martes, 31 de marzo de 2009

De alimentación y españoles



Es curioso lo mucho que ha cambiado la fisionomía de los españoles durante los últimos veinte años. Antes nos parecía impensable sobrepasar los ciento setenta y cinco centímetros de altura y ahora ganamos los torneos internacionales de baloncesto… Y es que la alimentación tiene la culpa… Si antes no se comía, ahora los basureros parecen verdaderas despensas (hasta que la crisis ponga remedio). Y es que estamos hinchados de petisuis y otras galguerías, y así nos va: a pique de reventar.
Aunque ahora nos sobre estatura no sé si será bueno eso de cambiar el pan con chocolate de la posguerra por todo tipo de bollicaos® y donetes® embebidos en grasas saturadas industriales… a veces es mejor estar “tasaico” de talla que no pillar un cáncer fulminante, ya que, pese a las negaciones de la ciencia química, sigo creyendo que comemos pura mierda.
Y con estos pensamientos nutricionales les traigo una recomendación literaria para su buena alimentación de la mano de Janosch, Mousse de manzana para las penas de amor (editorial Kókinos), en la que, esta vez, el autor alemán y canario de adopción, nos aproxima al mundo gastronómico con un simpático y sencillo recetario (creo que bastante sano y saludable) para los más pequeños de la casa que, cómo no, está protagonizado por pequeño tigre y pequeño oso.Y aliméntense de manera adecuada, no sea que sufran una terrible indigestión.

lunes, 30 de marzo de 2009

Ahorradores



Esta mañana de lunes nos ha sorprendido con la intervención de Caja Castilla-La Mancha por parte del Banco de España. Está claro que a todo gorrino le llega su San Martín, pero algunos esperaban que, como por arte de magia, la fecha señalada se demorase un poco más… Y es que cuando políticos y prestamistas se hermanan, es mejor echar a correr, ya que, no sé cómo, siempre somos los mismos quienes pagamos el pato (me incluyo porque todos mis ahorros están en la citada caja de ahorros y monte de piedad). Se rumorea que aeropuertos, obras faraónicas y empresas inmobiliarias son los deslices inversores que han llevado a la ruina a esta entidad bancaria, pero me atrevería a decir que los que manejaban este cotarro no tenían ni puta idea de economía y a lo más que aspiraban era a enriquecerse a costa de las pensiones de los jubilados. Y así pasa…
Ya lo dijo Andersen: ser algo en la vida cuesta trabajo… Así que tomen buena nota, amigos y amigas: si algún día les toca educar en el arte de la vanagloria, háganlo lejos de los ardides de la picaresca y del tema morrocotudo, que algunos estamos hartos de tanta jeta y preferimos a los que aspiran a un reconocimiento digno fabricado con el trabajo diario y el esfuerzo constante… Y si ahorran una peseta, guárdenla debajo del colchón…

Yo aspiro a ser algo, decía el hermano mayor de otros cinco: quiero ser útil en el mundo. Aunque de humilde oficio, si de él reportan mis semejantes algún provecho, llegaré a ser algo. Voy a ponerme a ladrillero, y como los hombres no pueden pasar sin ladrillos, he aquí que ocupándome en fabricarlos, podré decir que sirvo de algo.
-Es verdad, contestó el segundo; pero con muy poco te contentas. ¿Qué significa hacer ladrillos? ¿Quién no es capaz de fabricarlos?
[…]

Andersen, H. C. 1983. Algo. En: Cuentos.

viernes, 27 de marzo de 2009

Canciones populares


Con esto de dedicarme a la enseñanza secundaria estoy un tanto alejado de los patios de los colegios. Ya no sé si se juega al pillao, al churro, a la comba o a los partidos quemaos. Tampoco sé si se siguen cantando rimas y retahílas como las de antaño… Lo único que sí sé es el empeño de muchos maestros y maestras por transmitir estos juegos populares que tanto bien nos han hecho.
Por ello, he decidido dedicar este espacio rimado de los viernes a esas canciones populares y a uno de sus mayores defensores y estudiosos, sobre todo a las del folklore popular castellano, Joaquín Díaz. Con una muestra les dejo… Pasen un buen fin de semana.

