domingo, 28 de junio de 2015

Selección de álbumes ilustrados y libertad sexual


El progreso (que no el progresismo) de un país se mide por la cantidad de libertad que sepan administrar sus habitantes, es decir, ser uno mismo en cada una de sus múltiples facetas y permitir que los demás también lo sean, algo muy difícil dada la naturaleza humana. Corrompidos por la hipocresía, la envidia, la codicia, los celos o la ignorancia, unos males que atentan sobre el vivir y dejar vivir, nos empeñamos por vociferar nuestro buen hacer, comprensión, bondad y solidaridad, algo que dudo cuando veo chicos marginados por su feminidad en los patios de recreo, niñas apartadas en un rincón dándole patadas a un balón, jóvenes que no encuentran un trabajo debido a su condición sexual, transexuales que levantan críticas por el mero hecho de hacer la compra o rumores ante besos furtivos entre dos hombres.
Es por ello que en este post de domingo (¡el primero que hago en casi ocho años!... ¿Por qué será?) y celebrando este día en el que se abandera la libertad sexual, he reunido los que, a mi juicio, son los mejores álbumes ilustrados (ya saben mis criterios: argumentos, calidad de las ilustraciones, originalidad, cercanía infantil…) que tratan temas relacionados con esa bandera multicolor que hoy ha ondeado sobre todos nosotros. Para que los lectores de todas las edades denoten que este mundo es plural. Para que intentemos cambiar. Y para que los adultos, esos a los que va dedicada está entrada, abandonemos nuestros espejismos, nos llenemos de vergüenza, y dejemos de alimentar los prejuicios del pasado.

En Castellano


De Haan, Linda & Nijland, Stern. Rey y Rey. Barcelona: Serres (Parejas homosexuales / Gay)


de Dios, Olga. Monstruo Rosa. Madrid: Apila Ediciones (Iconografía Homosexual)


DePaola, Tomie. Oliver Button es un nena. León: Everest (Identidad sexual / Gay)


González, Alex & Cormand, Bernat. El niño perfecto. Barcelona: Sd-Edicions (Identidad sexual / Transexualidad)


 Quintiá, Xerardo & Quarello, Maurizio A. C. Titiritesa. Pontevedra: OQO (Parejas homosexuales / Lésbianismo)


Richardson, Justin; Parnell, Peter & Cole, Henry. Tres con Tango. Barcelona: RBA. (Familias homoparentales)


Servant, Stephane & Le Saux, Laetitia. Ricitos de oso. Barcelona: Juventud (Identidad sexual / Transexualidad)

En otras lenguas


Barcelar, Manuela. O libro do Pedro. Ediçoes Afrontamento (Familias homoparentales)


Ewert, Marcus & Ray, Rex. 10,000 Dresses. Seven Stories Press (Identidad sexual / Transexualidad)


Garden, Nancy & Wooding, Sharon. Molly’s Family. Farrar, Straus & Giroux (Familias homoparentales)


Godon, Ingrid & Sollie, André. Hello, sailor. MacMillan (Parejas homosexuales / Gay)


Hall, Michael. Red: a crayon’s story. Harper-Collins. (Identidad y aceptación personal)


Hertherl, Jessica; Jennings, Jazz & McNicholar, Shelagh. I am Jazz. (Identidad sexual / Transgénero)


Lindenbaum. Paul und die Puppen. Beltz und Gelberg (Identidad sexual / Gay)


Newman, Lesléa & Thompson, Carol. Donovan’s Big Day. (Familias homoparentales)
Isadora, Rachel. Max. MacMillan (Identidad sexual / Gay)


Newman, Lesléa & Souza, Diana. Heather has two mommies. Alyson Books (Familias homoparentales; N.B: Hay varias ediciones, incluso una en castellano de la editorial Bellaterra, pero esta edición es mi favorita)


Schiffer, Miriam B. & Clifton-Brown, Holly. Stella brings the family. Chronicle Books (Familias homoparentales)

viernes, 26 de junio de 2015

¡Chapuzones!


