lunes, 7 de mayo de 2012

Yo no conocí a Muelle...



Yo no conocí a Muelle, era muy joven. Pero sí a otros. Otros que firmaban en los muros de mediados de los 90, otros que pintaban cualquier resquicio de las tapias recién enlucidas… Por aquel entonces no había hip-hop en nuestra lengua y los aficionados se volvían locos en las tiendas de discos buscando a Kriss Kross, Def Jef, Snoop Dogg, Salt’n’Pepa o 2Pac, cantantes y grupos que muchos importaban gracias a los canales de pago, el único programa radiofónico especializado, o a través de amigos que se habían ido a hacer las Américas. Entonces, ser un b-boy, era, más que costoso, caro.
El hip-hop en castellano llego luego, con Ari, SFDK, Violadores del Verso, Frank T o Nach. Rimas variopintas que fueron calando en juventudes que, pese a la cercanía, me iban quedando lejanas. Los grafiteros perdieron la esencia, buscaron la estética y encontraron la notoriedad: nuevos estilos, nuevas huellas del arte callejero que, alejándose de la clandestinidad, no hurgaban en los sueños de una adolescencia que empezaba a cambiar. Un estilo de vida, una religión, había pasado a ser, sin más, una moda en la que Pull & Bear y Berska habían hundido su inmensa zarpa.
Queda poco ya del sonido de la bola de metal que zurría en los espráis de pintura, quedan ya pocos trazos rápidos y mágicos sobre el hormigón desnudo de los puentes… Tan sólo los vagones de mercancías tapizados por cientos de firmas que se amontonan a las entradas de las grandes ciudades, dan fe de aquellos pioneros que, como Muelle, fueron testigos de un movimiento juvenil que tomo la calle como escenario.
Es difícil creer que otra cultura urbana sea capaz de aunar disciplinas artísticas, como música y pintura, bajo un mismo concepto. Es difícil creer que los hombres del mañana aporten semejante montaña de libertad colectiva bajo el individualismo que predica un solo nombre, un solo tag… Es por ello que, hasta que otros jóvenes inventen otro modo de hacerse oír, hasta que, de una tierra abonada de descontento, broten otras flores de otros colores (más que harto me tienen los que abogan por resucitar republicanismos, jipismos, nazismos, marxismos, fascismos y pacifismos… ¡un poco de imaginación!) seguiré acunándome con esa que dice “… ¿Quién es un héroe? ¿Un auténtico, único, que cuida cada día de ti sin ningún pánico? Grande, rápido… ¿No sientes sus latidos? No busques otro Superman que el tuyo va contigo. En la calle, en el trabajo, donde quieras, hay una persona que mientras vivas estará a tu vera. ¿Qué te esperas? ¿Alguna historia peliculera? Piensa, recapacita, ¿o es que no te enteras? Tú eres tu héroe…”.

GÓMEZ SOTO, Jorge. 2010. Yo conocí a Muelle. Madrid: SM. Colección Gran Angular. 256 pp.
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