Quién dirá que no es una
la rueda de la fortuna.
Quién dirá que no son dos
la campana y el reloj.
Quién dirá que no son tres
dos prusianos y un francés.
Quién dirá que no son cuatro
tres escudillas y un plato.
Quién dirá que no son cinco
tres de blanco y dos de tinto.
Quién dirá que no son seis
los amores que tenéis.
Quién dirá que no son siete
seis sotanas y un bonete.
Quién dirá que no son ocho,
tiene carneros y un mocho.
Quien dirá que no son nueve
ocho galgos y una liebre.
Quien dirá que no son diez
nueve condes y un marqués.
Quien dirá que no son once
diez y medio y un bizconde.
Quien dirá que no son doce
las que da la medianoche.

Popular.
Interpretada por Joaquín Díaz.

jueves, 26 de marzo de 2009

Amigos adoptados


Apoltronado en el sofá, el viernes pasado, me entretenía con el mando a distancia (con el de la televisión, no iba a ser con el de la minipimer®). Entre botón y botón, di con cierta entrevista a Jacqueline de la Vega, esa hermosa hembra que ejercía otrora de presentadora junto con el queridísimo Carlos Herrera y, ante su belleza, no pude resistirme a escuchar lo que tenía que contar, que no era cosa poca... Había sido madre después de quince años intentándolo y haber sufrido abortos a espuertas. Lo cierto es que se veía pletórica…
Asegura la ciencia médica que los cambios en ciertos hábitos y costumbres están haciendo mella en la fertilidad, agravando la problemática a la hora de procrear. Todo ello se traduce en deseos frustrados que desencadenan trastornos psicológicos nada apetecibles.
Aún así, no todas las consecuencias son negativas, ya que las adopciones van in crescendo y son muchos los huérfanos, aunque hayan nacido en otras latitudes, que encuentran padres y madres que los aman con absoluta locura. Y sobre este tema, el de las adopciones internacionales, les recomiendo un librito muy sencillo y entrañable, Amigos del alma. En este libro, Elvira Lindo, especialista en cuestiones infantiles y temas de barrio (algún día les hablaré de Manolito Gafotas…), utiliza este tipo de adopciones y sus connotaciones sociales para internarse en las relaciones de amistad y enemistad entre dos niños, Lulai y Arturo. Es un libro que me gusta, ni más, ni menos.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Medios de comunicación y bebés


¡Cualquiera ve la tele hoy día! ¡Qué forma de padecer tan desmesurada! Aparte de soportar programas de marujeo, vidas ejemplares, noticias truculentas y otros despojos, uno tiene que ver ocho telediarios de manera simultánea para hacerse una idea de lo que acontece en nuestra realidad. Y es que cada uno cuenta la historia como le va… Si la cadena de televisión vive a costa de los sociatas, pues ¡a todo bombo y platillo con los progres y sus remedios mundiales!, y si son cadenas afines a la derecha nos aburren con sus discursos sobre el aborto y otras “lacras sociales” como el matrimonio entre homosexuales. Y es que me tienen hasta el gorro. No me creo nada. Atajo de imparciales e indignos. Me la bufan. Acabaré viendo la tele-tienda que por lo menos nos engaña a sabiendas.
Lejos de este pequeño cabreo, soy consciente de la era en que vivimos: la desinformación es un medio de manipulación de las masas ya que, contando mentiras una y otra vez, se fabrica un estado de credibilidad muy apetecible para cualquier ciudadano medio, para así ponerlo al servicio de unos intereses nada altruistas. Lo mejor de todo es que todos lo sabemos –o eso espero- y seguimos la máxima del “dame pan y dime tonto”… Y así va España…, igual que siempre.
Me he referido a este asunto del periodismo manipulador para introducirles en un libro-álbum que en su día (el año pasado, no mucho tiempo atrás…) pasó desapercibido ante mi escudriñadora mirada, Bebé Dodo, de Peter Schössow. Bebé Dodo cuenta la historia de tres marineros y amigos que sufren un accidente que destroza su barco, y tras el que descubren un extraño huevo, un huevo de dodo, una especie de ave no voladora que habitaba Madagascar y otras islas del Índico, extinta en el siglo XVIII. Gracias al sensacionalismo periodístico, se percatan de que es un huevo muy valioso y que con su venta, pueden reparar el barco y hacerse de nuevo a la mar, continuando así con sus vidas… El final lo dejo para que lo disfruten…