En un alarde de sinceridad les confieso que no sé qué haré durante las próximas semanas… Si me iré, si volveré, si ahorraré, si me quedaré a dos velas, si acudiré a algún festival (está de moda, ¿no?), si destruiré el sofá, si -por fin- perderé los cinco quilos que me restan (de ilusiones vive el hombre…), si me saldré al balcón a escuchar a los gitanillos canturrear (a veces se esmeran y la estampa pinta bucólica), si daré rienda suelta a la creatividad (¡más me valdría terminar todo lo empezado!), si optaré por mantener un encefalograma plano, si ordenaré los cientos de fotocopias (que quizás nunca más vuelva a utilizar), si limpiaré el coche (¡ea!, los vehículos no son lo mío…), si saldré mucho, si entraré poco (estos dos últimos deseos creo que son el mismo, ¿no?), si me levantaré tarde (depende de lo mucho o poco que disfrute del sofá), si me despertará el alba (¡malditas persianas!), o si seré capaz de leer algo (sería lo suyo… para después contarlo). Vamos, que no tengo ni la más remota idea de cómo invertiré el tiempo estas vacaciones. Lo único que sí sé es que, de unos chapuzones, no me libra nadie…


Ya saben ustedes que, aunque gusto del medio aéreo, también me inclino por el acuático. No es que haya desarrollado branquias a la vejez, pero a cierta temperatura, se agradece algo refrescante… y divertido. Eso de echarme la siesta a la orilla de una piscina, escuchando los gritos de los jovenzuelos y los llantos infantiles mientras el socorrista de turno pilla un cabreo monumental, tiene su aquel. También tenemos abuelas mastodónticas que, a golpe de abono veraniego, forman parte del mobiliario. No nos olvidemos de los gorilas de gimnasio, de las merendolas familiares, de las parejitas cariñosas, de los nadadores empedernidos, de los tontos de la/s pelota/s y mucha fauna más que representa el clorado y mojado día a día.
Es por ello que les recomiendo tomar sus precauciones cuando acudan a estos lares, no sea que sufran algún percance poco agradable (en la playa hay erizos y medusas, y aquí abundan los buceadores y las aguadillas), como el protagonista de El paseo del elefante, un libro-álbum para primeros lectores del japonés Hirotaka Nakano (editado por Lata de Sal en su colección Vintage) que nos narra las peripecias de un paquidermo y una panda de amigos que, todos juntos, van a dar de bruces en un lago, el uno por servicial y forzudo, y los otros por gandules y pesados.

miércoles, 24 de junio de 2015

¡Una gran fiesta de cumpleaños!



Hoy es mi cumpleaños (sí, sí, el real, que ya saben que el virtual cae en febrero) y no he encontrado mejor forma de celebrarlo que con una fiesta en condiciones. Aunque ya se sabe del trabajo y los daños colaterales que acarrean las juergas (mucha gente, mucha comida, mucha bebida y mucho más), a veces merece la pena arriesgarse, dar un paso al frente y organizarlas para gritar a posteriori aquello de “¡Y que nos quiten lo bailao!”. No me negaran que el despiporre y la jarana son bastante necesarios (¡Que se nos va la vida!) y que hasta las almas más límpidas y puras gustan de un guateque en toda regla que desentumezca las articulaciones y aligere el peso de la vida. Algo que deberían preguntarle a Bumble-Ardy -nombre inglés- o Chancho-Pancho -en castellano- (N.B.: los utilizaré indistintamente a lo largo del post ya que me quedo con el apelativo original… Lo he dicho finamente porque luego los de Kalandraka se enfadan y juegan a los dardos con mi cara), el alter ego porcino del increíble, inigualable e inimitable Maurice Sendak.



Tardó Sendak unos treinta años en planificar la fiesta de este gorrino (desde 1981, año en el que se publicó Outside over there o Al otro lado –pueden consultar mi reseña de este libro AQUÍ- no había publicado un álbum ilustrado hecho enteramente por él), pero la cosa le salió redonda porque, a caballo de lo subversivo, lo cotidiano, lo surrealista, lo banal y lo sencillo, logra una hermosa fábula llena de cariño familiar…
Chancho-Pancho nos cuenta la historia de un cerdo que es adoptado por su tía tras la muerte de sus padres. La tía Asunción, aunque hace alarde de malas pulgas, se preocupa por su pequeño y le regala un disfraz de vaquero, a lo que Bumble-Ardy responderá (sin el consentimiento de la tutora legal) con una ¿orgía? de disfraces donde acudirá lo más florido y hermoso de la porqueriza, para terminar con el enfado monumental de la pobre y confiada Asunción. Es de esta manera y a base de rima (mi enhorabuena para el traductor, ya que los versos originales guardan palabras múltiples, enrevesadas, encriptadas, llenas…), como el autor explora las relaciones entre niños y adultos, estudia cómo los primeros desafían a los segundos, cómo su independencia les supone problemas y cómo consiguen reconocer en último término a aquellos que los quieren y protegen.


