miércoles, 11 de abril de 2018

Antes de soñar...



Llevo unas semanas durmiendo divinamente y estoy la mar de contento. Probablemente se debe a la llegada de la primavera, la temperatura es mucho más agradable y prescindimos de calefacción y mantas (les confieso que no soy partidario de los pestañazos a cuarenta grados). Resumiendo: que aunque hoy me voy a centrar en cuestiones científicas (e inofensivas) sobre el sueño, les advierto de que, cuando el Román duerme, agárrense los machos.


No sé si sabrán que dormir es una cuestión muy humana, no sólo porque es una de esas cosas que se disfrutan a manos llenas (rebozarse para un lado del colchón, rebozarse hacia el otro, y así algunos llegan las dos de la tarde y necesitan una grúa para elevarse), sino porque el resto de los animales descansan en forma de un estado conocido como vigilia, una especie de sueño alerta, similar al que sufren las mujeres tras el parto o aquellas personas con desórdenes en el ciclo del sueño.
El sueño es un proceso fisiológico complejo en el que intervienen una serie de neuronas específicas situadas en el encéfalo y cuya actividad repercute sobre el resto del organismo, es por ello que cuando tenemos una mala noche (o varias), el organismo se ve afectado en mayor o menor medida.


Aunque en el sueño se pueden definir multitud de etapas, la mayoría se reúnen en dos fases, la fase no REM y la fase REM (Si, como el grupo de música pop de los años 90, que tomaron su nombre de aquí, un acrónimo de “Rapid Eye Movement” o en castellano “movimiento rápido de ojos” ya que los globos oculares se mueven en las órbitas durante el sueño, un signo que pueden apreciar en sus hijos o compañeros de cama si ustedes son insomnes).
En la fase no REM se pueden distinguir varias etapas como la del adormecimiento, en la que los párpados se cierran, se producen sobresaltos y los espasmos mioclónicos (¿No han notado como se les mueve una pierna antes de quedarse fritos...? Pues eso) ya que es una fase inestable, después la del sueño ligero y la del sueño profundo. En todas ellas las ondas cerebrales son lentas y el tono muscular está bajo mínimos. Es una fase de descanso total en la que el organismo se repone de la actividad diaria.


En el otro ala del sueño encontramos la fase REM. También se le conoce como sueño paradójico, ya que, aunque no lo creamos, el cerebro se encuentra casi igual de activo que cuando está despierto. Es una fase de gran actividad donde las ondas cerebrales son rápidas y la actividad muscular es notable (de ahí los tirones nocturnos, las contracciones en los músculos faciales y las mandíbulas apretadas). En esta fase se producen las imágenes más o menos vívidas que conocemos como sueños, producciones arbitrarias, nunca desconocidas, y generalmente ilógicas que emergen de ese estado de excitación cerebral en cuya formación intervienen el hipocampo o el sistema límbico, regiones del encéfalo relacionadas con la creatividad. No olviden que un adulto tiene entre cuatro y siete sueños por noche de los cuales siempre se recuerda el último siempre y cuando despierten en un momento determinado (unos cinco-diez minutos después de tenerlo, aproximadamente). Todos los humanos soñamos excepto aquellos que roncan (el cerebro no hace dos cosas a la vez). Alrededor del 90% de los humanos soñamos en color y los ciegos de nacimiento también sueñan pero de otra forma (para que lo entiendan sería como leer una novela y un álbum sin palabras).


El sueño se puede ver alterado por trastornos fisiológicos, psicológicos o comportamentales. Es por ello que embarazadas, personas con gran actividad intelectual y en fase de crecimiento suelen tener más sueño. Sin embargo el insomnio puede aparecer por otras causas entre las que se cuentan el estrés, el desorden horario, el ejercicio intenso (¿quién dijo que muy cansado se dormía mejor?) la ansiedad, las conductas adictivas, la anorexia o la depresión (Si alguno lo padece, ¡acuda a su unidad de sueño más cercana!.)


Y hablando de sueños hemos llegado a uno de esos álbumes hermosos que tanto me gusta recomendar. Duermevela (no podía tener un nombre mejor) es un libro de Juan Muñoz-Tébar y Ramón Paris (editorial Ekaré) que se zambulle en el universo que antecede al descanso nocturno. Es así como mientras el texto nos acuna suavemente, pasamos las páginas y contemplamos cómo el candil de Elisa se va abriendo camino entre la espesura, no sólo del bosque tropical, sino de la oscuridad que se ciñe sobre los hombres, para encontrarse con un cielo tachonado de estrellas que, a modo de reflejo, la regresa de nuevo a la selva, a sus habitantes. Y así, Estebaldo y ella, caerán rendidos ante Morfeo en el mundo de Duermevela. Y nosotros, con ellos...


2 comentarios:

Blanca Bk dijo...

¡¡Me encanta!! Es elegante, misterioso y sutil. :D Mil gracias por la recomendación, Román. ^_^

Román Belmonte dijo...

Me alegro de que te haya gustado, Blanca. Es un libro delicado, de esos que te acunan. ¡Un abrazo y gracias por el comentario!

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