lunes, 13 de abril de 2026

Gastronomía sobrevalorada


Hoy comienza la Feria de Bolonia y como la mayor parte del sector del libro infantil y juvenil se va a poner hasta las trancas de parmesano, salami, parmigiano reggiano, balanzone, porchetta, fior de latte, mortadela y biscotti bolognesi, toca hablar de gastronomía italiana.
No sé qué pensarán ustedes, pero un servidor la encuentra innecesariamente endiosada. Para mi gusto y aunque sea un éxito rotundo, es demasiado monótona y sobrevalorada. Pasta y pizza, pizza y pasta. La base de cualquier comida en toda la bota.
Es cierto que los tienen muy diversificados, pero cada vez que visito el país de los Apeninos acabo hasta las narices de rigatoni, rotelle, farfalle, fusilli, pappardelle y sagnarelli, de pizza napoletana, romana, bianca o fritta. Da igual que sea margherita, marinara, diavola o quattro formaggi, que se cocine con salsa arrabiatta, carbonara, amatriciana o pesto genovés, es siempre lo mismo. Lo peor de todo es que se empeñan en ensalzar sus diferencias (mínimas y sutiles) o tienes que aguantarlos a todas horas mientras alaban las bondades de este sota, caballo y rey culinario (¡Chonivinistas!).


Lo siento, pero no tienen nada que hacer con la española. Las legumbres son testimoniales (algún plato hacen por ahí…), las verduras muy básicas, pocos guisos de cuchara (y si los hay llevan pasta… ¡qué hartura!), no existe la tortilla ni la ensaladilla, el consumo de pescado es muy bajo (si acaso, anchoas, crustáceos y moluscos) y geográficamente es muy uniforme.
Quizá el éxito de la comida italiana radica en ese sabor uniforme que, utilizando las masas de harina de trigo como fundamento, llega a todo tipo de público. Cualquier plato tiene un trasfondo muy almidonado que agrada a paladares infantiles, delicados y nada exigentes. Si a ello añadimos que su elaboración puede industrializarse con cierta facilidad y que sus inventores son los reyes del marketing, no nos debe extrañar que haya pasado a llamarse “comida internacional”.


Y para acompañar esta crítica gastronómica, traigo a este espacio los Espaguetis de Pablo Albo y Andrea Antinori (espero que no se enfade mucho conmigo…), un álbum publicado por la editorial Takatuka que nos cuenta la historia de una familia cualquiera en un día cualquiera que se dispone a preparar un poco de pasta para matar el aburrimiento. El padre no se lo piensa dos veces y pone a hervir el agua. Cuando el hermano mayor, un teenager en ciernes, echa mano de estos, se encuentra con una nota: los espaguetis han huido. Es el momento en el que comienza toda una aventura con persecución y viaje a Italia incluidos.


Con ese humor tan surrealista sobre el que suelen erigirse las historias de mi casi-paisano, el libro nos adentra en la rutina familiar utilizando como excusa ese momento tan coral de preparar la comida. Bien pensado, es una buena oportunidad para caracterizar a todos los miembros de una pequeña tribu al tiempo que anima a cooperar a los lectores en las tareas del hogar. La voz narrativa me encanta, pues tiene muchos reflejos que pueden sacarnos los colores, así como elementos simpáticos (juegos de palabras, confusiones verbales y descontextualizaciones) que bien valen unas carcajadas.


Lo mismo sucede con las ilustraciones de Antinori donde el color, la composición, el desenfado y las desproporciones (Nota: Observen a esa insignificante troupe de personajes enfrentándose a pomodoros y macarrones… ¿Acaso son tan inútiles que van a fracasar ante un plato tan sencillo como los espaguetis a la boloñesa?) complementan al texto estupendamente.
Aderezado con un pequeño vocabulario italiano a modo de apéndice final (cortesía del ilustrador) y algún que otro guiño metaliterario (el toro, el toro…), tengo que decirles que me ha encantado (a pesar de la omnipresente pasta).

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