martes, 18 de diciembre de 2018

¡Yo quería ser pastelero!



Soy tan galgo que de pequeño soñaba con ser pastelero. No cabe duda de que si alguien desea ganarse mis favores sólo tiene que acudir con un buen pastel (Información para navegantes: nada dulzones y de sutiles sabores, con chocolate y frutas ácidas mediante). Tras una confesión en familia y algunas risas, mi  madre me disuadió de hacer realidad esa idea haciéndome saber que los confiteros no sabían de camas y sueños, ya que, sobre todo en aquella época, vivían a fuerza de madrugones. Yo me lo pensaba, pero seguía en mis trece, más todavía cuando le hincaba el diente a los palos de crema, las milhojas o los miguelitos de La Roda.


Con el tiempo y unas cuantas madalenas de por medio, descubrí que la repostería no es  nada fácil y que, a pesar de recetas y alquimia (muchos comparan cocina con química), te puedes pasar con el azúcar o la harina, y hacer engrudo en vez de auténticas delicias. Así que me dejé de tonterías, que siempre hay tiempo de acudir a una buena pastelería y disfrutar de la buena mano de otros y un par de golosinas.


No obstante, todavía me sigue gustando eso de toparme con una pastelería y asomarme al escaparate. Salivando como el niño que era. Lo mismo sucede con los programas de la tele o los canales de Instagram sobre tartas de boda, “cupcakes” u otras historias (¿No les resultan hipnóticos el movimiento de las batidoras o las mil y una formas con las que decorar a base de manga pastelera?). Y concluyo que sin abusar de los postres (ya saben que hay que guardar la línea), a nadie le amarga un dulce porque bocado que no echas, bocado que no recuperas (no seamos resignados y catemos nuevas experiencias).


Con todo esto y un bizcocho, llegamos a un libro que, además de robarme una sonrisa, me ha trasladado a esos sabores de la infancia que no se olvidan. Y es que Prímula Prim, un álbum de Catalina González Villar y Anna Castagnoli (editorial Los cuatro azules) en el que los protagonistas son una pareja de conejos que regentan una pastelería tiene mucho que contar a través de sus sencillas palabras y sus evocadoras ilustraciones. La historia comienza con la llegada de la primavera y un regalo de aniversario muy especial, casi mágico, continua con muchos vítores (Morir de éxito debe ser bastante triste, ¿no creen?) y termina con un giro inesperado sobre la sencillez de lo cotidiano y el retorno a la felicidad.
Una historia de siempre llena de luz, una historia de calor bajo la que cobijarse en estos días de invierno… Hasta que llegue la primavera y nos impregnen sus aromas.


lunes, 17 de diciembre de 2018

Sorpresas maravillosas



Se acerca la Navidad y el entorno de la LIJ se llena de recomendaciones y listados (en breve llegará el de este monstruo) donde generalmente se reparten las mieles los mismos títulos, los mismos autores. Aunque se agradece que exista cierto cuorum a la hora de seleccionar los libros más llamativos, también echo de menos aquellos años en los que, de repente, aparecían bastantes libros que, sin comerlo ni beberlo, se colaban entre los mejores.
Hay libros con los que a los enteraos de LIJ nos gusta toparnos (el de hoy y yo nos conocimos gracias a Instagram, que aparte de postureo, tiene sus bonanzas). Así, de golpe y porrazo. Por un lado nos llevamos una sorpresa, por otro empezamos a creer que el mundo del álbum todavía tiene mucho que ofrecer. Y si el libro en cuestión viene de una editorial pequeñita, la cosa es todavía más agradable, sobre todo porque piensas que detrás de ese trabajo hay mucha pasión e ilusión.


Aunque no me gustan demasiado los premios (lo confieso una y otra vez), no es de extrañar que Yovoy recibiera el Nacional de Ilustración Infantil y Juvenil de Uruguay en 2014, un reconocimiento más que merecido a Juan Manuel Díaz, su autor. Porque en este libro sin palabras se conjugan numerosos elementos narrativos y artísticos sobresalientes… Es un libro lineal, como el viaje de su protagonista, una circunstancia que ayuda al paralelismo con otras historias (fíjense en ese submarino, no lo pierdan de vista). También es un libro con muchas puertas y ventanas, ramificado como el árbol que ese niño va a plantar en una tierra lejana. Igualmente funciona como un vehículo de crítica social, pues apunta a la contaminación de los océanos, a la indefensión de las víctimas de los conflictos armados, o al aislamiento y soledad de nuestras vidas.


Con multitud de detalles (me encanta que la paginación prescinda de números y se realice con ilustraciones de objetos) que en parte recuerdan a mundos oníricos y surrealistas (también futuristas, ¿por qué no?) como los de Jimmy Liao o Shaun Tan, este libro es un ejercicio sobresaliente de creatividad donde lo humano tiene mucho que decir.


