lunes, 2 de noviembre de 2015

¿Qué libros gustan a los niños?


Andaba yo este verano en la biblioteca haciendo una base de datos (de helechos cheilanthoides, ¡no se vayan a pensar que era de libros!) y, entre usuario y usuario, vino la Amparito (¡un saludo desde este lugar, Amparo!) a darme palique un rato... La cosa derivó en libros para niños (un clásico básico) y nos pusimos al quite divagando sobre uno de los paradigmas de la LIJ, “¿Qué libros gustan a los niños?” Difícil cuestión y más difícil todavía la respuesta... Es por ello que la retomo este lunes en el que muchos padres, maestros, bibliotecarios, libreros y enteraos lijeros continúan el fin de semana, y que de paso nos echen una mano a desenredar el entuerto...
La Amparito y yo decíamos que, por mucho que nos empeñemos en presentar a los críos álbumes ilustrados con imágenes y temas un tanto transgresores, estos lectores prefieren devorar su lecturas de líneas vulgares, llenas de clichés y colores brillantes. “¿Por qué será?” nos preguntábamos. Y ahí voy yo con la respuesta...


Lo de la pigmentación, seguramente se deberá a una percepción primaria de la imagen en la que un libro elaborado con una carta de colores elementales (y quizá también algo estridentes) llama más la atención del lector que un libro ilustrado con tonos medios y una paleta de color más apagada. Si nos fijamos en los libros dirigidos a prelectores, esta característica se hace más patente (mucha simplicidad en cuanto a formas y patrones de color se refiere), algo que nos hace pensar que, en las escuelas de ilustración y las facultades de bellas artes este tema ha sido mirado y remirado (N.B.: Respecto a la parcela biológica me gustaría apuntar que hace años, en cierta clase universitaria, escuché que la naturaleza reviste a los organismos, plantas o animales, venenosos de una coloración primaria -sobre todo amarillo, rojo, azul y verde- para alertar de ello, ¿tendrá algo que ver con lo que acabo de exponer sobre la génesis de la visión infantil?... Ahí lo dejo por si algún sabio nos quiere ilustrar sobre ello en los comentarios).


Respecto a las líneas y figuras, me gustaría decir que, tras mucho observar a niños leer, desmembrar libros y dibujar montones de estampas y fichas, nuestros locos bajitos tienen verdadera pasión por el círculo y la curva, por lo sinuoso, lo arqueado, en el sentido literal del trazo. Si no, ¿a cuento de qué se iba a hacer de oro Walt Disney? ¿Por qué siguen triunfando Mortadelo o Asterix? ¿Y los dibujos animados nipones?... Está claro que el estilo caricaturesco es el que más agrada a los primeros lectores y que la mayor parte de los grandes éxitos de ventas de los últimos años están íntimamente ligados con personajes “redondos” o estilos de ilustración dinámicos (siempre he percibido los ángulos más estáticos... manías de uno). También hay que llamar la atención sobre los volúmenes... La mirada infantil es eminentemente bidimensional y se prescinde de las sombras y la profundidad (sobre todo de las figuras, no así de los planos puesto que se suelen diferenciar), así que olvídense de perspectivas cinematográficas y otros añadidos volubles, aquí lo que mola es el alto y el ancho.


Sobre los argumentos, la literatura que suele tener más aceptación entre el público infantil es aquella con bastantes pinceladas de humor (se ve que a todos nos gusta pasárnoslo bien), bastante somera (lo de ahondar en los grandes problemas de la humanidad es una parcela para los adultos), cotidiana (mucha casa, escuela y parque), absurda (la gracia de lo surrealista tiene su puntito) o fantástica (¿a quién no le gusta evadirse un poco de lo mismo de siempre?), y, casi siempre, inofensiva (les remito AQUÍ para más señas).


Después de este análisis de andar por casa dirán ustedes: ¿y para qué tanta lista temática, recomendación de lectura y espacio especializado, si al final, ellos saben rotundamente lo que quieren?
La verdad es que a pesar de que los manejantes de la LIJ (siempre adultos, añado) nos empeñemos en abrir los ojos y la mente de los niños (a veces esto suena a una especie de lobotomía), ellos soportan el chaparrón y siguen teniendo sus preferencias bastante claras, lo que lleva consigo que muchos aboguen por dejarlos a sus anchas (los dibujos animados, las tiras cómicas, las series basadas en muñecas y los “activity books” de los chinos, no constituyen una dieta muy equilibrada para el córtex cerebral... ¡A pique de sufrir un empacho con fritanga de papel impreso de tres al cuarto!).
No obstante y si menospreciar esta corriente más libertaria, también es cierto que un hecho cultural como es la lectura, pasa por “educar la mirada” de aquellos que van a recibir ese legado (en este caso literario), y que, como cualquier otro proceso educativo, pasa por la obligatoriedad, la resignación y la costumbre (acuérdense de las odiadas legumbres y las verduras de su niñez, y de lo mucho que hoy las valoran..., ¡con lo que me gustan las patatas fritas con huevo, la pasta y el magro!). Algo que deben tener muy en cuenta los mediadores entre el niño y el libro a la hora de desarrollar estrategias que faciliten esa comunión. Es por ello que debemos sugerir lecturas graduales, tanto visuales, como verbales, fomentar la literatura plural, versátil y diversa, abogar por la calidad y barajar múltiples cauces para dirigir la adquisición del hábito; pero siempre debemos tener presente que, cuando a un lector (pequeño o grande) aparca un libro, quieto hay que dejarlo.


3 comentarios:

miriabad dijo...

Acabó de hacer una encuesta rápida a mi hija: los dos libros ilustrados que más le gustan están llenos de animales, colores y tactos... Y no se los he comprado yo...
Eso sí, hemos leído muchos que a mí sí me han gustado. Me parto.
Creó que por mucho que yo le enseñe, ella tiene su propio gusto. Pero al final, todo queda en la retina. Como dices, cuanto más y más variado, mejor.

Román Belmonte dijo...

¿Ves? Ahí hay algo que falla y hay que decirlo... Pero bueno, mientras lean, no es poco...

miriabad dijo...

Los que orientamos estamos obligados a ofrecer variedad y calidad. Pero orientamos, no manipulamos. Desde bien pequeños tenemos nuestro propio criterio que desarrollamos no sólo influidos por nuestros padres, sino también por nuestros profes, nuestros amigos, y por una sociedad que nos bombardea en rosa y negro.

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