lunes, 14 de octubre de 2013

Semana de la LIJ Alemana (I): Ideas... Pinceladas...


A Marifé.
A los españoles en Alemania.

Teniendo en cuenta que la historia es de naturaleza repetitiva, que el españolito tiene que emigrar a otros lares para ganarse una vida que en su patria se le niega a tenor de las circunstancias, y que uno de esos destinos laborales es Alemania, no podía dejar pasar la oportunidad de dedicarle unas cuantas entradas a la literatura infantil que se mama en dicho país, tan querido, y a la vez tan odiado.
Como cualquier otra faceta de la vida, como parte de la cultura, la Literatura es otra mera extensión de la idiosincrasia de los pueblos, una que se cimienta sobre la historia, el carácter y las perspectivas de sus habitantes. Mientras que en España, el panorama literario se construye sobre las leyendas medievales, la omnipresente Guerra Civil, su transición, y los conflictos entre sociedad y religión, los libros para niños germanos tratan temas que van desde la cultura nórdica y centroeuropea, unas I y II Guerras Mundiales que pasan por el vergonzante nazismo y el recordado holocausto judío, las diferencias, similitudes y conflictos entre los regímenes de las antiguas RDA y RFA, unas ideas de multiculturalidad y tolerancia basadas en la inmigración que trajo la segunda mitad del siglo XX, y los principios morales de orden, resignación y sacrificio que aúpan al protestantismo, piedra angular de esta nación.
Aunque son muchos los refritos de literatura clásica (desde Goethe a Heine) que se pueden encontrar en la librerías alemanas (en eso no hay mucha diferencia con las editoriales españolas), la literatura para niños, alejándose del sentido crítico, opta por demonizar el pasado más reciente de su historia y construir en los jóvenes lectores un nuevo acervo casi imaginario de respeto y aceptación global, repleto de dogma “buenista” que, intentando escapar de un pasado no muy boyante en el que mucho tuvieron que ver los eternos conflictos centroeuropeos, redimen del pecado y eximen de culpa a las generaciones ¿lectoras? de ese futuro esplendor automovilístico y tecnocrático (a juzgar por las ventas desorbitadas del e-book) que desde el viejo continente se prodiga por todas las televisiones.



Alemania mira al futuro gracias a Angela, los mini-jobs y el apoyo de los países colindantes, mientras que los demás le vamos a la zaga para picotear entre las sobras de una Europa paupérrima, pero ¿hasta cuándo esta hegemonía?... El paro aumenta, la educación crepita, el P.I.B desciende paulatinamente y los libros infantiles, ese indicador de pequeñas ideas y grandes intenciones, mueren con lentitud. Vox populi que anuncia una cura de humildad que, a pesar de desmoronar esa fuerza que exhalan los pueblos germanos, imprima una pizca del corazón que nos sobra a los mediterráneos.

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