miércoles, 29 de junio de 2011

Hastaluego veraniego



Les rogaría que no me asestaran un merecido golpe por haber cerrado durante los pasados días esta ventana que nos comunica. Ríanse o tuerzan el morro, pero tengo decenas, cientos de excusas que darles… Exámenes por corregir, exámenes que sufrir, suspensos que asimilar, alumnos a los que calificar, cumpleaños que celebrar, fiestas de guardar, labores que no pueden esperar, incluso plantas para regar… ¿Me perdonan, verdad?... Je, je, je… ¡Pues vuélvanse a enfadar porque la de hoy es la ya clásica despedida que anticipa el verano! (que ojito cómo se las está gastando…).
Ya ando algo cansado, la frescura de las palabras no es la misma que durante el septiembre pasado, todo ha cambiado, como es lógico, y necesito ir a cualquier orilla, saltar muchas olas… ¡y leer algo que no comparta con ustedes!
Prometo que volveré, seguramente allá por septiembre, cuando el curso se ponga en marcha con nuevas ideas, continuaciones, pesquisas y, cómo no, libros.
Disfruten del estío, y si no, ya lo haré yo por ustedes.



Me gusta mucho nadar
con las gafas submarinas.
Cada pez es un amigo:
los hay chicos, también grandes,
y otros están escondidos.
Digo al ver las escorpinas:
¡vaya espinas!

No me pinchan los erizos
ni me asustan las herreras:
son un rebaño de plata
y se acercan marrulleras.
Peregrino
barbafino,
si los peces quieres ver,
¡mucho ojo!
En remojo
las barbas vas a meter.

Nado cerca de la playa
y descubro un lenguadito
que me mira de reojo
con un ojo.
Plano en la arena, estirado,
camuflado y rebozado,
me espía de medio lado.
Lenguado, lengua de palo,
si te vuelves a enterrar
nadie te podrá encontrar.

[…]



Olga Xirinacs
Chapuzones.
En: Marina y Caballito de mar.
Ilustraciones de Asun Balzola.
1998. Madrid: Anaya.

miércoles, 15 de junio de 2011

Llevar palabras al último rincón




Si el otro día auguraba cambios para otros, hoy notifico los que dentro de unos meses acontecerán en la vida de un servidor (eso me pasa por hablar…).
Como bien recoge nuestra carta magna, todo español, sea rico o pobre, de diestras o siniestras, tiene derecho a una educación (ya saben que hay varios tipos…), por lo que, allá donde vayan, aldeas invisibles, villas de rancio abolengo, pueblos chicos, capitales provincianas o gigantes urbes, encontrarán maestros dedicados a este menester: educar. Y así, el curso próximo –como mínimo- desempeñaré mi labor como docente en un pequeño pueblo minero llamado Almadén, por la mera razón de llenar cualquier rincón con palabras, con rimas, de sueños…



Educar es lo mismo
que poner un motor a una barca…
hay que medir, pensar, equilibrar…
… y poner todo en marcha.
Pero para eso,
uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino…
un poco de pirata…
un poco de poeta…
y un kilo y medio de paciencia concentrada.

Pero es consolador soñar
mientras uno trabaja,
que ese barco, ese niño
irá muy lejos por el agua.
Soñar que ese navío
llevará nuestra carga de palabras
hacia puertos distantes, hacia islas lejanas.

Soñar que cuando un día
esté durmiendo nuestra propia barca,
en barcos nuevos seguirá
nuestra bandera enarbolada.



Gabriel Celaya.
Educar.
En: Vivir es fácil. Antología.
Selección de Felipe Juaristi.
Ilustraciones de Rebeca Luciani.
2011. Zaragoza: Edelvives.

lunes, 13 de junio de 2011

Elecciones anticipadas



Se anuncian vientos de cambio para el cercano noviembre o, al menos, eso se bisbisea entre pasillos y corredores, el mejor lugar para corrillos y confidencias... No es de extrañar tal decisión una vez examinados los resultados de algunos durante el presente curso político, y que sólo pueden terminar con un castigo inminente: la decapitación.
Sonará cruel y un pelín burlesco, pero hacerse desear y prorrogar situaciones agónicas y fuera de todo juicio, sólo acrecenta el egocentrismo y, de paso, la tasa de odio popular, para terminar a la postre como un condenado a muerte más, juzgado de antemano y sin perdón posible.


Reclinado sobre el suelo
con lenta amarga agonía,
pensando en el triste día
que pronto amanecerá,
en silencio gime el reo
y el fatal momento espera
en que el sol por vez postrera
en su frente lucirá.


[...]

