martes, 29 de marzo de 2016

Bienvenida seas, primavera



Hace una semana que comenzó la primavera y, entre pitos, flautas y la semana santa, no le hemos dado una bienvenida como la que se merece en este lugar monstruoso. Así que... ¡al quite!
La primavera se erige como esa transición (no sé a qué se deberá mi predilección por estas estaciones que sirven de nexo a los rigores de otras menos señalables), como la antesala al calor estival, que, a pesar de las típicas y hermosas connotaciones que tiene, suele ser bastante descontrolada y, en algunas ocasiones, hasta furiosa (no les tengo que hablar de hormonas, astenia, alergias y climatología desapacible, que suelen acarrear más de un disgusto...).


Así que, poniendo enmienda a esta demora que han traído los días de asueto (uno necesita también hacer el mono), este último martes de marzo iniciamos el tercer trimestre del curso con dos obras primaverales de alto contenido poético: Osa de Lucía Cobo (ilustraciones) y José Ramón Alonso (texto), editado por Narval, y Un jardín, con Isidro Ferrer a las ilustraciones, María José Ferrada a las palabras y A buen paso a los cuidados editoriales.


El primero es un álbum ilustrado metafórico que nos desvela a través de imágenes preciosistas y cargadas de gran simbolismo, los cambios que se suceden en la naturaleza con la venida de esta época. El vehículo elegido por los autores para escenificar el transcurso del otoño a la primavera es la figura de una osa. Con un estilo figurativo y surrealista (el frío abriendose camino, descubriendo en la nieve de las lomas el dormitar del mundo; una primavera que dibuja la sombra de los árboles reviviendo y hace brotar la vida) narra lleno de romanticismo el viaje hacia la maternidad, un recurso de estilo literario bastante común.


En Un jardín, no sólo hay que atender a su gran belleza visual (el llamativo formato de un libro desplegable de casi 180 centímetros, el texto tranquilo y pausado, y las ilustraciones a modo de grabado), sino que hay que apuntar a un complejo argumento que lo hace delicado y sutil, potente y extraño. Se erige como un canto a los cambios personales que funden sueños y realidad, a la ligereza de la vida y, quizás, también de la muerte. La buena elección del formato (aporta una mayor sensación de amplitud y continuidad), los pequeños detalles en las ilustraciones (Lo limitado de la paleta de color... La dicotomía entre las escenas en las que aparece el señor Wakagi, ¿qué nos querrá decir?...) y la ambientación oriental, son tres bazas en este álbum de difícil clasificación.


¡Y bienvenida seas, primavera!

3 comentarios:

miriabad dijo...

¡Bellos! Feliz primavera

miriabad dijo...

¡Bellos! Feliz primavera

Román Belmonte dijo...

¡Muy feliz para ti también, Miriam!

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