jueves, 28 de enero de 2010

Sátira merecida


Una vez abortada la misión que ayer tomé por bandera -pretendía responder a ciertas opiniones vertidas sobre este espacio, jocosas, hay que decirlo- y habiendo escuchado los noticieros noticiosos que me ha “regalado” la radio durante el camino al trabajo, he decidido terminar la semana (mañana es día festivo en honor de la onomástica que hoy se celebra, Tomas de Aquino, santo patrono de la enseñanza) con unas buenas dosis de ironía que, al fin y al cabo, es lo único que me queda para sobrevivir a tanta desfachatez.
Estos días, los españoles nos lo pasamos en grande con dos temas soberanos: la necesidad de la energía nuclear y la caída bursátil. Del primero, algo sé, del que le sigue, apuntes mínimos (ya me gustaría saber más de lo segundo, tener un vestidor, alicatar de mármol de Carrara hasta el techo y poder ignorar a todos esos ecologistas que me tienen hasta las narices), así que me dedicaré al asunto nuclear…
No cabe duda que el desastre de Chernobyl marca un antes y un después en la carrera nuclear, sobre todo por el impacto que las radiaciones tuvieron en la población, así como los efectos sociales y económicos que en aquella región de la Ucrania actual se suceden hasta día de hoy, y que, por ello, los gobiernos deben velar por la seguridad de los ciudadanos en caso de que se apueste por este tipo de energía. Con la vida humana no se juega. No. Lo que no admito es que esos grupos ecologistas que llevan al extremo de la política sus creencias (luego decimos de los talibanes) den lecciones morales cuando, ni tan siquiera ellos siguen sus preceptos a pies juntillas… Que si desastres ecológicos, pérdida de biodiversidad, especies en extinción o emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera…, pero luego, cuando se trata de enriquecer a ciertos supermercados comprando el pan pre-cocido y fabricado con harinas transgénicas procedentes de Rumania, la moral no existe. Y porque no hablo del reciclaje…, esa penitencia que la mayor parte de los ayuntamientos nos imponen a instancia de diversas empresas adjudicatarias de los servicios de recogida de residuos, todas ellas regidas por simpatizantes del régimen de turno con un único fin: que unos se llenen los bolsillos mientras los otros, los más, se hernien a base de cargar cartón, envases y vidrio.
Y dicho esto, solo me apena que Jonathan Swift siga bien enterrado en su Dublín natal y no pueda novelar temas como este. Con toda seguridad, a este seglar venido a escritor satírico de primera fila, no le temblaría el pulso si tuviera que ironizar con las paradojas a las que nos tiene acostumbrada la especie humana, mas todavía en estos reinos de ciegos, donde, siento decirlo, el tuerto es el rey.
Y como a falta de pan, buenas son tortas, les recomiendo su obra cumbre, Los viajes de Gulliver, de la que, seguramente, no será la primera vez que hable.
Un pequeño juego para el fin de semana: ¿Qué palabra inventada por Swift y recogida en esta novela es hoy el nombre de una conocida pagina de la Red?

martes, 26 de enero de 2010

Un cuestionario especial...


Como homenaje al buen hacer, la originalidad y la pasión de Sfer en su Librosfera, uno de los mejores blogs sobre lectura y libros que hay en la red de blogs española, publico y comparto mis respuestas a la serie de preguntas que la revista BLOC ha recogido en su número 4... Para que las palabras y los libros viajen sobre otras alas que no sean las páginas.

1.- ¿Se puede saber quién eres y a dónde vas?
[Frank L. Baum. Espantapájaros a Dorothy. El mago de Oz.]
Quizás soy muy joven para saberlo o muy viejo por haberlo olvidado. El caso es que soy y voy, no hay mejor manera de vivir.
2.- ¿Y eso es divertido?
[Michael Ende. Momo a los niños. Momo.]
Cualquier cosa es divertida, depende de ti el decidirlo.
3.- ¿Qué es una vida humana?
[Michael Ende. Hombre gris a hombres grises. Momo.]
La unión entre dos células, largas horas de camino, caricias y algún trompicón, bondad y susurros a partes iguales, unos kilogramos de amor, una pizca de locura y la luz al final del túnel…, lástima que todo ello se corrompa al echar a andar por el mundo.
4.- ¿Crees que un muerto está muerto para siempre, o crees que puede resucitar?
[Robert Louis Stevenson. John Silver a Jim Hawkins. La isla del tesoro.]
Todos morimos para siempre. Sólo algunos viven eternamente.
5.- ¿Qué buscas?
[Miquel Rayó. Marisa al protagonista de el tesoro. El tesoro del Capitán Nemo.]
La sonrisa que se esconde tras tus labios.
6.- ¿Qué es lo que no consentirías?
[Astrid Lindgren. Tommy a Pippa. Pipi Calzaslargas.]
La envidia. El peor de los males.
7.- ¿Te cae simpática la reina?
[Lewis Carroll. Gato de Chesire a Alicia. Alicia en el país de las Maravillas.]
No “sepo”, no contesto.
8.- ¿Te gustan los perros?
[Lewis Carroll. El ratón a Alicia. Alicia en el país de las Maravillas.]
No en exceso… Si en vez de pelo tuvieran plumas, si en vez de hocico tuvieran pico, si en vez de patas tuviesen alas, si en vez de ladrar piaran…, quizá… ¡En ese caso serían ruiseñores!
9.- ¿Por qué el ocho va después del siete?
[Daniel Nesquens. Marta a papá. 17 cuentos y dos pingüinos.]
Por la misma razón que la E sigue a la D.
10.- Tengo ocho cocos, ocho monos y ocho niños. ¿Cuántos imbéciles tengo en total?
[Roald Dahl. Truchbull a Wilfres. Matilda.]
Sólo uno: tú mismo.
11.- ¿Te has encontrado alguna vez con una bruja?
[Roald Dahl. Niño a abuela. Las brujas.]
Todos los días… Si no me crees presta atención: suelen conjurar en las colas del supermercado.
12.- ¿Crees en las hadas?
[James Barrie. Peter Pan a los niños. Peter Pan.]
Creo en cualquier cosa, otra cosa es que exista.
13.- ¿Sabes lo que es un beso?
[James Barrie. Wendy a Peter Pan. Peter Pan.]
La prueba de que las hadas existen.
14.- ¿Qué es el tiempo, de verdad?
[Michael Ende. Momo al maestro Hora. Momo.]
Es un regalo. Es una cruz. Es una espera. Es aire.
15.- ¿Es así eso de ser adulto? ¿El hacer y decir cosas que no entienden los niños?
[Henning Mankell. Joel a si mismo. El perro que corría hacia una estrella.]
No tengo ni la más mínima idea, ¿podrías formularme la pregunta de nuevo? No la he comprendido…
16.- ¿De qué sirve un libro si no trae estampas ni diálogos?
[Lewis Carroll. Alicia a sí misma. Alicia en el país de las Maravillas.]
Que tenga o no, estampas y/o diálogos, no debería de importarnos mientras nuestras vidas estén repletas de LIBROS.
*
P.D.: Anímense y envíen sus respuestas, es otra forma de que los libros nos unan.
Imagen: Boopsie Daisy (Flirck)

miércoles, 20 de enero de 2010

De golpes de pecho...


