revuelto.
Aunque me preocupa, he de decir que nos lo hemos buscado. He aquí mis argumentos.
No es de extrañar que muchos mensajes desde los medios de comunicación y otros estrados mediáticos, hayan tenido un efecto rebote sobre las mentes ajadas de nuestros pupilos. La imagen del hombre metrosexual, lánguido, extremadamente estético, servicial y educado, ha pasado a la historia en pro del macho follapavas y guarrindongo que muchas anhelan para suplir las carencias afectivo-sexuales que le proporciona el primero. Dejémonos de tonterías, ellas estudian, trabajan y pueden pagarse una chacha que cuide con esmero todos sus vestidos de Prada, ¿por qué no iban a preferir un ciervo que les haga ese tipo de favores que sólo los buenos sementales saben hacer?... ¡Lo que han cambiado las cosas! Hace años las mujeres estudiaban para ser independientes y ahora estudian para ser dependientes de cualquier jeta bien dotado que se cruce con ellas en la treintena.... Tienen puestos de cierta responsabilidad (a veces y cuando les dejan), escalan socialmente, y se pueden permitir lujos que hace treinta años eran impensables, pero muchas de ellas son infelices biológicamente porque han sacrificado la pareja, los hijos y la familia (algo que instintivamente las vuelve majaretas).
Algunas saldrán de los nervios al leer mis atrocidades (eso sí que no me extraña…), a lo que sólo les pido que piensen en las madres solteras, en las inseminaciones artificiales, en el envejecimiento de los ovarios, en los embarazos de riesgo, en los divorcios, o en las familias pluriparentales… ¿De qué son producto? ¿A qué se deben estos fenómenos sociales?
Abogamos por la igualdad, por erradicar la violencia contra las mujeres, pero…, ¿De qué nos sirve cuando dos quinquilleras se ponen a la gresca por el amor de un sujeto despreciable en cierto concurso de tele-realidad? ¿De qué nos sirve cuando en el porno heterosexual la mujer es tratada como un mero objeto que proporciona placer? ¿De qué nos sirven libros como los de Nella Bosnia y Adela Turín? ¿Libros como Una feliz catástrofe (editorial Kalandraka), que abogan por el trato igualitario a padres y mujeres en el contexto familiar, y el intercambio de roles entre ellos? ¿De qué nos sirven si no resuenan?...
Piensen sobre todo esto, a veces es lo más difícil…

sábado, 18 de octubre de 2014

Lloviendo a mares


¡Qué días de lluvia! ¡Casi interminables…! ¡La mitad occidental de la península ha sufrido horrores! Un no parar diluviano nos ha mojado los riñones (¡Qué manera de llover! ¡Un mar desde el cielo!...). Aunque parece que la climatología nos da algo de asueto y el sol nos acompañará la semana próxima (no sé qué veranillo es este…), no escondan paraguas y chubasqueros, ¡pues nos volverán a hacer falta!

Llueve a mares,
llueve a mares,
ríos de gotas de lluvia
resbalan por los cristales,
llueve a mares,
llueve a mares,
lame el agua con su lengua
tejados y bulevares,
llueve a mares,
llueve a mares,
en el cielo el arcoíris
asomará cuando escampe.

A mares.
María Jesús Jabato.
En: A mares.
Ilustraciones de Rocío Martínez.
2014. Vigo: Faktoría K de Libros.




