lunes, 7 de octubre de 2013

De monos a hombres... o ¿de hombres a monos?


Mientras unos se quejan de sus patéticas vidas, otros derrochan glamour por los cuatro costados, un ejercicio que, alimentándose de las envidias y aspiraciones del resto, resulta la mar de rentable, sobre todo en las crisis, sean estas monetarias, o de pensamiento (todavía no sé cuál empobrece más el espíritu…). Como el personal necesita equipararse a las estrellas del celuloide, los ricachones de turno y las putas de lujo, se encabrita más y lo paga con el vecino, que, harto de comprar en los establecimientos más cutres del barrio y sufrir al extinguido  INEM en los riñones, vive jodido a costa de la suerte de otro tercer  vecino, más desgraciado que este.
¿A cuántos de sus compañeros de trabajo les chirrían los dientes cuando se enteran de que se ha ido de paseo por El Retiro con su mujer? ¿A cuántos les molesta sobremanera que sus hijos tengan un trabajo a turnos en una fábrica de bolígrafos? ¿A cuántos les quita el sueño que se tome un soberano cocido en “Malacatín”?… Lo dicho: “Si un cuasiquiera tiene un bancalico, a otro cuasiquiera le da eco”.
Tener en el punto de mira a los demás ennegrece el alma, agria el carácter, y, lo peor de todo, no nos deja mirar hacia delante. Con total seguridad, pensar en nosotros puede ser el ejercicio más provechoso en estos momentos. Saber quiénes somos, adónde vamos y qué queremos puede contrarrestar este efecto dominó que mina una sociedad enrarecida y abyecta, que nos empieza a cansar a muchos, sobre todo a los que vamos a lo nuestro, hacemos lo posible por mejorar lo que no nos gusta y evitamos bajezas de cualquier signo y condición. Algo a lo que, posiblemente, muchos títulos de LIJ dedicados a la confianza, la autoestima y la reafirmación, nos pueden ayudar a conseguir…



De entre todos, la novedad del momento, Mono sapiens, obra de Davide Cali y Gianluca Folí y editada por Bárbara Fiore, un título que, aunque hable de la personalidad, el amor propio, la idiosincrasia, de cómo se forjan los valores personales y nuestra identidad, bien valdría como lección para esos que, vencidos por la cochina envidia y el libre albedrío, pasan de personas a monos, en un efímero abrir y cerrar de ojos.
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