Ante los destrozos con los que la vida zarandea, uno se suele sentir desvalido, casi impotente, sensación esta que a veces se torna acción y otras, las más, mero espectáculo. Seguramente, por quedar bien y emular los pasos de “San” Vicente Ferrer, les diría que prefiero la primera opción…, pero luego, aprovechando que los demás no miran, tropezaría con la realidad y me pasaría el día como los pájaros bobos ante el televisor ahogado en sollozos.
En estos días, lo de tomar parte en los asuntos de los demás se nos hace cuesta arriba, que bien pensado es lo que corresponde al mes que vivimos. Arrimar el hombro, lo que se dice arrimarlo, lo arrima Cáritas, los demás ponemos la lágrima y el golpe de pecho mientras nos hinchamos de chuletas o nos gastamos el sueldo mensual de un nepalí para colocamos unas gafas ortopédicas y quedarnos embobados con la última de James Cameron… De todos modos, hágame caso y no se sienta culpable: ¿Qué podemos hacer nosotros ante tanta injusticia? Seguir votando, que para eso nos mantienen con vida esos que nos gobiernan, o si no, ¿a qué cree que se debe la ilegalidad de la eutanasia en casi todos los estados modernos del planeta?
Pese a lo poco animado de esta entrada, hoy miércoles les traigo la historia de un chaval muy aguerrido que, con un palo de hockey, un ventilador, un paraguas y un cable con enchufe, logra salvar de las peores situaciones a una ancianita, un marinero y un cazador, ¡total na’!... Pero para empaparse bien de la historieta tendrán que leer El palo de hockey volador de “Jolly” Roger Bradfield, un álbum ilustrado clásico en lengua inglesa que hace un par de años la editorial Encuentro ha sacado a la venta en castellano.
Tomen buena nota: ayuden a quien más a mano les pille, también tiene su recompensa… ¿Y quién sabe? Incluso puede que tenga su repercusión en aquellos que sufren a miles de kilómetros de distancia…

Banda sonora original: Hotdogs and hamburguers, John Cougar Mellencamp.

lunes, 18 de enero de 2010

Lo que hay y no debería haber



En este mundo (no conozco otro) hay mucha misería, muchos desastres, terremotos y erupciones descontroladas, mucho dolor, demasiada tontería, muchas muertes, mucha gente interesada, políticos a puñados, gente desesperada, pobre, triste, mucha corrupción, mucha necedad, ignorancia a manos llenas, pocos rebeldes, menos dignidad, sentido crítico mínimo, muchos recuerdos, pocas enmiendas, ningún perdón y albedrío a raudales. ¿Y sobre lo que no hay y debería haber? Eso ya nos lo dice Michael Ende...


Un muchacho muy viejo,
y tocino sin grasa,
ladrido de conejo,
y hielo que se abrasa,
un círculo picudo,
un mar sin orilla.
un griterío mudo,
un sillazo sin silla,
y salceda sin sauce,
y arroba que no pesa,
y río sin su cauce,
y delgaducha obesa,
y padre cuya edad
no llega a la del hijo,
feo sin fealdad,
y hercúleo canijo,
o el treinta y uno de febrero,
o una obra sin un obrero,
o la mitad mayor,
o el ensueño sin soñador.


Michael Ende.
Hay cosas que no las hay.
En: El libro de los monicacos.
Ilustrado por Rolf Rettich.
2009. Barcelona: Noguer.

martes, 12 de enero de 2010

Guasa para el frío invierno




Tras los chuzos de punta que, desde aleros y cornisas, han atemorizado a mas de uno estos días, regreso a la rotunda actualidad, no tan níveo como la meteorología de los días pasados -cierto es-, pero sí gris como las nubes que se avecinan esta semana y que auguran buenas dosis de líquido material (no de origen sanguíneo…, al menos eso espero…).
Quizá el tiempo sólo sea un mero reflejo de la actualidad política de estos días porque, seamos claros, entre la presidencia española de la Unión Europea y los graznidos de la Sinde, ando algo aturdido… Si hay que tirar del carrete, prefiero hacerlo de la segunda cuestión, con más miga y tirón, porque lo que es Zapatero, a estas alturas de la película, me resulta incluso aburrido… La Sinde es tan cérea, tan sugerente y tan traviesa que podría encarnar al mismísimo doble de Dita Von Teese, aunque en plan progre, malvado y pérfido. No sé de qué laboratorio genético habrá salido, pero la cuestión es que debería elegir entre aderezarse las mejillas con un poco de carmín o desfilar para John Galliano, que últimamente le van las tétricas a lo tira cómica en vez de las patatas al montón. Resumiendo: una elementa sin igual…, tanto, que el único cometido durante su reinado de ministra (luego decimos de Miss Torremolinos…) es jodernos a base de bien.
La censura está servida amigos míos. Y ella es su viva imagen. ¿Por qué? Porque le sale del pepe. A lo que yo me pregunto: “¿Será ella quién venga a esposarme?”… Tela de morboso sería si a la postre me obligase a echarles pienso a todos los trepas que, sin hacer un amparo, como ella, viven del erario público. Así pasa, que la libertad se coarta, que la libre información no fluye, que se arrasa con las opiniones contrarias a los regimenes y se pierde la pluralidad. Pero bueno, arrieros somos y… escribiremos con burla, sorna, guasa, gracia y salero hasta conseguir un libro que, como El apestoso hombre queso y otros cuentos maravillosamente estúpidos (Jon Scieszka y Lane Smith), le deje claro que, como dijo Twain, nuestra raza, en su ignorancia, tiene un arma verdaderamente eficaz: la risa.

jueves, 7 de enero de 2010

De caminos que comienzan...



