sábado, 18 de octubre de 2014

Lloviendo a mares


¡Qué días de lluvia! ¡Casi interminables…! ¡La mitad occidental de la península ha sufrido horrores! Un no parar diluviano nos ha mojado los riñones (¡Qué manera de llover! ¡Un mar desde el cielo!...). Aunque parece que la climatología nos da algo de asueto y el sol nos acompañará la semana próxima (no sé qué veranillo es este…), no escondan paraguas y chubasqueros, ¡pues nos volverán a hacer falta!

Llueve a mares,
llueve a mares,
ríos de gotas de lluvia
resbalan por los cristales,
llueve a mares,
llueve a mares,
lame el agua con su lengua
tejados y bulevares,
llueve a mares,
llueve a mares,
en el cielo el arcoíris
asomará cuando escampe.

A mares.
María Jesús Jabato.
En: A mares.
Ilustraciones de Rocío Martínez.
2014. Vigo: Faktoría K de Libros.




miércoles, 15 de octubre de 2014

De moda: Colección Otoño-Invierno 2014/2015


El primer mundo vive una pasión desatada por todo aquello que gira en torno a la ropa. Proliferan grandes empresas textiles, las rebajas se convierten en una locura desenfrenada, hordas de adolescentes buscan un estilo personal (y no se percatan de que van uniformados… y si no, visiten cualquier centro de educación secundaria), cada vez son más los blogs dedicados a las tendencias (incluido el de la esposa ñoña de Bustamante), la gente se da de palos por acudir a pasarelas donde descubrimos el glamur y las excentricidades de la próxima temporada, y un sinfín de “outlets” virtuales hacen las delicias de las clases medias con grandes marcas al alcance de su bolsillo en pro del enriquecimiento de las empresas de transporte.
Que me gusta la moda es algo innegable, pero afirmo que la sigo desde un prisma estético más que desde el personal. Prefiero la comodidad diaria a una imagen acorde con el fondo de armario del momento. Es cierto que hay que elegir en consecuencia y colgarse lo que se lleva, pero no tengo demasiado tiempo ni dinero para ello...
Estampados salvajes o motivos repetitivos en suéteres y camisetas, la piel (con pelo mucha y sin él también), la lana y el punto (menos gruesa que en temporadas anteriores), el rojo, el negro y los colores oscuros, las parkas acolchadas, un destierro paulatino del vaquero y el regreso del zapato, son las banderas de este otoño-invierno 2014-2015 (así que tomen buena nota los hombres). Pese a ello, me pondré lo primero que pille y dejaré lo más “trendy” para otro día en el que haya que lucir las vestiduras y conquistar miradas incautas.


Seguramente muchos/as digan que están fuera de toda onda y que esto de los trapos se la/o suda, pero he comprobado con mis estudios cinegéticos de fauna callejera que, a pesar de estos desprecios, todos tenemos un punto fetichista en lo que a prendas de vestir o complementos de moda se refiere. Corbatas, calcetines, ligueros, gorros, sombreros, bolsos, bufandas, sujetadores, calzones y cinturones, son los preciados objetos que muchos coleccionan como si de chucherías se tratase. Un servidor prefiere el calzado: zapatillas, botas y zapatos. Cómodos, de piel o de serraje, de corte clásico o más transgresores, ruidosos o muy silenciosos, callejeros, deportivos o elegantes, juegan un papel fundamental para nuestros pies, esos que tanto trabajan y de los que poco nos acordamos. Y sin más dilación, aquí les dejo con un libro-juego de Tomi Ungerer titulado ¿Dónde está mi zapato? (editorial Kalandraka) para que, como si de un maravilloso catálogo se tratase, elijan el más adecuado a su estilismo.

lunes, 13 de octubre de 2014

Cansinos y ofuscados


Cuando algo se convierte en costumbre, deja de tener efecto sobre las múltiples facetas que configuran lo cotidiano y pasa a ser insignificante. Acallar constantemente a los alumnos, llegar siempre tarde, olvidarse de los cumpleaños o perder el teléfono en alguna repisa ajena, son actos que molestan en primera y/o tercera persona, pero que a fin de cuentas, dan buena muestra de nuestra naturaleza humana.
A pesar de lo rutinario y repetitivo del día a día, siempre hay cosas la mar de sorprendentes, que modifican nuestra realidad y nos hacen estar alerta ante los cambios. Algo que muchos llaman “rabiosa actualidad” pero que yo llamo “fuera de lugar”. Seguramente ustedes también conozcan personajes de cierta índole que mueren por ser el centro de atención, idean las estrategias más descabelladas y luchan por estar todo el santo día en el candelero, aunque para ello tengan que cortarse una mano. Conozco bastantes de estos engendros con aires de estrella mediática (para seguir siendo los mismos infelices de siempre… que todo he de decirlo) que, a base de ser terribles seres insignificantes, capaces de dejar con la boca abierta a todo oyente con malabares, peripecias y mucho arte, aburren hasta el hartazgo… ¡Pero oiga! Prefiero a estos saltimbanquis sociópatas que las faldas de tubo, los trajes de chaqueta y las corbatas insulsas de la carrera política…