José de Espronceda.
El reo de muerte.
En: A toda vela. Antología.
Selección de Ana María Navarrete Curbelo.
Ilustraciones de Miguel Tanco.
2007. Zaragoza: Edelvives.

viernes, 10 de junio de 2011

Tripas a todo color



No cabe duda de que hurgar es cosa de niños… Guiscarse la pituitaria hasta encontrar petróleo, fisgonear en el cabello en busca de piojos o manosearse como monos, son acciones propias de infantes con ganas de descubrir el mundo, buscar el porqué físico de las cosas, en definitiva, ejercer de joven investigador hasta que, de un manotazo o algún disgusto, desaparezcan las ganas. He aquí el leitmotiv de los libros de aprendizaje o conocimientos, unas veces muy útiles, otras para desechar en algún contenedor de reciclaje…
Hablando de estos libros les diré que, cuando no levantaba tres palmos del suelo, mis favoritos eran aquellos que, sin mucha literatura y dibujos detallistas, eran capaces de dilucidar el engranaje de un coche, el fuselaje de un avión, el interior de un castillo del medievo o la constitución del cuerpo humano, grandes trabajos de disección que se merecen mi admiración y respeto, no sólo por la calidad artística, sino por el grado de investigación que esto requiere.
De entre los muchos autores que cabría reseñarles podría citar el maravilloso trabajo de Stephen Biesty (siempre me ha encantado la labor de este forense del lápiz cuyos originales pude admirar con motivo de la exposición “El lápiz mágico”, desarrollada en el año 2004 por el British Council y Biblioteca Nacional), pero por citarles un buen libro que, de este modo es capaz de explicarle a un niño nacido entre asfalto y nubes de dióxido de carbono cómo se organiza clásicamente una antigua casa de campo (una pena que queden pocas de estas, ¡con lo felices que serían muchos descubriendo todos sus rincones…!), les recomiendo La granja, de Philippe Dumas, un libro-álbum reeditado por la editorial Corimbo (en un formato menor, todo sea dicho…) que acabará destrozado a base de relecturas, el mejor final para cualquier libro.

martes, 7 de junio de 2011

Exámenes, bibliotecas y sueños







Perdonen si se han sentido abandonados durante la pasada semana, pero un servidor es de esos que sufren los exámenes universitarios en silencio, dedicando los días previos a las pruebas, la mayor parte del tiempo libre a memorizar y comprender todo lo que no ha memorizado ni entendido a lo largo del cuatrimestre… Y pensarán indignados: “¡Parece mentira tratándose de un profesor…!” A lo que, a modo de respuesta, me ruborizaré como un quinceañero... C’est la vie…
Tras realizar una comparación introspectiva entre mis años de estudiante mozo y los que ahora vivo, les comento que algo ha cambiado en mis hábitos de estudio: prefiero el silencio de cualquier rincón, llámese aula vacía, sala de estar o banco en el parque, al rumor tumultuoso de las bibliotecas y las mal llamadas salas de estudio…Sí, otro capricho paradójico mío teniendo en cuenta que soy un defensor acérrimo de estos lugares donde viven los monstruos, eso no quita para opinar sobre el veto de entrada a escandalosos en exceso y marrulleros sin mesura…Sí, sí, sé de ese nuevo concepto de biblioteca, la biblioteca abierta, que abandona el hermetismo para que el ciudadano campe a sus anchas entre la cultura infinita, esa biblioteca que se toca, se escucha, e incluso se saborea. Que la biblioteca no es una cripta repleta de sarcófagos con momias dedicadas a la lectura, la morada del saber, lo sabemos ¿todos?, pero creo que ambas visiones pueden convivir bajo un clima de respeto y entendimiento, ¿o no?... Pensándolo bien, para preparar el próximo examen me acercaré a mi biblioteca favorita, estudiaré mientras los susurros de los demás me lo permitan y, cuando no sea así, dejaré caer mi cabeza sobre la mesa y soñaré con todos los mundos que encierran los libros que me rodean, quizá me encuentre con algún pez rojo que me guíe, que me descubra lo que nunca imaginé…

B.S.O.: Paulina. 2010. The lazy song. (Bruno Mars’ cover).

viernes, 27 de mayo de 2011

La mente en blanco





Los que de vez en cuando pensamos, en comparación con otros mortales, sufrimos más de la cuenta, cosa que no es de extrañar dada la pasividad que nos rodea, no sólo la física (aquí, en este país, ni queriendo -cosa rara- se ejercita el lomo), sino también la mental… ¡Y demos gracias a que las pasadas elecciones han puesto una nota de color a los telediarios…! ¡Que no es poco…!
Como les iba diciendo: esos que hacemos funcionar al engranaje cerebral, por si no tuviéramos poco con el día a día, nos enrolamos en todo tipo de campañas, bien sea la de la renta (les pongo sobre aviso de que este año la hacienda pública está demorándose más en soltar la manteca colorá… ¿por qué será…?), el aprendizaje de lenguas extranjeras o la siempre manida Universidad Nacional de Educación a Distancia, un clásico del eterno estudiante… ¿Y pa’ qué?... Pos pa’ na… A veces pienso en la felicidad inmensa de otros muchos que, dejando a un lado un buen puñado de preocupaciones, siguen durmiendo sobre algún guindo, cosa harto difícil para los que como yo, no paramos de devanarnos los sesos durante la mañana, la tarde y la noche, con afán de darle un sentido a nuestro deambular por la vida, ¿más agitada y estimulante? En absoluto… Así que, buscando una respuesta a tanto dilema existencial y echándose encima el estío (¡por fín!), he concluido en aparcar mi cuerpo debajo de alguna sombra y dejar mi mente en blanco en esta tarde de viernes, la mejor de las curas para todos los quehaceres que se avecinan.

Serrano, Lucía. En blanco. 2010. Madrid: Anaya. Colección "Sopa de cuentos".

martes, 24 de mayo de 2011

Erradicando la peste...