Una vez hemos dado fin a los polvorones (es extraño que muchos todavía sigan atragantándose con ellos, aunque sostengo que las próximas navidades su consumo va a ir en crescendo), los regalos, la sidra a raudales y los cientos de besos con los que solemos felicitar el Año Nuevo, hemos de levantarnos al alba y regresar a los quehaceres diarios, por ello, aquí estoy. ¡Comenzamos!...
He de confesar que estas fiestas les he hecho poco caso (el caso es que intuyo que tampoco he tenido tiempo de hacérmelo a mi mismo…), asunto que siento enormemente, pero he de ponerles sobre aviso de que, durante los próximos seis meses, no tendré tanto tiempo como hasta ahora para dedicarlo a esto de la LIJ, puesto que tendré que poner codos a la obra y estudiar a piñón fijo y sin bajarme de la bicicleta. Por todo ello la frecuencia de actualización de este Donde viven los monstruos será menor… Ea, es lo que tiene este año 2010…
Les sorprenderá si les comento que estos días, además de corromper los lóbulos hepáticos con todo tipo de ingredientes tóxicos, he leído bastante. Intenté hacer una selección variada que incluyese libros más o menos breves, de diferentes autores y temática diversa..., pero he de reconocer que uno de ellos me colapsó hasta un punto insospechado. El camino me colapsó por muchas cosas… Por el humor que desata (a veces demasiado), por cómo compagina las tres edades del hombre pese a estar centrada en las situaciones de la niñez y juventud, la claridad en la exposición, los estupendos giros del lenguaje utilizado y por, si fuera poco, ser imperecedera. Insospechado fue porque ya había leído varias obras de Miguel Delibes, su autor, y ninguna me había calado tan hondo como esta última, cuestión que me sorprendió notablemente. Por último he de añadir que le encontré cierto regusto al costumbrismo de las obras de Juan Farias –o al revés…, ya se sabe quién es más talludito-, cosa que también es de mencionar, sobre todo para aquellos que adviertan una inclinación hacia este tipo de narrativa.
Empiecen el año con esta novela. Es casi una orden. Si no fuese así se perderían un cachito de ustedes mismos.

martes, 5 de enero de 2010

A manos llenas con los e-books




Se ve que, menos de trabajo –lo más necesario durante este enero de aguda pendiente y tortuoso recorrido para muchos que sufren el yugo del paro-, los reyes magos vienen cargados de todo tipo de manufacturas e instrumental (esperemos que no sea quirúrgico… ya saben de mi pánico a los objetos punzantes), e incluso dicen las malas lenguas que vienen cargados de libros, libros electrónicos, los conocidos como e-books, última revolución que va a dejar en mantillas al mismísimo papel. De eso no hay duda. Lo que pongo en entredicho es que este invento vaya a elevar los índices de lectura hasta cotas insospechadas o nos salve de esa horca llamada analfabetismo. ¿Será capaz de cegarnos como el teléfono móvil o por el contrario nos dejará ciegos? (Sutiles diferencias) Vayan pensando en proveerse de los cuidados de un buen oftalmólogo si están pensando en regalarse uno, porque eso de leer tras la luz de una bombilla dará no pocos problemas a nuestra vista… El caso es que, como todos los avances, se puede contemplar desde varias perspectivas… Los libros electrónicos actuales no exceden de los 250 gramos y son capaces de almacenar unos doscientos títulos, lo que los hace enormemente prácticos a la hora de viajar en metro, ponerse al día con la prensa (también electrónica) o desechar este o aquel libro sin que ello sea demasiado costoso, por no hablar de las repercusiones en lo que a almacenaje se refiere, una de las peores taras del libro actual. No podemos olvidarnos del abaratamiento en el proceso editorial, otra de sus bazas. Aunque no sabría decidir si es preferible enriquecer a Planeta, Anaya y Penguin, o a Microsoft y Apple. Cosas del mercado, pormenores del consumo… Pero, ¿dónde queda el libro actual? Debo confesar que soy un romántico de la letra impresa en papel, del polvo que se acumula en el canto de los libros, del leve paso de las páginas, de los dobleces que marcan la lectura en aquel o este título, de manosearlos hasta que se desgajen como las barajas de naipes o de apartarlos de la mesa para después llevarlos a la estantería y viceversa.
Para terminar y no interferir mucho en sus compras navideñas (otros nos esperamos a las rebajas), les recomiendo que regalen un buen libro, la elección del formato la dejo a su antojo.
P.D.: Si tienen tiempo, aprendan alemán y realicen las traducciones de las viñetas que acompañan a esta noticia... y de paso háganmelas llegar mediante un comentario. (¡¿Por qué serán tan avanzados los germanos?!)

jueves, 31 de diciembre de 2009

Fines y comienzos


Para no bajarme de ese carro de insatisfacción del que hago gala durante todo el año, este último día de diciembre les seguiré propinando con ciertas objecciones, entre otras cosas para no perder las buenas costumbres...
Termina un año y empieza a girar otro, aunque si les soy sincero, para mí el tiempo continua, no se reutiliza, recicla o recupera (léanse las tres erres del tratamiento de residuos), solemne estupidez esta con la que nos tienen sorbido el seso todas las cadenas, y no precisamente la del váter, esa y única que todo lo desecha de manera solemne y eficaz. Ya saben ustedes -les considero enormemente inteligentes- que eso de caer en la repetición no es muy loable, la verdad. Se prefiere mirar adelante y abandonar esas carreras a modo de hámster con las que solemos drogarnos a diario. Si el año comienza, que comience, la cuestión no es andar en círculos (o elipses), que para eso ya está la Tierra orbitando alrededor del Sol.
Respecto a esa recomendación que nos hacen desde todos los púlpitos soberanos sobre examinar los trescientos sesenta y cinco días que hemos dejado atrás y valorar lo vivido, no sé si suspirar o emitir una sonora carcajada. Mejor ni lo pensemos, podríamos sufrir un telele de los malos y pasar la Nochevieja en manos de los matasanos, en los cuidados psiquiátricos o en casa de alguna abuela con ganas de cebar a cualquier incauto.
Y por dar el punto final a esta entrada de hoy, tan dicharachera y tajante, les dejo con un álbum ilustrado cíclico (algunos preferirían en término circular) gracias a Svjetlan Junakovic. Sin duda, A mi manera. Una historia de zapatos (Saga editorial) es de lo mejorcito del año -lo bueno se hace esperar- en cuanto a calidad literaria y artística. Una historia con principio y fin, sencillez, notas de tristeza, bastante sorna y mucha calidez. Como la vida misma.
P.D. 1: Espero verles por aquí el año próximo, ese 2010 que seguro nos regalará decenas de buenos libros, noticias muy agradables y no tan agradables, trabajo, mucho trabajo para todos los que sufrimos esta España, y salud (no se olviden de esto último...).
P.D. 2: ¡Y gracias! ¡Gracias por su tiempo y atención!