Aunque quedan pocas tonadilleras en este país, cada vez proliferan más buitres de discurso vacío y bolsillo lleno (prefiero las setas en este otoño tan prometedor para ello). Todo el día en la tele, en la radio, en los periódicos, ganando mandanga, interaccionando con el tejido empresarial a base de licitaciones públicas, y matriculando a sus hijos en colegios trilingües. Lo mejor de todo es que, cuando se les pide responsabilidad por algo, berrean como nenes malcriados y dan pataletas a la menor reprimenda… ¡Menos mal que no les da por quemarnos vivos! (N.B.: Cosa que algunos desearían, pero les sujeta un deseo incontrolable de seguir chupando del bote). Esperemos que sigan tan analfabetos (cosa que abunda en los partidos políticos, ya que los intelectuales se cobijan en la sombra) y no les dé por leer ¡Otra vez!, un álbum infantil del mundo anglosajón firmado por la afamada Emily Gravett (editorial Picarona), y tomen nota de lo que hace Cedric, un dragón enfurecido con su libro favorito, cuando su madre cae rendida de sueño tras las reiteradas peticiones de un hijo muy cansino...


viernes, 10 de octubre de 2014

Palabras colgadas




Lo de escribir por obligación es un martirio. Sobre todo cuando buscas palabras y no encuentras ninguna. Ni debajo de la almohada, ni en el fondo de la noche, ni bajo la sombra de un ciprés…, no das con ninguna cuando más lo deseas. Sin embargo, otras veces, crecen sin pensarlo, saltan de renglón a renglón y te arrancan una sonrisa de efímero triunfo…

A las once para un rato,
abre despacio su hatillo
y se sienta bien sentada;
se desabrocha un zapato
y se come un bocadillo
de queso con mermelada.
Luego se va a los mercados,
después pasa por la plaza
y más tarde al hospital;
llega hasta el pueblo de al lado,
recorre casa por casa
por ver qué puede encontrar.
“Palabras, busco palabras
en papel de servilletas,
en libros o en camisetas
o en los cuernos de las cabras.
Palabras que no se olvidan,
palabras para soñar,
palabras para cantar,
palabras que dan la vida.
Palabras de cortesía,
palabras de aquí y de allá,
palabras que recordar,
palabras tuyas y mías”.

Ángel González de la Aleja.
En: Abrapalabra.
Ilustraciones de Julio Serrano.
Colección “Luna de Aire”.
2014. Cuenca: Ediciones UCLM.
Imágenes de la entrada: SpY.


miércoles, 8 de octubre de 2014

De alarmas, virus y canes


Cuando cosas como el reciente contagio de ébola suceden, uno se da cuenta de cómo es el país en el que vivimos... Uno percibe el ambiente enrarecido, sobre todo, cierto tufo a ignorancia: la ignorancia del populacho (ese que opina, desconoce y ajusticia sin piedad), la ignorancia de la clase política (una que, sin encomendarse a Dios ni a la Santísima Virgen, se mete en camisas de once varas con la esperanza de arañar unos cuantos votos), la ignorancia de las farmacéuticas (las más beneficiadas en estas lides), y, por último, la ignorancia de los enfermos y las víctimas (figurándose peleles con los que siempre se juega).
Nadie sabía qué era el ébola hasta hace dos días (y eso que lleva casi cuarenta años en conocimiento de las autoridades sanitarias internacionales y está catalogado como un virus de bioseguridad de nivel IV -el más elevado-), y ahora todo quisqui ha hecho tesis doctorales acerca de este filovirus a base de guasap y otras aplicaciones perversas, para poner en entredicho las palabras de nuestros, tan queridos, como odiados, médicos y especialistas sanitarios (entre los mejor considerados del mundo, he dicho).
Aparte de la alarma social que este bichito está causando por todo el globo, lo más llamativo son las decisiones de los gobiernos (propios y ajenos) en estas lides, esas que, envueltas en un edulcorado buenismo y algún que otro complejo, han introducido en occidente a conciudadanos contagiados de esta enfermedad, poniendo así en peligro al resto de la población en una alarde humanitario y muy familiar de compartir las desgracias ajenas con sus votantes. Como apunte y por si acaso se olvidan, diré que con la salud (esa de la que sólo nos acordamos en el sorteo de lotería navideño) no caben paños calientes, sino celeridad y mano firme.
Al otro lado están la oposición con sus ganas de enardecer a las masas (siempre vemos la paja en el ojo ajeno… ¡Qué tristeza más grande!), los sindicatos y las suculentas tajadas a instancias de la prevención de riesgos laborales, las farmacéuticas frotándose las manos, y los españoles cagados a base de televisión y radio. Esperemos que algún valiente le quite hierro al asunto con sorna y chiste, porque si no, ¡este cementerio irá para largo!...