Seguramente esperaban una síntesis de todo lo acontecido durante los días pasados en los que los pseudodemócratas (¿alguien comprende el contenido panfletario de ciertos discursos a caballo entre la Segunda República y el comunismo?, ¿algún leído me lo explica?… soy algo estrecho de miras y, de paso, bastante analfabeto) salieron a la calle, en los que la jornada de reflexión se convirtió en un mercadillo de ropa de marcas falsificadas, en los que la libertad -esa que dan los bolsillos vacíos- opinó en las urnas…, pero no, hoy hablaré de la esperanza…
Muchos, de más, viven en un halo nostálgico, embebidos en un romanticismo rancio, como si de algo sirviese en un mundo rodante, mutable…, una cuestión que me hace pensar en sus mentes desesperanzadas. El hombre, siempre, ha de mirar atrás e intentar no cometer los errores que lo hicieron desgraciado, pero avivar consignas desmedidas, inventar nuevos gritos de guerra, con tal de vivir en el estulto panorama que nos acorrala durante los últimos años, me hace encoger de hombros y esbozar una mueca de extrañeza. Anquilosarse en una situación estática, inamovible, donde el progreso es una noria, mata la esperanza, el motor del corazón.
Quiero decir con esto que, lejos de inclinaciones políticas, signos y discursos demagógicos que soplan de un sitio u otro, es nuestra supervivencia el único valor que nos une, por lo que, sacrificando los intereses personales, hemos de obrar por un bien común, por entreabrir la ventana y dejar que los soplos de aire fresco erradiquen la peste que unas veces se extiende desde la derecha y otras, desde la izquierda.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Imágenes y palabras





Preparen el bolígrafo que hoy me encuentro un tanto teórico…
Cuando uno aprende un idioma por primera vez, sea este el propio o uno extranjero, siempre se agradecen unas representaciones gráficas que hagan alusión a la palabra o expresión que se esté estudiando, de tal manera que el cerebro asocie una palabra con una imagen, de hecho, la mayor parte de los libros de texto utilizados cuando aprendemos francés, inglés o ruso, echan mano de este recurso, el pictograma, de gran valor pedagógico.
Si extrapolamos esta relación entre lenguaje verbal y lenguaje representativo al plano literario, surge lo que llamamos álbum ilustrado o libro-álbum… ¿O no? ¿O el álbum ilustrado va más allá de esta sinergia? En mi opinión, debemos de ser simplistas a la hora de definir algo que puede ser muy complejo, ya que hay álbumes de todos los colores y sabores… Unos se dedican exclusivamente a las imágenes mientras otros intentan no inclinar la balanza hacia la palabra o la imagen, los más prefieren subrayar el texto y dejar a la ilustración en un segundo plano y otros, aunque lo intenten, jamás serán considerados como tales…, motivos por los cuales nos es tan difícil dar con obras destacables en este género (pese a la ingente cantidad que nos ofrece el mercado y que muchos colegas se empeñan en reseñar a troche y moche, cosa que me pone enfermo, añado).
No sé si el de hoy podría considerarse un digno representante del género, ya que, aunque repleto de pictogramas, juegos lingüísticos y visuales, y un formato adecuado, me recuerda más a un ejercicio de imaginación que a una narración… En cualquier caso, Pictograma, la obra de Po Yeng Chang (editorial Thule) merece citarse en un blog como este por su originalidad, que bien mirado es mucho.

P.S.: Debido a un fallo en Blogger, algunos artículos con los respectivos comentarios que alguno de ustedes realizó en su día han sufrido ciertos reveses, por lo que les ruego los vuelvan a escribir porque aquí contamos todos.

lunes, 16 de mayo de 2011

En el país de las maravillas...







Y así reflexiono en voz alta desde que un par de profesores de Filosofía se interpusieron en mis lozanos dieciséis años… Si las bases de la democracia se establecen en torno a la libertad como ciudadano, ¿por qué votar es un deber?; ¿Tiene el mismo valor el voto del vecino del cuarto que el de un servidor?; Cuándo uno vota, ¿lo hace como ciudadano o como individuo?; ¿La democracia se basa en la voluntad colectiva o en la individual?... En fin, que después de tanto cocido intelectual, que no maragato, es preferible tumbarse a la bartola y dejar descansar al organismo de tanta indigestión, no sea que entre pitos y flautas nos dé por el suicidio (o la eutanasia…
Algún cacao semejante llevaría mi admirado Lewis Carroll, pseudónimo de Charles Lutwidge Dodgson, cuando parió a su famosa Alicia, esa niña un tanto pava que se perdió en un lugar surrealista y extraño conocido como País de las maravillas… Añado además que, si como dicen algunos, esta novelita pretendía ridiculizar y satirizar el mundo inglés de entonces haciendo uso del sinsentido literario, abogo por erigir una estatua de este autor en cada foro, en cada hemiciclo, que recuerde a los que gobiernan que el pueblo, como si de una minúscula Alicia se tratase, es capaz de dejar en evidencia, de ridiculizar a los poderosos, a las reinas de corazones más odiosas, estrafalarias y déspotas.
Sigan mi consejo y aprovechando la cercanía de unas elecciones que prometen cambios, así como la publicación de las aventuras de Alicia ilustradas por la genial Rebecca Dautremer a cargo de Edelvives, lean.