Dejando a un lado el argumento, nos podemos adentrar en las ilustraciones… De estilo más ligero y desenfadado que la plumilla de Dídola Pídola Pon o el color definido de Donde viven los monstruos, las imágenes de Chancho-Pancho dan buena cuenta de la evolución artística de Sendak, que retoma la paleta apastelada de la acuarela y cierta línea gris y temblorosa (¿Tendrá que ver con los ochenta y tres años que contaba el artista cuando les dio vida?). Asimismo, Sendak vuelve a utilizar otro de sus clásicos recursos: prescindir del margen en torno a la imagen para dar un significado distinto a la parte más irreal del relato (páginas centrales que se refieren a la celebración) y otorgarle cierto protagonismo idílico.


Por último, en esta reseña tan clásica (de todo tiene que haber…), me gustaría enumerar el sinfín de hermosos guiños personales que el autor incluyó en este, su último gran libro… A saber:
-El personaje de Bumble-Ardy y su extraña fiesta aparecen por vez primera en un pequeño cortometraje de animación incluido en la edición americana de Barrio Sésamo, el popular programa infantil de televisión. Es Jim Henson, buen amigo de Sendak y director del programa, quien presta su voz para el personaje (humano en primera instancia).


-Sendak decidió darle forma a este libro-álbum durante la muerte de su pareja y compañero sentimental durante más de cincuenta años, Eugene Glynn, en el año 2007. “[…] Alguien muy importante para mí estaba muriendo dolorosamente, horriblemente, lentamente, y eso es algo que te obliga a cuestionártelo todo."


- Es también curioso que Sendak hiciese coincidir la fecha de su propio aniversario con la del cumpleaños del personaje, el 10 de junio, algo que nos hace presuponer la identificación del autor con su personaje, algo frecuente en su obra y la de otros muchos ilustradores.
-Sendak se decantó por los cerdos como protagonistas en esta historia porque los encontraba, según sus propias palabras, “bastante inteligentes”, y porque “le gustan más que los pequeños humanos” (¿Será esta la razón por la que disfraza de hombres a casi todos los participantes en la bacanal excepto a Bumble-Ardy?).


-El artista, gran aficionado a la música clásica, se apartó de Mozart, su gran héroe, para escuchar la obra de Verdi y Schubert durante el proceso creativo de este libro.
Y sin más que contarles por hoy (he de preparar la tarta y alguna que otra vianda) les dejo con el genio y su obra más reciente, una que, según él, vino de un lugar muy profundo.

martes, 23 de junio de 2015

De viejas noches, de nuevos ocasos


Me huele a sal la noche. Al cantar del grillo, al rocío rezumando… Así son los ocasos del verano, tan extraños que, cuando los ves en el horizonte, tienen cierto halo inverosímil, un silbo raro... por lo que dejamos atrás, por lo bueno, por lo malo.
Me iré sumergiendo en nuevas olas, en nuevos mares, lento, calmado, para que los recuerdos llenen mi voz y susurren pausados. Para que vuelen libres durante el día y, en la noche, queden callados. Porque la brisa sobre la negra arena, no mueve la honda pena, pero sí agita su canto…

Lluvia del cometa
en la arena.
Salimos a buscar piedras
para la rayuela.

Gastadas
pulidas
aplastadas.
Monedas de luna
en los bolsillos,
no pesan
nada.

Laura Forchetti.
En: Donde nace la noche.
Ilustraciones de María Elina.
2015. Pontevedra: Faktoría K de Libros.


jueves, 18 de junio de 2015

¿Es arte la ilustración?


Mary GrandPré. 2015. El sonido de los colores (Texto de Barb Rosenstock) . Editorial Juventud.