miércoles, 15 de octubre de 2014

De moda: Colección Otoño-Invierno 2014/2015


El primer mundo vive una pasión desatada por todo aquello que gira en torno a la ropa. Proliferan grandes empresas textiles, las rebajas se convierten en una locura desenfrenada, hordas de adolescentes buscan un estilo personal (y no se percatan de que van uniformados… y si no, visiten cualquier centro de educación secundaria), cada vez son más los blogs dedicados a las tendencias (incluido el de la esposa ñoña de Bustamante), la gente se da de palos por acudir a pasarelas donde descubrimos el glamur y las excentricidades de la próxima temporada, y un sinfín de “outlets” virtuales hacen las delicias de las clases medias con grandes marcas al alcance de su bolsillo en pro del enriquecimiento de las empresas de transporte.
Que me gusta la moda es algo innegable, pero afirmo que la sigo desde un prisma estético más que desde el personal. Prefiero la comodidad diaria a una imagen acorde con el fondo de armario del momento. Es cierto que hay que elegir en consecuencia y colgarse lo que se lleva, pero no tengo demasiado tiempo ni dinero para ello...
Estampados salvajes o motivos repetitivos en suéteres y camisetas, la piel (con pelo mucha y sin él también), la lana y el punto (menos gruesa que en temporadas anteriores), el rojo, el negro y los colores oscuros, las parkas acolchadas, un destierro paulatino del vaquero y el regreso del zapato, son las banderas de este otoño-invierno 2014-2015 (así que tomen buena nota los hombres). Pese a ello, me pondré lo primero que pille y dejaré lo más “trendy” para otro día en el que haya que lucir las vestiduras y conquistar miradas incautas.


Seguramente muchos/as digan que están fuera de toda onda y que esto de los trapos se la/o suda, pero he comprobado con mis estudios cinegéticos de fauna callejera que, a pesar de estos desprecios, todos tenemos un punto fetichista en lo que a prendas de vestir o complementos de moda se refiere. Corbatas, calcetines, ligueros, gorros, sombreros, bolsos, bufandas, sujetadores, calzones y cinturones, son los preciados objetos que muchos coleccionan como si de chucherías se tratase. Un servidor prefiere el calzado: zapatillas, botas y zapatos. Cómodos, de piel o de serraje, de corte clásico o más transgresores, ruidosos o muy silenciosos, callejeros, deportivos o elegantes, juegan un papel fundamental para nuestros pies, esos que tanto trabajan y de los que poco nos acordamos. Y sin más dilación, aquí les dejo con un libro-juego de Tomi Ungerer titulado ¿Dónde está mi zapato? (editorial Kalandraka) para que, como si de un maravilloso catálogo se tratase, elijan el más adecuado a su estilismo.

lunes, 13 de octubre de 2014

Cansinos y ofuscados


Cuando algo se convierte en costumbre, deja de tener efecto sobre las múltiples facetas que configuran lo cotidiano y pasa a ser insignificante. Acallar constantemente a los alumnos, llegar siempre tarde, olvidarse de los cumpleaños o perder el teléfono en alguna repisa ajena, son actos que molestan en primera y/o tercera persona, pero que a fin de cuentas, dan buena muestra de nuestra naturaleza humana.
A pesar de lo rutinario y repetitivo del día a día, siempre hay cosas la mar de sorprendentes, que modifican nuestra realidad y nos hacen estar alerta ante los cambios. Algo que muchos llaman “rabiosa actualidad” pero que yo llamo “fuera de lugar”. Seguramente ustedes también conozcan personajes de cierta índole que mueren por ser el centro de atención, idean las estrategias más descabelladas y luchan por estar todo el santo día en el candelero, aunque para ello tengan que cortarse una mano. Conozco bastantes de estos engendros con aires de estrella mediática (para seguir siendo los mismos infelices de siempre… que todo he de decirlo) que, a base de ser terribles seres insignificantes, capaces de dejar con la boca abierta a todo oyente con malabares, peripecias y mucho arte, aburren hasta el hartazgo… ¡Pero oiga! Prefiero a estos saltimbanquis sociópatas que las faldas de tubo, los trajes de chaqueta y las corbatas insulsas de la carrera política…


