lunes, 2 de marzo de 2015

Montserrat del Amo, pionera


Tras un fin de semana bastante movidito (me falta tiempo para hacer tanto el mono…) y revisar el trabajo de la recientemente fallecida Montserrat del Amo, he decidido abrirle un hueco (obituario suena demasiado árido para los dulces monstruos) en este lugar y lanzar así un homenaje a su figura como pionera y de paso hacer hincapié en la importancia de la Historia (esa con mayúscula) en esto de la LIJ española. Se ha hablado mucho de los logros y premios conseguidos por esta gran escritora, pero seguramente, su cualidad más reseñable ha sido su gran capacidad para adaptarse a los cambios que el siglo XX trajo consigo.
Montserrat, una mujer que, a pesar de desempeñar su labor en ámbito empresarial, posee una clara formación lingüística y se interesa en la narración oral y el cuento clásico, empieza a hacer sus pinitos en esto de las letras a finales de los cincuenta y primeros años sesenta con libros de carácter religioso (no olvidemos Rastro de Dios, premio Lazarillo en 1960), las realidades, como la inmigración española a Centroeuropa (Zuecos y naranjas), las novelitas de corte histórico (Juana de Arco), o -como a mí me gusta llamarlas- “historias inofensivas” que beben de los cuentos de hadas clásicos. Es así como se abre camino en el mundo editorial franquista que conoce gracias a los entresijos de la imprenta (aprendió el oficio como cajista en su juventud).


Es a partir de los años setenta, con la democracia y la transición, cuando un aire nuevo sopla sobre la sociedad españolas en general y las letras infantiles en particular. Este cambio renovador propiciado por la caída del régimen franquista, promueve una literatura de clara renovación progresista (no olvidemos que la lectura es un vehículo de dogma y que además de estar al servicio de la sociedad, se vincula fuertemente con el poder imperante), a la que acuden -sobre todo- nuevos autores y algunos antiguos que, a pesar de los esfuerzos por acallar a los pasados ( hay muchos tipos de limpieza, incluso cultural), como Montserrat, logran modificar sus estilos y adecuarlos al nuevo mercado.




Temáticas como la integración de las minorías, las colecciones de cuentos, retahílas y canciones infantiles populares, la aparición de los libros serie (no se olviden de los Blok), las obras de suspense o el amor diferente, se suceden en la obra de esta mujer, convirtiéndola en un referente de los libros para niños en España, y otorgándole el Premio Nacional por El nudo (una novedad en cuanto al formato, el tipo narrativo y la integración del lector como parte activa de la obra) y nominándola al Andersen en dos ocasiones.
Descanse en paz y vuelen sus libros.

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