martes, 24 de marzo de 2009

Jueces y verdugos


Si hay algo peor que un político interesado es, sin duda, un juez vendido. Aunque parezca lo contrario, no lo digo por nadie en particular, créanme… (¡Qué mal miento!).
En algunas ocasiones, todos nos comportamos como jueces y, la mayor parte de éstas, sentenciamos con poca equidad… Soy juez de mis alumnos. Mis padres y amigos me juzgan sin piedad. También acato (a veces) las sentencias de mis compañeros de trabajo, y dictamino sobre las comidas que mi madre elabora con extremo cariño. Dejo que los que han sido, son y serán mis profesores, me juzguen sin contemplaciones. Y así, una largo etcétera de juicios, por lo que juzgar es sumamente fácil…, lo difícil es juzgar correctamente.
Lo que nunca he entendido es el empeño de ciertos magistrados en juzgar lo que la historia ya ha enterrado y casi olvidado. ¿Será afán de inmortalidad o sed de venganza? ¡Pues vaya código deontológico el de abrir las heridas ya cerradas! La justicia más que venganza, es castigo y amnistía. Y si el castigo ya se ha recibido, avanzar es una buena solución, no olvidando el pasado, pero jamás anclándose en él.
Y es que estoy hinchado de venganzas, vencedores, vencidos y metijacos con toga que se dedican a sembrar cizaña. Mire usted, nosotros, mi familia, hemos perdonado, así que le recomiendo dedicarse a otros menesteres como el cultivo del ajo, especie vegetal con propiedades cardiovasculares y asépticas asombrosas, en vez de gastar nuestro dinero, el de los contribuyentes, en tanto vano intento de erigirse en deidad moral.
Para terminar les dejo con Memorias de una vaca, de Bernardo Atxaga, una pequeña novela que, con toques de buen humor nos acerca al mundo de los maquis y nuestra más reciente Guerra Civil desde la mirada de una vaca un poco especial… que por cierto, me parece un libro muy cinematográfico...
Me gusta la primavera, ¿a ustedes no?

lunes, 23 de marzo de 2009

De orinales


Para todos/as los/as que pierden la paciencia sobre el orinal o la taza del váter.

Les pongo sobre aviso de que empezaré la semana de forma un tanto escatológica… Ya saben lo que me gusta el tema de la excreción y otras necesidades fisiológicas básicas… Algunos pensarán que soy un cerdo, pero no lo puedo evitar: me produce grata risa hablar y leer sobre lo que rodea a la orina y los excrementos.
Es curioso que a la mayoría de los adultos les repugne la idea de la defecación, asunto que, a la par de natural, es necesario para nuestra supervivencia, y que a los niños les resulte tan jocoso… Eso sí, está claro que las bromas de mal gusto y otros actos con premeditación y alevosía, con la mierda como leitmotiv, pierden esa inocencia infantil que nos pueden hacer esbozar una sonrisa y nos cabrean hasta el punto del hartazgo, léanse ventosidades malolientes, suciedades evitables y ciertos atascos del desagüe… En fin, que guarros, haberlos, “haylos”.
Y para hablar de actos excretores, este lunes he escogido El arte de la baci, el álbum ilustrado de Jean Clavarie y Michelle Nikly que, con muy buen humor y algo de rima, nos relatan los pormenores que tiene el arte del orinal (lo peor de este libro es la traducción del título… me gusta más “orinal” que “bacinilla”, de ahí viene lo de “baci”, ya que resulta hasta cursi e incomprensible). Cabe destacar las estupendas ilustraciones de Clavarie, muy expresivas y caricaturescas, que narran lo divertido que puede ser el momento de la defecación... incluso su espera…
Y poquito más.

viernes, 20 de marzo de 2009

Amor primaveral


Y como dentro de unas horas entramos de lleno en la estación primaveral, ahí van unos versos dedicados al amor, a tu risa…


Quítame el pan, si quieres,
quítame el aire, pero
no me quites tu risa.

