lunes, 31 de enero de 2011

Literatura, libros y pornografía


Además de un hecho demostrable, para establecer una teoría necesitamos establecer un consenso, cosa demasiado difícil en los tiempos que corren, ya que sobre este suelo pisamos algunos que nos dedicamos a joder la marrana todo el santo día. No sé si dicha particularidad será buena o mala, pero el caso es que disfruto mucho apoltronándome en esta postura tan mía.
Poner en duda las normas y paradigmas establecidos es un buen ejercicio crítico, pero a un mismo tiempo no deja avanzar al pensamiento de cualquier materia. Ea, el revisionismo es así, y para demostrarlo me voy a marcar una disertación sobre el libro de conocimientos, que da mucho juego…
Como bien dice el nombre de este blog, dedico los días a reseñar obras de literatura infantil y juvenil, LIJ, concepto que necesita una definición… Acudo al diccionario de la Real Academia y leo: “Arte que emplea como medio de expresión a una lengua”. A lo que añado “realizado por y/o para el público infantil y/o juvenil” para hacer más completo el acercamiento. Ahora bien: ¿se considera literatura a cualquier libro?... Académicamente, no. Un libro no es un concepto abstracto, es un objeto (no especifiquemos el material porque si he de decidirme entre el papiro, el papel, el pergamino o el silicio, puedo volverme majareta) que contiene información codificada en un lenguaje –lingüístico, gráfico o numérico, por ejemplo-. Tanto academicismo por mi parte no quiere decir que, como el resto de los mortales, no relacione al libro con la literatura: siempre existirá tal comunión -por los siglos de los siglos, amén-, pero sí he de notar que esa literatura “sensu stricto” se ha quedado muy obsoleta (¡bibliotecarios del mundo, no os rasguéis las vestiduras… que hace frío!) a la hora de incluir libros como los que aquí se reseñan, es decir, volúmenes llenos de imágenes que también hablan, que acompañan a la letra impresa, que ayudan a la comprensión y que cuentan la misma u otra realidad.
El caso más peliagudo son los llamados libros de conocimientos, obras que aúnan el formato literario con el aprendizaje, libros de texto con formato divertido -pop-up, juegos o ilustraciones- que pretenden enseñar un porrón de conceptos. He aquí la polémica: ¿puede integrarse cualquier libro en la categoría de literatura infantil y juvenil?
Y mientras discurren, les dejo con un libro de conocimientos sobre la vida cotidiana para primeros lectores que me ha encantado, Mis pequeños tesoros de Édouard Manceau (editorial SM), y un pensamiento: ¿La aceptación del público y el éxito de ventas podrían bastar para integrar a la pornografía en el cine canónico?

viernes, 28 de enero de 2011

Frío


Hace unos días se me ocurrió pensar que habíamos dejado a un lado las gélidas temperaturas y los meteoros invernales, pero la atmósfera, con muy buen criterio, se ha encargado de recordarme que todavía queda un buen trecho de hielo y frío, por lo que, con este tiempo propio de pingüinos y otros seres de bajas latitudes, me despido hasta el próximo lunes. ¡Disfruten del fin de semana! (N.B.: aunque sea en el interior de un iglú…).

Si viera pingüinos
usando blue jeans
quedaría asombrado.
Parece gracioso
y un poco pomposo
que sólo usen frac.
Pero allá esta ropa
tiene su valor:
con frío riguroso
es muy apropiado
trajearse a rigor.

Marina Colasanti.
El pingüino.
En: Poemas con sol y son.
Ilustraciones de Vicky Ramos.
2001. Coedición Latinoamericana.
Imagen de este post: Norman Lindsay (ya hablaré en otra ocasión de este hombre).