Una aventura que podríamos calificar como excelente, sobre todo si tenemos en cuenta que nos podemos detener en cada página el tiempo que queramos, no sólo para hurgar en la mente del autor, sino para rebuscar en nuestra propia imaginación otros mundos en los que vivir, en los que soñar.


viernes, 14 de diciembre de 2018

Una nota (con versos) sobre libros informativos



El otro día charlaba yo con una librera sobre la gran afluencia de álbumes informativos a las estanterías de su negocio (más en estas fechas de regalos). Me comentaba que la cosa estaba siendo muy desproporcionada y que, según ella, descuidaba los logros que en materia de lectura se habían hecho durante los últimos años en el sector para desvincular la lectura del mundo escolar y poder considerar lo humanístico desde un prisma poético-artístico. Vi su postura y me dio por cavilar en si este tipo de libros consideran la experiencia estética, no solo desde el lado más visual, sino también desde el verbal. Me vinieron a la cabeza muchos libros. Algunos parecían verdaderos tratados académicos, otros aunaban variopintas perspectivas, y los menos, muy enriquecedores. Sonreí y me puse a recitar rimas consonantes, que es viernes y toca una de poesía.
.
Y en el pecho, las costillas,
en perfecta formación,
defienden los pulmones
             y también al corazón.             

María Isabel Fuentes y Sagrario Pinto.
En: El cuerpo humano.
Ilustraciones de Lucía Serrrano.
Colección Curiosidades en verso.
2017. Madrid: Anaya.


jueves, 13 de diciembre de 2018

Nosotros y los demás



Que cada uno somos de nuestro padre y madre lo tenemos muy claro. Tanto que muchos lo utilizan como excusa para hacer lo que les viene en gana. Somos muy variopintos, muy diferentes. Sí. Pero, ¿es eso suficiente para justificar nuestros comportamientos? Unas veces pienso que sí, otras que no, y las menos que da igual, porque nada cambiará apelemos unas veces al sentido común, otras al respeto, y las más a la libertad.


No es fácil convivir, aguantar al resto de seres humanos. Solemos pensar en nosotros mismos porque cada uno (con)vive con sus circunstancias aunque estas se llamen Rosarito o Alfonsito (Todo muy orteguiano, para que luego digan que no filosofamos). Los altos no quieren sillas bajas y los bajos no llegan a las estanterías más altas. Los gordos sueñan con butacas de tren más amplias y los escuchimizados con rellenar las mangas de esa camisa de Zara. Las del pelo rizado se pasan el día con las planchas y las morenas con las mechas rubias a cuestas. Mi padre quiere usar ropa amplia y mi madre que sea fácil limpiar las ventanas. A la Gema le gusta el Atiko, a la Pili el Velouria, al Pedro que no le mareen y a mí, disfrutar…


Con tantos deseos y pareceres es muy difícil ponerse de acuerdo (Nunca llueve a gusto de todos), más todavía cuando uno no sabe quién es. Sí, sí, como lo oyen. Hay gente que se pasa el día a la gresca porque no es consciente de  sí mismo (yo sé que soy algo impertinente y deslenguado) y, queramos o no, nuestras relaciones sociales pasan por conocernos, porque si no lo hacemos serán los demás quienes nos hinchen a empujones y puntapiés, recordándonos que no estamos solos y (no) sabemos qué queremos.


Y así llego a Cándido y los demás, un libro de Fran Pintadera y Christian Inaraja que ganó el último Premio Internacional Compostela para álbumes ilustrados convocado por la editorial Kalandraka. En él tenemos a nuestro protagonista (cualquiera de nosotros), Cándido, un hombre que, a pesar de ser especial, se diluye entre la gente. Que tiene sus miedos respecto a los demás pero también unos cuantos anhelos. Ser y seguir siendo. Ser y cambiar, para bien o para mal. Aunque no todo es tan complejo, siempre hay cosas que compartir. “Román, ¿siempre?...” Sólo tienen que leer el libro y dar con la respuesta.


martes, 11 de diciembre de 2018

Mary Shelley, Frankenstein y la ciencia



Hace un par de semanas participé en una experiencia bastante enriquecedora que, tomando como excusa el bicentenario de la publicación de la obra cumbre de Mary W. Shelley, organizó la Amparito. La iniciativa que llevaba por título Cómo conocí a Mary Shelley, consistía en una charla-coloquio en torno a Frankenstein y su autora en la que cada participante hablaría sobre la novela y/o la escritora relacionándolas con  sus propias inquietudes e intereses. En la Casa de la Cultura José Saramago nos encontramos Silvia Fernández, Marina Rey, Carlos López, Amparo Cuenca y el aquí firmante. Y mientras que el feminismo, el cine, la novela gráfica o el contexto creativo fueron las temáticas elegidas por mis compañeros de mesa, un servidor se decantó por la ciencia.
Es por ello que aquí les traigo a modo de acta algunos de los puntos que fui desgranando en aquella charla. Esperando que les guste y dando las gracias a todos los participantes, asistentes y organizadores, empiezo con mi pequeño homenaje científico-literario.