No me quites la rosa,
la lanza que desgranas,
el agua que de pronto
estalla en tu alegría,
la repentina ola
de plata que te nace.

Mi lucha es dura y vuelvo
con los ojos cansados
a veces de haber visto
la tierra que no cambia,
pero al entrar tu risa
sube al cielo buscándome
y abre para mí todas
las puertas de tu vida.

Amor mío, en la hora
más oscura desgrana
tu risa, y si de pronto
ves que mi sangre mancha
las piedras de la calle,
ríe, porque tu risa
será para mis manos
como una espada fresca.

Junto al mar en otoño,
tu risa debe alzar
su cascada de espuma,
y en primavera, amor,
quiero tu risa como
la flor que yo esperaba,
la flor azul, la rosa
de mi patria sonora.

Ríete de la noche,
del día, de la luna,
ríete de las calles
torcidas de la isla,
ríete de este torpe
muchacho que te quiere,
pero cuando yo abro
los ojos y los cierro,
cuando mis pasos van,
cuando vuelven mis pasos,
niégame el pan, el aire,
la luz, la primavera,
pero tu risa nunca
porque me moriría.

Pablo Neruda.
Tu risa.
En: Los versos del capitán.
1999. Barcelona: Lumen.
Ilustración: Raquel Marín

miércoles, 18 de marzo de 2009

Poder y no querer


La escuela es un coñazo. ¡Que se lo digan a muchos y muchas! Hartos de tanto apunte y examen, son bastantes los que se decantan por dejar a un lado los estudios y dedicarse a otros menesteres ¿más provechosos?
Empiezan haciéndonos creer que su futuro está ahí fuera (como la verdad que tanto anhelaban Mulder y Scully) y se sumergen a tientas y ciegas en una realidad laboral nada opípara durante un tiempo que oscila entre unos días y unos pocos meses. Visto lo visto y después de quedar sacudidos por el maremoto del trabajo basura y otras vicisitudes, léase oficina del paro, cursos de anti-formación o contratos de todo-a-cien, deciden regresar a la enseñanza y continuar con aquello que aparcaron por osadía, ignorancia o castigo, y así pasa, que las escuelas de adultos están atestadas…
Lo peor de todo viene cuando a muchos nos da por pensar en todos los recursos que se desperdician hoy día en ciertos países ¿desarrollados? y lo aprovechables y provechosos que serían para otros, bien en este presente o en otros tiempos pasados. ¿Cuántos no darían lo que fuese por oportunidades para formarse como las que hoy se desechan?
Así que, tras estos pensamientos en voz alta y ligeramente cabreado, cuando escriba el punto y final de esta noticia, abriré Martin Eden y, siguiendo la historia ideada por Jack London, imaginaré que uno de esos exalumnos que desistieron de aprender, acariciado por el increíble poder que tiene el amor, regresa al mundo de los libros y el estudio para ser tan firme e insoldable como los hombres que sostienen nuestra existencia.
Así, con la tónica que declama la sabiduría popular, afirmo que querer es poder además de muchas otras cosas.

martes, 17 de marzo de 2009

Los intelectuales


Los intelectuales

ACTO PRIMERO. ESCENA SEGUNDA.

Después de compartir unas tiernas y torpes muestras de amor sobre el sofá, Iris entrega a Gabriel su regalo de cumpleaños, que éste desenvuelve con gran entrega y rapidez.

