lunes, 27 de abril de 2015

Gente diferente


Muchos me tachan de excéntrico y todavía no entiendo el porqué. Soy una persona bastante normal, con una vestimenta bastante normal, con un coche normalito, con un hogar de lo más normal, una familia muy normal, una profesión que la mayor parte de las veces es normal y unos amigos que suelen ser normales (o eso creo yo...). Creo que, de entre lo poco anormal que hay en mi vida, podría citar esta afición mía por los libros para niños que, si extrapolamos a todos ustedes, concluiremos con que ninguno de nosotros es normal (¡Qué paradojas!).


Seguramente, esos que me definen y apelan a mi poca normalidad, se habrán basado en otras características menos evidentes y más fiables (¿Cuáles serán? ¡Tengo curiosidad!). A la espera de que alguno de ellos se pase por los comentarios y agudice el ingenio para sacarme de esta debacle que hoy me agita, he aquí las posibles razones… He pensado que quizá se deba a esa sutil ironía que utilizo a diario, que quizá sólo sea cuestión de mi impertinencia, quizá sea esa mezcla de amor y odio que suscito ante lectores y oyentes, quizá sea mi punto picantón y dicharachero, o quizá sea que todo lo anterior me da igual y que siempre he sido/hecho lo que me ha salido del pijo (la verdadera guía espiritual de un albaceteño de pro como el que soy).


Es curioso constatar que algunos toman esto de ser un bicho raro como insulto al honor, mientras otros necesitan destacar entre la muchedumbre a toda costa (esos siempre son los menos especiales y no puede verlos ni La Tana), pero los últimos lo digerimos con un respiro, reflexionamos sobre la vida y decidimos estar tranquilos con nosotros mismos, algo que nos hace ser atípicos a pesar de vacíos envidiosos, tristes aduladores, enteraos de poca monta, maquiavélicos caprichosos, extraperlistas emocionales y garrapatos energéticos que intentan robarnos alegría y bondad (condiciones “sine quibus non” para captar la atención del graderío) con la triste obscenidad del día a día.


Y sin haberlo pensado mucho, he llegado a la conclusión de que esa excentricidad que a algunos se nos presupone, no es más que tener una personalidad que sepa adaptarse a la vulgaridad del mundo sin renunciar a nuestras propias particularidades que, a fin de cuentas, son las que nos hacen extravagantes y únicos. La misma lectura que hace Fermín Solís (un autor de cómic que se ha internado en esto del álbum ilustrado) en Mi tío Harjir, un álbum ilustrado editado por Narval que, con sencillez y un toque de humor, nos traslada el exotismo de las personas diferentes, especiales y, sobre todo, auténticas.


2 comentarios:

C de cuentos dijo...

Mañana mismo voy a buscar ese libro; siempre me han tachado de excéntrica y otras cosas que prefiero ni mencionar...La guinda musical me encanta también, monstruo.

Román Belmonte dijo...

¿Lo encontraste? ¿Te gustó? Espero que también hayas bailado al ritmo de ese son. ¡Un saludo!

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