 Apunte inicial…

Cabía esperar que Frankenstein o El moderno Prometeo, considerada la primera novela de ciencia-ficción, un género que ha ido creciendo en estos doscientos años, tuviera referencias al mundo científico, pero lo cierto es que, conforme me adentraba en ella, observé que no sólo el contenido, sino también el contexto y las fuentes de inspiración se podían enmarcar en la ciencia y sus derroteros. Es así como dividí en esos tres niveles las referencias científicas de una de mis novelas favoritas.



Una atmósfera propicia. Geología y climatología.

Algo que debemos tener claro todos los lectores de Mary Shelley es que Frankenstein no hubiera visto la luz si “el año sin verano”, uno cargado de temperaturas gélidas y lluvia, no hubiera acontecido.
Durante el 5 y el 10 de abril de 1815, el monte Tambora, un volcán situado en Sumbawa, en el archipiélago indonesio, entró en erupción arrojando a la atmósfera inmensas nubes de material procedente del interior terrestre. Millones de toneladas de cenizas volcánicas y otras tantas de dióxido de azufre quedaron en suspensión en la atmósfera y dieron la vuelta a la Tierra en dos semanas. Este velo de partículas cubrió el planeta y reflejó la luz del sol, enfriando las temperaturas, atmosférica primero y  oceánica después, haciendo que 1816 pasaría a ser uno de los años más fríos conocidos. Las nieves cubrieron buena parte del hemisferio norte hasta bien entrada la primavera y las bajas temperaturas echaron a perder las cosechas. Con este panorama se calcula que más de 90.000 personas murieron como consecuencia directa e indirecta de la erupción de este volcán, una de las más grandes de la historia documentada.
Pero este año sin verano no sólo trajo ruina y miseria, sino que propició un clima adecuado para engendrar a la “criatura” de una Mary Wollstonecraft (en aquel tiempo Godwin) que cruzaba los montes Jura hacia Ginebra bajo "grandes copos de nieve, espesos y veloces". A orillas del lago Lemán, pasó junto a su amante, su hermana y otros dos amigos una estancia gris, lúgubre y plomiza, en la que la mayor parte del tiempo llovió. "Los truenos estallaban de forma aterradora sobre nuestras cabezas", anotó Mary mientras pensaba en su historia de fantasmas.


William Turner. 1817-1820. La erupción del Vesubio.


Infundir una chispa de vida. Dos puntos de partida y una incógnita.

Como cualquier otra novela de ciencia-ficción, su autora se basó en dos descubrimientos en materia científica de la época.
En primer lugar hay que citar los experimentos de Luigi Galvani sobre la naturaleza eléctrica del impulso nervioso y la contracción muscular alrededor de 1780. El fisiólogo y físico italiano, tras descubrir de manera fortuita que al aplicar una pequeña corriente eléctrica a la médula espinal de una rana muerta, se producían grandes contracciones musculares en los miembros de la misma, comenzó a divulgar este hecho en diversas conferencias, animando a reproducir estos experimentos una y otra vez. A ello se uniría Giovanni Aldini, su propio sobrino, cuando en 1803 empleó la electricidad para animar los miembros de George Forster, un criminal ejecutado en Londres, y hacerlo bailar la llamada "danza de las convulsiones tónicas" ante una audiencia horrorizada.
Es así como la “electrogenesis” daría lugar a foros de discusión y controversia en toda Europa y parte de América, de los que no sólo participarían científicos reputados como Alessandro Volta, sino que también se harían extensibles a otros ámbitos, léase el grupo de amigos que pasaron ese frío verano en Villa Diodati hablando de "la naturaleza del principio vital".
Y es que no debemos olvidar que estos cinco amigos pertenecían a círculos sociales de gran riqueza cultural. Tanto es así que Mary Shelley había asistido en 1814, a una conferencia de Andrew Crosse, un estrambótico experimentador que había transformado su propiedad campestre en un gran laboratorio eléctrico, también conocía los trabajos de William Nicholson y Humphry Davy, pioneros de la electricidad en Gran Bretaña y amigos de su padre, y que leía el Elements of Chemical Philosophy del propio Davy, del que integró algunas frases en el discurso del Dr. Waldman, el profesor de Víctor Frankenstein, en su novela.


En segundo término debemos hablar de la “resucitación cardiopulmonar”, una técnica precursora de nuestra reanimación cardiopulmonar que vio la luz a finales del siglo XVIII y con la que Mary W. Shelley estaba familiarizada. Primero, porque antes de que ella naciera, su propia madre, Mary Wollstonecraft, había sido reanimada tras intentar suicidarse arrojándose al Támesis. Y segundo porque uno de los reanimadores más conocidos, el médico escocés James Lind, fue mentor y una gran influencia para Percy Shelley durante sus años escolares en Eton.


