viernes, 9 de abril de 2021

Amistades tóxicas


La amistad ya no es lo que era. Y no solo por lo pandémico, sino porque el concepto ha ido cambiando a lo largo de los años. Como cualquier otro tipo de relación interpersonal, la amistad se ve alterada por la celeridad del tiempo, la superficialidad y, sobre todo, por los intereses creados.


Es curioso como en los tiempos que corren todos somos amigos de todos pero a la hora de la verdad parece que solo responden unos pocos. No es de extrañar teniendo en cuenta que una capa de postureo y celofán hace las veces de niebla que nos impide ver con nitidez las intenciones de quienes se autodenominan amigos.
Risas vacías, críticas destructivas, mascotas, madrastras y otros juegos de dominación- sumisión, envidias y competencia, parejas metomentodo, cuestiones laborales a veces y soledad a raudales, es lo que yo veo en muchos amigos que se jactan de serlo. Montones de agujas sin brújula que no saben hacia qué norte señalar y viven confundidas por una vida repleta de redes sociales, aspiraciones, espejismos y autoengaño.


Menos mal que un servidor ha aprendido a ser práctico en un mundo donde prima lo vacuo y lo evanescente, y cuando veo que los cimientos empiezan a tambalearse, me aparto a la chita callando. Que luego te sepultan el polvo, los escombros y las puñaladas traperas, y además te toca pagar el muerto. Por confiado y comprensivo.
Yo soy de los de antes. De amigos de café, pacharán y borrachera (después de unos gazpachos o una buena paella), de reírte de todos y de que todos se rían de ti, de derechas y de izquierdas, de las duras y las maduras, de más risas que peleas. Que cuando las palabras no fluyen, no puedes decir lo que te apetece o cualquier cosa te incomoda, hay que hacérselo mirar.


Mucho más partidario de una amistad como la que llena el Mejores amigas (casi siempre), un libro de Naomi Danis y Cinta Arribas que acaba de publicar Flamboyant, aquí se lo dejo para su disfrute. 
Basado en la relación de amistad entre la protagonista y Martina. Casualmente y por culpa de una galleta con trocitos de chocolate, se conocen en el comedor de la escuela. Popo a poco se van conociendo. Juegan a esto y a lo otro y disfrutan juntas. Hay veces que se enfadan pero la mayor parte del tiempo encuentran puntos en común. Se preocupan la una por la otra (o quizá no) y se echan de menos (o quizá tampoco). Pero lo mejor de todo es que saben perdonarse a su modo.
La suma de un texto directo y sincero con unas ilustraciones personales y descriptivas, tiene como resultado un hondo discurso sobre la amistad sin olvidar la parte mala de las relaciones interpersonales, esa que la mayor parte de las veces se obvia en el mundo de color de rosa que muchas veces es la LIJ.
Sentimientos contradictorios y reflejos de todo tipo se desprenden en una lectura que a pesar de no llenarse de metáforas y otras figuras de estilo, la historia cotidiana de estas dos niñas logra emocionar a cualquier lector independientemente de la edad.


A mí ya se me han ocurrido un par de buenos amigos a los que regalárselo, ¿y a ustedes? Anímense y no dejaen que las cosas bonitas mueran en mitad de un mundo absurdo como este.

1 comentario:

miriabad dijo...

Nada es idílico. Pero qué buenos momentos da la amistad.
Visualmente no me cautiva pero si le echas el lazo para regalo es que tiene buena chicha. ;-)

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