viernes, 21 de septiembre de 2018

Me gustan las ciudades




A mí lo que me gusta son las ciudades. No muy grandes, que si no me pierdo muchas cosas. Tampoco muy pequeñas, que me aburro bastante. Las de tamaño medio son ideales. Un día, dos o a lo sumo tres, y si quieres, puedes volver. Si tienen muchas cuestas, te dan pereza. Si son muy llanas, cunden demasiado. Lo suyo es que tengan altibajos. Las gentes, que te acojan con salero y desparpajo. Y si no lo hacen, te despides con una sonrisa, que ciudad ajena, ni vacía ni llena.

A mí lo que me gusta son las ciudades.
Las grandes y pequeñas ciudades.
Las ciudades del alma, invisibles.
Las ciudades del cuerpo, dolorosas.
Las ciudades de los mapas, siempre a mano.
Las ciudades que he visitado, tan eternamente.
Las ciudades en las que he vivido, permaneciendo.
Las ciudades que no conozco, misteriosas.
Ciudades invisibles, dolorosas,
siempre a mano, tan eternamente,
permaneciendo misteriosas.
Ciudades, en fin, del corazón.

Fran Alonso.
A mí lo que me gusta son las ciudades.
En: Ciudades.
Ilustraciones de Marc Taeger.
2018. Kalandraka: Pontevedra.




miércoles, 19 de septiembre de 2018

¡A divertirse!



Lo mío es divertirme. Congénita o no, esta destreza con la que me enfrento a un mundo vil y pendenciero también me permite pasarlo bien. Uno se mosquea de vez en cuando pero al cabo de un rato se le viene a la cabeza que la gravedad de las cosas no está hecha para los monstruos y esbozo una sonrisa.
No obstante, esta forma tan alegre e infantil de contemplar la vida tiene muchos lastres. Que si “Román no tienes filtro”, “¡Qué poco compromiso!” o “Eres un  bicho malo”. Uno se pone melancólico y ante tanto sinsabor (y desaborío), promete ser más cauto y contentar a sus acólitos y otros paparazzis (Tú sabe', beibi... Lo políticamente correcto, el buenismo o otros neo-fascismos).


Pero como cualquier otro niño desencantado por la regañina, esta cosa del lloriqueo no dura mucho. Basta con darse un rulo por Instagram, declararse fan incondicional de Britney Spears (otra que tal ¿canta? y ¿baila?), y decidir que este curso y más que nunca, el aquí firmante va a ir a su aire (¿Por qué no permitírmelo aunque no sea multimillonario?). Dejarse llevar por las corrientes de cualquier fluido browniano. Escribir lo que surja. Peroratas pares, también impares, buenrollistas y enervantes (que no solo Willy Toledo o Arcadi Espada tiene que lucirse en las redes…).


La recomendación es que no me lo reprochen. Ya son muchos años de barbaridades. Déjense llevar, ábranse a lo imposible, a un discurso, quizá inconexo, surrealista, impertinente y un poco marítimo. Sinsentido unas veces y otras más manido. Tómenlo con guasa, que la vida son dos días que en na' se pasan.
Y si necesitan acicates, aquí les traigo un título muy risueño de Jazmín Villagrán publicado por ediciones Ekaré. Un libro (en formato vertical y páginas resistentes, oiga) que desde una perspectiva absurda, esa que choca con los principios de la física, con el orden natural de las cosas, nos ofrece numerosas interpretaciones que nos pueden ser útiles a todos. Porque en ¿Qué está pasando allá arriba?, la historia de tres ranas demasiado incrédulas y realistas que chocan con el universo bizarro e imaginativo de un cerdo voluntarioso, da mucho de sí, más si cabe cuando uno quiere tocar el cielo... ¿Lo tocan conmigo? Sería muy enriquecedor...


martes, 18 de septiembre de 2018

Empezamos el curso con uno de conocimientos



Tras dos meses y pico de descanso no me he podido resistir a la tentación de reabrir este blog, uno que viene siendo mi mayor vicio desde hace once años, con mucha alegría. Ya saben que en junio hacen aparición bajones y desánimos que más tarde suelen curar los apacibles días de verano. Así que, henchido de buenas vibraciones (¿Me oyen, me escuchan, me sienten?) y unos cuantos libros, regreso a esta casa para proporcionarles nuevas sugerencias de lectura, curiosidades y (per)versiones.
Teniendo en cuenta que las escuelas e institutos están en plena ebullición, he creído muy apropiado abrir el telón con el “álbum” informativo más antiguo que se conoce, el Orbis Sensualium Pictus de Iohannes Amos Comenius. Libros del Zorro Rojo nos lo trajo allá por mayo en una edición bilingüe latín-castellano con el nombre de El mundo en imágenes, y el aquí monstruo se dispone a descoyuntarlo debidamente con unos mesecicos de retraso.