Dejando para el final a las asociaciones animalistas y a algún que otro marido desquiciado (N.B.: a estos los encerraba yo en alguna mina abandonada junto a una rehala envenenada con esta mortífera arma biológica) que antepone la salvaguarda de un can a la de cientos de vecinos, llegamos a otro Perro negro (¡ya les llamé la atención sobre él en mi selección de libros foráneos del 2013!), un álbum ilustrado (maravilloso y ganador del premio Kate Greenaway, todo sea dicho) de Levi Pinfold y (co)editado en castellano por Nubeocho y Pepa Montano en el que un perro gigantesco que merodea en los alrededores de una casa se va haciendo cada vez más pequeño y menos peligroso para sus habitantes a instancias de la niña protagonista; algo que esperemos también suceda con este enemigo que ha sorteado nuestras fronteras y al que tanto empezamos a temer, llamado ébola.


lunes, 6 de octubre de 2014

Agua para nuestros males


No es de extrañar que mis alumnos de bachillerato estén hasta las narices del agua y sus propiedades. Que si dipolos eléctricos, que si disolvente universal, que si puentes de hidrógeno, alta tensión superficial, fenómenos de capilaridad, la flotabilidad del hielo en el agua líquida y un largo listado de fenómenos específicos hacen que, con esta molécula aparentemente sencilla, haya prendido la vida en este planeta dando como resultado al ser humano, ese parásito odioso que, donde va, la caga.
A pesar de que algunos niños pillen unos berrinches de agárrate-y-no-te-menees cuando hay que darles un enjuagado, son mayoría aquellos otros que encuentran en el agua el mejor de los juguetes, incluyendo salpicaduras y aguadillas; algo que no es de extrañar puesto que todos los fetos o proyectos humanos se gestan en un medio acuático llamado líquido amniótico.
Que el agua nos relaja y nos repara es de sobra conocido. ¡Mamá yo quiero un balneario! De esos donde el agua dulce o salada fluye a raudales, donde la mente se despeja y el cuerpo descansa mientras, de terma en terma, se moja a distintas temperaturas. Vapor de agua, nieblas calientes, aguas turbias, calizas o arcillosas, se agradecen de vez en cuando.


¿Y el mar? ¿Ese infinito estanque donde el agua, la arena y el salitre se mezclan en el suave vaivén de unas olas que jamás me cansaré de saltar?... Notar como la piel se arruga y sumergirnos durante horas en el azul marino es un lujo al alcance de todos los españoles (¡algo bueno debíamos tener!), si no siempre, alguna vez en la vida… No desesperen los que vivan lejos de la costa, en el interior apartado de toda playa cristalina, ¡siempre quedan las piscinas! Climatizadas o de verano, pueden acudir cuando les apetezca por un ¿módico? precio. Para remojarse el culo un sábado por la tarde, lucir el último bañador adquirido en Sprinter© o Decathlon©, o intentar parecerse a Mireia Belmonte (no me toca nada, aviso) o el equipo español de natación sincronizada (¡eso es mérito y no lo de nuestros futbolistas gandules y burgueses!). Y si no, siempre pueden hacer como un servidor (ir a hacer unos largos, dejar la mente en blanco y prepararla para el resto de la semana) o como los protagonistas de La piscina de Ji Hyeon Lee (editado en España por Barbara Fiore Editora), una de las sorpresas coreanas de la última feria de Bolonia cuyas ilustraciones fueron seleccionadas para diversos anuncios de cartelería, y que nos cuenta las peripecias de unos niños que, ni cortos ni perezosos se sumergen en el fondo de una piscina para, con ayuda de la imaginación, descubrir el fondo marino y los tesoros inmersos en él.




sábado, 4 de octubre de 2014

Como lagartos al sol


Aunque el otoño ya ha irrumpido en nuestras vidas, todavía brilla el sol y lucimos ropa como si de un pleno verano se tratase (el veranillo de San Miguel se hace cada vez más intenso con esto del cambio climático). No sólo para nosotros, pobres mortales, sino para toda la fauna que nos rodea incluidas golondrinas, flamencos, moscas, mosquitos y lagartos.

A mademoiselle Teresita Guillén
Tocando un piano de siete notas

El lagarto está llorando.
La lagarta está llorando.

El lagarto y la lagarta
con delantalitos blancos.

Han perdido sin querer
su anillo de desposados.

¡Ay, su anillito de plomo,
ay, su anillito plomado!

Un cielo grande y sin gente
monta en su globo a los pájaros.

El sol, capitán redondo,
lleva un chaleco de raso.

¡Miradlos qué viejos son!
¡Qué viejos son los lagartos!

¡Ay cómo lloran y lloran,
¡ay!, ¡ ay!, cómo están llorando!

Federico García Lorca.
El lagarto está llorando.
En: 12 Poemas de Federico García Lorca.
Ilustraciones de Gabriel Pacheco.
2014. Vigo: Kalandraka.


