lunes, 18 de enero de 2016

Pros y contras de la nieve


No era de extrañar que en algún momento hicieran aparición el frío y la nieve (aunque dicen que durarán bien poco), esos que durante el invierno boreal (el nuestro) suelen asolar Europa y Norteamérica. Y como todo en la vida, la nieve, ese meteoro a la vez tan ligero, a la vez tan pesado, se puede mirar desde una doble perspectiva, la de los niños y la de los adultos.


La mirada infantil queda nublada por la magia de la naturaleza. Sólo tienen que retrotraerse a su niñez y verse a sí mismos mirando por la ventana, rezando porque los copos perdurasen, por ver toda la calle cuajada de blanco. Recuerden la primera vez que tocaron la nieve: algodón frío y helado, algo bastante extraño que aún hoy día me sigue sorprendiendo. Notar como los pies se hunden bajo el mullido manto, mirar atrás y ver las huellas que sembramos a cada paso. Eso unido a las batallas, los muñecos de nieve y deslizarse por las pendientes resbaladizas hacen que el invierno se vuelva luminoso e inmaculado.


La mirada de los grandes esta basada en los miedos sobre los que se asienta lo humano (¡Díganmelo a mi que en un par de veces me he jugado el tipo con el hielo! Todo por ir a trabajar..., al español que se lo digas no se lo cree). La nieve, además de agradar a los esquiadores y otros deportistas y aficionados, puede tener nefastas consecuencias en nuestra vida cotidiana: incomunicación (de todos aquellos que viven en valles de montaña o de los que tenemos que coger el coche a diario), hundimiento de tejados, rotura de ramas y cornisas, proliferación de carámbanos de hielo, caída del tendido eléctrico, e incluso la congelación de las conducciones de agua para más tarde, durante el deshielo, provocar aludes y avalanchas.


En cualquier caso y dejando a un lado el tremendismo, a veces estas dos visiones pueden conjugarse con un poco de cabeza (sobre todo si se trata de nuestra integridad física), algo que nos muestra Tormenta de nieve, un álbum ilustrado de John Rocco (Tramuntana) que nos cuenta la historia de un nevazo de un par de metros sobre la costa este de Estados Unidos que impidió moverse de sus hogares durante unos cuantos días a miles de personas, una buena excusa para que un niño con su trineo se dedique a realizar transacciones y recados a la gente del vecindario. ¡Una aventura en toda regla!


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