miércoles, 4 de marzo de 2015

Selección de libros monstruosos


Es una idea bastante común el pensar que los monstruos son seres horribles, quimeras espantosas de otro mundo que siempre aparecen en las situaciones menos agradables de la vida. Algo sobre lo que discrepo… Para un servidor los monstruos son mucho más que eso. Los monstruos son una extensión fantástica de nuestra imaginación, exploran nuestra naturaleza más íntima, recorren los caminos más absurdos, más oscuros de nuestra existencia, sus formas empiezan donde termina la humana. Son excesivos, increíbles y maravillosos.
A lo largo de la vida me he topado con muchos monstruos, unos elaborados  por mí mismo y otros de carne y hueso, unos propios y otros ajenos. Los hay paternos y maternos. Risueños, enfadados, juguetones, tristes, envidiosos, críticos, lectores acérrimos, quiméricos y hasta temibles. Abundan los de tez cetrina, atestados de púas y aliento sibilino, pero también hay monstruos hermosos, los menos, recubiertos de escamas irisadas, de movimientos elegantes, alados, silenciosos y leves, de esos que duermen a tus pies y se posan en el hombro como fieles compañeros. Algunos han seguido mis pasos con sigilo durante toda la vida, mientras que otros solo aparecen en momentos puntuales, cuando menos se les espera.
Quizá muchos de ustedes prefieran no toparse con ellos, pero lo cierto es que el aquí firmante gusta de cruzárselos todos los días… en el ascensor, tumbados sobre la hojarasca del otoño, mezclados entre la muchedumbre, en el mostrador de una biblioteca, pintando el tiempo de mil colores, o en los libros para niños que leo sin cesar…

 
de Dios, Olga. Monstruo Rosa. Apila Ediciones.


Keselman, Gabriela & Elizalde, Marcelo. Cuentos disparatados de monstruos. Editorial SM (otra edición en TimunMas)


Chartrand, Lili & Rogé. El horrible monstruo al que le encantaba leer. Editorial Silabario.


Martínez, Rocío. Gato Guille y los monstruos. Editorial Kalandraka.


 Herreros, Ana Cristina & Jesús Gabán. Libro de los monstruos españoles. Editorial Siruela.


Puño. El monstruo Malacresta. Editorial SM.


Roldán, Gustavo. Cómo reconocer un monstruo. Editorial Thule (otra edición en AZ Editora).


Machado, Ana María & Torcida, María Luisa. El domador de monstruos. Editorial SM.


Irani, Neil & Yun, Park. La niña y el monstruo. Editorial Juventud.


Roldán, Gustavo & Prestifilippo, Pablo. Para esconderse de un monstruo. Editorial Destino.



Gómez Cerdá, Alfredo. El monstruo y la bibliotecaria. Editorial Edelvives.



McKee, David. Tres monstruos. Ediciones Ekaré.



Vere, Ed. ¡A dormir monstruos! Editorial Juventud.



Donaldson, Julia & Scheffler, Axel. El Grúfalo. Ediciones Destino / McMillan (entre otras)



Cave, Kathryn & Riddel, Chris. Otra cosa. Editorial Elfos.



Llenas, Anna. El monstruo de los colores. Editorial Flamboyant.



Docherty, Thomas. El gran monstruo espantoso. Editorial Anaya.



Taylor, Sean & Sharratt, Nick. Cuando nace un monstruo. Editorial Juventud.



del Mazo, Margarita & Pardi, Charlotte. Camuñas. OQO Editora.



Güettier, Kalle, Heimsdal, Rakel & Jónsdóttir, Aslaug. Monstruo pequeño dice ¡No! Editorial Sushi Books.



Zucker, Jhonny & Ross, Tony. Monstruos de intercambio. Editorial Anaya.



Alvarez, Blanca & González, Tesa. Un monstruo muy triste. Editorial SM.



d’Allancé, Mireille. ¡Vaya rabieta! Editorial Corimbo.



del Mazo, Margarita & Konstantinov, Vitali. ¡A mí no me comas! OQO Editora.



Bichonnier, Henriette & Pef. El monstruo peludo. Editorial Edelvives.



Vago, María & Cantone, Anna Laura. El monstruo del sueño. Editorial Laberinto.



Norac, Carl & Cneut, Carll. Monstruo, no me comas. Barbara Fiore Editora.



Balmes, Santi & Lyona. Yo mataré monstruos por ti. Editorial Principal de los Libros.



Bruno, Pep & Salaberria, Leire. Un monstruo. Alba Editorial.