Hace mucho tiempo que tenía ganas de traer a este espacio otro de los debates que actualmente se plantean dentro del mundo de los álbumes ilustrados, un soporte en el que la imagen tiene un valor muy significativo y en el que se está haciendo notar (a mi juicio más que en ningún otro producto) cómo la ilustración está alcanzando cotas de identidad propias que plantean si abordarla como parte del Arte en mayúsculas, o como una entidad menor que solapa en algunos puntos con las disciplinas artísticas clásicas. He aquí el dilema…
Seguramente para ahondar en una cuestión tan profunda como esta deberíamos apelar a varios conceptos… Tenemos el de “arte”, uno que en estos días se ha extendido a toda la esfera de la “imagen”, instrumento del que se sirve el “diseño” para abrirse camino entre la “sociedad” como “símbolo” de la “cultura”… Pero para hacer más llevadero este lío, les propongo tres peros al Arte desde la Ilustración:
Si atendemos a la definición estricta podemos decir que la ilustración es el uso de imágenes, de creaciones que ensalzan el valor de la palabra escrita, que la iluminan, es decir, complementan su significado. Hasta ahí, todos de acuerdo. El problema viene cuando la ilustración tiene un valor intrínseco que viaja más allá del texto, y por tanto tiene un sentido propio, algo que se incluye dentro del concepto de “arte”… Primer pisotón.
Muchos dirán que las obras de arte son únicas, que son entidades irrepetibles y que en ellas no interviene la duplicidad, es decir, un planteamiento comercial, por lo que una ilustración que se lleva a la imprenta para formar parte de un libro ilustrado tampoco sería arte…, ¿o sí? Discrepo diciendo que son de sobra conocidos algunos ejemplos de obras de arte con varias copias “originales” como El beso de Rodin o Los girasoles de Van Gogh. También decir que los arreglos de la Novena sinfonía de Beethoven o las diferentes ediciones de La isla del tesoro de Stevenson constituyen su arte. Vamos, que  lo que le importa al Arte es su capacidad narrativa, su lenguaje y los diferentes estadios interpretativos. Segundo pero…


Vincent Van Gogh. 1889. Jarrón con doce girasoles. Museo de Arte de Filadelfia (Estados Unidos).


Vincent Van Gogh. 1889. Jarrón con catorce girasoles. Museo Van Gogh, Amsterdam (Holanda).


Vincent Van Gogh. 1888. Jarrón con doce girasoles. Neue Pinacotek de Múnich (Alemania).

Probablemente si nuestra concepción artística viene definida desde el punto de vista del espectador cabría decir que la ilustración, como cualquier otra forma expresiva, necesita de un proceso de percepción o alfabetización artística que permita al receptor reconocer la imagen, identificarse con ella y analizar su contenido a través de la experiencia o la imaginación, algo que sucede de manera evidente en los lectores de álbumes ilustrados que son capaces de reconocer ciertos códigos inherentes a ese arte. Así que, tercer y último pescozón.
Hasta aquí, ganaría la Ilustración como arte, pero no se envalentonen algunos que ahora viene el contrataque del Arte a la ilustración…
Cañonazo 1. Existe cierto contrasentido que diferencia a un cuadro y una ilustración: si el primero no es entendido o se le dan múltiples explicaciones por parte del público, no importa, mientras que si la idea o el concepto de la ilustración no llega al receptor y no queda clara, ésta concluye vacía. Es decir, ilustrar es comunicar e interviene en un proceso global en el que el diseño y la estrategia tienen mucho que ver, algo de lo que estrictamente no entiende el Arte.
Cañonazo 2. Entonces, ¿podemos decir que el ilustrador no es un artista? ¿Es un mero comunicador? ¿Un diseñador gráfico?... No cabe duda que debemos afirmar rotundamente que es un artista ya que la creatividad envuelve toda la génesis de su obra. El apelativo que cada uno, nuestros conocidos o la sociedad quiera colocarnos es independiente de nuestra labor.  ¿Qué más da cómo nos llamen…? A lo largo de la historia del arte se conocen muchos ejemplos de ilustradores a los que el tiempo ha terminado colocando entre los mejores pintores de su época (véase Daumier, Egon Schiele o Norman Rockwell), pero que, como los artistas de hoy, necesitaban ganarse la vida de algún modo, algo que no debe extrañar -mucho menos ahora-, puesto que la ilustración y el diseño gráfico constituyen uno de los campos creativos más boyantes.