Aunque hoy día nos puede parecer un tipo de libro muy recurrente en el ámbito educativo, en su época supuso toda una revolución por dos motivos principales. En primer lugar invitaba a una nueva forma de enseñar-aprender. El juego, el aprendizaje autónomo o la integración de la familia en el proceso educativo se incluían en una cartilla escolar de la mano de Comenius, un pionero que desde su condición de protestante (no me voy a extender en una biografía plagada de episodios migratorios y desencantos que pueden consultar con profusión en las últimas páginas de este volumen), desarrolla ideas que recoge en su prefacio y en las que cualquier docente podría encontrar la esencia que impregna (o debería hacerlo) la educación básica de la sociedad occidental. Sugerencias como Muéstreseles lo que se nombra no solo en una imagen, sino en su misma realidad […] o Permítaseles también que dibujen las figuras con su propia mano si así lo desean; incluso incíteseles a que lo hagan […] todavía siguen retumbando en las cabezas de los maestros actuales.


Por otro lado y en lo que respecta a los amantes del álbum y la ilustración, he de llamar la atención sobre el hincapié que hace Comenius en integrar texto e imágenes para asociar ideas, aludiendo al principio de la solidaridad icónica sobre el que descansa cualquier libro-álbum y que tan buenas producciones nos está dando en los últimos años. Es así como el autor revela la importancia de reconocer el mundo desde dos lenguajes en pro del entendimiento y nos dice Pónganse en las manos de los niños las figuras para que se recreen con ellas, hasta saciarse con su vista y las hagan del todo familiares […].


Partiendo de escenas cotidianas o no tan cotidianas (me encantan algunas como la de la caza de aves, la de los relojes, los instrumentos musicales y las de las estrategias bélicas), y teniendo en cuenta ciertas salvedades anacrónicas sobre la astronomía, la anatomía, la religión o la legislación (no olviden que este librito se escribió en el siglo XVII y puede estar desfasado), es un título que les invito a mostrar a sus hijos, no sólo porque aprenderán del presente, sino también del pasado (me encanta comparar el conocimiento del ayer y del hoy).
Una delicia que nos invita a empezar el curso con muy buen pie (o eso espero).



lunes, 2 de julio de 2018

Una fiesta playera para la despedida



Segundo día de julio y ya estamos de vacaciones. Como la semana pasada tuve bastante trajín no pude despedirme de ustedes como se merece la ocasión, así que este lunes hago una excepción y me pongo al teclado para decirles adiós.
Y ustedes dirán “¿Y este muchacho, que nos va a contar que no nos haya contado ya?” La verdad es que poca cosa, que las neuronas las tengo un tanto colapsadas (algo similar les sucede a las estanterías de mi casa…) y me atropello a la primera de cambio...
Cada vez palpo más esa sensación de que no doy a basto. Durante estos últimos años el ritmo ha sido frenético para un servidor. Cambios, nuevas responsabilidades, líos familiares y reuniones vespertinas (no saben cuánto las odio, todavía más si te percatas de que son cónclaves políticos, de muy baja estofa claro...), están empezando a hacer mella. Si a ello le unes que los blogs están de capa caída, que generar nuevos contenidos semana tras semana se hace más tedioso, que el mercado de novedades es absorbente, el poco tiempo para visitar librerías y bibliotecas, y un largo etcétera de peros, la cuesta se hace más empinada.
Acostumbrado a la supervivencia, por ahora no pienso echar el cierre, pero el futuro, aunque sigue siendo una incógnita, se presta a mirar hacia delante, quizá desde otras azoteas que sean menos mediáticas pero que ofrezcan un panorama que se pueda saborear más lentamente.


