lunes, 1 de febrero de 2016

De personas impetuosas


Pecar de impetuosos, algo que en muchas ocasiones nos granjea enemistades con los que nos rodean, no es algo negativo si se le sabe coger las riendas, algo bastante difícil cuando somos jovenzuelos desbocados, pero bastante común cuando los años son quienes nos dominan a nosotros, porque al final, todos acabamos controlando a esa fierecilla que habitaba antaño en nuestro interior, lo que no quita para que, cuando nos toquen los testículos/ovarios, lo hagan a manos llenas... Así pasa, que abrimos las fauces y somos capaz de zamparnos a cualquiera.
Cuando vivimos en la edad del pavo no escatimamos ni en ímpetu, ni en intensidad, pero conforme se van dejando atrás los quince años y a uno le llueven primaveras, el morro pasa a enderezarse y se tuerce con menos frecuencia, no sea que se lo partan sin aviso previo y tenga que acudir a urgencias (hay que darse cuenta de que, sobrepasada cierta edad, es preferible concienciarse de nuestras limitaciones -físicas o intelectuales- y no dejarnos llevar por nuestro mal carácter... que luego nos dan una paliza y nos quedamos medio tontos en un catre).


No obstante, he de aclarar que esta cosa llamada arrojo no es en exclusiva un mal de juventud. Vamos que también hay gente con poco temple, véanse padres, parejas y maestros (N.B.: Cuando quieran, están invitados a entrar en una de mis aulas y ver con sus propios ojos cuan subversiva es la adolescencia, una que, además de natural, es una sobrecarga añadida. ¡Ea! Los alumnos son especialistas en tocar la mandanga y, si les replicas, seguir tocándotela hasta niveles exasperantes...). Pero bueno, no desesperen..., como bien dice el refranero, Así que, respiren, cuenten hasta diez, echen mano del dulce vocabulario (o de la paciencia, que también puede ser...) y verán como las aguas vuelven a su cauce.


Es por eso que, para todos aquellos que se desbocan ante la hermana gritona, la suegra insufrible, los hijos revoltosos, el jefe cabronazo, el marido huevón, la novia tardona o la parva de gilipollas que nos rodean física y virtualmente, les recomiendo un álbum ilustrado bastante tranquilo titulado El caballero impetuoso, la simpática obra de Giles Bachellet (editada por Juventud) nos narra la historia de un caballero que, aunque coge con mucho brío la espada y la armadura para enfrentarse a su opositor, se ve envuelto en toda suerte de avatares que cambian el rumbo de su odisea... ¡Ufff! ¡Qué alivio!
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