martes, 30 de septiembre de 2014

De empresarios y ahorradores


Dejando a un lado los nacionalismos paletos y acaparadores (¡Como si no hubiese cosas más importantes de las que hablar!), se constata una vez más que tendremos que esperar muchos años todavía para volver a las tasas de desempleo de hace unos años (denoten que va para casi una década ya…), si es que alguna vez las recuperamos… No queramos ser pájaros de mal agüero y confiemos en los empresarios españoles y sus ideas para relanzar nuestra economía (es nuestra única esperanza dado que banqueros y políticos han dado muestras evidentes de ser grandes corruptos y unos completos inútiles).
Ahora me dirán que “¡De los empresarios fíate tú! ¡Menudos son! ¡Esclavistas y vividores! ¡Avaros y arribistas!”…, a lo que les responderé: Tienen toda la razón del mundo, pero… un empresario es un inversor -no nos olvidemos-, y por tanto, nunca quiere perder dinero (¿acaso usted quiere perder sus ahorros, el fruto de su trabajo…?). En lo que no le llevo la contra es que, como en botica, los hay de todas clases y que, algunos de ellos, ni sienten ni padecen cuando han de mandar al paro a sus trabajadores. Pero también me consta que otros muchos -por no decir una inmensa mayoría- sufren lo indecible a la hora de despedir a las personas con las que han crecido sus negocios y beneficios, a la gente que ha invertido su tiempo y esfuerzo en alimentar el tejido productor de este país.
Nos encanta demonizar a jefes, propietarios y autónomos, porque todos ellos enmascaren pequeñas y grandes operaciones especulatorias, pero también es cierto que, si no fuese por ellos, el dinero no iría de mano en mano y el capital quedaría inmovilizado por las grandes fortunas, algo que no conviene en un sistema económico liberal como este en el que la circulación de bienes debe ser el mejor de los combustibles para luchar contra una crisis que tan de cabeza nos trae.
A lo que voy: inviertan, emprendan y arriesguen en sus ideas, porque todo puede ser que algún usurero, algún lince cambista, salga corriendo con sus cuentas corrientes y le deje con dos palmos de narices (y sin beneficio alguno)... Algo de lo que mucho puede hablarnos la protagonista de El cochinito de Carlota, una historia del genial David McKee (que últimamente nos hace llegar mensajes bastante complejos) y publicada por Fondo de Cultura Económica, que se ve engañada por una hucha con forma de cerdito volador (y bastante cabrón).


viernes, 26 de septiembre de 2014

Perezoso...


Cada noche, al volver de las vacaciones, mi cuerpo se transforma en un enorme saco de patatas. Su peso se rinde ante cualquier superficie horizontal y el despertador se asemeja a un objeto inerte ante el que, cualquier movimiento se hace eterno. Los párpados pesan más de la cuenta y, bostezo tras bostezo, uno llega hasta la tarde, en la que, tras ingerir algo, cae rendido de nuevo ante la indescriptible atracción del sofá...

Hija de un bostezo
nieta de una almohada
la pereza cuelga
bajo la enramada.

En un mismo sitio
duerme todo el día,
igual si es de noche
o si es mediodía.

No sale a pasear
ni a ver las estrellas.
Sólo ronca y ronca
La pobre doncella.

Fanny Uzcátegui.
La pereza.
En: Taquititán de poemas. Antología de poesía.
Ilustraciones de Ana Palmero Cáceres.
2014. Caracas: Ekaré.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

De malhechos y gimnasios


Aunque el culto al cuerpo es un mal mediterráneo, llama bastante la atención que nuestros socios comunitarios se hayan rendido de manera rotunda al gimnasio y sus beneficios para con la musculatura y el mamoneo. Alemanes, holandeses, nórdicos o ingleses se ponen a tope con los entrenadores personales, la zumba, el pilates, el spinning o el boxeo (ahora lo más de lo más, cuando antes era lo menos de lo menos…) y de paso, lucen palmito a lo largo de la costa (cosa buena para nuestra deprimida economía), dando buena muestra de que, no sólo a los/as chulazos/as de playa les sienta bien el ejercicio, sino que la globalización también los prefiere fornidos hasta los tuétanos.
Para los que no invertimos en batidos de proteínas y bancos de abdominales es una lata pasear a orilla de nuestras benditas playas: uno se siente desprotegido ante tanto organismo bien formado y, empequeñecido, intenta disimular las lorzas metiendo barriga -el más antiguo de los remedios- o estirando los brazos al cielo... Lo más evidente de todo es que nos vamos quedando (además de orondos y perimétricos) en clara minoría… Será que aquellos que no invertimos los consabidos treinta euros mensuales en ponernos a tope a golpe de pesa y mancuerna, ¿”semos rarunos”?... No creo… en todo caso ¡somos naturales! Una cosa es mantenerse saludable, poner a rajatabla el sobrepeso, disminuir el colesterol y controlar la hipertensión, y otra muy distinta es convertirse en esclavos del tono muscular y la forma física, pareciendo androides desprovistos de toda personalidad. ¿Quién quiere ser igual que otro, perder los rasgos que le caracterizan y moldear su cuerpo a golpe de movimientos aeróbicos y dietas especializadas?… (Y dijo una abuela sorda… “Cada vez me es más difícil distinguir a la Jenny de la Selena, y al Yoni del Christian, ¡si parecen clones!”).


