viernes, 29 de abril de 2016

Marionetas sin hilos y teatros a medida


Cada vez es más persistente ese pensamiento que me dice que, para que un niño como yo subsista en este mundo de adultos lleno de prejuicios, intereses económicos y mal humor, es necesario teatralizar más de la cuenta. Intento mantenerme al margen y seguir siendo yo, pero la supervivencia está primero y, a pesar de la tentación, no abandono el guión. Opto por conformarme con el papel que otros me han dado en esta obra, re-escribir ciertos pasajes a mi manera, e intentar conquistar el escenario. No olviden que las marionetas pueden romper los hilos y hacer suyo el teatro, bailar por sí solas...

Vivo dentro de un teatro
tan pequeño, tan pequeño
que aquí se pueden tocar
las estrellas con los dedos.

Los caminos son muy cortos.
Cuando salgo, ya regreso,
cuando doy la vuelta al mundo
me despido: “¡Ahora vuelvo!”

No hay sitio para fronteras,
para banderas al viento.
Aquí todo lo que pasa
no es historia, es un cuento.

El teatro donde vivo
es pequeño, tan pequeño,
que hay que mirarse a los ojos
para verse desde lejos.

[...]

Juan Carlos Martín Ramos
Vivo dentro de un teatro.
En: Mundinovi (el gran teatrillo del mundo).
Ilustraciones de Federico Delicado.
Premio de poesía para niños “Ciudad De Orihuela” 2015.
2016. Vigo: Faktoría K de Libros.



martes, 26 de abril de 2016

De palmeros, irreverencias, sorna y educación


Dada la suspicacia del personal y que mis comentarios suscitan todo tipo de irascibilidades, he decidido ponerme en modo “políticamente correcto” y olvidarme de quien soy, no sea que alguno tenga que acordarse de toda mi familia en vez de reírse de todas esas gilipolleces que se me van ocurriendo a tenor de los libros con los que me topo.
El caso es que en este mundo en el que la política y las ideologías lo prostituyen todo (incluso la cultura, esa que se supone universal y libre), más vale tener mano izquierda, que decir/hacer lo que a uno le venga en gana (¡Ay qué vida más triste! ¡Tan llena de cortapisas! Con lo difícil que se antoja dejar los prejuicios y complejos a un lado...). Parece que todos debemos estar al servicio de los regímenes imperantes y sus idearios (los hay de todo tipo, no se crean...), y si disientes con ellos o te significas como mera oposición, te traducen como una mera traición.


Así, empiezan a tirar del hilo (tangencialmente, la mayoría de las veces) y acaban demonizándote por mero objetor. Que si poco compromiso (bastante sabe el que no me conoce de nada), que si maleducado (cuando deberían adjetivarme como insolente y descarado) y monstruoso (¿Ven? En eso estoy de acuerdo... “1. Contrario al orden de la naturaleza. 2. Excesivamente grande o extraordinario en cualquier línea [...]” RAE dixit -las demás acepciones no las pongo que no me convienen... ja, ja, ja-).
Últimamente parece que sólo se traducen como gentiles las reverencias serviles, y es algo en lo que no estoy en absoluto de acuerdo, más que nada porque ser algo impío (N.B.: No siempre tenemos que blasfemar en contra de Dios, también sobre el sistema educativo, los veganos, el ecologismo, el postureo español, el fútbol, los abrigos de piel, la corrupción policial y otro sinfín de ideosincrasias más), no implica ser irrespetuoso, sino mirar la vida con chufla, que ya tenemos bastante seriedad...