Aunque quedan pocas tonadilleras en este país, cada vez proliferan más buitres de discurso vacío y bolsillo lleno (prefiero las setas en este otoño tan prometedor para ello). Todo el día en la tele, en la radio, en los periódicos, ganando mandanga, interaccionando con el tejido empresarial a base de licitaciones públicas, y matriculando a sus hijos en colegios trilingües. Lo mejor de todo es que, cuando se les pide responsabilidad por algo, berrean como nenes malcriados y dan pataletas a la menor reprimenda… ¡Menos mal que no les da por quemarnos vivos! (N.B.: Cosa que algunos desearían, pero les sujeta un deseo incontrolable de seguir chupando del bote). Esperemos que sigan tan analfabetos (cosa que abunda en los partidos políticos, ya que los intelectuales se cobijan en la sombra) y no les dé por leer ¡Otra vez!, un álbum infantil del mundo anglosajón firmado por la afamada Emily Gravett (editorial Picarona), y tomen nota de lo que hace Cedric, un dragón enfurecido con su libro favorito, cuando su madre cae rendida de sueño tras las reiteradas peticiones de un hijo muy cansino...


viernes, 10 de octubre de 2014

Palabras colgadas




Lo de escribir por obligación es un martirio. Sobre todo cuando buscas palabras y no encuentras ninguna. Ni debajo de la almohada, ni en el fondo de la noche, ni bajo la sombra de un ciprés…, no das con ninguna cuando más lo deseas. Sin embargo, otras veces, crecen sin pensarlo, saltan de renglón a renglón y te arrancan una sonrisa de efímero triunfo…

A las once para un rato,
abre despacio su hatillo
y se sienta bien sentada;
se desabrocha un zapato
y se come un bocadillo
de queso con mermelada.
Luego se va a los mercados,
después pasa por la plaza
y más tarde al hospital;
llega hasta el pueblo de al lado,
recorre casa por casa
por ver qué puede encontrar.
“Palabras, busco palabras
en papel de servilletas,
en libros o en camisetas
o en los cuernos de las cabras.
Palabras que no se olvidan,
palabras para soñar,
palabras para cantar,
palabras que dan la vida.
Palabras de cortesía,
palabras de aquí y de allá,
palabras que recordar,
palabras tuyas y mías”.

Ángel González de la Aleja.
En: Abrapalabra.
Ilustraciones de Julio Serrano.
Colección “Luna de Aire”.
2014. Cuenca: Ediciones UCLM.
Imágenes de la entrada: SpY.


miércoles, 8 de octubre de 2014

De alarmas, virus y canes


Cuando cosas como el reciente contagio de ébola suceden, uno se da cuenta de cómo es el país en el que vivimos... Uno percibe el ambiente enrarecido, sobre todo, cierto tufo a ignorancia: la ignorancia del populacho (ese que opina, desconoce y ajusticia sin piedad), la ignorancia de la clase política (una que, sin encomendarse a Dios ni a la Santísima Virgen, se mete en camisas de once varas con la esperanza de arañar unos cuantos votos), la ignorancia de las farmacéuticas (las más beneficiadas en estas lides), y, por último, la ignorancia de los enfermos y las víctimas (figurándose peleles con los que siempre se juega).
Nadie sabía qué era el ébola hasta hace dos días (y eso que lleva casi cuarenta años en conocimiento de las autoridades sanitarias internacionales y está catalogado como un virus de bioseguridad de nivel IV -el más elevado-), y ahora todo quisqui ha hecho tesis doctorales acerca de este filovirus a base de guasap y otras aplicaciones perversas, para poner en entredicho las palabras de nuestros, tan queridos, como odiados, médicos y especialistas sanitarios (entre los mejor considerados del mundo, he dicho).
Aparte de la alarma social que este bichito está causando por todo el globo, lo más llamativo son las decisiones de los gobiernos (propios y ajenos) en estas lides, esas que, envueltas en un edulcorado buenismo y algún que otro complejo, han introducido en occidente a conciudadanos contagiados de esta enfermedad, poniendo así en peligro al resto de la población en una alarde humanitario y muy familiar de compartir las desgracias ajenas con sus votantes. Como apunte y por si acaso se olvidan, diré que con la salud (esa de la que sólo nos acordamos en el sorteo de lotería navideño) no caben paños calientes, sino celeridad y mano firme.
Al otro lado están la oposición con sus ganas de enardecer a las masas (siempre vemos la paja en el ojo ajeno… ¡Qué tristeza más grande!), los sindicatos y las suculentas tajadas a instancias de la prevención de riesgos laborales, las farmacéuticas frotándose las manos, y los españoles cagados a base de televisión y radio. Esperemos que algún valiente le quite hierro al asunto con sorna y chiste, porque si no, ¡este cementerio irá para largo!...