miércoles, 26 de enero de 2011

Grandes figuras de la ilustración LIJ (III): Arthur Rackham









Seguramente todos ustedes, grandes aficionados a los libros para niños han leído algún libro ilustrado por el señor Rackham, un dibujante e ilustrador inglés que vivió entre la segunda mitad del siglo XIX y la primera del XX (1867–1939). Londinense y perteneciente a una familia hipernumerosa -hasta 12 hermanos-, comenzó a trabajar como administrativo mientras estudiaba en la Escuela de Arte Lambeth, para más tarde colaborar como reportero e ilustrador con el diario The Westminster Budget, donde comenzó a publicar sus primeras obras (1883), cosa que no dejó de hacer hasta el momento de su muerte por cáncer en Limpsfield (Surrey).
Entre sus trabajos más conocidos figuran libros infantiles como los Cuentos de los hermanos Grimm (1900), Rip van Winkle (1905), Peter Pan (1906) y Alicia en el país de las maravillas(1907) -obra de la que proceden todas las imágenes que acompañan a este post-, El sueño de una noche de verano (1908), Undine (1909), The Rhinegold and the Valkyrie (1911) y otros trabajos sobre los relatos de Edgar Allan Poe.
En su vida personal no hay demasiados hechos que destacar pues era una persona dedicada a su profesión y sus quehaceres familiares desde que contrajo matrimonio en 1903 con Edyth Starkie, con quien tuvo una hija, Barbara, en 1908.
En el terreno profesional cabe señalar que Rackham ganó innumerables premios y reconocimientos como la medalla de oro en la Exhibición Internacional de Milán en 1906 y otra en la Exposición Internacional de Barcelona en 1911, incluso en 1914, en el museo del Louvre (París) se expuso una antología aobre su obra.
Sobre la obra de Rackham hay que destacar a mi juicio, tres características esenciales. Por un lado tendríamos la línea, que, aparte de realista, confiere enorme movimiento a los personajes, dotándolos no sólo de fuerza, sino de vitalidad y energía. Por otro el color. La aguada de Rackham no es débil, ni sutil (como podrían considerarse las de Greenaway o Caldecott), sino explosiva, ello le permite imprimir carácter a sus obras. Esto junto con la composición estudiada de sus dibujos, tan cercanos al mundo del cómic, las hacen más adecuadas para lectores formados, adolescentes, que para el público infantil.

lunes, 24 de enero de 2011

Dibujar


Siempre he pensado que una de las razones por las que vivo pendiente de esos libros llamados álbumes ilustrados es la de sentir al mismo tiempo una gran pasión por la pintura, no sólo como aficionado a contemplar los cuadros que llenan museos, galerías de arte o salas de exposiciones, sino como artista amateur. Desde bien pequeño me he enfrentado con el aterrador papel en blanco y, echando mano de lápiz o bolígrafo, lo he garabateado hasta la extenuación. La mayoría de las veces no sucede nada, pero otras, en la magia de las líneas, uno descubre un pájaro, una silla o una forma indefinida que se puede transformar en algo hermoso. Nunca llegaré a la altura de mis admirados Durero, Velazquez o Antonio López, pero si al menos puedo disfrutar de ese instante atemporal y volátil que tiene empuñar el pincel, me doy con un canto en los dientes.
No voy a discutir que el dibujo, el óleo y la aguada tienen un componente místico y creativo, pero, como todo en la vida, se basa en la voluntad y el empeño. Práctica y más práctica es lo que forja a un buen profesional. Pintar una y otra vez, llenar cuadernos de bocetos, buscar el trazo adecuado cientos de veces, son ejercicios que cualquiera que quiera dibujar tiene que hacer a diario en vez de convencerse de su supuesta inutilidad a la hora de copiar una imagen, de inventar un momento.
Conozco a mucha gente, alumnos, compañeros o amigos, que siempre han querido dibujar, que sienten cierta envidia de los que lo hacen. Unos pasan toda su vida sin intentarlo y otros, una pequeña porción, por una extraña causa que desconozco, deciden intentarlo. En ese instante nacen los artistas. Artistas como Marita, la protagonista de un libro de Monique Zepeda editado en Fondo de Cultura Económica que nos habla de lo que mueve a crear, de que los sentimientos son extraños motores para despertarnos, de que podemos crecer pese a los trágicos momentos, de que con un tiempo que no cabe en los relojes, Marita inventó su cocina, con una ventana donde es de día y otra donde es de noche.