No sé que opinaría al respecto de este lío el protagonista de Por favor, Señor Panda (libro ilustrado para primeros lectores de Steve Antony y editado en castellano por NubeOcho), uno con bastante educación pero tan canalla como yo. Un mamífero que, con acidez, sorna y una pizca de humor negro (me recuerda un poco al de los personajes de Jon Klassen), nos da una clase magistral sobre lo que diferencia a la cortesía de la irreverencia, que poco tienen que ver las buenas palabras con los malos pensamientos, y de que tocar las pelotas y estar en el mundo son compatibles a un mismo tiempo. Algo que parece ser que se nos ha olvidado por la ingente cantidad de palmeros que nos bailan el agua a diario con tal de medrar en la vida.


sábado, 23 de abril de 2016

¡Feliz (y mágico) Día del Libro!


Mientras otros aprovechan el día de hoy para hacer apología del nacionalismo (cualquier excusa es buena para mirarse el ombligo...), yo me dedico a tareas más abyectas... Hastiado de leer, tras una siesta reparadora y mucho darle al 23 de abril, he concluido con que, además de estar harto del rollito cervantino (viendo los reportajes que se han marcado las cadenas culturetas, no me extraña), esto de la letra impresa necesita una nueva perspectiva.
No sé si esos discursos apocalipticos sobre la Cultura llegarán a materializarse, ni si los artefactos culturales sólo van mutando dentro de las tendencias del orden humano, ni siquiera si el lenguaje quedará reducido a códigos más sencillos que el literario, pero lo que sí tengo claro es que necesitamos una nueva forma de vender la cultura a las generaciones venideras.


Hemos llegado a un punto de no retorno. La Literatura se ha quedado estancada, acotada a un destinatario con perfil definido, y es incapaz de llegar a más lectores potenciales. Algunos disentirán diciendo que jamás las letras y sus productos han estado tan diversificados como hasta hoy, que nunca antes han alcanzado un nivel tan democrático..., algo sobre lo que, seguramente, no les falta razón, pero hay algo más de lo que hablar: de magia.


El libro y su principal baza, el contenido, han perdido su posición frente a otros artefactos culturales del mismo nivel. Es incapaz de despertar la pasión e ilusión del público. Mientras que hace décadas el libro no tenía apenas competidores, hoy día son los videojuegos, el cine, festivales de música, sexo y bares de copas, unos contra los que es muy difícil luchar con presentaciones, firmas de ejemplares y dramatizaciones, los que se rifan el ocio, el hedonismo y la atención humanas.
Entiendo poco de espectáculo (o según se mire, quizá bastante), tampoco tengo las claves del éxito literario, pero sigo subrayando la necesidad de promover nuevas formas de animar a la lectura que, con más garbo y menos repetitividad, sepan encantar a nuevos lectores y consumidores.


Así que, mientras otros piensan en ello (que yo ya lo hago bastante), les dejo con el ¡Libros! de John Alcorn y Murray McCain, un álbum ilustrado clásico, colores neón y maravilloso (editado en castellano y formato mini por Gustavo Gili) que todavía no había reseñado en este espacio, para apelar a eso que reza la letra de cierta canción: “dejaremos claras las páginas que nos importan, las de los libros abiertos”.

¡Feliz Día del Libro!

jueves, 21 de abril de 2016

De postureo español, ropa, fechites y calzones


Me trae de cabeza esa simbiosis que se ha establecido entre el postureo español y la venta de ropa a través de internet. No sin asombro contemplo cómo las clases bajas y medias se dedican a agenciarse todo tipo de trapos por la web. Que si los pantalones que se gasta Cristiano, que si la falda que llevaba la del “Príncipe”, que si mi nene va a ir a tope con esta camiseta que luce Justin Bieber en tal videoclip... Vamos, que estamos onnubilados con la pose y la tontería que, como dice mi abuela, es gratis y cada uno coge la que quiere.


No hay que olvidarse de las imitaciones de las marcas comerciales de lujo que, además de sustentar una intrincada red de explotación de menores, mafias y otros sinsabores de los países en vías de desarrollo (¡Qué pena!), dan alas a la imaginación de todos los arribistas de occidente que con tanto ego lucen sus mejores galas (pelucos incluidos) en bodas, bautizos y comuniones. Así pasa que al final la gente de pro, burgueses y aristocracia, optan por pobre y sencillo atuendo, no sea que los confundan con quincalla...


