lunes, 21 de abril de 2014

Cantantes, multinacionales y consumo


Aprovechando este lunes de pascua (nos europeizamos cada vez más…) y habiendo echado un ojo a las tendencias musicales del momento durante los días de asueto pasados con la intención de renovar la banda sonora del automóvil, les confieso que si tuviera que elegir entre Lady Gaga, Katie Perry, Kesha, Rihanna o Miley Cyrus, sin lugar a dudas me quedo con la que otrora se hacía llamar Hannah Montana.
Lo de esta chica no tiene nombre (y no precisamente porque se haya montado sobre una bola de demolición como vino al mundo)… Por mucho que le pese a la cincuentona de Madonna (la que también merece reconocimiento como madre de todas estas “material girls”), hay que reconocer que es el mejor producto que, hoy por hoy, ha parido la industria discográfica, más todavía si tenemos en cuenta que, de sus veintiún años, lleva doce en la cresta de la ola.
Dejando a un lado las provocaciones y desventuras de esta chica, debemos considerar en el día de hoy quiénes son los que realmente tienen el mérito del éxito de estos artistas. Probablemente todo un equipo de especialistas, gente con currículum envidiable, genios del marketing y mentes pensantes, financieros, productores y representantes, son quienes urden en la sombra el milimetrado recorrido de unos productos de consumo que se erigen como los iconos del siglo XXI a golpe de redes sociales, entrevistas transgresoras y un estilismo entre violento y provocativo.
No se equivoquen, el negocio musical, como cualquier otra parcela empresarial (léanse el mundo del cine, el de la gastronomía, el televisivo o el mundo editorial, ese que tantas líneas ocupa en este lugar), está en manos de personas muy competentes bien instruidos y con un gran bagaje en sus respectivos ámbitos que, tomando decisiones arriesgadas y bien fundamentadas, manejan los hilos de sus creaciones como si de rentables polichinelas se tratasen, algo que no depende de la calidad de sus manufacturas, sino de una serie de factores causales que, modelados por el azar y la objetividad, tienen como fin el éxito y el consiguiente enriquecimiento.


Esperemos que sobre el protagonista de La canción del oso, una obra maestra de Benjamín Chaud (editorial Edelvives), recaiga la vista de algún cazatalentos que, aunque no haga de él la nueva estrella de la música pop, sepa hacer de este libro un imprescindible en cualquier biblioteca infantil.


viernes, 18 de abril de 2014

Gabo se marchó...


Viviremos treinta y tres, setenta y seis, o quizá cien años más para percatarnos desde Macondo, Bogotá, Madrid o Buenos Aires, que la soledad, antesala y epitafio del amor, unas veces triste, algunas alegre, y otras (las más) desconcertante, es la locura sobre la que descansan nuestras desventuras, nuestro leve devenir...












miércoles, 16 de abril de 2014

De las beldades de la primavera



Aunque digamos que mayo se viste florido y hermoso, es de sobra conocido que abril es el mes en el que irrumpe la alergia en cualquier nariz  a costa de los millones de granos de polen que flotan en el aire (¡para lo que ha quedado el hombre!). Estornudos, ojos llorosos, picor de garganta, enrojecimiento y dificultades respiratorias asolan a esta raza que ha sucumbido al poder de la vegetación, una que, considerada inerte gracias a la inmovilidad que le confiere la celulosa que cubre y protege sus células, demuestra su poderío y grandeza a costa de gametófitos masculinos volantes que dispersan los genes de las gramíneas, las plantagináceas, las cupresáceas o las oleáceas.



Aparte de alergólogos, neumólogos y otros seres sanitarios que ven agolparse en la puerta de sus consultas todo tipo de desesperados mocosos, otros que se ven afectados por la omnipresente naturaleza son farmaceúticos y laboratorios químicos que, engordando beneficios a costa de antihistamínicos y otros medicamentos, ayudan al ciudadano a envenenarse primavera tras primavera para poner en evidencia una vez más que hemos dejado de vivir en simbiosis con la madre Tierra y cualquier cosa nos afecta.
Unos científicos apuntan a una agresividad manifiesta de las plantas hacia la contaminación, el calentamiento global y otras beldades antrópicas, otros dicen que nuestro sistema inmune ha perdido la capacidad de reconocer lo mundano e inofensivo y por último, los que como un servidor, se apoyan en la idea de que estamos podridos a base de tanto cuidarnos. Si sufren sus propias carnes la alergia, decídanse por la opción más razonable pero recuerden que sus mastocitos olvidarán por mucho tiempo que entre las plantas y nosotros existe un vínculo ancestral y que, como en las mejores familias, se dedicarán a la gresca con el polen durante unos cuantos años (si no es de por vida…).