¡Decidido! Lo mío es ser yo, quererme a pesar de mis kilos de más, sin importarme los cánones definidos por anunciantes de ropa interior. Prefiero estar sano por dentro que divino por fuera. Y reírme… reírme mucho… porque, aunque lo desee con todas mis fuerzas, jamás alcanzaré la perfección absoluta. Una gran verdad de la que toman buena nota Los cinco desastres (yo hubiera traducido el título por Los cinco malhechos, que también existe esa palabra) de Beatrice Alemagna y editado en castellano por A buen paso, gracias a un advenedizo perfecto que, como de costumbre, resulta ser el más imperfecto de todos.


lunes, 22 de septiembre de 2014

De grises a cromáticos


Tras dejarme los higadillos -y la cartera- en la feria, y sufrir un comienzo de curso bastante aburrido (necesito algo más excitante y diferente), aquí regreso tras un verano movidito (tanto por el kilometraje, como por las emociones) en el que mi cabeza ha dejado a un lado letras y problemas, y se ha dedicado a otros menesteres más banales (léase comer, beber y dormir: la columnata del descanso). Y he aquí el resultado: una verborrea no tan aguda como de costumbre (como cualquier vehículo aparcado durante meses, el cerebro necesita su tiempo para arrancar…) y un discurso no tan bien articulado como me gustaría, pero… ¡Empezamos!
Pasados ya julio, agosto y buena parte de septiembre, cogí el mando a distancia y, haciendo un esfuerzo sobrehumano para recordar su funcionamiento, encendí el televisor, constatando una vez más, que la actualidad (en contra de lo que cabe esperar) sigue siendo similar a la de junio: un coñazo. Un crecimiento económico que no llega, la Merkel sigue jodiéndonos, Putin dando por culo, los yihadistas más que Putin, Mas continua a cuestas con la consulta soberanista, nuestro flamante rey pinta menos que una mona, Rajoy gobernando a la gallega, y todo el mundo engrosando las listas del paro. En resumidas cuentas, un septiembre igual de gris que los anteriores…


A pesar de ello, algo me dice que debemos ser optimistas. No por la liquidez que Europa insufla a los bancos, ni por las temibles ideas de Montoro (el amor de este hombre por las clases medias es inhumano), ni por el (des)esperanzador discurso de Podemos, ni por la popular aproximación del tal Pedro Gómez a las clases obreras (manda huevos que haya que hacer uso de “Sálvame” para captar abuelas y analfabetos… ¿por qué no va también a MHYV?), sino por nosotros mismos. Hay que creer en nuestra capacidad para idear, para imaginar nuevas formas de negocio, para revolucionar los campos de la ciencia, de la tecnología, de la empresa, de los servicios sociales, del arte y de la literatura. Se empieza a ver algo de color en nuestras vidas, a tornar el blanco y negro en algo más productivo, algo más especial; un mensaje similar al que El hombrecillo vestido de gris y otros cuentos de Fernando Alonso y con ilustraciones del genial Ulises Wensell, un libro ya clásico (desde que ganara el Premio Lazarillo en los setenta) y  recién re-editado por Kalandraka (creo que han aprovechado para comprar todo el fondo de armario de Alfaguara), hace referencia.
Empiecen bien la temporada lijera y no se lo pierdan.

lunes, 30 de junio de 2014

Felices lecturas y feliz verano


Noto por la ausencia de comentarios que ya andan cansados de libros, esos objetos que, como los buenos amigos, callan cuando es necesario y conversan animadamente en otros ratos.
Comprendo este hartazgo pues llevamos más de nueve meses detrás de las novedades, los clásicos re-editadas, las selecciones de bibliotecas y otras entidades, las publicaciones especializadas, las bitácoras en línea y otras lindezas del mundo del álbum ilustrado, por lo que se hace necesario desconectar de tanto jaleo, buscar una sombra y disfrutar del ya clásico y merecido descanso estival.
Seguramente muchos de ustedes andarán con algún que otro libro bajo el brazo, disfrutarán con él sobre la tumbona, lo pasearan por estaciones de autobuses, aeropuertos y vagones de tren, les animará alguna que otra tarde de piscina y será la mejor excusa para acercarse a la tía buena de la sombrilla de al lado, pero un servidor ha decidido dejarlos a un lado (al menos durante estos dos meses y aprovechando el parón editorial) y ver si las neuronas se despejan de cierto colapso literario, bibliográfico y vital (que luego no se quejen de que esta verborrea que me caracteriza va decayendo mes tras mes).


