martes, 25 de agosto de 2009

El capote



“EL CAPOTE” de Nikolái Gógol. Ilustraciones de Noemí Villamuza. Nórdica Libros: noviembre de 2008.

Un pequeño tesoro se hace grande cuando quien lo toca y lo retiene posee un alma humilde. Akaki, en este relato, es esa alma humilde cuya paupérrima vida da un giro por el simple hecho de verse obligado a encargar un capote nuevo, que ha de sustituir a su ‘casi transparente’ capote viejo.
En su insignificancia y pobreza, la simple perspectiva de poseer algo nuevo y bello hace sentir a nuestro protagonista como un hombre animado, decidido y acompañado. A pesar de que su ansiado tesoro vaya a ser de tela común, y vaya a ser adornado con piel de gato y no de marta; el capote es para nuestro antihéroe del ‘material del que están hechos los sueños’.
Para llegar a alcanzarlo, Akaki desarrolla toda una pequeña estrategia, busca mil veces alternativas, y ahorra de las formas más peregrinas: incluso saltando por las baldosas para no gastar las suelas de sus zapatos.
Gógol relata esta pequeña historia con tanta ironía: que nos arranca una sonrisa; con tanto descaro: que dejamos que conduzca la historia hacia donde desee; con tanta libertad: que no nos extraña que deliberadamente sea impreciso en sus descripciones, e incluso crítico con otros escritores que creen en la omnisciencia del narrador.
Y aunque Gógol es irónico, fresco y libre; su mensaje es desgarrador: ‘Cuánta inhumanidad hay en el hombre, cuánta grosera ferocidad se ocultan en los modelos más refinados e irreprochables …”; y nuestro héroe no tiene otro destino que el de ser vapuleado primero por sus congéneres, y después por un ‘personaje importante’ que le sume aún más en la desgracia, sólo vengada gracias al libre albedrío de su creador.
Noemí Villamuza subraya con sus ilustraciones la pequeñez física de Akaki y su carácter apocado. Así como la veneración de nuestro héroe por el único objetivo de su vida antes de encargar su capote: copiar con buena letra aquello que escriben otros. Noemí nos permite también admirar la arquitectura sanpetersburguesa, rica y refinada, cuya cúspide sólo llega a alcanzar, efímeramente, Akaki portando su capote nuevo.
Y nuestro pequeño tesoro será abrir este libro, y dejad que acaricie nuestro intelecto, nuestros ojos y nuestros dedos. Sin siquiera la ambición de poseerlo, sino de disfrutar del material del que están hechos los sueños.
Autora de la reseña: Miriam Abad Peña. Madrid (España).

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