Gabriel: ¡Oh! ¡Muchas gracias! Todavía no había leído nada de Sterne…
Iris: Me alegro de que te haya gustado, estuve dudando entre Baudelaire y Viaje sentimental
Gabriel: Menos mal que te decidiste por el último… Ya he leído a Baudelaire… Las flores del mal.
Iris: Extraordinario, ¿no?
Gabriel: Sublime… ¿Has leído el que te presté?
Iris: ¿Cuál?
Gabriel: La esperanza.
Iris: Sí, Malraux es único. No entiendo como no es una lectura obligatoria para todos los adolescentes.
Gabriel: Estoy de acuerdo contigo… Malraux, Proust, Mishima, Böll, Chandler…
Iris: ¿Leíste El largo adiós finalmente?
Gabriel: Hace unos meses, después de terminar con las obras completas de Miller…
Iris: Hace poco le regalé Trópico de Cáncer a mi hermana y presiento que se cubrirá de polvo… Ella prefiere esas novelas de poca monta…
Gabriel: Como todo el mundo… Intelectuales quedamos pocos…
Iris: Sí…, una pena… ¿Qué has preparado para cenar?
Gabriel: Es una sorpresa, cielo...

Inmediatamente después de estas palabras, una pequeña columna de humo negro asoma por la puerta de la cocina.

Iris: ¡Fuego, Gabriel! ¡Está ardiendo la cocina! ¡Rápido, el extintor!

Gabriel corre hacia el rellano de la escalera. Tras un breve instante, regresa con el extintor de incendios y comienza a sofocar las llamas que, paulatinamente, invaden la cocina. Tras tensos momentos, consigue controlar el incendio. Iris, a su lado, se deja caer al suelo apoyando su espalda contra la pared y, presa de los nervios, exclama exaltada.

Iris: ¡So inútil! ¡El año próximo, en vez de tanta gilipollez, te regalaré las 1080 Recetas de cocina de Simone Ortega!

lunes, 16 de marzo de 2009

De pseudo-padres y chillidos




Una vez he regresado de mis viajes a lo largo y ancho de la geografía española, aquí me tienen de nuevo, notablemente cansado y necesitado de una larga estancia en un balneario… Y algunos dirán que exagero, a lo que yo les respondo que prueben a hacerse cargo de veinticuatro adolescentes y luego valoren la experiencia.
Esto de ser padre por afición (que no por necesidad o instinto) es una cuestión de riesgo extremo, no sólo por las tretas parlamentarias que desarrollas, las voces que de vez en cuando tienes que propinar o la cantidad de kilómetros con los que tus riñones han de cargar, sino por la responsabilidad que supone comportarse como el progenitor de los hijos de otros, asunto espeluznante donde los haya.
No sé si soy buen pseudo-padre (¿alguien sabe si lo es?), pero por lo menos intento serlo no permaneciendo impasible ante los caprichos y deslices de mis pseudo-hijos, cosa que muchas veces entrechoca con la pseudo-educación que algunos de éstos reciben de sus progenitores auténticos… ¡Vaya tela!... De lo que sí estoy muy satisfecho es de conseguir que mi voz sufra lo mínimo cuando trato con mis alumnos (algunos se desgañitan intentando que se les preste un poco de atención) gracias a la técnica de los mafiosos (para más detalles vean o lean El padrino –F. F. Coppola y Mario Puzzo respectivamente-), aspecto que entrechoca con la habilidad de muchos padres para parecer megáfonos andantes.
Y hablando de gritos, chillidos y otras peculiaridades paternas, hoy les invito a disfrutar de una obrita de Jutta Bauer, Madrechillona, pequeño libro-álbum que versa sobre los bocinazos paterno-filiares y sus “nefastas” consecuencias… ¿quién dijo que ser padre o madre fuese fácil?