Ante estas dos claras influencias en la concepción de Frankenstein, hay que llamar la atención sobre una tercera más controvertida, la figura de Johann Conrad Dippel. A pesar de las enormes coincidencias entre la figura del Dr. Frankenstein y este alquimista alemán de quien se cuenta que robaba cadáveres para reanimarlos con una poción de su invención, que nació precisamente en el castillo de Darmstadt (el de la novela), no se sabe con certeza si Mary se inspiró en su figura ya que, a pesar de estar documentado que ella y Percy visitaron el castillo en 1814, nunca quedó reflejado en su diario de viaje.
Cotejado o no, el caso es que todas estas coincidencias científicas nos revelan como Mary Shelley pensó en una criatura "fabricada, ensamblada y dotada de calor vital".
  



Los pilares científicos del discurso

Llega el turno a las interpretaciones que unos y otros hacemos de la novela y su relación con algunos aspectos de la ciencia. Aunque podemos relacionar Frankenstein con varios temas afines como la medicina regenerativa, los trasplantes de órganos, las patologías psiquiátricas (fíjense en ese Dr. Frankenstein obsesionado y enajenado), la ciencia forense, la tanatología o las patologías deformantes (recuerden el concepto quimérico de los monstruos), me he querido centrar en los tres pilares más obvios y contrastados: el científico y su universo, la ética científica y la exclusión competitiva.
Como cualquier otra obra de ciencia-ficción, esta recoge la figura de un científico que se debate entre lo personal y lo profesional. Víctor Frankenstein es un hombre de extremos cuya obsesión le lleva a una carrera a contrarreloj para alcanzar una gloria que tiene más que ver consigo mismo que con lo filantrópico. No obstante y teniendo en cuenta el panorama de la sociedad científica de la época y las grandes figuras que, como Benjamin Franklin, la abanderaban (de hecho Immanuel Kant le dio el apelativo de “el moderno Prometeo”) se intuye en la obra de Mary Shelley cierto deje hacia el progreso, es decir, el científico deja entrever los fines sociales de su obra buscando un utilitarismo manifiesto en ella a pesar del supuesto tono egocéntrico que prima en su figura. Sin duda es un debate en el que cualquier científico de ayer y hoy se ve inmerso.


Lo mismo sucede con la ética científica. Es así como el Dr. Frankenstein sufre una debacle interior al percatarse de que su toma de decisiones, en este caso científicas, tiene unas consecuencias nefastas e incontrolables, máxime cuando estas se relacionan con la creación de un organismo vivo capaz de sentir y pensar.
A mi juicio quizá sea el punto más interesante de la obra y que puede servir a científicos en ciernes a meditar sobre la causa y efecto de la Ciencia. Son pocas las personas de ciencia que no hayan entrado en el discurso de lo ético cuando se ven envueltas en la dicotomía moral. Véase la figura de Albert Einstein y sus encontradas opiniones sobre la construcción de bomba atómica antes y después de detonarla sobre Japón. Mientras que en un principio era partidario de su desarrollo, su visión cambió de manera rotunda cuando constató las nefastas consecuencias que tuvo sobre otros seres humanos.
En este punto y por hacer un apunte histórico específico relacionado con la bioética más académica, cabe destacar la inclusión de Frankenstein en esa pugna entre el mecanicismo y el vitalismo, dos corrientes que tuvieron profundas consecuencias en el pensamiento científico de la época por sus implicaciones de la definición de la vida y la muerte


Andy Warhol. 1980. Albert Einstein.

Por último debemos apuntar al carácter predictivo de Frankenstein, más concretamente sobre el “principio de exclusión competitiva”, un concepto nacido en 1930 que nos ayuda a entender la biología de las especies invasoras, pues nos habla de la competencia  por los recursos naturales entre especies diferentes que conducen a la extinción de una de ellas.
Esto se relacionaría con la escena en la que la criatura se encuentra con su creador y le solicita una compañera que mitigue su soledad. Además, el monstruo distingue sus necesidades dietéticas de las de los seres humanos y expresa su disposición a habitar en las selvas de América del Sur, sugiriendo exigencias ecológicas diferentes. El doctor Frankenstein accede inicialmente a la petición, dado que los seres humanos tendrían pocas interacciones competitivas con un par de criaturas aisladas, pero se arrepiente de su decisión después de considerar la capacidad de reproducción de las criaturas y la probabilidad de extinción humana



Punto y final

Frankenstein ha cumplido dos siglos, doscientos años de tantas cosas, que sigue siendo una obra imprescindible de la literatura, un espejo del mundo y, sobre todo, en el que contemplar nuestra humanidad.



Bibliografía

Jean Pietro Miscione. 2015. Las ranas de Galvani, la pila de Volta y el sueño del doctor Frankenstein. Hipótesis. Apuntes científicos uniandinos, 18: 54-65.