Honoré Daumier. 1853. Nadar elevando la fotografía a la altura del arte.

Cañonazo 3. A pesar de estas dos cuestiones hemos de añadir que, la mayoría de las veces, debemos entender un álbum ilustrado en toda su extensión, es decir, hay que visionar toda la obra para comprender el mensaje, su significado artístico, algo que entraría dentro del llamado “arte secuencial”… Son muy pocas las veces que una sola imagen tiene sentido por sí sola ya que se encuentra descontextualizada, por ello, esa ilustración perdería su naturaleza artística… Seguramente se le vendrán a la cabeza imágenes de álbumes ilustrados que son capaces de establecer un diálogo con usted, con el receptor, que por sí solas, nos hablan de toda la  obra (a un servidor, por ejemplo, se le viene a la cabeza la imagen del barco del Emigrantes de Shaun Tan), pero seguramente, si indagan en el proceso creativo, descubrirán que el ilustrador se ha inspirado en obras que poseen un lenguaje artístico más potente y elevado, por lo que no dejan de ser ecos o calcos de esa obra de arte primordial (en el caso de mi ejemplo decir que, para elaborar esta ilustración, el genio australiano se inspiró en cuadros y fotografías anteriores).



Shaun Tan. 2006. Emigrantes. Barbara Fiore Editora.


Tom Roberts. 1886. Coming South. National Gallery of Victoria (Australia).


Roberto Innocenti. 2010. Las aventuras de Pinocho (Texto de Carlo Collodi). Editorial Kalandraka.


 Pieter Brueghel El Viejo.1565. Los cazadores en la nieve. Museo de Historia del Arte de Viena (Austria).


 Pieter Brueghel El Viejo.1565. Censo en Belén. Museos de Bellas Artes de Bruselas (Bélgica)

Cañoñazo 4. Por todo lo anterior podríamos llamar a la ilustración como un “arte incompleto”… Si yo quisiera ilustrar Moby Dick, no podría expresar mi ideario, mi mundo interno al cien por cien, ya que estaría guiado por el cauce que Hermann Melville creó previamente, es decir, sería un arte encorsetado y no podría expandirse libremente a pesar de sus connotaciones estéticas. Quizá es una diferencia sútil, pero que marca a fuego al Arte, un concepto que obedece a necesidades primarias y no a una funcionalidad.



Rockwell Kent. 1930. Moby Dick (Texto de Hermann Melville).

Cañonazo 5. La ilustración también es independiente del medio que utilicemos para darle vida a las ideas ya que se utiliza un medio (último) bidimensional, como las páginas de un libro o la pantalla de una “tablet”. Aunque la expresión y el significado no entienden de técnicas digitales, óleo, gouache, acuarela, esculturas, collage, lápices de color, la fotografía o el simple grafito (N.B.: Algo que también pone en evidencia que la ilustración, en el caso de concebirse como arte, debería hacer referencia a las múltiples disciplinas que convergen en ella… ¿Es Arte el “arte multidisciplinar”?), la ilustración sigue restringida al alto y al ancho del papel.



Koen VanMechelen. 2005. Juul (Texto de Gregie de Maeyer). Editorial Lóguez.

Aunque en esta batalla gane el Arte, como conclusión cabe decir que vivimos un tiempo en el que la ingente proliferación de productos creativos (léase pintura, escultura, música, cine o fotografía) nos impide distinguir una obra de arte de otra que no lo es y, la ilustración, un ámbito de relativa reciente hornada, no es una excepción (dense cuenta del enorme número de ilustradores que hay hoy día y de la desorbitada cantidad de imágenes que producen), por lo que habrá que esperar unos cuantos años para que el tiempo ponga en tela de juicio todas esas creaciones y establezca (o no) cánones artísticos para la Ilustración.


Mary GrandPré. 2015. El sonido de los colores (Texto de Barb Rosenstock) . Editorial Juventud.

