miércoles, 5 de enero de 2022

Convivir con el virus


Queridos Reyes Magos:

Después de siete días encerrado, me he decidido a escribiros para pediros un poco de ayuda con la que poner algo de cordura a esta pandemia que se nos está yendo de las manos.
No sé qué pensaréis vosotros, pero yo tengo muy claro que el virus ha venido para quedarse y que, o aprendemos a convivir con él, o nos vamos a ver muy mal. Es incomprensible que teniendo en cuenta la sintomatología de la nueva variante del virus (un regalo de la naturaleza), la gente haya preferido quedarse encerrada en su casa aludiendo ingentes cantidades de miedo navideño o se pase el día haciendo cola en el centro de salud para colapsar el sistema sanitario a base de enfermos asintomáticos. Ni en los peores momentos de la pandemia había visto tanta incongruencia.


Gente que ha hecho caso omiso de todas las recomendaciones desde que empezó la pandemia, está completamente anulada, noqueada. ¿Cómo es posible? Empezamos a barajar irnos de vacaciones o no por miedo a las restricciones. Dudamos sobre contratar personal asistencial en nuestros hogares. Necesitamos hacernos 2 test de antígenos al cabo del día. Nos planteamos celebrar reuniones con nuestras familias y amigos porque alguno de ellos ha estado en contacto con el virus. Y para colmo, cuando dices que eres positivo, la gente te trata como si tuvieras una enfermedad terminal. En fin… yo sólo os pido un poco de sentido común.


Supongo que habréis visto lo mal que está la democracia por toda Europa (mira que V de Alan Moore nos venía avisando desde hace décadas, pero nada… no hay manera). Sinceramente, lo que más me preocupa, es que se utilice el cariz sanitario de todo esto para dar rienda suelta a un descontrol como el que padecemos.
Por todo ello, me gustaría que trajeseis mucha valentía a médicos, enfermeros y auxiliares para que comiencen a lanzar mensajes de tranquilidad y sembrar una convivencia armónica con el virus. Que se dejen de tanta EPI y protocolo, que atiendan con normalidad a los pacientes, que no descuiden intervenciones quirúrgicas u otras patologías, que manden a los hipocondriacos y absurdos a su p*** casa, que no permitan que se degrade su imagen en los medios de comunicación (¿os acordáis de que los tacharon de irresponsables por celebrar la Navidad con sus compañeros?) y, sobre todo, que no permitan que los políticos utilicen la sanidad para sus fines y la dirijan al precipicio. Son los únicos que pueden cambiar esa atmósfera terrorífica y asfixiante que se está apoderando de nosotros.


Y si no podéis hacerlo por arte de magia (cada vez hace falta más) a ver si podéis dejar caer en sus calcetines un librito de Sophie Gilmore que lleva por título Pequeña Doctora y la bestia sin miedo y que acaba de publicar la editorial Galimatazo. Es un librito agradable, que habla sobre el empeño de una médico por curar a un gran cocodrilo que se resiste a cualquier tipo de examen o tratamiento. Al final, el empeño y la perseverancia tendrán su recompensa y logrará “curar” su dolencia.
Tranquilo y desde la dulzura de unas ilustraciones con bonitas composiciones, contemplamos el triunfo de la pequeña sanitaria, un ejemplo a seguir para todos aquellos que son llamados por la vocación médica.
¡Ah! Y si pasáis por casa de la traductora, preguntadle por qué se ha empeñado en usar “doctora” con lo bonita que es la palabra “médico”.


Y poco más… Espero que la noche os sea liviana. Un abrazo,

Román

P.D.: Este año, en vez de anís, os he dejado un orujo de fresas bien rico que hice la primavera pasada para que os salga la alegría por las orejas.

2 comentarios:

amparo dijo...

Pues ese orujo de fresas, junto con esta lectura que recomiendas y una buena compañía son los antídotos perfectos para cualquier coronavirus o miedo

Román Belmonte dijo...

Sí, Amparito, ya que hasta la gente vacunada se siente insegura, que al menos el orujo nos dé un poco de osadía. ¡Que vaya navidad llevamos! ¡Un abrazo!

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