lunes, 12 de diciembre de 2016

¿Niñas o niños?


No crean que son pocas las madres recién estrenadas que logran perforarme los tímpanos diciendo sandeces como “Yo hubiera preferido una niña... Dan mucho más juego a la hora de vestirlas...” Razones tan abyectas me llevan a pensar que el nivel de decadencia cerebral ha rozado cotas nunca vistas, todavía más si el comentario procede de una mujer instruida... Luego se quejan del machismo y las feminazis...
Aunque algunos se dejen el caballo en la puerta (anacronías visuales) y prefieran jugar a las muñecas en vez de críar a sus hijos (¡Qué pena más grande y qué pequeña ha sido la crisis!), aquí está un servidor para recordar la austeridad que rodeaba a las familias hace no mucho tiempo... Corrían los años setenta y ochenta, y las madres todavía se pasaban las horas en la pila, dándole con jabón de sosa a los pañales de tela, bastantes progenitores no tenían un duro y se apañaban como buenamente podían. Nos vestían con lo que pillaban (toda una suerte de prendas de vestir habían ido pasando de primo a primo hasta deshacerse en mil pedazos) y no tenían muy en cuenta las diferencias de género.


Así pasaba, que mi hermana y muchas chicas de su edad, en vez de lucir como princesitas (me producen cierta grima esas nenas merengueras y dulzarras, a rebosar de tul rosa a modo de pimpollos de la corte borbónica), se las componían con pantalón de pana, peto, chándal y jersey heredados de sus antecesores. Si a ello le añadimos que no usaba pendientes (¡La de guerra que dio hasta que se los hizo!) y que mi padre, en su alarde de autosuficiencia y ahorro extremo, le cortaba el pelo al tazón, se pasaba el día desmintiendo su condición de nene para abanderarse como mujer y acallar así las críticas de tántos abuelos que se entrometían ante tan poca feminidad.


Cuando leí ¡Soy una niña!, un álbum de Yasmeen Ismail publicado en castellano por Corimbo, no pude evitar recordar este episodio de mi niñez. El libro está protagonizado por una chica la mar de alegre y pizpireta que, como hacia en su día mi hermanica, se harta de repetir hasta la saciedad que ella no es un niño. Unas ilustraciones coloristas y cargadas de dinamismo, y la insistencia a modo de retahíla son los dos recursos estilísticos elegidos por la autora para conectar con el lector desde una faceta humorística y construir un discurso exento de sentimentalismos. ¡Ya basta de tanto amaneramiento! 


3 comentarios:

miriabad dijo...

Cómo me gusta este tema. Lo mejor es que hay mujeres en pantalón y en vestido. Pintada o a cara lavada... De azul, de rojo, de rosa o de lo que sea. Y todas nos sentimos mujeres.
Lo que pasa es que algunas salen más en los medios que otras. Algunas ni salen.
Muy linda está muchachilla azul.

Rocío dijo...

Gracias, me encanta la reseña y seguro que me gustará el libro.

Román Belmonte dijo...

Aunque hay libros sobre el mismo argumento con planteamientos más elaborados y abiertos, es un libro la mar de alegre y vitalista, que al fin y al cabo, es lo que más me gusta de él.¡Gracias por los comentarios a las dos y un abrazo!

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