Dejando para el final a las asociaciones animalistas y a algún que otro marido desquiciado (N.B.: a estos los encerraba yo en alguna mina abandonada junto a una rehala envenenada con esta mortífera arma biológica) que antepone la salvaguarda de un can a la de cientos de vecinos, llegamos a otro Perro negro (¡ya les llamé la atención sobre él en mi selección de libros foráneos del 2013!), un álbum ilustrado (maravilloso y ganador del premio Kate Greenaway, todo sea dicho) de Levi Pinfold y (co)editado en castellano por Nubeocho y Pepa Montano en el que un perro gigantesco que merodea en los alrededores de una casa se va haciendo cada vez más pequeño y menos peligroso para sus habitantes a instancias de la niña protagonista; algo que esperemos también suceda con este enemigo que ha sorteado nuestras fronteras y al que tanto empezamos a temer, llamado ébola.


lunes, 6 de octubre de 2014

Agua para nuestros males


No es de extrañar que mis alumnos de bachillerato estén hasta las narices del agua y sus propiedades. Que si dipolos eléctricos, que si disolvente universal, que si puentes de hidrógeno, alta tensión superficial, fenómenos de capilaridad, la flotabilidad del hielo en el agua líquida y un largo listado de fenómenos específicos hacen que, con esta molécula aparentemente sencilla, haya prendido la vida en este planeta dando como resultado al ser humano, ese parásito odioso que, donde va, la caga.
A pesar de que algunos niños pillen unos berrinches de agárrate-y-no-te-menees cuando hay que darles un enjuagado, son mayoría aquellos otros que encuentran en el agua el mejor de los juguetes, incluyendo salpicaduras y aguadillas; algo que no es de extrañar puesto que todos los fetos o proyectos humanos se gestan en un medio acuático llamado líquido amniótico.
Que el agua nos relaja y nos repara es de sobra conocido. ¡Mamá yo quiero un balneario! De esos donde el agua dulce o salada fluye a raudales, donde la mente se despeja y el cuerpo descansa mientras, de terma en terma, se moja a distintas temperaturas. Vapor de agua, nieblas calientes, aguas turbias, calizas o arcillosas, se agradecen de vez en cuando.


¿Y el mar? ¿Ese infinito estanque donde el agua, la arena y el salitre se mezclan en el suave vaivén de unas olas que jamás me cansaré de saltar?... Notar como la piel se arruga y sumergirnos durante horas en el azul marino es un lujo al alcance de todos los españoles (¡algo bueno debíamos tener!), si no siempre, alguna vez en la vida… No desesperen los que vivan lejos de la costa, en el interior apartado de toda playa cristalina, ¡siempre quedan las piscinas! Climatizadas o de verano, pueden acudir cuando les apetezca por un ¿módico? precio. Para remojarse el culo un sábado por la tarde, lucir el último bañador adquirido en Sprinter© o Decathlon©, o intentar parecerse a Mireia Belmonte (no me toca nada, aviso) o el equipo español de natación sincronizada (¡eso es mérito y no lo de nuestros futbolistas gandules y burgueses!). Y si no, siempre pueden hacer como un servidor (ir a hacer unos largos, dejar la mente en blanco y prepararla para el resto de la semana) o como los protagonistas de La piscina de Ji Hyeon Lee (editado en España por Barbara Fiore Editora), una de las sorpresas coreanas de la última feria de Bolonia cuyas ilustraciones fueron seleccionadas para diversos anuncios de cartelería, y que nos cuenta las peripecias de unos niños que, ni cortos ni perezosos se sumergen en el fondo de una piscina para, con ayuda de la imaginación, descubrir el fondo marino y los tesoros inmersos en él.