En base a todo ello, que el campo verdea y dehesas, pinares, robledales y hayedos se pintan de colores, es hora de echar mano de algunas propuestas editoriales como son el Inventario de los árboles de Virginie Aladjidi y Emmanuelle Ychoukriel (editorial Faktoría K de Libros) y los Cuentos del bosque de Leticia Ruifernández (editorial Ekaré), que nos invitan a conocer la diversidad de la vida y sus distintas formas.

lunes, 14 de abril de 2014

Rompiendo los tímpanos


Del cara a la galería que se estila en Facebook, Twitter, Whatsapp, chats, páginas de contactos y otros escaparates del morbo y el cotilleo, pasamos a los oídos sordos del paro, la pobreza, el terrorismo, la inmigración y la corrupción en un abrir y cerrar de ojos. Curiosa actitud esta del hombre que se ve acentuada por reproductores de música, cascos y altavoces de discoteca que hacen vibrar tímpanos y huesos para alejarnos de un entorno que más nos valdría la pena conocer.


Más de un corredor ensimismado se ha topado con el claxon de algún automovilista cauto por culpa de un reproductor de MP3… El de más allá ha denunciado tropecientas veces al vecino de arriba que con la dichosa manía de taladrar paredes, mover muebles y escuchar música a deshora, mina la paciencia de cualquiera… Los que tienen la ¿suerte? de ser propietarios de un inmueble en la típica zona de marcha de cualquier capital están hasta el tuétano de tanto jaleo y lucha grecorromana a altas horas de la mañana… ¡Que le hablen de trajín a maestros y profesores! Ningún niño sabe qué es el silencio..., ni los maquinistas de tren, los obreros de túneles de lavado, los trabajadores de la industria, la mayoría de los camareros, pulidores, gruistas,  e incluso artistas de circo que desempeñan sus labores envueltos en conciertos estridentes y atronadores.


Ruido, con Pablo Albo y Guridi (¡la de buenas historias que está dibujando este hombre!) a la batuta y editada por Narval, nos aproxima a esa sinfonía alborotada que nos acompaña a diario en centros de trabajo, comunidades de vecinos (lo de la mía, no tiene ni nombre, ni desperdicio), pueblos y ciudades..., a ese ritmo machacón y disonante que altera nuestros biorritmos y trastorna poquito a poco una realidad que obliga de vez en cuando a apagar televisores, transistores y el motor del coche, coger una bonita senda desprovista de toda compañía, y dejarse seducir por el sonido del aire, el rumor de la hierba, el cantar del agua y el trino de los pájaros.

jueves, 10 de abril de 2014

Rebeldía vs. Elegancia


N.B.: A pesar de ser consciente de que me tacharán de todo lo que se les ocurra, ahí voy con una de denuncia humorística… Disculpas con antelación.

Lo de las mujeres pasa de libertario a subversivo en un abrir y cerrar de ojos. Y no lo digo refiriéndome al aspecto laboral, académico o sexual, sino al marital,
Hoy día además de llevar los pantalones, más de una usa tirantes, corbata y correa, no sea que algún marido incauto tontee y haya que fustigarlo como a un animal de tiro tontarra y ajado. Muchas mandan (o eso se creen), a tenor de los ingentes frascos de perfume que atesoran en la repisa del cuarto de baño, los pares de zapatos que se agolpan en armarios y vestidores (¡Qué mejor que un vestidor para tener contenta a una fémina de hoy día!... Tomen nota antes de casarse…) y las orejas gachas de cónyuges y prole tras sufrir esos gritos atimbrados que gastan la mayoría…, pero lo cierto es que todas esas se pasan el día dejándose las uñas y otras partes del pellejo en limpiar tazas de váter y suelos con un dedo de mugre. ¡Eso si es poder!