Además de los dramas sociales, también tenemos los personales. Están tan atestados los cajones que no sabemos qué hacer con tanto fondo de armario (más todavía si, como a un servidor, te da pena tirar la ropa empercudida y andrajosa: el clásico nostálgico...). Qué gracioso es el no dar a basto para colgarse todo lo adquirido, desbordarse... Y lo mejor llega luego, cuando te encuentras en la oscuridad de algún bar, haciendo el tentesieso con auténticos árboles de navidad nocturnos, copa en mano.


No obstante, ya saben que a uno le gusta la liberalización de los mercados (a pesar de los podemitas que se pirran por vaqueros de Tomás Hilfiger o tacones de Manolo Vlanik) y entiende que, cada uno pueda invertir el sueldo en sus propios fetichismos que, bien canalizados, le pueden proporcionar más de una satisfacción. Fíjense, yo me vuelvo loco con el calzado hasta el punto de practicar el psicoanálisis a través de ellos, y a otros, como los protagonistas de Los calzoncillos del oso blanco un gracioso libro para primeros lectores de Tupera Tupera (sobrenombre bajo el que se esconden los ilustradores japoneses Tatsuya Kameyama y Atsuko Nakagawa) y editado por la editorial valenciana Andana, les da por la ropa interior... Ya saben que bragas, calzones y sujetadores se han diversificado a pasos agigantados para estar acordes a todos los pareceres y paladares, así que no pierdan el tiempo: acudan a una mercería (de las antiguas, sí señor) y adquieran los que más convengan a su personalidad.


miércoles, 20 de abril de 2016

En defensa del fondo editorial, las re-impresiones y re-catalogaciones


Mientras se va acercando el próximo sábado, día en el que conmemoraremos la (supuesta) muerte de Miguel de Cervantes y William Shakespeare, se me ha venido a la cabeza un pensamiento bastante relacionado con los libros y el entramado comercial que se erige durante estas fechas con ellos... Así que ¡a desgranarlo!
Por lo general, pensamos que la Biblioteca es la responsable de aupar las lecturas antiguas, los libros clásicos y otros títulos que terminan llenos de polvo, mientras que nosotros nos pirramos por consumir los títulos de última hornada, las novedades que se nos recomiendan por parte de la llamada crítica en revistas especializadas, suplementos culturales, blogs como este, y otro tipo de espacios dedicados a la letra impresa, algo que está muy relacionado con la sociedad de consumo en la que vivimos.




Cuando generalmente abordamos esta relación (Capitalismo vs. Cultura), se encienden mucho los gaznates y surge el eterno debate entre la supervivencia económica y los productos de calidad, que según mi criterio, también está muy relacionado con el contexto social en el que acontezca... y ejemplifico. Cuando viajo a otros lares (generalmente al Reino Unido) y me cuelo en alguna librería, me resulta bastante llamativo ver cómo en la sección de los libro-álbumes co-existen obras muy conocidas y de calidad, con otras de nueva hornada, es decir, existe cierto equilibrio entre el reconocimiento de la calidad y excelencia del producto cultural (prueba de que las re-ediciones no se agotan) y las oportunidades comerciales que se le brindan a nuevos artefactos literarios que pueden llegar a ser igualmente válidos, y que apunto como paradójico teniendo en cuenta que ha sido la cultura anglosajona y occidental la que más a apostado por el “fast-book”.




