domingo, 21 de septiembre de 2008

Si Nicolás visitase el instituto...


Antes de dedicarme a la educación de nuestros adolescentes, tuve la gratificante oportunidad de trabajar con niños de edades comprendidas entre los tres y once años durante unos pocos meses, cosa que, aunque les parezca incomprensible, me ha ayudado con mi labor a posteriori, ya que, conociendo el origen y primeros comienzos en la educación actual, te percatas de las causas de muchas de las consecuencias finales de la misma.
Por lo general, el gremio de los docentes se encuentra escindido en dos grupos. De un lado tenemos a los maestros de la Educación Primaria y por otro, a los que se dedican a la etapa de Secundaria. También es cierto que tanto los unos como los otros, se achacan mutuamente los problemas del sistema educativo, lo que, a veces, roza el coñazo. Y desde aquí, mi misiva de viva voz: conozcan ambos mundos, que la escuela vaya a los institutos, y los centros de secundaria visiten los patios de los colegios, mézclense, sean conscientes de las dos facetas de la misma realidad, ya que, además de ser útil a la hora de desempeñar el trabajo, es necesario para comprender el libro que tengo entre mis manos en este momento, El pequeño Nicolás, de Jean Jacques Sempé y René Goscinny, una de las obras cumbre de la LIJ.
Nicolás es un niño cualquiera, con una vida cualquiera, con sus cosas buenas, sus cosas malas, su inocencia, con ganas de vivir y divertirse. Le gusta el futbol, lleva malas notas a casa, se pasa el día riñendo con sus amigos y compañeros, y tiene unos padres estupendos. Eso sí, ¡ya quisieran muchos profesores tener el humor de Nicolás!
P.S.: Decidido, comenzaré con la lectura en voz alta en clase de este libro el próximo día… Espero que les guste… je, je, je.
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