Epílogo: Y como toda esta retahíla de pros y contras teóricos no valen nada sin un punto final, les diré que un servidor, de naturaleza mucho más científica y menos prosaica, prefiere la práctica y disfrutar de las imágenes que algunos interpretan por y para mí, que abren nuevos caminos a mi propia imaginación o que imprimen su visión en nuestros cerebros para el deleite de los cuentos, historias o leyendas que, de otra forma, podrían perecer en mi memoria.

miércoles, 17 de junio de 2015

Diversidad y riqueza



De un tiempo a esta parte, un aroma distinto me embriaga. No creo que sean ni mis “perjúmenes”, (que ya saben que el que huele, debajo lo tiene…), tampoco las glicinias, ni las adelfas, ni siquiera las violetas: hay algo en el ambiente que me huele a cambio… Y no me refiero precisamente a esos salvadores de nueva hornada que, como ya vaticiné (¿será el oráculo de los álbumes ilustrados…?), poco difieren de aquellos que queríamos quitarnos de encima (Tanto Monta, Monta Tanto, Isabel como Fernando)… A las pruebas me remito, señorías: ahí tienen a dos eminencias que haciendo alarde de antisemitismo (¿Saldrá su apellido en el listado de apellidos sefardíes en el que aparecen los de media España?) y asaltando capillas que no usa ni El Tato, se las dan de intelectuales (cualquiera ya dice que lee, que para eso están las ferias del libro…) y progresistas (Cuánto tonto suelto, y encima ¡gobernando!...).


Caricaturas aparte, me refería a que las becas Erasmus empiezan a dar sus frutos (algo que parecía mentira si atendemos a la cantidad de universitarios que las utilizaban para quitarse en el extranjero algunas asignaturas que aquí eran infumables, y de paso, rular por el continente); veo que cierto sentir europeo toma las riendas de una sociedad que empieza a comprender que el “gracias” y el “por favor” tienen más que ver con la cortesía que con la instrucción; denoto como la gente –sobre todo en las ciudades- empieza a plantearse las cosas, a dudar, a andar, a pasear por los centros culturales, a hacer uso de lo público, de la inversión que suponen sus impuestos (antes los que íbamos a las bibliotecas éramos unos pobres o unos usureros) y a dejar a un lado los complejos del pasado.


Quizá nos quede mucho aún para ser capaces de pensar por nosotros mismos (aun seguimos contaminados por las dos Españas), de abrirnos por completo al mundo (no hay mayor mal para el español de a pie que su provincianismo triunfalista), de vivir las cosas en la propia piel y reconocer que todo lo que reluce ahí fuera no es oro (recuerdo cuando nos vendían Cuba como el paraíso sexual de los pegamoides mientras los cubanos se echaban a llorar de alegría cuando entraban en el Mercadona©, una pena…). Pero para eso lo que hay que hacer es tratar con unos y con otros, no mirarnos tanto el culo, percatarnos de lo diverso que es el mundo, de que hay mucha gente ahí fuera que nos puede abrir la mente, de que somos muchos y diferentes, y de que hay que dejar los prejuicios a un lado. Y para ello, qué mejor que dos álbumes ilustrados, Pájaro amarillo, de Olga de Dios y publicado por la editorial Apila, y Gente, de Peter Spier y editado por Patio (existe otra edición antigua de Lumen), que nos hablan de lo ricos que somos y de lo que nos queda por aprender.

jueves, 11 de junio de 2015

Sobre el mañana...


A mi amigo Pablo, que abandona la soltería.

En este mismo instante, detengo mis dedos, alzo la vista y, mirando a una pared que se asemeja al infinito, pienso “¡La de cosas que he dejado atrás!”. Seguro que no soy el único y ahora usted rememora un sinfín de momentos que han formado parte de su vida… Recuerda aquel batacazo que, además de muchas lágrimas y una pequeña cicatriz en la rodilla, fue la prueba de fuego que no le hizo rendirse ante ese vehículo de dos ruedas que llamamos bici. Tampoco ha olvidado las tardes de verano en las que, junto a una caterva de adanes con la cara llena de granos, iba detrás de aquella pandilla de pavas que se habían atrincherado en los columpios del parque. Háblenos de sus profesores, de lo parias que eran, de las primeras borracheras, de su primer beso. De lo amargo que fue despedirse de él, y de las ganas con las golpeó un balón que, nadie sabe cómo, entró en el minuto justo y en el sitio adecuado. Sí, tiene razón: tantas cosas nos han pasado que hasta que otro no las dice, a uno no le vienen a la cabeza. Pero en eso consiste el paso del tiempo: en acordarse de lo pasado y dejar paso a lo nuevo.