martes, 10 de marzo de 2009

Seguir siendo un niño



Acaba esta brevísima semana literaria… Sé que a muchos les puede parecer casi una traición, pero muchas veces es de agradecer un pequeño descanso, incluso para el mayor de los apasionados… Aunque no podríamos denominar este paréntesis como estrictas “vacaciones” –tres días ejerciendo de quasi-padre no es demasiado relajado que digamos…-, me apetece perderme por las carreteras dirigiendo (que no conduciendo) un autobús atestado de adolescentes, y transformarme así en un niño mientras contemplo las estampas del viaje. Creo que casi todos experimentamos esas mismas sensaciones cuando nos dirigimos a destinos desconocidos, ya que una extraña necesidad de aventuras nos invade… Eso mismo debió pasarles a John, Michael y Wendy cuando frente a ellos se apareció Peter Pan acompañado de la malhumorada Campanilla…
Sí, amigos y amigas, hoy me toca hablarles de una obra cumbre de la Literatura Infantil y Juvenil, Peter Pan y Wendy.
Archiconocida, la obra cuyos derechos de autor, James Matthew Barrie legó al Great Ormond Street Hospital tras su muerte (acto hermoso a la par que extraño, como todo lo que rodea a Barrie… les recomiendo su biografía…), es una oda a la niñez, no sólo por la figura siempre infantil y jovial de Peter Pan, sino por todos los mensajes de rebeldía y atrevimiento -entre otros- que se extraen de su lectura.
Repleta de frases palpitantes (¿Quién no recuerda la explicación que Peter da a Wendy sobre de dónde vienen las hadas?... Verás, Wendy, cuando el primer bebé rió por primera vez, su risa se rompió en mil pedazos, y éstos comenzaron a dar saltos, para dar lugar a las hadas…) y aventuras inimaginables, la que en un principio fue una pequeña obra de teatro, hoy es un alegato a la libertad traducido a todas las lenguas del globo
Podría decir tantas cosas de este libro que prefiero no decir ninguna… A veces, uno, simplemente, se ha de rendir ante el genio de los grandes, ante las auténticas leyendas que forjan algunos hombres, no sólo por sus escritos, sino también por sus actos, por ser sencillamente extraordinarios, especiales.
Espero que no se pierdan durante estos días y regresen a este lugar el próximo lunes, aunque sé que muchos y muchas preferirían volar a otro lugar siguiendo las siguientes indicaciones: la segunda a la derecha y luego todo recto hasta la mañana.

lunes, 9 de marzo de 2009

Semana al revés


Les aviso que esta semana literaria será más corta que a las que les tengo acostumbrados puesto que me marcho unos días de viaje, quedando así reducida a dos escasas jornadas… Por ello, la comenzaremos al revés, es decir, si todos los viernes les despido con unos versos, este lunes les doy la bienvenida con otros. Para esta ocasión me he decantado por unos versos que parecen mecernos en un dulce vaivén… Con ellos les dejo, columpiándose…

A la una

Ya vengo, ya voy.

Columpio con alas,
campana del aire.

Mi sombra va y viene
más chica y más grande.

Ya vengo, ya voy.

La puerta del viento
se cierra y se abre.

Y a las dos

Cuando cierro los ojos,
mi columpio es el mar.

Caballito de oro,
bosque de coral.

Cuando cierro los ojos,
mi columpio es el viento.

Mariposa bordada,
flor de mi pañuelo.

Juan Carlos Martín Ramos.
Canciones de columpio.
En: Las palabras que se lleva el viento.
Ilustraciones de Alicia Cañas.
2004. León: Everest.

Imagen: Juan García Gálvez

viernes, 6 de marzo de 2009

¿Qué tengo...


¿Qué tengo sobre mi escritorio?... Un tarro de cristal lleno de pinceles, cinco recipientes de barro repletos de lápices, seis marca-páginas que alguien me regaló, tres gomas para borrar mentiras, dos pares de tijeras -uno para diestros y otro para zurdos-, una botella de agua cariñosa, una bola de navidad perdida, recortes de periódico, un trapo de pintor viejo, una placa de Petri llena de clips, mi primer estuche de tela para guardar las ceras de colores con las que empecé a dibujar mi mundo, un calendario antiguo, unos cuantos Post-it® garabateados, tina china invisible, un cuaderno de notas en blanco, dos poesías viajeras y cientos de ideas.