viernes, 21 de enero de 2011

De palabrotas


Si he de admitirlo, lo hago: me encantan los tacos. Brotan constantemente de mi lengua, de lo más profundo de las vísceras y de mi grácil corazón. No necesariamente son negativas las palabrotas -las hay que expresan alegría y son pocas las que usamos para amar-, pero en un alto porcentaje las nombramos durante un serio cabreo o cuando hablamos de temas peliagudos.
Muchas palabras soeces saben los subordinados y los jefes, los sabios e ignorantes, los de uno u otro confín, ricos y pobres, los que enseñan y los que aprenden, padres y también los hijos. Llamémosle “igualdad de palabra”, mejor dicho “de blasfemia”, una democracia que, al fin y al cabo, tan desagradable, nos define a unos y otros: visten el discurso diario, lo enfatizan y caracterizan.
Sólo les deseo un fin de semana cojonudo.

Una palabra
palabritera
despalabrábase
por la escalera.

¡Pobre palabra!
se apalabró
palabrincando
cada escalón.

Cayó de cola
la palabrisa y
palabrochóse
flor de paliza.

Despalabra
pala que brota
de ser palabra
ya es palabrota.

Silvia Schujer.
La palabrota.
En: Poemas con sol y son.
Ilustraciones de Vicky Ramos.
2001. Coedición Latinoamericana.

miércoles, 19 de enero de 2011

Grandes figuras de la ilustración de LIJ (II): Randolph Caldecott









Uno de los precursores de los actuales libros para niños fue sin duda Randolph Caldecott, a cuya vida y obra le dedicaremos hoy unas líneas.
Caldecott nació en Chester (1846) y era el tercer hijo de un hombre de negocios, John Caldecott, y su primera esposa Mary Dinah.
Durante su niñez dibujó y modeló, sobre todo animales, iniciando así una carrera dedicada al arte. Al abandonar la escuela a la edad de quince años, Caldecott comenzó a trabajar en Whitchurch, en el Banco Whitchurch & Ellesmer. Durante los paseos que daba mientras visitaba a ciertos clientes, tomaba apuntes y dibujos de lo que observaba, generalmente de la campiña inglesa y las construcciones que allí había. Este espíritu campestre se conservó a lo largo de su vida y quedó plasmado en sus ilustraciones, donde con frecuencia se contemplan escenas agrícolas de corte humorístico. Es en este tiempo (1861) cuando aparece publicada su primera obra en el Illustrated London News, concretamente un apunte sobre el fuego desatado en el Queen Railway Hotel de la ciudad de Chester.
Después de seis años en Whitchurch, Caldecott se traslada a otro banco en Manchester y comienza a estudiar en las clases nocturnas de su Escuela de Arte mientras sigue publicando sus ilustraciones en periódicos locales y londinenses. En 1870, a través de un amigo se pone en contacto con Henry Blackburn, el editor de London Society, que publica sus dibujos en varias entregas de esta revista mensual.
A la edad de 26 años, animado por los acontecimientos y con la ilusión de vivir en calidad de artista, Caldecott decide abandonar su trabajo y probar suerte en Londres, donde trabaja durante siete años como ilustrador de varias revistas, al tiempo que se relaciona con los círculos culturales y artísticos de la ciudad, llegando a ser seleccionado para formar parte del Real Instituto de Acuarela, disciplina en la que destacaba, en 1872.
Es en 1877 cuando Edmund Evans, impresor y grabador, tras perder los servicios de Walter Crane, apuesta por el talento de Caldecott para realizar las ilustraciones de dos libros navideños infantiles, The house that Jack built y The diverting history of John Gilping, que tuvieron un éxito inmediato.
Posteriormente, Caldecott trabajó en las ilustraciones para dos libros de Washington Irving, tres de Juliana Ewing, uno de Henry Blackburn y otro del Capitan Marryatt.
En 1879 se mudó a Wybournes donde conoció a Marian Brind, con quien contrajo matrimonio en 1880 y se traslada a Surrey en 1882.
En 1884, las ventas de sus Nursery Rhymes alcanzan las 850000 copias, lo que le convierte en un autor reconocido internacionalmente. A pesar de ello, su salud, muy delicada desde la infancia, se ve afectada en un viaje alrededor de los Estados Unidos de Norteamérica y fallece casi a la edad de cuarenta años en St. Agustine (Florida) en 1886.
Respecto a su obra cabe destacar no sólo su técnica, llena de colorido y líneas firmes, o los motivos que presenta, tan cercanos a la sociedad a la que iba dirigida, sino la ironía y el humor con los que critica las aspiraciones modernas de la época, esa Inglaterra victoriana de la Revolución Industrial, que se podría considerar una continuación de las burlas que años antes incluyó Edward Lear en sus limericks. Esta conexión entre lector e imagen es uno de los pilares de la ilustración infantil actual, que no sólo acompaña al texto, sino que complementa y añade contenido.
Para finalizar y como curiosidad, apuntarles que dos famosos admiradores de su trabajo fueron Gaugin y Van Gogh.
Fin.

