martes, 15 de octubre de 2013

Semana de la LIJ Alemana (II): Autores... Escritores...

Como en cualquier familia, la LIJ alemana, mantiene un nexo común con la del resto de países de la vieja Europa, a la vez que posee una serie de rasgos que la caracterizan y se basan en ciertos aspectos que esbocé ayer.


El punto de inicio de este tipo de literatura es, inevitablemente, la tradición oral que en este caso mucho se ve moldeada por las leyendas nórdicas y una cierta influencia de una Centroeuropa medieval. No es hasta el trabajo recopilatorio de Wilhem y Jakob Grimm que la literatura para niños da un paso de gigante en la cultura germana, dueña y señora de un territorio más vasto que hoy día, empezando a mirar hacia el mediterráneo dadas sus relaciones con Italia y España. Es sobre esa tradición cuentera de corte fantástico y moral sobre la que se cimentan las bases de una narrativa para niños que, complementada por la cercanía del danés Andersen, se mantiene estática hasta el siglo XX en el que sufre una revolución marcada por dos grandes eventos: las Guerras Mundiales y la división de las dos Alemanias.


Es por todos sabido el gran impacto que supone en la cultura occidental el triunfo de Adolf Hitler en las elecciones de 1933, así como en todos los eventos posteriores que se suceden en la Segunda Guerra Mundial y que sirven de base para los relatos de Judith Kerr o todos los autores polacos adoptados por el mundo editorial germano, víctimas del holocausto judío que sirven a la memoria literaria y colectiva de estas masacres.



Así, una Alemania derruida, odiada y dividida, debe reconstruir una nueva forma de pensar, algo a lo que contribuyen las nuevas corrientes que, entre socialismo y liberalismo, ven germinar autores que, como Eric Kästner o Paul Maar, dan a luz personajes como Emil o Sams, que suponen una revolución en el campo de los libros para niños alemanes (y que bebe de la sueca Pippi Langstrumpf de Astrid Lindgren). Así emergen historias libertarias y rebeldes que encandilan al pequeño público. Así mismo, Ursula Wölfel, Gudrun Pausewang y Michael Ende, empiezan a abonar el terreno para hablar de una verdadera LIJ en alemán fantástica y surreal que llena las librerías durante los años setenta y ochenta.
Si a ello unimos las grandes corrientes migratorias que, desde ex territorios coloniales y los países mediterráneos, sobre todo los limítrofes con Oriente Próximo, repueblan la Alemania de las oportunidades de postguerra, estas historias infantiles se llenan de exotismo y problemas sociales derivados de una multiculturalidad (“Migrantenliteratur”) que bulle en las grandes ciudades a ambas orillas del Rhin. Es así como el africano Hermann Schulz, el turco Rafik Schami o la finesa Marjaleena Lembcke abanderan este tipo de literatura social.




Durante la década de los noventa y principios del siglo XXI, el álbum ilustrado hace su aparición de la mano de nuevos autores como Heinz Janisch, Axel Schleffer, Werner Holzwarth o el holandés Martin Baltscheit que, abandonando una imagen acomplejada y conciliadora, se sirven del humor (más propio del Benelux), para captar nuevos y libres lectores que, con Cornelia Funke, Andreas Steinhöfel, Jürg Schubiger o Daniel Napp, aúpan la nueva literatura infantil alemana, más laxa y divertida.

B.S.O.: Annett Louisan. (2007). Kleine Zwischenfälle.

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