lunes, 15 de abril de 2019

¡Feliz Día del Arte!



En pleno Lunes Santo, tras el estreno de la nueva temporada de Juego de tronos, y con un servidor de vacaciones, me acabo de enterar de que hoy es el Día Mundial del Arte, un día que la Asociación Internacional del Arte decidió conmemorar el 15 de abril por ser la fecha en la que nació Leonardo Da Vinci, genio universal y uno de los artistas más carismáticos conocidos.
Según esta entidad, durante esta jornada se pretende el reconocimiento del ejercicio artístico, no sólo como ejercicio creativo y multidisciplinar, sino como símbolo de libertad, fraternidad y multiculturalidad. Pues el arte, no sólo contribuye a desbordar la belleza de nuestro el mundo, sino que ayuda a otras disciplinas humanísticas o científicas, algo que, tanto el genio del Renacimiento, como muchos otros artistas, nos han revelado a lo largo de la historia.


Siempre he estado a favor de esta idea, no sólo porque me encante la literatura, la música o la pintura, sino porque entiendo que la ciencia bebe en muchos casos de las áreas artísticas y que, por tanto tienen una relación indisoluble, pues el mundo se puede contemplar desde diferentes perspectivas sin que pierda ni un ápice de sorpresa. Si además la cosa se traduce en un reconocimiento monetario, estaría de traca, no sólo porque apoyamos al creador, sino porque damos credibilidad a su trabajo (me saca de mis casillas que la gente pague por copias chinas y no apoye al artista y su obra original).


Como no podía ser de otra forma, a los monstruos nos toca celebrarlo con libros infantiles, para lo que he elegido ¡Qué obra maestra! Una de esas maravillas que en esta ocasión nos han regalado Riccardo Guasco y la editorial Combel.
Aunque tenía pensado en incluir esta álbum sin palabras en la segunda parte de la selección de álbumes informativos de este curso, me ha parecido muy adecuada para darle alas a muchas grandes obras de arte que llenan museos y galerías de todo el mundo y que el autor italiano nos recoge en sus páginas.


Este libro nos cuenta la historia de un niño que debe contribuir con uno de sus cuadros a una exposición muy especial. Pudiera ser la historia cotidiana de cualquier persona. Dormir plácidamente, escuchar el despertador, desayunar, coger el transporte…, pero el caso es que conforme nos asomamos a cada doble página, nos encontramos con multitud de referencias. Nos vienen a la cabeza cuadros, fotografías, esculturas y hasta objetos que hemos visto en los libros de texto, la televisión o las revistas. Unas nos resultan más familiares que otras. Empezamos a ponerles nombres. Es un juego divertidísimo.


Lezampo el libro a mi padre. “A ver si tú conoces obras de arte que yo no identifico…” Él se pone al quite. Da con algunas. “Esta me recuerda a Modigliani… Aquí tienes la portada del Abbey Road de los Beatles… El exprimidor de Starck…” “Es que yo soy más clásico, papa. He visto a La primavera de Boticelli, varios Van Gogh, un Escher y un De Chirico... ¡La cosa está difícil! Menos mal que al final nos echa un cable el autor con un par de actividades, que si no…”
Y mientras me pongo con los lápices y pinceles para dar vida a mi obra maestra particular (la guarda trasera nos invita a crearla), les deseo un muy feliz Día del Arte, que bien lo vale.

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