lunes, 4 de octubre de 2021

Tempus fugit


Con el tiempo uno se vuelve más pausado, no solo porque pierde agilidad, sino porque es más consciente de la fragilidad de su cuerpo.
Con el tiempo nos hacemos menos preguntas. No tiene que ver con una mayor o menor curiosidad, sino con prestar atención a las que verdaderamente interesan. Pero sobre todo, con saber encontrar las respuestas de manera más fácil. ¿Quizá sea esa también la razón por la que, con el tiempo, nos sentimos más soberbios e ignorantes? Respondan ustedes si tienen tiempo, que a mí me basta con escribir esta reseña.


Con el tiempo somos más descarados. La vergüenza es un lastre que nos hace perder más que ganar y preferimos cultivar la naturalidad a complicarnos a base de impostura y mamoneos.
Con el tiempo la pereza nos acecha. En el trabajo, con la escoba, entre sartenes, por las discotecas, durante la lectura, e incluso con las personas... Llámenlo desidia, llámenlo agotamiento, el caso es que ahí está y cada uno la orienta en el aspecto que menos le aporta.
Quien diga que con el tiempo no se ha vuelto más terco, miente como un bellaco. No conozco a nadie que los años le hayan restado tozudez. Cabezotas y obstinados campan a sus anchas.


Con el tiempo la soledad acecha. Unas veces pesa y entristece, otras nos permite alzar el vuelo con una sonrisa. Supervivencia, egoísmo o llamadas de atención. El caso es que todos nacemos y morimos en nuestro propio pellejo.
Con el tiempo aprendemos a valorar el tiempo porque ya nos queda poco y hemos de aprovechar el que se presenta ante nosotros. Es curioso como la referencia de lo vivido acorta los minutos futuros. Todo es subjetivo, incluso el tiempo.


Y así, con el tiempo pasando y leyendo estos pensamientos que se han ido agolpando en mi sesera durante los meses de julio y agosto, aquí les traigo un álbum hermoso, el de Isabel Minhós Martins y Madalena Matoso que no podía llamarse de otra manera que Con el tiempo.
Editado en castellano por Fulgencio Pimentel e Hijos, que así se llama la colección para pequeños y jóvenes lectores de esta casa editorial, este libro reflexiona sobre el correr de los minutos, las horas, los días y los años. Centrados en fenómenos cotidianos y observables (ya saben que el tiempo no es el mismo para la formación de un supercontinente que para un simple mosquito) los lectores van descubriendo las transformaciones que suceden a su alrededor y toman conciencia de su evanescencia.


Con este texto directo y articulado gracias a unas ilustraciones sugerentes y coloristas, el tándem formado por estas portuguesas nos vuelve a regalar un libro delicioso que se balancea entre el álbum de ficción y el informativo para saborearlo detenidamente y encontrar mil y un detalles sobre el paso del tiempo (¿Se han fijado en ese caracol? ¿En la goma de borrar?), un concepto tan abstracto como cercano.
Y tras leer esta reseña, lo único que les pido en este principio de curso es que valoren el tiempo que invierto en mantener este espacio vivo de la misma manera que yo agradezco el tiempo que invierten en leerme.

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