viernes, 19 de diciembre de 2014

Fuego por la boca


A veces dan ganas de prenderle fuego a todas las sabandijas, pillastres, aprovechados, sinvergüenzas, malnacidos y otras criaturas del averno. No es que me haya convertido en un peligroso pirómano así, de repente, pero sí  es cierto que seres que no levantan tres palmos del suelo se dedican a tocarme ciertos órganos pendulares. Y de tanto sobeteo, se me acaban hinchando. Por una vez desearía transformarme en otro leviatán, cancerbero o dragón cualquiera, para echar humo por la boca y hacer justicia divina...

Esta es la gran llamarada
que lanza el dragón
que va a churruscar
con hambre voraz
al cuervo y al rey,
al coche y al carro,
al lacayo…,
también a la niña,
pequeña princesa,
que guarda la vaina
de la mata del jardín
de la reina de Turnedó.

Gloria Sánchez.
En: La reina de Turnedó.
Ilustraciones de Pablo Otero.
2014. Vigo: Kalandraka.


jueves, 18 de diciembre de 2014

Ilustrísima 2014


A pesar de que cuando hablamos de “Ilustrador/a”, así, en mayúsculas, se nos viene a la cabeza una de las profesiones artísticas con más proyección durante la última década, uno ve como el mundo del arte en general, y de la ilustración en particular, es uno de los más paupérrimos en cuanto a reconocimiento monetario y cultural. Es triste constatar que aquellos que dan forma a los sueños, que insuflan vida a las ideas, se ven zarandeados por galeristas, editores, publicistas, agencias de ilustración o grandes empresas, simplemente en aras de un mundo donde prima la pela y poco importa la ilusión, algo que rebosan todos estos profesionales.
En aras del tesón y el trabajo de los ilustradores, vuelve a nacer Ilustrísima en su edición de 2014, un lugar donde se puede contemplar la labor de muchos monstruos que, con tanto arte, dan forma a los sueños que otros escriben, para que así los lectores busquen nuevas historias detrás de los verbos, sustantivos y adjetivos que los acompañan.
Por tercer año consecutivo el Museo ABC de Dibujo e Ilustración (aunque se ubica en el Paseo de la Castellana, la entrada está en la C/ Amaniel 29-31), desde hoy, día 18, hasta el domingo 21 de diciembre, albergará exposiciones, puntos de venta, talleres para jóvenes y grandes, curiosidades y entrevistas relacionadas con el mundo de la ilustración nacional e internacional.


Aunque a un servidor le sea imposible asistir (¡malditos compromisos!), confío en que ustedes sí lo hagan, y así verán obras de autores como Maguma (que firma el cartel de este año y de quien me gustaría descubrir su nuevo proyecto “El sueño de Pandora”… -¡Indirecta!-), Ana Bustelo, Alicia Martín, Celsius Pictor, Adolfo Serra (¡Qué rabia no tener uno de sus monstruitos originales...! -¡Otra indirecta...!-), Beatriz Martín, Sol Undurraga, Antonia Santolaya, Yeyei Gómez, Bea Crespo, Ana Peñas, Eduardo Bertone o Elena Queralt entre otros, que no sólo podrán contemplarse, sino también ser adquiridas a precios asequibles (¡Hagan algo por los ilustradores! ¡Regalen obras originales!). Al mismo tiempo, se desarrollarán varias actividades relacionadas con el mundo del dibujo y la ilustración, entre las que destacarán talleres infantiles, demostraciones o mesas redondas. ¡Aprovechen el fin de semana y hagan sus compras navideñas en un lugar como este!


miércoles, 17 de diciembre de 2014

Un poco de literatura juvenil...


Seguramente muchos dicen que este blog, de literatura juvenil, poco. Y llevan toda la razón… No voy a negar que el álbum ilustrado me roba mucho menos tiempo, es más fácil estar al corriente de las novedades (se publica mucho menos) y se puede compaginar con la labor semanal en este blog. Pero durante la última semana y una vez terminado el ajetreo laboral, he robado unas cuantas horas a la rutina diaria para sumergirme en tres títulos a los que tenía ganas y así redimirme de mis pecados con este sector de la LIJ. ¡He aquí mis opiniones al respecto!