El caso es que mientras escribo esto le doy a la neurona y me digo a mí mismo, “Pero Román, el día que digas adiós ¡tendrás que organizar una gran bacanal!”. Sí, algo divertido. Nada de firmas de libros ni charlas teóricas sobre el álbum ilustrado. Una buena jarana en un chiringuito de playa, con musicote y unas cervezas fresquitas. Se iba a apuntar hasta la Intemerata. Mandaría invitaciones a doquier. A los cuatro puntos cardinales. A Ana Martínez, Patricia de Cos, Belen Recursos Infantil, Concha Pasamar, LlibresChus, Esther Rodrigo y los de La biblioteca de los peques, Pep Bruno, Marta la logopeda, Elena DeTalleres, Paula de YoMiMeconLibro, Maite de LibrisInfants, Lion D. Santiago, Maria Amélia Jannarelli de Blog Do Livrinho, Mrs NorrisAida Beatriz Sánchez, Agustí Montardit, AbelAmutxategui, Belén Juan, Jorge Gómez Soto, José Rovira, Jesús Buiza, Jesús Ortiz, Silvia Cartañá, Nohemí Mata, Guillermo Mozos, Ana G. Lartitegui, ChicaBombín, Rocío Antón Cortés, Gemma Lluch, Rafael Muñoz, José Morán, rz100arte, A. M. Vozmediano, Sàlvia, María José Urós, La Mamá Corchea, Maride, Luis M. CencerradoEvaristo Romaguera, David PintorDavid Guirao, César S. Ortiz, Luis Daniel González, La RanaEncantada, los de Más Leer, el CEPLI, la Revista Babar, los de Cuatrogatos, el grupo Bib Botó, la Fundación Entrelíneas, CEGAL y su Club Kiriko, las Redes de Bibliotecas Escolares de Andalucía, al grupo de Bibliotecas Escolares de Albacete, los integrantes de ABIBA, a Luz María, mi Amparito Cuenca y mi Rosa Romero. A montones de ilustradores, escritores, editores, bibliotecarios, libreros, narradores orales, investigadores y mediadores de lectura. En definitiva a todos aquellos que me visitan y apoyan desde hace tiempo y a los que siempre estoy muy agradecido por difundir esta labor. 
Lo mejor de todo es que no faltara ni el Tato. ¿Se imaginan? Estaría bonito, muy bonito. Y más que vistoso, colorido.


“Ay, Román, mira que te gusta fantasear… ¡Que esto no va de discotecas! ¿Y los libros qué?” Se preguntarán. Y yo les respondo: los libros siempre están, porque los llevamos dentro.

¡Feliz verano!



*Todas las imágenes de esta entrada pertenecen al libro En la playa de Susanna Mattiangeli y Vessela Nikolova, editado en castellano por Patio Editorial.

jueves, 28 de junio de 2018

¡Una de libros de actividades para el verano!



Llegan los calores y aquí estamos, pasando penurias hasta que lleguen las vacaciones (reales, que aún nos quedan reuniones diversas). Nada mejor como una buena sombra y la orilla del mar para entretenerse durante las próximas semanas. Seguramente muchos de ustedes echen mano de novelas, sopas de letras, sudokus o autodefinidos, pero ¿y los niños? Sí, sí… que construyan castillos de arena, que le den patadas al balón o busquen erizos entre las rocas, pero en las horas de más calor, como no se echen la siesta, ¡el Dios que los aguanta! Así que, aquí les dejo una buena tanda de libros de actividades que no tienen desperdicio para que ofrezcan ocio a pequeños y jóvenes durante los meses de verano en vez de los típicos cuadernillos de repaso (yo los odiaba profundamente). ¡Ah! ¡ Y todos ellos también aptos para adultos!


Robin Jacobs. Pasaporte. Fulgencio Pimentel. Empezamos con uno de los libros de actividades que más me ha gustado de los últimos meses. Orientado para niños que cruzan fronteras de la mano de sus padres, la editorial Fulgencio Pimentel les provee de un segundo pasaporte con el que descubrir, no sólo los países visitados, sino el antes, el durante y el después. Instrucciones divertidas y ocurrentes ayudan al pequeño artista en su labor de dar tumbos y conocer el mundo con monedas, logotipos de aviones o comidas exóticas.



María Ramos y Tu yo del futuro. El libro del futuro. Fulgencio Pimentel. No les voy a negar que este engendro de papel tiene mucho swagg, más que nada porque es una cápsula del tiempo convertida en libro (¿se lo imaginaban?). Este libro nos pide datos, nos da instrucciones, nos busca y nos encuentra. Cómo somos, nuestras familias, cuáles son tus aficiones y sueños. Mirando al futuro desde el presente, oteando el pasado desde el mañana. Si añadimos que la editorial se compromete a ayudarnos en su rescate dentro de unos cuantos lustros, la cosa no tiene desperdicio. ¡Me vuelve loco esta idea!