Esclavizadas gracias a la ausencia de leyes gubernamentales que les impiden ver reconocido su esfuerzo como amas de casa (ya podría remunerarse una labor cuyo salario no queda computado en ningún sistema económico), las mujeres aspiran a tener guita para luego subcontratar a otras, y estas a su vez a otras, etc., para proseguir con esa tarea humana de la esclavitud. Seguramente, si muchas representantes del llamado sexo débil, se apaciguaran su lengua viperina, asistieran a unas clases sobre destrezas sociales y leyeran un poquito a Flaubert o las hermanas Brontë, en cuyas novelas y a pesar de miserias y penurias que sufren sus protagonistas, nunca pierden el estilo y la clase, un signo de distinción que fabrica mujeres de verdad.


 Es por ello que, las protagonistas de historias reales y/o ficticias nunca deben perder la compostura con tal de emular a sus homónimos masculinos sino, haciendo acopio de entereza y arrojo, hacerle frente a la vida con cierta rebeldía, sea manifieste esta a lomos de un dragón como la de La princesa rebelde de Anna Kemp y Sara Ogilvie (editorial Blume), o la de las históricas Juana de Arco o Isabel la Católica, para hacer realidad eso de tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando.

lunes, 7 de abril de 2014

¡Semos rarunos!


El empeño del personal es criticar. Comentar, definir, juzgar o mofarse de los demás está a la orden del día, una serie de tareas que ensalzan la costumbre tan sureña del modus vivendi basado en escudriñar a otros antes que a uno mismo, regla de oro que ha conseguido concluir en que un servidor (y otros tantos) sea un bicho raro.
Señores, señoras, se ve que soy raro, extraño, diferente o simplemente algo excéntrico de la tónica imperante. Quizá soy yo, sólo que algunos de mis congéneres no están acostumbrados a la gente tan maravillosa como el que aquí suscribe. Quizá lo que suceda es que los tenga desorientados y no saben qué opinar (o todavía no se les ha ocurrido…). El caso es que primero maman prejuicios… Que si “¡Este es un cretino!”, “¡Míralo, qué pedantón!”, “¡Madre mía, ese retorcido y malaje!”, “De ese no se puede fiar uno, siempre con sus dobleces”, “¡Parece mentira que sea maestro…!”, “¡Podría dedicarse a provocador profesional!”, “Uy, uy,uy, ¡del de DVLM LIJ, mejor ni hablar!”. Acto seguido se decantan por cuchichear que si estoy loco, mi cabeza no lubrica adecuadamente o que ha sufrido diversos traumas que me han dejado de los nervios. Y por último, cuando se dignan a conocerme, veo que sus caras reflejan cierta perplejidad porque, aunque constatan todo lo anteriormente dicho y pensado, dan fe de que soy de carne y hueso y sufro la mayor parte de los avatares de una vida perra como la humana, algo que les deja deshinchados y hasta un poco decepcionados.

Si les soy sincero, aunque la mayor parte de las veces me da por culo que el vecino se dedique a vigilar mis movimientos y conspirar contra mi persona,  me alegra sentirme la estrella de la escalera, me divierte dar que hablar, que los demás tengan tal empobrecimiento personal que pasen los días fijándose en mis aciertos y torpezas, en que les moleste el colorido de mi ropa, que las plantas florezcan en mi balcón, que mis palabras sean afiladas, leves o punzantes o que las arrugas no hayan aparecido en mi rostro. En definitiva, al personal (rebosante de envidia) le jode todo y yo les digo desde este lugar: que se anden con ojo, que no cuchicheen con tanta ligereza a los monstruos que, como yo o la Adelaida de Tomi Ungerer (Editorial Kalandraka), además de tener rasgos que nos diferencian de los de nuestra especie, pueden que esos mismos, algún día, salven a más de uno de un incendio o, por qué no, de sí mismos.


viernes, 4 de abril de 2014

Otra de extraños bichos


Y continuando con esta primavera en pleno movimiento (¿Cuándo terminará la inestabilidad atmosférica? ¡O frío, o calor!), aquí llega otra de bichos un tanto especiales que, con un poco de creatividad nos amenicen este viernes que augura reuniones familiares, tardes con amigos (¡Que se note que restamos recién cobrados!) o, por qué no, un fin de semana tirado en el sofá (aunque yo prefiera las dos primeras opciones). ¡Disfruten!