El primero de todos es Campos verdes, campos grises (editorial Lóguez), un clásico “lijero” en el que, a través de la parca narrativa de la recientemente fallecida Ursula Wölfel, podemos sumergirnos en una serie de pequeñas historias cuya intensidad deja un amargo sabor en nuestra conciencia e intenta presentarnos la realidad de hoy día a través de diversos paisajes humanos, a lo largo y ancho del orbe terrestre. Aunque dirigida a lectores competentes en edad infantil, creo que es el adulto quien se siente más cercano a estas estampas de marcado corte constructivista. Es por ello que sería necesario un adulto que, ejerciendo de guía, les haga meditar sobre lo (in)comprensible de nuestra especie.


Tras aguantar la constante jodienda de mi bibliotecaria favorita con este título, me decidí por el último ganador del premio Barco de Vapor, El tesoro de Barracuda (editorial SM), de mi paisana Llanos Campos, algo de lo que, he de decir, no me arrepiento en absoluto. Es un libro sencillo, sin pretensiones, jocoso, rítmico, con un trasfondo fantástico (se nota que esta mujer ha desarrollado su labor dentro del teatro infantil), y recomendado hasta la saciedad (lo voté para la selección del diario El País, con eso lo digo todo…). Hacía falta un poco de aire fresco en esto de la literatura juvenil patria ya que se estaba convirtiendo en un pequeño cortijo que ofrecía mucho título repetitivo y poca diversión… Si a ello unimos las adecuadas ilustraciones de Julia Sardá (me chifla esta mujer), tenemos un título la mar de recomendable para alumnos que terminan la educación primaria y otros que empiezan la secundaria. (N.B.: A ver si la editorial se dignase a enviarme un ejemplar, porque últimamente me tienen la mar de desatendido…).


Por último decidí darle una oportunidad a una de esas novelas lacrimógenas que ha engatusado a quinceañeras enamoradas-de-la-vida de todos los confines terrestres. Bajo la misma estrella de John Green (editorial Nube de Tinta), además de vender lo que no está escrito (creo que millones de ejemplares), ha inspirado una película estrenada el pasado verano, algo que me llevó a plantearme el despiece de este fenómeno literario. Me puse bajo el flexo durante unas cuantas noches y descubrí que, además de dos personajes un tanto extremos (a veces no comprendo bien porqué en este tipo de novelas los adolescentes tienen una idiosincrasia tan adulta…, soy experto en púberes y puedo decir que muchos de ellos, pese a tener vidas horribles, son incapaces de pensar como Ortega y Gasset), la historia envuelve algo más que personas enfermas de cáncer y una novela inconclusa sobre la que se construye el amor. Trata del miedo a la perdida, tanto de la propia vida, como de los sentimientos que tenemos hacia los demás, del dolor que supone el amor eterno, de la herida amarga y la dulce cicatriz que queda en nuestros corazones cuando el amor verdadero arraiga en ellos. Algo que bien merece reseñarse aunque no sea del gusto de todos los monstruos que amamos la lectura por encima de todo.


lunes, 15 de diciembre de 2014

Álbum ilustrado anglosajón vs. álbum ilustrado español (2)


A tenor de La ovejita que vino a cenar (editorial Beascoa), un álbum ilustrado de Steve Smallman y Joelle Dreidemy que lleva vendidas la friolera de siete ediciones (sólo en nuestras fronteras, ojo al panojo) y que trata sobre la compasión y la amistad, he decidido continuar con mi comparativa entre el álbum ilustrado de cuño nacional y aquel que se hace fuera de nuestras fronteras, concretamente en los países de habla inglesa, unos donde nació este género literario y que albergan los mercados de LIJ más potentes del mundo. He aquí mi segunda parte de un enfrentamiento literario ilustrado entre lo de aquí y lo de allí…
Si en España se cuentan alrededor de veinte a treinta editoriales que se dediquen abierta y profesionalmente al género del álbum ilustrado, en Inglaterra (por parcelar un poco tanto dato) llegamos a las cien casas editoriales, algo que supondría mayor competencia y por tanto mayor oferta. Pero no, en Reino Unido es difícil encontrar productos diferentes, transgresores, álbumes ilustrados para adolescentes, libros-juego, etc. Concluyendo: aunque uno crea que en los países de la Commonwealth se produzcan ingentes cantidades de títulos al cabo del año, la variedad no es tan obvia… El mercado es mayor, pero no la creatividad, por varias razones:



1. Aunque nos puede sonar extraño muchos ilustradores del entorno anglosajón prefieren trabajan en países como Francia, Italia y España ya que el mercado editorial de estos países les permite experimentar y ser más creativos con sus trabajos. No es de extrañar ya que la ilustración anglosajona, aunque es efectiva comercialmente, se encuentra muy encasillada dentro de los colores pastel, las líneas a tinta (a veces un tanto encorsetadas de los personajes) y las clásicas historietas resultonas. Nuestras editoriales permiten más libertad a la hora de diseñar un álbum ilustrado, de trabajar diferentes técnicas que no sean la acuarela o el tratamiento digital. Se admite el collage, el acrílico, la edición digital, el lápiz de color o el gouache. Además podemos añadir que el ritmo narrativo tiene una cadencia menos vertiginosa, se define más sinuosamente y es mucho más evocadora.