Escoffier, Michaël & Di Giacomo, Kris. A todos los monstruos les da miedo la oscuridad. Editorial Kókinos.



Keselman, Gabriela & Urberuaga, Emilio. Este monstruo me suena. Editorial La Galera.



Cooper, Helen. ¡Ha sido el pequeño monstruo! Editorial Juventud.



Dunbar, Joyce & Liao, Jimmy. El monstruo que se comió la oscuridad. Barbara Fiore Editora.



Schoene, Kerstin. Los monstruos no existen. Editorial Miau.


Sendak, Maurice. Donde viven los monstruos. Editorial Kalandraka.

Imagen de portada: Cintia Martín Esteban.

martes, 3 de marzo de 2015

De niños, nervios, educación y crecimiento


Aunque gracias a la crisis muchos profesionales del ámbito educativo se dedican a estar cabreados como monas porque las aulas siguen desbordadas de alumnos (¡no seremos los del ámbito rural!, esos que nos quejamos de la escasez de matriculaciones…), a sollozar por la falta de dotación presupuestaria para darle a toda pastilla a la calefacción, o a lloriquear porque no doblan su sueldo a costa de los programas de formación del INEM (y sus homólogas regionales), los menos nos dedicamos a constatar que el drama es otro.
Aunque muchos crean que la escasez de oportunidades, la subida de las tasas universitarias, la falta de profesorado, la insostenibilidad del sistema, o los recursos paupérrimos son las causas de que los jóvenes no echen para adelante en un país que se presupone del primer mundo, están equivocados. El porqué es otro, mucho más complejo, mucho más trágico, mucho más triste.
Hoy más que nunca veo a alumnos llorando en las aulas (aunque sea una práctica habitual entre el adolescente hipersensible, se ha acentuado con creces), los veo más perdidos que nunca, con más miedo que nunca, insaciables e intranquilos. Da igual el centro educativo al que acuda, desde el parvulario, hasta las aulas universitarias, pasando por los centros de adultos o los institutos, todos están llenos de los valores humanos más paupérrimos. La envidia, la intolerancia, la desidia, el nerviosismo, la tristeza, se han apropiado de sus cabezas y, lo que es peor, de sus corazones. Toman a manos llenas pastillas para conciliar el sueño, en muchas ocasiones recetadas por unos progenitores que prefieren ejercer de médicos en vez de ser padres. Hiperactividad, síndromes, desórdenes del carácter, problemas de personalidad… 
Probablemente todo tenga que ver con la abundancia que otrora suplía las atenciones paternas, unos billetes que les habían dado una independencia evanescente y que les obligaba a crecer antes de tiempo, a tener problemas de mayores cuando realmente deberían haber sido niños. Ahora el mundo es otro (¡cómo ha cambiado tanto en tan poco!), más adusto y sin tanta bonanza pero con las mismas necesidades, unas a las que hemos acostumbrado al cuerpo y de las que no podemos independizarnos de la noche a la mañana. En definitiva, mis alumnos han perdido su seguridad a una edad bastante complicada. Han perdido su alma tras desligarse del cordón umbilical más necesario, el cariño, e impregnarse del vicio más obsceno, el dinero.


El proceso para calmar tanto culo inquieto, tanto movimiento reptiliano, tantos miedos y tanta ansiedad, debería ser otro, progresivo, lento y natural. Preocuparse por dormir, agotarse mientras juegan, aprenden y sueñan, para, más tarde, embeberse de los males adultos, unos que transgreden las leyes naturales y se inmiscuyen en los pareceres de los hombres, es el camino que muchos niños deben seguir para perder ese Rabo de lagartija del que nos habla mi paisana Marisa López Soria y el ilustrador Alejandro Galindo (editorial Destino y Premio Apel.les Mestres 2014) que muchas veces depende más de un proceso libertario y natural, que de los corsés que una sociedad enferma nos impone.

