martes, 29 de septiembre de 2015

Luces y sombras del libro informativo


Tras un fin de semana electoral que nos trae un panorama catalán parecido (otros cuatro años de aburrimiento...), una cena amenizada por niños cantando mientras sus padres lloran (creo que hay más esperanzas en las lágrimas de los adultos que en la ilusión de sus hijos... otro circo...) y mil cosas más (esta semana no doy abasto con tanto trajín), me dispongo a hablar de libros de conocimientos, un genero por el que muchos sienten verdadera pasión, pero que un servidor lo tiene algo olvidado (será que me dedico a esto de la Escuela...). Así que, aprovechando el comienzo de curso y que las neuronas andan ávidas de sabiduría, aquí les dejo una reflexión y algunos títulos...
Lo cierto es que lograr un buen libro de conocimientos es una tarea bastante difícil, sobre todo si tenemos en cuenta que la frontera que separa un libro de texto y otro literario está bastante difusa estos días en el que editoriales echan mano del grafismo, el pop-up o la ilustración (hace años bastante limitados al mundo del álbum ilustrado) para hacer más atractivos y vendibles sus productos, debido a un aumento de las dimensiones del negocio, una feroz competencia y un público más exigente a la hora de invertir su dinero (no olvidemos que cuanto mejor forma y color tenga un plato, más suculento nos parece a simple vista).


Otra de las similitudes entre el libro informativo y el manual escolar reside en el patente constructivismo que de un tiempo a esta parte llena todo el mundo infantil (¡malditas tendencias pedagógicas!). Las formas de aprender, sean estas autónomas o independientes, las formas de leer o de disfrutar, cada vez son más afines a esta tendencia y se articulan sobre sus bases (¿No nos bastaba con dejarles disfrutar? ¿Por qué todos progenitores ansían hijos la mar e sabihondos?).


Lejos de estos aparentes parecidos razonables, sigo manteniendo que un libro de conocimientos o informativo, entendido dentro de un contexto literario, debe aportar algo más que datos enciclopédicos o académicos. Debe hacer crecer el afán por aprender del lector, avivar su intelecto, ser lúdico y ofrecer un nuevo escenario en el disfrutar y conocer. Así es como el libro informativo se convierte en un producto difícil, no sólo a la hora de darle forma (debe ser muy complejo elaborar algo con tantos niveles interpretativos o de lectura), ya que es un libro que debe aunar calidad literaria, gráfica y didáctica en un sólo formato, sino también a la hora de consumirlo, ya que creo que son libros en los que el lector debe estar dirigido de alguna forma para transcribir, procesar, asimilar y sintetizar la información y desarrollar nuevas competencias, un proceder en el que los mediadores -llamémosles así- deben estar muy presentes.


Como docente doy buena cuenta de los recursos que muchos utilizamos en clase y de que están basados en meros datos anécticos o curiosidades varias (puntos en los que confluimos con muchos de los libros de conocimiento... ¡manidos recursos didácticos!), pero debemos de ser conscientes de que el diálogo entre lector y libro informativo debe pasar por la autonomía e independencia, dos de las cualidades que este tipo de relaciones requieren.
Y sin más darles la vara, me voy a poner con la pintura, el mayor de mis castigos durante los últimos días... ¡Pobres cervicales!


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