2. Lo mismo sucede con los textos. En estos países el álbum ilustrado va dirigido casi exclusivamente a una franja de edad determinada (de 4 a 8 años más o menos), por lo que no encontramos textos extensos en este formato de álbum. Más bien son textos breves, con palabras muy estudiadas que inician en la lectura a los más pequeños. Por el contrario, en España hay mucha más variedad de textos ya que el libro ilustrado no se centra en un tipo de público, sino que tiene mayor amplitud de edades y se diversifica por encima y por debajo.



3. En España, la mayor parte de las editoriales intentan que los álbumes ilustrados sean una labor compartida entre dos personas, escritor e ilustrador, algo que creo enriquece sobremanera las producciones de cuño patrio, en los territorios de lengua inglesa las editoriales tienden a publicar aquellas obras en las que el ilustrador sea narrador a un mismo tiempo, de este modo sólo se paga un adelanto (en el caso que haya) y un porcentaje el concepto de derechos de autor, y el editor además elimina las discrepancias entre ambos artistas durante el proceso de creación. A pesar de ganar en practicidad, se pierde frescura ya que son habas contadas los ilustradores capaces de idear historias de cadencia perfecta y resultados óptimos, algo que se confirma en las ferias y encuentros editoriales donde editores e ilustradores van en busca de buenos escritores.


4. Aquí, el autor ofrece y la editorial dispone en base de unos criterios propios que vienen condicionados por las colecciones que reúne cada sello, algo que, en principio, facilita más movilidad en el mercado, un autor puede publicar con una casa y al año siguiente con otra dependiendo de las tendencias de las editoriales y una serie de intereses colectivos. En el álbum ilustrado anglosajón la cosa cambia… Son pocas las editoriales que aceptan el envío de originales, una decisión que se ve promovida por la existencia de agencias o representantes de escritores o lustradores, un eslabón (por no decir tropezón) más a la hora de publicar los trabajos. Por otro lado en estos países los autores son “fieles” (por contrato verbal o escrito) a las editoriales, una cadena que en muchos casos resulta positiva pero que en otros es prueba fehaciente de la poca elasticidad del mercado y su falta de oportunidades.
Y tras un duro combate, en este segundo asalto, el álbum patrio es el vencedor (unos días ganan unos y otros, otros...). Aunque también he de decir que más de un autor y dados los tiempos que corren, le gustaría vender tantos ejemplares como esta ovejita... ¿o no?

viernes, 12 de diciembre de 2014

Celebrando cien años de Platero

Juan Ramón Alonso

Tal día como hoy hace cien años (1914) se publicaba una de las obras cumbres de la LIJ nacional. Aunque su autor, Juan Ramón Jiménez, negara que la escribiera para los niños, Platero y yo se ha convertido a lo largo del tiempo en una de las imágenes de nuestra infancia (sobre todo de la mía, en la que no había tanto videojuego, ni teléfono móvil de cuarta generación).
Y hoy, desde Moguer (Huelva), cuna del premio Nobel, hasta el SLIJ de Madrid, pasando por las ondas de Radio Nacional de España o el omnipresente Google, se celebra la efeméride de la publicación de una de las obras más traducidas a los diferentes idiomas del mundo.
Platero, además de ese burro que retoza por nuestros campos, literales o imaginados, es el símbolo de un tiempo pasado en el que lo rural, todavía vivía en España, en el que el aire todavía olía a siega, a fritillas tempranas, a calles que sonaban a juegos de verano… una imagen que, esperemos, dure otros cien años más. Para que no olvidemos que la España de ayer también tuvo infancia, para que el espíritu de los niños que fuimos perdure en la memoria.

Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro. Lo dejo suelto y se va al prado y acaricia tibiamente, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas... Lo llamo dulcemente: ¿Platero?, y viene a mí con un trotecillo alegre, que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal...


jueves, 11 de diciembre de 2014

XXXVIII Salón del Libro Infantil y Juvenil de Madrid


Cada día y de manera inexorable, se aproxima la navidad. Entre el gentío de las calles, las luces decorativas y el trajín, se pasa el tiempo en un abrir y cerrar de ojos y todo lo que nos habíamos propuesto a disfrutar durante estos días de asueto, se queda en poco (por no decir nada). Aunque muchos piensen que el verano es la estación del año en la que más actividades lúdicas encontramos, un servidor discrepa abiertamente, más que nada porque si echan un ojo a la agenda navideña (y por extensión, invernal) subrayarán que son más las citas con la cultura y el ocio que se presentan aprovechando las heladas y el entretenimiento al calor de una estufa, que durante el estío. Los teatros se llenan, al igual que sucede con las salas de cine, también hay muchas competiciones deportivas, los conciertos tienen una programación de vértigo, talleres, música en las calles… y el Salón del Libro Infantil y Juvenil de Madrid.


Iratxe López de Munáin

Desde hace treinta y ocho años, Madrid se llena de actividades dirigidas a todos los “lijeros”, altos y bajos, hombres y mujeres, pequeños y grandes (no nos olvidemos de los monstruos, por favor). Bajo el lema Platero es… (el par de palabras con las que comienza una de las obras cumbre de la LIJ española) las dependencias del Centro Conde Duque (al lado de Plaza de España) estarán a rebosar de actividades, talleres, exposiciones, entregas de premios, y, sobre todo, de hermosas historias que nos calan hondo entre el 11 de Diciembre (hoy) y el próximo 4 de Enero. Todas ellas son gratuitas (aunque para algunas es necesario retirar invitaciones previamente) y aptas para todos los públicos (no se preocupen los padres más escandalizados), por lo que muchos podrán deshacerse de sus hijos un rato durante las vacaciones escolares e irse a mirar escaparates a la Gran Vía.


Tesa González

De entre todas las actividades que pueden ver y disfrutar aquí, un servidor destacaría la exposición de ilustración sobre Platero y yo en la que han participado numerosos artistas patrios, o la entrega del Premio Lazarillo (más que nada por curiosear y arropar a los ganadores, siempre es de agradecer) que este año ha recaído en María Solar (creación literaria), y Maite Mutuberria y Marta Nuñez (álbum ilustrado). De entre todos los talleres yo me aventuraría a participar en el “Día del libro de Ciencia” y “Transmisión de oficios de padres a hijos” (como adulto) y en “Milagros Birlibirloque” con Marisa López Soria y “La liebre y la zorra” con Pilpira Teatro (como niño), además de visitar la biblioteca y, por supuesto, ¡no se olviden de donar sangre en el autobús que el Centro de Transfusiones de la Cruz Roja ubicará en el patio del citado centro el día 27 de Diciembre!


Miguel Cerro


miércoles, 10 de diciembre de 2014

Cambiar de hogar...


Entre pitos y flautas, llevo más de un tercio de mi vida fuera de casa. Soy un profesional de la maleta, capaz de empaquetar todos los enseres en cinco minutos y no olvidar ningún elemento imprescindible para sobrevivir… Pormenores de la labor educativa, esa que te lleva por autovías, carreteras nacionales, comarcales y algún camino de cabras para diseminar por tierras agrestes lo poco que sé de la vida.
Fundar un nuevo hogar, aunque supone un camino bastante empinado, la mayor parte de las veces suele tener cierta recompensa, sobre todo cuando el ambiente acompaña y te mece con suavidad al ritmo de unos sones que suenan a bienvenida. Cuando lo que te rodea no te sonríe tanto como debiera, hay sitios que, a pesar del correr de los años, no van más allá de lugares de paso.


A pesar de tener experiencias de todo tipo, diré que, aunque en un principio las grandes ciudades puedan parecer más impersonales y menos acogedoras, son preferibles a los pueblos pequeños y otros cortijos aislados en los que a priori te reciben con los brazos abiertos pero luego están deseando echarte a patadas (dicotomía urbe-villorrio, como diría mi amiga La Ascen…). Lo cosmopolita ofrece un amplio abanico de posibilidades, sobre todo gente variopinta entre la que poder encontrar buenos amigos, que, al fin y al cabo, son los pilares sobre los que se van disponiendo el resto de ladrillos que construyen las paredes de una nueva casa…, y lo demás, va rodado…
Hay gente que prefiere novios, parejas y demás animales de compañía, aunque los años me han hecho considerar seriamente esta opción y prefiero una buena jarana rodeado de mucho personal, que ir en busca y captura de un suculento bocado que, a la postre, puede traer demasiados efectos colaterales. Así que me inclino por echar mano de más conocidos y evitar roces sexuales, que uno no está para muchos trotes, se queda trastornado y sigue más solo que la una.