Me exaspera oír aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor, y prefiero comulgar con el poeta, más sabio, menos irascible y, sobre todo, más desprendido. Abrir la puerta, tomar nuevos caminos y dejar que te sorprendan, es un ejercicio de altruismo, no sólo para aferrarse al pasado con una sonrisa, con una caricia, sino para despojarse de las heridas, de los lastres que nos duelen a cada uno. Ya se encargará el futuro de las nuevas penas y alegrías, de otros besos y otros llantos, pero el tiempo está para eso, para pasarlo. Ya, ya sé… Me hablarán de los cambios, de los miedos, de muchos otros quebrantos, pero si lo piensan bien, todo cambio a la vez es útil y a la vez es vano… Fíjense lo poco que significa el tiempo, que lo que un día nos parece increíble, al siguiente se torna vulgar, y lo que otrora era ceniciento, hoy tiene un colorido especial.


Todos los libros nos hablan del ir y del devenir, de cómo cada cual elige la mejor forma de pasarlo, pero si hoy tuviera que elegir uno, sería Con el paso del tiempo, del ilustrador colombiano afincado en Argentina José Sanabria (Ediciones La Fragatina), una fábula dividida en tres partes y realmente hermosa, donde confluye el tiempo desde dos puntos de vista que al final se torna uno solo, el del mañana…, algo que no deben olvidar, porque lo único que podemos hacer, es eso: saber que está.

miércoles, 10 de junio de 2015

De huérfanos y cariño familiar


Si este momento aterrizara un brujo pirujo (que los hay) y, como por arte de birlibirloque, me dejara caer en otra familia que no es la que conozco, probablemente saldría más loco de lo que estoy. Y es que, claro, los parientes, además de para aguantarse (¡Que aquí sufrimos todos la mala leche, locuras, excentricidades y llantos de todos!) están para arroparse (o eso creo)… Seguramente en su casa tengan una manera de darse cariño totalmente diferente de la que tenemos en la mía, y en la de más allá, otra, y en aquella, otra (N.B.: Hay tantas formas de amar en el hogar que se sorprenderían al toparse con ciertas rarezas que envuelven al afecto), pero en todas, aunque mínimamente, se reconocen los lazos que nos unen a los nuestros.


Sería extraño andar en pos de una familia (no es lo mismo buscar un zapato debajo de la cama, la cartilla del banco o la pareja de este pendiente), aunque son bastantes los que se embarcan en esta tarea, tan dura, tan tediosa… Fíjense en los orfanatos, esos lugares en los que viven muchos chavales que, a pesar de los amigos o los compañeros de correrías, sienten un vacío que, aun no pudiendo explicar, imagino lleno de soledad maternal, paternal o fraternal.


Aunque si bien es cierto que muchos de estos niños perdidos encuentran un hogar en el que crecer y sonreír, en el que confluye gente a la que abrazar y apegarse a pesar de no compartir lazos sanguíneos, también hemos de hablar del fracaso que supone el que muchos otros no terminen de hallar su lugar entre sus familias adoptivas. Son aquellos que añoran a sus padres biológicos, viven cuestionándose, atormentados, y terminan sus días vagando en busca de una explicación verbal o carnal que les sosiegue este anhelo.


Quizá un servidor no comparta tales decisiones (la mayor parte de las veces hay que querer a quien te quiere y olvidarse de estigmas y otros despojos humanos), pero son comprensibles desde la necesidad de identificarse con los propios orígenes. Al fin y al cabo, todos tratamos de buscar los momentos felices junto a los nuestros aunque a veces nos entren ganas de matarlos (figuradamente, claro), de disfrutar de lo que tenemos y no pensar en lo negativo, algo que Gastón el protagonista del álbum ilustrado de Kelly DiPucchio (Andana Editorial) descubre tras un brusco vaivén.