Mary Shelley. 2017. Frankenstein. Annotated for Scientists, Engineers, and Creators of All Kinds. Edited by David H. Guston, Ed Finn and Jason Scott Robert. Introduction by Charles E. Robinson. Essays by Elizabeth Bear, Cory Doctorow, Heather E. Douglas, Josephine Johnston, Kate MacCord, Jane Maienschein, Anne K. Mellor, Alfred Nordmann. 320 pp. Cambridge: The MIT Press.

Mary Shelley. 2018. Frankenstein. Ilustraciones de Elena Odriozola. Madrid: Nórdica Libros. 261 pp.

Beatriz Villacañas. 2001. De doctores y monstruos: la ciencia como transgresión en Dr. Faustus, Frankestein y Dr. Jekyll and Mr. Hyde. Asclepio, vol LIII-1: 197-211.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

Selección de libros informativos 2018-2019 (I)




Los libros informativos llenan talleres, charlas, ferias de novedades y sobre todo, estanterías. No hay librería o biblioteca que se precie que no dedique una sección a este tipo de libros, unos que han tomado tanta fuerza durante los últimos años que están desbancando a los libros de ficción y a otros medios por los que obtener información. Podemos decir que la industria editorial ha encontrado la forma de hacerle frente a la omnipresente y siempre socorrida internet.  
Una nueva forma de entender la curiosidad por el mundo se está abriendo camino de la mano de sorpresas y diseño, de hermosas ilustraciones y juegos de todo tipo. Existe un álbum informativo que recibe la atención del sector y de los estudiosos. Libros como Leer y saber. Los libros informativos para niños de Ana Garralón o el recién editado Alfabeto del libro de conocimientos. Paradigmas de una nueva era de Ana G. Lartitegui (Pantalia de Ideas) analizan el fenómeno y diseccionan el género de la no ficción desde diferentes puntos de vista. Contribuciones que no deben pasarse por alto teniendo en cuenta la importancia que está adquiriendo en la industria.



Por todo ello y un curso más, traigo aquí algunos de los libros de conocimientos más interesantes de estos últimos meses. Esta vez he dejado a un lado aquellos libros que pasan por híbridos entre ficción y no ficción (los suelo incluir en reseñas ad hoc), y los libros informativos para bebés y primeros lectores (que son la mayoría debido al público al que se dirigen), principalmente porque muchos de ellos se editan en formato boardbook, un tipo de libro que ya tiene su propia selección anual en este espacio. 
Como en otras ocasiones, señalo con tres asteriscos (***) aquellos libros que más me han gustado por diferentes razones (idea, edición o ilustración).
Como siempre mi agradecimiento a aquellos que la compartan y ¡elijan ustedes los suyos!




Mino Milani, Sara Not (il.) y Celia Filipetto. Latin Lover. Frases latinas para todas las ocasiones. Combel. (***) Empezamos esta selección con uno de los álbumes informativos que más me ha llamado la atención esta temporada. En primer lugar la idea es bastante novedosa: hacer acopio de las interjecciones latinas más usadas en la actualidad. En segundo lugar hay que destacar la forma tan distendida y ejemplificada de presentarlas e incorporarlas en el vocabulario de los más pequeños. Las imágenes en clave de humor son esenciales. Un buen regalo para enamorados por la lengua. ¡Chapó!



Floortje Zwigtman y Ludwig Volbeda (il.). Criaturas fantásticas. Libros del Zorro Rojo. (***) Bebiendo de libros ya clásicos como la Enciclopedia de las cosas que nunca existieron, se empiezan a publicar libros como este. De gran formato y con unas ilustraciones preciosistas (me encanta el uso de la tinta con las aguadas de cromatismo variable), los autores nos presentan un elenco de criaturas propias de la tradición oral, de nuestros cuentos y leyendas. Grifos, brujas, unicornios y dragones; seres procedentes de todas las geografías y culturas que llenan los sueños de niños y grandes.



Eva Manzano y Eugenia Ábalos (il.). Mitos nórdicos. Nórdica infantil. (***) Aupando el nombre de la editorial, este libro se centra en el mundo de los mitos y leyendas eslavas, uno que a los lectores de estas latitudes nos resulta bastante desconocido. La creación de mundo, Iggdrasil, los Nueve Mundos, sus habitantes… Un universo imaginado por los antiguos pobladores de los países nórdicos que ha inspirado no pocas fantasías de los días pasados y presentes (les invito a que revisen algún que otro tebeo y obra de culto). Un bonito presente con delicadas y sutiles ilustraciones.


Thiago de Moraes. Atlas de mitos. HarperKids. En este libro de extraordinario formato y con unas ilustraciones próximas al mundo del cómic, el autor viaja por los diferentes ecosistemas mitológicos que nos han proporcionado las culturas precolombinas, orientales o griegas. Apuntando hacia el contexto y los personajes, y pasando por episodios curiosos, nos hacemos una idea de cómo fueron (y son) estos universos que dieron explicación a las leyes de la naturaleza y humanas.