Seguro que tienen muchas historias cercanas sobre exiliados, expatriados, viajantes, aventureros, desterrados, olvidados y parados de larga duración, que se han ido lejos para, golpe tras golpe, tropezón tras tropezón, van creando un lugar donde vivir, un sitio agradable lleno de calor donde el tiempo sea feliz y llevadero. La misma historia que nos cuenta Marta Altés (la gran triunfadora de la ilustración patria) en Mi nueva casa (editorial Blackie Little Books). Ella también conoce de primera mano lo que es vivir fuera de casa (la diáspora es lo que tiene…) y nos lo sabe transmitir a través de este libro ilustrado, una obra que está llena de hermosos detalles (no exentos de gracia) y que les recomiendo regalar a todos aquellos que por circunstancias laborales o personales se ven obligados a fundar nuevos hogares en otros lugares.

martes, 9 de diciembre de 2014

Deshaciéndose de las cadenas sociales


Vivimos en un mundo en el que las buenas formas y lo políticamente correcto nos alejan cada vez más del sentido común. Hacer lo que dicta el saber estar, prima sobre cualquier situación y uno se ve en la encrucijada de elegir entre sus sentimientos o agradar a la sociedad.
Yo hace mucho que decidí: prefiero lo subversivo. Esto no quiere decir que abomine todos los estereotipos que marca la vida social, pero sí me gusta estar en equilibrio con lo que pienso, lo que siento y lo que hago, algo que, créanme, es bastante complicado en un tiempo como este, en el que las falsas palabras y las formas extremas envuelven con una niebla edulcorada cualquier parcela de nuestra vida.


Lo que más le jode a la gente que me rodea es que soy un monstruo, y lo admito. Allá ellos, yo, mi, me, conmigo… No pretendo caerles bien, sino ser sincero con quien toca, con uno mismo. Sé lo que quiero, lo que me gusta y, más importante todavía, quien soy, algo que no consiste en un proceso de introspección bajo la supervisión de un psiquiatra, sino más bien en concluir que uno es uno y debe convivir con sus circunstancias para sacarle el mayor rendimiento posible al paso por lo terrenal.
Lo malo es que soy de los pocos que elucubra (debería decir “lubrica”) de semejante manera, ya que la inmensa mayoría prefiere la verborrea convencional, muchas manos acariciando el lomo, palabras de aprobación y muchos halagos, muchas promesas, mucha evanescencia…, una receta que, si bien te deja sobrevivir a familias putativas, amigos tocapelotas y compañeros envidiosos, también cabe destacar que ha encumbrado a incontables pequeños Nicolases (y todo lo que ello conlleva a sus damnificados).


Este post es una oda a lo fiel, a lo veraz, a lo natural, porque bien es sabido por todos que, solo lo auténtico trasciende, mientras que lo falso, lo forzado y lo artificial (algo que detesto), cae en el más absoluto de los olvidos y pudre el alma de quien lo lleva consigo.
Y como muestra de este discurso contra los cánones pre-establecidos y otras menudencias del amaneramiento occidental, aquí les dejo con un álbum ilustrado que me ha dejado con las patas vueltas. Salvaje, de la hawaiana Emily Hughes (editorial Libros del Zorro Rojo) nos cuenta la historia de una niña criada por los animales del bosque a la que un afamado psicólogo intenta domar sin percatarse de que las personas libres y consecuentes luchan con fiereza para deshacerse de sus cadenas.


viernes, 5 de diciembre de 2014

En el mar invernal...


Llegan tres días festivos. Las grandes ciudades se vacían y las carreteras son un hervidero. Aunque algunos prefieren disfrutar del aire frío de la sierra (porque lo que se dice nieve, hasta ahora poca), la inmensa mayoría se dirige hacia la costa como si de un refugio tropical se tratase… No sé hasta qué punto será contraproducente para la salud pasar un media de cuatro horas al volante, aguantando retenciones, niños llorando y regurgitando, adelantamientos suicidas y otros menesteres propios de estas odiseas..., pero seguro que un paseo a orillas del Mediterráneo compensa todo lo demás...

El día amanece sin prisa,
me lleno las manos de sal,
el mar.

María corre hacia la orilla,
las olas mecen su risa,
le traen baratijas.

Un frasco de cristal
con un mensaje
por descifrar.