Por el momento les dejo con una última recomendación de la mano de Antonio Zurera (un ilustrador español con cierto toque anglosajón) y la pequeña editorial Kokoro, ese libro álbum que lleva por título A Alex le gusta leer, una historia cotidiana y sencilla que nos recordará durante los meses venideros ese mensaje del que tanto alardeamos los monstruos.


Y a la espera de que se acuerden de mí allá por septiembre, cuando un nuevo curso escolar y el calor nos vaya abandonando paulatinamente, y desde este sitio un tanto escondido, les deseo un feliz verano… trabajando (que falta hace), luchando con la familia, a la orilla del mar o en lo alto de la montaña, en el pueblo o en la ciudad, solos o en compañía; sea como sea disfruten de estos días.
¡Hasta más leer!

sábado, 28 de junio de 2014

Orgullosos de ser monstruos


A pesar de que a la mayoría de todos los que habitamos este lugar se nos permite vivir (no damos ruido y nuestra tarea se supone inofensiva), el quehacer de otros monstruos se resiente por el mero hecho de serlo, sobre todo cuando estos viven en sitios chiquitos  o en un entorno vacío de apoyo y comprensión, islas todas ellas donde los sentimientos chocan frontalmente y brotan desencuentros y otros conflictos.
Las cosas monstruosas siempre tienen dos caras, una amable en la que respiran la felicidad, el amor, los besos o las sonrisas, y otra más cruel y sombría que se oculta tras las muecas de los demás y sus críticas –positivas o negativas, pero siempre punzantes e innecesarias-.  Es por ello que, si hay algo que un monstruo debe aprender,  es a sobrevivir, salvarse a sí mismo sin hacer uso de los simpatizantes o los detractores, personas todas ellas que, ajenas a la monstruosa cotidianidad, siempre buscan el beneficio propio. Los monstruos son independientes, únicos y especiales, y no necesitan de la aprobación o el castigo ajeno.
Ello no quiere decir que ponerse en el lugar de otros, empatizar con ellos e intentar comprender lo difícil que resulta ir contracorriente, sea una tarea complicada e inútil. Hay que llevarla a cabo para vivir en el mundo, para tomar conciencia de que los monstruos existen y son maravillosos. Una necesidad, sobre todo en aquellos que se escudan en razonamientos de tipo religioso, ideológico o político, algo que, permítanme decirles, está por debajo de toda humanidad.


Y para celebrar que tal día como hoy hace cuarenta y cinco años, una jaula se rompió, además de un precioso arco iris, les traigo El niño perfecto, un libro pequeño con tapa blanda e interior desgarrador (aunque exquisito y lleno de sensibilidad) de la mano de Alex González y Bernat Cormand (SD-Edicions), que se debería leer en familia para que abuelos, padres e hijos sepan que nadie se libra de la cruda realidad, incluso aquellos que se saben o creen exentos de ella.


Porque en los libros -se dirijan a quienes se dirijan- vive la cultura, el pensamiento y la libertad. Porque en los libros se destierran los prejuicios y la ignorancia. Y sobre todo, porque en los libros tenemos cabida todos los monstruos.


martes, 24 de junio de 2014

Del circo escolar...


Recién despedido el curso escolar y habiendo aparcado las ajadas mochilas, cuadernos a medio utilizar (todavía conserva mi madre algunos de los nuestros…), desmembrado los libros de texto, las cajas de lapiceros medio vacías, descosidos estuches, bolígrafos sin virola, ceras carcomidas, rotuladores secos, la regla, la escuadra y el cartabón despuntados, y un sinfín de aperos de escritura más, aquí me encuentro ante mil documentos burocráticos que rellenar durante los próximos días (¡¡Siiii…., créanme, todavía no hemos empezado las vacaciones…!!).
Aparte de corregir exámenes, lo de escribir informes de evaluación, firmar actas, y preparar las pruebas escritas de septiembre es lo que más odio (quien quiera suscribirme, es libre de hacerlo). El mundo de la docencia está atestado de trámites que no tienen ni pies ni cabeza, una sarta de papeleo insulso que sólo sirve para que nefastos políticos den buena fe de su paternalismo hacia las generaciones venideras con el beneplácito de las que van de capa caída. Hemos convertido la escuela en un centro donde la verborrea y las fórmulas retóricas están enterrando al saber y la libertad de cátedra, los dos auténticos pilares sobre los que descansa la enseñanza.
También es cierto que muchos, entre pasillos, algarabías y pizarras, se dedican a los números de circo, es decir, a rascarse el fandango y obviar su trabajo en pro de intereses personales y otros discursos mediático... y más que enseñar, hacen que otros desaprendan (he constatado que esto es posible), por lo que la administración, el Estado o las entidades privadas, se inventan fórmulas para lavar la cara de estos elementos que poniendo serio semblante y cargando con cientos de fotocopias, no hacen ni el huevo escudándose en la poca capacidad cognitiva de sus estudiantes. Más que informes individualizados y otr, pediría resultados, y el que no los presente, que se vaya a segar alfalfa.