Cint-hurón

Un animal muy extraño
con carita de ratón.
No vieven en madriguera,
prefieren un pantalón.

Tacaraña

No da ni los buenos días,
por no darlos, esta araña.
Sus telas tienen fronteras
que vigila siempre huraña.

Orumística

Esta oruga espiritual
sólo piensa en una cosa:
en alcanzar el nirvana
y ser por fin mariposa.

Gorrigones

Pajarillos mu pequeños
que son como los gorriones.
Tienen morro y se lo pisan
además de ser gorrones.

Mar Benegas.
En: A lo bestia.
Ilustraciones de Guridi.
2014. Albuixech: Litera-libros.


miércoles, 2 de abril de 2014

Reflexiones en torno al libro infantil


En este Día Internacional del Libro Infantil, además de abogar por la defensa de dicho género y la enorme diversidad de tipologías que encierra, cabe desarrollar el sentido crítico y desmenuzar los pormenores de un sector que engloba innumerables editoriales, escritores, ilustradores, mediadores y, cómo no, lectores.
La industria del libro infantil, aunque ha vivido momentos álgidos durante la época de los años noventa y los primeros dos mil, todavía es un negocio redondo (¡Que se lo digan al ganador del ALMA... ¡500.000 euros!), no sólo porque da de comer a muchas bocas, sino porque la inversión en la industria es menor que en aquella enfocada en la literatura para adultos y la rentabilidad es mucho mayor. Si atendemos al caché de escritores e ilustradores infantiles, este es infinitamente menor que el de novelistas consagrados, algo que repercute en las ganancias editoriales aunque los gastos de impresión sean más caros (tapa dura, cartoné y/o cartón sueco, con una tirada inicial en torno a las 1500 unidades… poquita cosa…).
Al igual que su hermano mayor, la edición de LIJ se ha diversificado notablemente durante los últimos años y los géneros son difíciles de encasillar y clasificar (¡que se lo digan a todos los bibliotecarios!)… Desde el álbum ilustrado, el cómic, el libro-juego, el libro de conocimientos, el cartón-book, el libro musical y los cancioneros, la poesía infantil, los best-seller, a los productos de marketing, etc., se han creado una amalgama en la que es sumamente sencillo perderse. Y para constatarlo, sólo tienen que acudir a las ferias especializadas de Bologna Ragazzi, Guadalajara-México o Valladolid (Ilustratour). Todo ello ha provocado el florecimiento (y el posterior hundimiento) de decenas de modestas editoriales que han apostado por este tipo de libros, cuyo éxito depende más de la suerte y las modas cambiantes, que del marketing y la publicidad.
El libro infantil, algo que empezó estableciéndose al calor de ciertos clásicos narrativos como los cuentos tradicionales, La isla del tesoro o los relatos de Beatrix Potter, se ha convertido en otro producto de consumo en el que mucho tienen que decir los ritmos frenéticos del capitalismo, las novedades, la compra-venta de derechos, los "royalties", los visionarios y otros gurús de la LIJ entre los que se cuentan blogueros, ilustradores superventas y las multinacionales anglosajonas (las que se inventaron el cotarro).
Seguramente hoy importe más la cantidad que la calidad, una que se perdió con los grandes ilustradores de los años sesenta, setenta y ochenta, que además de innovar en técnicas y estilos, pretendían entretener, divertir y enseñar, pero lo cierto es que (como tantas veces he apuntado) vislumbro un parón creativo en pró del parné y en contra de la originalidad, algo que se constata en los nuevos valores de las grandes escuelas de ilustración -Children’s Book Illustration CSA/Anglia Ruskin University o la ENSAD de París- que siguen la directrices marcadas por otros coetáneos que han tenido sus días de gloria en el sector, véase Rebecca Dautremer o Oliver Jeffers. Este tirón de orejas gratuito es el mismo que intenta animar a los creadores que han salvado el mercado editorial con un complemento tradicional capaz de hacer sombra a los medios audiovisuales y la omnipresente red: la ilustración.
Y mientras, los lectores y aficionados, esperamos días mejores desembuchando los quince euros que de media vale un álbum ilustrado para seguir viviendo como niños e intentar que otros vivan de su magia, gritamos esa consigna de: ¡Y que viva el libro infantil!

martes, 1 de abril de 2014

Nadie tiene un buen plan


Aquí, hasta los más tontos tienen un plan (no sé para qué, la verdad, pero el caso es tenerlo…), una paradoja de lo más absurda teniendo en cuenta que con planes o sin ellos vamos al mismo sitio, es decir, a ninguno (que se lo digan a los protagonistas del ¡Shhh! Tenemos un plan del genial Chris Haughton -editorial Milrazones, colección Milratones-…).