viernes, 13 de mayo de 2011

Temas peliagudos


La mayoría de los políticos, sean españoles o de otra nacionalidad, tienen a bien recordar que, en plena campaña electoral hay que obviar ciertos temas, no por menos importantes, sino por ser demasiado peliagudos, para, por el contrario, hacer hincapié en todos aquellos que disparan el número de votantes, su volumen de negocio. 
Dudo que tanta demagogia sea buena para el estado de derecho, sobre todo aquel sustentado en el analfabetismo funcional, este del que vive España (no me señalen con el dedo, no es de buen recibo…), pero en cualquier caso intentaré hacerles patente la poca calidad del paradójico pensamiento del pueblo llano español… 


Hace unos años se estrenó en los cines de medio mundo la película 300, basada en el cómic homónimo (por cierto, ¡cuánto tiempo sin hablar de cómic!), que hace una evidente apología por la guerra preventiva, uno de los pilares que sustentan numerosos estados, léase Esparta o los Estados Unidos de Norteamérica, y que llegó a ser el taquillazo del año en España, hecho incomprensible después de que se sucediera un cambio de gobierno estatal en honor de esa salva que rezaba “¡No a la guerra!”, convertida en punta de lanza del partido de la oposición al régimen imperante durante aquella época. 


Es decir, la opinión pública, instigada a un mismo tiempo por el odioso “nanny state” patrio y el magnánimo poder de convocatoria hollywoodiense, acudía en rebaño a ver una película bélica portando mensajes pacifistas en vez de palomitas de maíz. En fin, otra de españoles… 


Pese a estas obscenas paradojas y para que conste que algunos, como Javier de Isusi y Leticia Ruifernández, tienen pensamientos propios sobre este tema y saben transmitirlos a la perfección, les hago llegar La partida del soldado (editada por El jinete azul), uno de los mejores álbumes ilustrados del año en curso, poco apto para mentes con engranajes oxidados y lecturas superficiales.
Un joven se prepara para ir a la guerra mientras su esposa discute con él sobre la conveniencia o no de hacerlo. Un diálogo entre dos personajes que se preguntan, nos preguntan, sobre las causas y efectos de la guerra, sobre quiénes somos y quiénes seremos después ella. 
Elaborada sobre ilustraciones oscuras, la noche y las sombras desdibujan unas siluetas que se mueven entre el anonimato (todos nos reflejamos en los protagonistas) y la clandestinidad (salirse por la tangente siempre está mal visto), esta historia ahonda en los dilemas humanos. Amor, supervivencia, honor... todo se entremezcla en la guerra y cualquier resultado es respetable. 

martes, 10 de mayo de 2011

Cuando los libros son protagonistas



Para no aislarse por completo del mundanal ruido, uno tiene que hacer algún sobreesfuerzo, olvidarse de todo compromiso (familia, amigos, trabajo y estudios) y dedicarse a tareas que, aunque exentas de mucho decoro, te hinchan de paz y sosiego hasta el duodeno intestinal…, no sea que la muerte te atropelle cansado y termines los días, además de exhausto, jodido.
Este ejercicio puede consistir en acudir al supermercado más cercano, llenar de garabatos un cuaderno olvidado, degustar un café en la calle más bulliciosa de la ciudad, elegir un banco en el parque, sentarse en él, y dejar que la vida te sorprenda con su pasar... o ir al cine…
No suelo disfrutar del séptimo arte asiduamente, cosa que se debe más al precio que a la distancia (los albaceteños podemos presumir de disfrutar las sesiones de cine más caras de España entera), pero como siempre queda el refugio de la filmoteca, cercano y económico, me concedo un deseo y, a ciegas, voy a la sesión vespertina para concederle un capricho al hemisferio más tranquilo de mi cerebro, ese que vitorea todo lo relacionado con lo estático e inerte de mi ser.
La película en cuestión se llamaba Mis tardes con Margueritte, La tête en friche en el francés original. Estaba protagonizada por Gerard Depardieu, ese gran hombre de tamaña nariz y un variado elenco de actores entre el que destacaba Gisèle Casadesus, la Margueritte a la que aludía el título.
Tome asiento en una butaca de las filas superiores (cada uno con sus manías), lo más centrada posible…
Empezó…
Terminó…
Y sin ser una obra maestra, me emocionó…
¡Ea! ¡Las películas donde los libros son los protagonistas son así!