lunes, 17 de enero de 2011

Perdidos y encontrados



Miente como un bellaco aquel que afirme no haberse perdido jamás, ya no físicamente, sino de un modo más interior, porque no sólo en los laberintos que esconden las ciudades o tras los árboles de tupidos bosques, puede uno extraviarse: dentro de la mente de uno mismo, también. Ese sitio donde todo se enreda y nos es complicado encontrar los extremos de inicio y final, es muy propicio para el caos, excelente para liarse.
Es de notar que estas pérdidas muchas veces son repentinas y nos sorprenden, otras las buscamos con absoluta desesperación, ejercicio que nos parece necesario para encontrarnos de nuevo. Unos prefieren perderse debajo de una manta, otros en mitad de un jardín. Los hay que suben a lo alto de una montaña y más intrépidos que eligen ciudades como Tumbuctú u Osaka. Y en el último rincón estamos aquellos que preferimos las páginas de un libro para no dar con la puerta de salida. El caso es perderse… para ver si nos encontramos.
También existe la paradoja del miedo, que nos advierte de que lo que se figura un laberinto para unos, otros lo sienten como un mero viaje. Para ilustrarse sobre esta cuestión lean el libro de hoy, Zoo de Suzy Lee (editorial Los cuatro azules), en el que la protagonista siente el extravío como un viaje, un casi sueño, mientras que sus padres, alarmados y temerosos, recorren todo el parque zoológico buscando a su hija.
A pesar de tanto lío, productivo o no, advierto de que no puede ser muy saludable vivir en la eterna madeja de nudos y embrollos que muchos se construyen a medida, porque luego nos volvemos locos y caras son las cuentas que ajustan los ansiolíticos.
Por todo ello, concluyo: no se extravíen, marquen una “x” visible en la puerta de entrada y claven un legible cartel en la de salida, tracen el camino con todo tipo de líneas rectas, sinuosas, espirales y discontinuas, pero háganse un favor, no inviertan demasiado tiempo en solventar lo incomprensible, fíjense etapas factibles, metas alcanzables, y así, con esfuerzo y una pizca de ingenio, recorrer ese camino que es la vida.

viernes, 14 de enero de 2011

Despedidas a la argentina


Querida María Elena:
Te marchaste de domingo a lunes, despacito, tranquila... y no me dijiste adiós. Esperaba una última canción, esa nota que sonase, desde Ushuaia a Formosa, de La Plata a Neuquén... Más tarde que temprano, tan en silencio te fuiste, que ya sólo una palabra te pido: quédate.

Soy la maestra argentina
segunda madre y obrera
mis niños andan descalzos
mi escuela es una tapera
mis niños andan descalzos
mi escuela es una tapera.
Soy la que forma destinos
del mar a la cordillera
donde no existe la tiza
y el libro es una quimera.
Campana de palo
repica en la soledad
detrás de pólvora y piedra
que el tiempo abandonará.
Pobrecita patria en flor
hasta aquí llego mi amor.

* * *

Manuelita vivía en Pehuajó
pero un día se marcó.
Nadie supo bien por qué
a París ella se fue
un poquito caminando
y otro poquitito a pie.
Manuelita, Manuelita,
Manuelita dónde vas
con tu traje de malaquita
y tu paso tan audaz.
Manuelita una vez se enamoró
de un tortugo que pasó.
Dijo: ¿Qué podré yo hacer?
Vieja no me va a querer,
en Europa y con paciencia
me podrán embellecer.
En la tintorería de París
la pintaron con barniz.
La plancharon en francés
del derecho y del revés.
Le pusieron peluquita
y botines en los pies.
Tantos años tardó en cruzar el mar
que allí se volvió a arrugar
y por eso regresó
vieja como se marchó
a buscar a su tortugo
que la espera en Pehuajó.

