jueves, 16 de abril de 2009

Enciclopedia de la fantasía



Nuestra misma historia se alimenta de ese halo mágico que recubre todo bosque, todo paisaje, cualquier campo bajo una noche de verano… La naturaleza tiene algo misterioso, sublime, que se escapa a la razón y nos pervierte de una forma embriagadora, algo que trasciende a lo comprensible y se pierde por los recovecos de nuestra existencia humana.
Cualquier persona que se deje abandonar entre los juncos de un apartado arroyo, puede experimentar esa sensación de arrullo mientras se hace diminuto entre los brazos de una peculiar nana… Esa extrañeza que todavía me sigue recorriendo cuando duermo entre grillos y chicharras es una prueba más de lo minúsculos que somos ante el mismo universo…
Siempre he creído que los hombres tuvieron que acompañarse de historias y cuentos, de todo lo fantástico, para sobrevivir a ese abrazo implacable que nos recuerda nuestra fragilidad… Unicornios y cíclopes, elfos, yetis o gremlins, leprechauns, trolls, dragones, banshees, países desconocidos, cielos e infiernos, goblins, gnomos y centauros, gorgonas o minotauros nos han ayudado a una existencia llena de miedos, deseos e ilusiones. 
La fantasía, esa extensión de la imaginación (N.B.: No son sinónimas mientras la fantasía sólo viva en la mente del hombre, sea intangible y ficticia. En el momento que se hace real, deja de ser fantasía. ¡Que se lo digan a Verne...!), esa que hace referencia a lo inverosímil, a lo que no ha existido o a lo que ya no está, eso por lo que todos los humanos nos dejamos llevar en algún momento, nos ayuda a convivir, no sólo con los retos que nos sorprendió el ayer, sino también a los que nos propone el hoy. 


Hablando de fantasía con la mirada perdida, mis ojos se han posado en la estantería... Enciclopedia de las cosas que nunca existieron de Michael Page y Robert Ingpen. Y si nunca existieron, ¿porqué dedicarles una enciclopedia? ¿No sería esto otorgarles un espacio donde crecer, donde tomar forma? Qué paradoja. Un libro, un objeto, un montón de páginas sobre cientos de cosas que jamás hemos visto ni tocado. Será esa la magia de los libros... 
Cojo este libro enorme editado por Anaya unos cuantos años atrás (creo que la edición más actual es del 2000, pero no sé si anda descatalogado) y empiezo a pasar otra vez las páginas. De repente noto como mi cuerpo mengua, los dedos pasan a ser más rechonchos, y ya no hay rastro de vello. La butaca ha crecido bastante y mi salón parece otro. Se ha llenado de otra luz, como la que brillaba en la casa de mis padres hace bastantes años, cuando utilizaba las ilustraciones de este libro para practicar el dibujo.
Este es un libro que habré leído cientos de veces, incluso hoy, suelo recurrir a él, no sólo porque sea un apasionado de la obra sino porque, cada vez que lo abro, aprendo algo nuevo que hace volar mis sueños hasta otro punto en el que no había tanta rutina, tantas facturas que pagar, ni tanto guasap.


Es curioso constatar como Michael Page, a pesar de bautizar este diccionario temático con un título tan categórico (Parece decir: “¡Señoras, señores, nada de lo que lean aquí ha habitado nunca nuestro mundo, ninguna de estas cosas es real!”), hace un ejercicio de estilo tratando cada uno de los temas, personajes o lugares incluidos en este libro desde una perspectiva cercana, da por hecho que han existido, existen y existirán, pone en tela de juicio su calidad ficcional y reaviva esa dualidad de lo creíble-increíble en el lector desde un punto de vista de inmersión fantástica (como mucho de lo literario).
Esto casa a la perfección con el estilo figurativo realista de Robert Ingpen, Premio Hans Christian Andersen en 1986 (N.B.: Siento pasión por este la obra de este autor. Seré de esos niños que, como dice Innocenti en El cuento de mi vida se inclinan más por los detalles, la perspectiva, las amplias gamas de color), ya que añade más certidumbre si cabe a este juego sobre lo que es y no es, la percepción del lector se sumerge en la necesidad de los consciente, como si fuera un acto de fe, casi religioso.


Cosas del cosmos... Cosas del suelo y del subsuelo... Cosas de la noche... Cosas del país de las maravillas... Cosas del agua, el cielo y el aire... Cosas de magia, ciencia e invención... La obra está estructurada en seis grandes apartados en los que se pueden descubrir infinidad de sitios, leyendas, anécdotas, que proceden de la mitología, de la tradición oral y, sobre todo, de la Literatura. Brujas, enanos, dioses romanos, aves de las culturas precolombinas, seres de las tradiciones asiáticas, deidades de los aborígenes australianos, personajes de los cuentos celtas, atlantes, islas del tesoro... Toda una suerte de creaciones que los hombres han inventado para aprender, enseñar o explicar el mundo a otros. 


Aunque se le clasifica como un libro informativo de corte infantil (los adultos siempre empeñados en clasificar lo inclasificable), siento la necesidad de recomendárselo a cualquiera, más todavía si se dedica a esto de la fantasía, la creación, la ficción, porque pone en evidencia que el ser humano lleva en dicho mundo mucho tiempo. Un libro a cuyo título yo hubiera añadido un pequeño detalle (no me privo de nada…): Enciclopedia de las cosas que nunca existieron (pero que nos hacen soñar)
Que no sólo sueñan los niños. También lo hacen los hombres


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