El Hematocrítico (Miguel Ángel López) y Olga Capdevila. Cuadernito de escritura divertida. Blackie Books. En este cuaderno, además de escribir cosas que se nos ocurren en el día a día o en nuestra imaginación desde una perspectiva humorística (es la especialidad de este maestro-autor), podemos encontrar contextos poco frecuentes en un libro de escritura, como la pantalla de una tablet o una conversación a través de Whatsapp (lugares próximos al público infantil hoy en día) para crear conversaciones extrañas, chistes o cartas. Aderezado por el grafismo en negro y rosa fluorescente de la siempre acertada Olga Capdevila, creo que el grito de guerra puede ser: ¡No se lo pierdan!



Anders Arhoj. Búscame. Andana. Desde que vi este libro en la estantería, me quedé prendado por su portada tan sugerente (todavía no sabría diferenciar la delantera de la trasera excepto por el color). Un par de ojos en un fondo magenta me miran, otro par de ojos sobre fondo azul también. Nos invitan a abrir los nuestros como platos e ir buscando en cada doble página a los personajes protagonistas de este desafío, de estos dos caminos que confluyen en un encuentro final. Con una factura gráfica impecable, el autor danés propone escenarios coloristas y divertidos sin desperdicio.



Aleksandra Artymowska. La maravillosa aventura de Lucas en busca de sus amigos. Mtm. En este otro libro hay que buscar (y encontrar, que no hay reto sin premio) salidas que ayuden a Lucas (y al lector) a pasar página. Es así como escenarios laberínticos cada vez más intrincados, son el escollo que encuentra Lucas para dar con sus amigos. Cavernas, tuberías, árboles, paisajes polares, estatuas y un sinfín de obstáculos en los que el niño encuentra mundos imaginarios donde disfrutar. ¿Logrará dar con ellos? Sean optimistas y ayuden a sus hijos con la tarea de un buen sherpa.



Bunpel Yorifuji. Rakugaki. Cómo potenciar tu imaginación a través del dibujo. Blackie Books. Dirigido a zoquetes del dibujo (sí, como lo oyen, con desparpajo y alegría) este manual intenta dar unas pinceladas muy acertadas (se lo digo yo que el dibujo es una de mis aficiones) sobre las bases del trazo y la línea. Recomendaciones posturales, sobre el material, líneas básicas, volumetría… nos empujan a dar vida a personajes y situaciones. No crean que hay que complicarse mucho la existencia, cada uno hace lo que puede y eso es lo mínimo para pasarlo bien.



Peng + Hu. Hirameki. El genial pasatiempo de la mancha y el garabato. Sexto Piso. Hirameki es un pasatiempo oriental en el que partiendo de una mancha, de acuarela generalmente, el ocioso busca en su imaginación algo que quepa en ella. Coge un bolígrafo y lo dibuja sobre esta sin pudor. Es así como este libro nos propone diferentes ejercicios temáticos sobre páginas llenas de manchas. Bien fácil y entretenido. ¿Será por eso que el significado literal de esta palabra nipona es “rayo de inspiración”?



Serge Bloch. 3, 2, 1… ¡A dibujar! Cocobooks. De la mano de uno de los mejores ilustradores franceses del momento, se nos presenta un libro muy divertido en el que Serge Bloch da una serie de consejos y pautas para crear escenarios de ficción gracias a elementos reales que tienen poca relación. Es así como se origina su estilo inconfundible a caballo entre el collage y la edición  fotográfica. Me gusta (sobre todo para mí... ¿quién me lo regala?).



E. G. Lutz. Qué dibujar y cómo dibujarlo. Mtm. Orientado a todo tipo de público, en este libro publicado por primera vez en 1913 (no se dejen guiar por su aspecto, ¡los niños también leen libros de otra época! ¡Más todavía si son geniales!) encontramos una serie de sugerencias o clases breves de la mano de uno de los maestros de Walt Disney (o al menos es lo que se dice). En cada página se presenta un proceso para dibujar gallinas, ranas, mapaches o niños, y que cualquiera sea capaz de darles vida con una lápiz y un papel. ¿Se animan?