Fleur Daugey y Sandrine Thommen (il.). Yôkai. El extraño mundo de los monstruos japoneses. Astronave. (***) Para terminar con este pequeño paseo por las criaturas fantásticas debemos citar este libro que se detiene en los yôkai, esos peculiares seres japoneses que fascinan a tantos lectores. Cada doble página está dedicada a una de estas criaturas que no tienen porqué ser buenas o malas, ya que, bebiendo de la idiosincrasia nipona y oriental se pueden comportar de una forma u otra dependiendo de la situación. También llamados fantasmas o espíritus (en Japón tienen otros nombres como “Mononoke” u “Obake”) seguro que no les dejan indiferentes.


Laure Flavigny, Jessie Magana, Aurélie Boissiere y Severine Assous. Atlas ¿Cómo funciona el mundo? Juventud. Con un gran formato horizontal, este atlas visual y gráfico nos abre la puesta al mundo en una sucesión de mapas sobre los que se representan diferentes temáticas. Deportes mayoritarios, lenguas de diferente origen o la fauna en peligro de extinción quedan recogidos en cada país. De esta manera el lector relaciona conceptos útiles con ubicación geográfica.


Peter Goes. Ríos. Un largo viaje por ríos, mares y lagos. Maeva. Del autor del libro histórico La línea del tiempo, nos llega este recorrido -también lineal- por el curso de los ríos más importantes de nuestro planeta. Así descubrimos el Nilo, el Tajo, el Amazonas, el Mekong o el Mississippi, qué culturas habitan (o habitaron) sus cauces, las ciudades que cruzan o acontecimientos de suma importancia que involucraron a sus aguas. 



Mia Cassany y Agustí Sousa. Calles. Un paseo por las calles más espectaculares del mundo. Mosquito Books. (***) A los viajeros siempre nos gusta toparnos con rinconcitos escondidos y poco transitados, no obstante nunca está de más visitar las calles más famosas y abarrotadas. De esas precisamente, de las avenidas y plazas más conocidas va un libro ideal para regalarle a cualquier fanático del avión, el barco y el tren.  



Karishma Chugani Nankani. Las visitas de Nani. Ekaré. (***) En este libro tan curioso (se presenta en formato vertical y va cosido) y de carácter biográfico (la autora cuenta la historia de su abuela), se nos presenta un mundo plural partiendo de un hecho histórico, la escisión de la India y Pakistán. Así es como la familia se ve obligada a emigrar a Estados Unidos, Inglaterra y Ghana, lo que nos permite introducirnos en el modus vivendi de los migrantes, así como en la cultura de su país de origen gracias a las visitas que hace la matriarca a los citados países llevando consigo productos, tradiciones y recetas de Oriente.


Cruschiform. Colorama. El libro de los colores del mundo. Maeva. (***) Seguimos conociendo nuestro planeta pero esta vez tomando como excusa los colores de esta “pantonera” tan especial. Gracias al trabajo del estudio francés abanderado por  Marie Laure Cruschi podemos asociar colores con procesos, tradiciones, animales, plantas, rituales, alimentos o palabras. Sin lugar a dudas es uno de los libros más curiosos de la tanda y merece la pena tenerlo en cualquier aula.


Jesús Ortiz y Kike Ibáñez (il.). Migue hace un libro. Milrazones. (***) Este libro es un libro dentro de otro. Me explico… Este libro es la historia de un libro que habla sobre cómo hacer otros libros rápidamente, y para ello sus autores han reproducido las páginas de ese primero dentro de la historia que protagoniza Migue. Nos habla de cómo crear la historia de un libro, sus partes, de cómo maquetarlo y darle forma. Una idea bonita idea que puede ser útil a padres y maestros. (Imagen: Fuera de margen)
  


Linda Bailey y Júlia Sardà (il.). Mary, que escribió Frankenstein. Impedimenta. (***). He de admitir que ha sido uno de mis libros fetiche del año que terminamos. No es para menos teniendo en cuenta que esta biografía en formato álbum de Mary Shelley está bastante bien documentada y se adecua a la relación entre la autora y su obra, Frankenstein, un libro del que este año celebramos los doscientos años de su publicación y que se encuentra entre mis favoritos. Con abundante bibliografía y las ilustraciones maravillosas de la ilustradora Júlia Sardá no se lo pueden perder.


Jorge Alcalde y María Padilla (il.). Charles Darwin. El viaje que cambió la historia. Vegueta Ediciones. Hace poco descubrí la colección Genios de la ciencia de esta editorial y me creí en la obligación de traerla a esta casa de los monstruos, no sólo porque hace acopio de una serie de biografías más que interesantes (Steve Jacobs, Lise Meitner, Tesla, Jane Goodall o Gutember), sino porque recoge el trabajo de numerosos  ilustradores españoles como Noemí Villamuza, Miguel Pang, Africa Fanló o Mar Azabal.