jueves, 2 de octubre de 2014

Del aborto y el derecho a la vida


Ahora que la reforma sobre la ley que regula el aborto ha caído en saco roto y el bueno de Gallardón ha abandonado la cartera de justicia (estoy seguro que se debe más a intereses personales y gubernamentales que a la polémica suscitada…, ¡de los políticos fíate tú!), creo que llega la hora de hablar de este tema sempiterno y bastante peliagudo en el que se mezcla la institución familiar, la religión, el derecho a la vida, la capacidad para decidir, la sociedad del bienestar y el impacto mediático. ¡Al toro!
Últimamente todo el mundo se cree con derecho a opinar sobre esto o lo otro, como si todo fuera con ellos, dándoselas de grandes pensadores cuando les apuntan con una cámara de televisión y les endosan con la alcachofa en la boca. Que si yo lo veo muy mal, que si yo lo veo muy bien… ¡Que se callen, joder! ¡Molestan!... En vez de responder “¿Y a mí, qué coño me preguntas?” se dedican a la mayor de las aficiones de este país: hablar por hablar.
El primero de los aspectos a tratar en esto de la interrupción del embarazo es la capacidad de decisión de las afectadas. ¿Por qué nos creemos tan grandilocuentes para decidir por ellas? ¿Para establecer patrones de comportamiento cuando no estamos en su pellejo? ¿Quiénes son los hombres para decidir sobre los 9 meses (y lo que queda) restantes? A ver, que alguien me responda…
El segundo es la omnipresente cuestión de fe… La gente confunde churras con merinas mientras intenta coaccionar a los demás y modificar así sus decisiones interpelando al nombre de Dios, Alá o Quetzalcóatl. Si la decisión de abortar es íntima y personal, más lo son las creencias, y por lo tanto, ¡bastante conflicto interno tiene una creyente si se queda embarazada tras ser violada! (aunque se vaya a Londres a quitarse el marrón de encima…).
Lo del estado en este asunto, no tiene nombre… Me parece mucha paradoja que una adolescente pueda interrumpir el embarazo sin encomendarse a sus padres, pero no pueda acudir a las urnas para elegir a aquellos tocados por la varita mágica de la democracia (¡Qué asco de democracia ibérica! ¡Me aburre de solemnidad!)
También tenemos en juego a la familia, ese ámbito tan necesario y en clara decadencia que, desestructuración tras desestructuración, se desentiende de los problemas que le atañe para encomendarselos al Estado, ese que toma cartas en los asuntos privados para que, de paso, padres, madres y tutores legales no se ensucien las manos con sus hijos, concebidos por obra y gracia del Ministerio de Asuntos Sociales.


La sociedad del bienestar también está de por medio, incluyendo, entre otras, a la píldora, el feminismo, la medicina, e incluso, a la caridad. Nos creemos que los demás tienen que solucionar nuestros problemas, les colgamos la responsabilidad de nuestros fallos y, por tanto, son ellos y no nosotros, quienes deben solucionarlos y poner de su parte para salvaguardar la integridad que se nos olvidó. Y si no, denuncia al canto…
Y tras estas consideraciones que no llegan a ningún sitio (cada uno que haga lo que quiera con sus hijos…), llegamos al derecho a la vida. Cuando uno nace, además del problema intrínseco del parto, deben saber que, tras la luz, la acritud de la vida no se apiadará de nadie y seguirá actuando consecuentemente para diezmarnos y consumirnos con sus avatares. Por esto, a veces es difícil saber si la vida es un derecho o un deber.
En cualquier caso y haciendo alusión a padres y proles, les recomiendo Todos mis patitos, un álbum ilustrado de Janosch y editado por Libros del Zorro Rojo, en el que, con rima incluída y un esperanzador y reproductivo discurso, se nos da buena cuenta de que los hijos unas veces te dan momentos amargos y otras, los más dulces.

martes, 30 de septiembre de 2014

De empresarios y ahorradores


Dejando a un lado los nacionalismos paletos y acaparadores (¡Como si no hubiese cosas más importantes de las que hablar!), se constata una vez más que tendremos que esperar muchos años todavía para volver a las tasas de desempleo de hace unos años (denoten que va para casi una década ya…), si es que alguna vez las recuperamos… No queramos ser pájaros de mal agüero y confiemos en los empresarios españoles y sus ideas para relanzar nuestra economía (es nuestra única esperanza dado que banqueros y políticos han dado muestras evidentes de ser grandes corruptos y unos completos inútiles).
Ahora me dirán que “¡De los empresarios fíate tú! ¡Menudos son! ¡Esclavistas y vividores! ¡Avaros y arribistas!”…, a lo que les responderé: Tienen toda la razón del mundo, pero… un empresario es un inversor -no nos olvidemos-, y por tanto, nunca quiere perder dinero (¿acaso usted quiere perder sus ahorros, el fruto de su trabajo…?). En lo que no le llevo la contra es que, como en botica, los hay de todas clases y que, algunos de ellos, ni sienten ni padecen cuando han de mandar al paro a sus trabajadores. Pero también me consta que otros muchos -por no decir una inmensa mayoría- sufren lo indecible a la hora de despedir a las personas con las que han crecido sus negocios y beneficios, a la gente que ha invertido su tiempo y esfuerzo en alimentar el tejido productor de este país.
Nos encanta demonizar a jefes, propietarios y autónomos, porque todos ellos enmascaren pequeñas y grandes operaciones especulatorias, pero también es cierto que, si no fuese por ellos, el dinero no iría de mano en mano y el capital quedaría inmovilizado por las grandes fortunas, algo que no conviene en un sistema económico liberal como este en el que la circulación de bienes debe ser el mejor de los combustibles para luchar contra una crisis que tan de cabeza nos trae.
A lo que voy: inviertan, emprendan y arriesguen en sus ideas, porque todo puede ser que algún usurero, algún lince cambista, salga corriendo con sus cuentas corrientes y le deje con dos palmos de narices (y sin beneficio alguno)... Algo de lo que mucho puede hablarnos la protagonista de El cochinito de Carlota, una historia del genial David McKee (que últimamente nos hace llegar mensajes bastante complejos) y publicada por Fondo de Cultura Económica, que se ve engañada por una hucha con forma de cerdito volador (y bastante cabrón).


viernes, 26 de septiembre de 2014

Perezoso...