lunes, 28 de diciembre de 2009

De santos, deformaciones, contribuciones y Literatura


A pesar de la impecable organización con la que me gusta llevar este sitio, a veces cometo ciertos errores (asequibles, todo hay que decirlo). El último ha sido reseñar un libro donde debería estar otro (véase el caso del aquí reseñado y del que se recomendó el pasado viernes). El caso es que he llegado a la conclusión de que me importa un pimiento. Ea... Uno ya no tiene el sistema nervioso para tanto estertor y necesita una pizca de caos. Pero en fin, como no hay vuelta atrás y lo hecho, hecho está, comienzo con la diserta sugerencia de hoy, bastante navideña.
Durante los pasados días he leído (como ven, hago mis deberes... un poquito, no más) el libro no-tan-clásico de Lyman Frank Baum, Vida y aventuras de Santa Claus (editorial Valdemar). Cabe decir que es un título muy sugerente durante estas fechas, pero su importancia reside en otro punto que intentaré explicarles...
Llama la atención que, por lo general, creemos que la Literatura, concretamente el género narrativo, suele basarse en la realidad y que muy pocas veces una novela, un cuento, interfieren en el discurrir de las cosas. He aquí un ejemplo de lo erróneo de nuestro pensamiento... Últimamente, hasta las ardillas creen que Santa Claus, Papá Noel, Joulupukki, San Nicolás o como quieran llamarlo, es uno de esos mitos ancestrales que siempre ha deambulado por los cielos envuelto en un abrigo rojo ribeteado de armiño a bordo de un trineo tirado por no sé cuantos renos para proveer a todos los niños de cualquier latitud de los más variados juguetes y regalos.
Cuando uno lee el libro de Baum, piensa que este buen hombre añadió, allá por 1902, todo tipo de nuevos y desconocidos datos a la biografía de Papá Noel, obviando un poco el mito actual, deformándolo a su antojo, pero, tras indagar un poco en las fuentes de información existentes, uno se da cuenta de que este libro ha contribuido en gran parte a crear la figura de nuestros días, esa que he descrito antes... Baum, los inmigrantes holandeses, la revolución industrial, el avance del capitalismo, la compañía Coca-Cola o Thomas Nast han puesto su granito de arena para configurar eso que hoy llamamos Santa Claus.
Sólo me resta un deseo: esperar que hayan quedado contentos con sus regalos.

viernes, 25 de diciembre de 2009

El día de la víspera


1. Hemos dejado atrás la Nochebuena.
2. La Navidad ha llegado con un Papa lisiado.
3. Cada año nos atiborramos menos de turrón y más de ácido úrico.
4. Estoy harto de tanto alcohol a propulsión.
5. Más harto si cabe de tanta gente deseosa de consumismo.
6. Echo de menos niños pidiendo el aguilando.
7. Me duelen los riñones de limpiar tanto serrín.
8. ¿Qué regalarán en los bares que a todos nos vuelven locos?
9. ¿Por qué en estas fechas nos acordamos de los que no están y nos olvidamos de los que quedan?
10. Se me olvidó la letra de ese villancico...
11. ¿Dónde habré metido el belén?
12. Paz, armonía y mucho interés.
13. ¿Solidaridad, fraternidad o caridad? Pregúntenle a mi padre: se las sabe todas.
14. ¡Qué vuelvan los besos!
15. Aviso: No contestaré ningún SMS insustancial que reciba durante estas fiestas.


Este cúmulo de circunstancias me ha obligado a tomarme unas pequeñas vacaciones hasta nuevo aviso, pero antes les dejo con uno de los mejores cuentos navideños que conozco (este año... el próximo, Dios dirá). 
El regalo de los Reyes Magos, es un relato corto escrito por O. Henry, pseudónimo del estadounidense William Sydney Porter, considerado uno de los maestros del género y que sintetiza de forma magistral el espíritu de la navidad en esta historia de una pareja neoyorquina que sacrifica sus bienes más preciados para hacer feliz al otro en un tiempo de penurias económicas.


Si además lo leen en esta edición en formato álbum (editorial Cuatro Azules), quedarán deslumbrados por las ilustraciones de Lisbeth Zwerger, artista austriaca que recibió en 1990 el H. C. Andersen. Unas imágenes de colores cálidos, aguadas sutiles y composiciones estudiadas que, además de aportar movimiento y una estética muy cinematográfica, ensalzan un cuento que, como otros muchos ambientados en esta época, ahonda en la necesidad de compartir humanidad en vez de refugiarse en lo material.


Luminosa, sencilla y escueta, léanla estos días de despilfarro y excesos, que a veces lo más valioso crece en el corazón gracias a las palabras adecuadas.
¡Ah! ¡Y Feliz Navidad!

martes, 22 de diciembre de 2009

Pormenores académicos


A los alumnos que han suspendido mi asignatura esta evaluación.