Y para despedir un año académico que tampoco ha sido brillante y para no olvidarnos de los que supone la alfabetización en este mundo de la tiza, aquí les dejo ABeCeCirco, una de las novedades de esta primavera que nos viene de la mano de Daniel Nesquens y Alberto Gamón (editorial Anaya) y que a través de contorsionistas, domadores, malabaristas y otros seres circenses recorren el abecedario en busca de un tren que no han de perder… Y si alguno no tiene bastante circo pueden optar por dos cosas: encender la tele o recorrerse las ferias que poblaran de acrobacias inverosímiles la geografía de este verano.


sábado, 21 de junio de 2014

Mar...


Hace tiempo que no me acerco a la orilla del mar, a sentir la salpicadura de sus olas, la brisa fresca de su noche, el brillo de su blanca arena… Tampoco lo necesito… Será por los recuerdos de tu sonrisa mojada, de los carámbanos de sal que pendían de tus pestañas, y nuestros largos paseos por la bahía… Será porque, como los marineros de dulce marejada que fuimos, nos olvidamos a tiempo de la inmensidad traicionera que nos acechaba…

A la mar fui por naranjas,
cosa que la mar no tiene;
me dejaron mojadita
las olas que van y vienen.

Ay, mi dulce amor,
ese mar que ves, tan bello,
ay, mi dulce amor,
ese mar que ves tan bello, es un traidor.

Canción popular.
A la mar fui por naranjas.
Ilustraciones de Isol.
En: Bajo el hechizo de la luna.
VV.AA.
2006. Madrid: SM.


miércoles, 18 de junio de 2014

Buscando porqués...


Se aproxima el fin de curso y con él se vacían los pasillos, deja de sonar la campana y el calor se hace dueño de las aulas, unas en las que, dependiendo del punto de nuestra geografía donde se encuentren, el comienzo del verano puede ser insoportable o más llevadero. También llega el sosiego a la vida de los maestros y la desesperación al mundo paterno (ya saben, ahora les toca a ustedes aguantar más horas de las psicológicamente recomendadas a sus hijos)… Año escolar que termina y otro nuevo que se avecina, el sino de nuestras vidas mientras somos estudiantes (o enseñantes...).
Si en realidad existe algo que se eche de menos durante los meses de verano (el profesor recuerda con la misma facilidad que olvida) es esa pregunta que reprocha, increpa, ofende, razona y pide clemencia, “¿Por qué?”. Si no entienden a lo que me refiero, les invito a pronunciarla en voz alta con todas las entonaciones posibles, algo que mis alumnos están hartos de hacer durante todas las clases de la jornada y que, no sólo se debe a unas meras ganas de aprender, sino a una constante forma de evadirse a otros mundos paralelos, una estrategia para dejar descansar al bolígrafo o corroborar alguna sospecha sobre algo gracioso (o morboso).
Este tándem formado por preposición y pronombre, se pergeña no sólo durante las primeras etapas de la niñez, sino que nos acompaña durante el resto de nuestros días para recordarnos que si hay algo que nos diferencia del resto de los animales es nuestra razón... Y así podemos explicar las muchas incógnitas que nos rodean, los cientos de interrogantes que se nos cruzan a lo largo del día, y aprender poco a poco sobre lo fácil o difícil del mundo.


Es por ello que aquí les traigo ¿Por qué? una de las mejores obras de Lila Prap (Ediciones SM) que a través de esta eterna pregunta, nos hace un recorrido por las curiosidades del mundo animal entre las que destacan las rayas de las cebras o la sonrisa de las hienas, aspectos todos ellos muy didácticos para el niño en ciernes que no para de plantearse el descubrir lo desconocido…, aunque a veces, todo sea dicho de paso, más nos valdría conformarnos con lo que vemos y no buscar respuestas a lo que sentimos.


lunes, 16 de junio de 2014

Y termina la primavera...