miércoles, 4 de mayo de 2011

Conformarse con el resultado



Cuarto y último encuentro entre el Real Madrid y el Barça…
El resultado ha hecho mella entre mis estudiantes…
El clamor popular ha decidido que hoy toca hablar de futbol (ya tendremos tiempo durante las próximas semanas de extasiarnos ante toda suerte de debates políticos, duelos retóricos y acalorados mítines)…
Bajo ese aura heroica (casi espartana) en la que se desarrollan los partidos de futbol, siempre hay una costra de mugre que desprende vapores insufribles... Para calentar motores unas ruedas de prensa en las que el jaleo, la destreza lingüística (¡qué pavor!) y los mensajes bélicos están asegurados. Después viene el partido, cosa que a veces, hasta se agradece (¡menos mal!, ¡creía que ya habíamos ganado!). ¡El futbol es así!: puedes divertirte más que la abuela del Betis o, por desgracia, acabar con un cabreo monumental. Unas te llenas el traje de lamparones mientras celebras el gol de Cristiano, y otras, gracias a Messi, te untas el bigote con el escabeche de los mejillones. La cosa es que nunca llueva a gusto de todos (y por llover, esta primavera, que no quede…)
Para disfrutar del futbol, lo suyo es una buena pantalla, una columna de humo que llegue a la estratosfera y cerveza, mucha cerveza…, aunque, si les soy sincero, odio a los comentaristas televisivos, por lo que subo el volumen del transistor a toda pastilla, me deleito con las cuñas publicitarias de rancio sabor y celebro el tanto con un oportuno purito Reig 7 ¡Y olé!
Quién peor lo lleva es mi tío Carlos, un acérrimo aficionado al Albacete Balompié, que jornada tras jornada vive resignado a la inminente debacle provocada por los excesos de ácido úrico en la directiva y de tontería en la plantilla. ¿Quién dijo futbol cuando debería hablar de bacanal?
Y mientras Mourinho y Guardiola siguen a la gresca ejerciendo de amantes mal avenidos, les ruego que tomen nota de la moraleja de El pastor, las ovejas, el lobo y el mar, una fábula moderna escrita e ilustrada por Einar Turkowski (Libros del Zorro Rojo) y que despunta como novedad editorial del momento, para aprender así a conformarse sea cual sea el resultado.

lunes, 2 de mayo de 2011

Cuando los adultos olvidan la niñez



Desear con todas mis fuerzas volver a la niñez, más que un antojo es una necesidad. Ser niño para vivir en esa especie de burbuja de condescendencia. Ser niño para disfrutar de las aventuras que nos sirve el día a día. Ser niño para no anquilosarme en la cruda realidad. Ser niño para perdonar y olvidar con rauda facilidad. Ser niño para examinar la belleza de los momentos, de las libélulas y de los narcisos en flor. Ser niño para soñar a pierna suelta, sin temer al ruidoso despertador. Y la más importante de las razones: ser niño para no sufrir los juegos de los adultos. Los adultos, lejos de reales bodas (¡para muchos el más peligroso de los sacramentos!) y prensa coloreada de rosa o amarillo, se dedican a idear todo tipo de triquiñuelas para vivir a la altura de grajas y coyotes -perdónenme sendos animales-.
A base de estudiadas normas y un extenso muestrario de reglas absurdas, las personas hechas y derechas son capaces de lanzar dentelladas a lo pavo, para así acabar consigo mismos y de paso con su ineptitud. Presten atención: abran un periódico y deslúmbrense con el entero catálogo de descerebrados que ejercen de terroristas suicidas, presidentes del gobierno o forofos de cualquier religión… ¿Alguna vez caerán en la cuenta de que, aunque se lo propongan, jamás estarán a la altura de la capaz inteligencia de un niño de cuatro años? Asunto peliagudo, ya que todo hombre se forja a partir de un niño (nunca al revés, como la visión gradualista de la psicología nos quiere vender)… ¿Dónde van esos niños cuándo nace el hombre, el adulto? Un interrogante que me tenía en vilo hasta que di con uno de los dos libritos de Elzbieta que Kalandraka ha lanzado al mercado en las pasadas semanas. ¿A dónde van los niños? (N.B.: ¿No se podía haber traducido como “adonde”? Me gusta más…) se trata de la reflexión que todo humano debería hacerse cuando, de repente, se percate de que su corazón ha perdido el calor de la infancia, de que no sabe donde olvidó el oso de peluche que le acompañó en sus viajes nocturnos.

jueves, 28 de abril de 2011

Inspiración...



No sé qué me pasa pero la inspiración me rebosa por las orejas, cosa rara ya que, desde hace unos días, me atiborro a antiestamínicos para caballos y hacerle frente así a los estragos que causan las gramíneas: alergias, un clásico primaveral… Llamo su atención sobre este detalle porque, si tenemos en cuenta que dichos fármacos provocan somnolencia al tiempo que ralentizan el ritmo encefálico, es bastante llamativo que un servidor maquine ideas a la velocidad del churro.
Que si voy a hacer esto, que si escribo de lo otro…, vamos, que el arte se me rebela, está que muerde y no hay quien le enganche el bozal... Menos mal que uno se conoce y, al final, todo quedará en pájaros volando y cuentos de lechera, terminando inerte sobre el mullido sofá mientras ejercito tarso y metatarso sobre el mando a “distán”. ¡Qué perrería, señor!
Lo que más me congratula es que, con tanto brío imaginativo, me he topado con la agilidad del grafito sobre el papel, con esa gracia que tienen muchos para plasmar con cuatro líneas la magia de los objetos, con el boceto. Les parecerá nimio y hasta estúpido, pero para un amante de la pintura como yo, dar con la curvatura justa de los trazos y transmitir así una impresión, se traduce en sentida alegría.
Y con tanto sentimiento artístico, sería casi pecaminoso el dejar de recomendarles uno de los mejores álbumes ilustrados editados durante la presente primavera y que lleva por título Para hacer el retrato de un pájaro, un poema de Jacques Prevert e ilustrado por Mordicai Gerstein (Faktoria k de libros), la coqueta y poética lección de pintura que todos, artistas o no, llevamos dentro…, como el trino de los jilgueros.

lunes, 25 de abril de 2011

De regreso...



