viernes, 21 de enero de 2011

De palabrotas


Si he de admitirlo, lo hago: me encantan los tacos. Brotan constantemente de mi lengua, de lo más profundo de las vísceras y de mi grácil corazón. No necesariamente son negativas las palabrotas -las hay que expresan alegría y son pocas las que usamos para amar-, pero en un alto porcentaje las nombramos durante un serio cabreo o cuando hablamos de temas peliagudos.
Muchas palabras soeces saben los subordinados y los jefes, los sabios e ignorantes, los de uno u otro confín, ricos y pobres, los que enseñan y los que aprenden, padres y también los hijos. Llamémosle “igualdad de palabra”, mejor dicho “de blasfemia”, una democracia que, al fin y al cabo, tan desagradable, nos define a unos y otros: visten el discurso diario, lo enfatizan y caracterizan.
Sólo les deseo un fin de semana cojonudo.

Una palabra
palabritera
despalabrábase
por la escalera.

¡Pobre palabra!
se apalabró
palabrincando
cada escalón.

Cayó de cola
la palabrisa y
palabrochóse
flor de paliza.

Despalabra
pala que brota
de ser palabra
ya es palabrota.

Silvia Schujer.
La palabrota.
En: Poemas con sol y son.
Ilustraciones de Vicky Ramos.
2001. Coedición Latinoamericana.

1 comentario:

isabel dijo...

Hay tantas cosas que con solo una palabrota puedes expresar... Cuentan mucho y cuestan poco, ¿por qué están tan mal vistas? O mejor dicho, ¿tan mal oídas? Me ocurre una cosa curiosa cuando leo los artículos de Pérez Reverte, me suenan mal por la cantidad de tacos que escribe, dan agresividad a su discurso, y siempre pienso: ¡Con los muchos recursos literarios que tendrá este gachupino para expresarse y tiene que ser tan mal sonante! Sin embargo soy la primera en levantar la mano a la hora de soltar un taco en el momento adecuado. ¿No es curioso este fenómeno?

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