No sé qué mente preclara tuvo la brillante idea de diseminar planes a diestro y siniestro, una excusa la mar de socorrida en estos días de mentiras cochinas y verborrea política. Hay planes para erradicar la pobreza, un plan nacional de drogas (ese que tararea: “… a mí me gustan las pastillas, verdes, rojas y amarillas…”) que complementado con otro nacional de turismo han conseguido erigirnos como el país a la cabeza en consumo de cocaína (he aquí un clarísimo ejemplo de superación) y un plan para fomentar la compraventa de vehículos (¿hasta cuándo soportarán mis impuestos los caprichos automovilísticos de la clase media española?). También los hemos tenido polémicos, como aquel plan hidrológico que tanto alentó las riñas entre las cuencas del Ebro, Tajo y Segura, y también ese plan que nos “prepara” para la más absoluta de las miserias. Pero sin pensarlo dos veces, el plan más rentable y efectivo de los acaecidos hasta la fecha es el Plan de Lectura, una entelequia que ha dado de comer a muchos narradores hambrientos, ha llenado los bolsillos de editoriales y libreros, ha abarrotado las bibliotecas escolares de títulos fungibles, ha acallado a los miles de progres que no sabrán jamás quienes son Randolph Caldecott o Kate Greenaway, y ha fomentado más todavía el odio de los jóvenes hacía el máximo exponente de la tortura intelectual, el libro. En una palabra: redondo. Una mierda mayúscula, vamos…
Ya podría haber repartido el Ministerio de turno unos cuantos billetes entre los personajes que, como el aquí firmante, nos dedicamos al fomento de la lectura, algo que, a base de llamar la atención del ciudadano con todo tipo de improperios y casquería, estamos consiguiendo desde el ciberespacio cuasi-altruista… Y ahora seguro que alguna bibliotecaria con gafas de pasta, cierta maestra ataviada de Desigual® y ese padre preocupado por el reciclaje, me increpan con el típico “¿Y tú qué hubieras hecho, listo?”… A lo que, con una sonrisa que enfermaría a las arpías y alguna que otra rata, contestaría: “Ignorante, lo más barato y efectivo hubiera sido enseñarte a leer, a sentarte en un parque acompañado/a por un libro, a viajar desde el sillón de tu casa, a que cundiese el ejemplo entre los jóvenes…, y en caso de recibir tu negativa, encerrarte en un reformatorio para padres culturetas y otros seres aspirantones dejándote al cuidado de un verdugo, un látigo de siete colas y algún filólogo, para hacerte aprender de memoria y en tan sólo una semana el Ulises de Joyce, Bomarzo de Mujica Laínez y alguna cagada de Proust, todo ello aderezado de unos calambrazos cada vez que tocases el i-Phone ¡Y no ibas a pasar frío, so’ tonto/a!” 


viernes, 28 de marzo de 2014

Tristes guerras...


Aquí, todo el que puede lía una guerra. Excusas viariadas, sobre todo de ego, envidia o dominación, planean por las cabezas pensantes de mandatarios y poderosos… Putin, Merkel, Obama… ¡Todos quieren la guerra! Desde Colombia a Birmania, desde Crimea hasta Sudán, desde Kosovo hasta Irán, pasando por El Congo, Siria, Irak o Nigeria… ¿No tendrán bastantes ya? ¡Ay, si pudieran terminar con todas! ¡Con cada una de ellas!... La cuestión es que queramos…, que quieran…

No sé si podrán,
pero si pudieran…
que cambien las escopetas
por montones de piruletas;
y todas las palabras feas
por notas semicorcheas.