Les resumo mi viaje en una impresión… Generalmente, después de visitar un lugar, acostumbro a pensar con quién iría acompañado en el caso de regresar a él. Hay sitios perfectos para recorrerlos de la mano de una pareja, otros que se prestan a las correrías con los amigos, con desconocidos los menos, e incluso los hay para disfrutarlos con uno mismo. Pero, déjenme que les diga que, Italia, sin mis alumnos, sería simplemente nada.
Si les soy sincero, antes de emprender la marcha por el país de los Apeninos, el joven profesor que soy, sentía cierto temor… Por las trastadas de los alumnos, por los errores de uno, por lo descontrolado del destino... A pesar de todo, he, hemos regresado sanos y salvos allende una sonrisa descomunal, multiorgásmica, no sólo por el hermoso caos de Roma, la belleza articulada de Florencia o la sencillez de Pisa, sino por las anécdotas, las peleas y riñas absurdas, los momentos de tranquilidad, las paradas del camino y sus carcajadas, y los sueños compartidos.
Si alguien subraya que viajar es aprender, está en lo cierto. En sí mismo, el viajar, el deambular, el empaparse de la experiencia, es descubrir, hecho que siempre aupa el conocimiento, bien sea de lo desconocido, de los otros o de uno mismo. Lo afirmo con conocimiento de causa, la mejor manera de hacerlo.
Y para despedirme, confiarles una de esas cosas aprendidas, una de esas curiosidades lijeras que les gustan tanto… Deambulábamos por la ciudad de Florencia en pos a nuestra guía, una italiana de clase muy agradable, cuando topamos con el famoso jabalí de bronce de la vía Porta Rossa. Tras unas cuantas fotos, me percaté de una placa en mármol dedicada a Hans Christian Andersen y, por curiosear, le pedí a nuestra acompañante una rápida traducción. Me confío que en honor a “Il porcellino”, uno de los muchísimos relatos de este autor, el pueblo florentino le ofreció este reconocimiento, por describir su ciudad en lo que llamaron “un entero libro ilustrado”.

miércoles, 13 de abril de 2011

Viajando por Italia...






Se acerca de forma inminente el viaje con el que los alumnos de bachillerato celebran su entrada en el mundo pre-adulto, y también el compromiso que muchos maestros les regalamos de un modo altruista para ello.

Seguro que muchos de ustedes piensan que estoy de suerte por viajar a Italia los días venideros y, seguro que muchos de vosotros creéis que es una responsabilidad efímera, evanescente…, pero concédanse el beneficio de dudarlo.


Comparándome con otros compañeros -quizá con usted-, llevo poco tiempo ejerciendo esta profesión, una que da más quebraderos de cabeza que satisfacciones y que a un mismo tiempo elegí por vocación. Lejos del salario, los privilegios, los horarios, las vacaciones y otras mandingas con las que nos azuza la sociedad, esa que nos quiere poco, nos da menos y nos exige más, me siento orgulloso de dedicar mi tiempo a este trabajo impagable.

Muchos son los padres que nos hacen responsables de los males escolares, a muchos no les tiembla la voz cuando se han de enfrentar al profesor, son más los que tratan a sus hijos como auténticos minusválidos cerebrales o aquellos que se desentienden de su papel como progenitores y educadores. También sé de los males de la escuela, de las faltas y defectos que no me eximen de mi parte de culpa... Pero siempre queda un lugar para la confianza que depositan en nosotros para que viajemos durante el presente y preparemos al futuro, el de todos.

Y en honor a ellos, a mis alumnos, y al lugar que han elegido para hacerme sufrir durante los próximos ocho días, la patria del autor de esta obra, Philip Giordano (uno de los ganadores en Bologna Ragazzi), les recomiendo La princesa Noche Resplandeciente –editorial SM-, un álbum ilustrado de factura exquisita que, pese a ser una adaptación –ya saben de lo mío con las interpretaciones- algo libre del clásico japonés Taketori Monogatari (uno de los primeros relatos asiáticos en lengua escrita, también conocido como Cuento del cortador de bambú), me ha cautivado.

Y descuiden, a mi regreso seguiré reseñando para ustedes las más hermosas historias jamás imaginadas.

Disfruten del descanso.

Ciao.

lunes, 11 de abril de 2011

Sorpresas de buena mañana




Afortunadamente, algunos madrugadores hemos podido librarnos de este asorrate estival que nos ha regalado la primavera y cobijarnos bajo la sombra cuando el sol está en su cenit. ¡Menos mal que se calma el cotarro y arriban de nuevo temperaturas más suaves!

Aprovechando el frescor de la mañana, desayuné, me aseé debidamente, y me lancé a las calles para golismear en tiendas y supermercados como buen albaceteño (un amigo lo define como “cosmopolitismo”, yo lo llamo “orejetear”)… Y entre ferreterías, grandes superficies y mercerías, me acerqué, cómo no, a un par de librerías en las que encontré algunos libros reseñables.