Bien saben los que me conocen que no es de mi agrado joder al personal sin aparente razón, cosa que, evidentemente, incluye a mis alumnos, esas personas, personajes y/o animalicos con los que comparto seis horas de mi diaria existencia (si lo piensan fríamente me encuentro más atado a ellos que a mi propia familia… ¡para que luego hablen de la conciliación de la vida personal con la laboral!). A pesar de ello, tengo infundadas sospechas acerca de lo que muchos de mis pupilos piensan sobre mi característica manera de mostrar el afecto hacia ellos… Y es que no nos engañemos: los sufro en exceso y me sufren en silencio –a veces… cuando sus atronadoras voces les dejan…-, por lo que de este dolor mutuo, de repente y como el que no quiere la cosa, surge un lazo invisible tejido de malas caras, dictados infinitos, preguntas sin ton ni son, alguna que otra carcajada, muchas palabras impronunciables y demasiada teatralidad.
Casi atragantándome y desatando los cientos de nudos corredizos que atenazan mis cuerdas vocales, lo confieso: adoro a mis alumnos. También me gustan sus dibujos monstruosos, esas palabras que inventan de carrerilla en los exámenes, su capacidad ilimitada para colocarte un buen mote, las perrerías que son capaces de idear, los mil y un pretextos que vomitan para convencerte de esta o aquella cosa o el bullir de sus hormonas esteroideas.
En el fondo y aunque me pese decirlo, los comprendo, lo que no quiere decir que los excuse. Hay asuntos que no tienen perdón, y el peor de todos, con creces, es la pereza, la fuente de todos los males que asolan a nuestros estudiantes… pero en fin, prefiero terminar diciendo que todavía no me he decidido entre un mal estudiante, como el protagonista del libro de hoy –Malvado conejito, de Jeanne Willis y Tony Ross (editorial Océano)-, y un estupendo delincuente… Seguramente pase olímpicamente de estas dos opciones y me decante por las personas de provecho. Y al que no le guste, que estudie.

lunes, 21 de diciembre de 2009

De mimos y otras chucherías


Toda cursilada tiene su momento. Afirmación categórica basada en el buen sabor de boca que queda tras unas jamagosas palabras dedicadas en el instante oportuno, porque, no nos engañemos, cuando los regalos edulcorados se reciben a todas horas, lo más que permanece es un regusto pastoso que atiborra solo de pensarlo. Pese a esta, mi opinión, para gustos, colores… Los hay que se pirran por piropos de pastelería cualquier día mientras otros, los ajenos (más por indigestión que por costumbre), esperamos la situación propicia para sonrojarnos con alguna galguería, lo que no quiere decir que permanezcamos ante estas como gélidos témpanos, porque, ¡oiga, uno tiene su corazoncito!… y pudor, mucho pudor (¡Ja, ja, ja!)… y también es muy machote (¡Ja, ja, ja!)…
Dejando a un lado la nota introductoria (como siga me va a dar la risa y hoy creo imposible pararla de golpe y porrazo… ¡Qué bueno es irse da vacaciones!) y lejos de criticar la de chucherías que recoge la Literatura Infantil (no me lo creo ni yo…), en este lunes en el cual -y finalmente- ha aparecido el sol, les regalo una recomendación de color pastel: Besos, besos, álbum ilustrado de la francesa Selma Mandine que con una estética muy actual (se ve que ahora se llevan los personajes cabezones a lo Tim Burton…) pregona a los cuatro vientos los pormenores y bonanzas de ese pequeño gesto llamado “beso”. ¿Alguno de ustedes sería capaz de diferenciar el beso de su abuelo del que le propinaría su perro? Si no se creen válidos para ello acudan a este libro, y de paso intenten ponerlo en práctica durante esta navidad.

Banda Sonora Original: Used to be the one. Ginuwine.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Madrugar


Después de un día como el de ayer –a desbordar de contratiempos, de tensión, de deberes (los míos), de derechos (los de otros) y de trabajo-, si hay algo que deteste con todas mis fuerzas es madrugar. Lo más gracioso es que hoy me ha tocado hacerlo y, créanme, pensando en el largo y desagradable día que me espera, se me parece la agorera parada de un terrenal vía crucis.
“Mire usted, a nadie le agrada eso de despertarse antes que el astro rey”, pensarán los más racionales. “Nos ha salido señorito el niño…”, dirán los descarados. ¿Y quién soy yo para quitarles la razón a unos u otros…? Sería mucho simplificar eso de establecer dos categorías de trabajadores (aparto a un lado a los ricos y pudientes), los que gustan de madrugar y los que odian hacerlo, pero como esta página es mía, categorizo lo que me viene en gana.
¡Con lo bien que nos sentaría ponernos en pie a partir de las diez! Cutis aterciopelado, ojos brillantes y desprovistos de sombras quemadas, y mente despierta para atizarle con un brindis a la vida. No tendríamos que acudir al médico cada dos por tres, el café no nos provocaría esos molestos dolores gastrointestinales, no inutilizaríamos el cigarrillo tras un par de caladas, por no hablar de ese beso que busca nuestra pareja cada mañana entre el barullo de las sábanas… y que supongo que, con un poco más de tiempo, daría con él…
Mientras se arregla el mundo de los horarios matutinos y nuestros ritmos circadianos se sosiegan, les invito a disfrutar con el madrugador y bien trazado álbum ilustrado de Martin Baltscheit y Cristoph Mett, El despertador del sol, sugerencia con la que pretendo acercarles a las disparatadas ilustraciones de uno (¿habrá sido caricaturista este hombre?) y al dilema que nos plantea el otro: ¿Quién despierta a quién? ¿El sol al gallo o el gallo al sol? Descúbranlo, leer está en su mano.

Banda Sonora Original: Wish I didn’t miss you. Angie Stone.

martes, 15 de diciembre de 2009

Nieve y arena


Ayer nevó. ¡Vaya si nevó! Nieve, nieve y más nieve. No vi otra cosa durante toda la jornada. Y si tenemos en cuenta que recorro parte de La Mancha a diario, la superficie cubierta de blanco era todavía más sobrecogedora. Inmensa. Tanto, que había momentos en los que desconocía mi paradero, confundiendo la submeseta española con las planicies siberianas. Paradojas del clima, paradojas del color, paradojas de lo puntual.
Paradójico es también el cerebro humano… Cuando somos niños, hay algo en todos nosotros –llamémosle curiosidad, llamémosle sorpresa-, que nos hace mirar lo desconocido con una pizca de ilusión. La mirada del niño frente al mar y la del chiquillo ante una nevada comparten ese algo especial que nos invita a empujarles al chapuzón, a la torpe aventura, para que instantes después rían de alegría entre chapoteos o batallas a base de nívea munición.
Por mucho que insistamos en nuestra madurez y responsabilidad, y pretendamos olvidar los revolcones en la nieve o el rodar de las gigantescas bolas con las que fabricábamos el muñeco más grande, todos los adultos guardamos ese germen en nuestro subconsciente cuando se aparecen los primeros copos del invierno tras la ventana. Y es entonces, mientras los vemos guerrear con lo blanco en la puerta del colegio, cuando caemos en la cuenta de que la infancia nunca se muere, únicamente se torna marchita.
¿Y esos niños que nunca han visto la nieve? ¿Y los que jamás han contemplado el mar? ¿Germina en ellos esa semilla? Seguro que sí. Allí donde no hay orilla, allí donde el blanco se termina, queda lo perpetuo del desierto, de la dorada arena que cubre las mil y una noches.