Cada noche, al volver de las vacaciones, mi cuerpo se transforma en un enorme saco de patatas. Su peso se rinde ante cualquier superficie horizontal y el despertador se asemeja a un objeto inerte ante el que, cualquier movimiento se hace eterno. Los párpados pesan más de la cuenta y, bostezo tras bostezo, uno llega hasta la tarde, en la que, tras ingerir algo, cae rendido de nuevo ante la indescriptible atracción del sofá...

Hija de un bostezo
nieta de una almohada
la pereza cuelga
bajo la enramada.

En un mismo sitio
duerme todo el día,
igual si es de noche
o si es mediodía.

No sale a pasear
ni a ver las estrellas.
Sólo ronca y ronca
La pobre doncella.

Fanny Uzcátegui.
La pereza.
En: Taquititán de poemas. Antología de poesía.
Ilustraciones de Ana Palmero Cáceres.
2014. Caracas: Ekaré.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

De malhechos y gimnasios


Aunque el culto al cuerpo es un mal mediterráneo, llama bastante la atención que nuestros socios comunitarios se hayan rendido de manera rotunda al gimnasio y sus beneficios para con la musculatura y el mamoneo. Alemanes, holandeses, nórdicos o ingleses se ponen a tope con los entrenadores personales, la zumba, el pilates, el spinning o el boxeo (ahora lo más de lo más, cuando antes era lo menos de lo menos…) y de paso, lucen palmito a lo largo de la costa (cosa buena para nuestra deprimida economía), dando buena muestra de que, no sólo a los/as chulazos/as de playa les sienta bien el ejercicio, sino que la globalización también los prefiere fornidos hasta los tuétanos.
Para los que no invertimos en batidos de proteínas y bancos de abdominales es una lata pasear a orilla de nuestras benditas playas: uno se siente desprotegido ante tanto organismo bien formado y, empequeñecido, intenta disimular las lorzas metiendo barriga -el más antiguo de los remedios- o estirando los brazos al cielo... Lo más evidente de todo es que nos vamos quedando (además de orondos y perimétricos) en clara minoría… Será que aquellos que no invertimos los consabidos treinta euros mensuales en ponernos a tope a golpe de pesa y mancuerna, ¿”semos rarunos”?... No creo… en todo caso ¡somos naturales! Una cosa es mantenerse saludable, poner a rajatabla el sobrepeso, disminuir el colesterol y controlar la hipertensión, y otra muy distinta es convertirse en esclavos del tono muscular y la forma física, pareciendo androides desprovistos de toda personalidad. ¿Quién quiere ser igual que otro, perder los rasgos que le caracterizan y moldear su cuerpo a golpe de movimientos aeróbicos y dietas especializadas?… (Y dijo una abuela sorda… “Cada vez me es más difícil distinguir a la Jenny de la Selena, y al Yoni del Christian, ¡si parecen clones!”).


¡Decidido! Lo mío es ser yo, quererme a pesar de mis kilos de más, sin importarme los cánones definidos por anunciantes de ropa interior. Prefiero estar sano por dentro que divino por fuera. Y reírme… reírme mucho… porque, aunque lo desee con todas mis fuerzas, jamás alcanzaré la perfección absoluta. Una gran verdad de la que toman buena nota Los cinco desastres (yo hubiera traducido el título por Los cinco malhechos, que también existe esa palabra) de Beatrice Alemagna y editado en castellano por A buen paso, gracias a un advenedizo perfecto que, como de costumbre, resulta ser el más imperfecto de todos.


lunes, 22 de septiembre de 2014

De grises a cromáticos


Tras dejarme los higadillos -y la cartera- en la feria, y sufrir un comienzo de curso bastante aburrido (necesito algo más excitante y diferente), aquí regreso tras un verano movidito (tanto por el kilometraje, como por las emociones) en el que mi cabeza ha dejado a un lado letras y problemas, y se ha dedicado a otros menesteres más banales (léase comer, beber y dormir: la columnata del descanso). Y he aquí el resultado: una verborrea no tan aguda como de costumbre (como cualquier vehículo aparcado durante meses, el cerebro necesita su tiempo para arrancar…) y un discurso no tan bien articulado como me gustaría, pero… ¡Empezamos!
Pasados ya julio, agosto y buena parte de septiembre, cogí el mando a distancia y, haciendo un esfuerzo sobrehumano para recordar su funcionamiento, encendí el televisor, constatando una vez más, que la actualidad (en contra de lo que cabe esperar) sigue siendo similar a la de junio: un coñazo. Un crecimiento económico que no llega, la Merkel sigue jodiéndonos, Putin dando por culo, los yihadistas más que Putin, Mas continua a cuestas con la consulta soberanista, nuestro flamante rey pinta menos que una mona, Rajoy gobernando a la gallega, y todo el mundo engrosando las listas del paro. En resumidas cuentas, un septiembre igual de gris que los anteriores…


