lunes, 29 de octubre de 2018

Construyendo nuestra historia



Ya hemos empezado con los exámenes y la cosa se pone tizná. La biblioteca a reventar en los recreos, ojeras sobredimensionadas, faltas de asistencia sin justificar, mal humor, caras largas y alguna lágrima son el pan nuestro de cada día. Más todavía cuando te tocan los cursos superiores (los alumnos son grandecicos y se van dando cuenta de lo que ganan y lo que pierden).
Mientras que en la escuela no se respira animadversión alguna hacia la institución educativa (siempre hay niños a quienes no les gusta la escuela, pero por lo general, y aunque estudien poco, lo reconocen como su hábitat), en los centros de secundaria la cosa cambia, el alumno no quiere estar en las (J)aulas. Su rebeldía y ganas de transcender les aboca a cierto odio visceral hacia la rutina, las pautas, las normas, la cuadrícula. No es su sitio.


Llevo más de una década oyendo las mismas quejas y las mismas ilusiones. Comparto con muchos colegas el “Esto siempre ha sido así” pero también opino que también se debe a una falta de sincronización entre los alumnos y su entorno. Mientras que escuelas y facultades han ido cambiando, los centros de E.S.O. y Bachillerato estamos sujetos a cierto estatismo (Lo digo por mi propia experiencia como alumno y como profesor).
El cambio es difícil, pero mientras esperamos que suceda yo siempre les digo que a mí tampoco me gusta este rollo. Que llevo catorce años contando las mismas cantinelas. Hora tras hora con la célula, con la deriva continental y con los mismos chascarrillos, y que sin embargo para mí cada clase es diferente, e intento disfrutar con ellos mientras enseño algo. Sí, la vida es repetitiva, injusta y muchos adjetivos más, pero en vez de quejarse, más les valdría dar un vuelco al ánimo y apropiarse de una atmósfera que puede ser muy contagiosa.


Este podría ser el mensaje de Una historia, un libro de Mariana Coppo (editorial Kalandraka) que sencillamente me ha encantado. Pero lejos de encorsetar las decenas de interpretaciones posibles quiero centrarme en las características de este libro-álbum que recuerda en cierto modo al Seis personajes en busca de autor de Pirandello (en este caso cinco, y más que autor buscan una historia en la que zamparse).
El libro se plantea como una sucesión de escenas en un mismo escenario donde se va forjando una narración. Además, la autora decide diferenciar las páginas derecha e izquierda, es decir, reserva la página derecha para el mundo creativo y fantástico y la izquierda para la faceta aburrida y más real. Mientras que en las páginas derechas un universo colorista y mágico es dibujado por el personaje gatillo (este alma libre, incluso marginal, le da al interruptor), en las páginas de la izquierda la acción es sosa, insulsa, tanto que están casi vacías o son atravesadas por un nubarrón. Llega un momento en el que ese cosmos imaginativo se adueña de otro personaje, y de otro más, así, hasta llegar a desbordarse por todo el espacio. Por último, un guiño metaliterario y una frase que invita a construir otra historia, la nuestra propia.



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