martes, 20 de enero de 2009

Entre enemigos anda el juego


Ya saben ustedes que un servidor evita, a toda a costa, pronunciarse sobre cualquier hecho en el que intervenga la política y que, si lo hago, prefiero que prime mi (subrayo este pronombre) sentido común. Hoy, rompiendo la tónica y porque el asunto me facilita la presentación de un libro, voy a explicar mis ideas sobre cierto tema de actualidad un tanto escabroso, por lo que les pido sean lo más comprensibles posible y respeten mi opinión.
Hace un par de semanas, saltaba la liebre (de nuevo) en Oriente Medio, me refiero al conflicto palestino-israelí, hecho que, además de suponer la muerte de seres humanos, ha abierto de nuevo una serie de brechas entre ambos pueblos. Por si no fuera poco, también constituye un duro golpe a la estabilidad internacional (diplomacia llaman a lo que yo denomino lucha de intereses). Pero lo más sucio que ha surgido a raíz de un tema como este, tan indeseable como desafortunado, es el tratamiento que, ciertos sectores de nuestro país, están dando del mismo.
Estoy más que harto (créanme) de tanta manipulación mediática y política sobre ciertos temas, por los que, supuestamente, luchan ciertos colectivos de orientación izquierdista, para escindir y dividir a la población de una España que debería estar unida para hacer frente a ciertas complicaciones con las que nos acecha el futuro próximo. Si además de esto, vemos cómo simpatizantes del apoyo a ciertas causas, se aborregan, cuestión que queda patente tras oír las mismas consignas que esgrimen todos ellos a modo de eco de los nuevos gurús del “buenismo”, pues apaga y vámonos.
Y a lo que voy, mucho se ahorrarían los unos, los otros y los de más allá (o sea, nosotros, los españoles) si leyésemos. Y puesto que algunos no están por la labor de disfrutar con los Episodios nacionales o El Quijote, les recomiendo una obra que se lee en un santiamén y que, además, ilustra de un modo sencillo todo lo que recoge. El enemigo, de Davide Cali y Serge Bloch (autores de El hilo de la vida), es una apuesta por el entendimiento, por el individualismo frente el “borreguismo”, por el sentido común y por otra serie de valores y realidades, que a más de uno no le vendrían nada mal. Y para despedirme, unas líneas de este magnífico álbum-ilustrado…

No puedo ser yo el primero en abandonar la guerra, porque entonces él me mataría. Tiene que ser él quien abandone la guerra primero, y yo, en ese caso, no volvería a dispararle. Porque yo sí que soy un hombre. Si él mirase las estrellas, comprendería. Se comprenden muchas cosas mirando las estrellas.

2 comentarios:

isabel dijo...

De nuevo estamos un poco de acuerdo: no me gustan los palestinos de zara, me gusta este álbum. Hace unos días lo reseñamos en la página de Saltalarana.

encarnita dijo...

Ya veo que has encontrado el libro y que te ha encantado como a mi.Lástima que hayas tenido tan buana ocasión de comentarlo y que la situación actual te lo haya puesto en bandeja.

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