miércoles, 27 de marzo de 2019

De felices vividores



Nos empeñamos en ser infelices, en no disfrutar de lo poco o mucho que tenemos. Todo el día a la gresca con amigos, con la novia, con los compañeros de trabajo y, sobre todo, con la familia. No sacamos partido alas horas, al tiempo libre. Vivimos enganchados al móvil cuando deberíamos sentir la brisa fresca que nos trae la mañana, leer a la orilla del mar o invertir el tiempo con nuestros hijos, sobrinos o nietos.
Quizá es el destino del ser humano: sufrir viviendo, vivir penando. Yo hace tiempo que dije basta. Porque la vida son dos días, porque lo que viene conviene, porque qué-más-me-da. Si uno de ustedes me dice que ese libro no vale un duro, si otro me espeta cualquier bordería: por un oído me entra y por el otro me sale. La cuestión es estar contento con lo que uno hace, siendo honesto, sin faltar a nadie. Opiniones encontradas hay en todos los bares, lo mejor es no dejar que te afecten.


Les ilustro… Hoy ha llegado un chavalito nuevo a clase. No medía más de cuatro palmos y todos en clase le sacaban dos cabezas (imagínense el percal). Se ha sentado en primera fila con mucho desparpajo, a él le daba todo igual. El tío, listo como él solo, se atrevía con todo. Ejercicio por aquí, ejercicio por allá. Al principio se oían las risitas de fondo y he tenido que empezar a chistar. Luego el ambiente se ha tornado indiferente (¡Qué poco dura la novedad!), y por último la admiración ha hecho acto de aparición, pues no hay nada que asombre más, que una mezcla de inteligencia, arrojo y buen humor. Me daban ganas de aplaudir, de darle una medalla y no-sé-qué reconocimientos más. A eso le llamo yo, un vividor profesional.


Y por citarles a otros dos, hoy les traigo a Charlie y Ratón, una pareja de hermanos que hacen irrupción en el panorama “lij-erario” en castellano de la mano de Laurel Snyder, Emily Hughes y la editorial Impedimenta.
Aunque se podría haber optado por un álbum-serie (atentos a la publicación de mañana), las aventuras de estos dos pájaros se han editado en un mismo volumen, bien por cuestiones del guión, bien por tener más que ver con el álbum narrativo. En sus páginas podemos encontrar cuatro historias que entre el sinsentido y la lógica, nos abren las fronteras del vitalismo y la subversivo de la infancia. Bajo las sábanas, montando una fiesta, limpiando los jardines de piedras o comiendo antes de ir a la cama, nos hacen partícipes de una visión inocente pero en absoluto desechable.


El caso es que me he hinchado a reír con sus ocurrencias y las situaciones disparatadas ; también me ha dado por pensar en lo cotidiano con los mensajes hermosos que nos transmiten desde su universo particular (¿Acaso no ven en el episodio de la fiesta ese sabor que a todos nos encanta compartir en las reuniones improvisadas? ¿Y en la de las piedras se han fijado en las paradojas del azar?).
Me han caído genial esta pareja, como la mayor parte de los pícaros, pillos y truhanes que, como un servidor, intentamos colorear los sinsabores de este mundo inhóspito.



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