lunes, 29 de noviembre de 2021

La magia como mecanismo narrativo


Estás en la cola del supermercado y ¡zas!, ves como una lata cae desde una estantería cercana. Aterriza en el lomo de un chihuahua enano que sale escopetado y, tirando de su dueña, provoca que, sin querer, esta golpee a un niño que mira con detenimiento un envase de purpurina. Se le escapa de las manos, se abre en mitad del vuelo y, ayudada por el aire caliente del sistema de ventilación, una niebla de purpurina queda en suspensión. Una casualidad hermosa que llena el instante de destellos y color. Nos hace sonreír. Nos miramos entre nosotros, contemplamos su brillo cautivador. Toca pensar que es algo tan estúpido, como momentáneo. Es magia.


La magia nos habla. Es sorpresa y extrañamiento, es poderosa y también simpática. Es poesía y ciencia. Es juguetona y a la vez muy seria. Muchas cosas a un mismo tiempo que no debemos pasar por alto. Se aprende con magia, se enamora con magia y se sobrevive con magia. La magia es necesaria porque sin magia todo se vuelve más real de lo que debiera.
Cuentos tradicionales, historias clásicas o álbumes contemporáneos. No es algo nuevo que muchos libros para niños posean ese interruptor mágico. Un objeto, un personaje o un momento que acciona la narrativa y nos encamina a espacios sugerentes donde lo fantástico sobrevive a la realidad del lector. Envuelve todo de un halo especial que nos conduce a un espacio desconocido y sugerente. Un contrato invisible del que hablan muchos cuando nos sumergimos en una obra de ficción y que, de un modo u otro, tiene que ver con la suspensión de la incredulidad.


Por ponerles ejemplos novedosos de libros con magia, les acerco hoy a Caramelos mágicos y La extraña mamá, dos maravillas que llegan a las librerías de la mano de Heena Baek y la editorial Kókinos. Cuando los abres te encuentras con dos historias cotidianas. En la primera, Dung-Dung, un niño solitario al que le gusta jugar a las canicas se encuentra con una bolsa de caramelos, y en la segunda, Yoyo tiene fiebre y la profesora lo manda a casa y como su madre está trabajando necesita encontrar quien se haga cargo de él. Como verán, todo es muy normal hasta que la magia se abre camino y deja boquiabiertos a los actores de ambas narraciones.


En Caramelos mágicos son los dulces los que intervienen en el desarrollo de la historia, mientras que en La extraña mamá aparece un personaje mágico en torno al que girará toda la acción. En ambas hay un giro inesperado y se rompe el marco argumental que aporta sorpresa y emoción, curiosidad y dinamismo.


Si bien es cierto que ambas historias tienen un deje oriental que enamorará a los amantes de las series manga y anime, hay que llamar la atención en dos características estético-artísticas que elevan el discurso. 
Por un lado tenemos la técnica del diorama, una de la que hablé en ESTE OTRO POST. Aunque la autora en otras obras ha preferido materiales como el papel y el cartón, en este caso, desarrolla y ejecuta la acción sobre escenarios llenos de detalles y fieles a la realidad, por donde transitan personajes expresivos y cercanos realizados en papel maché, algo que recuerda a una casa de muñecas (pero mucho más complejo, claro…).
Por otro lado tenemos el ritmo cinematográfico, ese que, utilizando fotografías muy cuidadas y una selección de planos más que acertada, imprime ritmo y cercanía a unos relatos que beben de esas sutilidades que se interiorizan y saben como agitarnos emocionalmente. Del mismo modo, la secuenciación está tan bien elegida que se aleja del stop-motion y al mismo tiempo sirve en bandeja espacios discursivos vacíos donde el lector puede ampliar sus aportaciones.


Me dejaré de rodeos y les diré que me he enamorado. Total y completamente. Así de claro. El trabajo de la autora es impecable. Cuando los lean se darán cuenta de las razones que llevaron al jurado del premio ALMA (Astrid Lindgren Memorial Award) a concedérselo en 2020. Formada en California, Heena Baek comenzó su andadura es esto del álbum con Pan de nube, un libro que fue todo un éxito y que incluso se ha llevado a la televisión. No piensen que con eso se hizo millonaria... Les hago saber que perder el litigio sobre los derechos de autor de este primer título, la sumió en una profunda depresión (no es oro todo lo que reluce…). Superado el bache, continuó trabajando y se le abrieron las puertas a una industria en la que su enriquecido y peculiar universo -auguro- tendrá mucho que decirnos a los monstruos en los próximos años.
No lo piensen más: ¡Háganse con ellos! ¡Es urgente!

2 comentarios:

miriabad dijo...

Ooohhhh, qué buena pinta! Muy interesante visualmente y si te abre el coco... más. Perfectos para escribir a los Reyes majos. Gracias.

Román Belmonte dijo...

Vamos, te los recomiendo al 100%. Son una maravilla, pese a quién pese. ¡MUAK!

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