Asís Percales. Manual del Pintamonas. Mosquito Books. Entre tanto libro para colorear flores y mandalas, nace este manual con una idiosincrasia similar. Lo diferente es que no hay que dar color a motivos repetidos, sino a ilustraciones con cierto aire vintage (me recuerdan a la “old school” del tatuaje) y muy cañí. Para todos los públicos, aunque yo me atrevería a regalárselo a algún adolescente modernito, que siempre pueda añadir algo de su cosecha.


miércoles, 27 de junio de 2018

¡Que llegue MI verano...!



Este junio me lleva frito. Tengo ganas de mandar el curro a paseo y perderme conmigo mismo o con quien se tercie para celebrar la vida. Pasear por la playa, madrugar cuando me apetezca, trasnochar, tomarme veinte cervezas, releer a Quevedo o Babrio, olvidar muchas cosas que me permitan recordar otras, echarme la siesta sobre la yerba... Eso es el verano para mí. Y todavía parece primavera. Sólo dos días para que llegue. Demasiado...

Racimos de niños
cuelgan del cielo:
las cometas quieren
llevárselos lejos.

Batir de alas contra el vidrio:
mi vecino observa inmóvil
los bichos que captura
en su frasco de cristal.

Primavera.
Ángeles Quinteros.
En: Un año… Poemas para seguir las estaciones.
Ilustraciones de Ángeles Vargas.
2018. Barcelona: Yekibud Yekinabud.


martes, 26 de junio de 2018

A bordo...



Siento un profundo respeto al mar, al océano. Soy hombre de secano, y eso se nota. Vivo acostumbrado al firme de la tierra en vez de al vaivén de la olas. Si a ello añaden que aprobé “Mecánica de fluidos” a la sexta, tuve tiempo para darme cuenta de cuán compleja es la naturaleza del agua, el líquido por excelencia, que por más que deseemos supeditarlo a nuestra voluntad, quieto no queda.
Sin contar el vikingo (Diríjanse a mi primera papilla, para más detalles), he viajado dos veces en un barco. La primera me dejé llevar por un regimiento de adolescentes italianos y fue hasta divertido (¿Para qué ambientarles si se lo pueden imaginar?), la segunda hubo marejada y mi endolinfa nunca me lo perdonará (Uno no sabe dónde agarrarse ni qué vomitar. Sólo maldices el día en el que accediste a ello). Con ello les quiero decir que ni se les ocurra sugerirme un crucero vacacional. Ya saben mi respuesta por mucha promesa o cena del capitán que me ofrezcan: yo me quedo anclado en el continente y ustedes verán.


Llámenme exagerado o cobarde, pero un servidor, que ha conocido bastantes lobos de mar, sabe de sobra que la vida marítima no es moco de pavo... que eso de chupar meses de camarote no puede ser bueno ni para la moral ni para el cuerpo. Y por si no tuvieran bastante, viven marcados por una fama inmerecida de alcohólicos, proxenetas y tunantes.
Y mientras van pensando en las mieles del océano (yo con una barquita me conformo), hoy les traigo uno de esos álbumes tan hermosos a los que Roberto Innocenti nos tiene acostumbrados. Mi barco era la sorpresa que Kalandraka nos guardaba de cara al verano. Y digo sorpresa porque este libro tiene mucha vela (nunca mejor dicho).


En primer lugar decir que llama mucho la atención este híbrido que oscila entre la ficción y la no ficción, una mezcla que cada vez se utiliza más en el álbum informativo. Esto probablemente se puede deber a la recreación argumental y atmosférica que favorezca la asimilación de contenidos no ficcionales por parte del lector, o quizá para crear una diversificación que permita llegar a más tipos de lectores, por otro lado. En el caso que nos ocupa, me decanto por el primero, ya que el gran Innocenti hace cierta diferenciación física entre la ficción (primera parte del libro) y la no ficción (páginas finales).
No obstante, hay que llamar la atención, y como sucede en muchos otros casos de ficción realista, sobre la imposibilidad de alejarse completamente de un contexto, sobre todo histórico, cuando hablamos de literatura. Cuando la acción se desarrolla en una época determinada, se añaden detalles interesantes, otros conocimientos adicionales al hilo argumental que siempre han de tenerse en cuenta puesto que las creaciones humanas en la mayor parte de las ocasiones son eco del mundo que nos rodea. Esto se puede observar en ese viaje al pasado que nos hace el autor italiano al recorrer un siglo XX lleno de contiendas bélicas (la guerra civil española incluida).