Esperando que el equipo español florezca durante la noche del miércoles con un buen ramo de goles (aunque visto lo visto, lo más posible es que venga el coche escoba a recoger nuestros pedazos…), nos vamos despidiendo de una primavera tardía y extraña, no sólo por la climatología y otras desavenencias con los turistas centroeuropeos, sino también por los políticos advenedizos, los reyes inmunes, los príncipes que dentro de poco serán reyes, una Merkel cada vez más ufana, las crisis de partido, el simpaticón de Obama, las omnipresentes y protagonistas Rusia, Irán, Irak y Siria, el banco europeo y sus tipos de interés,  e, incluso, por la hija de la Pantoja y su dieta de la alcachofa.
Hasta en mi vida se ha instalado la agitación primaveral, una que mueve y amasa a su antojo fechas y agendas, provee de viajes relámpago y pone muchos trastos por en medio… Tendré que poner orden a esta vida tan revuelta y comenzar a ordenar los trozos del presente y el pasado, de tal manera que puedan germinar nuevos y fuertes retoños que fructifiquen, si no en breve, dentro de un pausado tiempo.


Espero que la revolución cerebral –y hormonal- que han traído consigo marzo, abril, mayo y parte de junio, esa misma que huele a campos floridos marchitos y tiene un cierto regusto a crisis tormentosa, se estabilice durante el estío, uno que se promete caluroso y tranquilo como las aguas de una bahía, algo que siempre es de agradecer para el sosiego de curritos y sempiternos trabajadores.


Aunque un poco tarde, la editorial Océano, nos trae uno de los libros que sorprendieron el año pasado a los estadounidenses (los amos del cotarro) y que lleva por título Y de pronto es primavera, de Julie Fogliano y Erin E. Stead (el ganador de la medalla Caldecott por su fantástico Un día diferente para el señor Amos), un álbum imprescindible que no sólo nos aproxima a la sorpredente llegada de la primavera, sino que constituye un verdadero cuaderno de campo para que los más pequeños descubran los entresijos que la madre naturaleza guarda en sus entrañas y que ayudan a trocar el marrón de la tierra en un verde lleno de esperanza.



miércoles, 11 de junio de 2014

De "boardbooks"


Si mal no recuerdo hasta hoy no he tratado en ninguna de las entradas de este espacio un tipo de libro que, a pesar de su invisibilidad, constituye uno de los pilares de la industria de la edición infantil. Me refiero al boardbook, un género con 16-18 páginas (hay ciertas limitaciones…), generalmente de pequeñas dimensiones, diseñado especialmente para los lectores más pequeños, también conocidos como prelectores, esos humanos de talla escasa y gran trajín que maltratan, se meten en la boca y muerden cualquier cosa, incluido este objeto de deseo monstruoso.
El boardbook, también llamado libro de cartón o libro duro está hecho en México o China (me consta que algún editor patrio los está fabricando a un precio la mar de asequible dentro de nuestras fronteras, ¡Y olé!... Hay que ayudar a nuestra economía) con un tipo de papel rígido de origen sueco (la mayor parte de las veces) con proceso de fabricación complejo en el que impresión, plegado, encolado, plastificado y redondeado de esquinas van al unísono para resistir las embestidas de los que un día llegarán a ser lectores consumados (se lo digo por experiencia ya que alguno que otro todavía pulula por la casa de mis padres).
Aunque a veces te puedes topar con alguno dedicado a adultos, la inmensa mayoría de este tipo de libros se llenan de ilustraciones coloristas y de trazo bien definido que acompañan a historias sencillas, textos rimados o contenidos didácticos básicos, algo que se basa en una forma clara y útil de aproximar a los preescolares al mundo de las letras.
Y como claro homenaje a este tipo de “duras” lecturas entre las que proliferan abecedarios, retahílas de números, objetos cotidianos, canciones tradicionales, animales, colores y lugares, les dejo con una pequeña selección de los mejores que se pueden encontrar en el mercado español a día de hoy. ¡Que la disfruten!







lunes, 9 de junio de 2014

En defensa de este lugar donde viven los monstruos...


Aunque no lo crean, poco a poco voy recogiendo las aportaciones y comentarios que muchos de ustedes hacen en las redes sociales sobre la labor de difusión de un lugar como este en el terreno de la LIJ. Aunque muchas de ellas son bastante positivas, algo que siempre he agradecido en mi andadura en los libros para niños, otras no lo son tanto…
Últimamente, no han sido pocos los que me tachan de pedante e insulso… ¡Mil perdones! Siento ser tan enrevesado, subordinado y correcto. Quizá serían necesarias más faltas ortográficas, menos subordinación, y obviar unas expresiones lingüísticas tan relamidas.
También otros hablan de mi incongruencia, mi falta documental, y de mi superficialidad a la hora de tratar temas que les interesan. A estos segundos les digo que bastante es que tengo ciertas ideas, que las intento desarrollar brevemente y que abro ciertos derroteros por los que puede continuar la labor de otros. El tiempo es oro y un servidor invierte en este lugar el que cree necesario ya que es un sitio de recreo y distensión, nunca encorsetado ni lucrativo, algo que espero sea respetado, no sólo con afecto, sino también con deportividad.