NOTA: Es una lástima que el jueves dirija los pasos hacia Italia como profesor acompañante de mis pupilos en su viaje de fin de curso (¿quién me mandará?), por lo que tendrán que esperarme o visitar otros sitios de la blogsfera que muchas veces me toman la delantera (como pocas editoriales me mandan libros, dependo enteramente del interés de los libreros y la eficacia de sus distribuidores…).

Por lo pronto tengo que hablarles de la editorial Adriana Hidalgo (AH Pipala)… Si recuerdan, un servidor se quejaba amargamente en post pasados de la escasez de nuevos autores, de nuevas ideas…, pues bien, hoy les traigo tres títulos que me han encantado soberanamente y que están dentro de esta línea editorial argentina (¡Qué artistas! ¡Venden lo que sea!) y que desgrano a continuación:

a. Una lluviosa mañana de domingo de Sooni Kim y Mia Sim: Cuando somos niños, muchos son los domingos que nos despertamos sin querer y dejamos que nuestra mente quede libre y se pregunte si nuestro mundo es el único que existe, si habrá otros como nosotros.

b. Mi jardín de Zidrou y Marjorie Pourchet. Libro de pequeño formato que aúna la metáfora de la vida, los recuerdos infantiles y la contemplación de la naturaleza. Llegó a acongojarme… ¿Qué niño no ha tenido un pequeño jardín, una efímera maceta?

c. La casa del árbol de Marije Tolman y Ronald Tolman. Reconocida con un premio en la feria de Bolonia (Bologna Ragazzi), esta historia muda es el reflejo de una historia cotidiana, imaginativa, evocadora, de dos osos que deciden instalarse en lo alto de un árbol. Exquisita, diferente.

Tres imprescindibles.

jueves, 7 de abril de 2011

Valientes


Que el mundo está hecho para valientes y osados es algo que todos sabemos de sobra, aunque si a este mundo nos referimos y no a los pasados, habría que añadir que, para sobrevivir a sus avatares, también es necesaria la cara dura. Echarle un poco de morro a la vida no viene de más, sobre todo por toda la panda de charlatanes, vendepeines y pilluelos con los que nos chocamos de bruces, de costado o de espaldas. Y si queda salpimentado con algo de agallas y firmeza, mejor. No crean que la gallardía sólo se agradece en momentos extremos, aquellos en los que nos ponemos a prueba, sino en la vida diaria… Recordarle al dependiente que no me gusta el pan duro, que si el taquillero me ha devuelto menos de lo que correspondía, presentarse como voluntario para acompañar a unos cuantos adolescentes de viaje (véase mi caso…, temblando estoy…) o apuntarle al jefe que todos los trabajadores nos merecemos el mismo trato, son actos de templanza, aunque a veces, pese a poner los cojones sobre la mesa, también hay otras ocasiones en las que es preferible hacer alarde de inteligente silencio y emular a tortugas y avestruces. Y así, les animo a que tomen ejemplo de la protagonista del libro de hoy, La oveja Carlota, de Anu Stohner y Henrike Wilson y publicado por Lóguez en España, den un paso adelante y se enfrenten a sus miedos con total naturalidad, quizá se pierdan muchas cosas por vergüenza, decoro o mera pasividad, porque no olvidemos que todo arrojo tiene un premio, tangible o emocional, que engrandece nuestra confianza misma, nuestras ganas de vivir.

lunes, 4 de abril de 2011

Mismos horizontes de distinto color


Cuando hablo de lugares lejanos, de países por visitar, con esta gente manchega que me rodea, siempre sale a colación esa misteriosa atracción que sentimos los de aquí por los paisajes verdes y los frondosos bosques, por vergeles densos y desconocidos en los que escurre el agua de cada mata... Cuestión lógica, ya que los que nacemos en la meseta estamos más acostumbrados al justiciero sol que todo arrasa y a la tierra desgajada en gasones, en pocas palabras, al desierto en vez de a los edenes tropicales... Todo el mundo anhela lo que no tiene, ¿qué se le va a hacer…?

No nos ocurre así con el mar, esa línea infinita que se abre en cualquier puerto, que bordea cualquier playa... Nos gusta oír el mar, el rumor de las olas, tontear con la arena y la espuma,…, y poco más…

Esa inmensidad que a los hombres de montaña embriaga, la ingente cantidad de agua salada que apoca a muchos es el mismo océano con el que hemos vivido nuestra niñez de llanuras, el mismo horizonte pero con distinto color. Nuestra amplitud es la misma, nuestra vista, pareja, y la soledad, parecida. Hemos crecido en un mar de color pardo que la vista no alcanza a terminar, donde el agua es la tierra y las estelas de los barcos el polvo del camino. Por ello, mientras leía El mar y otras cosas de las que también me acuerdo, de Mónica Gutiérrez Serna (Thule Ediciones), sentí algo profundo, un poso de la infancia en el que me veía sobre la bicicleta, atravesando los campos de cebada en busca de la perra recién parida, recogiendo los nazarenos que brotaban en el camino… Esas han sido mis cañas de pescar, mis velas desplegadas.

sábado, 2 de abril de 2011

Día del Libro Infantil 2011


Muchos se preguntan qué le veo a los libros para niños. A esos les respondo: simplemente me hacen enormemente feliz. ¿Y a usted?

jueves, 31 de marzo de 2011

De palabras...