Esterl, Arnica. 2009. Los mejores cuentos de las mil y una noches. Ilustrado por Olga Dúgina. Madrid: SM.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Sucesos sucesivos


Frente al televisor, no por aburrimiento sino por mero afán de tranquilidad, he constatado la de miserias con las que nos ametrallan los medios de comunicación a todas horas. Contemplar tanto dolor ajeno, tanto sufrimiento obsceno, más que enganchar, repugna. No es que uno sea muy delicado a la hora de recostarse en el sofá y hacer ejercicios de monotonía con el pulgar sobre las teclas del mando a distancia, pero el mero pensamiento de verse transformado en un abuelo parapléjico y fetichista de los sucesos casi fúnebres, me obliga a apagar el asunto y ponerme a corregir exámenes (mi gran cometido durante los días que restan). Lo mejor de todo es que no sólo son lágrimas…, tenemos huelgas de hambre reivindicativas, atentados suicidas, manifestaciones de pantomima y hasta destripadores navideños. Únicamente me resta rezarle a la santísima Virgen de Cortes y pedirle que me libere (y a todo aquel que quiera) de tanto niño muerto…, aunque con total seguridad, Ella, desde lo más alto, acallará mis, nuestras súplicas, primero por pecadores y segundo, por no haber hecho ni un amparo, y sentenciará que ya está bien de cuentos, que aprendamos a sufrir la cruda realidad, las cosas que a veces pasan, con la salvedad de que dichos eventos difieran un buen trecho de los que recoge Kestutis Kasparavicius en su último trabajo, publicado en España por la editorial Thule, que, bien mirado, es una buena forma de evadirse de la rabiosa y cadavérica actualidad, por no hablar del nevazo que hoy lunes casi nos quita la vida en honor de los altos cargos educativos… ¡Lo raro es que no pasen más cosas de las que pasan!

viernes, 11 de diciembre de 2009

Idea de niños, mofa de gigantes


Mientras uno es pequeño puede decir todo lo que le apetezca porque nadie prestará atención a su discurso, y en el caso de que algún atrevido ose hacerlo, soltará una risita, despeinará tu cogote y se mofará de las ocurrencias del niño. Entonces, muy serios, torceremos el morro y pediremos en silencio a las fuerzas sobrenaturales que pululen cerca, que le suelten un capón a semejante idiota por reírse de tus inteligentes y bien discurridas ideas… Realidad que se torna paradoja cuando, hoy, siendo adulto (o casi), prefiero que hagan caso omiso de mis palabras, no sea que por tomar uno con demasiada ligereza aquello que opina, sean otros los que le endosen un sonoro bofetón.
Moraleja: Desléngüense durante la niñez, quizá sea menos gratificante, pero también menos doloroso que hacerlo en la madurez.


Ayer me dijeron
que yo era un enano.

Bueno, soy pequeño,
más no es para tanto.
Alcanzo a la mesa,
alcanzo al lavabo,
alcanzo a la caja
de los mantecados,
y cuando mi madre
guarda en el armario
los bombones rojos
que le han regalado,
arrimo una silla,
me empino y alcanzo.

“¡Este enano!”, dijo
mi padre enfadado,
porque estaba haciéndole
cosquillas al gato.
Me dio mucha rabia,
me metí en mi cuarto
y cerré, muy serio
pegando un portazo.

¡Yo ya soy un hombre!
¡Tengo cinco años!


Carlos Murciano.
En: Me llamo Pablito.
Ilustraciones de Emilio Urberuaga.
2004. Zaragoza: Edelvives.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Despotas a base de terrorismo


Todavía, no sé porqué, me sorprende lo que está sucediendo en este país. Ser testigo, día tras día, semana a semana, de las infamias que los unos soportan de los otros me produce vergüenza ajena, sobre todo si tenemos en cuenta que los otros proclaman la libertad y son –según ellos- más buenos que el fuagrás La Piara®, y los unos son peores que la carne de pescuezo, esa que te pone el morro chorreando pringue y deja el estómago de la misma guisa que el estofado de viento.
Esto es un dislate.
Jamás hubiese imaginado esta mente calenturienta (sí, la mía, lo admito) que los mártires pasasen a ser lobos y los mismísimos demonios, carne de cañón. La cuestión es que tanto “buenismo” empieza a tocarme la fibra…, y dejémoslo estar ahí, porque otras cositas son sagradas y prefiero un poco de dulzura cuando se trata de estas.
En fin, que todo este tejemaneje se me figura hasta soez y, por qué no, barriobajero. ¿Qué es eso de azuzar a las masas en contra de un periodista por expresar su opinión? ¿Qué es eso de acallar voces porque contrarían lo políticamente correcto? En una palabra (por cierto muy fea), fascismo. Y al que le pique, que se rasque, que ya está bien de pamplinas.
Y esperando que derroquen a todo aquel que no deje vivir más que a sus acólitos, les abandono hasta mañana, viernes (¡qué semana tan breve!), con un título ganador del Premio Nacional de Literatura Alemana en su edición del año 2007 y publicado en España por la editorial Juventud, Reina Gisela –Nikolaus Heidelbach-, que defiende una buena forma para plantarle cara al despotismo menos ilustrado.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