Tengo un botón de piel de cartón,
y una cazuela que canta y que vuela.
Tengo un boniato con cara de pato
y una tormenta de anís y de menta.
Tengo un burrito con cara de pito
y un aguilucho delgado y flacucho.
Tengo una hermana culito de rana
y una sardina muy seria y muy fina.
Tengo un amigo con cara de higo,
y un elefante metido en un guante.
Tengo un armario, con un dinosaurio
y una zapatilla comiendo tortilla,
tengo una cosa quiquiricosa
adivina adivinanza,
Don Quijote, Sancho Panza

Juan Clemente Gómez
Quiquiricosas.
En: Quiquiricosas.
Ilustraciones de Emilio Urberuaga.
2008. Valencia: Editorial Diálogo.

jueves, 5 de marzo de 2009

La soberbia de los profesionales



Los humanos, cuando alcanzamos cierta edad, nos ponemos imposibles.
Aunque hay que reconocer que algunos son más impertinentes que otros, la mayor parte de los profesionales consagrados (¿o sagrados?) se reconocen el derecho de la omnipotencia frente a los principiantes. ¿O será una tara exclusiva del profesorado de educación secundaria?
Observo con relativa frecuencia que los docentes más experimentados suelen tratar a sus colegas menos trabajados (véase mi caso) con desdén y desprecio. Curioso entretenimiento éste si tenemos en cuenta que, la mayor parte de estos profesionales, cantan a los cuatro vientos las bonanzas de sus licenciaturas y otros estudios superiores, sobre lo que me meo exhibiendo mi “mala educación”, pero con mucha gracia, que tiene más mérito que la que ellos destilan a secas.
Lo más cachondo es que, los mismos cretinos que te denigran por tu condición de aprendiz, abogan por la destrucción de los pedestales. Lo que la necedad y la soberbia dan de sí es inimaginable…
Lo siento, tengo una espinita clavada (sobre la que no voy a dar detalles no sea que vaya a autodestruirme en un monumental caos dialéctico), y precisamente no se debe a que en mis ratos libres me dedique a podar rosales (cosa que hago de vez en cuando)…
Con tal de apaciguar la ira me he buscado la compañía de Adrian Mole y su diario secreto[1], que siempre viene bien una sobredosis de sinceridad y buen humor. Quizá muchos no lo conozcan pero el diario novelado creado por Sue Townsend fue uno de los más leídos y vendidos de la Literatura Juvenil en las décadas de los ochenta y noventa (cuando todavía se leía algo…). Adrian Mole es un adolescente que está hasta los mismísimos de sus padres, del perro y del acné, pero que sobrevive a todo ello gracias al amor… Casi como yo.
Les dejo con un extracto que seguro les hace reír. Y no olviden tratar con decoro a los aprendices.

[…] Miércoles 14 de enero
Me he hecho socio de la biblioteca. Tengo
El Cuidado de la Piel, El Origen de las Especies, y un libro de una mujer de la que siempre está hablando mi madre. Se llama Orgullo y Prejuicio, de una mujer llamada Jane Austen. Noté que la bibliotecaria se quedaba impresionada. A lo mejor es una intelectual, como yo. No me miró el grano, así que a lo mejor se va haciendo más pequeño. ¡Ya va siendo hora! […]

[1] TOWNSEND, Sue. 1985. El diario secreto de Adrian Mole. Edad 13 ¾. Barcelona: Círculo de Lectores. 206 páginas. Traducido por Manuel Saénz de Heredia. ISBN: 84-226-1931-8.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Discrepo...



Mientras escuchaba a la indescriptible (indescriptible tupé, indescriptible voz, indescriptible ella) Amy Winehouse –Tears dry on their own- me ha dado un aire, por lo que este miércoles, seré breve…
Tiempo hace que guardaba la intención de reseñar el último Premio Nacional en la categoría de cómic, Arrugas de Paco Roca (2008, Bilbao: Astiberri), más que nada porque disiento de cierta loa que, de esta obra, leí hace unos meses en un suplemento cultural.
Puedo decir que el argumento es bueno, que la calidad artística es de varios tenedores y que la edición está cuidada. Lo que no puedo decir es que sea una historia redonda (como se debería presuponer).
Sí. La historia de Emilio se repite en muchos hogares cada día, cada hora, cuestión que propicia el identificarse con el personaje y su entorno.
Sí. Las situaciones que viven Emilio, Miguel, Rosario, Antonia, Dolores y Modesto, son reales y nos hacen reflexionar sobre lo evanescente y absurdo de la vida, sobre lo triste que es la vejez, del poder de los recuerdos para la subsistencia, etc.
Pero a lo que no digo “sí” es al final. Echo de menos una conclusión (o varias) que, nos transmita, no de forma tan abierta y libre, una lección, cosa que creo ha de pretender esta obra llena de momentos entrañables.
Y si desconfían, lean y opinen.
P.S.: Si tienen tiempo, échenle un ojo a El faro, del mismo autor.