sábado, 4 de octubre de 2014

Como lagartos al sol


Aunque el otoño ya ha irrumpido en nuestras vidas, todavía brilla el sol y lucimos ropa como si de un pleno verano se tratase (el veranillo de San Miguel se hace cada vez más intenso con esto del cambio climático). No sólo para nosotros, pobres mortales, sino para toda la fauna que nos rodea incluidas golondrinas, flamencos, moscas, mosquitos y lagartos.

A mademoiselle Teresita Guillén
Tocando un piano de siete notas

El lagarto está llorando.
La lagarta está llorando.

El lagarto y la lagarta
con delantalitos blancos.

Han perdido sin querer
su anillo de desposados.

¡Ay, su anillito de plomo,
ay, su anillito plomado!

Un cielo grande y sin gente
monta en su globo a los pájaros.

El sol, capitán redondo,
lleva un chaleco de raso.

¡Miradlos qué viejos son!
¡Qué viejos son los lagartos!

¡Ay cómo lloran y lloran,
¡ay!, ¡ ay!, cómo están llorando!

Federico García Lorca.
El lagarto está llorando.
En: 12 Poemas de Federico García Lorca.
Ilustraciones de Gabriel Pacheco.
2014. Vigo: Kalandraka.


jueves, 2 de octubre de 2014

Del aborto y el derecho a la vida


Ahora que la reforma sobre la ley que regula el aborto ha caído en saco roto y el bueno de Gallardón ha abandonado la cartera de justicia (estoy seguro que se debe más a intereses personales y gubernamentales que a la polémica suscitada…, ¡de los políticos fíate tú!), creo que llega la hora de hablar de este tema sempiterno y bastante peliagudo en el que se mezcla la institución familiar, la religión, el derecho a la vida, la capacidad para decidir, la sociedad del bienestar y el impacto mediático. ¡Al toro!
Últimamente todo el mundo se cree con derecho a opinar sobre esto o lo otro, como si todo fuera con ellos, dándoselas de grandes pensadores cuando les apuntan con una cámara de televisión y les endosan con la alcachofa en la boca. Que si yo lo veo muy mal, que si yo lo veo muy bien… ¡Que se callen, joder! ¡Molestan!... En vez de responder “¿Y a mí, qué coño me preguntas?” se dedican a la mayor de las aficiones de este país: hablar por hablar.
El primero de los aspectos a tratar en esto de la interrupción del embarazo es la capacidad de decisión de las afectadas. ¿Por qué nos creemos tan grandilocuentes para decidir por ellas? ¿Para establecer patrones de comportamiento cuando no estamos en su pellejo? ¿Quiénes son los hombres para decidir sobre los 9 meses (y lo que queda) restantes? A ver, que alguien me responda…
El segundo es la omnipresente cuestión de fe… La gente confunde churras con merinas mientras intenta coaccionar a los demás y modificar así sus decisiones interpelando al nombre de Dios, Alá o Quetzalcóatl. Si la decisión de abortar es íntima y personal, más lo son las creencias, y por lo tanto, ¡bastante conflicto interno tiene una creyente si se queda embarazada tras ser violada! (aunque se vaya a Londres a quitarse el marrón de encima…).
Lo del estado en este asunto, no tiene nombre… Me parece mucha paradoja que una adolescente pueda interrumpir el embarazo sin encomendarse a sus padres, pero no pueda acudir a las urnas para elegir a aquellos tocados por la varita mágica de la democracia (¡Qué asco de democracia ibérica! ¡Me aburre de solemnidad!)
También tenemos en juego a la familia, ese ámbito tan necesario y en clara decadencia que, desestructuración tras desestructuración, se desentiende de los problemas que le atañe para encomendarselos al Estado, ese que toma cartas en los asuntos privados para que, de paso, padres, madres y tutores legales no se ensucien las manos con sus hijos, concebidos por obra y gracia del Ministerio de Asuntos Sociales.