A pesar de ello, algo me dice que debemos ser optimistas. No por la liquidez que Europa insufla a los bancos, ni por las temibles ideas de Montoro (el amor de este hombre por las clases medias es inhumano), ni por el (des)esperanzador discurso de Podemos, ni por la popular aproximación del tal Pedro Gómez a las clases obreras (manda huevos que haya que hacer uso de “Sálvame” para captar abuelas y analfabetos… ¿por qué no va también a MHYV?), sino por nosotros mismos. Hay que creer en nuestra capacidad para idear, para imaginar nuevas formas de negocio, para revolucionar los campos de la ciencia, de la tecnología, de la empresa, de los servicios sociales, del arte y de la literatura. Se empieza a ver algo de color en nuestras vidas, a tornar el blanco y negro en algo más productivo, algo más especial; un mensaje similar al que El hombrecillo vestido de gris y otros cuentos de Fernando Alonso y con ilustraciones del genial Ulises Wensell, un libro ya clásico (desde que ganara el Premio Lazarillo en los setenta) y  recién re-editado por Kalandraka (creo que han aprovechado para comprar todo el fondo de armario de Alfaguara), hace referencia.
Empiecen bien la temporada lijera y no se lo pierdan.

lunes, 30 de junio de 2014

Felices lecturas y feliz verano


Noto por la ausencia de comentarios que ya andan cansados de libros, esos objetos que, como los buenos amigos, callan cuando es necesario y conversan animadamente en otros ratos.
Comprendo este hartazgo pues llevamos más de nueve meses detrás de las novedades, los clásicos re-editadas, las selecciones de bibliotecas y otras entidades, las publicaciones especializadas, las bitácoras en línea y otras lindezas del mundo del álbum ilustrado, por lo que se hace necesario desconectar de tanto jaleo, buscar una sombra y disfrutar del ya clásico y merecido descanso estival.
Seguramente muchos de ustedes andarán con algún que otro libro bajo el brazo, disfrutarán con él sobre la tumbona, lo pasearan por estaciones de autobuses, aeropuertos y vagones de tren, les animará alguna que otra tarde de piscina y será la mejor excusa para acercarse a la tía buena de la sombrilla de al lado, pero un servidor ha decidido dejarlos a un lado (al menos durante estos dos meses y aprovechando el parón editorial) y ver si las neuronas se despejan de cierto colapso literario, bibliográfico y vital (que luego no se quejen de que esta verborrea que me caracteriza va decayendo mes tras mes).


Por el momento les dejo con una última recomendación de la mano de Antonio Zurera (un ilustrador español con cierto toque anglosajón) y la pequeña editorial Kokoro, ese libro álbum que lleva por título A Alex le gusta leer, una historia cotidiana y sencilla que nos recordará durante los meses venideros ese mensaje del que tanto alardeamos los monstruos.


Y a la espera de que se acuerden de mí allá por septiembre, cuando un nuevo curso escolar y el calor nos vaya abandonando paulatinamente, y desde este sitio un tanto escondido, les deseo un feliz verano… trabajando (que falta hace), luchando con la familia, a la orilla del mar o en lo alto de la montaña, en el pueblo o en la ciudad, solos o en compañía; sea como sea disfruten de estos días.
¡Hasta más leer!

sábado, 28 de junio de 2014

Orgullosos de ser monstruos


A pesar de que a la mayoría de todos los que habitamos este lugar se nos permite vivir (no damos ruido y nuestra tarea se supone inofensiva), el quehacer de otros monstruos se resiente por el mero hecho de serlo, sobre todo cuando estos viven en sitios chiquitos  o en un entorno vacío de apoyo y comprensión, islas todas ellas donde los sentimientos chocan frontalmente y brotan desencuentros y otros conflictos.
Las cosas monstruosas siempre tienen dos caras, una amable en la que respiran la felicidad, el amor, los besos o las sonrisas, y otra más cruel y sombría que se oculta tras las muecas de los demás y sus críticas –positivas o negativas, pero siempre punzantes e innecesarias-.  Es por ello que, si hay algo que un monstruo debe aprender,  es a sobrevivir, salvarse a sí mismo sin hacer uso de los simpatizantes o los detractores, personas todas ellas que, ajenas a la monstruosa cotidianidad, siempre buscan el beneficio propio. Los monstruos son independientes, únicos y especiales, y no necesitan de la aprobación o el castigo ajeno.
Ello no quiere decir que ponerse en el lugar de otros, empatizar con ellos e intentar comprender lo difícil que resulta ir contracorriente, sea una tarea complicada e inútil. Hay que llevarla a cabo para vivir en el mundo, para tomar conciencia de que los monstruos existen y son maravillosos. Una necesidad, sobre todo en aquellos que se escudan en razonamientos de tipo religioso, ideológico o político, algo que, permítanme decirles, está por debajo de toda humanidad.