No sé si podrán,
pero si pudieran…
que cambien, ante todo,
las lágrimas saladas
por millones de litros
de leche merengada.

Roberto Aliaga.
Si pudieran.
En: Poemitas de maíz.
Ilustraciones de Laura González.
2008. Málaga: CEDMA.
Ilustración de la entrada: Adam Ellison. Child soldier


jueves, 27 de marzo de 2014

Líderes indiscutibles


Entre vítores y aplausos ha quedado enterrado Adolfo Suárez, el único presidente de la democracia (pese a quien pese), una inoportuna muerte que, además de entristecer a familiares y allegados, ha eclipsado por completo esas marchas (in)dignas que asolaron Madrid el pasado fin de semana. Seguramente la divina providencia ha puesto algo de su parte para aleccionar a sectarios y pesebristas, esos que mucho abogan por pluralidad y comunismo pero que poco saben de honor y consenso.
D. Adolfo Suárez fue masacrado y aislado por sus coetáneos. Solo ante cientos de dentelladas que nacionalistas, políticos de cualquier estofa, militares, monarcas, una España abigarrada por el fascismo ulterior, y otras garrapatas (esas mismas que ahora le untan cera, jabón y vaselina), el par de cojones de este hombre dieron, no sólo para mantenerse impasible en un escaño agitado por el tejerazo, sino para dar muestras de un discurso conexo, unas habilidades discursivas sin parangón, e ideas preclaras a pesar de las múltiples adversidades heredadas.
Quizá son muchos los que alaban el valor de los líderes foráneos, esos que como Margaret Tatcher, Ronald Reagan o Nelson Mandela (recientemente fallecido y homenajeado por todo lo alto, incluso con álbumes ilustrados como el de Kadir Nelson y publicado en España por la editorial Juventud) han escrito la Historia con letras de oro, pero también hay muchos otros más anónimos, no tan mediáticos pero con el mismo temple para marcar el ritmo con pasos firmes.


El caso es que, sea cual sea el color, origen y convicciones de los mandatarios, existe un cuorum social rotundo para rendir honores a quienes abogan por la justicia, la integridad y la humildad, sin dejar a un lado la honestidad y el deber. Sobre todo si los comparamos con los que vienen después, que la mayor parte de las veces suelen ser pan para hoy y hambre para el mañana…
Sólo un consejo a estos últimos: A ver si aprenden y predican con el ejemplo, aunque no estén hechos del mismo material que los grandes.

miércoles, 19 de marzo de 2014

De maldad... y bondad.


Que la gente mala abunda, es una realidad de sobra conocida…, pero también es de notar que, con más frecuencia de la debida, también solemos confundir los espíritus libres y divertidos con aquellos viles y ennegrecidos.
Seguramente más de uno -progenitores sobre todo, los maestros ya estamos de vuelta…- se sorprende de lo avispados que son algunos niños, con sus ocurrencias y con ese tópico del “salirse con la suya” a base de pucheros y otras mentirijillas, pero lo cierto es que conozco pocos niños (haberlos, haylos) que acaparen maldad a raudales, prueba de haber sido engendrados por el mismísimo demonio. Eso sí, conforme vamos creciendo, las cualidades o defectos se acentúan y algunos pasan a ser pre-delincuentes, criminales y auténticos mafiosos…


 Hay una notable diferencia entre los juegos y las jugarretas (los primeros tienen un aspecto lúdico y, a veces, hasta didáctico, y los segundos evidencian un carácter dañino, incluso cruel), pero también debemos saber que viven cosidas por un sutil y fino hilo que casi siempre es muy sencillo de quebrar, algo de suma importancia durante la adolescencia, una etapa tan difícil, como compleja. Para cualquier púber, dejarse llevar por el lado oscuro de la fuerza es algo más fácil (¡que se lo digan a Darth Vader!), que mantener templado el cerebro y decidirse por la cara buena de las cosas. Una tarea, que no sólo se consigue a través de genética y educación familiar, sino que depende de las dichas y desdichas impresas por la vida.