Campana de palo y La tortuga Manuelita.
María Elena Walsh
Imagen: Diario Clarín. http://www.clarín.com/

miércoles, 12 de enero de 2011

Grandes figuras de la ilustración de LIJ (I): Walter Crane









Dado que en el transcurso de los meses venideros las novedades brillan por su ausencia y también es necesario impartir algo de dogma lijero, he tenido la increíble idea de dedicar los miércoles de las sucesivas semanas para hablar de grandes figuras de la ilustración infantil y juvenil. Y sin más preámbulos, comienzo… Hoy: Walter Crane.
Walter Crane, el segundo hijo de Thomas Crane -pintor de retratos y miniaturista-, nació en Liverpool en 1845. Su familia se trasladó a Torquay, donde tuvo sus primeras impresiones artísticas recibiendo la influencia de la "Hermandad pre-Rafaelita" e interesándose por la obra de John Ruskin.
En un segundo traslado a Londres, la primera de sus obras, un conjunto de diseños con páginas coloreadas para ilustrar "The Lady of Shalott" de Tennyson, ganó la aprobación de William James Linton, un grabador para el que Walter Crane trabajó como aprendiz durante tres años (1859-1862), lo que le brindó la oportunidad de estudiar la obra de artistas contemporáneos como D. G. Rossetti, J. E. Millais, J. Tenniel y F. Sandys, y de los maestros del renacimiento Italiano, su principal influencia (mármoles de Elgin conservados en el Museo Británico), al mismo tiempo que asistía a clases de dibujo en la Escuela de Arte Heatherly. Cabe destacar que un cuadro inspirado en esos diseños se exhibió en 1862 en la Royal Academy, el único de Crane, puesto que posteriormente la entidad rechazaría sus trabajos más maduros.
En 1864 comenzó trabajando para el impresor Sr. Edmund Evans, ilustrando una serie de libros de juguete de seis peniques que contenían rimas de guardería. Esta representó la primera tentativa seria de producir libros para niños en masa bien dibujados, diseñados e impresos.
Dispuso de más libertad en The Frog Prince una serie iniciada en 1873, donde mostró una marcada influencia del arte Japonés y de una prolongada visita a Italia que siguió a su matrimonio en 1871. También destacan otras obras como The Baby's Opera, un libro de canciones de cuna (1877), la serie de libros A Romance of the Three R's, un curso regular de lecciones de arte para el cuarto de los niños, The First of May: A Fairy Masque junto con R. Wise y usando la técnica del fotograbado, Goose Girl basado en los cuentos de Grimm (1882), Flora's Feast, The Wonder Book de Nathaniel Hawthorne, Old Garden de Margaret Deland, y The Story of the Glittering Plain junto con William Morris (1894) donde los huecograbados se realizaron en el estilo del siglo XVI italiano y alemán entre otros.
Al comienzo de los años ochenta, bajo la influencia de Morris, se relaciona con el movimiento socialista y trató de llevar el arte a la vida cotidiana de todas las clases sociales diseñando desde papeles pintados o mobiliario del hogar, hasta viñetas semanales de propaganda por la causa.
Aunque las ilustraciones de Crane, auténticas vidrieras sobre el papel (evidentemente bebe de las técnicas del grabado y del espíritu neoclásico, aproximándose en cierto modo al modernismo), sean estáticas y rígidas, tienen un hermoso contraste en cuanto a colorido y composición, aspecto que llama la atención del lector, garantiza el disfrute y apoya la historia narrada, verdadera intención de Crane ya que podríamos decir que nunca pretendió contar su propia historia sino mejorar, perfeccionar y experimentar con las técnicas que trabajaba. Por todo ello se podría decir que, aunque innovador y con éxito, se limitó a desarrollar un camino creativo inmerso en la técnica ilustrativa que acompaña al texto.

lunes, 10 de enero de 2011

Volver a la escuela...


