miércoles, 24 de junio de 2015

¡Una gran fiesta de cumpleaños!



Hoy es mi cumpleaños (sí, sí, el real, que ya saben que el virtual cae en febrero) y no he encontrado mejor forma de celebrarlo que con una fiesta en condiciones. Aunque ya se sabe del trabajo y los daños colaterales que acarrean las juergas (mucha gente, mucha comida, mucha bebida y mucho más), a veces merece la pena arriesgarse, dar un paso al frente y organizarlas para gritar a posteriori aquello de “¡Y que nos quiten lo bailao!”. No me negaran que el despiporre y la jarana son bastante necesarios (¡Que se nos va la vida!) y que hasta las almas más límpidas y puras gustan de un guateque en toda regla que desentumezca las articulaciones y aligere el peso de la vida. Algo que deberían preguntarle a Bumble-Ardy -nombre inglés- o Chancho-Pancho -en castellano- (N.B.: los utilizaré indistintamente a lo largo del post ya que me quedo con el apelativo original… Lo he dicho finamente porque luego los de Kalandraka se enfadan y juegan a los dardos con mi cara), el alter ego porcino del increíble, inigualable e inimitable Maurice Sendak.



Tardó Sendak unos treinta años en planificar la fiesta de este gorrino (desde 1981, año en el que se publicó Outside over there o Al otro lado –pueden consultar mi reseña de este libro AQUÍ- no había publicado un álbum ilustrado hecho enteramente por él), pero la cosa le salió redonda porque, a caballo de lo subversivo, lo cotidiano, lo surrealista, lo banal y lo sencillo, logra una hermosa fábula llena de cariño familiar…
Chancho-Pancho nos cuenta la historia de un cerdo que es adoptado por su tía tras la muerte de sus padres. La tía Asunción, aunque hace alarde de malas pulgas, se preocupa por su pequeño y le regala un disfraz de vaquero, a lo que Bumble-Ardy responderá (sin el consentimiento de la tutora legal) con una ¿orgía? de disfraces donde acudirá lo más florido y hermoso de la porqueriza, para terminar con el enfado monumental de la pobre y confiada Asunción. Es de esta manera y a base de rima (mi enhorabuena para el traductor, ya que los versos originales guardan palabras múltiples, enrevesadas, encriptadas, llenas…), como el autor explora las relaciones entre niños y adultos, estudia cómo los primeros desafían a los segundos, cómo su independencia les supone problemas y cómo consiguen reconocer en último término a aquellos que los quieren y protegen.


Dejando a un lado el argumento, nos podemos adentrar en las ilustraciones… De estilo más ligero y desenfadado que la plumilla de Dídola Pídola Pon o el color definido de Donde viven los monstruos, las imágenes de Chancho-Pancho dan buena cuenta de la evolución artística de Sendak, que retoma la paleta apastelada de la acuarela y cierta línea gris y temblorosa (¿Tendrá que ver con los ochenta y tres años que contaba el artista cuando les dio vida?). Asimismo, Sendak vuelve a utilizar otro de sus clásicos recursos: prescindir del margen en torno a la imagen para dar un significado distinto a la parte más irreal del relato (páginas centrales que se refieren a la celebración) y otorgarle cierto protagonismo idílico.


Por último, en esta reseña tan clásica (de todo tiene que haber…), me gustaría enumerar el sinfín de hermosos guiños personales que el autor incluyó en este, su último gran libro… A saber:
-El personaje de Bumble-Ardy y su extraña fiesta aparecen por vez primera en un pequeño cortometraje de animación incluido en la edición americana de Barrio Sésamo, el popular programa infantil de televisión. Es Jim Henson, buen amigo de Sendak y director del programa, quien presta su voz para el personaje (humano en primera instancia).


-Sendak decidió darle forma a este libro-álbum durante la muerte de su pareja y compañero sentimental durante más de cincuenta años, Eugene Glynn, en el año 2007. “[…] Alguien muy importante para mí estaba muriendo dolorosamente, horriblemente, lentamente, y eso es algo que te obliga a cuestionártelo todo."


- Es también curioso que Sendak hiciese coincidir la fecha de su propio aniversario con la del cumpleaños del personaje, el 10 de junio, algo que nos hace presuponer la identificación del autor con su personaje, algo frecuente en su obra y la de otros muchos ilustradores.
-Sendak se decantó por los cerdos como protagonistas en esta historia porque los encontraba, según sus propias palabras, “bastante inteligentes”, y porque “le gustan más que los pequeños humanos” (¿Será esta la razón por la que disfraza de hombres a casi todos los participantes en la bacanal excepto a Bumble-Ardy?).


-El artista, gran aficionado a la música clásica, se apartó de Mozart, su gran héroe, para escuchar la obra de Verdi y Schubert durante el proceso creativo de este libro.
Y sin más que contarles por hoy (he de preparar la tarta y alguna que otra vianda) les dejo con el genio y su obra más reciente, una que, según él, vino de un lugar muy profundo.

3 comentarios:

miriabad dijo...

¡Felicidades, Román!
Gracias por el post.
Sendak siempre tan sugerente

miriabad dijo...

¡Felicidades, Román!
Gracias por el post.
Sendak siempre tan sugerente

Román Belmonte dijo...

¡Mil gracias, señora seguidora!

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