Para no destriparles más este libro / manual de navegación, les invito a que buceen entre sus páginas y descubran los mil y un detalles a los que la mano de Roberto Innocenti nos tiene acostumbrados. Sus perspectivas cinematográficas y su colorido algo naïf (a veces me recuerda a Henri Rousseau) me gustan más conforme pasan los años, más todavía en este barco en el que sí puedo viajar sin riesgo de zozobrar.



lunes, 25 de junio de 2018

Perdido en el bosque



Hace tanto tiempo que me perdí en este bosque de los libros para niños, que empiezo a pensar que siempre estuve aquí. Como cualquier incauto que se adentra en la espesura, creí que no sería para tanto, que al final podría atravesarlo sin demasiado trabajo, no detenerme a cada paso. Hoy sé que la linde queda lejos, que los caminos guardaban muchas sorpresas. Eso a veces me asusta. Otras, convengo conmigo mismo que habitar este espacio es un consuelo.
Al principio me di no pocas caminatas. Como un explorador sin rumbo que anhelaba descubrirlo todo. Libando de este o aquel libro un poco de néctar con el que nutrirme. Hoy el ritmo no es tan frenético. Prefiero la quietud, detenerme bajo el dosel, inhalar sus aromas. Que penetren bien adentro y me impregnen. Quizá sea la mejor manera de entenderlo todo, si es que hay algo que entender.
Aquí puede pasar cualquiera. Da igual la edad, no importan las etiquetas. Muchos otros se internan, y al final, todos nos encontramos. Compartimos sendas tortuosas, tomamos veredas separadas, o departimos en un claro sobre la mullida hojarasca. Perdidos. Incluso esa palabra suena bonita en mitad de esta floresta.
Cavilo estos días. Recapitulo sobre lo acontecido, en lo que esa a la que cariñosamente llamamos Literatura Infantil me ha dado. No sólo me acuerdo del trino de los pájaros, del vuelo de las hadas, de los lobos hambrientos o de los duendes jugando... Sí, la vida es extraña. Y menos mal que existen los bosques.

Ana María Matute. 2018. En el bosque. Ilustraciones de Elena Odriozola. Libros del Zorro Rojo.


jueves, 21 de junio de 2018

Un poco de narrativa para disfrutar del verano


Nos queda tan solo una semana para decir adiós a las aulas (un acontecimiento que estoy deseando más que nunca) y muchos nos pasaremos el día en las orillas. Piscinas y playas verán aumentar sus respectivas poblaciones y entre la fauna diversa, aparte de cuñaos, nenes llorones, cincuentonas renegrías y otros animales acuáticos, se toparan con algunos lectores. Es por ello que, en este día soleado, reparto sugerencias de narrativa y me detengo en las obras que he leído durante los últimos meses y que más me han gustado. Así que, si son de esos que leen debajo de la sombrilla, saquen papel y lápiz (¡Qué antiguo eres, Román! ¡Que lo que se lleva ahora es el móvil!) y apunten este listado.


Mónica Rodríguez. 2018. Naszka. Ilustraciones de Zuzanna Celej. Colección Nandibú. Editorial Milenio. Se dan en esta pequeña aventura varios puntos recurrentes de la literatura infantil entre las que destacan una protagonista perdida y un animal protector. A ello hay que unir un lenguaje directo y articulado en oraciones simples, que en mitad de una ambientación invernal más que sugerente, nos embebe en una fábula honesta y sin pretensiones que se desarrolla en mitad de la naturaleza. Mención especial reciben las acuarelas de la Celej, siempre evocadoras y sutiles.


Erich Kästner. 2018. Emilio y los detectives. Ilustraciones de Walter Trier. Editorial Juventud. Con una nueva edición, traigo aquí uno de los ya clásicos de la literatura infantil. Ambientada en el Berlín de la primera mitad del siglo XX, esta historia de ladrones y persecuciones está protagonizada por Emil, un niño provinciano que viaja a la capital con el encargo de entregar cierta cantidad de dinero a su abuela. Durante el trayecto es víctima de un robo que es el detonante de una aventura en la que una banda de detectives le ayudarán a recuperarlo. Llevada al cine varias veces (la primera con guión de Billy Wilder) es una narración maravillosa en la que se desata ese carácter subversivo de la LIJ clásica, se aleja de moralinas y deja fluir el discurso de cada personaje con total libertad. Recomendadísimo antes de internarse en la llamada literatura juvenil, no sólo por ese espíritu valiente que nos impregna, sino por la inocencia que también destila.