La sociedad del bienestar también está de por medio, incluyendo, entre otras, a la píldora, el feminismo, la medicina, e incluso, a la caridad. Nos creemos que los demás tienen que solucionar nuestros problemas, les colgamos la responsabilidad de nuestros fallos y, por tanto, son ellos y no nosotros, quienes deben solucionarlos y poner de su parte para salvaguardar la integridad que se nos olvidó. Y si no, denuncia al canto…
Y tras estas consideraciones que no llegan a ningún sitio (cada uno que haga lo que quiera con sus hijos…), llegamos al derecho a la vida. Cuando uno nace, además del problema intrínseco del parto, deben saber que, tras la luz, la acritud de la vida no se apiadará de nadie y seguirá actuando consecuentemente para diezmarnos y consumirnos con sus avatares. Por esto, a veces es difícil saber si la vida es un derecho o un deber.
En cualquier caso y haciendo alusión a padres y proles, les recomiendo Todos mis patitos, un álbum ilustrado de Janosch y editado por Libros del Zorro Rojo, en el que, con rima incluída y un esperanzador y reproductivo discurso, se nos da buena cuenta de que los hijos unas veces te dan momentos amargos y otras, los más dulces.

martes, 30 de septiembre de 2014

De empresarios y ahorradores


Dejando a un lado los nacionalismos paletos y acaparadores (¡Como si no hubiese cosas más importantes de las que hablar!), se constata una vez más que tendremos que esperar muchos años todavía para volver a las tasas de desempleo de hace unos años (denoten que va para casi una década ya…), si es que alguna vez las recuperamos… No queramos ser pájaros de mal agüero y confiemos en los empresarios españoles y sus ideas para relanzar nuestra economía (es nuestra única esperanza dado que banqueros y políticos han dado muestras evidentes de ser grandes corruptos y unos completos inútiles).
Ahora me dirán que “¡De los empresarios fíate tú! ¡Menudos son! ¡Esclavistas y vividores! ¡Avaros y arribistas!”…, a lo que les responderé: Tienen toda la razón del mundo, pero… un empresario es un inversor -no nos olvidemos-, y por tanto, nunca quiere perder dinero (¿acaso usted quiere perder sus ahorros, el fruto de su trabajo…?). En lo que no le llevo la contra es que, como en botica, los hay de todas clases y que, algunos de ellos, ni sienten ni padecen cuando han de mandar al paro a sus trabajadores. Pero también me consta que otros muchos -por no decir una inmensa mayoría- sufren lo indecible a la hora de despedir a las personas con las que han crecido sus negocios y beneficios, a la gente que ha invertido su tiempo y esfuerzo en alimentar el tejido productor de este país.
Nos encanta demonizar a jefes, propietarios y autónomos, porque todos ellos enmascaren pequeñas y grandes operaciones especulatorias, pero también es cierto que, si no fuese por ellos, el dinero no iría de mano en mano y el capital quedaría inmovilizado por las grandes fortunas, algo que no conviene en un sistema económico liberal como este en el que la circulación de bienes debe ser el mejor de los combustibles para luchar contra una crisis que tan de cabeza nos trae.
A lo que voy: inviertan, emprendan y arriesguen en sus ideas, porque todo puede ser que algún usurero, algún lince cambista, salga corriendo con sus cuentas corrientes y le deje con dos palmos de narices (y sin beneficio alguno)... Algo de lo que mucho puede hablarnos la protagonista de El cochinito de Carlota, una historia del genial David McKee (que últimamente nos hace llegar mensajes bastante complejos) y publicada por Fondo de Cultura Económica, que se ve engañada por una hucha con forma de cerdito volador (y bastante cabrón).


viernes, 26 de septiembre de 2014

Perezoso...


