miércoles, 16 de abril de 2008

Sexo... y Babette Cole


Y besarte. Y fundirnos como chocolate con chile. Y buscar en la humedad de tu mirada esa pizca de picardía que yergue las partes más ocultas de mi cuerpo. Y reír con las cosquillas de tus caricias. Lamer tus labios, primero el de abajo, más tarde el superior, mientras entornas los ojos y me pides más calor con tu mano. Bailar con nuestras cabezas tomando como eje la unión de ambas narices, la tuya y la mía. Empezar los abrazos para no concluir jamás. Elevando la temperatura de nuestra carne en una constante fricción que busca el placer mutuo. Hurgas bajo la textura de mi ropa, anhelando el contacto con mi piel. Te estremeces bajo mi tacto, delatado por el sudor que te cubre. Palpo bajo tu abdomen y noto tu sexo enhiesto, lo que me agita sin medida. Juego con el cerrojo de tu pantalón, sonriente y ansioso por descubrir el placer que ha de penetrar en mi interior. Acerco mi boca a tu ombligo y lo rodeo con un trazo de mi lengua. Tu respiración se acelera y contemplo esa boca entreabierta disfrutando de mi turno en el deseo. Coges mi cara entre los dedos y la aproximas a la tuya, buscando el nudo de nuestras lenguas. Introduces las manos bajo el algodón que cubre mi trasero, despacio, suavemente. Lo descubres mientras lo rozas con las yemas de los dedos. El magma que nos recorre las venas caldea la mañana, evapora el perfume que emerge de los resquicios de tu cuerpo. Y te siento. Y me sientes.

Una vez introducido el lector en la lid del sexo, hablemos de lo que nos ocupa: los libros.

Según muchos psicólogos, introducir al niño en el universo sexual es bastante sencillo: el niño es instintivo, descubre por sí solo y de manera experimental la sexualidad y su funcionamiento. No dudo de estas opiniones, pero soy algo escéptico. Cuando una sociedad (podemos tomar como ejemplo la que habita en España, formato de nación privada de libertad moral y expuesta durante siglos al yugo del pensamiento clerical) adopta una postura desleal a su condición animal, el mismo tabú se convierte en grillete del pensamiento colectivo. De ahí que el sexo, además de prohibido, sea tan morboso. Y ¿cómo una sociedad puede educar a los infantes y jóvenes en asuntos espinosos como el sexo, si vive lastrado por sus prejuicios? Hay que despabilar, amigo lector. Uno de estos ejemplos despiertos es Babette Cole, afamada autora de libros ilustrados, que con esos tonos pastel que caracteriza a sus creaciones se libera de los prejuicios en ¡Mamá ha puesto un huevo!, uno de sus mejores títulos, que aborda las relaciones sexuales bajo un prisma científico y desbordante de humor. Una recomendación: lea y practique.

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