¡Estoy de un perro...!, tanto que intuyo un comienzo de año con una pendiente del veinte por ciento, asunto escabroso este si tengo en cuenta que lo que me espera durante este mes de enero no es un camino de rosas, sino algo menos mullido. De buena gana pediría un mes sin empleo y sueldo para invertir mi tiempo entre vahos, aguas termales y almohadas de plumón, cosa imposible hoy día a menos que la diosa Fortuna se acerque hasta el umbral de mi puerta. Y ustedes pensarán que ya estamos con la misma historia de siempre, el típico maestro quejica y apesadumbrado que no contento con sus privilegiadas vacaciones quiere todavía más… No es eso. Soy consciente de mis privilegios (también de mis deberes y labores, que conste), pero uno no puede evitar ser humano y querer vivir como un marqués, cosa que me empieza a preocupar ya que un servidor nunca se ha sentido tan gandul o, al menos, no lo percibía.
¡Ahora entiendo lo que sienten mis alumnos cuando el regreso a la escuela se hace inminente! Madrugones, libros, cuadernos, quehaceres navideños sin terminar, exámenes de recuperación, afilar lápices, volver a copiar las interminables peroratas de ese cabrón que imparte las naturales… Si la escuela fuese una fiesta (a veces lo es, sobre todo para el alumno, que hoy día se encuentra con toda una suerte de actividades extraescolares y divertimentos ajenos al puro leer y escribir… a veces sólo faltan los cubatas y la píldora del día después), sería más fácil regresar a ella…, pero ¿será posible llevar a cabo eso que muchos pedagogos, psicólogos y experimentólogos llaman “reinventar la escuela”? Lejos de contestarles (cada uno que piense lo que le dé la real gana) les dejo con La excursión, de Tjibbe Veldkamp y Philip Hopman–editado en Libros del Zorro Rojo-, un librito tela de divertido que habla de eso mismo, de inventarse una escuela.

viernes, 7 de enero de 2011

Nanas y sueños para recobrar fuerzas


Y tras unas fiestas que nos han dejado exhaustos, física y económicamente, sólo nos queda tumbarnos sobre la cama, abrigarnos con el mullido edredón y descansar durante este fin de semana, para despertar llenos de la energía que nos hace falta para afrontar un año entero…

Duérmete, gusano, duérmete,
que los piececitos se te ven.

Duérmete, castaña, duérmete,
que Luisa ya tiene quinqué.

Duérmete, pingüino, duérmete,
que tu cama ya tiene dosel.

Duérmete, mi oruga, que dormir,
es inmejorable cicatriz.

Gloria Fuertes.
Nana al nene.
En: Libro de nanas.
Ilustraciones de Noemí Villamuza.
2004. Valencia: MediaVaca.