Mónica Rodríguez. 2018. Biografía de un cuerpo. Editorial SM. Uno de los libros juveniles más aclamados durante los últimos meses, no sólo por haber ganado el último premio Gran Angular, sino por otros motivos... Si bien es cierto que el estilo me recuerda al de Alma y la isla, este es un libro más complejo. Por la construcción psicológica (no sé si debería decir psiquiátrica) del protagonista, por el tipo de estructura, una a caballo entre la ficción, la biografía novelada y la antología poética (es difícil de explicar, cuando lo lean lo entenderán mejor) y una ruptura con algunos de los clichés que suelen, solían rodear al mundo de los bailarines y sus familias (aporta una visión mucho más contemporánea que la de, por ejemplo, Billy Elliot), es un libro que merece una parada. No es de extrañar que la Rodríguez haga doblete con este título teniendo en cuenta que ha sabido plasmar la gestión de los miedos y guerras interiores con las que luchan los adolescentes frágiles y aturullados (se lo dice uno que sabe de eso).


Jan Terlow. 2018. Invierno en tiempo de guerra. Editorial Harperkids. Le tenía ganas a esta novela, no sólo porque es una de las pocas novelas que habla de la Holanda nazi, sino porque en esta historia se habla de la supervivencia en un contexto hostil, más que de los horrores de la contienda. Terlow prefiere alejarse de lo secundario, dejar a un lado la política y sus cuitas, para detenerse en la naturaleza humana, en sus aberraciones y virtudes. En la necesidad de huir de Michiel, el protagonista, en aprender poco a poco, a confiar y desconfiar, una premisa sobre la que se fundamenta el comportamiento en época de conflictos. El dolor, la rabia, la desesperación, la inteligencia, la traición, la esperanza y el sinfín de avatares que tienen lugar en las páginas de este viaje iniciático, me ha recordado a las obras de Uri Orlev (Una isla entre las ruinas, por ejemplo) aunque desde una perspectiva quizá más emocional.


Ray Bradbury. 2018. La mujer tatuada y otros cuentos de amor. Ilustraciones de Eva Sánchez Gómez. Editorial Ekaré. Este librito me lo leí en el tren, en cierto viaje a Madrid. Ya había leído algo de Bradbury, pero este tiene un no-sé-qué que me envolvió con cierta dicha. Será porque los tres cuentos que recoge nos hablan de las diferentes facetas de las que puede vestirse el amor, de sus extrañas formas, de su sencillez, de lo sobrenatural y tantas veces estúpido que puede llegar a ser. Y así no fueron pocas las veces que se me dibujó la sonrisa. Una bruja que utiliza el cuerpo de otros para enamorarse, el último individuo de una especie que sigue en busca de un amor, y una mujer tatuada que ve peligrar su gran amor a consecuencia de una piel repleta de garabatos, son las situaciones escogidas por el mago del relato breve para trasladarnos a universos complejos que al mismo tiempo sentimos cercanos.


Emily Brontë. 2018. Cumbres Borrascosas. Colección Tus Libros. Editorial Anaya. Convertido en oscuro objeto de deseo de muchas féminas (algún día tendré que hacer un estudio al milímetro para dar con el porqué), esta obra maestra de la literatura inglesa también se ha colado en mi estantería. Lejos de la sensación un tanto pastelona que deja entrever su versión para la gran pantalla, la obra maestra de Emily Brontë da buena cuenta de su genialidad como escritora (y su tormento como persona, que no lo tuvo nada fácil). El perfil psicológico de los personajes, ese amor maldito (también feliz, que siempre cabe en casos como este tan dispares), la atmósfera envolvente y una estructura narrativa impecable, nos embeben en una lectura llena de fuerza y vitalidad que, lejos de edades y de lo que los jóvenes piensan sobre este tipo de libros (a ver si se dejan a las influencers y empiezan con buenos libros), es atemporal. Más todavía en una edición con anotaciones, tamaño de letra muy aceptable y biografía de la autora (echo de menos los apéndices finales en las que las ediciones antiguas de esta colección indagaban en el contexto cultural y político de los autores y sus obras, pero bueno...). Si les encantan los libros que tienen chicha, este es el suyo sean mujeres u hombres, que el (des)amor no entiende de sexo ni condición. Lo siento, pero he de decirles que esto es literatura, literatura de verdad.

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