sábado, 2 de abril de 2016

Divagaciones en el Día del Libro Infantil


A pesar del fin de semana, tengo una congestión cerebral tan grande (ojalá fuera de libros...), que en este Día del Libro Infantil no puedo hacer otra cosa que divagar. Así que perdónenme si ofendo o escribo con poco tino...
¿Será esto de la LIJ una moda pasajera? Ya no sé qué pensar a tenor de los muchos apasionados por el álbum ilustrado que, como el Guadiana, aparecen y desaparecen. Ya no sé si las setas LIJeras dependen más del programa electoral de turno (¿Quién dijo lectura? ¿La solución a nuestros males?... Que no, tontorrón, lo que hay que gobernarse es una paguica y a vivir...) o de las lluvias de marzo. El caso es entretenernos: cada tonto con su tema y el borracho con la bota de vino.


Hasta el fandango me hallo con ese discursito en defensa del libro infantil que calla más que habla (puro negocio y barbarie literaria). Los primeros, algunos editores... Me tiro el pisto aquí, me dejo ver allí, palmaditas en la espalda, sonrisa falsa... Todo se resume en ese que dice “A la LIJ (¿o era a Dios?) rezando y con las subvenciones trincando”... ¿Esto que es? ¡Pues una pitanza! El dinero y la letra impresa se unen de la mano. Y maneja que te maneja, al poder me voy afiliando. A más de uno le quitaba yo la tontería con cuatro inspecciones rutinarias... Después van los políticos, esos señores... Ministerios, bibliotecas, planes (¿o eran panes?) de lectura y otros desmanes, poco hacen por la alfabetización de un país, este, en el que todo se sintetiza en comparar a un jeta con Miguel Hernández (¡Qué pena más grande! El pobre, para lo que ha quedado).


¿Y de los derechos de autor? ¿Habla alguien? Mucho mamoneo a diario, pero ni los poderosos ni los editores dan su brazo a torcer en este negocio en pro de las ideas. Seguramente, si se pagara más y mejor saldríamos todos ganando, no sólo porque no todo valdría en este cotarro (uno tiene que ver cada cosa impresaaaa), sino porque se premie a los más damnificados y se estrujen los huevos de otros. No me extraña que cada vez los editores reciban menos manuscritos válidos, porque a este paso escriben los mancos.
Algo que me sigue chocando es ver como siempre son los mismos ilustradores quienes reciben los encargos más suculentos... ¿Acaso no hay jóvenes promesas, nuevos valores? ¿O es que sólo ilustran las momias y los premios nacionales? Un poquito de solidaridad con los que llegan, que también tienen derecho (mientras no se les suba el pavo). Por no hablar de los escritores de altura literaria que se creen con pleno derecho a escribir para niños y pequeños (como si lo hicieran con la punta... del lápiz). ¡Ea!, pero hay que callarse que luego te tachan de envidioso e indignado.


Interlocutor 1: Oye tú, que estamos aquí debatiendo... ¿Por qué los premios siempre recaen en los mismos? Interlocutor 2: Tío, prefiero darle de comer a este antes que a ese. Interlocutor 1: Joder, con lo bien que lo hace el segundo... Interlocutor 2: Es que el primero me hizo ganar una pasta con su primer libro y tiene un renombre. Interlocutor 1: Te entiendo... Te entiendo... Interlocutor 2: ¡Eso sí! Corruptelas, las justas, ¡que yo soy muy honrado!
Cada vez que veo la presentación de un libro-álbum, dos lagrimones me corren por las mejillas. Y disculpen si no es emoción contenida, pero constato que seguimos siendo pocos y discretitos. Una lástima que no se formen colas kilométricas en las librerías chiquiticas para oír las rimas de los vocablos ilustrados. Pero, ¡cuidado! Es preferible que cada uno vaya por su lado, no sea que alguno nos mangue la primicia y nos saquen más los cuartos... Déjense de historias: seguiremos siendo los mismos a pesar de los esfuerzos malogrados: esto es como la homosexualidad, mucha visibilidad, pero tiemblo si me toca. Y seguiremos siendo animales de bellota.


Me descojono (menos mal que hay algo de risa) viendo como los miembros de esta gran familia de la literatura infantil (No sé porqué encuentro más de una similitud con la mía..., puñaladas aparte) se profieren todo tipo de lametones y enjundias, mientras no haya premios, publicaciones, royaltis y reconocimientos por delante. Pero bueno, no se me entristezcan, el próximo 2 de abril, los mismos besos, los mismos abrazos. Esto es así, manque perdamos.

Las ilustraciones de esta entrada proceden de Ñac-Ñac, el monstruo comelibros de Emma Yarlett (Cubilete – Bruño) y ¡Se busca! Lili la liebre, ladrona de libros de Emily MacKenzie (Combel).

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