Pedro Calleja y Brianda Fitz-James Stuart (il.). Los superpoderes del arte. Una historia desordenada. Mosquito Books. Seguimos con el arte de la mano de esta propuesta a caballo entre ficción y no ficción que se centra en el estilo de un variado elenco de pintores y artistas que revolucionaron el arte. Tomando como hilo conductor las trastadas de Lord Omega y Madame Nada, y tratándolos como superhéroes a Frida Khalo o Enri Matisse, sus autores intentan ordenar la historia del arte centrándose en las características que definen sus obras desde un lenguaje sencillo y cercano.


Patricia Geis. Leonardo da Vinci. Combel. En este nuevo título de la colección de Patricia Geis dedicada a la vida y obra de diferentes artistas en un formato pop-up, le llega el turno a la biografía en tres dimensiones de Leonardo da Vinci, uno de los genios del Renacimiento. Con desplegables, tarjetas y juegos de espejos, la autora nos sumerge en la obras, la época y los avatares que rodearon la vida de un creador que tanto interés suscita.


Susanna Reich y Adam Gustavson. Los Lab Four. Corimbo. Cambiamos de tercio y nos vamos al lado musical de la vida, en este caso con Los Beatles, uno de los grupos de pop emblemáticos del siglo XX. A caballo entre la obra de carácter biográfico, histórico y divulgativo, este libro nos lanza al universo del cuarteto (en inicio quinteto) de Liverpool con unas imágenes detallistas y fieles. Un título que nos desvela el origen, y los entresijos de una carrera musical sin parangón en la historia.



Susana Monteagudo y Luis Demano (il.). Historia ilustrada del rock. Litera. (***) Seguimos dando la nota con este libro tan desenfadado que nos presenta las figuras, acontecimientos y canciones más notables de la historia del rock. Desde los años 50 hasta nuestros días, desde el vinilo al MP3, desde Chuck Berry a Amy Winehouse, este libro de gran formato y a todo color ayudará a comprender a los melómanos en ciernes como se gestó y ha ido evolucionando un estilo como este..


Henri Cap, Raphaël Martin y Renaud Vigourt. ¿De quién es este esqueleto? Librooks. Pasamos a un estadio más científico con una buena tanda de libros. Empezamos con este en el que los autores (un zoólogo, un escritor y un ilustrador) nos presentan a la percha del organismo, el esqueleto. Actuales o del pasados (llámense fósiles), y de todo tipo de bichos, podemos estudiarlos, diferenciarlos e identificarlos haciendo uso de juegos como pestañas, rompecabezas o adivinanzas. Apto para futuros traumatólogos y paleontólogos.


James Doyle y Claire Goble (il.). ¿Por qué no noto que la Tierra gira? Librooks. De la misma editorial que el libro anterior, hace aparición un título que forma parte de la colección iniciada por ¿Por qué los peces no se ahogan? y ¿Por qué el arte está lleno de gente desnuda? Son libros llenos de preguntas (no sólo científicas, aunque el título invite a pensar en ello) para curiosos de cualquier edad que se cuestionan hechos cotidianos hora tras hora.



Julia Rothman. La vida en el campo. Saberes y curiosidades para disfrutar fuera de la ciudad. Errata Naturae. (***) A un hombre campestre como yo no le podía faltar un libro como este. Desde el prólogo me sentí profundamente atraído por este libro que recoge los entresijos de una granja. Tareas, técnicas, cultivares o ganado, un montón de cosas que fue descubriendo una chica de ciudad, su autora, en la granja de su familia política. No puedo dejar de recomendárselo porque es una delicia. De la misma autora Cuaderno de naturaleza, editado por la misma editorial cuya colección de libros y cuadernos sobre naturaleza no tiene desperdicio.



Emmanuelle Grundmann y Florence Guiraud (il.). Las mil y una formas de la naturaleza. Libros del Zorro Rojo. (***) Le llega el turno a uno de esos libros que me recuerdan a otros que conocí durante mi época de estudiante universitario. Con cierto deje al Kunstformen der Natur de Ernst Haeckel hace aparición un libro de gran formato que mezcla poesía con ilustraciones a todo color y unas láminas a doble página en blanco y negro que nos hablan de los patrones y geometrías que sigue la caprichosa naturaleza. Un ejercicio delicado que aúna realidad y rima en un solo movimiento.


Emmanuelle Tchoukriel y Virginie Aladjidi. Inventario ilustrado de animales con cola. Faktoria K de Libros - Kalandraka. Un nuevo título de la colección de inventarios ilustrados que esta vez se detiene en los animales con cola, una característica compartida por reptiles, aves, anfibios y sobre todo, mamíferos. Una mera excusa para enseñarnos la fauna que habita nuestros bosques, estepas, desiertos y selvas para que podamos admirar las maravillas de la naturaleza.