Por contra -y haciendo referencia al género del álbum ilustrado-, en el mercado español nos encontramos con algo diametralmente opuesto. Por un lado, las librerías y las grandes distribuidoras prefieren dar una mayor visibilidad al producto de rápido consumo y las novedades estacionales, así como a promocionar aquellos libros con mayor aceptación entre el publico, que a otras obras más clásicas y de gran calidad (¿Se deberá a la falta de espacio? Es algo a lo que suelen referirse constantemente los libreros...). Y por otro lado, tenemos la escasez de re-impresiones y re-ediciones de obras que han demostrado su validez y vigencia, algo sobre lo que habrá que sopesar las causas, pero que intuyo se debe al inmovilismo de la clientela, la poca potenciación de las comprar privadas y gubernamentales y al estancamiento del mercado del libro español (sólo compramos libros cuatro gatos).




No obstante, he de decir que cada vez observo cómo más editoriales se preocupan por darle su cuota de visibilidad (merecida, por supuesto) a libros que han “funcionado” bien entre el público, en vez de producir más y más títulos nuevos con los que llenar la parcela de las novedades (¿se habrán dado cuenta que la sobre-saturación del mercado -uno modesto como el nuestro- puede tener un efecto negativo sobre las ventas?) y que se puede extraer más rentabilidad de un producto antiguo y extraordinario que de otro novedoso pero más fútil.




Por todo ello y dada la proximidad del 23 de abril, un día con mucho trajín, no sólo de ventas en las librerías, sino en cualquier templo del libro -incluidas las ferias que estos meses llenan plazas y paseos de nuestra geografía- que se vanaglorie de serlo, he creído oportuno darle un soplo de aire fresco a obras que me encantan y que defiendo hasta la extenuación cuando hablo de libros con aquellos que me quieren escuchar.




Sin más, hoy me dedico a mí mismo esta entrada llena de libros que me chiflan pero de los que sólo unos pocos nos acordamos.

martes, 19 de abril de 2016

Soñar, volar, vivir...


A pesar de que los sueños nos pueden condenar ad infinitum, no sólo por su naturaleza intangible y evanescente, sino por cómo los canalicemos dentro de nosotros (N.B.: La mera comparativa con el mundo real, el sobrevalorarlos, puede desembocar en frustraciones y desencantos. He visto morir a más de uno por ver sus sueños incumplidos...), sigo siendo partidario de ese increíble fenómeno que tiene lugar en la llamada fase R.E.M.
Sigo con mis sueños aunque cumpla pocos. Todavía los tengo y me siento afortunado por ello. Siempre he soñado despierto. Tánto, que muchas veces me sumerjo en esas ficciones, una especie de colchón para que el corazón se sienta liviano y siga latiendo pese a las penas que te trae el tiempo. A veces me alegra ser un niño y a veces me apena estar tan poco en el mundo, pero el caso es que continuo viviendo. Son sueños mundanos, alcanzables pero irreales.


Dejando a un lado mi experiencia personal y conforme van pesando los años, voy concluyendo con que pocos soñamos como lo solíamos hacer. Seguramente no soy el más ducho en esas lides, pero al menos intento ejercitar la imaginación (no como otros, que de tanto pisar la tierra tienen el gesto sombrío...). No hablo sólo de adultos, no. Últimamente veo como la realidad asola tanto a jóvenes, como a viejos, algo impensable hace unas décadas en las que, los niños, a pesar de una existencia más difícil y cruel que la de hoy día, seguían con esperanza e ilusión intactas. Y así es como mis alumnos han dejado de soñar, quizá porque nacieron en un momento en el que los sueños dejaron de ser lo que eran, quizá porque se los hemos arrebatado, quizá porque no saben dónde buscarlos...


A mi parecer, no hay excusas para abandonar las posibles ensoñaciones a su suerte, y ahí estamos nosotros para hacer que broten de nuevo. Pese a que los sueños son íntimos y subjetivos, siempre pueden compartirse. Acurrucados a la luz de una vela, en una noche de tormenta o rebozándonos sobre la hierba del campo. De viva voz o a través de las palabras de un libro... Sí, amigos, los libros están llenos de sueños y quizá por eso se dice que son capaces de hacerte un poco más libre. Quizá sea otro artefacto, otro instrumento humano para desconectar del día a día, para seguir adelante sin abandonar un camino propio, pero el caso es que nos sigue siendo útil.