lunes, 2 de marzo de 2015

Montserrat del Amo, pionera


Tras un fin de semana bastante movidito (me falta tiempo para hacer tanto el mono…) y revisar el trabajo de la recientemente fallecida Montserrat del Amo, he decidido abrirle un hueco (obituario suena demasiado árido para los dulces monstruos) en este lugar y lanzar así un homenaje a su figura como pionera y de paso hacer hincapié en la importancia de la Historia (esa con mayúscula) en esto de la LIJ española. Se ha hablado mucho de los logros y premios conseguidos por esta gran escritora, pero seguramente, su cualidad más reseñable ha sido su gran capacidad para adaptarse a los cambios que el siglo XX trajo consigo.
Montserrat, una mujer que, a pesar de desempeñar su labor en ámbito empresarial, posee una clara formación lingüística y se interesa en la narración oral y el cuento clásico, empieza a hacer sus pinitos en esto de las letras a finales de los cincuenta y primeros años sesenta con libros de carácter religioso (no olvidemos Rastro de Dios, premio Lazarillo en 1960), las realidades, como la inmigración española a Centroeuropa (Zuecos y naranjas), las novelitas de corte histórico (Juana de Arco), o -como a mí me gusta llamarlas- “historias inofensivas” que beben de los cuentos de hadas clásicos. Es así como se abre camino en el mundo editorial franquista que conoce gracias a los entresijos de la imprenta (aprendió el oficio como cajista en su juventud).


Es a partir de los años setenta, con la democracia y la transición, cuando un aire nuevo sopla sobre la sociedad españolas en general y las letras infantiles en particular. Este cambio renovador propiciado por la caída del régimen franquista, promueve una literatura de clara renovación progresista (no olvidemos que la lectura es un vehículo de dogma y que además de estar al servicio de la sociedad, se vincula fuertemente con el poder imperante), a la que acuden -sobre todo- nuevos autores y algunos antiguos que, a pesar de los esfuerzos por acallar a los pasados ( hay muchos tipos de limpieza, incluso cultural), como Montserrat, logran modificar sus estilos y adecuarlos al nuevo mercado.




Temáticas como la integración de las minorías, las colecciones de cuentos, retahílas y canciones infantiles populares, la aparición de los libros serie (no se olviden de los Blok), las obras de suspense o el amor diferente, se suceden en la obra de esta mujer, convirtiéndola en un referente de los libros para niños en España, y otorgándole el Premio Nacional por El nudo (una novedad en cuanto al formato, el tipo narrativo y la integración del lector como parte activa de la obra) y nominándola al Andersen en dos ocasiones.
Descanse en paz y vuelen sus libros.

viernes, 27 de febrero de 2015

7º Aniversario de DVLM LIJ Blog


Siete años. Se dice pronto. Siete años han pasado desde que puse el primer ladrillo de esta casa. Todo empezó como un simple juego que, poco a poco, se fue complicando. Al principio sólo eran sugerencias de lectura acompañadas de pensamientos cotidianos. Después llegaron los comentarios y los seguidores habituales. Decidí establecer cierta periodicidad para las publicaciones, añadí etiquetas, enlaces de interés e incluso le di una mano de pintura para hacerlo más llamativo… De vez en cuando me exprimo la sesera: intento ser original, añado temáticas nuevas, selecciones de libros, y compagino aspectos teóricos, críticos o meras reflexiones en torno a la literatura infantil con otras más banales y mundanas. Intento que los contenidos les resulten atractivos, útiles, y que, sobre todo, disfruten (tanto como lo hago yo) de los libros para niños.


También he visto cómo a otros lugares donde moran los libros ilustrados se les hace cuesta arriba el tiempo… No añaden sugerencias de lectura, ni lanzan opiniones al ciberespacio con la frecuencia esperada, su visibilidad disminuye e, incluso, echan el cierre (véase como por ejemplo la pequeña y maravillosa morada de Darabuc…, una pena…). Quizá sea el vértigo de este mundo nuevo el que nos lleva al agotamiento, quizá sean la inversión de nuestro tiempo libre, quizá sea el sacrificar el cariño a nuestros amigos y familia, quizá la impresión de que poco nuevo hemos de decir…, ¡quizá sean tantas cosas…!



Es por ello que hoy quiero compartir con todos mis compañeros “blogueros lijeros” estos pasteles de cumpleaños tan monstruosos, enviarles un dulce abrazo y mucho ánimo. Esas personas que, desde sus minúsculas parcelas globales y (casi siempre) de manera altruista, defienden la literatura infantil, los libros ilustrados y la lectura.



Llámenlo pasión, llámenlo compartir, llámenlo satisfacción, llámenlo sentirse vivo, pero les diré que no me rendiré a pesar de tantos aniversarios. He trabajado tanto en este sitio que me da pena terminarlo…, así que seguiré haciendo más altos sus muros, para que quepan aquí todos los monstruos que vivimos como niños siendo adultos, para que la magia de la LIJ revolotee en el metro, en la cola del supermercado o, lo más importante, para que empape nuestros corazones. 
Mil gracias a todos.