Los terceros hablan de lo poco que hablo de los libros que acompañan a cada entrada, de mis reseñas que nada tienen que ver con el título citado, y su, a veces, falta de congruencia. Para ellos, mi retahíla más larga: Señoras, señores, hablo de lo que cada libro me da a entender. La buena literatura nos hace llegar mensajes, unas veces relacionados con la actualidad, otros con los problemas humanos de carácter universal, otras nos evocan episodios personales y otras te inspiran nuevas sensaciones. ¿Para qué voy a destriparles un libro? ¿Para qué decirles si es bueno o malo?... El mero hecho de nombrarlos ya expresa mucho: son importantes; en su mano queda acercarse a ellos y juzgarlos por sí mismos. “Sí, Román, pero hay elementos muy interesantes en los libros a los que nunca apuntas…” ¿Para qué hablar de su paginación, del tipo de ilustración, del juego entre imágenes y texto? ¿Para qué comentar su encuadernación, de si son verticales u horizontales? ¿Para qué barajar sus posibilidades didácticas? ¿Para qué datos biográficos de sus autores, para qué otras curiosidades, para qué relacionarlo con otros títulos más antiguos? ¿Para qué?... Ya hay demasiadas revistas, blogs y sitios especializados que se dedican a esta labor más informativa y académica. Ya hay páginas institucionales, de pequeñas y grandes bibliotecas que les ofrecen listados de libros, guías de lectura y millones de recursos más. Por ello, mi labor no es hablar de libros, es hablar con ellos, conversar en voz alta con los libros.


Quizá todo ello peque de un exceso de originalidad, de cierta excentricidad que no siempre gusta y a la que siempre apelo como excusa, pero les hago saber que siempre he confiado en los productos diferentes, en desechar los sucedáneos y la repetitividad. Reinventar las reseñas, hacerse eco del mundo utilizando como hilo conductor un libro para niños, es la mejor idea que tuve para llegar a los monstruos que, como yo, no recurren a las vagas imágenes de los álbumes ilustrados como mero entretenimiento, sino que profundizan en su sentido, en su mensaje, y vociferan desde cualquier esquina que niños y mayores estamos hechos de la misma pasta, esa a la que llamamos vida.

Ilustraciones: Simona Ciraolo.

viernes, 6 de junio de 2014

Frutas, patios y verano


Dicen que los mejores frutos del campo son los que ostentan pequeños picotazos. Los más dulces y sabrosos son los que primero intentan devorar los pájaros. Por ello hay que estar alerta y rápido, para recogerlos del árbol y disfrutar saboreando esa mezcla a fresco y dulce que trae el calor del verano…

Han crecido dos ciruelos
En el patio de mi casa,
Han crecido y son tan altos
Que duerme el sol en sus ramas
Y los pájaros de viento
Que abren al cielo sus alas,
Picotean las ciruelas
Y el pico es azúcar y agua


El patio.
María Jesús Jabato.
En: Gori-Gori.
Imágenes de obras cumbre de la pintura.
2014. Vigo: Faktoría K de Libros.
Imagen de la entrada: Joaquín Sorolla. 1910. La alberca.


miércoles, 4 de junio de 2014

Desear lo pasado y soñar el futuro


Arrepentirse, lejos de forjar el pecado como máxima religiosa, es un arma de doble filo que nos puede atormentar de por vida. Algunos no paran de echar la vista hacia atrás y se olvidan de quienes son en aras del pasado, ese que siempre nos persigue y que, la mayor parte de las veces, corre más deprisa que nosotros.
Hay verdaderos expertos en desear trocar sus días por otros muy lejanos, decidir en base a otra perspectiva que nos da el tiempo y terminar sus días viviendo sin saber muy bien cómo, cuándo y dónde.
La palabra “ojalá” referida al pretérito supone un lastre que muchos mencionan a diario… ¡Ojalá hubiera estudiado Magisterio! ¡Ojalá nunca me hubiera tatuado el nombre de aquel cabrón en una teta! ¡Ojalá hubiera hecho caso a mi padre! ¡Ojalá le hubiera dado un último beso a Javi! ¡Ojalá no me hubiera llenado los pómulos de silicona! ¡Ojala no hubiera robado aquel coche! ¡Ojalá no hubiera sido tan inocente! ¡Ojalá…!