Pero no se preocupen por lo leído doy en este altavoz que comparto con ustedes, ni tampoco por los Consejos para niñas pequeñas, la retahíla de sugerencias un tanto canallas bajo las que subyace el doble sentido del genial Mark Twain acompañado por las fantásticas ilustraciones de Vladimir Radunsky (ediciones Sexto Piso), deben saber que todos los monstruos, no sólo  aquellos un poco pillos y juguetones, sino por los que también esconden un corazón travieso y noble tras una sonrisa, derrochamos bondad por los cuatro costados, esa materia prima que hace crecer el mundo y desafía a la oscuridad.

lunes, 17 de marzo de 2014

Entre fogones y otras historias


Si en algo ha confiado el gobierno estatal para salvarnos de esta crisis apabullante, es en la hostelería. Restaurantes, terrazas, bares de copas, casinos y puticlubs son la quintaesencia de un país que se pirra por el condumio y el beborcio. A tragar (sea lo que sea) no hay quien nos gane, se lo dice el aquí viajero que ha catado algo de mundo… Somos los reyes del peloteo y la farra, de la fiesta y el descanso, todo ello regado de opíparos banquetes, celebraciones familiares, la cañita imperdonable del mediodía, los almuerzos laborales o las vacaciones estivales. No lo duden: la mejor estrategia para exprimir las billeteras de todos los incautos foráneos y nacionales (de mi, el primero) es cebar a cualquier hambriento con bocatas de calamares, ibéricos de Guijuelo o gamba de Santa Pola.
Dado que es innegable que lo nuestro es el vivir bien, las televisiones se han llenado de concursos de cocina, en todas las esquinas se anuncian cursos de repostería,  los cocineros a domicilio se están forrando y las escuelas de hostelería no dan abasto. ¿Quién hablaba de que la gastronomía francesa no tuviera una digna competidora?  Cocido y empanada, cerdo y cordero, fabes y paella, legumbres y verduras, queso y vino, hacen de esta tierra el paraíso de los tragaldabas sea cual sea su origen, sexo o condición humana.
¡Oh, amada comida española! ¡Realidad democrática que traspasa pocas fronteras y llena tantas barrigas! ¡Desconocida y venerada! ¡No nos abandones a pesar de los precocinados, los gimnasios y las bebidas azucaradas! ¡Tú que tanto has hecho por el ama de casa, por la suegra y la nuera, por el gaznate del obrero y la niña malcriada, por alemanes, ingleses e italianos! ¡No dejes que gandules, conservantes, dietistas, solterones y otros paladares desagradecidos te aparten a un lado!


… Y no lo olviden: si les dan pavor sartenes y peroles, siempre pueden echar mano de Simone Ortega y su sabiduría culinaria, que para cocinar cuentos ya tenemos un recetario que Cintia Martín y Consuelo Digón recién horneado que lleva por título Cocina tu cuento favorito (Ediciones Tralarí), un rompecabezas de historias unidas por una espiral de acero que nos permiten jugar con las palabras, con las imágenes y los sabores de la imaginación.

viernes, 14 de marzo de 2014

Bichos casi primaverales



Despunta la flor del almendro, verdean de los campos y se escucha el zumbido de los primeros insectos, esos que nos acechan en las noches de verano y nos acribillan en las primeras hierbas de la temporada… Aunque no todos ellos son de malévolas intenciones (véanse mariposas y abejas), sí los hay groseros, caseros y desagradables. Escarabajos, saltamontes, grillos, cucarachas, moscas, termitas… ¡Termitas! ¡Espero que no devoren las vigas del techo!

La termita en un principio no era nada,
pero después fue termita.

Y como fue termita, decidió que sería una pequeña,
pero gran escultora.
Tomo sus herramientas
y subió por ramas,
troncos,
ventanas.

Y en cada sitio que se detuvo
talló:
aquí un pequeño planeta de canelo,
ahí una nube de sándalo,
ahí una jirafa de ciprés.

Y una pequeña termita,
que en un principio no era nada
pero después fue termita,
hizo pequeños universos de madera,
poblados de diminutas obras de arte
que viven quietas
y silenciosas
en ramas,
troncos,
alguna que otra ventana.