Y para celebrar que tal día como hoy hace cuarenta y cinco años, una jaula se rompió, además de un precioso arco iris, les traigo El niño perfecto, un libro pequeño con tapa blanda e interior desgarrador (aunque exquisito y lleno de sensibilidad) de la mano de Alex González y Bernat Cormand (SD-Edicions), que se debería leer en familia para que abuelos, padres e hijos sepan que nadie se libra de la cruda realidad, incluso aquellos que se saben o creen exentos de ella.


Porque en los libros -se dirijan a quienes se dirijan- vive la cultura, el pensamiento y la libertad. Porque en los libros se destierran los prejuicios y la ignorancia. Y sobre todo, porque en los libros tenemos cabida todos los monstruos.


martes, 24 de junio de 2014

Del circo escolar...


Recién despedido el curso escolar y habiendo aparcado las ajadas mochilas, cuadernos a medio utilizar (todavía conserva mi madre algunos de los nuestros…), desmembrado los libros de texto, las cajas de lapiceros medio vacías, descosidos estuches, bolígrafos sin virola, ceras carcomidas, rotuladores secos, la regla, la escuadra y el cartabón despuntados, y un sinfín de aperos de escritura más, aquí me encuentro ante mil documentos burocráticos que rellenar durante los próximos días (¡¡Siiii…., créanme, todavía no hemos empezado las vacaciones…!!).
Aparte de corregir exámenes, lo de escribir informes de evaluación, firmar actas, y preparar las pruebas escritas de septiembre es lo que más odio (quien quiera suscribirme, es libre de hacerlo). El mundo de la docencia está atestado de trámites que no tienen ni pies ni cabeza, una sarta de papeleo insulso que sólo sirve para que nefastos políticos den buena fe de su paternalismo hacia las generaciones venideras con el beneplácito de las que van de capa caída. Hemos convertido la escuela en un centro donde la verborrea y las fórmulas retóricas están enterrando al saber y la libertad de cátedra, los dos auténticos pilares sobre los que descansa la enseñanza.
También es cierto que muchos, entre pasillos, algarabías y pizarras, se dedican a los números de circo, es decir, a rascarse el fandango y obviar su trabajo en pro de intereses personales y otros discursos mediático... y más que enseñar, hacen que otros desaprendan (he constatado que esto es posible), por lo que la administración, el Estado o las entidades privadas, se inventan fórmulas para lavar la cara de estos elementos que poniendo serio semblante y cargando con cientos de fotocopias, no hacen ni el huevo escudándose en la poca capacidad cognitiva de sus estudiantes. Más que informes individualizados y otr, pediría resultados, y el que no los presente, que se vaya a segar alfalfa.


Y para despedir un año académico que tampoco ha sido brillante y para no olvidarnos de los que supone la alfabetización en este mundo de la tiza, aquí les dejo ABeCeCirco, una de las novedades de esta primavera que nos viene de la mano de Daniel Nesquens y Alberto Gamón (editorial Anaya) y que a través de contorsionistas, domadores, malabaristas y otros seres circenses recorren el abecedario en busca de un tren que no han de perder… Y si alguno no tiene bastante circo pueden optar por dos cosas: encender la tele o recorrerse las ferias que poblaran de acrobacias inverosímiles la geografía de este verano.


sábado, 21 de junio de 2014

Mar...


Hace tiempo que no me acerco a la orilla del mar, a sentir la salpicadura de sus olas, la brisa fresca de su noche, el brillo de su blanca arena… Tampoco lo necesito… Será por los recuerdos de tu sonrisa mojada, de los carámbanos de sal que pendían de tus pestañas, y nuestros largos paseos por la bahía… Será porque, como los marineros de dulce marejada que fuimos, nos olvidamos a tiempo de la inmensidad traicionera que nos acechaba…

A la mar fui por naranjas,
cosa que la mar no tiene;
me dejaron mojadita
las olas que van y vienen.

Ay, mi dulce amor,
ese mar que ves, tan bello,
ay, mi dulce amor,
ese mar que ves tan bello, es un traidor.

Canción popular.
A la mar fui por naranjas.
Ilustraciones de Isol.
En: Bajo el hechizo de la luna.
VV.AA.
2006. Madrid: SM.


miércoles, 18 de junio de 2014

Buscando porqués...


Se aproxima el fin de curso y con él se vacían los pasillos, deja de sonar la campana y el calor se hace dueño de las aulas, unas en las que, dependiendo del punto de nuestra geografía donde se encuentren, el comienzo del verano puede ser insoportable o más llevadero. También llega el sosiego a la vida de los maestros y la desesperación al mundo paterno (ya saben, ahora les toca a ustedes aguantar más horas de las psicológicamente recomendadas a sus hijos)… Año escolar que termina y otro nuevo que se avecina, el sino de nuestras vidas mientras somos estudiantes (o enseñantes...).
Si en realidad existe algo que se eche de menos durante los meses de verano (el profesor recuerda con la misma facilidad que olvida) es esa pregunta que reprocha, increpa, ofende, razona y pide clemencia, “¿Por qué?”. Si no entienden a lo que me refiero, les invito a pronunciarla en voz alta con todas las entonaciones posibles, algo que mis alumnos están hartos de hacer durante todas las clases de la jornada y que, no sólo se debe a unas meras ganas de aprender, sino a una constante forma de evadirse a otros mundos paralelos, una estrategia para dejar descansar al bolígrafo o corroborar alguna sospecha sobre algo gracioso (o morboso).
Este tándem formado por preposición y pronombre, se pergeña no sólo durante las primeras etapas de la niñez, sino que nos acompaña durante el resto de nuestros días para recordarnos que si hay algo que nos diferencia del resto de los animales es nuestra razón... Y así podemos explicar las muchas incógnitas que nos rodean, los cientos de interrogantes que se nos cruzan a lo largo del día, y aprender poco a poco sobre lo fácil o difícil del mundo.


