lunes, 15 de diciembre de 2014

Álbum ilustrado anglosajón vs. álbum ilustrado español (2)


A tenor de La ovejita que vino a cenar (editorial Beascoa), un álbum ilustrado de Steve Smallman y Joelle Dreidemy que lleva vendidas la friolera de siete ediciones (sólo en nuestras fronteras, ojo al panojo) y que trata sobre la compasión y la amistad, he decidido continuar con mi comparativa entre el álbum ilustrado de cuño nacional y aquel que se hace fuera de nuestras fronteras, concretamente en los países de habla inglesa, unos donde nació este género literario y que albergan los mercados de LIJ más potentes del mundo. He aquí mi segunda parte de un enfrentamiento literario ilustrado entre lo de aquí y lo de allí…
Si en España se cuentan alrededor de veinte a treinta editoriales que se dediquen abierta y profesionalmente al género del álbum ilustrado, en Inglaterra (por parcelar un poco tanto dato) llegamos a las cien casas editoriales, algo que supondría mayor competencia y por tanto mayor oferta. Pero no, en Reino Unido es difícil encontrar productos diferentes, transgresores, álbumes ilustrados para adolescentes, libros-juego, etc. Concluyendo: aunque uno crea que en los países de la Commonwealth se produzcan ingentes cantidades de títulos al cabo del año, la variedad no es tan obvia… El mercado es mayor, pero no la creatividad, por varias razones:



1. Aunque nos puede sonar extraño muchos ilustradores del entorno anglosajón prefieren trabajan en países como Francia, Italia y España ya que el mercado editorial de estos países les permite experimentar y ser más creativos con sus trabajos. No es de extrañar ya que la ilustración anglosajona, aunque es efectiva comercialmente, se encuentra muy encasillada dentro de los colores pastel, las líneas a tinta (a veces un tanto encorsetadas de los personajes) y las clásicas historietas resultonas. Nuestras editoriales permiten más libertad a la hora de diseñar un álbum ilustrado, de trabajar diferentes técnicas que no sean la acuarela o el tratamiento digital. Se admite el collage, el acrílico, la edición digital, el lápiz de color o el gouache. Además podemos añadir que el ritmo narrativo tiene una cadencia menos vertiginosa, se define más sinuosamente y es mucho más evocadora.



2. Lo mismo sucede con los textos. En estos países el álbum ilustrado va dirigido casi exclusivamente a una franja de edad determinada (de 4 a 8 años más o menos), por lo que no encontramos textos extensos en este formato de álbum. Más bien son textos breves, con palabras muy estudiadas que inician en la lectura a los más pequeños. Por el contrario, en España hay mucha más variedad de textos ya que el libro ilustrado no se centra en un tipo de público, sino que tiene mayor amplitud de edades y se diversifica por encima y por debajo.



3. En España, la mayor parte de las editoriales intentan que los álbumes ilustrados sean una labor compartida entre dos personas, escritor e ilustrador, algo que creo enriquece sobremanera las producciones de cuño patrio, en los territorios de lengua inglesa las editoriales tienden a publicar aquellas obras en las que el ilustrador sea narrador a un mismo tiempo, de este modo sólo se paga un adelanto (en el caso que haya) y un porcentaje el concepto de derechos de autor, y el editor además elimina las discrepancias entre ambos artistas durante el proceso de creación. A pesar de ganar en practicidad, se pierde frescura ya que son habas contadas los ilustradores capaces de idear historias de cadencia perfecta y resultados óptimos, algo que se confirma en las ferias y encuentros editoriales donde editores e ilustradores van en busca de buenos escritores.


4. Aquí, el autor ofrece y la editorial dispone en base de unos criterios propios que vienen condicionados por las colecciones que reúne cada sello, algo que, en principio, facilita más movilidad en el mercado, un autor puede publicar con una casa y al año siguiente con otra dependiendo de las tendencias de las editoriales y una serie de intereses colectivos. En el álbum ilustrado anglosajón la cosa cambia… Son pocas las editoriales que aceptan el envío de originales, una decisión que se ve promovida por la existencia de agencias o representantes de escritores o lustradores, un eslabón (por no decir tropezón) más a la hora de publicar los trabajos. Por otro lado en estos países los autores son “fieles” (por contrato verbal o escrito) a las editoriales, una cadena que en muchos casos resulta positiva pero que en otros es prueba fehaciente de la poca elasticidad del mercado y su falta de oportunidades.
Y tras un duro combate, en este segundo asalto, el álbum patrio es el vencedor (unos días ganan unos y otros, otros...). Aunque también he de decir que más de un autor y dados los tiempos que corren, le gustaría vender tantos ejemplares como esta ovejita... ¿o no?

2 comentarios:

Paula Tina Mente dijo...

Hola!

Una entrada muy interesante!!

Supongo que como todo siempre se tienen ventajas y desventajas, tener la posibilidad de expresarte y de llegar a una franja de edad más amplia debe de ser más satisfactorio, pero como bien dices al final, ¿a quien no le gustaría vender tropecientos mil ejemplares?

Saludos!
Ya me pasaré por la primera parte :)

Diana Toledano dijo...

Hola Román,

Acabo de descubrir este post mientras buscaba algo totalmente distinto, ¡pero estoy encantada de no haber encontrado lo que buscaba! Si no te importa, compartiré el link en mi blog.

Como ilustradora española viviendo en Estados Unidos, estoy más que de acuerdo con lo que dices. Aunque te falta un punto muy importante... el dinero y las condiciones de trabajo. Es cierto que la libertad creativa fuera del mercado anglosajón es mucho mayor, pero los contratos son mucho peores. No se trata únicamente de vender más copias, se trata también de cuanto es el adelanto, de los derechos que se ceden, de si te pagan o no a tiempo, etc.

Ay, si yo pudiese crear mi "mercado ideal"...

Un saludo desde California,
Diana.

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