[…]

Paula Carbonell.
En: Un día en el mar.
Ilustraciones de Marjorie Pourchet.
2014. Fraga (Huesca): Ediciones La Fragatina.


jueves, 4 de diciembre de 2014

¡Bendita imaginación!


Últimamente me pongo en “modo Camarón” e imagino nuevas galaxias donde se respire un aire nuevo, donde pueda sentirme a mis anchas, sin corsés ni otros grilletes. Puede resultarles un ejercicio absurdo y carente de sentido, a lo que objetaré que si no hubiera sido así, mi alma hubiera acabado marchita…


Hacía tiempo que mi imaginación no se nutría de pensamientos hermosos, de las cosas bonitas que todos hemos hecho y que a todos nos quedan por hacer, de los sueños de juventud, ni del absurdo cotidiano… Pero en vez de dejarla morir, me puse manos a la obra: busqué un tiesto nuevo, lo aboné convenientemente y, tras verter un par de regaderas, vi crecer de nuevo lo que siempre había estado ahí, lo que quedaba del que siempre he sido.


La mayoría de las veces intentamos deshacernos de ella. “Son cosas de niños”, decimos… Pero por favor, no pierdan su imaginación. No la dejen escapar. Es ligera como el plumón que recubre los nidos de las golondrinas, como las semillas del diente de león. Ocupa muy poco lugar (puede vivir entre sus rubios cabellos o adentro de una flor). No se deshaga de ella, es lo único que le queda. Esta ajada humanidad necesita sobrevivir a las ataduras de un tiempo en el que, queramos o no, estamos anclados, para construir nuevos puentes con los que descubrir otros momentos.
Imaginar, fantasear, es a veces la única salida, la única evasión posible. Para aquella que sueña con el hijo perdido, para quien busca ese puesto de trabajo que nunca llega o para quien intenta regresar de la diáspora. Hoy más que nunca es la imaginación y no otra medicina, la que nos guía en un recorrido incierto, la que nos hace volar lejos de aquí.


Y si un día la perdieron (a veces la borran las lágrimas, la desesperación o las agujas del reloj), sólo tienen que seguir los pasos de los protagonistas de Imagina, de Aaron Becker (editorial Kokoro) uno de los mejores álbumes ilustrados del año en España (ya lo fue el año pasado en la edición inglesa)… Tomen una tiza de color entre sus dedos y dibujen una puerta en cualquier lugar para, de vez en cuando, abrirla, cruzarla y poder vivir a través de ella lo que no les ofrece este mundo.


miércoles, 3 de diciembre de 2014

Regalos para los más pequeños


Durante los próximos días seguro que se devanarán los sesos preguntándose qué carajo les van a regalar a sus seres queridos esta Navidad… y se repetirá la misma escena de siempre… “A mamá la arreglamos con un frasco de colonia, a papá una corbata no le viene mal, a la parienta cualquier trapillo, al hijo adolescente le endosamos algún videojuego, y ¿al pequeño de la casa…? ¿Qué le regalamos al mengajo…? Tiene muchos puzles, muñecos y peluches de todo tipo, juegos didácticos a porrón… ¡Qué dilema!”
Y yo les digo: es hora que se decanten por un libro para primeros lectores, con pocas páginas, ilustraciones de líneas sencillas y poco texto. Que sea resistente a los golpes, a los mordiscos, a las babas y a las peleas. Vamos, lo que se llama un “boardbook”. Con ellos el nene podrá aprender cuestiones básicas de su entorno, los nombres de las cosas que le rodean y que le son familiares, los números o las letras.
¡Anímense a visitar una librería! ¡Adquieran un par de libritos de esta pequeña selección e introduzcan a los futuros lectores en este gran mundo que son los libros infantiles! No se lo piensen y ¡al ataque!


WIEHLE, Katryn. 2014. Mi pequeño jardín / Mi pequeño bosque. Editorial Lóguez.


CARLE, Eric. 2014. Colección Mi primer libro de…Números, Formas, Colores y Palabras-. Editorial Kókinos.


 MIURA, Taro. 2014. Colección Vehículos de Trabajo -¡Hop!, ¡Yo me encargo! y ¿Llegará?-. Ediciones La Fragatina.