Es por ello que aquí les traigo ¿Por qué? una de las mejores obras de Lila Prap (Ediciones SM) que a través de esta eterna pregunta, nos hace un recorrido por las curiosidades del mundo animal entre las que destacan las rayas de las cebras o la sonrisa de las hienas, aspectos todos ellos muy didácticos para el niño en ciernes que no para de plantearse el descubrir lo desconocido…, aunque a veces, todo sea dicho de paso, más nos valdría conformarnos con lo que vemos y no buscar respuestas a lo que sentimos.


lunes, 16 de junio de 2014

Y termina la primavera...


Esperando que el equipo español florezca durante la noche del miércoles con un buen ramo de goles (aunque visto lo visto, lo más posible es que venga el coche escoba a recoger nuestros pedazos…), nos vamos despidiendo de una primavera tardía y extraña, no sólo por la climatología y otras desavenencias con los turistas centroeuropeos, sino también por los políticos advenedizos, los reyes inmunes, los príncipes que dentro de poco serán reyes, una Merkel cada vez más ufana, las crisis de partido, el simpaticón de Obama, las omnipresentes y protagonistas Rusia, Irán, Irak y Siria, el banco europeo y sus tipos de interés,  e, incluso, por la hija de la Pantoja y su dieta de la alcachofa.
Hasta en mi vida se ha instalado la agitación primaveral, una que mueve y amasa a su antojo fechas y agendas, provee de viajes relámpago y pone muchos trastos por en medio… Tendré que poner orden a esta vida tan revuelta y comenzar a ordenar los trozos del presente y el pasado, de tal manera que puedan germinar nuevos y fuertes retoños que fructifiquen, si no en breve, dentro de un pausado tiempo.


Espero que la revolución cerebral –y hormonal- que han traído consigo marzo, abril, mayo y parte de junio, esa misma que huele a campos floridos marchitos y tiene un cierto regusto a crisis tormentosa, se estabilice durante el estío, uno que se promete caluroso y tranquilo como las aguas de una bahía, algo que siempre es de agradecer para el sosiego de curritos y sempiternos trabajadores.


Aunque un poco tarde, la editorial Océano, nos trae uno de los libros que sorprendieron el año pasado a los estadounidenses (los amos del cotarro) y que lleva por título Y de pronto es primavera, de Julie Fogliano y Erin E. Stead (el ganador de la medalla Caldecott por su fantástico Un día diferente para el señor Amos), un álbum imprescindible que no sólo nos aproxima a la sorpredente llegada de la primavera, sino que constituye un verdadero cuaderno de campo para que los más pequeños descubran los entresijos que la madre naturaleza guarda en sus entrañas y que ayudan a trocar el marrón de la tierra en un verde lleno de esperanza.



miércoles, 11 de junio de 2014

De "boardbooks"


Si mal no recuerdo hasta hoy no he tratado en ninguna de las entradas de este espacio un tipo de libro que, a pesar de su invisibilidad, constituye uno de los pilares de la industria de la edición infantil. Me refiero al boardbook, un género con 16-18 páginas (hay ciertas limitaciones…), generalmente de pequeñas dimensiones, diseñado especialmente para los lectores más pequeños, también conocidos como prelectores, esos humanos de talla escasa y gran trajín que maltratan, se meten en la boca y muerden cualquier cosa, incluido este objeto de deseo monstruoso.
El boardbook, también llamado libro de cartón o libro duro está hecho en México o China (me consta que algún editor patrio los está fabricando a un precio la mar de asequible dentro de nuestras fronteras, ¡Y olé!... Hay que ayudar a nuestra economía) con un tipo de papel rígido de origen sueco (la mayor parte de las veces) con proceso de fabricación complejo en el que impresión, plegado, encolado, plastificado y redondeado de esquinas van al unísono para resistir las embestidas de los que un día llegarán a ser lectores consumados (se lo digo por experiencia ya que alguno que otro todavía pulula por la casa de mis padres).
Aunque a veces te puedes topar con alguno dedicado a adultos, la inmensa mayoría de este tipo de libros se llenan de ilustraciones coloristas y de trazo bien definido que acompañan a historias sencillas, textos rimados o contenidos didácticos básicos, algo que se basa en una forma clara y útil de aproximar a los preescolares al mundo de las letras.
Y como claro homenaje a este tipo de “duras” lecturas entre las que proliferan abecedarios, retahílas de números, objetos cotidianos, canciones tradicionales, animales, colores y lugares, les dejo con una pequeña selección de los mejores que se pueden encontrar en el mercado español a día de hoy. ¡Que la disfruten!