Si por votación popular fuese, jugar al fútbol, salir de copas o escarbar en las montoneras de los mercadillos, serían elegidos como auténticos deportes nacionales, pero como quien hoy decide es un servidor, determino que lo que aquí se lleva es el marujeo. En este país, hasta las piedras meten el hocico en la casa del vecino. Cotorrear, marujear, despellejar o viborear son verbos básicos en la idiosincrasia española, exponentes todos de nuestra capacidad de poner de vuelta y media a todo quisqui. Para percatarse de ello sólo tienen que prestar atención a lo más visto en la programación televisiva: que si las vidas ejemplares de todos los que pasan por la caja de los viernes (¡Ay, que me da!), el circo de Paqui “Las coles” (¡Qué sobrenombre!), los dimes y diretes entre Mourinho y Guardiola, o las tan fingidas riñas del lumpenproletariado que participa en el “Big Brother” español. Si a ello añadimos ingredientes como el mamoneo, el morbo, la escatología, el humor, la ironía y la maldad, el resultado de esta coctelera es puro e irresistible gozo patrio del que se sirve hasta el más letrado para pasar el rato de vez en cuando... Curiosa paradoja esta, la del analfabetismo funcional en el reino de la lengua. Mediterráneos y viscerales, los habitantes de la Hispania moderna sentimos una fatal atracción por el cacareo de patio y corrillo, una afición desmedida por la palabra, el mejor invento del hombre, que desde bien pequeños practicamos a manos llenas para poder comunicarnos con uno mismo, con otros y con el más allá. La de hoy es una oda a la palabra cotidiana y vulgar. A esas palabras que aprendemos por la calle, tomando un café o dando clase. A las palabras que nos despiden y a las que nos dan la bienvenida. A las últimas palabras y a esas primeras, que, como La primera palabra de Mara (Ángel Domingo y Miguel Tanco, Editorial Narval), nos llenan el mundo y, de paso, también la risa.

lunes, 28 de marzo de 2011

Locos por vender



Preludio: No crean que intento boicotear el libre mercado o que oso enfrentarme al capitalismo (tarea de gigantes para la que no estoy preparado), sólo que… ¡Estoy hasta el culo de visitar bibliotecas y librerías atestadas de bazofia!

La crisis económica, la falta de ingenio, el poco riesgo empresarial y la escasez de nuevos autores, obliga a la industria editorial a exprimir hasta el extremo los productos que han alcanzado cierto éxito.

Llegan las ¿novedades? de la temporada y me encuentro con los mismos autores, las mismas temáticas, las mismas maquetaciones… ¿es el día de la marmota o me he perdido algo? Veamos como ejemplo el caso de Suzy Lee y sus dos últimas novedades, El pájaro negro (Barbara Fiore) y Pintores, junto con el escritor Seung-yeoun Moon (Libros del Zorro Rojo). El primer libro es una obra monocromática de corte psicoemocional que trata metafóricamente el tema de las relaciones familiares, concretamente la separación paterna, mientras que el segundo es un álbum ilustrado a rebosar de colorido y alegría tomando como excusa una situación cotidiana entre dos hermanos que deciden dejarse llevar por el imaginativo arte de la pintura. Los que conocemos el trabajo de esta autora podemos pensar que seguramente merecerá la pena invertir unos euros en adquirir los dos títulos, pero lo cierto es que no es así por diversas razones. Si atendemos a la primera y más importante, hablaríamos de la relación entre el contenido artístico y el literario. En mi opinión, la técnica de Lee es más apropiada para discursos hedonistas, juguetones, e incluso caóticos, no tanto para aquellos más dramáticos o cargados de mensaje, por lo que, si por mi fuera, descartaría El pájaro negro de mi biblioteca (no de otras, claro está). Secundariamente destacar males menores como la edición o el precio, que en vez de animar, desconsuelan.

Y es que aprovechando la cumbre que muchos autores alcanzan en el panorama internacional de la LIJ, las casas editoriales se disputan la publicación de sus trabajos esperando que algún seguidor incauto pique el anzuelo y de paso sacarle hasta la última peseta con tal de salvar la campaña anual de ventas, por lo que abogar por la calidad frente a la cantidad, máxime de cualquier crítico de tres al cuarto que se precie, es casi una obligación…, aunque bien mirado, también podemos colaborar en subvencionar a los tan denostados artistas ¿no creen?

viernes, 25 de marzo de 2011

En la orilla al caer la tarde...




Esta tarde me voy a la orilla del mar...

La barquita sardinera
lleva faroles detrás,
brilla lucera.

La luna peina caballas
con pincelitos de plata,
todas a rayas.

Boquerones y sardinas
parecen, alborotadas,
primos y primas.

[…]

La estrella miraba
el espejo del mar,
las olas de plata
la hacían bailar.

Una noche oscura
se quiso bajar
porque la llamaba
la estrella de mar.

[…]

Olga Xirinacs.
Barcas y estrellas.
En: Marina y Caballito de mar.
Ilustraciones de Asun Balzola.
1998. Madrid: Anaya.