De ignorancia, orgullo, necesidad y rencor


Tras estos días de inmerecido asueto y ¿paz nacional? (es lo que tiene celebrar la proclamación de LA carta magna –podría haberla calificado como “nuestra”, pero prefiero dejar el posesivo para cuando un servidor vote por su modificación, sobre todo aquella que incluya cambios en la ley electoral-), vuelvo al tajo con aires de cambio, no sólo por la lista de etiquetas que he incluido en la zona derecha de este espacio, sino porque nos acercamos al final del año y, como bien marcan todas las sabias proclamas –televisivas o de otra índole-, hay que renovarse o morir… Y como no pretendo diñarla tan pronto, tendré que cambiar el fondo de armario, pero hasta que lleguen las rebajas de enero, seguiré importunándoles con los libros.
No hace mucho tiempo se estrenó en las pantallas la adaptación cinematográfica de El lector, novela de Bernhard Schlink que narra la historia de dos vidas unidas por el amor, los libros y el analfabetismo (perdonen que sea tan básico, no quiero desvelar sorpresas propias de la Literatura) en los años posteriores a la caída del Tercer Reich, y que he tenido la oportunidad de leer durante las tardes pasadas. No es de extrañar que muchos piensen que no es un libro apto para jóvenes pero, tras la buena dosis de glucosa que han consumido mis neuronas esta mañana, me creo capacitado para defender esta lectura como necesaria en púberes que sobrepasen los quince o dieciséis años de edad.
Pese al estupro que inicia el relato (morbo a chorros al que creo se deben las reticencias de las que he hablado antes), se destapa el viaje, casi iniciático, que recorre su joven protagonista a caballo entre la justicia, esa que se escribe con mayúsculas, y los sentimientos, dos parámetros que se enfrentan en el desarrollo de cualquier joven. Hanna es su primer amor, quién le desvirga, al tiempo que representa sus anhelos, su presente, pero también el rencor por haberlo abandonado sin explicaciones, en silencio. Durante el juicio, todo ello se muda en impotencia o quizá venganza, y prefiere callar el secreto que ambos comparten y así condenarla para, demasiados años más tarde, transformarlo en compasión por la que amó.
Este sencillo relato admite una segunda lectura: ¿qué habríamos hecho nosotros de haber sido nombrados cuidadores de Auschwitz?... Es fácil decirlo pero les conmino a que recapaciten sobre la necesidad y el ser humano. Nadie es consciente de sus instintos básicos cuando se acostumbra a la barbarie, ni mucho menos cuando prima la necesidad y/o la responsabilidad.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Otra de poesía visual














Imágenes procedentes del Concurso de fotografía "Libros y lecturas" convocado por la Biblioteca Nacional de España con la colaboración de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez (Abril-Mayo, 2009). Para ver autores: http://www.facebook.com/note.php?note_id=95443183368

jueves, 3 de diciembre de 2009

Enrevesados


Se habla, se comenta que, en los últimos tiempos, cada vez se hace más difícil toparse con personas que te comprendan instantáneamente, casi al cien por cien, tanto para un chascarrillo, como para hacer chirriar los muelles del catre... ¿Serán exigencias del guión o será el inconformismo que nos atrapa en un bucle de ensimismamiento…?
Aunque no suelo tener estos problemas, tampoco me veo exento de sorpresas: en ocasiones, yo también veo muertos… Líbreme el altísimo de pensar que no es asunto de mi incumbencia: lo es tanto, como de los que a mí se acercan.
El primer paso hacia la empatía, el conocimiento mutuo, es, obviamente, percatarse de los propios defectos. En la mayor parte de los casos, el previo autoanálisis nos puede evitar choques frontales (y alguno que otro lateral), por lo que es necesario un correcto punto de partida donde todas las partes involucradas sean conscientes de su “yo” interno. Pero no nos engañemos, cuestionarnos a nosotros mismos es el plato menos apetecible del menú. Véase mi caso. A bote pronto no encontraría fallo alguno en esta ingeniería de última generación que constituye mi persona, pero seguramente, en un alarde de autoevaluación, sería capaz de dedicarme los peores calificativos. ¿Qué quieren un ejemplo? Déjenme pensar… Enrevesado, soy enormemente enrevesado. Comprendo que nadie comprenda mis palabras o acciones a la primera de cambio, quedando muchos boquiabiertos ante semejante alarde de contrarias actitudes y enfrentados discursos. Si digo “a” quiero decir “m”, y si me refiero a “beta” significa que me decanto por “gamma”. Imagínense… Así que mejor no hablemos de mis sarcasmos… Ante ese “no hay quién te entienda”, gusto de esgrimir un “es preferible fiarte de mis actos que de mis palabras”. Por lo que no se asusten: si mientras les regalo una caricia me siento tentado por endosarles una locuaz ironía, quédense con la caricia.
Y para que sigan pensando en lo enrevesado de algunos elementos que pululamos por ahí, les dejo con el clásico básico de hoy, Inés del revés (obra de Anita Jeram, sí, la misma de Adivina cuánto te quiero), una ratoncita que es capaz de querer desorbitadamente pese a su rotunda negación.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Negando el servicio al poder


Como larva insaciable que, minuto a minuto, devora los brotes jóvenes, así es la indignación que corroe mi pensamiento estos días, presa del espanto que nuestra condición puede desatar… “¿A que se referirá éste, tan sentido?” Dirán.
Les hablo de ese desgraciado chaval, acusado en falso de infanticidio y que tantas portadas y telediarios ha copado. Tamaña gravedad que nos resultaría cotidiana si fuese verdad. Pero no, en este caso la inocencia se hizo esperar, tanto, que la democracia popular dictó rápida sentencia, eso sí, jaleada por las necias y arribistas palabras de políticos asquerosos y malnacidos. Pero ya es tarde: no hay justicia que resuelva esa afrenta de honor que pagará de por vida.
En ocasiones, con acontecimientos como este, siento el impulso de abandonar esta palestra, olvidarme de mi individualismo, resumirlo en miedo. Miedo al corrupto poder, al fascismo que esconden las siglas, a sus represalias… No importa quién seas o lo que hagas, ellas, las siglas, siempre estarán esperando, al acecho, para sacrificarte en aras de su victoria, de su encumbramiento, dejando entrever una vez más que el individuo no es libre hasta que las relega a un segundo plano, hasta que es dueño de su propia libertad, esa por la que luchamos en solitario cuando estamos acorralados. Libertad que Francisco Ayala promulgaba desde la azotea de la edad.
Lean a Ayala, el liberal español de todo un siglo. Lean estas frías tardes. Lean. Porque cuando alguien elige leer también hace uso de su libertad.
Dudo que la Literatura pueda hacer de nosotros mejores personas, pero sí, al menos, puede hacernos reflexionar sobre lo que nos acontece a diario pese a ser ese animal racional que otrora definieron los ilustrados.

martes, 1 de diciembre de 2009

Sobreexplotada...



