lunes, 21 de enero de 2013

Grandes figuras de la ilustración LIJ (XV): Charles Robinson












Charles Robinson nace en 1870 en el seno de una familia donde la ilustración era un medio de vida. Su abuelo imprimía el trabajo de los ilustradores en periódicos y panfletos, y su padre era ilustrador, al igual que sus dos hermanos William Heath Robinson y Thomas Heath Robinson. Así, los tres hermanos fueron criados en un ambiente que definió su profesión desde edad temprana.
Después de la escuela secundaria, Charles se enrola como aprendiz en una imprenta donde trabaja con las piedras litográficas. Mientras tanto, recibe lecciones de arte en horario nocturno, que fueron suficientes para obtener, en 1892, un puesto en prácticas en la Royal Academy of Arts, que no pudo disfrutar debido a las penurias económicas que sufría su familia en esa época por las revoluciones en el campo de la impresión y la reproducción en papel introducidas inicialmente por Vierge.
Charles Robinson crecía al tiempo que la técnica fotográfica y le fue posible disfrutar de la obras de Beardsley, Abbey y Crane, tal y como eran engendradas por estos artistas, que tanto le influenciaron.
No fue sino hasta la edad de 25 años, cuando Charles empieza a realizar ventas profesionales. Las más de 100 ilustraciones creadas para el Jardín de versos infantiles de Robert Louis Stevenson (editada por John Lane, The Bodley Head, en 1895), muestran las diferentes facetas de un artista talentoso que, no sólo juega con la pluma, sino que muestra la exuberancia y la alegría de la niñez. 
Al mismo tiempo, florecen bastantes revistas infantiles que necesitan ilustraciones. De entre estas, Golden Sunbeams, publicada a partir de 1896, ofrece muchos ejemplos del trabajo de Charles en sus primeros números.
En 1899, junto con sus hermanos Thomas y William, ilustra en una versión de los Cuentos de hadas de H. C. Andersen, donde se hace evidente su fascinación por ángeles, querubines y seres mágicos, que no abandonará jamás. El mismo año, aparece Lilliput Lyrics, un librito editado también por John Lane en el que trabaja con las técnicas litográficas aprendidas durante su juventud y que incluyen gran cantidad de ilustraciones –véanse más ejemplos de este hacer prolífico y elaborado en The Big Book of Fairy Tales,  The True Annals of Fairy Land: The Reign of King Herla (1900) y The Big Book of Nursery Rhymes (1903)-.
Además del trabajo con litografía, hay que destacar el gran acuarelista que vivía en Charles Robinson, una técnica pictórica que destaca en sus trabajos de madurez, Imágenes que ilustran el  llamado “libro regalo”, un libro preciosista cuyo esplendor tiene lugar en el recién llegado siglo XX con la reproducción fotomecánica, y cuyo éxito podemos contrastar en la una publicación mensual y especializada de la época, The Bookman, que emitía un informe anual de los mejores de estos libros cada navidad. 
 En lugar de dibujar cuadros que acompañaran textos infantiles, Robinson, cautivado por el "libro regalo", concibe el libro como un todo con identidad propia. Láminas a color, intrincados dibujos dorados en relieve, y hermosos diseños de cubierta acompañan a Lullaby Land (1897), Sintram and his companions (1900), Alice's Adventures in Wonderland (1907), los Fairy Tales de los Grimm (1910), The Secret Garden (1911) y muchos otros libros escritos por W. Copeland, W. Jerrold o él mismo, hasta que llega la Primera Guerra Mundial.
Después de la guerra, Charles continua trabajando como ilustrador, siendo de los pocos artistas de la época dorada de las ilustraciones que publicaban regularmente ediciones ilustradas, por ejemplo Once on a time de A. A. Milne (1922), aunque con una frecuencia mucho menor.
Destacar también que Robinson fue un pintor activo, sobre todo al final de su vida, realizando trabajos como A bit of Jade, una acuarela que se presentó y expuso en la Royal Institute of Painters in Water-Colours (de la que formó parte a partir de 1932).
Robinson vivió una vida modesta y sin pretensiones. Admirado y amado por su familia y amigos, murió inesperadamente en 1937 a la edad de 66 años.
Del trabajo de Charles Robinson cabe destacar, además de su virtuosismo en el arte litográfico, su capacidad para llenar de vida y luz las imágenes realizadas con acuarela. Unas ilustraciones que, aunque vidriosas, son asombrosas, ricas y sutiles, etéreas y brillantes, integrando así tonos y texturas que encarnan las historias que otros escribieron. 

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