Katharina von der Gathen y Anke Kuhl (il.). La vida amorosa de los animales. TakaTuka. (***) Este libro ha sido una sorpresa. Ma había topado con libros sobre la reproducción animal, pero nunca tan bien planteados y documentados. Millones de curiosidades sobre los aparatos genitales de cientos de animales vertebrados e invertebrados, sus comportamientos sexuales, la orientación sexual, la gestación y el cuidado de la prole. Con numerosas páginas desplegables y unas ilustraciones jocosas y cercanas, conseguirá abrir la boca (y el apetito sexual) a más de uno.



Aina Bestard. Nacimientos bestiales. Zahorí Books. (***) El último libro sobre animales es un libro muy hermoso, no sólo por las ilustraciones detallistas que ha realizado su autora, sino por el formato, el diseño y los materiales elegidos para elaborarlos. En él se recoge la gestación y nacimiento de varios animales. En forma de foto fija (algo que se consigue ubicando a los protagonistas en la misma posición y pasando las páginas translúcidas de papel) y con gran colorido, es un libro en el que detenerse. ¡Enhorabuena por la idea!


José Ramón Alonso y Marco Paschetta (il.). Semillas. Un pequeño gran viaje. A buen paso. (***) Nos acercamos a las plantas, mis favoritas, esta vez de la mano de sus semillas. La formación, su dispersión y posterior germinación se recogen con gran profusión en un libro que nada tiene que desmerecer a los tratados académicos. Si a ello añadimos las bien trabajadas ilustraciones de Paschetta (metafóricas, evocadoras y aclaratorias), y los apéndices y propuestas prácticas del final (he echado de menos un glosario, la verdad), es para tirar una buena traca.



Piotr Socha (il.) y Wojciech Grajkowski. Árboles. Maeva. Regresa el autor del aclamado Abejas con un libro sobre árboles. Especies gigantescas y otras más pequeñas, frondosas y perennifolias, ornamentales y útiles quedan recogidas en un libro de gran formato e ilustraciones cercanas. Adaptaciones y curiosidades, símbolos y utilidades de las plantas, para detenerse y disfrutar sin olvidarse de aprender.



Dominic Walliman y Ben Newman (il.). El profesor AstroCat y la odisea del cuerpo humano. Barbara Fiore. Como había que dejarle hueco a la anatomía humana, me he permitido el lujo de invitar a esta fiesta del álbum informativo al conocido profesor Astrocat, un gato muy curioso que esta vez se da un garbeo por la anatomía y fisiología humanas. La organización del sistema inmune, las neuronas o el proceso de digestión son algunos de los puntos que trata esta aventura. ¡Y que viva el cuerpo humano! P.D.: Las guardas exquisitas.


Kirsti Blom y Geir Wing Gabrielsen. Un mar de plásticos. TakaTuka. En esta selección también hay cabida para la ecología con este libro que pone en evidencia la contaminación del planeta. Debido a la sobreproducción y el consecuente consumo de envases, vertederos y mares se han llenado de plásticos durante los últimos años, una lacra que hay que combatir si no queremos destrozar el medio ambiente. De manera sencilla y con fotografías impactantes los autores ponen en evidencia, y de paso también tela de juicio esta realidad.



Colin Stuart y Ximo Abadía (il.). A la velocidad de la luz. GeoPlaneta. Una selección de libros informativos como esta quedaría un poco huérfana si no tuviera un apartado dedicado a la física, la ciencia experimental que cuesta entender a muchos escolares. En este libro con atractivas ilustraciones e infografías se nos presentan fenómenos como la luz, el sonido, la gravedad, las ondas sísmicas, o los agujeros negros.


Marcus Motum. Curiosity. La historia de un robot explorador de Marte. Flamboyant. La conquista del espacio es uno de esos temas que nos llaman mucho la atención. Si la llegada a la Luna marcó el inicio de la carrera espacial, la llegada de la sonda Curiosity a Marte, fue otro paso de gigante que ayudó a conocer más a fondo el planeta vecino. Esta es la historia del robot que envió las primeras fotos de la superficie marciana y que nos abre nuevos interrogantes sobre la posibilidad de que existan formas de vida allende nuestra órbita.


Jon Agiriano y Nicolás Aznárez (il.). Lo mejor del fútbol. A Fin de Cuentos. (***) Como punto y final y para rebajar tan apetitoso menú de libros informativos, nada mejor que un poco de movimiento, en este caso a base fútbol, nuestro deporte estrella. Con amplia visión de campo (los autores no quieren oír hablar del fútbol marrullero, del de los aires de grandeza, del de los records y cifras que tanto gusta a futboleros), el balompié se ensalza en este libro como deporte plural y bien traído, en el que también caben las historias de concordia, superación y graciosas. En una palabra, humano.
  


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