De entre todos los libros para soñar con los que me he topado últimamente, es El vuelo de la familia Knitter de Guia Risari y Ana Castagnoli (editorial A buen paso), uno de los que más me ha gustado. Por su ritmo, las ilustraciones dibujadas entre líneas y aguadas azules, grises y ocres, sus espacios contemplativos, las similitudes que he encontrado con otros libros (hay una ilustración que me ha recordado enormemente al Peter Pan y Wendy de Barrie), y por lo rebelde e inquietante que se esconde en ciertos pasajes en principio inofensivos.
No sé que connotaciones poéticas tendrá este vuelo familiar en el que la fantasía se convierte en realidad y la vigilia se transforma en sueño, pero sí me ha quedado claro que volar y soñar son sinónimos, sinónimos de libertad.

viernes, 15 de abril de 2016

Risas azules frente a realidades mundanas



Tras una semana de emociones y sensaciones, y concluir con que el teatro, los lametones, los aplausos, la vulgaridad y la torpeza llenan los lugares de trabajo (de todo tienen las reuniones...), espero que este fin de semana me traiga las risas del pasado, esas que me tararean los recuerdos del Mediterráneo, en sus historias y azul enjugados.

Escondida entre las rocas
junto a la orilla del mar,
habitaba una sirena
que no quería nadar.

Por más que se lo decían
los delfines, las gaviotas,
los pulpos y las pijotas,
ninguna la convencía.

Un día frente a la costa,
un barquito naufragaba,
y le advirtió una langosta
que el marinero se ahogaba.

La sirenita varada
no se lo pensó dos veces
y nadó, como si nada,
más rápido que los peces.

Salvando al lobo de mar,
ella también se salvó.
Nunca dejó de nadar
y este cuento se acabó.

Carlos Reviejo y Javier Ruiz Taboada.
En: Versos del mar.
Ilustraciones de Paz Rodero.
2015. Madrid: SM.


jueves, 14 de abril de 2016

De la genuina amistad


Que la amistad está sobrevalorada estos días es una verdad impepinable. En nuestro mundo de tantos amigos, cada vez más evanescentes y virtuales desde que las redes sociales llegaron a nuestras vidas, hay que seguir contando con los dedos de la mano (aunque los protagonistas vayan variando pero el número siga impasible..., ya saben que nada es inmutable...) quiénes forman parte de ese lugar profundo de cuyo nombre quiero acordarme.


A pesar de las desilusiones que te propina la vida con una ingente cantidad de personas que respetabas y considerabas tuyas, uno tiene que sobreponerse a las circunstancias y dejarse sorprender por otras caras. No hay que extrañarse, sobre todo porque la realidad de hoy poco se parece a la de nuestros padres y abuelos. Una a la que rodean circunstancias distintas, como la imperante movilidad geográfica, diferentes oportunidades laborales, unas omnipresentes formas de interacción, nuevas vías de comunicación y más independencia económica, social y familiar (N.B: No se olviden de que más de un paisano en la diáspora, constata la importancia de las familias de adopción/acogida construidas en torno a los amigos).


No se apenen por el extraño balanceo de la amistad. Mientras unos años te traen nuevos amigos, otros se llevan otros tantos. Seguramente el fin de estas amistades se deba a discrepancias, otras prioridades o nuevas realidades. Y seguramente esos y comienzos tengan que ver con intereses, coincidencias o necesidades; pero les aviso de que cualquier tipo de amistad -usemos este nombre genérico para las relaciones cómplices..., ¿para qué complicarlo más?- está basado en una serie de compromisos que al obviarse para justificar comportamientos y decisiones criticables, deja caer por su propio peso lo vano e inútil de esa interacción.


