lunes, 16 de junio de 2014

Y termina la primavera...


Esperando que el equipo español florezca durante la noche del miércoles con un buen ramo de goles (aunque visto lo visto, lo más posible es que venga el coche escoba a recoger nuestros pedazos…), nos vamos despidiendo de una primavera tardía y extraña, no sólo por la climatología y otras desavenencias con los turistas centroeuropeos, sino también por los políticos advenedizos, los reyes inmunes, los príncipes que dentro de poco serán reyes, una Merkel cada vez más ufana, las crisis de partido, el simpaticón de Obama, las omnipresentes y protagonistas Rusia, Irán, Irak y Siria, el banco europeo y sus tipos de interés,  e, incluso, por la hija de la Pantoja y su dieta de la alcachofa.
Hasta en mi vida se ha instalado la agitación primaveral, una que mueve y amasa a su antojo fechas y agendas, provee de viajes relámpago y pone muchos trastos por en medio… Tendré que poner orden a esta vida tan revuelta y comenzar a ordenar los trozos del presente y el pasado, de tal manera que puedan germinar nuevos y fuertes retoños que fructifiquen, si no en breve, dentro de un pausado tiempo.


Espero que la revolución cerebral –y hormonal- que han traído consigo marzo, abril, mayo y parte de junio, esa misma que huele a campos floridos marchitos y tiene un cierto regusto a crisis tormentosa, se estabilice durante el estío, uno que se promete caluroso y tranquilo como las aguas de una bahía, algo que siempre es de agradecer para el sosiego de curritos y sempiternos trabajadores.


Aunque un poco tarde, la editorial Océano, nos trae uno de los libros que sorprendieron el año pasado a los estadounidenses (los amos del cotarro) y que lleva por título Y de pronto es primavera, de Julie Fogliano y Erin E. Stead (el ganador de la medalla Caldecott por su fantástico Un día diferente para el señor Amos), un álbum imprescindible que no sólo nos aproxima a la sorpredente llegada de la primavera, sino que constituye un verdadero cuaderno de campo para que los más pequeños descubran los entresijos que la madre naturaleza guarda en sus entrañas y que ayudan a trocar el marrón de la tierra en un verde lleno de esperanza.



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