La mayoría de las veces, somos nosotros mismos quienes nos atormentamos por mero ocio y diversión, obviando nuestro existir, algo de lo que, sinceramente, no deberíamos sentirnos orgullosos.
A los largo de nuestros años, suceden cosas. Abundan las malas, escasean las buenas. Muchas de ellas se atragantan, otras son efímeras. Algunas pesadas, otras ligeras, alegres y, las tristes, las más recordadas. Pero debemos dejarlas reposar, como las buenas novelas, calladas, quietas, y una vez aprendida la lección, mirar hacia delante y plantear nuevos caminos, nuevas sendas. ¡El futuro está ahí! Hay que comérselo…


Los nuevos días siempre traen nuevos retos, ganas renovadas, inventos y proyectos. Debemos intentar alcanzarlos, levantarnos y asumir nuestros objetivos, eso que llamamos lugar en el mundo, en definitiva, seguir soñando. Algo que me recuerda a un libro precioso (a excepción de la infografía de la portada… No se dejen guiar por esta cuestión estética o se perderán un buen título) de Oliver Scherz y Eva Muggenthaler llamado Pequeño pájaro de tierra (editorial Lóguez) que nos narra las peripecias de un topo que, pese a haber nacido bajo tierra, anhela volar como las aves, algo que al final…. Mejor les dejo que lo descubran sumergiéndose en una ilustraciones muy dinámicas, coloristas y hermosas (aunque un tanto raras), mientras les animo a no aferrarse a lo pasado porque cortarían las alas de los sueños futuros.

lunes, 2 de junio de 2014

Príncipes modernos


Entre príncipes anda el juego a pesar de la poca sangre real que circula en este país (menos todavía desde que el rey va a abdicar), y no me refiero a los Borbones, sino a otros que en aras de la democracia, salen como setas. Da igual que vistan coleta, tupida barba o incipiente alopecia, todos pretenden ser dueños y señores de un terruño que más nos valdría defender…
No teníamos bastante con los oligarcas de una clase política (algunos la llaman casta en el sentido más peyorativo) que ha dado mucho que hablar durante las pasadas semanas, que se encaraman a la palestra nuevos advenedizos con estudios y una verborrea apabullante que, adueñándose de una serie de consignas populares (y populistas), se han colado entre mileuristas y treintañeros parados a golpe de tertulia televisiva y videos a la carta (algo me huele a nacionalsocialismo nazi). Bien mirado es una renovación del “establishment”, algo que muchos agradecen ante mítines rancios y bipartidistas, pero que denota, una vez más, el regreso de una moda algo vintage que a través de la demagogia intenta convencernos de que otro cambio es posible (¡cómo si la historia no se repitiese!).
Que una gran campaña en los medios de comunicación de masas está detrás de estos nuevo príncipes de la libertad a la holandesa es más que evidente…, aunque para mí, lo realmente gordo es que se den pábulo de gran intelecto y magnífico curriculum ostentando cátedras meritorias cuando todos los que hemos estudiado en cualquier universidad española sabemos que aquí, el que no tiene padrino no se casa…


Lo mejor de todo es que, a pesar de desligarse del clásico principado maquiavélico y camuflado tras un supuesto régimen de consultas y decisiones asambleario (algo que yo llamo postcomunismo de clase), tratan al votante como un mero analfabeto añadiendo a la papeleta una jeta reconocible que da muestras, no sólo de que la imagen manda en este mundo global, sino de que, según su criterio, poco distamos del electorado afgano (pese a quien pese).
Lo único que me alegra saber es que, si estos nuevos príncipes algún día rozan la mayoría absoluta, será de agradecer ver cómo aumenta mi sueldo gracias a una renta universal para los mayores de edad (¡Viva Venezuela!) y cómo se engrandece mi patrimonio con algún que otro chalet nacionalizado (esto me suena a cubano…), que supongo será a costa del ciudadano, ese que seguirá entrampado con los bancos alemanes y algún  que otro usurero.
En conclusión y para terminar confesarles que no soy de príncipes, sino de principitos, bien sea el de Saint-Exupéry o bien el renovado por Pinto y Chinto en El estrambótico Principito, un libro de la editorial Bululú que no sólo pretende acercarnos a la obra original y complementarla en lecturas posteriores, sino que se erige como un homenaje a todos esos pequeños príncipes que con corazón humilde y justo dejan a un lado el poder y el corrupto mundo de los adultos para gobernar en sus diminutos e insignificantes planetas.


