Hace tanto tiempo que me perdí en este
bosque de los libros para niños, que empiezo a pensar que siempre
estuve aquí. Como cualquier incauto que se adentra en la espesura,
creí que no sería para tanto, que al final podría atravesarlo sin
demasiado trabajo, no detenerme a cada paso. Hoy sé que la linde
queda lejos, que los caminos guardaban muchas sorpresas. Eso a veces
me asusta. Otras, convengo conmigo mismo que habitar este espacio es
un consuelo.
Al principio me di no pocas caminatas.
Como un explorador sin rumbo que anhelaba descubrirlo todo. Libando
de este o aquel libro un poco de néctar con el que nutrirme. Hoy el
ritmo no es tan frenético. Prefiero la quietud, detenerme bajo el
dosel, inhalar sus aromas. Que penetren bien adentro y me impregnen.
Quizá sea la mejor manera de entenderlo todo, si es que hay algo que
entender.
Aquí puede pasar
cualquiera. Da igual la edad, no importan las etiquetas. Muchos otros
se internan, y al final, todos nos encontramos. Compartimos sendas
tortuosas, tomamos veredas separadas, o departimos en un claro sobre la
mullida hojarasca. Perdidos. Incluso esa palabra suena bonita en
mitad de esta floresta.
Cavilo estos días. Recapitulo sobre lo
acontecido, en lo que esa a la que cariñosamente llamamos Literatura
Infantil me ha dado. No sólo me acuerdo del trino de los pájaros,
del vuelo de las hadas, de los lobos hambrientos o de los duendes jugando... Sí, la vida es
extraña. Y menos mal que existen los bosques.
Ana María Matute. 2018. En el bosque. Ilustraciones de Elena Odriozola. Libros del Zorro Rojo.
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