martes, 4 de marzo de 2008

Agotados


Me jode una barbaridad eso de descubrir un libro que te rasga la fibra sensible y, dispuesto a adquirirlo en el mercado, te das de bruces con la realidad: “Descatalogado” o, en el supuesto más optimista, “Agotado”.
Según los entendidos y ciertas editoriales, hay un creciente fervor por la Literatura (del que yo sigo siendo muy escéptico dados los resultados: no veo que el número de Premios Nóbel de Literatura con nacionalidad española aumente vertiginosamente, así como tampoco los resultados del Informe PISA son demasiado halagüeños…), y concretamente, en lo que se refiere a la Literatura Infantil y Juvenil. Algunos géneros, como el del libro-álbum viven una época dorada, surgiendo nuevas editoriales que apuestan por este formato, reeditando así muchos títulos olvidados, por lo que, los aficionados, nos encontramos cada vez menos con los carteles anteriormente citados.


Estoy perdidamente enamorado de uno de esos libros agotados, El coleccionista de momentos, de Quint Buchholz (también autor de Duerme bien pequeño oso, El libro en el libro en el libro, entre otros). La primera vez que nos presentaron no presté demasiada atención a su parte narrativa, sino que preferí contemplar sus ilustraciones, enormes, irreales, desbocadamente sorprendentes. En nuestra segunda cita, algo más predispuesto, comencé a leer esa historia, tan familiar, tan distinta y a la vez tan mágica, que consiguió anudarme el pecho. No sé cómo, pero sentí diversas emociones en un mismo momento. Y sonreí contemplando los mundos imaginados de Buchholz, pensando en su historia y en el gran regalo que aquel hombre le había hecho a su amigo, coleccionando para él los momentos que compartieron en mil y una conversaciones.


Aunque a muchos les recuerde a otros títulos que usan el mismo recurso, sin dudarlo, creo que es un álbum moderno, ambientado en el momento actual, con un sabor a nuevos tiempos, a reveladoras historias que pueden hacer frente al abandono que sometemos a la figura del libro. Defiendo su lectura por su sencillez y por todos los mensajes encriptados que guarda entre sus tapas.
Y me agito endiabladamente al pensar que, tantos buenos títulos se encuentran en el olvido, abandonados en los depósitos de muchas bibliotecas, para constituir el medio de cultivo de ácaros y polillas, cuando hoy, más que nunca, los cambios sociales, esta desidia y el abandono, nos están condenando a dejar de ser, sencillamente, hombres.

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