martes, 6 de mayo de 2008

Cartas y carteros


Escribir de buena mañana es una sensación bastante placentera, lo que no me explico todavía es cómo el encéfalo se encuentra despejado después de un colapso a base de vino de cartón para tener ciertas ocurrencias…
Hace tiempo que no escribo carta alguna. Creo que la última se remonta al pasado abril. Recuerdo la sensación de la tinta sobre el papel, de cómo me las ingeniaba para ahorrar sobres, de los errores manuscritos, de su sabor tangible, real, de esa emoción al recibir la correspondencia… Todo está extinto. No es de extrañar que el mundo avance, que las nuevas tecnologías suplan a las antiguas y que la pérdida del romanticismo sea otra de las muchas consecuencias de este mundo loco, fugaz.

NOTA: Fíjese, amigo lector, si mi mente está activa, que acabo de tener una idea pasmosa… Mañana, a no más tardar, mis queridos pupilos deberán escribir una carta al científico que deseen, de tal forma que, en ella, deben incluir, de manera indirecta, datos biográficos de éste y algunos de sus descubrimientos y/o investigaciones. Perfecto: otra actividad más. Lástima que estas contribuciones no se contemplen en el salario.

Hablando de misivas, me vienen a la mente unos versos de María Cristina Ramos (Papelitos), que dicen así:

El maestro quería
una carta explicar:
cómo armar su escritura,
qué pensar, qué anotar.
Pues la carta –decía-
tiene un efecto tal
que hace que los lejanos
se vuelvan a juntar.

Otro gran ejemplo de lenguaje epistolar lo encontramos en la obra de Lygia Bojunga Nunes (imprescindible), concretamente en su relato El bistec y las palomitas incluido en su recopilación de relatos Adiós (por desgracia, descatalogado, así que haga uso de sus impuestos y diríjase a una biblioteca), donde la denuncia social y la amistad se encuentran gracias a la gastronomía.
Por último, recomendar un álbum ilustrado elegante, ocurrente y divertido: El cartero simpático o unas cartas especiales de Janet y Allan Ahlberg. Además de contar con un elenco de personajes literarios sin igual, entre sus páginas se insertan sobres repletos de mensajes que aportan ideas frescas a los clásicos cuentos de hadas capaces de arrancar las sonrisas del ávido lector. Y con este título, me despido hasta la próxima, enviando un saludo al cartero de mi barrio, un ejemplo de labor bien hecha y simpatía.

2 comentarios:

Mónica dijo...

¡¡Hola Román!! tengo ese cuento en casa, lo descubrí en la biblioteca y unos años más tarde me encontró a mi en un puesto de libros de segunda mano :) un abrazo y gracias por mencionar y rescartar las cartas que vuelven a juntar a las personas.

Anónimo dijo...

Hola Roman soy uno de tus alumnos en el i.e.s Jorge Manrique de Motilla del Palancar tengo un libro tuyo y hoy me he dado cuenta un saludo.

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