Dado que muchos se extrañan de que un servidor no reseñe muchas obras de Rébecca Dautremer (tengo mis razones, no confundamos la velocidad con el tocino…), hoy les traigo una historia ilustrada por ella –y que por cierto, me encanta-, pero antes, las razones… La Dautremer, conocidísima ella (ha vendido más libros que aceitunas hay en Jaén), es una gran ilustradora, de eso no me cabe la menor duda -utiliza el lenguaje cinematográfico y la escena como nadie, alcanza texturas imposibles, movimientos elegantes, y es muy eficaz a la hora de aproximarse al lector infantil-, pero detesto profundamente que cope el mercado de una forma casi invasora, ya que desde hace unos años a esta parte, todas las librerías están plagadas de “merchandising” de Princesas olvidadas o desconocidas, secuelas de Nasrudín o novedades suyas que pasan a la historia sin pena, ni gloria. No creo que se deba a una vena recaudatoria de la artista, pero sí tendrá su origen en la sobreexplotación comercial que de su trabajo hacen “sus” editoriales, cosa sobre la que debería recapacitar, más que nada porque la clara orientación mercantilista que hoy en día se hace de cualquier producto de consumo provoca un éxito veloz, pero también un declive igual de estrepitoso, que a veces se hace acompañar de crudo olvido, feo asunto para una creadora de su talla, capaz de engrosar las filas de los mejores ilustradores de este siglo XXI.
Y para que no todo sea cal viva, de esa que levanta llagas, ahí lanzo mi sugerencia de lectura a favor de Thaï-Marc Le Thanh y la previamente desollada Rébecca Dautremer, Cyrano, una particular adaptación del clásico (y casi imperecedero) Cyrano de Bergerac escrito por Edmond Rostand, que, con una estética oriental muy lograda, texto ameno y sencillo, y trágico final, logró atarme al primer vistazo. Y no les cuento más..., únicamente les doy un consejo: amen… Nunca se sabe si al final, como el protagonista de esta historia, tras el paso del tiempo, tras el doloroso silencio, existe recompensa.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Buscando palabras para no olvidar


Tras un fin de semana espléndido (¡sin catarro!), dimes y diretes de todas clases y sabores, y algún que otro chiste, he llegado a una conclusión muy apropiada para este blog, o al menos eso creo… ¡Allá voy!
Muchas palabras de nuestra lengua, la española, dentro de unos años, formarán parte del pasado, estarán condenadas a la extinción. No es que no albergue esperanzas en los hispanohablantes que vendrán, pero permítanme dudar de que perpetúen nuestro idioma tal y como hoy lo conocemos. Sería de necios pensar que las lenguas son inmutables, estáticas, ya que, nos refiramos al alemán, el bereber o el malayo, todas sufren cambios, evolucionan como cualquier ente vivo.
Poco queda ya en nuestro vocabulario de los tiempos del arado y la siega, de las medidas de grano, de utensilios con los que trabajaba el artesano…, simple y llanamente porque ya no nos hace falta nombrar nada de aquel pasado. Ahora, amén de la tecnología o del avasallador periodismo, muchos inventan nuevos vocablos que sustituyen a otros de factura más arcaica.
(Suspiro). Sea romanticismo o terquedad, uno se resiste a dejar tras de sí un reguero de palabras como si de meros cadáveres se tratasen, porque muchos las crean inútiles o en desuso. Por eso recojo palabras de los caminos, reúno las palabras perdidas. Palabras como celemín, romana, badil o alhábega. Porque quien deja morir una palabra, pierde un poco de sí mismo.
Es un consuelo saber que siempre nos quedará el diccionario y así poner una pizca de amor en nuestras vidas con palabras como biznaga, espeto, bujía, ñoño o gardenia.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Adivinando resfriados

Las segundas oportunidades me llevan a tierras jienenses durante lo que queda de este día y los próximos… Aunque la meteorología pinte gris y aguada, uno es valiente y se echa a la carrera, que bien valen arrojo y curiosidad, en vez de pasmarse por un día cualquiera… Arriesgarse, nos arriesgamos, lo malo es pillar un resfriado, ¡Dios no quiera! Y por si acaso, lo voy vaticinando con los versos que siguen. ¡Hasta el lunes! P.D.: Y no se preocupen, seguro que les traeré algún recuerdo de mi fin de semana serrano.
Traquetea por la tráquea con runrún acotorrado un tren que transporta oxígeno por un túnel embarrado cruza bronquios como ramas y bronquíolos de emparrado hasta las úvas de los alvéolos con motor descacharrado. Silba, arranca el tren, tose… ¡La que me he agarrado!
Adivinanza tajú-tajú. Juan Cruz Iguerabide. En: Zumo de naranja y un tictac. Cuerpoemas II. Ilustraciones de Elena Odriozola (misma autora de la ilustración que hoy nos acompaña). 2009. Madrid: Pearson-Alhambra

martes, 24 de noviembre de 2009

Cuestiones, interrogantes


El ser humano no tiene a bien eso de preguntar. Será miedo, timidez u otro tipo de temblores, pero lo cierto es que cuestionar se hace tedio cuando debería ser todo lo contrario. Y es raro. Más que nada porque la mayoría de los humanos, a temprana edad, somos capaces de sacar de quicio a todos los adultos que se interpongan entre nosotros y lo desconocido, hecho muy curioso si nos percatamos de las pocas partículas interrogativas que utilizamos a diario. Por qué, quién, cuándo, dónde o qué, son los machones de nuestra existencia, o si no, al menos, de nuestro aprendizaje.
Por h y por b, les repito a mis alumnos las bonanzas de la interrogación. No hay mejor forma de salir de la duda… y de aprender. Ellos creen –ilusos- que en los manuales está todo, que no hay nada más allá de las satinadas páginas de un texto educativo, aunque más llamativo me parece que muchos adultos también lo crean… Si esto fuese así, no tendría que preguntarle a mis compañeros sobre las extrañas costumbres de mi ordenador, ni tampoco martillear a mi madre con lo adecuado de este tejido o aquella estantería.
Concluyendo. En esto que llamamos vida no hay libros de instrucciones que valgan. Hay experiencias, hay edad, hay gente diversa. Por lo que, sólo en contadas ocasiones nos podemos fiar de nuestra mera intuición y hacer caso omiso del saber de otros. Y como muestra, esta pequeña joya de papel que les traigo hoy, El rey y el mar, de Heinz Janisch y Wolf Erlbruch (dos prolíficos autores y de categoría), una excelente lección de que preguntando, se aprende.