RUBIO, Antonio y VILLÁN, Óscar. 2014 (Reimpresión). Colección De la cuna a la luna (Duros) –Luna, Cinco, Cocodrilo y Miau-. Editorial Kalandraka. 


martes, 2 de diciembre de 2014

Álbum ilustrado anglosajón vs. álbum ilustrado español (1)


No sé cuántos álbumes ilustrados habré leído a lo largo de todo este tiempo. Seguramente pueden contarse por centenares los títulos que pasan por delante de mis narices. ¿Será bueno o contraproducente? ¿Habré perdido el norte o mi brújula sigue funcionando adecuadamente? Algo me hace pensar que  necesito unas largas vacaciones del cartoné y las ilustraciones para retomar con cierto rigor esto de la crítica… A pesar de ello hoy traigo una nueva reflexión acerca de las diferencias (y coincidencias) entre el libro-álbum anglosajón y el de cuño patrio. Una comparativa que se ha instalado en mi cabeza tras leer en castellano un libro con el que me topé este verano en las librerías londinenses.


Cuando un ser monstruoso como yo acude a una librería en Inglaterra o cualquier país anglosajón (daré por válido cualquiera que pertenezca a la Commonwealth) y toma entre sus manos un álbum ilustrado infantil, lo primero que llama la atención es el formato.  Los ingleses o norteamericanos prefieren ser prácticos. Los libros para niños sufren lo que no está escrito. Se doblan, se golpean y se rompen sin mesura, ¿para qué editarlos con todo lujo de detalles si la mitad acaban mutilados? En el mercado inglés la mayor parte de los títulos que se editan se hacen en doble formato, tapa dura y tapa blanda (aquí sólo apostamos por un formato, generalmente tapa dura, más bonito y elegante… ¡Cuánta tontería hay en España!, ¿Será porque compran los padres y no los hijos?). Y así, la mayor parte de los libros que encontrarán en la sección de literatura infantil de Waterstones o Foyles son de tapa blanda. Sí, bastante llamativo pero con mucha lógica: la tapa blanda tiene un precio bastante menor que su hermana mayor, algo la mar de interesante para el cliente que prefiere comprar cuatro libros para su hijo en vez de dos.


En segundo término cabe reseñar el tipo de ilustración: los anglosajones son los reyes del “cartoon”. Podemos citar innumerables ejemplos de libros con ese estilo desenfadado, expresivo y bastante humorístico que, a caballo entre la caricatura y el cómic, es muy próximo a los niños, no sólo para contar historias desternillantes, sino para otro tipo de historias mucho más serias. Desde el famosísimo Quentin Blake hasta el sorprendente Jon Klassen son muchos los artistas que prestan sus líneas para muchos de los libros con cierto éxito dentro de aquellas fronteras para vender luego sus derechos al resto del mundo. Por el contrario, nuestra ilustración no puede encasillarse de manera tan clara (no hay muchos trabajos patrios de buen “cartoon”…), somos más poliédricos, más serios, más artísticos y menos desenfadados. Nos preocupamos más por la narrativa, de la imagen como arte, y abandonamos el mundo infantil en pro de otro más indefinido. Dos formas de proceder bastante distintas, pero igual de lícitas.


Por último quiero llamar la atención sobre el tipo de historia. Nosotros somos profundos y complejos. Ellos son sencillos y distendidos. Seguramente su punto de partida es el entretenimiento y quizá el nuestro sea el dogma. El anglosajón valora el ocio y la diversión, lo que le lleva a disfrutarlo abiertamente y a divertirse como un enano (que se lo digan a cualquiera que haya vivido una larga temporada en EE.UU.),  nosotros en cambio idolatramos el ocio, lo magnificamos, algo que no nos deja sacar el máximo partido de él, a no aprovecharlo. La intensidad es la misma pero no la intención, algo que quizá no nos deje aproximarnos abiertamente al público infantil, uno que no quiere lecciones, sino sonrisas.


Para que comparen y opinen de todo esto, aquí les traigo Oliver y el troll, un título de gran éxito, escrito e ilustrado por Adam Stower, y editado en España por Picarona (¿Por qué no habrán mantenido el juego de palabras del título?), que creo que es un gran ejemplo de todo lo que les he hecho llegar a través de este post. La historia de este niño que intenta disuadir a un hambriento troll para que no se lo zampe es sencilla, jocosa y luce unas ilustraciones dinámicas y desenfadadas. Quizás muchos digan que nuestros álbumes son mil veces mejores, tienen mayor calidad artística y están pensados al milímetro, pero ¿tienen tanto éxito entre el público infantil? No menosprecien a los ingleses, ellos inventaron el álbum ilustrado, y por tanto tienen mucha experiencia. Saben lo que el niño quiere y se lo dan.