Me río a carcajada limpia cuando algunos apelan a la libertad para justificar sus actuaciones, cuando muchos reprochan sin aprender a reprocharse... A mi modo de contemplarlo, cualquier relación humana (me da igual la que sea, elijan entre un amplio muestrario: yerno-suegra, marido-mujer, jefe-empleado o cuñada-cuñado...) implica una serie de acuerdos tácitos, invisibles o sospechados que, de un modo u otro, muestran el grado de respeto y lealtad que las dos partes se profesan en aras de la concordancia. Eso no quiere decir que, mientras que la enemistad sólo adopte una forma, la amistad no pueda eligir (me encanta este verbo tan amigable) entre unas cuantas.


No obstante y sin tener demasiado en cuenta estas elucubraciones más que discutibles, decirles que siempre he optado por amigos auténticos, reales, fieles y saludables. Y si no saben cómo son, les invito a leer el Marcelín de Sempé, un librito ilustrado entrañable y sincero re-editado por Blackie Books este año (lo podrán encontrar en alguna biblioteca de la mano de Alfaguara como Marcelín Pavón), que ejemplifica con rubor y estornudo, lo especial y atemporal que es la genuina amistad.


martes, 12 de abril de 2016

Aprendiendo de LIJ. Obras de referencia y consulta.


Desde que empecé a olisquear en este mundo de la literatura para niños, me vi en la necesidad de buscar información más allá de lo que encontraba en las estanterías de la sección infantil de bibliotecas y librerías para entender mejor de lo que estaba hablando y poder contextualizar todas aquellas obras que encontraba reseñables, citables o detestables (de todo tiene que haber...). Necesitaba conocer todo lo que rodeaba a los libros para niños y jóvenes, no sólo históricamente, sino teóricamente; saber qué puntos eran comunes y en qué zonas los caminos se hacían divergentes, qué relación unía a unos libros pero que los hacía distintos a otros, y, sobre todo, conocer la opinión de otros que llevaban mucho más tiempo que yo metidos en este ajo.
Teniendo en cuenta que muchos me suelen preguntar sobre obras de consulta o de referencia y que están interesados en aprender un poco más sobre este gigante llamado Literatura Infantil y Juvenil, hace tiempo que me planteé esta pequeña selección que, a modo introductorio, les ayudase. De entre todas las posibles obras y ensayos que he barajado para esta selección “Aprendiendo sobre la LIJ”, me he decantado por una serie de títulos que pueden ser de iniciación o medianamente aclaratorias (he omitido estudios muy académicos, artículos científicos y tesis doctorales) para sumergirse en el mundo que rodea a la LIJ y ampliar su mirada hacia otros derroteros que los puramente lúdicos o didácticos de la lectura. He aquí mi selección:


Teoría de la Literatura Infantil, de Juan Cervera (Mensajero, 2004. Última edición). Aunque ya tiene unos años y las cosas han cambiado bastante en la óptica con la que se mira la LIJ actualmente, nunca está de más leerse este libro clásico que, de modo asequible, nos describe las bases sobre las que se asienta la literatura para niños, de sus géneros, el proceso de la lectura y su contexto, a la vez que nos sirve como obra de referencia primaria (si tiran del hilo pueden toparse con infinidad de estudios especializados y seguramente más actuales que este). Todo un libro de cabecera en lo que a teoría de la LIJ se refiere.


La Historia portátil de la literatura infantil de Ana Garralón y editada por Anaya (2005), es un libro (edición de bolsillo) que incluye una manera rápida y práctica de hacer un recorrido histórico por la LIJ de un modo general sin tener que echar mano de otros estudios más profusos (Carmen Bravo-Villasante, 1959). Con un lenguaje claro y conciso, la autora establece una cronología muy acertada del mundo de los libros para niños y algunas pinceladas interesantes en cada una de sus épocas doradas.


