lunes, 23 de enero de 2012

Grandes figuras de la ilustración de LIJ (IX): Iván Bilibin













Iván Yàkovlevich Bilibin, más conocido como Iván Bilibin, nació el 4 de agosto de 1876 en Tarjovka, un suburbio de San Petersburgo (Rusia). De su infancia poco he podido encontrar, de la juventud, algo… Bilibin asiste a la Escuela de la Sociedad de Estímulo de las Artes en 1895, al mismo tiempo que inicia sus estudios de Derecho en la Universidad de San Petersburgo.
En marzo de 1899 la revista Mir Iskusstva (Mundo del Arte) le encarga unos dibujos que darán inicio a su carrera como ilustrador de libros. Unos meses después, en el mismo año, Bilibin asiste en Moscú a una exposición de Victor Vasnetsov (exponente de la pintura romántica de inspiración nacional) cuyas obras incluían escenas folklóricas, como Bogatires, y, profundamente impresionado, Bilibin se siente inspirado para dibujar sobre las costumbres y la imaginería de la vieja Rusia. Tras contemplar las acuarelas de esta época, el Departamento Ruso de Documentos de Estado le pide una serie de ilustraciones para una edición de cuentos rusos.
En 1900 se graduó en Derecho obedeciendo al mandato paterno, sin embargo nunca ejerció dicha profesión (curiosa similitud con Edmund Dulac…).
Bilibin también recibía clases en el taller dirigido por el pintor y escultor realista Iliá Repin, donde presentó diez ilustraciones de cuentos folklóricos: El cuento del zarevich Iván, El pájaro de fuego y el lobo gris, La zarevna rana, El pequeño pato blanco, Vassilisa la bella y La pluma de Finist, el halcón resplandeciente.
Entre 1902 y 1904 el artista viajó por el norte de Rusia, donde quedó impresionado por la arquitectura antigua y el folklore ruso. Fruto de ese viaje es su escrito Artes folclóricas del norte de Rusia (1904).
Otra influencia importante en su arte fueron las impresiones tradicionales japonesas, conocidas como ukiyo-e, una evidencia que queda plasmada en una de las ilustraciones de El Romance del Zar Saltán, de su hijo el príncipe Guidón Saltánovich, famoso y poderoso paladín, y de la bellísima zarievna Cisne de Alexandr Pushkin, que recuerda a La gran ola de Hirosige.
Entre los años 1905 y 1906, Bilibin publicó dibujos en revistas satíricas. Uno de ellos le valió un apercibimiento administrativo. Se titulaba El asno Equus asinus al 1/20 del natural y aludía claramente al zar Nicolás II.
Bilibin es considerado uno de los fundadores del arte gráfico ruso, pero su obra no se limitó a la ilustración. En 1904 por encargo del Teatro Nacional de Praga realizó los decorados y el vestuario de la ópera Snegúrochka, de Rimski-Kórsakov, dedicándose desde entonces al arte escenográfico en óperas como Ruslan y Ludmila (1913) o Sadko (1913-1914).
El artista deja Rusia en 1920 y se instala en Egipto hasta 1925, donde abre un estudio, realizando acuarelas y paneles murales en El Cairo -Borís y Gleb en un barco (1921)- o los frescos y un iconostasio para la iglesia ortodoxa siria de Alejandría. Asiste en París a la apertura de la Exposición Universal, donde regresará más tarde (1927) para una exposición de artistas rusos. Durante 1926 y 1927 realiza también unos frescos y otro iconostasio para la iglesia rusa del cementerio de Praga.
Retomará su labor como ilustrador de cuentos rusos y orientales para un editor francés en 1931 al mismo tiempo que realiza trabajos murales como El bogatir Míkula Selianínovich del consulado soviético en París (1935). En 1936 regresa a Rusia, donde impartirá clases y conferencias en la Academia Soviética de las Artes hasta 1941, y se embarcará en numerosos proyectos como El Cuento de la Ciudad de Kiev y los Bogatires Rusos.
La Segunda Guerra Mundial le sorprende mientras trabaja en Leningrado en la ilustración de bilinas, y en los decorados y el vestuario para una película cuya realización se vio interrumpida por la guerra: El herrero Coloso. Tras el asedio que desde 1941 a 1944, sufre la ciudad por las tropas de Hitler, centenares de miles de personas mueren, y entre ellos, Iván Bilibin. El 7 de febrero de 1942 los Cuentos Populares Rusos recopilados por Afanasiev se quedaron huérfanos.
Sobre el trabajo de Bilibin, yo destacaría lo siguiente:
El preciosismo y la calidad geométrica del ornato que acompaña a cada una de sus ilustraciones, no sólo es propia de la corriente modernista, el art-noveau, en general y de este autor en particular, sino de toda una generación posterior de ilustradores soviéticos (ver por curiosidad el trabajo de Guennadi Pavlishin en los Cuentos del río Amur de Naguishkin). Estas orlas, son casi un marco que delimita la realidad dentro de la ficción de un modo diametralmente opuesto a la imagen televisiva.
Sobre la temática, destacar los elementos naturales. Bosques, lagos, caminos, cumbres montañosas, paisajes nevados son los escenarios elegidos para ubicar la acción, cosa que ocurre en muchos ilustradores eslavos, véase Bauer.
La composición teatral de las escenas dota a los personajes del movimiento que en un principio no cabría esperar por las líneas marcadas del dibujo. Si a ello añadimos el realismo de las formas, bien definidas, fieles y graves, tenemos imágenes impactantes, introduciendo al espectador en la narración y haciéndolo partícipe de la lectura.
Por último hablemos del color… Bilibin no sólo sabe dónde colocar los elementos que definen la imagen para causar impacto, sino que sabe darles el color apropiado. Lo que en un principio puede parecer una gama cromática homogénea y fiel a la realidad, resulta ser un contraste entre luz y oscuridad que, a modo de signos de puntuación, resaltan lo importante de la ilustración, sus focos de atención.

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