lunes, 1 de diciembre de 2014

La importancia del camino... editorial


Se ve que, aunque a los antiguos se les antojara adecuado empezar el año con el mes de enero, hoy se figura más práctico comenzarlo en diciembre, ese mes en el que  capitalismo y navidad aúnan fuerzas para, con hambre canina, engullir vorazmente nuestras billeteras.
Seguramente esta habrá sido una de las causas que hayan llevado a un sinfín de editoriales a retrasar sus lanzamientos en lo que a novedades se refiere y apostar así por la figura del libro como regalo navideño, añadiendo valor a este producto cada vez más preciado (¡Qué bien piensan muchos!). Y así me veo, con espuertas de títulos que reseñar en menos de tres semanas… ¡Prepárense para una reseña al día!
Hace no mucho tiempo era preferible hacerlas coincidir con el comienzo del curso escolar y complementar las tareas escolares con un poco de literatura. Daba gusto visitar las librerías después de la campaña del libro de texto (allá por octubre), un mes en el que las estanterías (pero no los bolsillos, ya saben lo que trae consigo la vuelta al cole…) estaban repletas de nuevos títulos. Ahora la cosa se ha trasladado a este mes, tan alegre, como lucrativo, donde el negocio es más boyante y edulcorado.


También decir que a todo esto se ha unido la circunstancia de que muchas editoriales prefieren salvar el culo durante septiembre, octubre y noviembre, re-imprimiendo viejos éxitos literarios o publicando un par de títulos menores que hagan ver en los pequeños circuitos del libro infantil que siguen vivas y coleando para, mientras tanto, preparar la buena tajada que trae el adviento. Y en esas estamos los enteraos “lijeros”: aburridos…
En cualquier caso, a todo lo anterior añado que cada vez son más las editoriales que están más preocupadas por las ganancias (es algo comprensible ya que no dejan de ser empresas con ánimo lucrativo) que en editar libros con cierta calidad, algo que denota cierta enfermedad crónica del sector… Como cualquier industria y como bien he referido en otras ocasiones, la edición en España ha comenzado a mutar desde hace unos años, dejando a un lado la ética para reinventarse en el producto de consumo efímero. Vamos, en editar morralla por carretillas en vez de obras que trasciendan, no sólo a la lectura (que para eso estamos), sino a otras parcelas del pensamiento como son el ocio y la imaginación (sigo con mi discursito de siempre: calidad en vez de cantidad). 
En vez de tanto ruido (muchos aburren demasiado con tanta matraca), más valdría ponerse manos a la obra y lanzarse a la compra de buenos derechos extranjeros (que los hay) y preocuparse por la producción de títulos propios que activen el engranaje del libro infantil patrio (algo desgastado desde las dificultades que un puñado de editoriales dedicadas a ello han sufrido).


Es por ello que animo a todos los editores a tomar ejemplo de uno de los álbumes ilustrados un tanto especiales que se ha publicado este año, Sam y Leo cavan un hoyo (editorial Juventud). En él, Mac Barnett y Jon Klassen, reflexionan sobre las bondades del camino sin darle importancia a la meta, sobre la satisfacción que ofrece llevar a cabo algo por el mero hecho de hacerlo. Así son Sam y Leo, que incansables, cavan y cavan, dejando pasar multitud de tesoros maravillosos y joyas increíbles. Prefieren ser constantes y compartir juntos una aventura (que finalmente se ve recompensada de una forma especial), a obsesionarse con el fin. 



viernes, 28 de noviembre de 2014

¡Sonríe!


De unos años a esta parte la risoterapia se ha convertido en una de las asignaturas indispensables en todas las asociaciones de jubilados, centros juveniles y casas de la cultura de barrios y pedanías, colegios y escuelas de toda índole, para hacer frente, no solo a la apatía y tristeza instalada en una sociedad pobre y desahuciada, sino para mejorar la salud física y mental de abuelos, nietos, suegras, amigos y vecinos.
¡Oh, la risa! ¡Bendita contracción del diafragma! ¡Saludable curvatura de los labios! ¡Y sonoro gorjeo de las cuerdas vocales! ¿Qué sería de nosotros sin la risa y sin la gente risueña?

"Pies pecigüelos
que se ría el abuelo,
piernas piernucas
que se ría la hermanuca,
manos manete,
que se ría tu papete,
brazos brazá,
que se ría tu mamá,
frente frentuela,
que se ría la abuela,
panzuela y panzón,
¡ahora me río yo!"

Darabuc (Gonzalo García Rodríguez)
"Caricia de la panzuela".
En: "44 poemas para leer con niños".
Selección de Mar Benegas.
2014. Albuixech (Valencia): Editorial Lit-era.