La obra Bienvenidos a la fiesta, de Luis Daniel Gónzález (CIE Inversiones Dossat, 2006), a modo de diccionario-guía enciclopédica, constituye uno de los libros de consulta más útiles -y necesarios- para todo aquel que quiera conocer los títulos y autores más importantes dentro del panorama nacional y mundial de LIJ. Aunque yo me la he leído de cabo a rabo (tengo más vicio que un gato en las uñas), no deja de ser una obra de consulta que puede ayudar mucho en una tarea más formativa y/o especializada.



Album[es] de Sophie van der Linden (Ekaré, 2015) y El arte de ilustrar libros infantiles. Concepto y práctica de la narración visual de Martin Salisbury y Morag Styles (Blume, 2013) son dos diamantes que hacen referencia al género del libro-album o álbum ilustrado. Los dos tratan conceptos básicos para entender este género, tratan temas dispares, la importancia de la ilustración, su estilo, elementos y lenguaje, el análisis y los recorridos históricos, la temática... Dos buenos libros que unidos al 100 Joyas de la Literatura Infantil Ilustrada de Martin Salisbury (Blume, 2015), un recorrido por cien de los mejores títulos de álbum ilustrado bajo la mirada de este autor e ilustrador inglés que complementa desde una perspectiva más artística los dos anteriores, pueden configurar un primer acercamiento al mundo de los libros con imágenes. Les recuerdo que nadie es infalible y que hay muchos libros que tratan este tema desde el grafismo, la ilustración más contemporánea (por ejemplo el Little big books) y otras muchas perspectivas. Buceen y elijan por sí mismos, pero yo entono el “Tengo una debilidad y tu lo sabes bien...”



No se lo cuentes a los mayores. Literatura infantil, espacio subversivo de Allison Lurie (Fundación Germán Sánchez Ruipérez, 1998). Constituye uno de los ensayos sobre LIJ más leídos y en el que la autora incluye la perspectiva menos utilitarista de la Literatura Infantil para aproximarse a la visión que el niño tiene sobre algunos libros creados para él. Aunque se basa en ejemplos muy conocidos dentro de la LIJ anglosajona, no hay que perderse sus argumentos y conclusiones, tan válidas y extrapolables a otras geografías y otros libros. Existe una secuela complementaria y actual de este libro (Niños y niñas eternamente).


Siete llaves para valorar las historias infantiles, coordinado por Teresa Colomer y publicado en la colección Papeles de la Fundacion Germán Sánchez Ruiperez, es un libro básico que nos abre las puertas hacia el análisis de los libros para niños utilizando para ello siete capítulos ejemplificados en los que se van desgranando elementos y recursos que utiliza la literatura infantil para interaccionar con los lectores.


También de Teresa Colomer y editado por Fondo de Cultura Económica (2006) encontramos Andar entre libros: La lectura literaria en la escuela, un ensayo-estudio asequible que habla de las relaciones entre la lectura y sus dos concepciones (ocio o instrumento) y la omnipresente escuela, el entorno donde se desarrolla el vínculo entre lectores y palabras, desde una mirada crítica pero siempre aportando posibles soluciones.


Por último y para terminar leyendo sobre la lectura no puedo dejar de recomendarles a Víctor Moreno y cualquiera de sus libros ensayísticos (No es para tanto, divagaciones sobre la lectura -mi favorito-, La manía de leer, Preferiría no leer o Metáforas de la lectura) sin menosprecio de sus libros de carácter didáctico (Leer con los cinco sentidos, Va de poesía, El deseo de leer, El deseo de escribir o Cómo hacer lectores competentes). Su prosa llena de humor y sus múltiples miradas sobre el objetivo final que tiene la Literatura, me chifla hasta lo irrisorio (seré que soy un cafre, pero prefiero el discurso realista, práctico, empírico y mundano del Sr. Moreno que el edulcorado y constructivista de Pennac en su Como una novela).

Y sin más que decir (por hoy, quizá algún día amplíe esta lista), les emplazo a echar un vistazo a estas obras para sumergirse un poquito más en el vasto y extraño océano de la LIJ.