miércoles, 5 de enero de 2011

Dejar de fumar por arte de magia


Llega el año nuevo y, pese a que durante los últimos minutos del pasado año nos hartamos de uvas y deseos positivos, con él afloran todas las miserias: la consabida cuesta de enero, toda la basura que nos quieren endilgar en las rebajas, los cientos de coleccionables con los que nos bombardean las editoriales y, por supuesto, los procedimientos milagrosos para dejar de una vez por todas el tabaco (¿Acaso pensaban que iba a pasar por alto la maravillosa oportunidad que el gobierno, en su afán por domesticarnos, le brinda a mi sucia mente?).
En su pubertad y como cualquier hijo de vecino, al Román le dio por fumar. Bien por resultar más adulto, bien por imbecilidad, con catorce años me compré un paquete de Celtas Largos Extra emboquillados. Y me lo fumé. Así estuve hasta el 2004, año en el que, tras echarle mucho vicio y dejarme demasiados billetes en los estancos, que es lo que más jode -a priori, después vienen los enfisemas, las bronquitis crónicas y los carcinomas, que dan por culo más y mejor-, abandoné este hábito poco honroso … Recuerdo aquella época de fumador empedernido como el festival de las toses, los gargajos, esputos de todos los colores, afonía, tez cetrina, ronquidos, catarros espantosos y otras “delicias” derivadas de la nicotina, el alquitrán y el dióxido y monóxido de carbono. Así que, después de dejar que por un oído me entrasen y por otro me saliesen las peroratas de mi madre, mi padre, mi abuela, el médico y las campañas contra el tabaquismo, lo dejé de “motu propio” (voluntad y no más, damas y caballeros: como todo en la vida.).
Los vicios, bien sean caninos, felinos, filiales (¡Hay que ver el vicio que le echan algunos a sus hijos! ¡Unos tanto y otros tan poco!...), telefónicos o lectores, son personales e intransferibles -quien diga lo contrario, miente-, por lo que Dios me libre de meter las narices en los vicios de otros…, mientras no me salpiquen. Y cuando lo hagan, a título personal le haré la queja oportuna esperando que atienda a razones y apague el cigarro. En el caso de no hacerlo, ya acudiré a la comisaría a ver como se ríen en mis narices mientras relleno la oportuna denuncia y me doy por satisfecho al haber contribuido al perfecto funcionamiento del estado de derecho siendo un chivato (¡Qué cosa más fea!) más del régimen que impera en este país y dando pábulo a la doble moral de un gobierno que en vez de prohibir la venta y consumo de los vicios insanos se hincha a costa de los impuestos indirectos y las sanciones que pretende imponer a hosteleros y fumadores… ¡Bien podría proponer una desgravación fiscal a los que no fumamos, que aparte de chupar el humo de otros y cargar con los costes sanitarios que se derivan de las afecciones relacionadas con la Nicotiniana tabacum, nos piden ejercer de mamporreros en una guerra civil de poca monta! ¡Anda y que les den!
Y si quieren dejar de fumar espero que los Reyes Magos les traigan unas sesiones de acupuntura, parches de nicotina, meditación tántrica o el último libro pop-up de Robert Sabuda y Matthew Reinhart, Hadas y otros seres mágicos (SM) por si algún ser sobrenatural, léase unicornio, gnomo o hada puede echarles una mano en tan dura tarea.

lunes, 3 de enero de 2011

Días de reyes magos... solidarios



Créanme, la Nesspreso no es más que una reminiscencia de los tiempos de bonanza. De ahora en adelante los patucos que la tía Juana tricota como churros, la heredada vajilla de porcelana o los botes de tomate en conserva que cada año nos regala ese buen vecino, serán objetos de culto… Y en el caso de que no sepan usar sus manos para el disfrute de otros, siempre quedarán esos manuales de reciclaje que tanto polvo han cogido durante los años pasados.
La escasez de recursos que esta crisis ha parido es la cura más eficiente para todo tipo de tonterías. Dudo seriamente sobre la capacidad de los españoles a la hora de recuperar la imaginación que perdimos cuando nos llovían los billetes y los bancos “regalaban” pasta sin orden ni concierto… aunque siempre podemos confiar en el mercado negro, el trueque o la economía sumergida, híbrido de compra-venta y picaresca, práctica hispánica muy socorrida desde no se sabe cuándo.
En fin, que si se ven sin un duro para adquirir los juguetes que unos y otros han solicitado a los magos de oriente, les recomiendo recurrir a la sinceridad (“Hijo mío, los reyes pasarán de largo este año…”) o, en su defecto, a un clásico tablero de parchís, la baraja de naipes, un dominó, el juego de la comba o trompos y peonzas, que, si bien es cierto que son bastante más baratos que muchos artilugios sin sustancia, también son mucho más divertidos que pasar las horas desenrollando los cientos de cables de la Wii®.
¡Se me olvidaba! También pueden acudir a una librería y comprar un libro… pero ¿cuál? Prefiero no inmiscuirme y dejarlo a su elección, aunque bien es cierto que, por no ser egoísta (recuerden al Scrooge de Dickens…) y ayudar a una buena causa, les invitaría a comprar los libros de la colección “Barco de vapor” de la editorial SM y aquellos que pertenecen a la línea editorial de Silabario (en las imágenes tienen un buen título de ambas propuestas), compañías que cooperan con parte de sus ventas en proyectos solidarios, que a fin de cuentas, también es ayudar.
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