miércoles, 28 de mayo de 2014

A golpe de ladrillo


Que la España actual se ha levantado a golpe de ladrillo es una realidad impepinable (siempre me ha gustado esta expresión de maestra de escuela…). Durante los diez años de burbuja inmobiliaria en la que albañiles se hinchaban a base de vermús de treinta mil pesetas (se dice pronto y a sabiendas…) y muchos alicatadores forraban sus automóviles de alta gama y otros vehículos rodados con billetes de quinientos, he visto muchas atrocidades (sin obviar las anteriores… ¡Tela!). Desde vender cajas de cerillas a precio de oro, hasta constatar como el precio de un corral se revalorizaba a una cadencia de dos mil euros por día, hay multitud de  realidades que han hecho de este país el cortijo de mangantes y mafiosos.
Orgullosos de esos tabiques de papel que no nos dejan dormir a muchos, de los miles de viviendas vacías situadas a lo largo de kilómetros de costa (y algún parque natural que otro) y de la especulación de la que bancos y ayuntamientos se han servido para llenar sus arcas, todos estos magnates han tocado fondo (seguramente con alguna cuenta bancaria en Andorra a sus espaldas)…, ¡pero no se preocupen!, los verán renacer de sus cenizas dentro de unos años cuando sea necesario crear otra mentira para achuchar los ahorros de cuatro pobres y hacerse de oro sin complejos ni vergüenza.


No me voy a poner en plan mesiánico, ni arengaré a las masas para que, enardecidas por la venganza ecologista y otros pensamientos sostenibles, se lancen a las calles para guerrear por un mundo mejor (no me extraña que la llamada “okupación” esté dando que hablar estos días), pero si haré apología de la protesta económica (esa que deriva del ahorro), del voto monetario y del boicot, porque no olvidemos que, a veces, pensar con el bolsillo es la mejor de las democracias, porque no olvidemos que la especulación, no sólo está a favor de todos esos tunantes del hormigón, la ferralla y la teja, sino que nosotros mismos, como consumidores, podemos tomar cartas en el asunto y decidir sobre nuestros costes y nuestras ganancias, una ley que todos conocemos.
En cualquier caso, no está de más recordar el cataclismo que, a golpe de edificio y grúa, ha hecho temblar nuestros cimientos socioeconómicos con un libro que nos trae la editorial Libros del Zorro Rojo de la mano de Germano Zullo y Albertine (esos de la poética y fantástica obra Los pájaros) y que lleva por título El rascacielos.
Lean, es la mejor medida para construir un futuro mejor.


lunes, 26 de mayo de 2014

Resaca electoral (y futbolística)


Esto de la democracia tiene que ver más con la complicidad que con la libertad, algo que constatan todos aquellos que, obligados por el deber, pasan el domingo apostillados en una mesa electoral cantando nombres, apellidos y alguna que otra salve, algo que también ustedes, votantes (lo mío con la papeleta no ha cuajado este viaje), habrán notado durante la pasada jornada.
Votan los recién graduados en esto de la mayoría de edad (la juventud, ilusa…); votan los miembros de los partidos políticos y otros pesebristas afines (con la comida no se juega); votan los ociosos (¿porqué no se irán al campo a asar chuletas); votan los alcahuetes (vigilando y apuntando por si luego hay guerras en las que denunciar al vecino); votan los despistados (pasaba por aquí y me he acordado…); votan los íntegros (¡Derechos al poder!); votan los informados (¡Qué pena que estos no abunden!); votan los prácticos (por aquello del voto útil); votan los enteraos (¡que hay bastantes…!); y votan los ignorantes (para sentirse más importantes… Les podrían dar alguna licenciatura…).


Pese a todo ello, el euroescepticismo se lleva la mayoría absoluta y deja entrever fisuras en ese proyecto que es Europa (las rupturas siempre asoman cuando las crisis, tanto económicas, como sociales, se acentúan). Son pocos los creyentes en una unión del Viejo Mundo, ese continente que inventó occidente, más que nada por la miseria que viven unos y el triunfo de otros y el enriquecimiento de una clase política que, día tras día, se envilecen más por un poder efímero que por las ansias de trabajar en pro del ciudadano, un servicio para el que nacieron en la Grecia antigua.


Seguramente a muchos de ustedes no les gustará una disertación como la de hoy (últimamente se avivan las críticas hacía mis descabelladas ideas… ¿Será bueno o malo? ¿Querrán la censura?), por ello traigo hoy a modo de apoyo El rey de los animales de Miguel Tanco (Editorial La Fragatina), un libro ilustrado que aboga por ese clásico mensaje de “los mismos perros con distintos collares” y bajo el que subyace un complejo mensaje sobre la democracia, el derecho a elegir y las ansias de poder, que bien mirado, está más de actualidad que nunca, a pesar de que durante el pasado fin de semana las miradas han estado muy atentas al fútbol, algo de lo que me alegro (¡Albacete Balompié de nuevo en Segunda División y Forza Atleti manque pierda!).