María José Ferrada.
La termita.
En: El baile diminuto.
Ilustraciones de Sole Poirot.
2011. Pontevedra: Kalandraka.


miércoles, 12 de marzo de 2014

La voz de la experiencia


Que la experiencia es un grado lo sabemos todos, no solo porque más sabe el diablo por viejo que por diablo, sino porque conforme crecemos, nos trata peor la vida, una que tiene muchas más cosas malas que buenas.
Aunque muchos piensan que la fortaleza es importante, a mi parecer es el ingenio (que no la ingenuidad) la cualidad capital a la hora de enfrentarse a los momentos duros con los que nos golpea el paso inexorable del tiempo… ¿Valdrá más ser pillo que rebosar bondad? Ahí lo dejo, para que esta España católica y prejuiciosa piense…
Aunque creemos que nuestro instinto de supervivencia está implícito en nuestra condición humana (y por tanto animal… ¿o debería ser al revés?), son demasiadas las personas que prefieren no enfrentarse a los peligros y avatares de la vida, tirando así la toalla antes de tiempo. No crean que es una cuestión de cobardía. Jamás. Quizá sea una decisión bien meditada y respetada, pero discrepo en su fundamentación. Sobre todo porque siempre tenemos cerca a personas que ya han sufrido los mismos o parecidos problemas que nosotros, que han luchado y llorado por los mismos o parecidos principios que nosotros, que han ganado o perdido las mismas o parecidas batallas, y pueden aconsejarnos antes de cometer una atrocidad.
Aunque los viejos y sabios, muchas veces decidan mantenerse al margen de lo que les acontece a los principiantes e inexpertos, muchas otras toman las riendas y comparten las vivencias y experiencias con los jóvenes, para templar su carácter y que puedan así enfrentarse a las adversidades por sí solos.


Escuchemos la voz de otros que bien nos quieren y dejémonos dirigir por sus palabras y estrategias, porque quizá algún día, como en la historia de Osito, la vieja jirafa y el muro de piedra tejida por las palabras de Susanna Isern y las ilustraciones de Betania Zacarías (ediciones La Fragatina), tengamos la oportunidad de guiar a otros por los tortuosos caminos de la existencia y sobre todo, no errar en el intento.



lunes, 10 de marzo de 2014

Del artisteo


El mundo del artisteo se cae por su propio peso, más todavía desde que la nuera de Tita Cervera (no tengo porqué llamarla de otra manera dado que ese es su título nobiliario) y Kiko Rivera Pantoja se han encaramado a esto de la creatividad para sacarse un buen sueldo y estar a todas horas en la tele… Es una pena que trabajadores incansables del pincel y la partitura, sacrificados horas y horas desde la niñez, no pasen de meros segundones y terminen sus días en la rambla barcelonesa aguantando australianos y alemanes…¡Qué cruz! Y así va España, este país de alta titulitis y baja meritocracia, donde menos vale el talento que un buen padrino.
Dejando a un lado lo anterior, me centraré en el divismo artístico… Ese espíritu de reina de las fiestas que se abarrota en los corazones creativos de quienes vagan por escuelas de arte, conservatorios, facultades, estudios fotográficos y de diseño, o salones de alta costura, es una máxima de todo el que aspira a pasar a la Historia. Caprichos, terquedades e inflexibilidad son las cualidades que hoy día necesita cualquier creador en el cotarro de las ideas y otras copias baratas (muchos todavía no se han percatado de que griegos y romanos ya se encargaron de inventar el arte), hasta que dan con algún que otro empresario canalla que, harto de tanta gilipollez, le da un buen par de ostias, lo baja de esa nube de postura infantil y lo pone a trabajar por cuatro pesetas, algo ante lo que el susodicho agacha las orejas, curra a todo trapo y sacrifica lo que haga falta de su arte y compás.  No hay nada como una buena dosis de realidad…


El artista que lo vale, no es aquel que se subyuga al poder (el hambre es otra cosa…), sino aquel que vive de lo que le gusta, sin reparos, ni cambios de última hora. Los grandes que tienen claras sus ideas, las plasman con calidad y eficiencia siempre son reconocidos como tales, tengan un solo cuadro o una única sonata. Sigan el ejemplo del protagonista de Soy un artista, un álbum ilustrado de Marta Altés (editorial Blackie Little Books) muy divertido y con un ritmo maravilloso que me ha encantado; no aten a su sensibilidad, déjenla desbocarse, sin medida y sin pausa y quizá, sin directrices ni corsés, vea la luz la obra de arte de esconden en corazón