martes, 3 de marzo de 2009

Hombres grises



La taxonomía humana es una buena afición si le sabes sacar partido. Se lo dice todo un experto en esta “ciencia” tan poco razonable… Si están interesados en practicarla, les conmino a elegir el mejor banco de un concurrido paseo, determinen también una banda horaria en la que llevar a cabo sus observaciones empíricas y, finalmente, tomen asiento y deslúmbrense por la fauna humana que concurre ante ustedes. Anoten todo tipo de datos sin discriminar ni los obvios, ni los suculentos: tamaño relativo, altura, color de piel, belleza, bufanda o pantalones, gorras, sombreros y boinas, perros, gatos u otro tipo de acompañantes, número de arrugas, paraguas… y miradas, sobre todo presten atención a sus miradas… Todos son parámetros útiles a la hora de establecer una correcta clasificación de los transeúntes.
Practiqué este curioso pasatiempo durante unos cuantos años. En metros, autobuses parques, bibliotecas… Y les puedo susurrar (espero que me oigan) que sólo hay dos tipos de personas: las que están llenas de color y las que no, las personas grises.
De todos modos he de advertirles que, muchas veces, estas personas grises son mero producto de las circunstancias y que detestan ser así, porque también anhelan llenarse de vida, abandonar la monotonía en la que están sumidos y pasear sobre el arco iris…
El caso es que, como bien cuenta Fernando Alonso (no el de los coches, como dijo un seguidor de esta bitácora) en su obra El hombrecito vestido de gris y otros cuentos (Alfaguara), para abandonar este gris estado, sólo hay que tomar la decisión (otras hay que ser elegido por ese caprichoso monstruo que es el azar…no todo es tan fácil…).
Así que, en este día, a todos aquellos que pasean con esa mirada gris, me permito mandarles un abrazo en forma de libro.

lunes, 2 de marzo de 2009

Amor nada empalagoso


Empalagoso. Esa es la palabra que no tiene cabida en mi diccionario personal. Aunque pueda parecer estrechamente relacionado, uno puede ser romántico, dulce o poético y, por el contrario, nunca empalagoso. No es lo mismo, ni es igual. Pese a ello, créanme, la realidad es otra cosa: el mundo entero se derrite ante estampas caramelizadas de poca monta, los jóvenes pretendientes se deshacen en cursis piropos a fin de conquistar féminas por desflorar, y hasta los divorciados/as recaen, una y otra vez, en palabras que producen arcadas con sólo oírlas… Ante lo que yo me consuelo pensando que, mientras se vuelquen en tales muestras de embeleso no se dedicarán a otras artes menos cándidas, como el hurto o la drogadicción… ¡Ea! Y conformémonos, que, en época de crisis, no es poco.
En un principio y a tenor de este comienzo de semana tan amoroso, me planteé seleccionar alguna obrita de corte clásico con tintes amatorios, pero disuadido por las Musas (de vez en cuando es necesario hacerles caso a estas divinidades griegas…), me he decidido por la reedición, por cierto muy deseada, de un título para regalar (compartir hace más asequible la existencia), Rosa y Trufo (o Trufo y Rosa, todavía no sé cuál es el título real…), de Katja Reider (texto) y Jutta Bücker (ilustraciones). Rosa y Trufo es una historia de amor al uso, sencilla y común, con pocas florituras y mucho significado, cuestión no muy llamativa si tenemos en cuenta que la Literatura Universal está llena de este tipo de narraciones. Lo extraño de este noviazgo viene dado por la curiosa edición en la que se presenta: dos viajes que se unen en un único destino, páginas simétricas que hilan vidas paralelas para concluir en un mismo punto… ¿y qué es la vida sino eso?
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