Cada noche, al volver de las vacaciones, mi cuerpo se transforma en un enorme saco de patatas. Su peso se rinde ante cualquier superficie horizontal y el despertador se asemeja a un objeto inerte ante el que, cualquier movimiento se hace eterno. Los párpados pesan más de la cuenta y, bostezo tras bostezo, uno llega hasta la tarde, en la que, tras ingerir algo, cae rendido de nuevo ante la indescriptible atracción del sofá...

Hija de un bostezo
nieta de una almohada
la pereza cuelga
bajo la enramada.

En un mismo sitio
duerme todo el día,
igual si es de noche
o si es mediodía.

No sale a pasear
ni a ver las estrellas.
Sólo ronca y ronca
La pobre doncella.

Fanny Uzcátegui.
La pereza.
En: Taquititán de poemas. Antología de poesía.
Ilustraciones de Ana Palmero Cáceres.
2014. Caracas: Ekaré.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

De malhechos y gimnasios


Aunque el culto al cuerpo es un mal mediterráneo, llama bastante la atención que nuestros socios comunitarios se hayan rendido de manera rotunda al gimnasio y sus beneficios para con la musculatura y el mamoneo. Alemanes, holandeses, nórdicos o ingleses se ponen a tope con los entrenadores personales, la zumba, el pilates, el spinning o el boxeo (ahora lo más de lo más, cuando antes era lo menos de lo menos…) y de paso, lucen palmito a lo largo de la costa (cosa buena para nuestra deprimida economía), dando buena muestra de que, no sólo a los/as chulazos/as de playa les sienta bien el ejercicio, sino que la globalización también los prefiere fornidos hasta los tuétanos.
Para los que no invertimos en batidos de proteínas y bancos de abdominales es una lata pasear a orilla de nuestras benditas playas: uno se siente desprotegido ante tanto organismo bien formado y, empequeñecido, intenta disimular las lorzas metiendo barriga -el más antiguo de los remedios- o estirando los brazos al cielo... Lo más evidente de todo es que nos vamos quedando (además de orondos y perimétricos) en clara minoría… Será que aquellos que no invertimos los consabidos treinta euros mensuales en ponernos a tope a golpe de pesa y mancuerna, ¿”semos rarunos”?... No creo… en todo caso ¡somos naturales! Una cosa es mantenerse saludable, poner a rajatabla el sobrepeso, disminuir el colesterol y controlar la hipertensión, y otra muy distinta es convertirse en esclavos del tono muscular y la forma física, pareciendo androides desprovistos de toda personalidad. ¿Quién quiere ser igual que otro, perder los rasgos que le caracterizan y moldear su cuerpo a golpe de movimientos aeróbicos y dietas especializadas?… (Y dijo una abuela sorda… “Cada vez me es más difícil distinguir a la Jenny de la Selena, y al Yoni del Christian, ¡si parecen clones!”).


¡Decidido! Lo mío es ser yo, quererme a pesar de mis kilos de más, sin importarme los cánones definidos por anunciantes de ropa interior. Prefiero estar sano por dentro que divino por fuera. Y reírme… reírme mucho… porque, aunque lo desee con todas mis fuerzas, jamás alcanzaré la perfección absoluta. Una gran verdad de la que toman buena nota Los cinco desastres (yo hubiera traducido el título por Los cinco malhechos, que también existe esa palabra) de Beatrice Alemagna y editado en castellano por A buen paso, gracias a un advenedizo perfecto que, como de costumbre, resulta ser el más imperfecto de todos.